El encuentro ha permitido dar a conocer iniciativas emprendedoras de distintos sectores, desarrolladas durante los últimos meses con el apoyo del programa de formación, mentoría y acompañamiento de EOI. Los proyectos presentados ofrecen soluciones innovadoras a necesidades de ámbitos tan diversos como la agricultura, la tecnología, la alimentación, el turismo, la cultura, la comunicación, la salud y la gestión empresarial en la provincia de Albacete.
La mentora de la X Edición del Coworking EOI Albacete, Mª Vicenta Pérez ha destacado que son quince nuevas iniciativas de distintos ámbitos que reflejan la diversidad del talento emprendedor y la capacidad de la innovación para responder a retos empresariales, culturales, tecnológicos y medioambientales.
Las propuestas presentadas reflejan la diversidad del emprendimiento y la búsqueda de nuevos modelos de negocio capaces de aportar valor a las personas, las empresas desde el territorio albaceteño.
En el ámbito de la tecnología y la transformación digital, Franklin’s Agents ofrece servicios de automatización de tareas y procesos mediante agentes de inteligencia artificial, desde la evaluación inicial hasta la implementación y el mantenimiento de soluciones a medida. Por su parte, Éolo utiliza sistemas aéreos no tripulados para inspeccionar instalaciones, realizar seguimientos de obra, obtener información mediante fotogrametría y analizar datos para los sectores industrial, energético y agrícola.
También vinculados a la innovación tecnológica y empresarial, Dopamine PMO presta servicios de consultoría para mejorar la gestión de proyectos en organizaciones en crecimiento, mediante el diseño y la digitalización de procesos, la automatización y la formación de responsables de proyectos. n0w plantea una red de conexión entre personas, empresas e instituciones para facilitar la colaboración, dar visibilidad al talento y generar oportunidades de desarrollo e innovación.
La innovación agroalimentaria ocupa igualmente un lugar destacado. Hidraiz desarrolla una plataforma para medir, registrar y validar datos agronómicos, con el objetivo de mejorar la gestión de las explotaciones y contribuir a la conservación de la salud del suelo. En esta misma línea de búsqueda de nuevas oportunidades en el sector primario, Plowwin propone un club de inversión en activos agrarios que conecta proyectos agrícolas seleccionados con inversores interesados en participar en su desarrollo, al tiempo que ofrece a los agricultores una alternativa de financiación.
La alimentación y el cuidado animal están representados por Zanito’s Pets, una iniciativa de alimentación prémium para mascotas que apuesta por ingredientes naturales de origen local y procesos de liofilización. Su propuesta incluye dos variedades, una con kéfir y otra con aceite de coco orgánico, orientadas a quienes buscan alternativas nutricionales para sus animales de compañía.
La cultura, las experiencias y el turismo también forman parte de las iniciativas presentadas. Vino in Context apuesta por la divulgación de la cultura del vino a través de experiencias sensoriales, actividades formativas y herramientas de comunicación que conectan a las marcas con las personas. Cuevas de la Manchuela, por su parte, plantea la conservación y puesta en valor de unas cuevas naturales de Fuentealbilla mediante una fundación y una empresa de turismo activo, con actividades de ocio y espeleoturismo destinadas a dinamizar económicamente el territorio.
En el ámbito de la creatividad y los productos personalizados, Tamaribú desarrolla una marca de regalos en torno a un personaje original, un peluche que da nombre al proyecto. Su oferta incluye recuerdos confeccionados con prendas aportadas por los clientes, ediciones limitadas y exclusivas vinculadas a eventos y fechas conmemorativas, y accesorios personalizados. La Empoderá representa una propuesta de marca personal artística que integra producción musical, conciertos, creación de contenidos y merchandising, con el objetivo de construir una comunidad conectada con su identidad y su música.
La comunicación constituye otra de las áreas de emprendimiento. AC Comunicación Boutique es una agencia especializada en la creación de pódcast y contenidos sonoros para visibilizar la trayectoria profesional de mujeres directivas. Su propuesta combina diagnóstico y estrategia de comunicación con entrevistas y formatos narrativos que ayudan a las marcas a conectar con sus públicos a través del liderazgo femenino.
Por su parte, Renace con CRYS ofrece acompañamiento a personas que atraviesan momentos críticos en el ámbito personal, familiar o profesional, mediante sesiones individuales, talleres grupales, eventos y programas en línea. Jesacu es un centro terapéutico especializado en salud integral que reúne servicios como acupuntura, hipnosis y terapias energéticas, con una propuesta orientada al bienestar físico, emocional y personal.
Completa las iniciativas identificadas Squeeze Boulder & Climb, un rocódromo en Albacete que ofrece espacios para la práctica de la escalada desde la iniciación hasta el alto rendimiento. El centro incorpora, además, zonas familiares, entrenamiento funcional y un área social con restauración, con el propósito de crear una comunidad en torno a la escalada y el deporte.
En conjunto, estos proyectos muestran cómo el emprendimiento puede generar nuevas oportunidades a partir de la tecnología, la especialización, la creatividad y el aprovechamiento de los recursos locales, con propuestas dirigidas tanto a particulares como a empresas y organizaciones.
El Demoday pone el broche final a varios meses de trabajo en los que las personas participantes han podido desarrollar sus modelos de negocio, definir sus propuestas de valor y analizar las posibilidades de crecimiento de sus iniciativas. La jornada también facilita el contacto con profesionales del ecosistema empresarial, potenciales colaboradores e inversores.
El encuentro ha concluido con un espacio de networking para favorecer el intercambio de experiencias, la creación de sinergias y el establecimiento de nuevas oportunidades de colaboración entre emprendedores, mentores, inversores y profesionales del ámbito empresarial.
Con esta iniciativa, la Escuela de Organización Industrial (EOI) reafirma su compromiso con el impulso al emprendimiento innovador, proporcionando formación especializada, mentoría personalizada y acceso a una red de profesionales que contribuye al desarrollo y la consolidación de nuevas iniciativas empresariales.
El Espacio Coworking EOI Albacete se enmarca en un programa dirigido preferentemente a proyectos innovadores. Durante aproximadamente cinco meses, las personas participantes reciben un itinerario de 100 horas de acompañamiento, que combina 60 horas de formación con 40 horas de tutorías individualizadas.
En la apertura han intervenido el director del Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha, Agustín Moreno; la directora de Programas de la EOI, Pilar Purroy; y el delegado provincial de Economía, Nicolás Merino, junto a los participantes en los talleres, en una gala fin de curso, conducida por dos de los mentores: María Calvo y Fernando Buitrón.
Todo dentro del marco del Programa FSE+ de Educación y Formación, Empleo y Economía Social (EFESO), y cuenta con la cofinanciación de la Unión Europea, EOI y el Ministerio de Industria y Turismo a través de la Consejería de Economía de Castilla-La Mancha. Una colaboración institucional que refuerza el apoyo al emprendimiento, la innovación y la creación de empresas capaces de generar valor económico y social.
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Veo que no pudiste leer nuestra carta. Te creo y te entiendo. Con el berenjenal electoral en el que andas metido, no está el horno para epístolas. E imagino que adelantar las elecciones un año entero, solo se hace con datos o con fe. Tú eres economista, así que quiero pensar que las cuentas están hechas. De los dos tipos de personas que existen, tú eres de los que cuentan antes de saltar. Espero que los números te salgan.
Pero hay algo que conviene que sepas. El partido, en una de las provincias más sanchistas de España, cuando necesitabas que te arroparan, hoy está hecho unos zorros. La militancia se ha sentido decepcionada en los últimos años y no es contigo. Precisamente es porque han visto que los que venían a regenerar y hacer las cosas distintas, internamente han hecho lo mismo que a los que decían combatir.
Por eso Albacete no es neutral. La provincia tampoco. Por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario y aunque hayan conseguido que el Ayuntamiento de la capital te declare persona non grata, hay mucha gente en la calle que te quiere. A pesar de la campaña traicionera, a pesar de los pactos que se han tejido para apartarte y a pesar de todo lo que todavía se puedan inventar, con la connivencia de muchos de los que se están beneficiando a la chita callando.
El cariño no aparece en las encuestas. No se mide en escaños ni se traduce en porcentajes. Pero hay una forma de reconocerlo y es que se nota en una cafetería cuando entras.
Tú representas algo poco frecuente en estos tiempos. La estabilidad de los afectos. La misma esposa, los mismos principios y una capacidad de resistencia que muchos han convertido en ejemplo. Mientras otros cambian de chaqueta, de bando y hasta de convicciones según sople el viento, tú pareces un hombre que vive con los cimientos puestos. Y en política, donde casi todo parece provisional, eso tiene un valor que no conviene despreciar.
Ya sé que Albacete es un lugar pequeño en el mapa pero siempre fue estratégico, si no que se lo pregunten a los descendientes de las Brigadas Internacionales. Hay mucha gente que sigue confiando en ti. Los que se sienten desheredados, los que conocen el precio de enfrentarse al poder, los que han sufrido la difamación y han visto cómo sus familias acababan pagando también la factura. Los que, en algunos pueblos, todavía tienen miedo de los caciques. Para todos ellos, con una izquierda fragmentada y sin referentes capaces de ilusionar, la regeneración eres tú.
Y precisamente por eso, presidente, no te equivoques con las listas.
Las listas provinciales importan. Mucho más de lo que algunos quieren admitir. Porque cuando un vecino deposita su voto por ti, también espera encontrar cierta coherencia en los nombres que representan a su provincia. No quiere una sorpresa, un favor devuelto ni las mismas caras de siempre que aparezcan de pronto sin que nadie sepa muy bien por qué. Quiere mirar la papeleta y reconocerse en ella.
Eso lo sabes. Lo que me temo es que cada vez tengas menos gente dispuesta a decírtelo. A las personas que resisten cuando ganan se les suele rodear de aplausos. Y, cuando los aplausos se convierten en la única banda sonora, el silencio de quienes discrepan puede resultar más peligroso que el ruido de los adversarios.
Porque no todo el que te lleva la contraria quiere verte caer, ni todo el que te aplaude está pensando en lo que más te conviene.
Aun así, me consta que, si quisieras escucharla, hay gente que podría decirte la verdad. Alguna. Alguno. Y no, no son quienes escriben desde los mismos lugares en los que te despellejan. Esos tienen sus propias urgencias y sus propias cuentas que cuadrar.
Los que de verdad te quieren bien no suelen hacer ruido. No salen en las tertulias ni necesitan dejar constancia de su lealtad. Están en la calle, algunos los tienes más cerca de lo que te imaginas y muchas están en la cola de la panadería. Y también esperan. Esperan a ver qué nombres te representan en las listas. Porque, al final, la confianza se demuestra en los momentos importantes, pero también se pierde en los pequeños detalles. Y una papeleta puede ser uno de ellos.
Así que, querido Pedro haz las cuentas. Pero no cuentes solo escaños. Cuenta también a quienes siguen confiando en ti, a quienes te han defendido cuando hacerlo no resultaba fácil ni rentable y a quienes esperan que no confundas la lealtad con la obediencia perruna.
Ojalá te salgan los números. Y, sobre todo, ojalá no te fallen las personas.
Un abrazo.
]]>Si de verdad quieres movilizar a la izquierda, empieza por mirar las listas electorales que van a presentar tus provincias. Antes de pedirle a la gente que acuda a las urnas, convendría comprobar quién espera encontrar en ellas.
Se repite a menudo que los diputados y los senadores representan al partido, no a sus territorios. De acuerdo. Pero si los escaños son del partido, las listas también lo son. Y hay una diferencia fundamental, la lista es una de las pocas decisiones que no puedes delegar sin asumir después las consecuencias.
Porque la movilización se construye. Y empieza mucho antes de la campaña, cuando alguien decide quién merece representar a los demás.
Te cuento una historia de esas que se escuchan en los pueblos.
Un maestro rural, de izquierdas, de los de antes, recibió un día una carta sin remitente. Dentro no había amenaza alguna. Solo un recorte de periódico con la noticia de un maestro de otro pueblo al que habían trasladado «por necesidades del servicio». Nada más. Ni una firma, ni una explicación.
Guardó la carta en un cajón y siguió dando clase. Pero, desde aquel día, corregía los exámenes con la puerta cerrada.
– No me asusté —contaba—. Entendí que me estaban avisando con educación. Y eso es lo que más miedo da.
Aquel hombre sabía más de compromiso político que media ejecutiva federal. Había defendido sus ideas cuando hacerlo podía costarle algo más que una discusión. No aparecería, sin embargo, en ninguna lista. Para eso ya estaba el sobrino del notario: mejor apellido, mejores contactos y ninguna cicatriz que enseñar.
Por eso, presidente, te propongo cuatro cosas.
Primera, saca las listas de la mesa camilla. La mesa camilla es maravillosa sobre todo para el tiempo que viene. Tiene brasero, mantel largo y espacio suficiente para que cuatro personas decidan el futuro de una provincia sin que nadie vea qué se cuece debajo.
Allí se negocian puestos, se compensan equilibrios internos, se devuelven favores y, al final, se anuncia un acuerdo al que llaman consenso. Todo muy ordenado. Todo muy discreto. Todo muy lejos de quienes después tendrán que dar la cara ante los votantes.
Pero por favor, no te fíes. Prueba algo distinto, pregunta a los militantes y simpatizantes que llevan veinte años trabajando por el partido sin que nadie les haya preguntado qué piensan. Escucha a quienes conocen las calles, los pueblos y los problemas de la gente, no solo el organigrama de la organización.
Una lista no debería ser el acta de una negociación interna. Debería ser la expresión de la calle.
Dos. No pongas a quien no te va a defender por miedo al cacique. Cuando el alcalde te declara persona non grata, lo peor no es el desaire, es que los tuyos ni tosan porque han aprendido que lo mejor es no molestar. Ese candidato, cuando vuelva de sus viajes de Madrid, no te defiende aquí.
Y lo peor no es solo que callen. Es que su silencio acaba convirtiéndose en una forma de obediencia.
Y conviene preguntarse qué hará en Madrid quien no se atreve a defender sus convicciones de su presidente. Porque un representante público no está para proteger los equilibrios de quien manda en el territorio, sino para defender los intereses de quienes le han elegido.
Tercera. Mira quién habla de vivienda y desde dónde lo hace.
No se trata de convertir el patrimonio de nadie en un delito ni de exigir que todos los candidatos tengan la misma cuenta corriente.
A quien posee diez pisos quizá le resulte más difícil experimentar la angustia de quien no encuentra uno que pueda pagar. Y hay en alguna que hasta tienen un palacio en África, no está de más preguntarse cuánto conoce de las dificultades de quien llega a fin de mes con la calculadora en la mano.
Tener patrimonio no invalida a nadie para hacer política. Pero tampoco debería bastar con pronunciar la palabra «igualdad» para demostrar que se comprende lo que significa.
La coherencia no se mide por la declaración de intenciones, sino por la distancia entre lo que se defiende en público y lo que se vive en privado.
Por último, vigila el pedigrí. En todas las provincias hay apellidos que llevan en el partido más tiempo que algunas sedes. Nombres conocidos, agendas bien engrasadas y una extraordinaria facilidad para ocupar los lugares donde se toman las decisiones.
A veces hay detrás una trayectoria de trabajo y compromiso. Otras, una red de relaciones que se reproduce de generación en generación. Y no siempre es fácil distinguir el mérito de la herencia cuando quienes elaboran las listas son también quienes se benefician de ellas.
Por eso conviene mirar más allá del apellido, preguntar por la trayectoria y comprobar qué ha hecho cada cual cuando no había un puesto en juego.
La izquierda nació para combatir los privilegios heredados, no para cambiarles el nombre.
Personas con voz propia, credibilidad y arraigo social
La ciudadanía quiere personas con prestigio social, reconocimiento público y trayectoria propia que pueda aportar diversidad y representación a unas listas electorales. Pueden ser referentes del mundo rural, periodistas, profesionales de la cultura, científicos, docentes, representantes vecinales, asociaciones sociales o personas vinculadas a la economía local.
Me dirás que es fácil escribir todo esto desde fuera. Y tendrás razón. Elaborar una lista obliga a negociar, a equilibrar territorios, a resolver conflictos y a tomar decisiones difíciles. Nadie está pidiendo candidatos perfectos, porque no existen.
Pero entre una lista imperfecta y una lista que parece confeccionada para satisfacer compromisos internos hay una diferencia que los votantes saben reconocer.
Y ahí está el verdadero problema, la desafección no siempre se expresa con una protesta, una baja en el partido o una crítica en las redes. A veces adopta una forma mucho más peligrosa. Ese ciudadano no discute, no se queja, no escribe cartas.
Por eso, presidente, antes de pedirle a la gente que vote, mira bien a quién le estás pidiendo que vote.
Y acuérdate del maestro rural y de aquella carta sin remitente. No necesitaba un puesto para demostrar su compromiso, ni un apellido ilustre para saber lo que significaba la palabra izquierda. Pero quizá sí merecía que, alguna vez, alguien pensara en él antes de cerrar una lista.
Porque una candidatura no es solo una relación de nombres. Es también una declaración de intenciones. Y, a veces, una radiografía de todo lo que un partido ha dejado de escuchar.
Que las listas no sean un reparto de favores entre quienes ya tienen sitio, sino una oportunidad para quienes llevan años trabajando en su día a día.
Y, por favor, presidente, que salte la tabla de la mesa, de una vez.
Que debajo de las sallas, ya sabemos lo que suele haber.
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Y ahí existe un reto evidente, Albacete necesita un plan de movilidad ambicioso, integral y adaptado a las necesidades reales de quienes viven, trabajan y visitan la ciudad.
En una ciudad compacta como Albacete, las distancias son relativamente cortas. En muchas ocasiones se puede atravesar la ciudad caminando en treinta o cuarenta minutos a lo sumo. Pero eso no significa que caminar sea siempre una alternativa razonable.
Pensemos, por ejemplo, en un ejecutivo que llega a Albacete para una reunión y necesita desplazarse desde la estación hasta el Campus. No siempre puede recorrer ese trayecto a pie, especialmente si lleva equipaje, documentación o necesita mantener una determinada indumentaria profesional. Lo mismo sucede con personas mayores, personas con discapacidad o ciudadanos que, por sus circunstancias personales, necesitan un transporte puerta a puerta.
Por eso, el taxi no debe contemplarse como un elemento accesorio de la movilidad urbana, sino como parte de la infraestructura de transporte de la ciudad.
Actualmente Albacete cuenta con 107 licencias de taxi. Esa cifra no se ha incrementado desde 2008 y, de hecho, en 2026 se han producido situaciones que han puesto de manifiesto problemas de disponibilidad en determinados momentos.
Además, la propia normativa de Castilla-La Mancha establece que el número de licencias debe analizarse teniendo en cuenta factores como la demanda, la oferta existente, la actividad comercial y turística, las infraestructuras y el grado de cobertura del transporte público. También permite establecer una contingentación específica a partir de un estudio de movilidad.
Por tanto, la cuestión no debería reducirse a discutir si hay 107, 109 o 115 licencias. La pregunta fundamental es si el número actual permite prestar un servicio suficiente durante las horas y circunstancias en las que se produce la demanda.
En 2024 el Ayuntamiento señalaba que las 107 licencias estaban por debajo del máximo legal de 115 que resultaba de la población entonces considerada, y aprobó dos nuevas licencias de eurotaxi. En 2026 se ha anunciado además la tramitación de nuevas licencias y la incorporación de más vehículos adaptados.
Pero quizá sea el momento de ir un paso más allá y realizar un estudio serio de demanda y dimensionar el servicio pensando en la Albacete de los próximos diez años, no en la de 2008
La accesibilidad debe formar parte de esa planificación.
No basta con disponer de un porcentaje mínimo de taxis adaptados si, en determinados momentos, una persona que necesita uno no puede encontrarlo. En 2024 el propio Ayuntamiento reconocía que los vehículos adaptados existentes podían resultar insuficientes para atender determinadas solicitudes.
Una ciudad moderna debe garantizar que una persona con movilidad reducida pueda desplazarse con la misma normalidad que cualquier otro ciudadano.
Y esto no es incompatible con fomentar otros medios de transporte. Al contrario una buena política de movilidad debe ofrecer alternativas y permitir que cada ciudadano utilice la que mejor se adapte a sus circunstancias.
Ahí entra también la bicicleta.
Albacete tiene condiciones especialmente favorables para potenciarla: es una ciudad relativamente llana, compacta y con distancias que permiten realizar numerosos desplazamientos cotidianos en bicicleta.
Pero para que la bicicleta sea realmente una alternativa de movilidad y no solamente una opción deportiva o de ocio hacen falta más bicicletas disponibles, una red de carriles bici coherente, aparcamientos seguros y conexiones entre los distintos barrios y puntos estratégicos de la ciudad.
El objetivo debería ser que una persona pueda coger una bicicleta y desplazarse con seguridad hasta su destino sin tener que enfrentarse constantemente a interrupciones, cruces poco protegidos o tramos inconexos.
En este terreno, Zaragoza puede servir como referencia para estudiar modelos de movilidad ciclista y de bicicleta pública, adaptándolos, naturalmente, a las dimensiones y características de Albacete.
Albacete tiene una oportunidad que no debería desaprovechar.
Su posición geográfica la convierte en un punto estratégico entre Madrid, el Levante, Valencia y Andalucía. La llegada de visitantes por ferrocarril o carretera, la actividad empresarial, los congresos, el turismo y las relaciones comerciales generan necesidades de desplazamiento que van mucho más allá de los movimientos cotidianos de los residentes.
Por eso resulta paradójico que una ciudad que aspira a aprovechar su condición de nodo de comunicaciones pueda encontrarse con dificultades para conseguir un taxi en determinados momentos.
La movilidad urbana es también una herramienta de competitividad económica.
Un empresario que llega a una ciudad debe poder desplazarse con facilidad. Una persona que acude a una reunión debe poder llegar a tiempo. Un visitante debe poder moverse sin necesidad de conocer previamente la ciudad. Y una persona con discapacidad debe tener garantizada una alternativa accesible.
El debate debería superar esa falsa disyuntiva.
Albacete necesita más opciones de movilidad y mejor coordinadas entre sí. No hace falta que todos utilicemos el mismo medio de transporte. Hace falta que todos tengamos alternativas.
Albacete tiene tamaño, ubicación y características urbanas para construir un modelo de movilidad moderno. Lo que necesita ahora es planificación, inversión y una visión de ciudad que tenga en cuenta tanto al vecino que se desplaza todos los días como al visitante que llega por negocios, turismo o cualquier otra actividad.
Porque una ciudad que aspira a ser un gran nodo de comunicaciones no puede limitar sea estar bien conectada con el exterior.
También tiene que ser fácil moverse dentro de ella.
Viendo fotos del evento, el área ocupada sería más o menos la siguiente:

Sin embargo, al analizar las imágenes del evento, el área total ocupada se limita a unos 10.000 metros cuadrados brutos. Es fundamental matizar este dato, ya que dentro de ese perímetro se encuentran obstáculos insalvables como el Museo de la Cuchillería, jardines, fuentes y mobiliario urbano. Siendo generosos, el espacio real disponible para el público se reduciría prácticamente a la mitad: unos 5.000 metros cuadrados netos.
Si calculamos una densidad estimada de 2 personas por metro cuadrado —asumiendo que algunas zonas estaban más concurridas y otras mucho más despejadas—, la multiplicación nos daría un máximo de 10.000 manifestantes en el mejor de los escenarios posibles. No obstante, la distribución visual sugiere que la cifra real podría situarse incluso por debajo de la mitad de ese cálculo, rondando las 5.000 personas.
Más allá de valorar la causa o el volumen de la convocatoria, la cuestión de fondo es evidente: ¿en qué criterios técnicos se basa la Subdelegación del Gobierno en Albacete para inflar la cifra hasta casi los 30.000 asistentes? Y lo que es más preocupante: si una institución oficial defiende datos tan inverosímiles, perjudicando la credibilidad del propio Ejecutivo al que representa, ¿a qué se debe este misterio tan celebrado de cifra, en el que todos parecen sentirse cómodos?
Muchos más que en los partidos del ‘Alba’
Si hay un acontecimiento multitudinario que se repite semanalmente en Albacete, ese es el partido del Alba. El Carlos Belmonte tiene un aforo de 16.998 espectadores y, aun así, la cifra de 28.000 personas obligaría a imaginar un estadio completamente lleno y a más de 11.000 aficionados esperando fuera para entrar. Un partido del Albacete, pero con un segundo público de propina.
La comparación resulta todavía más reveladora si tomamos la asistencia media de la pasada temporada, situada en torno a los 10.500 espectadores. En ese caso, los 28.000 manifestantes equivaldrían a casi tres partidos del Alba celebrándose simultáneamente en el mismo lugar. Tres veces el Belmonte, por decirlo en términos que cualquiera en Albacete puede visualizar.
Con todo esto, cabe preguntarse, ¿se les ha ido un 0 o qué interés hay detrás?
Derecho a la Información
Al final, quizá lo más importante no sea decidir si fueron 5.000, 10.000 o 28.000. Lo verdaderamente preocupante es que tengamos que discutir una cifra oficial a partir de fotografías, metros cuadrados y una calculadora. Porque cuando una institución pública ofrece un dato que parece no resistir una comprobación elemental, la primera víctima no es la manifestación: es la confianza.
Y viendo las imágenes de las concentraciones en apoyo a Ceuta, conviene defender más que nunca el Derecho a la Información y al Periodismo. No para decidir qué cifra nos gusta más, ni para convertir los medios en árbitros de nuestras preferencias, sino para hacer algo mucho más sencillo y mucho más incómodo: preguntar, contrastar y volver a contar.
Porque el Periodismo no está para llenar plazas, ni para vaciarlas. Está para contar, por ejemplo, cuánta gente había cuando alguien asegura que había 28.000.
]]>Recientemente se ha visto contra uno de esos funcionarios albaceteños que no tiene ninguna necesidad personal de meterse en el fango político y que, sin embargo, defiende la acción de Gobierno del presidente, Pedro Sánchez. Es especialmente llamativo que soporte la difamación y los ataques de quienes parecen tener mucho que decir sobre política, pero bastante menos que acreditar fuera de ella.
En la ciudad donde no penaliza insultar al presidente. Desde el Ayuntamiento se presume directamente de haberle declarado persona non grata y parece que quienes se atreven a defenderlo pasan automáticamente a formar parte del objetivo de una determinada cacería de los que no quieren que nada cambie.
La política democrática debería consistir en confrontar ideas, gestionar instituciones y rendir cuentas ante los ciudadanos. No en insultar, desacreditar o perseguir personalmente.
Por eso, si implicarse en política significa recibir insultos de algunos representantes públicos de la provincia por defender aquello en lo que uno cree, quizá haya que decirlo alto y claro: debe ser un honor no necesitar de la política para vivir y, aun así, tener el valor de defender las propias convicciones.
La envidia, el problema de España
Hay perfiles que resultan cómodos para el sistema político. Siempre están ahí, siempre forman parte de la misma dinámica y nunca ponen en cuestión determinadas reglas del juego. Les viene bien que existan porque permiten mantener una determinada narrativa mientras se confunde a la ciudadanía sobre lo verdaderamente importante.
Al final, el problema no debería ser que alguien participe en política. El problema aparece cuando la política se convierte en la única credencial de una trayectoria profesional y, aun así, se pretende desacreditar a quien puede volver a su profesión cuando termina su etapa política.
En democracia, sería mucho más saludable discutir sobre ideas, resultados y proyectos que intentar desacreditar a las personas, por sus opiniones.
Porque, cuando se necesita atacar la vida personal o profesional del adversario en lugar de debatir sus argumentos, quizá sea porque los argumentos empiezan a escasear.
]]>Estas carreteras de tercer orden o locales suman 66.000 kilómetros en España. Si a ellos añadimos los más de 107.000 kilómetros de caminos rurales, obtenemos una media de 21 kilómetros practicables por término municipal entre vías locales y caminos, que entiendo que son suficientes para practicar el ciclismo.
¿Qué sentido tiene entonces utilizar las carreteras comarcales y nacionales para practicar ciclismo con bicicleta de carreras? En estas vías, los ciclistas, sin pretenderlo, generan numerosas situaciones de peligro para los conductores porque, lógicamente, circulan a una velocidad muy inferior a la habitual en la carretera. Esto obliga a los conductores a adelantarlos invadiendo el carril contrario para dejarles una distancia de 1,5 metros por si se produce una caída. Además, pueden circular en paralelo o en pelotón.
Opino que las carreteras nacionales y comarcales están destinadas a comunicar poblaciones y al transporte de mercancías y viajeros en vehículos motorizados, y no a practicar un deporte utilizando una infraestructura pública. No me refiero a aquellas personas que utilizan la bicicleta por carretera por necesidad, para desplazarse de un pueblo a otro.
Pedalear por carreteras nacionales o comarcales compromete la seguridad de todos sus usuarios, incluidos los propios ciclistas. Lamentablemente, se producen alrededor de 90 fallecimientos de ciclistas al año por accidentes, y las carreteras nacionales y comarcales, con arcenes estrechos, se encuentran entre las más peligrosas.
Está clara la posición de debilidad del ciclista frente a un coche o un camión en caso de accidente, pero ello no justifica, en mi opinión, el uso de carreteras nacionales o comarcales para practicar deporte. Del mismo modo que nos parecería inadmisible que alguien fuese botando un balón de baloncesto por el arcén de una carretera para entrenarse, considero que no es razonable practicar ciclismo deportivo en carreteras comarcales y nacionales por el peligro que supone para los propios ciclistas y para los conductores, máxime cuando el arcén es estrecho.
Hay alternativas más que suficientes en carreteras locales y caminos asfaltados con baja intensidad de tráfico para practicar ciclismo con mayor seguridad y sin dificultar la circulación de coches y camiones en carreteras diseñadas para soportar un mayor volumen de tráfico y velocidades más elevadas, como son las carreteras comarcales y nacionales.
Por el bien de todos.
Albacete, 15 de agosto de 2026.
Francisco Javier Carmona García
]]>El primero de ellos es el tanto por ciento de atmósfera que es útil para la vida en la Tierra. La envoltura gaseosa que nos rodea, con sus 1.000 km de influencia, se compone de varias capas superpuestas que, de arriba abajo, son:
Esta última, de 0 a 8 km de altura aproximadamente, es donde hay oxígeno en proporción suficiente para el desarrollo de la vida y representa solo el ¡0,8 % de la altura total de la atmósfera! Es como la piel de una manzana.
Siguiendo con los gases atmosféricos, estos son nitrógeno (78 %) y oxígeno (21 %) en su gran mayoría, además de los gases raros, el vapor de agua y un pequeñísimo porcentaje (0,004 % actualmente) del gas de la vida: el conocido dióxido de carbono (CO₂), que permite la fotosíntesis en las plantas. Pero la excesiva concentración de este gas, causada por la actividad industrial humana al quemar combustibles fósiles, es también la responsable del calentamiento global del planeta, al intensificar el efecto invernadero y las consecuencias negativas del cambio climático. Debido a la industrialización no sostenible y al auge galopante del transporte, la proporción de CO₂ en la atmósfera se ha doblado desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, un tiempo insignificante a escala geológica, pero que, tristemente, ya ha merecido llamarse «Antropoceno»: una nueva era.
El segundo de los porcentajes que llaman la atención es el espesor de la corteza terrestre: el soporte físico de la vida. El radio de nuestro planeta mide 6.371 km como valor medio. Del suelo hacia abajo hay tres capas: corteza, manto y núcleo. La corteza continental tiene un espesor promedio de 35 km y apenas supone el 0,5 % del radio de la Tierra. Pero hay más: de estos 35 km solo hay vida en su parte superior, el suelo, de 0 a 3 m de profundidad máxima como media; es decir, ¡del orden del 0,01 % del espesor de la corteza!
El tercero de los tantos por ciento curiosos tiene que ver con los océanos. La profundidad media de estas masas de agua salada es de solo 4 km. Tomando la distancia desde el punto más alejado del océano con respecto a la costa más cercana en cualquier dirección (llamado punto Nemo), que es de 2.688 km y está en el Pacífico, la profundidad del océano es tan solo del 0,14 % de esa distancia. En consecuencia, los océanos son muy poco profundos en relación con su gran extensión, como una lámina de agua salada amplia, pero muy delgada. Menos aún lo son los mares, cuya profundidad media ronda los 1,5 km.
El cuarto porcentaje llamativo lo tiene el agua dulce, con una cara final dramática, como veremos. En el planeta Tierra hay agua más que de sobra; de hecho, tres cuartas partes de su superficie están cubiertas por océanos y mares (de ahí que se llame el planeta azul), pero es agua salada. El agua dulce, en forma de hielo, aguas subterráneas, ríos y lagos, es muy poca en proporción al total: el 2,5 %. El H₂O es un recurso natural imprescindible para la vida (baste decir que, como media, un 60 % de nuestro cuerpo es agua) que es preciso cuidar y repartir equitativamente entre la humanidad. No obstante, únicamente alrededor del 0,01 % del agua de la Tierra es potable, cantidad que se reduce año tras año debido a la contaminación. Unos 2.200 millones de personas, un tercio de la población mundial, no tienen acceso, en condiciones de seguridad, al agua potable. Y estamos en el año 2026…
Hablando de repartos, la desigual distribución de la riqueza mundial es el quinto aspecto, que en este caso es espeluznante: el 1 % más rico de la población adulta concentra casi el 50 % de la riqueza global, mientras que el segmento más bajo (cerca del 50 % de la población adulta) apenas posee alrededor del 1 % del total. ¡Increíble, pero cierto!
Y, por último, la Tierra representa solo un 0,0003 % de la masa del Sistema Solar, masa que se concentra prácticamente toda en el Sol.
Pero el Sol solo es ¡una de los 200.000 billones de estrellas! Impresiona la tremenda insignificancia de nuestro Sol en el universo.
Francisco Javier Carmona García
Dr. Ingeniero de Montes
Los protagonistas son apenas unos niños. No tienen poder, ni influencia, ni recursos. Solo poseen dos armas: la amistad y el coraje. Frente a una realidad dominada por el miedo y la resignación, deciden actuar. Su ejemplo acaba despertando la conciencia de quienes, hasta ese momento, habían aceptado la injusticia como si fuera inevitable.
Sin establecer equivalencias históricas entre contextos profundamente diferentes, esa reflexión puede servir para analizar algunos debates que atraviesan hoy la democracia española.
Una parte de la sociedad sostiene que determinadas actuaciones judiciales contra personas del entorno familiar del presidente del Gobierno, así como la intensa confrontación política e institucional, responden a una utilización de los tribunales con fines políticos, un fenómeno que algunos denominan lawfare.
La película, Los niños de la resistencia pertenece a esa categoría de relatos que atraviesan generaciones porque su mensaje esencial sigue vivo: la injusticia no siempre se impone porque sea invencible, sino porque demasiadas personas terminan aceptando que no merece la pena combatirla.
Los protagonistas son niños. No tienen poder, cargos ni influencia. No disponen de grandes medios. Solo cuentan con dos armas que parecen pequeñas, pero que acaban siendo decisivas: la amistad y la valentía.
Su mayor logro no es derrotar por sí solos a quienes dominan la situación. Su verdadera victoria es despertar a quienes se habían resignado y dejaron de hacerse preguntas.
Y ahí reside la gran lección para el siglo XXI.
Las sociedades no pierden su libertad únicamente cuando alguien intenta arrebatársela. También la pierden cuando la ciudadanía se acostumbra al silencio, cuando la comodidad sustituye al compromiso y cuando se acepta que las decisiones siempre deben venir de arriba.
El viejo caciquismo no ha desaparecido simplemente porque han cambiado los tiempos. Sus formas pueden transformarse. Ya no necesita necesariamente un despacho desde el que imponer órdenes. Puede aparecer como una red de favores, como una cultura de obediencia, en la idea de que discrepar tiene un precio o como la convicción resignada de que nada puede cambiar.
El mayor triunfo de cualquier forma de poder cerrado es lograr que la sociedad deje de preguntar.
Por eso resulta tan importante cualquier gesto que rompa esa dinámica. En el mundo de la cultura, la reciente reacción de parte del sector del libro tras el cese de Eva Orúe como directora de la Feria del Libro de Madrid ha abierto un debate sobre la transparencia, el reconocimiento a una gestión y el modelo de futuro de una de las grandes citas culturales del país. Librerías y editoriales han expresado su sorpresa por la decisión y reclaman explicaciones sobre los motivos del cambio, defendiendo el valor de una etapa que consideraban positiva para el proyecto.
Más allá de las posiciones concretas que cada persona o entidad pueda mantener, hay una idea que conecta con la enseñanza de Los niños de la resistencia: una comunidad está viva cuando sus miembros no aceptan las decisiones importantes como simples hechos consumados.
La cultura siempre ha sido un espacio de libertad porque los libros enseñan algo fundamental: ninguna verdad debe estar protegida del pensamiento crítico. Una sociedad lectora es una sociedad menos manipulable, porque aprende a comparar, a cuestionar y a buscar respuestas.
También por eso el papel de quienes trabajan en las instituciones resulta esencial. Los servidores públicos (políticos pero también funcionarios) tienen responsabilidades colectivas deben recordar siempre que su compromiso principal no es con una persona concreta ni con una circunstancia pasajera, sino con los principios que dan sentido a la función que desempeñan.
Pero la democracia no puede depender solo de quienes ocupan cargos. Necesita ciudadanos despiertos.
Despertar no significa vivir en la confrontación permanente. Significa recuperar la capacidad de preguntar sin miedo. Significa entender que la crítica no es una amenaza, sino una herramienta imprescindible para evitar que cualquier poder se convierta en una estructura cerrada sobre sí misma.
Los niños de la película nos recuerdan que los grandes cambios suelen empezar con pequeños actos de dignidad. Una persona que decide hablar. Un grupo que decide organizarse. Una comunidad que decide que la indiferencia ya no es una opción.
Porque el silencio nunca es neutral.
Cada época tiene sus propios desafíos y sus propias formas de resistencia. En el siglo XXI, una de las más importantes es conservar despierta la conciencia colectiva frente a cualquier forma de imposición, sobre todo cuando es una decisión claramente injusta. No ceder al conformismo o dependencia.
Al final, la historia demuestra que ningún poder basado únicamente en la resignación puede durar para siempre.
Quizá esa sea la enseñanza más valiosa de Los niños de la resistencia: las democracias no sobreviven únicamente gracias a sus normas, sino gracias a ciudadanos e instituciones que entienden que la libertad, la justicia y el Estado de derecho requieren vigilancia permanente. Porque la historia enseña que la indiferencia nunca ha sido un buen aliado de la democracia.
Los pueblos cambian cuando alguien se atreve a encender la primera luz.
Y, a veces, esa primera luz puede venir de quienes menos poder parecen tener.
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«Jamás me sedujeron los valores que idolatran mis queridos niños», señala Trueba. Después de años universitarios y de conocerlos «es imposible mostrar cercanía por esos patanes». Así, el caciquismo no habría desaparecido, sino que se habría sofisticado. Ya no necesita imponer, sino persuadir; ya no falsifica urnas, sino que condiciona percepciones. Y el turnismo no se presenta como pacto, como en el siglo XIX; sino como resultado de inercias políticas y sociales difíciles de romper.
Uno de los grandes aciertos del libro es el tono: irónico, mordaz y profundamente desencantado. Desde el inicio, la actitud del protagonista queda definida por frases como: “Yo decidí tratarle con distancia, displicencia y desprecio. Las fundamentales 3 D que aplico cuando me place”, que marca ese aire cínico con el que se observa todo el engranaje político. No hay héroes, solo supervivientes en un sistema que premia la astucia y castiga la benevolencia.
La novela dibuja también una geografía emocional de España, donde aparece “el pueblo típico del que procede media España, entre orgullosos y avergonzados”, reflejando esa dualidad entre raíces y aspiraciones. En ese contexto, la política no como vocación, sino como estrategia de ascenso o de poder. Y quizá por eso, se presenta como un acto casi irracional: “La política es como la maternidad. Si lo piensas, no lo haces”.
“En política quien te protege, te domina”
Trueba no ahorra críticas a los partidos y sus estructuras internas. Los militantes son descritos sin concesiones: “una mezcla de ilusos y malvados”, mientras que la organización se revela como una red clientelar: “La maquinaria del partido trabaja provincia a provincia. Es máquina de crear empleos para los cercanos y que si no funciona, machaca al líder por culpable”. Esta idea se refuerza con una de las frases más demoledoras: “El que no riega el partido no mama de los contratos públicos”, mostrando un sistema donde la lealtad se recompensa con privilegios.
La manipulación de la opinión pública ocupa un lugar central. Trueba señala con precisión quirúrgica mecanismos psicológicos como: “Quien no se rinde a un elogio, se rinde a dos” o “A la masa siempre le parece más verdad el insulto que la caricia”. En ese juego, la estrategia política pasa por debilitar al adversario: “Desanimar a la izquierda. Convencerles de que no ha nacido partido que represente su bondad”, y aprovechar sus contradicciones: “La izquierda desde que asumió la representación del puritanismo, se lo puso más fácil a los rivales”.
La corrupción y la moral son otro eje fundamental. La novela insiste en que el problema no es accidental, sino estructural.
“Es la gente corrupta la que encuentra en la política un campo por explotar” y cierta “seguridad caciquil, en una segunda generación de latrocinio continuado”
Incluso fuera de la política, la crítica se amplía: “La mayoría de los ricos que he conocido son esclavos de su avaricia”. Y cuando estallan escándalos, se subraya su utilidad táctica: “Los escándalos morales son los más fáciles de provocar”.
El libro también incorpora referencias concretas al peso electoral de ciertos territorios —“Quien vence en Valencia, Alicante y Madrid casi tiene ganado el Gobierno de la nación”—. O pinceladas costumbristas que describe en el viaje de la caravana electoral a su paso por Castilla-La Mancha, “Albacete, la ciudad con el mayor ambiente nocturno del país”, que aportan realismo y cercanía al relato.
En última instancia, Queridos niños es una novela sobre la percepción colectiva y el autoengaño: “La masa no comprende que en los estamentos que aparentan honestidad y virtud se esconden los mismos secretos sucios”. Trueba no ofrece soluciones ni redención, pero sí un espejo incómodo donde el lector reconoce las grietas del sistema.
Caciquismo del siglo XXI
Un retrato feroz que la novela hace del poder político y de la psicología colectiva que lo sostiene.
Uno de los ejes más incisivos es la relación entre crisis y moralismo. Trueba apunta que:
“En época de crisis económica o social se ponen inquisidores y moralizantes. No quieren revolucionarios por demasiado tiempo. Quieren a la clase adinerada y poderosa en el poder”.
Esta idea encaja con la visión general del libro: los momentos de incertidumbre no generan cambios reales, sino una especie de reacción conservadora disfrazada de ética pública. La moral se convierte en herramienta de control más que en motor de transformación.
La política aparece también como espectáculo y vanidad. La cita atribuida a un asesor —“La política es la fama al alcance de los feos”— introduce una lectura descarnada: “La mayoría de los políticos están en esto para ser famosos”. Con ello, Trueba desmonta cualquier idealismo residual y sitúa la ambición personal en el centro del escenario. La política no sería tanto vocación de servicio como plataforma de visibilidad.
En este contexto, emerge una figura clave: el estratega. Cuando se dice que “Roy Carlton analiza que ‘acepta las estrategias pero no tiene porqué creérselas todas’», se revela una separación entre acción y convicción. La política se convierte en un juego de roles donde lo importante no es creer, sino ejecutar eficazmente para quien te manda. Esta distancia cínica conecta con otras ideas de la novela: el sistema funciona precisamente porque muchos participan sin fe, pero con interés personal.
Otra de las aportaciones más agudas de estas citas es la reflexión sobre la manipulación emocional: “Los mejores golpes vienen siempre con un lacito de buenos sentimientos”. Aquí Trueba señala cómo las decisiones más duras o injustas se presentan envueltas en discursos amables, apelando a valores positivos. Es una crítica directa al lenguaje político, capaz de suavizar o incluso ocultar la violencia estructural.
Finalmente, la novela no deja intacta a ninguna generación. La frase “Los políticos jóvenes unen la estupidez a la maldad” desmonta la idea de renovación como solución. No hay esperanza en el relevo generacional tal y como lo eligen los que mandan: los defectos del sistema no solo se perpetúan, sino que se adaptan a nuevas formas, quizá más ingenuas pero igual de dañinas.
Integradas con las citas anteriores —sobre la masa, la corrupción, los partidos y la manipulación—, estas nuevas reflexiones consolidan el núcleo de Queridos niños: una visión profundamente escéptica donde la política aparece como un ecosistema cerrado, dominado por intereses, egos y estrategias. La sociedad, lejos de quedar al margen, participa activamente en este juego, ya sea por convicción, por resignación o por simple necesidad de creer en algo.
A modo de conclusión, Queridos niños de David Trueba invita a establecer un paralelismo inquietante entre el pasado y el presente político español. El caciquismo del siglo XIX, consolidado durante la Restauración borbónica en España, se sostenía sobre un sistema de turnismo entre élites —liberales y conservadores— que garantizaba la alternancia sin poner en riesgo el control real del poder. Aquella red de influencias, favores y clientelismo encontraba en los caciques locales su pieza clave: intermediarios que aseguraban votos y lealtades a cambio de beneficios.
La novela sugiere que, aunque las formas han cambiado, ciertos mecanismos persisten. El actual bipartidismo ha funcionado en ocasiones como una versión modernizada de aquel turnismo. No se trata de una alternancia pactada explícitamente, pero sí de una dinámica donde las estructuras de poder, las redes internas y los intereses compartidos generan una sensación de continuidad más allá de los cambios de gobierno.
Las citas de la novela encajan con esta lectura: la “maquinaria del partido” que reparte empleos, la lógica de
“el que no riega el partido no mama de los contratos públicos”
o la idea de una “seguridad caciquil” apuntan a un sistema donde el acceso a recursos sigue dependiendo de la proximidad al poder. La diferencia es que el cacique ya no es una figura rural visible, sino una estructura difusa integrada en partidos, instituciones y redes económicas.
Frases como “A la masa siempre le parece más verdad el insulto que la caricia” o “La masa no comprende…” apuntan a una opinión pública vulnerable a la manipulación, más reactiva que crítica.
La conclusión que se desprende del universo de Trueba no es tanto que nada haya cambiado, sino que ciertos vicios estructurales —clientelismo, control del relato, dependencia del poder— han encontrado nuevas formas de sobrevivir en democracia. El problema, entonces, no es solo de los partidos, sino de una cultura política que, entre el desencanto y la costumbre, sigue permitiendo que el sistema funcione casi como siempre, aunque con un lenguaje más moderno y unas formas más sutiles.
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