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]]>A veces tengo el tiempo como un regalo u oportunidad y en otros momentos me resulta una verdadera condena. Me estresa, me agobia, me agota. La histeria colectiva por “aprovecharlo” y sacarle el máximo partido puede conllevar más de tormento que de valor.
Es misterioso cómo cuando disfrutamos perdemos la noción de tiempo y cuando nos aburrimos sentimos que pasa lento y pesado. Ante la vivencia de un momento excelso (el nacimiento de mis hijas, las miradas durante el sí quiero…) directamente los relojes paran y rinden pleitesía a lo que está sucediendo.
Soy muy feliz invirtiendo mi tiempo en “lo inútil”: pasear por el bosque, contemplar como la luz atraviesa una hoja concediéndole un mágico e hipnótico aspecto, espiar a mis hijas mientras CRECEN BONITO, abrazar a mi marido, sentir la brisa en mi cara, zambullirme en un buen libro o una gran película, rezar con conciencia…
Suena el despertador cada día y comienza la carrera para cumplir con los tiempos. He de calcular los trayectos y lo que tardo en arreglarme para llegar puntual a las citas. La clase de tenis de la tarde empieza y termina a tal o cual hora. No hay tiempo que perder. Qué triste. Qué misterio. El tiempo: ¿regalo o condena?
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]]>Dicho sea en primer lugar, cuento con la autorización del caballero para contar este suceso. Si no, jamás lo compartiría por aquí. Pero sabemos que puede ayudar y nos hemos animado a escribir sobre esto.
Lo cierto es que habíamos acordado previamente que así fuera: este año sólo recibirían regalos las niñas. Como sabéis los que me seguís más de cerca por redes sociales, recientemente nos hemos comprado una casita que aún está en construcción y que hemos de decorar y amueblar por completo, con los consiguientes gastos que esto conlleva.
Además, por diversos motivos, hemos tenido que afrontar otros desembolsos importantes últimamente y digamos que no estaba la cosa como para tirar la «casa por la ventana» (nunca mejor dicho).
Por otra parte, él lleva una temporada con un pico de trabajo importante. Se dedica al marketing digital y es uno de los sectores que, gracias a Dios, lejos de haberse visto perjudicado por la crisis actual, se ha revalorizado.
Por tanto, el estrés llama a su puerta, a pesar de que hago y hace lo posible para mantener el equilibro y conciliar con su rato de deporte, de familia, de descanso, horarios razonables…Pero el mundo «freelance» tiene lo suyo…
Por si fuera poco, estamos durmiendo peor porque la chiquitina suele despertarse con frecuencia por las noches y amanecemos un poco resacados. Todo esto bien mezclado en una coctelera, además de los ingredientes de forma de ser y ver la vida explica lo que ha sucedido.
Tampoco puedo obviar que me he casado con un navarro. Buena gente donde los haya, pero no muy dado a «florituras». Ya me entendéis… Cuando se lo propone y la situación es un pelín más favorable que la que nos embarga ahora mismo, es capaz de currarse las mejores sorpresas. Pero si está agobiado, como es el caso, va a lo esencial. Cosa que me parece muy sensata, aunque, a veces, las románticas y «complicadas» como yo, echemos a priori de menos esos detalles especiales.
Por otra parte, su «sí» es «sí» y su «no» es «no». Y si habíamos acordado que no había regalos, sencillamente para él, no los había. Cosa lógica también, pero, como os contaba en el último post de Instagram, aunque lo habíamos hablado, es de esas promesas que una cree que no debe cumplir. Algo así como una «mentirijilla piadosa». Y por supuesto yo la desobedecí
Vayamos al grano…Llegó la mañana de Reyes, ilusa de mí, me dirigí al salón como una niña más a buscar mis regalitos y cuál fue mi «chasco-sorpresa» cuando vi que no había absolutamente NADA, salvo lo que me había autorregalado para que lo vieran las niñas.
Y aquí he de hacer otro inciso. Tanto los días previos como posteriores, me fui de rebajas con amigas y compré cositas chulísimas, me inscribí en un curso que me ilusiona muchísimo y es tremendamente útil para mi trabajo, me he apuntado en la autoescuela para realizar prácticas de conducir de «reciclaje» para superar mi miedo o ansiedad al volante, estoy decorando la casa a mi gusto…
Vamos, que no puedo precisamente quejarme. Pero, a pesar de todo, creo que en general a todos nos gusta que se acuerden de nosotros de manera especial en estas ocasiones. No esperaba nada de valor. Una simple velita aromática me hubiera requeteencantado y, sobre todo, el factor sorpresa, detalle, tiempo, cariño, creatividad…
Tras el chasco y «semienfado» inicial, gestioné mis emociones lo mejor que pude, disimulé un poco delante de las niñas y reflexioné sobre lo sucedido. Aunque una cosa no quita la otra y podría haberme regalado algo sin demasiada dificultad, lo cierto es que también tenía sus motivos para no hacerlo.
Por suerte (y con esfuerzo, empeño y cariño) nos conocemos bien, y sé que él no le da gran importancia a este tipo de detalles. Así que no puedo analizar lo sucedido exclusivamente desde mi óptica porque me equivocaría y sería injusta en mis conclusiones.
Mi chico guapo se levanta cada día pensando en mí y en nuestras hijas. Participa todo lo que puede y más en este proyectazo común en el que nos hemos embarcado (en las cargas del hogar y el cuidado de las niñas) y es tremendamente cariñoso con nosotras.
Eso son «te amo» pronunciados con hechos y a diario. Insisto en que no está de más añadir detalles en ocasiones especiales, pero pasó lo que pasó y en frío lo entendí perfectamente. Aprender a desdramatizar es vital para el buen pulso de una relación. A mí esto me ha costado un proceso, no os creáis…Pero cuando lo consigues, facilita muchísimo todo.
Francamente, si ocurriera al contrario, y se esmerara en grandes sorpresas sólo en fechas señaladas pero no contara con su amor incondicional en el día a día, no me haría ni pizca de gracia. Puestos a elegir me quedo con mi Fermín tal y como es, con sus meteduras de pata y su grandeza. Con su amor cotidiano y sus «sorpresones» cuando le cuadra.
Todo este rollo es por si a alguna os sirve. Me haría muy feliz si así fuera. Sabéis que me duele especialmente el elevadísimo número de rupturas matrimoniales y crisis familiares varias que suceden hoy en día. Y no es que esta anécdota supusiera un «terremoto» en mi matrimonio. Pero sí sé que de pequeñas meteduras de pata de este tipo, acumuladas y sin dialogar o resolver, vienen grandes dramas…
Analiza las situaciones teniendo en cuenta su mirada, su forma de ver el mundo. Para ello, es imprescindible conocerse y conocerle y por supuesto «darse a conocer» y hacer por conocerle. Espero que se entienda el juego de palabras.
Respira hondo antes de «lanzar un misil», coge tu emoción, valídala, date permiso para sentirte mal. Pero, lo antes que puedas, pon cabeza y analiza también «en frío» la gravedad del asunto, las circunstancias que lo acompañan y piensa si realmente lo que ha sucedido es tan grave como para que valga la pena poner un muro entre tú y la persona a la que amas.
No tires por tierra el amor que se ha ido construyendo en el día a día por una metedura de pata puntual que a ti también te gusta que te perdonen
HÁBLALO. Cuéntale, cuando estés más tranquila, cómo te has sentido y qué conclusiones has sacado. Expresa lo que esperas de él o lo que esperabas y acordad cómo podéis hacerlo mejor en otra ocasión similar. Ríete un poco con él. Sienta de maravilla.
Tengamos en cuenta por favor que nadie es perfecto. Las relaciones tampoco. Que no os vendan la moto. Nosotros también «perdemos los papeles» en ocasiones y nos gritamos, discutimos, gestionamos regular según el momento…Pero intentamos que ésta no sea ni mucho menos la tónica habitual de nuestro matrimonio.
Es la empresa más importante de nuestra vida y vale la pena cuidarla minuto a minuto.
Lo dicho, mi marido no me regaló nada por Reyes y hoy estamos más unidos ¿A que ahora lo entendéis perfectamente? Nos leemos pronto, chicas. Un abrazo fuerte a cada una y ánimo con todo.
¡Feliz año nuevo!
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]]>La entrada ¿Qué aprendimos de nuestras hijas durante el confinamiento y la pandemia? aparece primero en Amar es el motor.
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Me consta que no soy la única que piensa que los pequeños nos han dado una gran lección en tiempos complejos. Y me gustaría que quedara reflejado por aquí e invitaros a reflexionar conmigo.
Tiendo a observar todo lo que ocurre a mi alrededor, tanto si un pájaro canta en un árbol, el aspecto del cielo, los rostros de las personas con las que me cruzo y, sobre todo, a mis hijas.
Al principio de esta situación que nos pilló un poco de sopetón o sin demasiado aviso, reinaba el desconcierto y la duda. Quizás estas compañeras de camino que habitualmente no suelen sernos agradables nos «salvaron» un poco mentalmente. Ante la perplejidad de experimentar cómo se nos conminaba a permanecer en nuestras casas salvo para actividades esenciales como hacer la compra o tirar la basura, rápidamente me puse a pensar qué explicación darle a mis hijas para que no les supusiera una experiencia angustiosa.
Habitualmente, tiendo a hablarles muy claro y sinceramente, adaptando el lenguaje o contenido a sus edades pero con mucha franqueza. Pienso que es la forma ideal para que vayan, de manera contextualizada y de acuerdo con el curso y las experiencias que vive nuestra familia, aprendiendo a encarar su existencia y la de quienes les rodean con naturalidad y consciencia. Pero desde el principio nos sorprendieron asumiendo la situación como si hubieran vivido así toda la vida…Y francamente, me dio mucha paz ver que seguían jugando felices como si nada pasara a pesar de ser muy conscientes de ello.
Y ésta una de las cosas que más me llamó la atención. Francamente, al estar tantas horas entre cuatro paredes, creo que desarrollaron con más fuerza su imaginación. Nunca vi más cambios de disfraces, roles diferentes, historias increíbles que observaba atónita, despliegue de «medios» convirtiendo toda la casa en zona de juegos…
Curiosamente, reían y cantaban casi a todas horas. Sin duda se encontraban en su lugar seguro y preferido del mundo. Su casa, su familia. No necesitaban nada más. Mientras estuviéramos juntos y pudieran cantar, jugar y bailar. Si papá, mamá y su hermana estaban bien, todo era perfecto.
Les preguntaba por su cole y sus amigas, y aunque los adoran, no lo echaban en falta. La vida les proponía esa nueva vivencia y simplemente la exprimían de la mejor manera que sabían, disfrutando de su presente sin preguntarse qué pasará mañana o anhelar lo que hacían antes.
Observé también que el pasar más tiempo con nosotros era para ellas un premio que saborear. Felicidad en estado puro y las conversaciones sobre los temas más inverosímiles o disparatados fluían con toda facilidad.
Pero no pasaba nada, no era lo importante, era precisamente eso lo que necesitaban, flexibilidad y cierto caos que relajara la tensión de los adultos.
Es común pensar que los pequeños no se dan cuenta de las cosas, viven ajenos en su mundo de color de rosa y a ellos no les afectan los problemas. Pero, con el tiempo, fui fijándome en algunas «somatizaciones», que eran diferentes en cada una, y su forma de canalizar la posible ansiedad o preocupación desde la perspectiva de un niño.
La peque dormía peor. Le costó salir a la calle cuando nos lo permitieron…La mayor necesitaba más abrazos que de costumbre y estar muy cerquita de mí y de su padre.
También tengo la sensación de que estén un poco más «alteradas», con ganas de juerga cuando vuelven del cole, risa floja…
Los ojos con los que miran el mundo les permite adaptarse a los cambios o situaciones desconocidas con más facilidad que nosotros en muchas ocasiones. Mientras que sus referentes y figuras de protección les acompañen, se ven capaces de casi todo y eso me alucina. Necesitan «poco»: lo esencial, que es invisible a los ojos.
Posteriormente llegó el momento de reincorporarse a las clases presenciales. Las caras de los padres a la entrada del cole eran un poema de preocupación, miedo, incertidumbre, y ellas entraban emocionadas asumiendo sin problemas todos los cambios y nuevas rutinas que suponen el protocolo de higiene y prevención. Otra gran lección…
Contadme qué tal lo están viviendo vuestros peques y si habéis observado lo mismo que yo o os sentís identificadas. Un abrazo para cada una ¡Calentamos motores para Navidad!
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]]>La entrada Porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón aparece primero en Amar es el motor.
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Pero por suerte, y cada vez de manera más sencilla y plena, he descubierto que mi tesoro está en el amor por los míos y mi fe. Gozar de su cariño y luchar por darles lo mejor de mí. Ya lo tengo, no lo ansío porque es una realidad en mi vida. Y por tanto lo cuido, protejo y agradezco y es allí donde está mi corazón.
Estamos hechos de amor y por amor deberíamos movernos, porque sólo entonces nos sentiremos plenos y en paz. Tan simple y tan complejo.
Hacer el ejercicio de analizar cada cierto tiempo, dónde está «enganchado» nuestro corazón podría darnos mucha luz, para valorar qué ajustes sería bueno hacer en pro de ganar en autenticidad y verdad.
No esperemos a que la vida nos obligue a frenar en seco y reflexionar por causa de un enfermedad grave, un cambio brusco o la pérdida de un familiar o amigo. Empieza hoy a valorar lo que tienes y reorienta el timón todas las veces que sean necesarias cuando, como es lógico, se desvíe tu rumbo por cualquier motivo.
Que donde esté tu tesoro, esté tú corazón y viceversa ;). Nos leemos pronto.
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]]>La entrada El amor puede crecer cada día aparece primero en Amar es el motor.
]]>Lo hago desde mi experiencia personal (ayer celebré 7 años de matrimonio) y después de haberlo comprobado en parejas de mi entorno más cercano, como son mis propios padres (38 años casados, nada más y nada menos).
Existe una idea generalizada de que el amor tiene fecha de caducidad. Y no tengo la menor duda de que esa creencia se debe a un concepto erróneo de lo que es el amor. Considero que este es el mismo motivo por el que tengo «pocas» amigas. El concepto de amistad, el de verdad, para mí tiene mucho peso e importancia y, de la misma forma que ocurre con el amor, es un tesoro que por su valor cuesta encontrar y conlleva esfuerzo conservar. Pero ello no quiere decir que hablemos de quimeras o ilusiones infantiles. Es real y es posible disfrutar de un amor del bueno para toda la vida.
Cuando aposté por mi marido, en ningún momento se me pasaba por la cabeza que nuestra historia pudiera terminarse. Obviamente (Dios no lo quiera) soy consciente de que todo es posible y que, aunque no me guste, aunque no es lo que deseo, las cosas pueden llegar a torcerse tanto que se rompan. Pero mientras tengamos en nuestra mano las herramientas para evitar que eso ocurra, pelearemos. Francamente dudo muchísimo que esto ocurra. Porque querer es poder y cuando dos se quieren de verdad, pueden con todo y para toda la vida.
Últimamente, me sorprende y entristece bastante cada vez que escucho a una pareja que supuestamente está profundamente enamorada y muy segura de «lo suyo» comentar sin pudor uno junto al otro: «no sabemos cuánto durará esto»; «no sé si le querré siempre»… Permíteme que piense que algo falla si tienes tan claro a diario que no pones la mano en el fuego por que tu historia permanezca y crezca. Llamadme romántica, pero para mí el amor, el de verdad, huele a eternidad.
¿Quizás se ha generalizado un pánico atroz a que nos hagan daño? ¿Queremos protegernos de lo que de antemano sabremos que acabará mal? ¿No estamos dispuestos a afrontar ningún reto ni dificultad? No creo que esto sea positivo. Algo no se está entendiendo bien…Y vaya por delante que me opongo a la idea de amor romántico de cuento de hadas que no ve más allá de noches con velitas bajo la luna y los paseos a caballo. Es vital ser muy conscientes a la hora de comprometernos de que las dificultades llegarán y evitar idealizar tanto a la otra persona como a la relación en sí.
No hablo de la inocencia de creer que a mí no podrá ocurrirme una desgracia (la ruptura de un matrimonio a mi parecer es de las más graves que podemos sufrir), sino de que, por el amor que siento por él y sé que él siente por mí, no contemplamos que esto acabe porque apostamos todo lo que tenemos cada día porque cuidar nuestro amor y resuena en nuestro interior aquella promesa que hicimos: «todos los días de mi vida».
La historia de amor de la que os hablo empieza por la fase del enamoramiento, que se asemeja mucho a la de «locura transitoria» y, con mimo y esfuerzo, culmina en la madurez, tras mucho evolucionar. He ido sintiendo como nuestro amor se iba transformando, yo me he adaptado a él y él a mí y ambos a nuestras circunstancias. Nuestra propia esencia sigue intacta, pero hemos ganado y perdido por el camino soltando todo aquello que nos sobraba y lastraba y adquiriendo nuevos «súper poderes» gracias a nuestra propia lucha personal y el apoyo y enriquecimiento que nos aporta el otro.
Serán muchas las ocasiones en las que fallemos e incluso dañemos al otro. Pedir perdón será absolutamente justo y necesario, pero el objetivo será siempre hacernos felices el uno al otro, pelear de la mano y construir una familia llena de amor.
Creo que no hay proyecto en el que valga más la pena darlo TODO. No lo dudes, el amor es lo que de verdad importa. Si estás pasando un mal momento, lucha, busca ayuda y apoyos.
Paso a paso día a día, no me canso de conversar y filosofar contigo y cada día y etapa es una nueva aventura apasionante. El empeño no cesará para que este amor siga creciendo de esta manera tan natural y «trabajada» al mismo tiempo ¡Gracias por tanto!
¿Cuáles son vuestros apoyos para sentir el crecimiento del amor? Contadme si os apetece. Nos leemos pronto.
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]]>La entrada Trabajar con alegría aparece primero en Amar es el motor.
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No es ningún secreto que el día a día y la vida en general supone superar una serie de retos, contratiempos, circunstancias y golpes que nos hacen perder en muchas ocasiones la paz interior, la ilusión o la motivación. Quien pretenda vivir sin problemas o dificultades debería apuntarse a otro juego…¿Cómo logramos entonces mantener ese bienestar que todos perseguimos?
Lo que quiero compartir con vosotros a continuación podría ser aplicable a cualquier sector de nuestra existencia, pero me gustaría centrarme hoy en el trabajo. Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo diario a esta ocupación. Por tanto, sumará o restará en gran medida a esa alegría de la que os hablo según lo vivamos.
En la era del hedonismo, palabras o conceptos como el de «obligación» no molan demasiado. Pero qué tal si somos «listos» y cambiamos nuestra mentalidad para entenderlo como lo que es: una oportunidad, un regalo para desarrollarnos como personas y hacer de éste un mundo mejor.
Piensa que hay quien sueña con poder tener una «obligación» como la de levantarse cada día y dirigirse a su puesto de trabajo. Una de las causas que lleva a sumirse en un estado de depresión a muchas personas es la de sentir que no tienen una función o papel en la vida, que no «sirven» para nada, que no tienen un por qué…
El trabajo no puede convertirse en un fin o un por qué para vivir, pero si lo entiendo como un medio que contribuye a ese equilibrio interno que todos buscamos y que nos permite canalizar nuestro potencial para servir a la sociedad y a las personas.
Cuando el día a día se hace duro, me gusta levantar la vista del ordenador y «mirar lejos». Recordar qué sumo o aporto con mi labor diaria, a cuántas personas ayudo.
Aunque tu actividad profesional pueda resultarte sin demasiada «importancia», pienso que todo trabajo digno hecho con amor y entrega aporta y mucho más de lo que a priori podríamos imaginar. Piensa en lo que se agradece llegar a una oficina que está limpia, que te sirvan un café en su punto, que te resuelvan una duda administrativa con una sonrisa y aportándote soluciones a tu problema, encontrarte los alimentos bien clasificados en el supermercado…
¿Alguien se atrevería a decir que las personas que están detrás de que esos servicios funcionen bien realizan labores sin importancia? Todo suma a tu bienestar y al de los demás.
El trabajo es una genial escuela de virtudes y superación. Aprovéchala y enriquécete como persona. Aporta lo mejor de ti a la sociedad con tu labor diaria.
Una vez más esos ojitos que nos dan la vida se posan sobre nosotros y aprenden más con lo que ven que con lo que podamos contarles. Qué molesto es cuando nuestros hijos protestan cuando les pedimos que cumplan con su deber. Pero ¿qué lección les trasmitimos cuando sólo escuchan quejas por nuestra parte en lo que a nuestra labor profesional respecta?
Matizo…Creo que es hasta positivo que nos vean cansados e incluso preocupados o contrariados en alguna ocasión por motivos de trabajo. Me parece una genial idea contarles (siempre teniendo en cuenta su nivel y sin trasmitirles angustia o inseguridad) que hemos tenido un día duro, o que estamos agotados. Se enfrentarán muchas veces a esa sensación a lo largo de su vida y aprenderán así a normalizar esas situaciones y sobre todo a cómo gestionarlas.
Pero qué importante es que nos vean agradecidos por nuestro trabajo, que cuidamos también nuestros momentos de descanso y desconexión, que realizamos nuestra labor lo mejor que podemos… La familia es un escuela de vida maravillosa para nuestros hijos, no lo olvidemos. Tampoco en lo que al trabajo se refiere.
Maite, todo lo que me cuentas es muy bonito, pero…¿qué pasa si por mucho que me esfuerzo, no soy capaz de sentirme satisfecho? ¿si la dureza de mi día a día por diversos motivos me impide trabajar con alegría? ¿qué hago si el trabajo es precisamente ese elemento que está desestabilizándome como persona y entorpeciendo el bienestar de mi familia?
Entonces CAMBIA. El cambio no tiene por qué ser buscar otro trabajo (o sí). A veces basta con hacer algunos ajustes en el horario o las funciones que desempeñas. Puede que toque tener una conversación delicada con tu jefe o tu compañero. Pero el inmovilismo y «aguantar hasta reventar» no me resulta una opción acertada…
Sé que cuando uno se encuentra en una encrucijada como ésta no es nada sencillo y provoca mucho sufrimiento. Me he visto en situaciones así en varias ocasiones y sé lo que supone…
Siempre me ha provocado una impotencia enorme cuando veo en otros (sobre todo en familias) que realmente, el origen de muchos de sus problemas está en el que debería ser un medio para el progreso a todos los niveles y no una soga que aprieta nuestros cuellos y no nos deja respirar…
No es fácil tomar decisiones o hacer cambios cuando las necesidades económicas para sostener una familia nos persiguen. Pero estoy convencida de que a veces tendemos a establecernos en una situación que parece no tener solución, cuando el cambio o la salida sí está en nuestra mano. Percibo mucho miedo al cambio y «cabezonería» al empeñarnos en seguir la senda que un día decidimos emprender.
Piensa que si no te hace feliz, no te llena, está perjudicando tu salud mental o física o está suponiendo una barrera inmensa entre tu mujer/marido y tú y entre tus hijos y tú…¿Vale la pena? ¿Realmente no puedes cambiar algo para salir de esa espiral? Ahí lo dejo…
Vaya por delante que soy plenamente consciente de que NO ES NADA FÁCIL. La conciliación sigue siendo una asignatura pendiente en la mayor parte de los hogares, las circunstancias socioecónomicas no permiten que todos accedan a su puesto soñado, deseado o «ideal». Lo tengo clarísimo. Pero realmente, dentro de tus posibilidades, ¿estás en el mejor lugar? ¿estás dedicando tu esfuerzo y tiempo a algo que vale la pena?
Quiero mandar un abrazo inmenso a todo el que me esté leyendo y no esté atravesando un momento fácil por este motivo…Insisto en que conozco lo mal que se pasa cuando esta variable del trabajo diario nos falla; cuando sabemos que algo no va a bien y nos está dañando a nosotros y a nuestro entorno más cercano.
Pero de verdad deseo animaros a que reflexionéis y agotéis todas la opciones que están a vuestro alcance para que vuestro trabajo se convierta en un medio para sentiros realizados y hacerle la vida más fácil a los demás y no en un elemento de tortura y ruptura de nuestro ser.
Cuéntame por favor, si estas líneas te han ayudado en algo. Te han hecho reflexionar ¡Nos leemos!
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]]>La entrada Volver al blog tras un paréntesis aparece primero en Amar es el motor.
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Te saludo de nuevo desde esta ventana que tan feliz me hace. Por motivos de trabajo y familia me ha sido imposible sacar tiempo para alimentar este rincón de comunicación e inspiración que tan feliz me hace. Pero, tras hacer algunos ajustes, me alegro de poder decirte que aquí estoy de nuevo.
Tengo mucho que contarte y compartir contigo y espero darte motivos y alicientes para seguir mi contenido de cerca. Escribo para mí (me resulta apasionante y terapéutico), pero por supuesto escribo para ti. Me haría muy feliz que éste fuera un espacio en el que te apetezca entrar y sobre todo quedarte. Un lugar que te enriquezca e inspire y donde encuentres aliento para tu lucha diaria.
Si quieres proponerme temas o contenidos a tratar, será un placer leerte y ponerme manos a la obra. Volver al blog tras este paréntesis con la misma o incluso mayor ilusión que la que tenía cuando empecé me hace muy feliz. Espero conseguir preparar contenido y publicar con frecuencia. Pero sobre todo, crear textos de calidad.
Me gustaría aportarte novedades que no encuentres en otro lugar, que haga de éste un rincón especial y diferente ¿Nos ponemos a ello? Mi afán no es el de ser la más original, por el simple hecho de serlo. Sino hablar de muchas cuestiones que considero esenciales pero que quizás no se traten con la frecuencia que entiendo necesaria en el mundo digital.
Familia, amor, maternidad, mujer, tendencias, viajes, decoración, crecimiento interior…Todo esto y mucho de mí será lo que encontrarás aquí desde mi perspectiva. Sin encorsetamiento en una única temática o estilo, con la diversidad que implica un ser humano, sus aprendizajes, circunstancias e intereses.
¡Bienvenido de nuevo! Te espero con ganas.
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]]>Decía San Pablo: «si no tengo amor no soy nada». ¿Quiere esto decir que la valía de una persona radica en la realidad de tener pareja? ¡Para nada! El amor se manifiesta de múltiples maneras, estamos hechos de amor y somos amor. Un pequeño ama a su mamá, un maestro ama a sus alumnos, un médico ama a sus pacientes…¿Veis cuántas formas de amar se nos ocurren «a bote pronto»?
A lo que el apóstol se refería, en mi opinión, es a que algo falla si en tu vida no es protagonista el amor. Las capacidades de las personas, en cuanto al amor se refiere, son hermosas e infinitas. ¡Saquémosle brillo a la mejor de nuestras potencialidades!
Aunque, como he dicho al principio, creo que estamos hechos de amor y «configurados» para amar, desde mi propia experiencia y por lo que he podido leer de manos de expertos en psicología y filosofía, es fundamental en primer lugar tenerse y amarse a sí mismo.
Sólo podemos dar aquello que «tenemos». Sentirnos en relativo equilibrio, tener claras nuestras aspiraciones, ideas, referentes, objetivos. Aceptarnos como somos sin dejar de luchar por encontrar nuestra mejor versión y limar lo que no va bien. Gozar de cierta serenidad interior. La que aporta el tener la conciencia tranquila y la convicción de que se está en el camino que nos dirige hacia el bien y la verdad. Una vez te encuentres en ese punto de partida (simplificando mucho sobre un tema del que podríamos hablar largo y tendido), pon amor en todo lo que haces y estarás preparada para amar en mayúsculas.
No se necesitan grandes gestas para manifestar el amor que llevamos dentro. Ama en lo pequeño y descubrirás lo grande del amor.
Espero que en algo os hayan inspirado estas palabras sobre algo de lo que me podría pasar horas y días hablando, sobre lo que pretendo que sea el centro y el motor de mi vida, de mi día a día. Os advierto de que estoy preparando mucho material interesante para vosotras (maternidad, moda, decoración, salud…). ¡Estad atentas!
Aprovecho este post para daros las gracias por haberme nominado un año más a los premios Madresfera. ¡No me lo creo! Me anima muchísimo a seguir cuidando con mimo este rinconcito y a todas vosotras, sin las que no sería posible.
Si os apetece darme un poco de «amor» y votarme os lo agradecería eternamente. Estoy nominada en la categoría personal. Sólo tenéis que pinchar en este enlace, clicar en la categoría «personal» y rellenar los datos que os solicitan (nombre y dirección de correo electrónico). Os llegará un correo para que pinchéis confirmando vuestro voto. ¡Y ya está! Mil gracias de antemano y ¡feliz San Valentín!
La entrada ¿Vale la pena el amor? ¿Nos han contado un cuento de hadas? aparece primero en Amar es el motor.
]]>La entrada Cuando los celos entre hermanos vuelven… aparece primero en Amar es el motor.
]]>Ya os he hablado de este asunto en otras ocasiones. Tratamos cómo prevenirlos durante el embarazo, qué hacer cuando aparecen con la llegada de un hermano y también os describí una magnífica estrategia psicológica para paliarlos: la del «tiempo especial». Realmente es un tema que me preocupa.
Hoy vengo a contaros mi experiencia con un nuevo episodio de celos por el que está pasando mi hija mayor. Es indudable que cuando estamos educando y criando un hijo tenemos en nuestras manos algo delicadísimo. Tratamos con personas tremendamente vulnerables a nuestra acción sobre ellas.
Por suerte también cuentan con sus propios recursos. Por tanto, a pesar de nuestras torpezas, siempre existe la posibilidad de que adquieran fortalezas en otros ámbitos o con ayuda de otras personas y sean capaces de superar ciertos baches por sí mismos. Pero hemos de poner todo nuestro empeño por cumplir lo mejor posible con el papel que nos corresponde.
Y en ello estamos…De un tiempo a esta parte, más o menos desde que comenzó el verano y por tanto algunos cambios de rutinas, venimos observando ciertas alteraciones en el comportamiento y actitud de nuestra hija mayor. Para que os situéis: tiene 4 años y su hermana pequeña 2.
Todas estas situaciones, que os aseguro que me resultan duras de afrontar, me hacen tener claro que de nuevo nos enfrentamos al fenómeno de los celos. Sé, como ya os adelanté en entradas anteriores, que no debo asustarme, al menos de momento. Nos guste o no, los celos forman parte del desarrollo normal de los pequeños. Si conseguimos encauzarlos bien, harán que salga fortalecida y que adquiera buenas herramientas de gestión emocional que le serán muy útiles en el trato con otras personas a lo largo de su vida.
Sabe Dios que nada de esto se debe a que no le preste atención a mi hija o no reciba el suficiente cariño por mi parte. Aunque no pueda evitar sentirme culpable, siendo objetiva, pienso que no sería justo deducir eso.
Pero independientemente de quién sea o no culpable y de cómo estemos haciendo las cosas, lo cierto es que nuestra hija está sufriendo y necesita de nuestro cariño y ayuda.
Como sabemos, los niños son especialmente sensibles a los cambios. Los que os he narrado, sin duda lo son. Algunos además, especialmente importantes. Pienso que todo esto puede haber hecho que nuestra peque se sienta mal y no sepa como manejarlo.
Quiero hacer las cosas lo mejor posible y ayudarle a salir de su malestar. He vuelto a repasar la información de la que dispongo y me he puesto manos a la obra. Así que espero ir notando mejoría de la situación en breve.
Sabéis que para mí, las reglas de oro para todo lo que tenga que ver con mis hijas, su crianza y educación son fundamentalmente dos: cariño y paciencia.
Pero, además de haberme propuesto retomar con más fuerza el dedicarle un tiempo en exclusiva a ella que refuerce su seguridad y autoestima, me han parecido muy interesantes las pautas que os detallo a continuación y que he encontrado en una web de psicología.
Espero que a las que estéis atravesando un episodio similar al nuestro os sirva de ayuda alguna de estas pautas o al menos os sintáis acompañadas. Estaré encantada de leer vuestras experiencias y consejos al respecto. ¡Nos leemos pronto!
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]]>La entrada Retirada del pañal sugerida por mi hija de dos años aparece primero en Amar es el motor.
]]>Ya no soy primeriza y me he enfrentado con más seguridad al asunto en esta ocasión. Pero como ningún hijo es igual al otro, se han dado elementos novedosos. En el caso de mi hija mayor, cuando la vimos preparada, le propusimos dar este gran paso en su desarrollo. Podéis leer nuestra experiencia aquí.
Para nuestra sorpresa, en esta ocasión la peque (cumplió 2 años en Mayo) nos lo ha propuesto a nosotros. Ni con la primera ni con la segunda he tenido ninguna prisa por retirarles el pañal. Creo que no tiene ningún sentido hacerlo mientras no estén preparados. De hecho, podría decirse que incluso ofrecimos resistencia a la «audacia» de la menor en un primer momento.
Parto de la base de que no pretendo dar lecciones a nadie. Esta entrada no tiene la finalidad de ser un manual de instrucciones. De hecho creo que nadie debería seguir consejos al pie de la letra en este aspecto. ¿Por qué? Porque cada hijo y cada familia son únicos e irrepetibles. Y en este asunto, como en todos, debemos tener en cuenta sus características particulares y situación personal para decidir cuál es la mejor manera de actuar.
No obstante, siempre se agradece encontrar ciertas pautas orientativas o simplemente sentir que no estamos solos en esto. En el post que redacté cuando le retiramos el pañal a nuestra hija mayor, explico los elementos esenciales a tener en cuenta ante la retirada del pañal más pormenorizadamente. Hoy solo pretendo contaros esta nueva experiencia.
La peque llevaba unas semanas quitándose el pañal a todas horas y acercándose al baño cuando lo hacía su hermana. Decía: «yo también», «como los mayores»…Desde hacía bastante tiempo identificaba cuando tenía pis o caca, nos reclamaba para cambiarle el pañal mostrándose incómoda…Por otra parte, la seguridad y entusiasmo que muestra con cada avance en su desarrollo también fueron elementos muy positivos de cara a embarcarnos en esta nueva aventura. Pero, como os decía al principio, decidimos esperar un poco.
Si hay una característica que conviene que tenga este proceso es que se ha de asumir con paz (sin prisas, agobios, rigideces ni sobresaltos). Por entonces estaban aquí sus abuelos y una tía de mi marido. Las rutinas del día a día no eran ni mucho menos estables. Al salir de la guardería nos íbamos a la calle de paseo, cada día a un sitio nuevo. Esas circunstancias no me parecieron las más idóneas para asumir un cambio tan grande.
Desde mi punto de vista, lo mejor es esperar a un día o fin de semana en el que tengamos previsto estar tranquilos en casa. De esta manera, el peque identificará el orinal que usará habitualmente y podrá ir «ensayando» en un entorno conocido que le aporte confianza. También tendremos la ropita de cambio necesaria y la posibilidad de darle una ducha ante los normales «escapes». Nosotros estaremos más tranquilos y se lo trasmitiremos a ellos.
Por otra parte, y aunque lo ideal es adaptarnos al ritmo de cada niño, en la guardería la educadora estaba atendiendo, de manera progresiva, la retirada del pañal de un número reducido de niños. Y nos tocaba esperar a que los que habían empezado antes lo tuvieran «controlado». Creo que es importante la coordinación con la persona que se encarga de sus cuidados cuando los padres no están. Por todos estos motivos, esperamos un poquito a pesar de la ilusión y las ganas de la nena de pasar al «club de los mayores».
Eso no nos impidió que fuéramos acompañándola a prepararse hasta que llegara el momento idóneo. Volvimos a recurrir al cuento de «El orinal de Lulú», que tanto a una como a otra les ha encantado y creo que facilita mucho visualizar el proceso que se disponen a vivir y hablarlo con ellas.
Le enseñamos el orinal que iba a usar, entusiasmándole con la idea de lo bonito que era. El nuestro tiene una pegatina de Minnie que le encanta. Todos esos pequeños detalles ayudan mucho. Por otra parte, me hice con una buena selección de braguitas con personajes infantiles que reconoce y admira. Por tanto, la emoción iba creciendo por momentos.
Cuando llegó el día, una vez más, comprobamos que la capacidad de avanzar de los niños es tremendamente natural. Nos lo puso muy fácil. El pipí lo controló enseguida. La caca, como suele ser habitual, le costó un poco más. Con la dificultad añadida de que tuvo un par de episodios de estreñimiento y diarrea que no le facilitaban las cosas. Hubo un momento en el que me dio la sensación de que temía hacerla en el orinal. Pero con cariño y explicándoselo a su manera ganó en confianza y lo consiguió.
El refuerzo positivo ha sido un gran aliado en este caso, al igual que lo que sucedió con nuestra hija mayor. Por supuesto aplaudirle y festejar con ella cada vez que hacía las cosas en su sitio. También le encanta que le pinte una carita sonriente o una estrella en la mano. Pero evitamos darle premios materiales. Y armarnos de paciencia cuando hay escapes, evitando regañarle o que se asuste. Lo que sí hacía era recordarle el lugar donde debía hacerlo o que me avisara si tenía ganas.
Al principio yo le iba recordando cada cierto tiempo y posteriormente espaciando más los ratos en los que no le decía nada. Procuro que tenga el orinal a su alcance mientras juega y a ser posible siempre en el mismo sitio.
Me sorprende muy gratamente como ha ido ganando en autonomía y ya acude ella solita a hacer sus necesidades sin necesidad de decir nada. Se limpia y se baja el pantalón y las braguitas y vuelve a colocárselo después con toda soltura. ¡¡Se me cae la baba!!
Llegó también el momento en el que salimos a la calle sin pañal. He de admitir que es el que más me tensa. Siempre voy preparada con un par de mudas de ropa por lo que pudiera pasar y me llevo su propio orinal. Aunque parezca un poco absurdo, creo que les facilita mucho las cosas cuando están empezando. Cuando vea que está totalmente controlado dejaremos de hacerlo.
A día de hoy han pasado unos 20 días y aunque sigue habiendo escapes esporádicos lo doy por superado. En ocasiones le da pereza detener los juegos con su hermana y aguanta hasta que ya no puede más y se le escapa. Pero tiempo al tiempo… Ya hay días que trascurren sin un solo accidente. Y a ella se le ve feliz y segura. Un dato curioso es que aún no hace caca en la guarde, sino antes de salir de casa o al llegar. Claramente espera a llegar al lugar donde se siente más segura: su hogar. A ver si poco a poco se va soltando y no teme hacerlo fuera.
Espero que os haya ayudado en algo este post o el que escribí anteriormente sobre mi hija mayor a todas las que estéis con estos menesteres. Que hayáis encontrado alguna idea que os venga bien para probar con vuestros hijos, inspiración o simplemente ese sentimiento de acompañamiento que tanto se agradece. No dudéis en comentarme lo que queráis y lo hablamos. Un besazo y nos vemos muy pronto por aquí y a diario en mis redes sociales.
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