Advertise with Googlier.com El arquero https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero Desempolvando la biblioteca Thu, 13 Aug 2026 22:02:21 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.4.10 La gente que anda por ahí https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/la-gente-que-anda-por-ahi-58332 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/la-gente-que-anda-por-ahi-58332#comments Sat, 25 Apr 2015 09:41:22 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=490 En una entrevista concedida a una revista digital con motivo de la publicación de su primera novela, ‘Siete maneras de matar un gato’ (Los Libros del Lince, 2009), Matías Néspolo comentaba que lo que realmente le interesaba como narrador era … Sigue leyendo →

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Cubierta-Con-el-sol-en-la-boca-ok1 (1)En una entrevista concedida a una revista digital con motivo de la publicación de su primera novela, ‘Siete maneras de matar un gato’ (Los Libros del Lince, 2009), Matías Néspolo comentaba que lo que realmente le interesaba como narrador era hablar de ‘la gente que anda por ahí’, es decir, de los ciudadanos normales y corrientes a quienes, por cualquier circunstancia, les ocurre algo digno de ser contado. Pero, cuidado, porque aquella declaración tenía su trampa el adverbio ‘ahí’, ya que este escritor y periodista argentino afincado en Barcelona desde 2001 se refería a la gente que anda por Buenos Aires, y no por aquí. Efectivamente, Néspolo es el más porteño de los escritores venidos del Río de la Plata y sus personajes se expresan con un lenguaje tan bonaerense, en el sentido callejero de la palabra, que el lector se siente inmediatamente transportado a la ciudad de Borges. Con la publicación de su nueva novela, ‘Con el sol en la boca’, se ratifica la enorme capacidad del autor para reproducir los dejes, giros y modismos de aquella urbe, haciéndolo con tanta precisión que, de alguna manera, nos remite a la capacidad de Rafael Sánchez Ferlosio para reflejar el habla de los madrileños en ‘El Jarama’ o, si se prefiere, la de Richard Ford para hacer lo propio con la voz de un adolescente norteamericano en ‘Canadá’.

La hiperargentinidad de Matías Néspolo ya aparecía en ‘Siete maneras de matar un gato’, novela neopicaresca sobre dos jóvenes buscavidas radicados en el conurbano bonaerense, y ahora vuelve a hacer acto de presencia en ‘Con el sol en la boca’, un relato polifónico que nos presenta a unos universitarios que, simplemente, se han cansado de la ciudad. Quieren largarse de ‘ahí’ lo antes posible, ya sea para montar un chiringuito en Salvador de Bahía, ya para viajar por el continente americano, pero no podrán hacerlo hasta conseguir dinero. Tras agotar opciones de supervivencia que van desde redactar catálogos turísticos hasta lidiar con el alfabeto helénico traduciendo plataformas para ξενες στοιχηματικες εταιριες con sede en Atenas, uno de ellos, el Tano, decide robar a su padre un cuadro de Antonio Berni que esconde en su casa y que, de hecho, vertebrará la segunda parte de la novela. La investigación sobre los anteriores propietarios de esa pintura servirá a los distintos narradores para reconstruir, casi de sopetón, la historia reciente de aquella Argentina sometida al yugo de la dictadura: la Junta Militar, las guerrillas armadas, la oposición de los intelectuales de izquierdas, la desaparición de los disidentes, la especulación urbanística con las casas de los asesinados… Toda esta información caerá sobre el protagonista como una losa y, si antes conocía el pasado de su país –y de sus propios padres- de un modo abstracto, ahora descubrirá los rescoldos de aquella época que todavía queman la ciudad.

Con este argumento reconstruye Matías Néspolo la parte más oscura de una Argentina todavía presente, logrando que el lector sienta el mismo horror que experimenta el protagonista a medida que descubre el pasado de su propia familia. Pero ‘Con el sol en la boca’ no sólo rescata la memoria de un país, sino que también habla de algo que parece interesar mucho más al autor: la lealtad. En ‘Siete maneras..’, los dos protagonistas se enfrentaban al eterno problema del fin de la amistad, y ahora Néspolo reincide sobre el asunto ampliándolo mucho más, dado que habla sobre la traición entre iguales, es decir, sobre las puñaladas que se asestan los compañeros cuando el gobierno les incita a temer constantemente por sus vidas. No en vano uno de los personajes dirá que ‘entre pares la lealtad es sagrada y cuando se vulnera ya no hay vuelta atrás’. En definitiva, una novela sin flecos de un autor que, lento pero seguro, está construyendo una obra con carga de profundidad.

‘Con el sol en la boca’.
Matías Néspolo.
Los Libros del Lince, 2015.
249 páginas, 18 euros.

(Artículo publicado en el suplemento ‘Cultura/s’ el 18 de abril de 2015).

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El farsante, el desarraigado y el artista https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-farsante-el-desarraigado-y-el-artista-37179 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-farsante-el-desarraigado-y-el-artista-37179#respond Sat, 25 Apr 2015 09:25:42 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=486 A lo largo del último año, la literatura española ha consolidado su posición en el mercado. Tal vez las editoriales hayan reducido el número de novelas que acostumbraban a publicar, pero al mismo tiempo han reafirmado su defensa de la … Sigue leyendo →

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A lo largo del último año, la literatura española ha consolidado su posición en el mercado. Tal vez las editoriales hayan reducido el número de novelas que acostumbraban a publicar, pero al mismo tiempo han reafirmado su defensa de la narrativa más cercana. Así, durante los últimos meses se han publicado algunos títulos de autores ya consagrados (Javier Marías o Almudena Grandes, por ejemplo), se ha ratificado la solvencia de los que arrancaron hace ya algún tiempo (Javier Cercas o Rafael Reig, entre otros) y se ha continuado apostando por los narradores más recientes (Alberto Olmos o Sergio del Molino, por citar algunos). Con todos estos nombres, se puede afirmar sin temor a equívoco que la literatura española ha sobrevivido a la crisis y que, si realmente ha empezado la recuperación económica, seremos pronto testigos del nacimiento de una nueva generación de escritores llamados a convertir en literatura los durísimos años que hemos tenido que soportar. Hasta entonces, nada como sentarse en el sofá de casa y olvidarnos de los malos tiempos con una novela de calidad. Aquí van tres sugerencias.

-JAVIER CERCAS
Los libros de no-ficción raramente alcanzan la categoría de narrativa de alta calidad. Es más, los lectores suelen comprarlos atendiendo al contenido, y no al continente, y el gran acicate para su venta tiende a ser la temática, y no el nombre del autor. Javier Cercas es de los pocos escritores que ha roto esa barrera, consiguiendo que sus investigaciones sobre la Guerra Civil –‘Soldados de Salamina’ (Tusquets, 2001)- o sobre la Transición –‘Anatomía de un instante’ (Mondadori, 2009)- sean también leídas por el placer estético que su redactado produce. A finales del año pasado, el autor volvió a ganarse el aplauso de la crítica con ‘El impostor’ (Literatura Random House, 2014), una crónica sobre la investigación emprendida por Cercas en torno a la vida del falsario Enric Marco Batlle, el hombre que engañó a todo el mundo haciéndose pasar por un superviviente de los campos de concentración nazis. Así, ‘El impostor’ se convierte en una profunda reflexión sobre los límites morales de la ficción que, además, puede ser leída como la más fascinante de las novelas.

-JULIO LLAMAZARES
Pocos escritores vierten tanta poesía sobre sus escritos como Julio Llamazares. El escritor leonés obtuvo su consagración hace más de veinticinco años, cuando publicó ‘La lluvia amarilla’ (Seix Barral, 1988), una novela ambientada en la aldea deshabitada de Ainielle (Huesca), y ahora, cuando parecía que ya había abandonado su interés por los desterrados, regresa sobre el tema al ubicar el argumento de ‘Distintas formas de mirar el agua’ (Alfaguara, 2015) en su propio pueblo natal, Vegamián, el cual desapareció de la faz de la Tierra cuando Juan Benet, ingeniero además de escritor, construyó el embalse del Porma. La casa donde nació Llamazares descansa hoy bajo las aguas de aquel pantano, y el autor ha querido rendir homenaje a sus gentes en una novela cargada de emotividad en la que nos cuenta la historia de una familia que acude al pantano para dispersar las cenizas del patriarca. Llamazares vierte toda la poesía que su corazón almacena en los párrafos de ‘Distintas formas…’ y demuestra una vez más que es uno de los mejores escritores del panorama narrativo español.

-CELSO CASTRO
Hasta hace poco, Celso Castro era un escritor secreto del que sólo hablaban los letraheridos. Algunos de sus títulos anteriores, sobre todo ‘el afinador de habitaciones’ (Libros del Silencio, 2010) y ‘astillas’ (Libros del Silencio, 2011), lo habían convertido en un autor de culto no sólo por la profundidad de sus textos –que exploraban la existencia de una nueva sentimentalidad masculina-, sino también por la laboriosidad con la que habían sido escritos –prosa alambicada, ausencia de mayúsculas, estilo torrencial-, y la reciente la publicación de un tercero, ‘entre culebras y extraños’ (Destino, 2015), en una editorial de amplio espectro permite ahora que su narrativa llegue a todos los públicos. La historia habla de un adolescente demasiado frágil para soportar la muerte de sus seres queridos y demasiado intenso para aguantar las embestida del amor, y la forma en que Castro la ha escrito –y aun no siendo el mejor de sus libros- nos recuerda que la literatura, igual que la poesía y la pintura, también es un arte. Por si alguien lo había olvidado.

(Artículo publicado en el suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia, el 23 de abril de 2015).

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El periodismo y otras formas de mentir https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-periodismo-y-otras-formas-de-mentir-72842 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-periodismo-y-otras-formas-de-mentir-72842#respond Thu, 09 Apr 2015 07:32:25 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=480 Umberto Eco es una biblioteca llena de secciones. Recorriendo sus pasillos se descubren ejemplares de casi todos los géneros literarios, algunos de los cuales sólo están al alcance de los intelectuales, mientras que otros han sido creados para el común … Sigue leyendo →

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descargaUmberto Eco es una biblioteca llena de secciones. Recorriendo sus pasillos se descubren ejemplares de casi todos los géneros literarios, algunos de los cuales sólo están al alcance de los intelectuales, mientras que otros han sido creados para el común de los lectores. Realmente, este filósofo italiano nacido en Alessandria hace ya ochenta y tres años ha levantado una obra que va desde el ensayo semiótico hasta la novela erudita, y no existe ciudadano occidental interesado en la cultura que no haya leído cuando menos uno de sus títulos, ya sea la ficción histórico-policíaca ‘El nombre de la rosa’ (Lumen, 1982), ya el ensayo sobre cultura popular ‘Apocalípticos e integrados’ (Lumen, 1968), ya los estudios académicos ‘Obra abierta’ (Seix Barral, 1965) o ‘La estructura ausente’ (Lumen, 1972).

De manera que hay un Umberto Eco para cada uno de nosotros y se puede afirmar sin temor a equívoco que no existe en Europa un intelectual tan completo como este hombre cuya barba ya existía antes de que naciera el más anciano de los hípsters, cuyas gafas ya adornaban su rostro antes de que John Goodman luciera las suyas en ‘El gran Lebowski’ (Joen y Ethan Coen, 1998) y cuyo sombrero Fedora ya adornaba su catedrática cabeza antes de que Indiana Jones opositara a un puesto en la Universidad de Barnett.

Ahora Umberto Eco nos entrega su séptima novela, ‘Número Cero’, en la que aúna algunas de las temáticas más recurrentes en su narrativa, como son las teorías conspirativas (‘El péndulo de Foucault’, Lumen, 1989), los embustes de la Historia (‘Baudolino’, Lumen, 2001) y las intrigas políticas (‘El cementerio de Praga’, Lumen, 2010), añadiéndoles otro de sus objetos de estudio más habituales: la comunicación de masas. El libro narra la elaboración del ‘número cero’ (así se denomina al ejemplar de prueba que se crea antes de lanzar una publicación al mercado) de un periódico que un empresario italiano quiere sacar a los kioscos no tanto para ampliar la oferta informativa como para intimidar a sus rivales, desacreditar a sus enemigos e influir en la política. Así pues, dicho medio de comunicación nace directamente afectado por el estigma de los tiempos en que vivimos, que no es otro que el de la manipulación informativa, y Umberto Eco aprovecha esta circunstancia para convertir el proceso de creación de este rotativo en una sátira que ridiculiza de un modo demoledor la presunta honestidad del periodismo.
Sin embargo, con lo que nadie cuenta en ese periódico es con la aparición de un redactor que, aun pareciendo un botarate con la cabeza llena de teorías conspirativas, asegura haber dado con la noticia del siglo: la demostración de que Benito Mussolini no fue ajusticiado por los partisanos comunistas el 28 de abril de 1945, sino que consiguió refugiarse en El Vaticano, en Argentina o incluso en algún paraíso habilitado por la CIA, dejando que fuera uno de sus dobles quien muriera fusilado en la aldea de Giulino di Mezzegra. A medida que avanza la novela, Eco abandona la temática de la corrupción periodística para centrarse en esta subtrama de carácter histórico, consiguiendo desconcertar a un lector que, habiéndose enganchado a un argumento, de pronto se ve inmerso en otro. Este cambio de dirección no es, pese a lo que pueda parecer, un error estructural, puesto que la segunda parte de ‘Número cero’ complementa la tesis que el autor quería demostrar en la primera, a saber: que vivimos inmersos en una enorme mentira. Porque, si aquel periódico no aspiraba a otra cosa que no fuera la manipulación informativa, la investigación sobre la muerte de Mussolini añade más leña al fuego al demostrar la facilidad con la que también se puede alterar los hechos históricos. Sólo hace falta plantear una duda razonable; igual que en el periodismo.

‘Número Cero’ está ambientada en 1992, una fecha crucial para la política italiana, dado que fue el año en que estalló el escándalo Tangentópolis, un caso de corrupción que salpicó al partido socialista, que destapó los tejemanejes de la clase dirigente y que provocó un profundo debate en torno al funcionamiento de la prensa. Al ubicar su novela en ese marco temporal, Umberto Eco pone fecha al cambio de paradigma en el periodismo italiano, señalando con el dedo acusador el momento en que se hizo patente que la honradez de los medios de comunicación había sido sustituida por los intereses particulares. A partir de entonces, no hay lector de prensa escrita, oyente de radio o espectador de televisión que no se enfrente a una noticia sin tomar como premisa el comentario lanzado por uno de los personajes de esta novela: ‘Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad’. Porque, ¿acaso no hacemos nosotros lo mismo cuando, al atender a una información publicada en distintos medios, descubrimos que las conclusiones obtenidas por los diferentes periodistas son absolutamente distintas?

Umberto Eco
Número Cero/Número Zero
Lumen, 2015/Rosa dels Vents, 2015
Traducción de Helena Lozano Miralles/Traducció de Anna Casassas Figueras.
218 páginas, 20,90 euros/217 pàgines, 20,90 euros

(Reseña publicada en el suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia el 28 de marzo de 2015)

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El gran Denis Johnson https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-gran-denis-johnson-36861 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/el-gran-denis-johnson-36861#respond Wed, 11 Mar 2015 11:00:06 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=471 A Denis Johnson no le gusta codearse con otros escritores porque, según ha declarado, le parecen personas aburridas. Y lo curioso de esta opinión es que, a tenor de los artículos publicados en torno a su persona, se diría que … Sigue leyendo →

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descargaA Denis Johnson no le gusta codearse con otros escritores porque, según ha declarado, le parecen personas aburridas. Y lo curioso de esta opinión es que, a tenor de los artículos publicados en torno a su persona, se diría que el aburrido es él. Porque la prensa está construyendo una imagen de este autor basada en el ya cansino –y hasta cómico- concepto de ‘escritor secreto’. De Johnson se dice que vive apartado del mundanal ruido como J. D. Salinger, que su pasado alcohólico y toxicómano lo emparenta con Charles Bukowski, que su prosa es tan árida y viril como la de Ernest Hemingway, y que su narrativa rebosa tanta calidad –y minuciosidad- como la de Robert Walser. Pero lo cierto es que esta cantinela, además de monótona, es falsa. Denis Johnson vive perdido en algún lugar de la América Profunda, de acuerdo, y no concede demasiadas entrevistas porque ‘evito toda posibilidad de hacer el ridículo’, pero lo cierto es que también disfruta reuniéndose con sus seguidores y dando charlas en talleres de escritura. Y son estos oyentes los que, saltándose los tópicos de la prensa tradicional, retratan en sus blogs a un Johnson que podríamos catalogar de auténtico cachondo mental. En esas charlas, el escritor habla del gusano de las botellas de mestal y del sabor de las hamburguesas de McDonald’s; dice que la única diferencia entre su poesía y su prosa es que la primera es un conjunto de líneas discontinuas y la segunda, pues de continuas, y bromea asegurando que sólo ha leído un libro en su vida, ‘Bajo el volcán’, y que encima no lo entendió.

Así pues, Denis Johnson no cuadra con la imagen de ‘autor secreto’ que tanto gusta a los letraheridos, pero sí que encaja con la de escritor minucioso que entrega a sus editores unos libros de una belleza extraordinaria. Sus novelas han cautivado a Philip Roth, Raymond Carver, Richard Ford, Robert Stone y otros literatos de la misma talla, y aunque sus poemarios continúan inéditos en nuestro país, también lo sitúan en la cima de la cadena lírica norteamericana. Hasta la fecha, aquí se han publicado su libro de relatos ‘Hijo de Jesús’ (Debolsillo, 2003), que fue llevado al cine por Alison Maclean en una cinta en la que Johnson hacía un cameo encarnando a un hombre que llega a un hospital con un cuchillo clavado en el ojo -otra prueba de su sentido del humor-, y sus novelas ‘Ángeles derrotados’ (Anagrama, 2009), protagonizada por una madre soltera que viaja por los márgenes Estados Unidos junto a un delincuente; ‘Que nadie se mueva’ (Mondadori, 2012), una noir de corte pulp sobre un hombre acosado por las deudas; ‘El nombre del mundo’ (Mondadori, 2003), el descenso a los infiernos de un profesor que ha perdido a su mujer y a su hija; y ‘Árbol de humo’ (Mondadori, 2008), seiscientas páginas sobre la Guerra de Vietnam en las que el autor se centra antes en el destino individual de quienes conocieron el horror que en el alegato político o antibelicista.

Ahora Johnson reaparece con ‘Sueños de trenes’, una nouvelle publicada originariamente en 2002 en ‘The Paris Review’, merecedora de los premios O’Henry y Aga Khan y finalista del Pulitzer. La historia reconstruye el mito americano a partir de un pionero que ni siquiera tiene conciencia de serlo. El protagonista, Robert Grainier, es un jornalero anodino que recorre la primera mitad del siglo XX trabajando en compañías ferroviarias y en aserraderos, y que consigue comprar media hectárea de tierra donde levanta una cabaña y una familia. Un incendio termina con su felicidad, matando a su esposa y apartando a su hija de su lado, y convierte a este hombre en un ser solitario que ve pasar ante sus ojos el despertar industrial de Estados Unidos. Atrás queda la época de las grandes llanuras y las leyendas del Lejano Oeste, y delante se abre un mundo dominado por las máquinas que Grainier, empeñado en seguir viviendo en su cabaña, conocerá de refilón. La historia no tiene más, es así de simple: un hombre ante un mundo cambiante, ante un imperio que florece, ante una nueva civilización que ya no lo necesita. Por tanto, una novela sobre el Far West que carece de la épica del Far West –género que resurge en nuestros días, con libros como ‘Justicia poética’ de Elliott Murphy (Tropo), ‘El monstruo de Hawkline’ de Richard Brautigan (Blackie Books) o ‘Un mal día para nacer’ de Courtney Collins (Lumen)-, o si se prefiere, una elegía sobre la desaparición de un estilo de vida comparable en temática y calidad a las de Flannery O’Connor o Cormac McCarthy. En definitiva, un libro llamado a convertirse en un clásico del siglo XXI.

‘Sueños de trenes’
Denis Johnson
Traducción de Javier Calvo
Literatura Random House
144 páginas, 14,90 euros

(Artículo publicado en el suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia el 21 de febrero de 2015).

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Dubrovnik: el peso de la ficción https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/dubrovnik-el-peso-de-la-ficcion-67366 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/dubrovnik-el-peso-de-la-ficcion-67366#respond Wed, 25 Feb 2015 09:53:42 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=466 Hace más de cinco siglos, cuando la estabilidad europea se veía amenazada por el avance del Imperio Otomano, los habitantes de la desaparecida República de Ragusa (Dalmacia), desprovistos por aquel entonces de un ejército propio, decidieron ofrecer un tributo al … Sigue leyendo →

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Hace más de cinco siglos, cuando la estabilidad europea se veía amenazada por el avance del Imperio Otomano, los habitantes de la desaparecida República de Ragusa (Dalmacia), desprovistos por aquel entonces de un ejército propio, decidieron ofrecer un tributo al sultán turco a cambio de que no les invadiera. Aquella estratagema dejó boquiabiertos a los estados vecinos y otorgó a los ragusinos la fama de buenos negociadores y mejores diplomáticos.

Pero la astucia de aquellos hombres iba más allá, porque también crearon una ley por la que se prohibían a sí mismos vestir lujosamente, con la intención de que los otomanos creyeran que los 12.500 ducados que pagaban a cambio de evitar la guerra suponían un esfuerzo mayúsculo para la economía local. Y, aunque estas dos argucias fueron cayendo en el olvido a medida que avanzaban los siglos, en la actualidad se han convertido en uno de los argumentos más esgrimidos por los habitantes de Dubrovnik –antigua Ragusa- para justificar que la productora HBO eligiera su ciudad como localización para el rodaje de las escenas de Desembarco del Rey (capital de los Siete Reinos) en la fantasía medieval ‘Juego de Tronos’. Y es que, a día de hoy, no existe un solo ragusino que, cuando ve un capítulo de esta ficción televisiva, no piense que él mismo es tan astuto, además de diplomático, como cualquier miembro de la familia Lannister o, mejor, Stark.

Evidentemente, el motivo real por el que la HBO eligió Dubrovnik es el aspecto medieval de su ciudadela, cuya belleza quedó reconocida por la UNESCO cuando la nombró, en 1979, Patrimonio de la Humanidad. Pero el hecho de que su casco antiguo se convirtiera en la localización idónea para dicho rodaje ha servido también de excusa para que los nativos escarben en la Historia a la búsqueda de similitudes entre su propio pasado y el argumento de la saga. Realmente, el impacto que esta serie ha tenido sobre Dubrovnik es tan potente que la Historia real de la ciudad ha quedado soterrada bajo la historia inventada por George R.R.Martin, y hoy resulta difícil caminar por sus calles sin detectar a algún turista más interesado en reconocer los escenarios de la saga que en descubrir el auténtico pasado de la ciudad. Así, la Fortaleza Lovrijenac, la Puerta de Pile, la Calle Santo Domingo, la Iglesia de San Sebastián, la Torre Minceta y tantos otros monumentos han perdido su esencia para adoptar la de la serie, algo que también ha ocurrido –aunque en menor medida- en las otras localizaciones croatas (Split, Klis, Zrnovnica, Baska Voda…) y en los demás países donde se ha rodado algún capítulo: Irlanda del Norte, Escocia, Malta, Marruecos, Islandia y, ahora, España.

De alguna manera, la relación que antaño tuvo Dubrovnik con Venecia, con Hungría, con Austria y con tantos otros estados se entremezcla con la relación que tiene Desembarco del Rey con las Islas del Hierro, con el Muro y, en general, con las regiones imaginarias de ‘Canción de hielo y fuego’, llegando al punto de que la historia de la urbe se ve constantemente reinterpretada a partir de la historia televisada. Por ejemplo, cuando se emitió la 3ª Temporada de ‘Juego de Tronos’, en la que Daenerys Targaryen encabeza la liberación de los esclavos en varias ciudades de la ficción, los ragusinos recordaron que Dubrovnik también fue el primer estado del mundo en liberar a los esclavos. Y fueron más allá al señalar que la leyenda sobre la creación de Croacia, según la cual fue fundada por uno de los Siete Hermanos que abandonaron Centroeuropa a la búsqueda de su tierra prometida, guarda no pocas similitudes con la constitución de los Siete Reinos que conforman el mapa de ‘Juego de Tronos’. Y así podríamos seguir mostrando ejemplos del modo en que la ficción se ha impuesto sobre la realidad, habiendo incluso quien asegura que George R.R. Martin se basó en la historia de la República de Ragusa para inventar su ficción, cuando en verdad el propio autor ha aclarado que se inspiró en la Guerra de las Dos Rosas acaecida en Inglaterra en el siglo XV.

Lógicamente, todas estas traslaciones de la ficción televisiva a la realidad histórica se han convertido en un reclamo para el floreciente ‘turismo de series’. Así, igual que ya existen tours para visitar el Albuquerque de ‘Breaking Bad’, el Hawai de ‘Perdidos’, la Inglaterra de ‘Downton Abbey’ o la Nueva Jersey de ‘Los Soprano’, también están apareciendo –aunque todavía tímidamente- recorridos por el Dubrovnik de los Lannister. Y el gobierno croata, queriendo explotar este repentino filón, ha anunciado que suprimirá los impuestos a todas las productoras que vengan a rodar a su país. Es de suponer que Sevilla –y acaso también Osuna- experimentará una transformación similar a raíz del rodaje de la 5ª Temporada de ‘Juego de tronos’. Los Reales Alcázares y el Palacio Mudéjar, ahora transformados en enclaves del Reino de Dorne, atraerán a los forofos de la serie, algunos de los cuales ya han escarbado en los libros de George R.R. Martin para detectar similitudes entre la orografía, la climatología y la historia sevillanas y la de dicho reinado, creyendo encontrar coincidencias (el calor, las naranjas, las fuentes…) donde acaso no haya más que el deseo de hallarlas. Por otra parte, el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, afirmó hace poco que la emisión de ‘Juego de tronos’ incrementaría el turismo hasta un 30 por ciento, tal y como supuestamente había ocurrido en Irlanda del Norte y en Croacia. Pero, en realidad, ninguno de esos países ha elaborado estadísticas sobre el impacto turístico de dicha serie, y si no lo han hecho es porque, pese a la existencia de algunos tours temáticos, su repercusión económica es todavía minúscula. Por otra parte, España no es el Reino de Dorne, lugar donde las cosas se arreglan con diplomacia y espadas, porque aquí no hay arreglo posible para nuestro carácter. La prueba de esto se encuentra en el hecho de que la HBO ya ha anunciado que no rodará ni un solo capítulo más en Sevilla. ¿Los motivos? Imagínenselos: grabar en España es demasiado caro y, además, todas las administraciones han tratado de sacar tajada del proyecto. Y no lo digo yo, sino los propios productores de la HBO, David Benioff y Dan Weiss, y de Fresno Film, Peter Welten, quienes han asegurado a los medios que, visto el funcionamiento de este país, a partir de ahora se irán a Marruecos, donde hay localizaciones igual de hermosas y, encima, muchísimo más baratas Lo dicho: España se parecerá a algún reino de ‘Juegos de Tronos’, pero desde luego no a uno donde impere la honradez.

(Publicado en suplemento Cultura/s el 7 de febrero de 2015)

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Los que volvieron para no contarlo https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/los-que-volvieron-para-no-contarlo-70016 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/los-que-volvieron-para-no-contarlo-70016#respond Thu, 30 Oct 2014 22:52:23 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=460 El año pasado, Sergio del Molino conmocionó a los lectores con ‘La hora violeta’ (Mondadori), una novela de no-ficción en la que narraba la historia real del fallecimiento de su hijo Pablo a la cortísima edad de dos años. La … Sigue leyendo →

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El año pasado, Sergio del Molino conmocionó a los lectores con ‘La hora violeta’ (Mondadori), una novela de no-ficción en la que narraba la historia real del fallecimiento de su hijo Pablo a la cortísima edad de dos años. La carga emocional de aquel relato era tan honda que, de alguna manera, imposibilitaba una lectura estrictamente crítica del libro, haciendo que el contenido del mismo se impusiera sobre el continente y soterrando el dominio de la técnica del que su autor hacía gala.

En otras palabras: existía en aquel volumen –y lo digo con todo el respecto del mundo- el riesgo de que Sergio del Molino se convirtiera en ‘el escritor que había perdido un hijo’ antes que en ‘el autor que había escrito un magnífico libro’, inconveniente que queda ahora subsanado en ‘Lo que a nadie le importa’, una novela cuyo argumento no se impone sobre el estilo y cuya lectura nos demuestra, acaso con más intensidad que su antecesora, que Sergio del Molino es un narrador magnífico.

‘Lo que a nadie le importa’ reconstruye la historia de otro familiar del autor. En esta ocasión, le ha tocado el turno a su abuelo materno, José Molina Bueno, un hombre que, como tantos otros ancianos de este país, se crió en un barrio marcado por la miseria (el Gancho zaragozano), luchó en la Guerra Civil (la Batalla del Ebro) y sobrevivió al franquismo (en Madrid) sin que después nadie le agradeciera la honradez, el esfuerzo y la discreción con las que dirigió su vida. Así pues, ‘Lo que nadie le importa’ es una mezcla de memoria familiar, crónica social y acaso autoficción en la que el propio Sergio del Molino se convierte en personaje no sólo al aparecer como espectador de los últimos años de existencia de su abuelo, sino al contarnos también sus desvelos para construirse, durante su adolescencia y primera juventud, una personalidad de escritor.

De todas las virtudes de la novela –que son muchísimas más de las que caben en esta reseña-, tal vez cabría destacar el profundo lamento que el autor lanza respecto a la vida llevada por los españoles que aceptaron mantener un ‘pacto de silencio’ que habría de impedirles reivindicar el tremendo esfuerzo realizado para sacar adelante este país –ellos fueron ‘los que estuvimos y volvimos para no contarlo’-y que murieron con la sensación de que las generaciones venideras no habían aprendido nada de lo vivido por ellos. En memoria de todas aquellas personas, aquí va esta estupenda novela.

‘Lo que a nadie le importa’
Sergio del Molino
Literatura Random House
255 páginas, 16,90 euros

(Reseña publicada en suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia el 29 de octubre de 2014)

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Retorno al mundo rural https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/retorno-al-mundo-rural-51745 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/retorno-al-mundo-rural-51745#respond Thu, 21 Aug 2014 10:57:56 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=455 La crisis de valores que vive España ha auspiciado el resurgimiento de dos géneros narrativos olvidados por nuestra literatura y ahora rescatados por una serie de escritores de nueva hornada que, aun no habiéndose puesto de acuerdo entre ellos, coinciden … Sigue leyendo →

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La crisis de valores que vive España ha auspiciado el resurgimiento de dos géneros narrativos olvidados por nuestra literatura y ahora rescatados por una serie de escritores de nueva hornada que, aun no habiéndose puesto de acuerdo entre ellos, coinciden en la temática de sus libros. Por un lado, tenemos la reaparición de esa novela apocalíptica anticipada en el mundo anglosajón por Cormac McCarthy (‘La carretera’) y en el hispanoamericano por Rafael Pinedo (‘Plop’), y cultivada en nuestro entorno por narradores tan certeros como Cristina Fallarás (‘Últimos días en el Puesto del Este’) y Manuel Darriba (‘El bosque es grande y profundo’), y cuyo mensaje último vendría a referenciar la destrucción de la sociedad tal y como la conocemos y la necesidad de construir, partiendo de cero, un nuevo marco de convivencia en el que no se repitan los errores del pasado. Paralelamente a este fenómeno –el cual ya empieza a agotarse como consecuencia de la saturación cinematográfica de ese tipo de historias-, se detecta también un renacimiento de un segundo género muy cultivado durante el franquismo tardío pero absolutamente abandonado por quienes tomaron el relevo de aquella etapa narrativa: la novela rural.

Desde hace aproximadamente un año, se han publicado en España no pocas novelas en las que el entorno rural lo domina todo. Este neorruralismo sería, de alguna manera, el reverso literario de la narrativa apocalíptica, ya que lanzaría el mensaje de que la solución a la crisis de valores de nuestra sociedad se encuentra en una vuelta a los orígenes, en una huida de las grandes ciudades, en un intento de recuperación del Paraíso Perdido, mientras que el otro género, el apocalíptico, difundía la idea, por otra parte mucho pesimista, de que dicha solución pasaba única y exclusivamente por la destrucción del modelo social construido hasta el momento. Así pues, en esta nueva narrativa, las ciudades, que durante las tres últimas décadas habían sido el marco predilecto de los escritores para la reflexión literaria, quedan relegadas a un segundo plano y lo telúrico deviene en el nuevo escenario desde donde meditar sobre el fin de la sociedad del ladrillo.

Los ejemplos de esta nueva narrativa son abundantes. Quizás el más evidente, además de ser el que anunció la reaparición del género, sea ‘Intemperie’, de Jesús Carrasco, una novela en la que se nos cuenta la historia de un niño criado en un entorno rural –y delibiano- que se escapa de casa para encontrar cobijo bajo la protección de un cabrero con un código ético mucho más recto que el conocido por el chaval hasta el momento. Igualmente, el ganador del último Premio Tusquets de Novela, Ginés Sánchez, nos transportó hace más o menos un año a un ambiente también rural, así como folklórico, en su novela ‘Lobisón’, donde nos presentaba a un personaje que arrastraba la maldición de ser el séptimo hijo de un matrimonio, lo cual, según ciertas leyendas ancestrales de la España más esotérica, lo convertía en un ser abocado a la maldad. También construye Iván Repila, en ‘El niño que robó el caballo de Atila’, un universo entroncado con las leyendas órficas al presentarnos a dos chavales que, habiéndose caído en una suerte de pozo excavado en el bosque, sobreviven comiendo insectos y raíces al tiempo que se van adentrando en ese otro bosque llamado locura, y Manuel Darriba, en la también apocalíptica ‘El bosque es grande y profundo’, acompaña a un exiliado de la Ciudad en su recorrido por un escenario selvático plagado de pequeñas comunidades que viven apartadas de esa guerra que ha destrozado la urbe. Por otra parte, las escritoras Jenn Díaz y Lara Moreno prefieren acercarse a los entornos rurales a partir de la recreación de la vida en las aldeas perdidas de España, habiendo construido la primera un universo rural claustrofóbico –y rulfiano- tanto en su primera novela ‘Belfondo’ como en la reciente ‘Es un decir’, y habiéndose adentrado la segunda en un pueblo semiabandonado al que llegan los protagonistas de ‘Por si se va la luz’ tras abandonar una ciudad de la que están ya cansados.

Así las cosas, es importante destacar que la propuesta de retorno a la Naturaleza lanzada por los autores antes citados presenta una diferencia sustancial con la narrativa rural ejercitada durante el franquismo (Delibes, Cela, Benet, Matute…) o el postfranquismo (Atxaga, Llamazares, Rivas, Mateo Díez…), gran parte de la cual cayó en desuso cuando los nuevos narradores de la década de los 80 empezaron a referirse a la misma con el nombre despectivo de ‘la berza’ y cuando se puso de moda una narrativa urbana que continúa siendo la más cultivada a día de hoy. Pero la diferencia entre aquella literatura rural y la que hoy vemos resurgir estriba en que los autores de aquel entonces había nacido o se habían criado o habían conocido de primera mano los ambientes rurales, mientras que los escritores de la nueva hornada tienen asfalto en las venas y, por tanto, no se basan en sus propios recuerdos para ambientar sus novelas, sino que se enfrentan a la Naturaleza como quien se encara a lo desconocido, a lo misterioso y, en consecuencia, a lo fascinante. Y esta relación de alteridad con lo telúrico, esta idealización del entorno rural, esta confrontación entre el cemento y lo vegetal, es precisamente lo que confiere a sus novelas un aire innovador.

Aún así, Ginés Sánchez considera que todavía es pronto para hablar de un neorruralismo español, pero coincide en que ‘tal vez sea cierto que, ante la situación actual, haya escritores que estén tendiendo hacia un cierto humanismo, hacia un cierto regreso al de dónde venimos, a una cierta individualidad por oposición a la masa o a la búsqueda de refugio en ciertos valores no-de-consumo’. Por su parte, Jesús Carrasco, probablemente el padre involuntario de toda esta corriente, no considera que los jóvenes escritores quieran apartarse de lo urbano, aun cuando reconoce que dicho género abunda tanto en la actualidad que cualquier novela ambientada en un pueblo destacará sobre las demás, pero señala un aspecto que tal vez ayude a comprender el notable éxito de su ‘Intemperie’: ‘A menudo olvidamos que España también son sus pueblos. En mi opinión, hay una visión privilegiada hacia lo urbano, fundamentalmente por los medios de comunicación, que no se corresponde con la realidad’. En el caso de Iván Repila, el interés por lo rural responde más a un deseo de alejarse del ‘ruido acumulado’ característico de la sociedad contemporánea que a un intento por adentrarse en una narrativa rural que, en su opinión, no es el resultado de un movimiento literario como tal, sino una casualidad a la que tal vez no deberíamos otorgar demasiada importancia. Y, por último, destacar la figura del lucense Manuel Darriba, un escritor que vive rodeado de bosques y que, en consecuencia, no ve nada excepcional en el hecho de escribir sobre aquello que le envuelve. Es más, a la hora de reflexionar sobre la existencia de un posible neorruralismo, prefiere destacar que la ambientación dada a su novela buscaba más la ‘épica de la Biblia y de las novelas y películas del Oeste’ que la vindicación de un género narrativo.

Resulta también curioso comprobar que las novelas antes citadas presentan, estructural y estilísticamente hablando, muchos rasgos en común, cosa harto curiosa habida cuenta de que han sido publicadas casi al alimón y que, en consecuencia, sus autores no han podido copiarse entre sí. Así, los protagonistas de esas novelas carecen en muchos casos de nombres de pila, habiendo sus autores preferido denominarlos de un modo genérico mediante el uso de unos sustantivos (el Chico, el Viajero, el Alguacil, el Pastor, el Grande…) que recuerdan a lo que ya hiciera Cormac McCarthy en ‘En la carretera’, y proporcionando de este modo a las distintas novelas un carácter si cabe más universal. Además, se detecta un especial interés por no ubicar las historias en ningún contexto espacio-temporal, evitando por todos los medios cualquier referencia tanto a la zona geográfica como a la época en la que acontece la acción, lo cual confiere cierta aura mágica a las novelas y mantiene al lector en una nebulosa similar a la que se sentía cuando uno se adentraba en los territorios míticos –Región, Celama, Macondo, Comala…- de la literatura hispana. Pero, por encima de todos estos rasgos comunes, destacada el valor simbólico que todos estos autores conceden a lo rural, según el cual el hombre contemporáneo sólo recuperará su esencia enfrentándose nuevamente a la Naturaleza y dándose cuenta de que, debajo del cemento, siempre habrá un pedazo de tierra dispuesta a alimentar nuestras raíces.

‘El bosque es grande y profundo’
Manuel Darriba
Caballo de Troya, 2013
160 pág., 13,90 €

‘Intemperie’
Jesús Carrasco
Seix-Barral, 2013
224 pág., 16,50 euros

‘El niño que robó el caballo de Atila’
Iván Repila
Libros del Silencio, 2013
136 pág., 12 euros

‘Por si se va la luz’
Lara Moreno
Lumen, 2013
328 pág., 17,90 €

‘Lobisón’
Ginés Sánchez
Tusquets, 2012
312 pág., 18 euros

‘Es un decir’
Jenn Díaz
Lumen, 2014
168 páginas, 16,90 €

‘Belfondo’
Jenn Díaz
Principal de los Libros, 2013
160 pág., 17 €

(Reportaje publicado en el suplemento Cultura/s, de La Vanguardia, el 20 de agosto de 2014)

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En estos veinte años https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/en-estos-veinte-anos-27281 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/en-estos-veinte-anos-27281#respond Wed, 08 Jan 2014 10:15:31 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=451 A mediados del pasado mes de junio, en una entrevista realizada por Laura Revuelta para el suplemento ABC Cultural, el escritor Javier Marías denunciaba un ‘rebajamiento del nivel de exigencia, del nivel de expectativa y del nivel de interés también’ … Sigue leyendo →

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A mediados del pasado mes de junio, en una entrevista realizada por Laura Revuelta para el suplemento ABC Cultural, el escritor Javier Marías denunciaba un ‘rebajamiento del nivel de exigencia, del nivel de expectativa y del nivel de interés también’ de la sociedad española respecto a la literatura. Y, para reforzar semejante afirmación, el académico lanzaba un reto a la periodista, instándole a confrontar la lista de más vendidos de hace veinte años con la actual, comparación que, según el autor de ‘Los enamoramientos’, demostraría que ‘se ha producido una especie de enorgullecimiento de la ignorancia’ en la sociedad española. En otras palabras: se evidenciaría no sólo que la gente lee peores libros, sino que además no siente remordimiento por ello.
En Qué Leer hemos recogido el guante lanzado por Marías y hemos contrastado la lista de más vendidos de aquel entonces con la de hoy en día, llegando a la conclusión –por otra parte evidente- de que realmente ha habido un cambio en los hábitos de lectura de los españoles. Si nos remitimos al suplemento El Cultural (en aquella época propiedad del periódico ABC) del 18 de junio de 1993 –veinte años justos a partir de las declaraciones de Marías-, nos encontramos con que los autores de mayor éxito comercial eran, en este orden, Antonio Gala (‘La pasión turca’), Arturo Pérez-Reverte (‘El Club Dumas’), Juan Marsé (‘El embrujo de Shangai’), Juan Madrid (‘Los días contados’), José Luis Sampedro (‘Mientras la tierra gira’), Rosa Montero (‘Bella y oscura’), Manuel Vicent (‘Contra paraíso’), Agustín de Foxá (‘Madrid, de Corte a Checa’), Juan Carlos Onetti (‘Cuando ya no importe’) y Luis Sepúlveda (‘Un viejo que leía novelas de amor’). Quizá las novelas referenciadas no fueran las mejores de sus respectivos autores, pero esperen a leer la lista de más vendidos del mismo suplemento (en la actualidad propiedad del periódico El Mundo) en la fecha de las citadas declaraciones para sacar sus propias conclusiones: Dan Brown (‘Inferno’), Sylvia Day (‘Atada a ti’), Javier Sierra (‘El maestro del Prado’), Rosa Montero (‘La ridícula idea de no volver a verte’), Camila Läckberg (‘Los vigilantes del faro’), Albert Espinosa (‘Brújulas que buscan sonrisas perdidas’), Gleen Cooper (‘El fin de los escribas’), George R.R.Martin (‘Danza de dragones’), Julio Llamazares (‘Las lágrimas de San Lorenzo’) y E.L. James (Trilogía ‘Cincuenta Sombras’).
Antes de continuar, vaya por delante que no hay absolutamente nadie en el sector editorial que ponga la mano en el fuego por el modo en que se realizaban las listas de más vendidos hace veinte años, llegando a darse casos de personas que las desacreditan directamente: ‘En aquel entonces, las listas eran prácticamente ficticias –sentencia con rotundidad Juan Manuel Cruz, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL)-. Las librerías cambiaban la información según la relación que tenían con tal o cual editorial y, además, los datos que proporcionaba dependían más de la opinión personal del librero que de la realidad comercial en sí, es decir, se decía lo que debería venderse y no lo que se vendía realmente. Un ejemplo de esto es que, veinte años atrás, la editorial Planeta se quejaba de que sus libros no salían casi nunca en dichas listas, cuando en verdad era el grupo que, lógicamente, vendía más’. Actualmente, esto ya no ocurre, o al menos no con tanta frecuencia, ya que la aparición de Nielsen BookScan, instaurado en España desde 2004, destapó la realidad lectora de este país. ‘Hubo un momento en que el sector editorial maduró y se empezó a fijar en cómo se hacían las cosas fuera –comenta Pedro Domínguez, responsable de Nielsen BookScan en España-, lo que provocó que en este país se empezara a ser sincero a la hora de reconocer qué se leía realmente’.
Así y todo, resulta evidente que ha habido un cambio de paradigma en los hábitos de lectura de los españoles y, pese a que la comparativa antes mostrada pueda ser puesta en entredicho debido a la poca fiabilidad de los datos proporcionados por los libreros de antaño, todos los entrevistados para este reportaje denuncian la misma pérdida de criterio por parte de la masa lectora a la hora de elegir los libros con los que habrán de entretenerse, resumiéndose su opinión en dos puntos: uno, hace veinte años los autores en lengua castellana tenían una influencia mucho mayor sobre la sociedad, y dos, los lectores de antaño tenían un nivel de autoexigencia cultural muy superior al que demuestran en la actualidad. Así pues, Javier Marías tenía en gran medida razón en su denuncia sobre el cambio de paradigma, lo cual nos permite lanzar unas cuantas preguntas de no poca enjundia: ¿qué ha ocurrido en apenas dos décadas para que los gustos hayan cambiado tanto?, ¿es lícito afirmar que las novelas de antaño eran cualitativamente mejores que las contemporáneas?, ¿qué responsabilidad tienen los escritores y los agentes culturales en esta transformación?…

El crepúsculo de la literatura
La escritora Rosa Montero es la única afortunada que aparece en ambas listas, por lo que parece de justicia que sea la primera en opinar sobre el cambio de paradigma literario apuntado por su colega: ‘Durante el franquismo, los españoles no leíamos autores españoles porque la dictadura destrozó el tejido cultural, pero, tras la muerte de Franco, surgió la llamada Nueva Narrativa y se produjo el natural reencuentro de los ciudadanos con sus autores. De alguna manera, la Transición fue una especie de proceso adolescente que atravesó nuestra sociedad, y los adolescentes, ya se sabe, necesitan pensarse todo el rato para construir su identidad. Así que hubo una luna de miel, que todavía perduraba en el 93, en la que toda la sociedad estaba empeñada en leer autores españoles, en reencontrarse, en redescubrirse, en renombrarse. Por el contrario, ahora los lectores españoles detestan a la sociedad española actual, así que el impulso soterrado es el de alejamiento de todo lo español, incluida la literatura’.
La teoría de Rosa Montero apunta un problema de talante sociológico y ni siquiera insinúa la posibilidad de que los escritores españoles de hoy en día hayan decepcionado a sus lectores naturales, haciendo que éstos busquen en otras latitudes un tipo de narrativa que ya no encuentran aquí. En realidad, todas las personas consultadas coinciden en que el distanciamiento entre los autores y los lectores españoles no se debe a una pérdida de calidad en la obra de los primeros, motivo por el cual parece lícito descartar en este reportaje que los culpables de dicho divorcio sean nuestros narradores. ‘No creo que los últimos libros de Andrés Barba sean peores que los que publicaba en su día Martínez de Pisón; ni que Mercedes Cebrián tenga mucho que envidiarle a ningún cuentista de los 90 –dice Alberto Olmos, uno de los escritores que más atención presta, sobre todo en sus blogs, a la evolución de la literatura española-. El fenómeno Nocilla, por ejemplo, tiene una calidad infinitamente mayor que el torrente de realismo sucio que provocó el fenómeno Kronen’.

La nueva industria cultural
Así pues, descartada la posibilidad de que los narradores de hoy en día sean peores que los de antaño y apuntada ya una teoría sociológica al respecto, sólo cabe poner el foco de atención sobre la industria cultural y tratar de comprender qué responsabilidad pueden tener sus agentes en la pérdida de presencia de los autores españoles en el mercado y en el ‘rebajamiento del nivel de exigencia’ por parte de los lectores. Durante las décadas de los 80 y de los 90, el sector editorial estaba principalmente caracterizado por una suerte de elitismo que otorgaba un enorme poder a los suplementos culturales como prescriptores literarios y que proporcionaba un prestigio intelectual a aquellos ciudadanos que leían a determinados autores. De alguna forma, en aquel tiempo era comúnmente aceptado que quien devoraba un libro de Juan Marsé o de Javier Marías era una persona de altura intelectual, mientras que hoy en día cualquier ciudadano que le comente a otro que se ha leído una novela de, pongamos por caso, Rafael Chirbes o Manuel Longares se encontrará con que su interlocutor le responderá, sin ver ningún tipo de agravio comparativo en ello, que él se ha leído otra de Dan Brown o de E.L. James. ‘En los 80 y en gran medida en los 90, los libros eran para leer, mientras que hoy son un mero objeto de consumo –puntualiza Elena Ramírez, responsable de la editorial Seix Barral, uno de los sellos que más autores españoles de nueva hornada está publicando-. En muchos aspectos, la gente ya no compra libros por su calidad, sino porque todo el mundo habla de ellos, y nadie quiere quedarse al margen’.
Este clima de indiferencia respecto a la calidad de las obras puede en gran medida venir propiciado por la época que nos ha tocado vivir, pero también puede haber sido generado por los cambios experimentados por el sector editorial, el cual ha sufrido tres grandes revoluciones a los largo de los últimos veinte años –y no contamos la revolución digital, por ser demasiado reciente y, en consecuencia, por no poder extraerse todavía conclusiones sobre su impacto en los hábitos de lectura-, que Antonio Ramírez, copropietario de la cadena de librerías La Central, resume de este modo: ‘Uno, la irrupción de los grandes grupos editoriales; dos, la aparición de nuevos canales de distribución masiva; y tres, la implantación de los agentes literarios. El modo en que estos tres mundillos han cambiado la industria cultural explica el cambio en los hábitos de consumo y justifica la desaparición de la narrativa española’.

Bienvenido Mr. Marshall
Por otra parte, existe un tópico en el mundo de la literatura según el cual las editoriales están arrinconando a los escritores españoles en aras de aquellos autores extranjeros, especialmente anglosajones, que han triunfado cuantitativamente en sus países de origen. Evidentemente, la irrupción masiva de escritores extranjeros en nuestro mercado tiene muchos aspectos positivos, y así lo confirma el crítico de La Vanguardia Juan Antonio Masoliver Ródenas, para quien ‘durante muchos años vivimos ajenos a lo que ocurría fuera de nuestras fronteras y la literatura española se complacía de su aislamiento y provincianismo, pero hoy tenemos acceso a literaturas exóticas y nunca como hoy se ha leído tanta y tan buena literatura extranjera’, pero al mismo tiempo también es cierto que, oyendo hablar a los escritores españoles, se detecta cierto recelo ante la prioridad que la industria cultural está dando al best-seller extranjero en nuestras librerías. Ahora bien, si echamos un vistazo a los datos proporcionados por la agencia del ISBN, comprobamos que no es cierto que hoy se publique más literatura foránea que hace veinte años: en 1993 se publicaron en España 49.328 libros, de los cuales 2.390 fueron novelas hispanas –sorprendentemente, el ISBN no distingue entre España y Latinoamérica- y 10.904 traducciones, siendo 2.061 las procedentes del ámbito anglosajón, mientras que en 2012 salieron al mercado 104.724 libros (el doble que veinte años atrás), de los cuales 6.521 fueron novelas hispanas (el triple que entonces) y 23.063 traducciones (el doble), siendo 6.251 las del mundo anglosajón (es decir, prácticamente la misma cantidad que hace veinte años). Así pues, hoy publicamos el mismo volumen de novelas escritas originariamente en lengua inglesa que hace veinte años, pero tres veces más de obras redactaras directamente en castellano. Entonces, ¿por qué los libros más vendidos no son en su mayoría españoles?
La respuesta a esa pregunta tal vez venga dada por esa singularidad de nuestro entorno cultural que podríamos bautizar como ‘Complejo Bienvenido Mr. Marshall’, el cual se caracterizaría por cierta tendencia de los españoles a considerar que lo extranjero siempre es mejor que lo nacional, idea que habría ido calando entre nuestros lectores –y también autores- hasta el extremo de que se habría producido un rechazo hacia esa narrativa nacional que en muchas ocasiones ni siquiera ha sido catada por quienes la desprecian. ‘En este país, los editores, la prensa cultural e incluso los críticos, así como los propios escritores, declaran a veces que sólo leen narrativa extranjera –denuncia el crítico y teórico Fernando Valls-. Entonces, si nuestros lectores siguieran esa misma lógica perversa, ¿por qué tendrían que leer a los autores españoles? Si consultamos la prensa de otros países, no hallamos ningún caso semejante. Ni en Alemania, ni en Italia, Argentina o México prefieren a los narradores de otras lenguas, superventas aparte’.

Pasión por los best-sellers
Por otro lado, resulta evidente que uno de los cambios de paradigma más importantes en estos veinte años ha sido la irrupción del best seller en nuestra industria. Esta eclosión de libros directamente confeccionados para ser vendidos masivamente ha traído de la mano, por qué negarlo, un incremento de los lectores, dándose en el mercado editorial una suerte de ‘rebelión de las masas’ que José María Pozuelo Yvancos, crítico del suplemento ABC Cultural especializado en narrativa española, resume de este modo: ‘Para que ciertas obras lleguen a millones de lectores, el nivel de esas obras necesariamente ha de ser más bajo, porque no todo el mundo tiene la formación y la trayectoria necesarias para comprender un lenguaje narrativo sofisticado o exigente’. El auge de una novelística tipo Dan Brown (¡18 millones de ejemplares vendidos en Estados Unidos!) ha traído de la mano un tipo de narrativa absolutamente ajena a la excelencia literaria, pero totalmente acorde con esa idea de la literatura como mero entretenimiento. De hecho, hace veinte años los agentes culturales de este país se jactaban de que nuestro mercado era inmune a este tipo de narrativa comercial –pese a que en aquel tiempo ya triunfaban autores como Noah Gordon, J.J. Benítez, Ken Follett…-, pero en estas dos décadas los best sellers de corte anglosajón se han masificado hasta el punto de alcanzar los renglones más elevados de las listas de más vendidos, arrinconando de paso a un tipo de novelas que hace dos décadas se habría impuesto con mayor facilidad.
Pero, ¿acaso la aparición de este tipo de novelas de corte popular no ha multiplicado el número de lectores y, por tanto, ha ayudado a mejorar tanto el nivel cultural de la población como el tejido industrial del mundo del libro? Es innegable que la diversidad del ecosistema literario español es hoy más equitativa que en 1993 –el ISBN destacaba que las traducciones se han triplicado- y que, en consecuencia, la industria es en la actualidad más plural que antaño. Pero también es cierto que la aparición de grandes superventas puede haber hecho que muchos escritores españoles ya no sólo sueñen con ganarse el respecto de la crítica especializada, sino que también aspiren a un éxito comercial normalmente desligado de la excelencia literaria. Y estas dos circunstancias –calidad y cantidad-, al menos en nuestro país, no suelen ir de la mano. ‘La queja de Javier Marías es un clásico del mundo culto contra el de los superventas –comenta Sergio Vila-Sanjuán, responsable del suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia, así como autor del ensayo ‘Código best seller’ (Temas de Hoy, 2011), donde analizaba el fenómeno de los superventas tanto en nuestro país como en el extranjero-. Desde la Edad Media europea, y especialmente a partir del siglo XIX, existe un doble canon: el de los libros que tienen éxito popular y el de los libros que reciben el espaldarazo de la comunidad intelectual. Julio Verne y Gustave Flaubert fueron contemporáneos, como lo son Frederick Forsyth y Kazuo Ishiguro. Y en raras ocasiones algunos autores consiguen la doble aceptación, del público amplio y del mundo culto, como fue el caso de Dickens y ha sido el de García Márquez o el del mismo Javier Marías con ‘Corazón tan blanco’.’
Para comprender el mordisco que la literatura popular ha dado al gran pastel de la industria cultural nada como echar un vistazo a la situación de las librerías independientes –supuestamente más preocupadas por la excelencia literaria que por su comercialidad- frente a los nuevos canales de distribución tipo hipermercados, aeropuertos o, en general, grandes centros comerciales. Actualmente, la venta en las librerías independientes supone un 34 por ciento del mercado editorial, un porcentaje que no está nada mal si lo comparamos con el de otros países como pueda ser Reino Unido, donde las cifras de ventas de las librerías independientes han quedado reducidas a un mísero 4 por ciento. ‘Hace veinte años, se vendían en los kioscos novelitas del oeste o románticas que vendrían a ser el equivalente actual de las novelas de usar y tirar –recuerda José María Mijangos, escritor y librero de La Casa del Libro desde hace unos quince años-. La diferencia es que antes costaban veinte duros y ahora las publican grandes editoriales con el precio cuadruplicado y la tapa llena de colorines. Los autores de aquellas novelitas cobraban una miseria y tenían una existencia modesta y oculta. Ahora van a congresos y salen en televisión. Pero el producto es el mismo’.
Así las cosas, tampoco debemos asustarnos dibujando un escenario demasiado desolador, ya que los lectores que conciben la literatura como una disciplina artística siguen comprando de un modo constante e incluso es posible que su cantidad haya aumentado. En otras palabras: aun cuando la oferta de ‘narrativa de entretenimiento’ haya crecido, el lector culto continúa fiel a un tipo de novelas de mayor calado intelectual. ‘Esto se demuestra viendo que, en estos tiempos de crisis, se produce un descenso en la venta de los best sellers, pero no de los libros de calidad –asegura Juan Manuel Cruz, de CEGAL-. Así pues, el público lector de calidad se mantiene fiel y estable, mientras que el de best seller es un público infiel que acaba marchándose’.

La esperanza
En un reportaje que analiza qué ha ocurrido en estos veinte años para que se haya producido semejante ‘rebajamiento del nivel de exigencia’ entre los lectores españoles, no podemos dejar de lanzar la siguiente pregunta: ¿qué pasará dentro de veinte años, esto es, en 2033? Una posible respuesta, en este caso proporcionada por Alberto Olmos, vendría a decir que en un futuro no muy remoto, y a tenor de la evolución que los hábitos de lectura están mostrando, la lista de más vendidos de 2013 nos parecerá deslumbrante en cuanto a su calidad, pero otra contestación menos deprimente vendría de la mano de Elena Ramírez, quien se pone algo romántica cuando dice que ‘todo indica que la literatura del futuro será absolutamente banal, pero, cuando viajo a Nueva York, compruebo que últimamente se han puesto de moda las librerías independientes, las cuales parecían a punto de extinguirse, y siento una oleada de esperanza. Se está produciendo un resurgimiento de los locales dedicados a las novelas de calidad y deseo que lentamente se vuelva a imponer un tipo de literatura que, aun siendo a estas alturas minoritaria, continúa gozando de una enorme calidad’.

(Reportaje publicado originariamente en ‘Qué Leer’, nº 192)

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Lo mejor del 2013 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/lo-mejor-del-2013 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/lo-mejor-del-2013#respond Sat, 28 Dec 2013 20:04:37 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=447 Estamos en época de listas de mejores libros y yo, como no quiero quedarme callado, también elaboro la mía. Quizá mi criterio no coincida con el del ‘mainstream cultural’, pero nadie podrá negar que se trata de buenos, muy buenos … Sigue leyendo →

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Estamos en época de listas de mejores libros y yo, como no quiero quedarme callado, también elaboro la mía. Quizá mi criterio no coincida con el del ‘mainstream cultural’, pero nadie podrá negar que se trata de buenos, muy buenos libros. Así que, sin darle más vueltas al asunto, paso a detallarlos:

1-‘Cuentos completos’, J.G.Ballard (RBA): Sin ningún género de dudas, es el gran acontecimiento literario del año. Los cuentos de Ballard transportan al lector a un futuro desolador donde el óxido lo impregna todo. No se asusten por el tamaño del libro: se lo leerán del tirón.

2-‘Los ingenuos’, Manuel Longares (Galaxia Gutenberg): Una novela sobre los duros años de la posguerra española en la que Longares, como no podía ser de otro modo, nos demuestra que es uno de los mejores escritores de nuestro panorama narrativo. Lirismo y emociones por doquier.

3-’35 muertos’, Sergio Álvarez (Alfaguara): A esta novela no se le puede cambiar ni una coma. Es, a mi parecer, perfecta: el ritmo, el estilo, el argumento… Podría resumirse así: una historia violenta colombiana.

4-‘La serpiente sin ojos’, William Ospina (Mondadori): Sí, otro colombiano en los puestos elevados de esta lista. Qué le vamos a hacer: los latinoamericanos están que se salen. Ospina cierra la trilogía sobre la Conquista de América con esta novela que, igual que las anteriores, deslumbra por su épica y su lírica. Maravillosa.

5-‘Jóvenes corazones desolados’, Richard Yates (RBA): Todo letraherido se verá reflejado en esta novela de personajes ambiciosos y vidas leves. Richard Yates convierte todo lo que toca en poesía. Es una historia para almas sensibles; abstenerse las demás.

6-‘Noviemvre’, Luis Rodríguez (KRK): Ya lo dije en este blog y ahora lo ratifico: Luis Rodríguez es uno de los narradores más potentes del momento. Su novela, una ficción autobiográfica, sorprende por su concisión y profundidad.

7-‘Últimos días en el Puesto del Este’, Cristina Fallarás (Salto de Página): Esta novela es la demostración absoluta de que, detrás de un periodista, puede haber un inmenso escritor. Es una distopía de tintes apocalípticos que, no obstante, puede leerse como una alegoría sobre la crisis económica actual.

8-‘Contarlo todo’, Jeremías Gamboa (Mondadori): El joven peruano Jeremías Gamboa salta al ruedo internacional con un novelón (por calidad y por extensión) donde narra sus inicios en el mundo de las letras. Una historia de iniciación que se lee en un santiamén.

9-‘El niño que robó el caballo de Atila’, Iván Repila (Libros del Silencio): Repila es una de las voces más interesantes de la nueva narrativa española. Esta novela narra la desesperación de dos niños caídos en un pozo en medio del bosque. Su obra puede medirse con la de otros igual de nemurosos como Jesús Carrasco y Manuel Darriba.

10-‘Última temporada’, vv.aa. (Lengua de Trapo): Esta antología de relatos no ocupa un lugar en este ranking por la calidad de sus textos, sino por la importancia del libro en sí, ya que demuestra que, pese a la crisis que atraviesa el sector editorial, hay toda una generación de nuevos narradores españoles que viene pisando fuerte. La literatura resiste y lo demás es baladí.

Pues bien, esta es mi lista de los mejores libros publicados a lo largo de un año que, pese a lo que muchos dicen, no ha estado tan mal. Habrá que ver lo que nos depara el 2014.

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Estados Unidos: Enemigo Público Número 1 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/estados-unidos-enemigo-publico-numero-1-89002 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/estados-unidos-enemigo-publico-numero-1-89002#comments Thu, 19 Dec 2013 17:04:45 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/el-arquero/?p=442 ‘Guerras sucias’ es un zambombazo en la línea de flotación del bonito barco en el que Barack Obama quiere hacernos creer que navega. Jeremy Scahill, probablemente el mejor periodista de investigación bélica que existe en la actualidad, no se casa … Sigue leyendo →

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Guerras sucias‘Guerras sucias’ es un zambombazo en la línea de flotación del bonito barco en el que Barack Obama quiere hacernos creer que navega.

Jeremy Scahill, probablemente el mejor periodista de investigación bélica que existe en la actualidad, no se casa con nadie, y si en ‘Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo’ (Paidós, 2010) ponía como chupa de dómine a George W. Bush por haber puesto en manos de compañías privadas militares algo tan delicado como los conflictos armados, en ‘Guerras sucias. El mundo es un campo de batalla’ le canta las cuarenta a su sucesor en la Casa Blanca por haber avalado la puesta en marcha de una campaña de asesinatos ilegales a lo largo y ancho del planeta. Y es que, según el reportero norteamericano, mientras el líder demócrata acaricia con su mano derecha la estatuilla de aquel Premio Nobel de la Paz que le otorgaron en 2009, con la izquierda firma autorizaciones para la captura, tortura y ejecución de ciudadanos de otros países –e incluso del suyo propio- que tal vez, y sólo tal vez, planean atentar contra Estados Unidos.

Las 850 páginas de ‘Guerras sucias’, considerado uno de los diez mejores libros del 2013 por ‘Publisher’s Weekly’, demuestran que el pacifista del Despacho Oval cambia de actitud tan pronto como se apagan las cámaras y se sienta a validar las acciones llevadas a cabo por un selecto grupo de soldados de élite (el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas) cuya labor consiste en matar a cuantos ciudadanos del mundo considere peligrosos para la seguridad nacional tanto en el presente como en un futuro hipotético. ‘Ha habido un cambio muy grande en política nacional –nos aclara Scahill refiriéndose a la diferencia entre el nuevo ejecutivo estadounidense y el anterior-, pero en política exterior por desgracia el cambio ha sido solo cosmético’. El autor no lo dice abiertamente, pero, de alguna forma, su libro da a entender una idea que ya están empezando a repetir otros periodistas de primera línea: al menos Bush iba de frente. Y es que, si el republicando reconocía públicamente sus ansias por librar una ‘guerra total’ contra el resto del planeta, su sucesor demócrata disfruta secretamente con la implantación de su ya existente ‘asesinato total’, el cual recupera las tácticas de ‘guerra sucia’ y encubierta que ya practicó la CIA en aquella Latinoamérica de los 70 y 80, añadiéndole sin embargo un pequeño detalle: ahora el teatro de operaciones es el mundo entero.

Los ejecutores de esa política de asesinatos selectivos son los integrantes del Comando de Operaciones Encubiertas Conjuntas (JSOC), compuesto por varios grupos de soldados de élite reclutados en los cuerpos más destacados del ejército norteamericano. Las más famosa de estas unidades es el Equipo 6 de los SEAL, la cual reveló su existencia cuando irrumpió en el domicilio de Osama bin Laden y mató al terrorista más buscado del planeta, tal y como nos mostró la directora de cine Kathryn Bigelow en su película ‘La noche más oscura’ (2012). Sin embargo, el JSOC no es únicamente un grupo de operaciones militares encubiertas, sino también un auténtico ‘escuadrón de la muerte’ con autonomía para actuar sin dar explicaciones a la Casa Blanca, ya que ha sido provisto de licencia para matar. En otras palabras: los congresistas norteamericanos no tienen noticia explícita de sus actuaciones, cosa que les permite eludir la responsabilidad moral de las mismas y, más importante, los requerimientos de la prensa sobre tal o cual asesinato realizado sin la celebración de un juicio previo.

Y es que, ¡que nadie se engañe!, el JSOC no se limita a asesinar terroristas, sino que también comete errores que acaban con la vida de inocentes, sin que nadie les pida sin embargo explicaciones. De hecho, fue uno de esos errores lo que permitió a Jeremy Scahill iniciar la investigación que habría de desvelar la existencia de este Comando. En 2010, varios miembros de una familia afgana fueron asesinados por unos soldados que descendieron en helicópteros en mitad de la noche, acribillaron a dos hombres y tres mujeres (dos de las cuales estaban embarazadas) y, dándose inmediatamente cuenta de que se habían equivocado de objetivo, extrajeron las balas de los cadáveres antes de esfumarse. Las autoridades afganas atribuyeron el crimen a un grupo talibán, pero la presión de la prensa hizo que el ejército norteamericano reconociera públicamente su error y que Jeremy Scahill, extrañado por la existencia de una unidad de ataque con autonomía como para actuar sin la autorización del alto mando, intuyera la existencia de un comando de operaciones especiales con carta blanca para matar cuando y como considerara oportuno. Así, el periodista recopiló otros ‘errores’ del llamado JSOC, siendo el más destacable el del bombardeo a una tribu beduina en Yemen (46 muertos, entre ellos 21 niños y 14 mujeres), una atrocidad que ya había sido investigada por un periodista local, Abdulala Haider Sayeh, que terminó con sus huesos en la cárcel y que no recuperó la libertad por petición expresa de Barack Obama, quien llegó a telefonear personalmente al dictador yemení para evitar la excarcelación de dicho investigador.

Pero la escalada de asesinatos ilegales no termina ahí. Porque la Casa Blanca también autorizó la ejecución de un ciudadano norteamericano acusado de pertenecer a Al-Qaeda. Se trataba del clérigo y activista Anwar al-Awleki, un estadounidense que apoyó la candidatura de Obama hasta que, decepcionado por la doble moral del nuevo presidente, abandonó su propio país para instalarse en Yemen. Durante varios años, la prensa nacional demonizó a este individuo, acusándolo de varios atentados fallidos y poniéndolo en el disparadero de la CIA, hasta que, en septiembre de 2011, un avión no tripulado bombardeó su vehículo. Pero tampoco quedó ahí la cosa. Porque Anwar al-Awleki tenía un hijo, un chaval de dieciséis años nacido en Denver que, poco después de la muerte de su padre y mientras hacía una barbacoa con sus primos, murió víctima de otro bombardeo realizado por drones. El chico no había hecho absolutamente nada contra su propio país –salvo ser hijo de un clérigo radical-, pero la administración Obama temió que algún día pudiera convertirse en terrorista como consecuencia del rencor acumulado contra los asesinos de su padre. Así que, para evitar males mayores, el hombre que mereció el Premio Nobel de la Paz en 2009 autorizó el ‘asesinato preventivo’ de un adolescente nacido bajo la supuesta protección de las barras y estrellas.

‘Guerras sucias. El mundo es un campo de batalla’
Jeremy Scahill
Paidós, 2013
859 pág, 29,90 €

(Publicado en suplemento ‘Cultura/s’ de La Vanguardia el 18 de diciembre de 2013)

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