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	<title>45 revoluciones por minuto</title>
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		<title>La brecha metabólica digital y el capital-IA</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Oct 2026 01:58:29 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lejos de ser una &#8216;nube&#8217; inmaterial, la IA bajo el capitalismo acelera la brecha metabólica. Un análisis sobre el extractivismo de datos, la paradoja de Jevons y la superexplotación laboral que revela a esta tecnología como una herramienta de acumulación entrópica y control de clase.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="466" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/coltan_in_thecongo1-700x466-1.jpeg" alt="" class="wp-image-4409" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/coltan_in_thecongo1-700x466-1.jpeg 700w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/coltan_in_thecongo1-700x466-1-300x200.jpeg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption class="wp-element-caption">Mina de coltán en Congo</figcaption></figure>
</div>


<span id="more-4408"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Centro Francisco Giacometto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la ideología tecnocrática contemporánea, la Inteligencia Artificial (IA) se nos presenta como una fuerza inmaterial, etérea y necesariamente progresista: una «nube» mágica que optimizará el mundo y nos liberará del trabajo. Sin embargo, desde una perspectiva de la ecología marxista, esta narrativa no es más que un velo de fetichismo tecnológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como argumenta John Bellamy Foster en su <a href="https://monthlyreview.org/articles/marxian-ecology-and-the-critique-of-ai-capital/%5D">análisis para la Monthly Review</a>, el auge del capital-IA no representa un nuevo sistema racional y tecnológicamente determinado al que sea inútil resistirse. Por el contrario, constituye un desplazamiento irracional del orden al caos en las relaciones sociales y ecológicas humanas a escala local, global y planetaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La IA, bajo las relaciones sociales de producción capitalistas, no es una herramienta de liberación, sino un acelerador de la entropía y la explotación. Para comprenderlo, debemos desmontar el mito de la desmaterialización digital.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La ficción de la «nube» y la realidad de la extracción</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El capitalismo financiero-monopolista actual nos vende la idea de que la economía digital es limpia e inmaterial. Nada más lejos de la realidad material. La infraestructura física de la IA es colosal y devoradora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como señala Foster, apoyándose en el trabajo de investigadoras como Kate Crawford, la demanda mineral de la IA está impulsando una nueva y brutal «brecha metabólica». Esta tecnología extrae minerales que tardaron miles de millones de años en formarse en la corteza terrestre en el «tiempo profundo», solo para fabricar chips que tendrán una vida útil de uno o dos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de cada consulta a un modelo de lenguaje o de cada generación de imagen sintética, existen gigantescos centros de datos, algunos del tamaño de varias manzanas de Manhattan o incluso de Washington D.C., que consumen energía y agua a ritmos sin precedentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lejos de ser una «nube», la IA es una industria extractivista de alta intensidad que profundiza la fractura entre la humanidad y la naturaleza, esa «brecha metabólica» que Karl Marx identificó como una característica intrínseca y destructiva del modo de producción capitalista.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La paradoja de Jevons y la acumulación sin límite</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un argumento recurrente de los defensores del «capitalismo verde» o del «tecno-optimismo» es que la IA hará los procesos más eficientes, reduciendo así el consumo energético global. La ecología marxista desmonta esta falacia mediante lo que podemos llamar la «dinámica de Jevons».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta paradoja postula que cualquier aumento en la eficiencia en el uso de energía y materiales no conduce a la conservación de recursos, sino a un aumento de la demanda total de los mismos. Las supuestas ganancias en eficiencia se reinvierten inmediatamente en la expansión de la producción y el consumo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el contexto de la IA, esto significa que los ahorros energéticos logrados por algoritmos más eficientes son inmediatamente anulados por la expansión masiva de su aplicación en todos los ámbitos de la vida, resultando en un aumento neto de las emisiones absolutas de carbono y del agotamiento de recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capital, impulsado por su mandato ineludible de «¡Acumular, acumular!», no acepta límites a su expansión, ni siquiera los impuestos por la biosfera y la vida misma.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Explotación laboral, vigilancia y control social</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La crítica de la ecología marxista a la IA no se limita a su impacto en la naturaleza no humana, sino que abarca la explotación de la naturaleza humana. El desarrollo de la tecnología de IA bajo el capitalismo de monopolio tiene como objetivos principales la explotación y la expansión del valor de cambio, exigiendo una mayor represión a escala local y global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, promete desplazar masivamente la fuerza de trabajo, no para liberar tiempo humano, sino para crear un ejército industrial de reserva más vasto y precarizado, debilitando el poder de negociación de la clase trabajadora y exacerbando la polarización de clase e imperial a nivel global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, depende de una cadena de suministro laboral oculta y superexplotada: millones de trabajadores en el Sur Global etiquetando datos, moderando contenidos traumáticos y entrenando algoritmos por salarios de miseria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la IA se despliega como una herramienta de vigilancia totalitaria de las poblaciones en sus actividades diarias más minuciosas, y como un potenciador de las operaciones militares y policiales mediante sistemas de armas autónomos o semiautónomos capaces de actuar más allá del control humano directo. La cognición humana y la conducta social se convierten en la nueva materia prima a extraer, mercantilizar y controlar.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Hacia una tecnología al servicio de la vida: el horizonte socialista</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Significa esto que debemos convertirnos en luditas y rechazar toda tecnología avanzada? Absolutamente no. El problema no reside en las nuevas fuerzas de producción digitales en sí mismas, sino en su combinación con las relaciones sociales de producción capitalistas, un sistema comprometido con la acumulación sin fin.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La resistencia, como bien sabemos los que militamos en la trinchera de la organización popular, es no solo posible, sino necesaria. La alternativa radica en arrancar el desarrollo tecnológico de las manos de la oligarquía financiera y las grandes corporaciones. Necesitamos una IA bajo control obrero y comunitario, orientada a la satisfacción de las necesidades humanas reales y a la regeneración ecológica, no a la maximización del beneficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imaginemos una inteligencia artificial diseñada para optimizar la distribución equitativa de recursos, para reducir drásticamente la jornada laboral sin reducir los salarios, para modelar soluciones de agricultura regenerativa y para democratizar el conocimiento. Eso no es ciencia ficción; es una posibilidad material que el capitalismo frena activamente porque amenaza su lógica de escasez artificial y dominio de clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lucha por un futuro habitable exige integrar la crítica ecológica y la crítica tecnológica en una sola lucha de clases. Como nos recuerda el análisis marxista, no hay salvación ecológica sin superación del capitalismo. La resistencia, la conciencia de clase y la organización popular son las únicas fuerzas capaces de cerrar la brecha metabólica, digital y social, construyendo un horizonte donde la tecnología sirva a la vida, y no al revés.</p>
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		<title>Giroux: el eufemismo liberal es complicidad con el fascismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 09:45:00 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Henry Giroux sostiene que términos como «autoritarismo competitivo» o «fascismo democrático» vacían de contenido al trumpismo y normalizan su violencia. Nombrar el fascismo, desmontar la maquinaria neoliberal que lo alimenta y organizar el poder colectivo es, advierte, condición para derrotarlo.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="680" height="453" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/09/portada-henry.jpg" alt="" class="wp-image-4386" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/09/portada-henry.jpg 680w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/09/portada-henry-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Daniel Torok</figcaption></figure>
</div>


<span id="more-4385"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Henry Giroux</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero ¿cómo puede alguien decir la verdad sobre el fascismo, a menos que esté dispuesto a pronunciarse en contra del capitalismo que lo genera?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>Bertolt Brecht, «Cinco dificultades para escribir la verdad»</em> (1935)</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su magnífica obra <strong><em><a href="https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=32388157575&amp;dest=ESP&amp;ref_=ps_ggl_17323291122&amp;cm_mmc=ggl-_-ES_Shopp_TradeNONISBNstd-_-product_id=bi%3A%2032388157575-_-keyword=&amp;gad_source=1&amp;gad_campaignid=17323291122&amp;gbraid=0AAAAAD3Y6gujcZPfNhupaI1PVUJ2qOBpq&amp;gclid=CjwKCAjw2aPVBhBkEiwA0Cptt7fEkc1OMyBmp5k9eqDPTrF2jQxQQwxCbP6KZwN9rmgmUtw4Mb8gHxoCJ_AQAvD_BwE">La era de los extremos</a></em></strong>, el difunto historiador Eric Hobsbawm advertía de que una de las características definitorias de finales del siglo XX era que los hombres y las mujeres vivían cada vez más en «una especie de presente permanente carente de una relación orgánica con el pasado público de la época en la que viven». Esa amnesia histórica conlleva un precio terrible. Cuando el pasado desaparece, perdemos no solo el lenguaje necesario para reconocer los peligros que ha legado al presente, sino también la capacidad de nombrar esos peligros cuando regresan bajo formas alteradas. La amnesia histórica se convierte así en una crisis del lenguaje: cuando perdemos las palabras que conectan el presente con el pasado, también perdemos el vocabulario político necesario para comprender lo que se está desarrollando ante nuestros ojos. Una crisis puede despertar la conciencia histórica, poner al descubierto las fuerzas que la han provocado y convertirse en un punto de encuentro para la resistencia. <strong><a href="https://rabble.ca/podcast/education-critical-pedagogy-and-the-future-of-learning-in-a-post-pandemic-world/">Pero cuando la crisis se convierte en catástrofe y el lenguaje con el que se nombran sus causas se vacía de significado histórico, la imaginación política comienza a derrumbarse</a></strong>. Lo que antes se podía cuestionar acaba pareciendo inevitable; lo que exigía resistencia se absorbe en los ritmos de la vida cotidiana. La catástrofe se convierte entonces en algo más que un acontecimiento. Se convierte en una pedagogía de la impotencia, que enseña a la gente a convivir con lo intolerable, a renunciar a su convicción de que el futuro puede ser diferente y a confundir la derrota política con el destino histórico. En ese momento, la normalización se convierte en una de las armas más poderosas del autoritarismo: la esperanza se ve despojada de su fuerza política precisamente cuando la resistencia resulta más necesaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en los que el lenguaje utilizado para describir una crisis política pasa a formar parte de la propia crisis. Estamos viviendo uno de ellos. El reciente intento de <strong><a href="https://jacobin.com/2026/05/democracy-fascism-trump-far-right">Carolin Amlinger y Oliver Nachtwey en <em>Jacobin</em></a></strong> de teorizar sobre el trumpismo bajo la rúbrica de «fascismo democrático» es sintomático de un fracaso intelectual más amplio: la compulsión por suavizar el lenguaje del fascismo precisamente cuando es necesario nombrarlo. El problema va mucho más allá de un solo artículo. El trumpismo se ha descrito como populismo, democracia iliberal, populismo autoritario, <strong><a href="https://www.politics.utoronto.ca/research-publications/faculty-publications/competitive-authoritarianism-hybrid-regimes-after-cold">autoritarismo competitivo</a></strong>, retroceso democrático y, ahora, fascismo democrático. Estas expresiones pueden reflejar elementos de la crisis actual, pero también pueden funcionar como eufemismos con los que domesticar una formación política cuyas características definitorias son cada vez más difíciles de negar. Cuando se vacía al lenguaje de sus implicaciones más inquietantes, se minimizan los mismos peligros que pretende nombrar. En el peor de los casos, convierte la crítica en un discurso de normalización.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.counterpunch.org/2026/06/12/competitive-authoritarianism-as-a-nice-way-for-academics-to-not-say-fascism/">Paul Street ha criticado acertadamente esta evasión retórica</a></strong>. Describe el «autoritarismo competitivo» —un término cada vez más utilizado para caracterizar a los Estados Unidos bajo el mandato de Trump— como una formulación académica exangüe que vacía al trumpismo de su contenido ideológico y político: racismo, xenofobia, patriarcado militante, ultranacionalismo, eliminación política, sectarismo, violencia, antiintelectualismo y destrucción de los límites constitucionales. Su argumento es crucial. Cuando un gobierno ataca a las universidades y a la prensa, convierte la aplicación de la ley de inmigración en un aparato coercitivo dotado de fondos masivos, trata a los oponentes políticos como enemigos internos, debilita las garantías procesales, construye una maquinaria tentacular de detención y desaparición, normaliza la violencia de Estado y organiza la vida política en torno a la venganza y la purificación racial, la cuestión ya no puede reducirse a si la competencia electoral sigue siendo justa. El discurso de la erosión procesal se convierte en una coartada para negarse a nombrar el proyecto político que se está gestando ante nuestros ojos.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Cuando las elecciones se convierten en una coartada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La expresión «fascismo democrático» reproduce este problema de una forma diferente. El fascismo no se vuelve democrático por el hecho de alcanzar el poder a través de las elecciones. Puede explotar las elecciones, los procedimientos constitucionales, los tribunales, las asambleas legislativas y la maquinaria de un Estado formalmente democrático, al tiempo que dirige esas instituciones contra la propia democracia. Confundir la vía hacia el poder con la naturaleza del poder que se ejerce es confundir la envoltura institucional de la democracia con su sustancia política y ética.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia debería haber zanjado esta cuestión hace mucho tiempo. Los movimientos fascistas han utilizado repetidamente las instituciones democráticas para adquirir legitimidad y poder antes de atacar las condiciones que hacen posible la democracia. <strong><a href="https://www.britannica.com/biography/Giorgia-Meloni">Giorgia Meloni no tomó Roma al frente de una columna armada. Se convirtió en primera ministra de Italia después de que su partido, Hermanos de Italia, saliera victorioso de las elecciones de 2022</a></strong> . Sin embargo, Hermanos de Italia tiene sus raíces históricas en el Movimiento Social Italiano, una formación neofascista de la posguerra. Aunque Meloni ha intentado presentarse como una conservadora convencional, los escándalos dentro de su partido han puesto de manifiesto en repetidas ocasiones saludos fascistas, consignas nazis, antisemitismo y nostalgia por el pasado fascista de Italia. Su elección no transformó por arte de magia esa historia en política democrática. Demostró algo mucho más inquietante: las elecciones pueden proporcionar a las formaciones políticas autoritarias y fascistas la legitimidad que necesitan para introducirse en el Estado, normalizar su discurso, debilitar las instituciones democráticas y redefinir gradualmente los límites de lo que es políticamente aceptable. La India de Modi, la Hungría de Viktor Orbán y, en un registro diferente, la Argentina de Javier Milei revelan variaciones de un mismo peligro más amplio: la política autoritaria no necesita abolir las elecciones para vaciar de contenido a la democracia. La legitimidad electoral puede convertirse en el vehículo a través del cual los movimientos autoritarios se introducen en el Estado y desmantelan la democracia desde dentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fetiche liberal de las elecciones hace algo más que disfrazar el fascismo de democracia; blanquea el poder autoritario a través de las urnas, convirtiendo la rendición política en virtud democrática y la mala fe en el lenguaje de la plenitud liberal. Este es el discurso de la purga y la desinfección políticas. Peor aún, despoja al fascismo de su sangre, su terror y sus cuerpos. La violencia que se oculta tras términos antisépticos como «autoritarismo competitivo» se hace visible en los agentes de inmigración enmascarados que detienen a personas en sus lugares de trabajo, hogares, parques y calles; <strong><a href="https://www.theguardian.com/us-news/2026/jan/21/ice-arrests-five-year-old-boy-minnesota">en niños de cinco años detenidos junto a sus padres al volver del colegio</a></strong>; en familias que viven aterrorizadas por las desapariciones; y en una maquinaria de detención y deportación cada vez más despojada de límites legales. &nbsp;<strong><a href="https://www.ap.org/news-highlights/best-of-the-week/first-winner/2026/as-the-pentagon-stays-quiet-ap-reconstructs-a-us-strike-that-killed-over-100-iranian-children/">El coste humano queda oculto cuando los misiles estadounidenses alcanzan una escuela primaria iraní y matan a más de cien niñas</a></strong>. <strong><a href="https://www.unicef.org/press-releases/unimaginable-horrors-more-50000-children-reportedly-killed-or-injured-gaza-strip">Queda oculto en Gaza, donde se ha informado de la muerte de al menos 21.700 niños palestinos y de decenas de miles más heridos</a></strong>, en medio de la destrucción de hogares, hospitales, escuelas y las condiciones necesarias para la propia vida. El coste humano también pasa desapercibido cuando se prevé que <strong><a href="https://www.cbo.gov/publication/61510?utm">los recortes en Medicaid dejen a 7,5 millones de estadounidenses más sin seguro médico para 2034</a></strong>, convirtiendo la enfermedad, la pobreza y la muerte prematura en partidas aceptables en un balance gubernamental desprovisto de humanidad y moralmente insustancial. También desaparece en el extraordinario espectáculo del poderío militar estadounidense utilizado para destruir embarcaciones sospechosas de traficar con drogas en el Caribe y el Pacífico, <strong><a href="https://www.hrw.org/news/2026/09/02/united-states-year-of-extrajudicial-killings-at-sea?utm">con al menos 230 personas asesinadas en 69 ataques hasta el 9 de septiembre de 2026</a></strong>, a menudo sin que el Gobierno demuestre públicamente que los condenados a muerte traficaban con drogas. En el caso más escalofriante, dos supervivientes de un primer ataque, que se aferraban a los restos del naufragio, murieron en un segundo ataque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de disputas abstractas sobre el adjetivo que se aplica a un sistema electoral. Se trata de cuerpos secuestrados, niños sepultados bajo los escombros, familias destrozadas, enfermos y pobres abandonados, y seres humanos asesinados sin juicio previo. Un vocabulario político que no logre hacer visible esta violencia no solo no consigue nombrar el fascismo, sino que borra sus consecuencias humanas, convirtiendo el terror en una abstracción y la crueldad en algo lo suficientemente cotidiano como para soportarlo. La cuestión no es si el fascismo contemporáneo viste el mismo uniforme que sus predecesores del siglo XX, sino cómo sus viejos odios, jerarquías raciales y desprecio por la democracia han encontrado nuevas instituciones, nuevos lenguajes y nuevas formas de violencia en el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.nybooks.com/online/2020/06/22/american-fascism-it-has-happened-here/">Sarah Churchwell comprendió el peligro con precisión</a></strong>. El fascismo estadounidense, argumentaba, sería «reconociblemente estadounidense, mientras que su fascismo sería reconocible como fascismo». Esta observación es crucial. El fascismo no necesita reproducir la Italia de Mussolini ni la Alemania de Hitler para heredar su lógica política. <strong><a href="https://orbooks.com/catalog/from-the-flag-to-the-cross/">La cuestión es qué aspecto tiene el fascismo cuando habla un lenguaje estadounidense, se envuelve en la bandera, invoca la libertad y el nacionalismo cristiano</a></strong>, moviliza la larga historia de violencia racial del país y adquiere poder a través de instituciones que posteriormente vuelve contra la propia democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reflexión de Churchwell también pone de manifiesto el peligro de considerar las elecciones como la línea divisoria entre la democracia y el fascismo. El mismo error persigue los debates sobre Trump. La cuestión relevante no es si los estadounidenses votaron por él. Lo hicieron. La cuestión es qué tipo de formaciones políticas y de clase han potenciado sus votos, qué fuerzas históricas y condiciones culturales han hecho posible esa formación, y qué ocurre con la democracia una vez que dicho movimiento controla todos los principales aparatos del Estado. Las elecciones nos dicen cómo se ha adquirido el poder; no nos dicen cómo se utilizará ese poder. Un gobierno no sigue siendo democrático simplemente porque haya llegado al poder a través de las urnas. La democracia también debe juzgarse por lo que ocurre después: si la disidencia está protegida o se criminaliza, si el Estado de derecho limita el poder o se convierte en su arma, si las minorías raciales y religiosas conservan sus derechos, si las universidades y la prensa siguen siendo independientes, si a los oponentes políticos se les trata como adversarios legítimos o como enemigos internos, y si la violencia estatal se refrena o se celebra. Las urnas pueden otorgar un cargo; no pueden otorgar inocencia democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio artículo de <strong><em><a href="https://jacobin.com/2026/05/democracy-fascism-trump-far-right">Jacobin</a></em></strong> demuestra sin quererlo lo inadecuada que es su formulación. Describe el despliegue por parte de Trump de más de dos mil agentes del ICE en Minneapolis y St. Paul, califica al ICE de fuerza policial autoritaria con un presupuesto enorme y llega incluso a describirlo como la «milicia política» de Trump. También reconoce el carácter espectacular de su violencia: la crueldad dirigida contra los migrantes se convierte, al mismo tiempo, en una advertencia a los manifestantes y en una demostración del poder del Estado. ¿Qué sentido tiene catalogar tales prácticas y luego atribuir el adjetivo «democrático» a la formación política que las genera? Esto va más allá de la confusión conceptual; es el lenguaje de la apología, un blanqueo retórico del fascismo que hace que lo intolerable parezca compatible con la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como han dejado claro de diferentes maneras <strong><a href="https://books.google.ca/books?id=3DdnAAAAMAAJ&amp;redir_esc=y">Primo Levi</a></strong>, <strong><a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/770207/hannah-arendt-the-origins-of-totalitarianism-expanded-edition-loa-389-by-hannah-arendt--jerome-kohn-and-thomas-wild-editors/">Hannah Arendt</a></strong>, <strong><a href="https://www.nybooks.com/articles/1995/06/22/ur-fascism/">Umberto Eco</a></strong>, <strong><a href="https://www.nybooks.com/online/2020/06/22/american-fascism-it-has-happened-here/">Sarah Churchwell</a></strong> y <strong><a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/586030/how-fascism-works-by-jason-stanley/">Jason Stanley</a></strong>, el problema va más allá de la terminología. El fascismo nunca ha tenido una única forma institucional. <strong><a href="https://www.bloomsbury.com/ca/fascism-on-trial-9781350421684/">Cambia su lenguaje, sus tecnologías, sus estilos culturales y sus modos de legitimación según las circunstancias históricas</a></strong>. El fascismo contemporáneo no necesita camisas pardas desfilando por todas las calles ni la abolición inmediata de las elecciones. Puede surgir a través de instituciones neoliberales, medios de comunicación controlados por multimillonarios, plataformas digitales, fronteras militarizadas, el nacionalismo cristiano, la supremacía blanca y un Estado de seguridad cuyas capacidades coercitivas los movimientos fascistas anteriores apenas habrían podido imaginar.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El fascismo neoliberal y el Estado punitivo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://lareviewofbooks.org/article/henry-a-giroux-and-the-culture-of-neoliberal-fascism/">Por eso el fascismo neoliberal es un marco más esclarecedor</a></strong>. El neoliberalismo no se limitó a desregular los mercados, privatizar los bienes públicos, destruir los sindicatos, transferir la riqueza hacia arriba y transformar la educación en un laboratorio de valores de mercado. Vació de contenido al Estado social al tiempo que ampliaba el Estado punitivo, reduciendo la ciudadanía al consumismo, la libertad a la elección de mercado, la responsabilidad social al fracaso individual y los problemas públicos a dificultades privadas. A su paso surgieron vastas zonas de abandono, junto con la soledad, la precariedad, la inseguridad, la ansiedad y la impotencia que las habitan.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.theguardian.com/world/2014/oct/14/-sp-western-model-broken-pankaj-mishra">A medida que el neoliberalismo ya no puede disimular sus fracasos</a></strong> tras promesas de prosperidad y movilidad social, su núcleo autoritario se hace cada vez más visible. El Estado de mercado no desaparece; se fusiona con el Estado punitivo. La violencia económica se une a la violencia política. La vigilancia se expande. El poder policial se intensifica. Los migrantes se convierten en prescindibles. El debido proceso se convierte en un inconveniente. La disidencia se presenta cada vez más como subversión. La supremacía blanca, el nacionalismo cristiano, el militarismo y el poder de los multimillonarios convergen en una formación política cada vez más dispuesta a prescindir de las restricciones democráticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 11 de septiembre de 2001 marcó un punto de inflexión crucial en esta transformación. El horror de los atentados se aprovechó para lanzar una «guerra contra el terrorismo» que amplió enormemente el Estado de seguridad nacional, al tiempo que otorgaba a la guerra permanente la legitimidad de una emergencia permanente. <strong><a href="https://tariqali1943.substack.com/p/empire-as-a-way-of-life?utm_source=post-email-title&amp;publication_id=9760952&amp;post_id=215134138&amp;utm_campaign=email-post-title&amp;isFreemail=true&amp;r=f0dw&amp;triedRedirect=true&amp;utm_medium=email">Como sostiene Tariq Ali veinticinco años después</a></strong>, el 11-S se convirtió en la licencia para un proyecto imperial que se extendía desde Afganistán e Iraq hasta Guantánamo, pasando por la detención sin juicio, la tortura, la vigilancia y la normalización de un poder ejecutivo libre de restricciones democráticas. Pero la «guerra contra el terrorismo» acabó por llegar a casa. La violencia del imperio migró hacia el interior, trayendo consigo el lenguaje de la emergencia permanente, la suspensión de derechos, la expansión de la vigilancia y la construcción de poblaciones enteras como amenazas que hay que gestionar, en lugar de como seres humanos que hay que proteger. Los musulmanes se convirtieron en objetos de sospecha, la disidencia se tildaba cada vez más de deslealtad y la distinción entre el campo de batalla y el territorio nacional se fue erosionando progresivamente. La «guerra contra el terrorismo» no solo provocó guerras catastróficas en el extranjero, sino que contribuyó a la creación de la maquinaria jurídica, institucional e ideológica de un gobierno de seguridad interna, un Estado fascista neoliberal que más tarde podría reorientarse contra migrantes, manifestantes, disidentes y otros enemigos internos designados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/09/10/trump-has-turned-post-911-security-state-inward-domestic-targets/">La expansión del ICE da forma institucional a esta transformación</a></strong>. La agencia ha experimentado una expansión masiva bajo el mandato de Trump; una reciente denuncia de un denunciante sobre el aumento de contrataciones describía una rebaja sin precedentes de los estándares al reclutarse a miles de nuevos agentes. La cuestión no es simplemente que la política de inmigración se haya endurecido. La transformación más profunda radica en la normalización de una cultura política en la que los agentes enmascarados, las redadas, la detención, la deportación, la intimidación y la violencia estatal espectacularizada se convierten en instrumentos aceptables de gobernanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la economía política por sí sola no puede explicar el fascismo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El terrorismo pedagógico y la educación del deseo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://socialistproject.ca/2025/09/pedagogies-of-repression/">El fascismo también debe entenderse como un proyecto pedagógico</a></strong>. No se limita a apoderarse de las instituciones; produce sujetos. La gente tiene que aprender a convertirse en fascista. Tiene que aprender a quién odiar, a quién temer, qué vidas importan, qué sufrimiento puede ignorarse y por qué la crueldad debe vivirse como una fortaleza y no como una barbarie. Aprenden, en otras palabras, a convertirse en sujetos fascistas, supremacistas blancos y enemigos de la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.socialeurope.eu/fascism-does-not-begin-with-murder-but-with-the-pleasure-of-imagining-it">Aquí es donde resulta indispensable la reciente intervención de Robert Misik</a></strong>. Basándose en Leo Löwenthal, Adorno, Freud y la tradición de la Escuela de Fráncfort, Misik nos recuerda que la agitación fascista da la vuelta, en la práctica, al psicoanálisis. En lugar de abordar el miedo, el trauma, la soledad, la frustración y el daño psíquico, la política autoritaria los intensifica. Alimenta la ira y la amargura, genera paranoia y presenta al líder autoritario como el salvador capaz de recuperar el mundo que supuestamente les han robado los inmigrantes, las minorías raciales, las feministas, los intelectuales, los disidentes y otros enemigos fabricados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es el terreno del terrorismo pedagógico. La política fascista educa el deseo. A través de la repetición implacable, las amenazas inventadas, las teorías de la conspiración, las fantasías raciales, los estereotipos del enemigo, las humillaciones públicas y los rituales de indignación colectiva, las personas aprenden a imaginarse a sí mismas como miembros de una comunidad asediada. A las ansiedades privadas se les asignan enemigos públicos. La soledad se transforma en la solidaridad falsa de la tribu, la impotencia se redirige hacia la agresión y el resentimiento se eleva a la categoría de virtud moral. <strong><a href="https://www.socialeurope.eu/fascism-does-not-begin-with-murder-but-with-the-pleasure-of-imagining-it">Como señala Misik</a></strong>, la venganza en sí misma se convierte en un programa político. Una cultura de la crueldad se alimenta de esta furia afectiva, ofreciendo a quienes están consumidos por el agravio los placeres embriagadores de la pertenencia, la hostilidad y la venganza. La humillación se devuelve mediante la humillación de los demás; el miedo se convierte en odio; y el deseo de reconocimiento se redirige hacia la euforia de la dominación. El fascismo prospera gracias a esta economía emocional. No se limita a movilizar la ira; le da un objetivo, convierte la crueldad en una fuente de gratificación y transforma la sed de venganza y violencia en la moneda emocional de la pertenencia política. Lo que hace que esta maquinaria sea tan poderosa es que se alimenta precisamente de la soledad, la inseguridad, el abandono y el miedo que genera el capitalismo mafioso, convirtiendo las heridas de un orden social quebrantado en el combustible emocional de la política fascista.<strong><a href="https://www.socialeurope.eu/fascism-does-not-begin-with-murder-but-with-the-pleasure-of-imagining-it"></a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.socialeurope.eu/fascism-does-not-begin-with-murder-but-with-the-pleasure-of-imagining-it">Misik llama la atención</a></strong> sobre algo que los análisis convencionales del fascismo suelen pasar por alto: la aparición de una plaga emocional en la que el resentimiento, la humillación, el miedo y el ansia de venganza se vuelven contagiosos. Estos sentimientos circulan a través de las redes sociales, la televisión de derechas, los podcasts, las concentraciones, las iglesias, las comunidades <em>online</em> y, cada vez más, las instituciones del Estado. La cuestión no es simplemente que las personas se encuentren con ideas fascistas. Estas ideas habitan en aparatos culturales que les enseñan cómo sentir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cultura de la crueldad es donde esta plaga emocional adquiere forma pública. La crueldad no es un desafortunado exceso del fascismo contemporáneo; es una de sus prácticas pedagógicas fundamentales. Se humilla públicamente a los migrantes. Se burlan de los vulnerables. Se degrada a las mujeres. Se presenta a los manifestantes como enemigos. La violencia se celebra como una muestra de fuerza. La política se convierte en una extensión de la guerra. Las violaciones de las normas políticas y morales por parte del líder se convierten en fuentes de placer precisamente porque sus seguidores experimentan cada transgresión como su propia liberación de las obligaciones de la democracia, la empatía y la responsabilidad mutua.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.socialeurope.eu/fascism-does-not-begin-with-murder-but-with-the-pleasure-of-imagining-it">La reflexión más escalofriante de Misik</a></strong> es que la violencia fascista echa raíces mucho antes de que empiecen las matanzas. Primero se apodera de la imaginación. La gente aprende a reírse de la crueldad, luego a admirarla como algo auténtico y, finalmente, a deleitarse emocionalmente en el placer que genera. Ese mismo placer se asocia a la cultura de la mentira de Trump. Sus seguidores no siempre tienen que creerse la mentira para disfrutarla; pueden reconocer su falsedad y, aun así, deleitarse con la transgresión, al ver cómo se burlan de la verdad misma y se humilla a quienes insisten en ella. La mentira se convierte en una demostración de poder, una prueba de que su líder puede violar las normas más elementales de la verdad y la responsabilidad y regodearse en salirse con la suya. Hay una emoción en la propia violación, un placer compartido al traspasar los límites, romper el tabú y obligar a otros a presenciar el espectáculo. La crueldad y la mentira comienzan a alimentarse mutuamente: la humillación se convierte en entretenimiento, el engaño en desafío y la transgresión en prueba de autenticidad. Lo que se está cultivando no es simplemente la incredulidad en la verdad, sino el placer en su destrucción. En ese momento, la distancia entre imaginar la violencia, disfrutar de su espectáculo y respaldarla como justicia desaparece progresivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es el terreno que los eufemismos liberales no logran comprender. El «autoritarismo competitivo» describe la erosión de las instituciones electorales; el «retroceso democrático» refleja el debilitamiento de las normas democráticas; y el «fascismo democrático» reconoce que los fascistas pueden ganar elecciones. Lo que estos tres conceptos no abordan adecuadamente es la transformación de la cultura y la subjetividad a través de la cual millones de personas aprenden a experimentar la dominación como libertad, el odio racial como patriotismo, la ignorancia como autenticidad y la crueldad como justicia. La cuestión a la que nos enfrentamos, pues, no es simplemente si siguen celebrándose elecciones. Es mucho más inquietante: ¿qué tipo de seres humanos se están forjando en el interior de la cáscara vacía de la democracia?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones pueden sobrevivir mientras se destruye la cultura democrática; las asambleas legislativas pueden permanecer mientras se vacía su poder; los tribunales pueden persistir mientras se ataca a los jueces que se niegan a obedecer políticamente; y aún se puede proclamar la libertad mientras las universidades, los periodistas, los migrantes, los manifestantes y las minorías raciales son objeto de intimidación y represión. Las instituciones permanecen, pero su esencia democrática se vacía a medida que se pliegan cada vez más a las exigencias del poder autoritario. La Italia de Meloni ofrece una versión de este proceso; el trumpismo ofrece otra. El fascismo no se repite de forma mecánica. Aprende. Se adapta. Cambia de apariencia, se apropia del lenguaje de la democracia y se infiltra en las instituciones que pretende destruir. Lo que permanece constante es su odio hacia la igualdad, la disidencia, la interdependencia humana y la propia democracia. Esto es precisamente lo que hace que el fascismo contemporáneo sea tan peligroso: no siempre anuncia su llegada aboliendo las instituciones democráticas; puede apoderarse de ellas, habitar en ellas y volver su autoridad contra la misma vida democrática que se creó para proteger.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Más allá de las barreras liberales</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La fe liberal en las barreras democráticas confunde la arquitectura de la democracia con la democracia misma. <strong><a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/562246/how-democracies-die-by-steven-levitsky-and-daniel-ziblatt/">Steven Levitsky y Daniel Ziblatt</a></strong> admiten en <em>How Democracies Die</em> que las instituciones por sí solas no pueden frenar a los autócratas elegidos, pero la metáfora de las barreras sigue ligada a la creencia tranquilizadora de que los tribunales, las elecciones, las constituciones y las asambleas legislativas poseen una fuerza democrática inherente capaz de contener el poder autoritario. <strong><a href="https://www.abebooks.com/book-search/publisher/capricorn-books-edition-0/">John Dewey puso de manifiesto el peligro de esta suposición</a></strong> hace casi noventa años. En su obra <strong><em><a href="https://www.lecturalia.com/libro/53194/libertad-y-cultura">Libertad y cultura</a></em></strong>, escrita mientras el fascismo se extendía por Europa, advirtió contra la creencia de que las condiciones democráticas se mantienen de alguna manera por sí solas o de que la democracia puede reducirse a prescripciones constitucionales. Tal fe, argumentó, puede en realidad ocultar el surgimiento de fuerzas hostiles a la libertad democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La advertencia de Dewey va al meollo de la crisis actual. Como ha argumentado <strong><a href="https://www.amazon.es/stores/author/B001JRTLY4">Melvin Rogers</a></strong> al retomar el pensamiento de Dewey, los controles y contrapesos no tienen agencia propia; las instituciones democráticas son tan fuertes como los hábitos, las disposiciones y las formas de vida colectiva que les dan sustancia. La democracia, en este sentido, no es meramente un ordenamiento institucional, sino una cultura y una práctica que hay que aprender, vivir, defender y renovar continuamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia no es una estructura que sobreviva simplemente porque su envoltura institucional se mantenga en pie. Su esencia depende de las condiciones sociales que hacen posible la acción democrática: seguridad económica, educación, igualdad, instituciones públicas, participación política y una cultura en la que las personas posean tanto la capacidad como el poder para gobernar su vida en común. Si se eliminan esas condiciones, las instituciones democráticas pueden permanecer formalmente intactas mientras se vacían desde dentro. Las elecciones continúan, los tribunales permanecen abiertos, las asambleas legislativas se reúnen y las constituciones se invocan ceremoniosamente, incluso cuando la riqueza concentrada compra el poder político, los oligarcas multimillonarios dominan la vida pública, la supremacía blanca y el nacionalismo cristiano ganan fuerza institucional, y el Estado punitivo amplía su maquinaria de vigilancia, detención y violencia. La advertencia de Dewey debe, por lo tanto, ir más allá del propio institucionalismo liberal. La crisis no puede resolverse corrigiendo los excesos del capitalismo sin tocar sus relaciones de poder fundamentales. Un orden social organizado en torno a la concentración de la riqueza, la privatización de la vida pública, la mercantilización de las necesidades humanas y la conversión del poder económico en poder político erosiona continuamente las condiciones que requiere una democracia sustantiva. La cuestión ya no es cómo salvar la democracia de los excesos del capitalismo, sino cómo liberarla del yugo del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa razón, cualquier lucha contra el fascismo que se niegue a enfrentarse al capitalismo como una de sus condiciones propicias corre el riesgo de tratar los síntomas mientras se preserva la maquinaria que reproduce la enfermedad. <strong><a href="https://searchworks.stanford.edu/view/9390049">Dewey comprendió lo que estaba en juego en este fracaso hace casi un siglo. En 1935, argumentó que, si el radicalismo significa reconocer la necesidad de un cambio radical, entonces un liberalismo que no sea también radical es «irrelevante y está condenado al fracaso»</a></strong>. Su advertencia se aplica directamente al presente: la tarea no consiste en restaurar el orden político que produjo esta catástrofe, sino en transformar las condiciones que la hicieron posible. La democracia no se salvará restableciendo las barreras de seguridad de ayer ni volviendo a una versión supuestamente más humana del capitalismo. Requiere una política de masas capaz de romper el poder concentrado del capital, democratizar la riqueza y la toma de decisiones económicas, reconstruir las instituciones públicas necesarias para una vida en común y crear nuevas formas de propiedad colectiva, igualdad social y control democrático sobre las instituciones que configuran la existencia cotidiana. Lo que se necesita, en otras palabras, es un socialismo democrático en el que la democracia vaya más allá de las urnas y se extienda a los lugares de trabajo, las escuelas, los medios de comunicación, la economía y otras instituciones clave en las que se ejerce el poder y se determinan las condiciones de la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fracaso del institucionalismo liberal es inseparable del fracaso del lenguaje político. La obsesión liberal por encontrar un vocabulario más cómodo para esta transformación tiene, en sí misma, consecuencias políticas. El eufemismo se convierte en complicidad cuando hace que el fascismo sea más fácil de tolerar. Si el fascismo debe superar primero alguna prueba histórica imaginaria antes de que se nos permita llamarlo fascismo, solo lo reconoceremos cuando ese reconocimiento se haya vuelto políticamente inútil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fascismo no deja de ser fascismo porque la gente haya votado a favor de él. La democracia puede proporcionar la puerta por la que entra el fascismo. El neoliberalismo crea las condiciones que lo alimentan. El terrorismo pedagógico proporciona la maquinaria mediante la cual la gente aprende a desearlo. Y la cultura de la crueldad aporta la carga emocional que hace que la dominación se sienta como una liberación y que la pertenencia tribal salvaje se disfrace de comunidad. Lo que se necesita ahora es un lenguaje forjado en la resistencia, capaz de nombrar el fascismo real y existente, de desenmascarar las fuerzas que lo generan y de convertir la indignación en lucha organizada. Ese lenguaje debe recuperar la memoria histórica, hacer visible el poder, vincular el sufrimiento individual con sus causas sistémicas y crear las condiciones para que las personas se reconozcan no en los odios fabricados por la política fascista, sino en las luchas de masas organizadas contra la explotación, la violencia racial, la precariedad y el régimen autoritario. La lucha por el lenguaje es, por lo tanto, inseparable de la lucha por el poder: debemos nombrar el fascismo para combatirlo, desenmascarar la maquinaria que lo genera para desmantelarla y construir el poder colectivo necesario para derrotar al mundo que lo hace posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Henry A. Giroux ocupa actualmente la cátedra de Estudios de Interés Público de la Universidad McMaster en el Departamento de Estudios Ingleses y Culturales y es Paulo Freire Distinguished Scholar in Critical Pedagogy. Sus libros más recientes son: <em>The Terror of the Unforeseen</em> (Los Angeles Review of Books, 2019), <em>On Critical Pedagogy</em>, 2ª edición (Bloomsbury, 2020); <em>Race, Politics, and Pandemic Pedagogy: Education in a Time of Crisis</em> (Bloomsbury 2021); <em>Pedagogy of Resistance: Against Manufactured Ignorance</em> (Bloomsbury 2022) e <em>Insurrections: Education in the Age of Counter-Revolutionary Politics</em> (Bloomsbury, 2023), y, en coautoría con Anthony DiMaggio, <em>Fascism on Trial: Education and the Possibility of Democracy</em> (Bloomsbury, 2025). Giroux es también miembro de la junta directiva de <em>Truthout</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://vocesdelmundoes.com/2026/09/16/el-lenguaje-de-la-complicidad-cuando-el-liberalismo-no-puede-nombrar-al-fascismo/"><strong>Voces del Mundo</strong></a> </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Artículo original: <strong><a href="https://www.counterpunch.org/2026/09/15/the-language-of-complicity-when-liberalism-cannot-name-fascism/">CounterPunch.org</a></strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Traducido del inglés por Sinfo Fernández</em></p>
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		<title>Contra el «pantano»: la ruptura de Lenin con el oportunismo</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Aug 2026 12:43:00 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La génesis del panfleto sobre el imperialismo: cómo la lectura de Hegel, el estudio de 148 obras y el diálogo con el liberal Hobson llevaron a Lenin a romper con el oportunismo y a definir el método del análisis concreto.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="696" height="464" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/lenin-3713769_1920-696x464-1.jpg" alt="" class="wp-image-4399" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/lenin-3713769_1920-696x464-1.jpg 696w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/lenin-3713769_1920-696x464-1-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 696px) 100vw, 696px" /></figure>



<span id="more-4398"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Paul Oswald</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En julio de 1916, hace 110 años, Lenin envió el manuscrito de su panfleto sobre el imperialismo a la editorial Parus de Petrogrado. No fue hasta después de la Revolución de Febrero, en abril de 1917, que se publicó el innovador estudio de Lenin sobre el imperialismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el seno del movimiento obrero revolucionario, se había librado durante más de una década una acalorada controversia en torno al análisis político y económico de la nueva era, a la que Lenin denominaría revolucionaria. Las consecuencias prácticas de este debate ideológico se hicieron evidentes, a más tardar, con el colapso de la Segunda Internacional, el establecimiento de la tregua política y la integración de la socialdemocracia en la guerra mundial imperialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con su estudio sobre el imperialismo, Lenin proporcionó al movimiento obrero las herramientas ideológicas decisivas para su lucha. Su análisis justificó la necesidad de una ruptura con la socialdemocracia, basándose en la evolución del propio capitalismo, convirtiéndose así en un fundamento teórico fundamental para la Revolución de Octubre y la formación de la Tercera Internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso después de más de cien años, el análisis de Lenin sigue siendo uno de los escritos más controvertidos del comunismo científico. Esto no es de extrañar. Como en «¿Qué hacer?» (1902), «El Estado y la Revolución» (1917) y otras obras, Lenin vincula directamente el análisis teórico con las condiciones concretas de la lucha obrera: con la identificación de sus adversarios y aliados, sus tareas y las condiciones de la política revolucionaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es precisamente por esta razón que el debate en torno a Lenin es siempre también un debate sobre conclusiones políticas. Para los oportunistas, es de vital importancia distorsionar este análisis concreto y, al hacerlo, desorientar al movimiento obrero en su lucha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El renovado debate sobre el imperialismo, al menos desde el estallido de la guerra en Ucrania, ha fomentado una tendencia a la simplificación y al dogmatismo. Citas aisladas, sacadas de contexto y extraídas de obras sobre el imperialismo, se utilizan rápidamente para confundir a quienes se oponen al oportunismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este catecismo ampliamente difundido y sus célebres predicadores, que advierten contra cualquier cuestionamiento de sus sagrados preceptos, han dado como resultado una situación en la que hoy no vemos ni un estudio sistemático de la obra de Lenin ni un intento serio de aplicar sus experiencias al presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin consideraba que romper con el catecismo «comunista» era una de las tareas políticas centrales de su tiempo. Incluso hoy, sigue siendo una tarea crucial, y lo seguirá siendo mientras existan las clases sociales y la lucha de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Respecto al catecismo de Lenin sobre el imperialismo, un primer paso importante es preguntarse por qué Lenin emprendió este estudio; aquí es donde entra en juego el siguiente artículo. En segundo lugar, se podría ampliar la perspectiva para considerar el estado de los debates dentro del movimiento obrero en aquel momento, con el fin de examinar con precisión en qué consistía el razonamiento de Lenin y cómo debía —o no debía— entenderse en el contexto de su lucha concreta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, esta reapropiación del análisis leninista del imperialismo no puede ser tarea de individuos aislados, sino que sigue siendo una misión colectiva del movimiento comunista.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Una misión política</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1915, Maxim Gorki, en colaboración con el editor Alexander Trikhonov e Ivan Ladyshnikov, fundó la editorial Parus (La Vela). Gorki retomó una idea de 1911 y propuso una serie titulada «Europa antes y durante la guerra», concebida como una crítica al capitalismo. Esta serie de publicaciones pretendía esclarecer la Primera Guerra Mundial y sus causas subyacentes desde la perspectiva de diferentes países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo encargado a Lenin para esta serie le brindó, políticamente, la oportunidad de presentar sus reflexiones teóricas sobre el imperialismo a la clase obrera rusa por primera vez de forma legal y exhaustiva. La serie de publicaciones de Gorki se estancó. Aparte del trabajo de Lenin sobre el imperialismo, Parus solo publicó dentro de esta serie los estudios de Pavlovich sobre Asia y el de Cheraskov sobre Inglaterra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En enero de 1916, Lenin comenzó a escribir el panfleto. A partir de abril de 1916, la presión del editor para que lo terminara fue cada vez mayor. En mayo y junio de 1916, Lenin se centró exclusivamente en finalizar la obra, lo cual logró en junio de 1916, aunque no con la extensión acordada. Un año después de la entrega del manuscrito, en agosto de 1917, el panfleto de Lenin se publicó en quince mil ejemplares, que se agotaron rápidamente<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-1' id='fnref-4398-1' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>1</a></sup>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Lenin lee a Hegel</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Lenin dedicó su extensa investigación al imperialismo y al desarrollo de una orientación estratégica, estudiando la filosofía clásica alemana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre septiembre de 1914 y mayo de 1915, estudió, entre otras obras, la «Exposición, desarrollo y crítica de la filosofía de Leibniz» de Ludwig Feuerbach, la «Ciencia de la lógica» de Hegel (teniendo en cuenta la «Lógica» en la «Enciclopedia» de Hegel), sus «Lecciones sobre la historia de la filosofía» y sus «Lecciones sobre la filosofía de la historia universal».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Complementó este estudio con una amplia bibliografía secundaria. Los profundos estudios de Lenin dieron como resultado multitud de extractos y notas anotadas, publicados bajo el título de «Cuadernos filosóficos» en el volumen 38 de sus Obras Completas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin, que entonces tenía 44 años, completó un extenso programa de filosofía a lo largo de tres semestres. Para Lenin, existía una clara relación entre el arsenal teórico de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional y su traición durante la Primera Guerra Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habían abandonado los fundamentos científicos de la teoría marxista. El objetivo de Lenin era reafirmar estos fundamentos científicos para devolver a la teoría marxista su papel como instrumento político en la lucha de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lectura intensiva de Hegel por parte de Lenin estuvo precedida por la lectura de Marx. En septiembre de 1913, se publicó una selección en cuatro volúmenes de la correspondencia entre Marx y Engels. Lenin leyó estos volúmenes en poco tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una cuarta parte de sus notas sobre esta correspondencia trataba sobre filosofía y dialéctica, centrándose en la «lógica» hegeliana y el análisis de Marx en <em>El Capital</em>. Al contrastar estas cartas con la interpretación revisionista de Bernstein, Lenin descubrió la importancia de Hegel para la teoría marxista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las metáforas ambiguas del epílogo de la segunda edición de «El Capital», así como el discurso de Engels sobre el materialismo «invertido» de Hegel, llevaron inicialmente a Lenin, en su lectura de Hegel, a aplicar un principio de «Cenicienta»: se eliminaban los pasajes «malos» y se anotaban los «buenos». A medida que avanzaba en su lectura, Lenin sustituyó este método por la reconstrucción y la apropiación críticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuanto más profundizaba Lenin en la «lógica subjetiva» de Hegel, más voluminosos se volvían sus extractos y anotaciones. Más de la mitad de las notas de Lenin se refieren a la «doctrina del concepto», y casi dos tercios de estas se relacionan con la sección sobre la Idea. Lenin identificó el capítulo sobre la Idea absoluta como el verdadero «corazón» de la «Ciencia de la Lógica»<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-2' id='fnref-4398-2' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>2</a></sup>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Contra el «pantano»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado de la lectura que Lenin hizo de Hegel fue la formulación de puntos clave que, según él, eran esenciales para el uso del método dialéctico. Estos puntos se encuentran en las notas y comentarios de Lenin sobre la «Ciencia de la lógica», en los 16 «Elementos de dialéctica» que escribió en relación con la exposición hegeliana de la idea absoluta como método absoluto<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-3' id='fnref-4398-3' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>3</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se encuentran en el fragmento «Sobre la cuestión de la dialéctica», en el que Lenin intentó sintetizar sus conclusiones<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-4' id='fnref-4398-4' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>4</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La relación entre el estudio de la dialéctica por parte de Lenin y el desarrollo de su análisis del imperialismo queda atestiguada, por un lado, por la coincidencia temporal y, por otro, por una serie de notas filosóficas que aparecen en los «Cuadernos sobre el imperialismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La importancia de esta reflexión metodológica también se evidencia en el hecho de que todos los autores, tanto marxistas como no marxistas, basaron su trabajo en los mismos datos fácticos para explicar el imperialismo, pero llegaron a definiciones completamente diferentes. Lenin había definido el método del análisis concreto como una unión entre totalidad y desarrollo<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-5' id='fnref-4398-5' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>5</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los «Cuadernos sobre el imperialismo» de Lenin, se encuentra un «Borrador de artículo sobre la lucha contra el ‘pantano’ (Notas sobre el kautskismo)». En él se lee: «Eclecticismo en lugar de dialéctica. ‘Tiempo medio’: ‘conciliación’ de los extremos, ausencia de una conclusión clara, precisa e inequívoca, vacilaciones. Conciliación y atenuación de las contradicciones de clase en los discursos, cuando en realidad se exacerban»<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-6' id='fnref-4398-6' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>6</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí, Lenin caracteriza el kautskismo, una de las corrientes oportunistas más importantes de la época dentro de la socialdemocracia, desde un punto de vista metodológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquella época, las ambigüedades metodológicas eran generalizadas, como el austromarxismo, que pretendía establecer un «marxismo sin Hegel». Georgi Plejánov, quien se convirtió en la autoridad filosófica entre los comunistas tras la muerte de Engels, hizo especial hincapié en la continuidad de la tradición materialista dentro del marxismo, pero trató a Hegel solo marginalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Karl Kautsky escribió que la filosofía nunca había sido su fuerte y que, aunque se adhería al materialismo dialéctico, creía que «la perspectiva económica e histórica de Marx y Engels es, si fuera necesario, compatible también con el neokantismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Engels ya había señalado que, «para ser francos, […] no era asunto ni de Kautsky ni de Bernstein» seguir el camino de Hegel. El propio Bernstein fue mucho más allá que Kautsky y calificó el hegelianismo de algo negativo, justificándolo con el hecho de que Hegel fue responsable del aspecto revolucionario del marxismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1899, en su obra «Los precondiciones del socialismo y las tareas de la socialdemocracia», Bernstein advirtió contra las «contorsiones lógicas del hegelianismo», que conducían «al atolladero». También afirmó que lo que «Marx y Engels lograron de gran valor, […] lo lograron no gracias a la dialéctica hegeliana, sino a pesar de ella». El libro de Bernstein incluso impulsó a Kautsky a defender el hegelianismo, aunque de forma simplificada<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-7' id='fnref-4398-7' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>7</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mayo de 1920 se publicó el libro de Bujarin, «Economía en el período de transición». Lenin escribió una crítica de la obra de Bujarin y resumió sus críticas a sus fundamentos filosóficos en la conclusión. Lenin reprochó a Bujarin su eclecticismo, pues había mezclado el materialismo dialéctico con la sociología organizativa de Bogdanov.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin consideró que esta era la razón por la que Bujarin caía con tanta frecuencia en un escolasticismo conceptual contrario al materialismo dialéctico<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-8' id='fnref-4398-8' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>8</a></sup>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La base empírica</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los «Cuadernos sobre el imperialismo», recopilados en las Obras Completas de Lenin, reúnen toda su investigación sobre el imperialismo. Estos 21 cuadernos ilustran claramente la amplitud de la investigación que Lenin emprendió para preparar su panfleto. Con aproximadamente 800 páginas impresas, sus estudios sobre el imperialismo son comparables en alcance a su investigación filosófica anterior, más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin estudió la literatura burguesa y marxista existente sobre el imperialismo. Sus cuadernos contienen extractos y estadísticas de 148 libros, panfletos, tesis y compilaciones estadísticas, así como 232 artículos de 49 revistas y periódicos. Lenin leyó solo dos de estas obras en traducción rusa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De estos libros, 106 estaban en alemán, 23 en francés y 17 en inglés<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-9' id='fnref-4398-9' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>9</a></sup>. Por lo tanto, podemos afirmar que, tras su exhaustivo trabajo metodológico, Lenin se había puesto al día con el estado actual de la investigación científica sobre el imperialismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1915, Lenin comenzó en Berna los trabajos preparatorios inmediatos para su panfleto. Cuando Lenin inició el trabajo propiamente dicho sobre el imperialismo a mediados de enero de 1916, la mayoría de los 21 «cuadernos sobre el imperialismo» ya estaban completos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dado que el material a su disposición en ese momento aún era insuficiente, en 1916 comenzó a compilar un nuevo cuaderno y a complementar tres ya existentes. Los cuadernos Alfa, Beta, Gamma y Theta se utilizaron con especial intensidad en la preparación del manuscrito y constituyen la fuente primaria del estudio de Lenin<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-10' id='fnref-4398-10' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>10</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Cuaderno Beta (β), cuyas últimas notas fueron escritas en Zúrich a principios de 1916, es el más extenso de los cuadernos de Lenin; de este cuaderno extrajo la mayoría de las citas para su panfleto. Contiene extractos y referencias bibliográficas de 131 obras, principalmente sobre el tema de los bancos. En su obra sobre el imperialismo, Lenin cita 26 obras de las que tomó notas de este cuaderno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Cuaderno Gamma (γ) puede fecharse entre septiembre de 1915 y abril de 1916. Contiene referencias y extractos de 196 títulos que abarcan una amplia gama de temas: finanzas francesas, política colonial, estudios específicos sobre el imperialismo estadounidense, alemán, británico y francés, así como sobre la cuestión militar y la guerra. De los títulos analizados en el Cuaderno Gamma, once se citan en la obra sobre el imperialismo<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-11' id='fnref-4398-11' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>11</a></sup>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Un aliado inesperado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El compendio más completo de los «Cuadernos sobre el imperialismo» lo constituyen, con diferencia, las notas de Lenin sobre el libro «El imperialismo», publicado en 1902 por John A. Hobson, un liberal de izquierdas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">John A. Hobson, corresponsal de guerra del Manchester Guardian, cubrió la sangrienta Guerra de los Bóers entre 1899 y 1902. Hobson deseaba fundamentar su crítica de este conflicto en bases teóricas. Buscaba ajustar cuentas con el imperialismo de una manera radical<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-12' id='fnref-4398-12' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>12</a></sup>. Fue en marzo de 1915 cuando se escribió el Cuaderno Chi, en el que Lenin redactó su resumen de «El imperialismo» de Hobson.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin admiraba a este reformador social inglés desde hacía muchos años. Ya en 1898, Lenin había escrito una crítica de la traducción rusa de la obra de Hobson «La evolución del capitalismo moderno» (Londres, 1894). Posteriormente, Lenin se propuso traducir la obra principal de Hobson. Lenin estaba particularmente interesado en el «parasitismo del imperialismo» que Hobson destacaba en sus diversas formas<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-13' id='fnref-4398-13' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>13</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basándose en datos concretos, Hobson presenta la política colonial, en esencia, como una política de explotación de la mayoría de la población por parte de un pequeño grupo de grandes capitalistas. Al apropiarse de las enormes ganancias coloniales, la burguesía se transforma en una clase parasitaria. Surge una clase de rentistas que ostentan títulos coloniales, y las grandes potencias imperialistas se convierten en estados rentistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De este modo, Hobson analizó con precisión el parasitismo y la corrupción de las relaciones de producción capitalistas ya en 1902<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-14' id='fnref-4398-14' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>14</a></sup>, adelantándose a muchos socialdemócratas como Kautsky o Hilferding, como Lenin subraya repetidamente en su panfleto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El «Imperialismo» de Hobson, junto con la correspondencia entre Marx y Engels, proporcionó a Lenin las claves decisivas a partir de las cuales dedujo científicamente el surgimiento de la aristocracia obrera —una capa de la clase trabajadora que también se beneficia de la política colonial parasitaria— como fundamento del oportunismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De este modo, obtuvo la clave para caracterizar el imperialismo como la cáscara del capitalismo, que inevitablemente se deteriora si su eliminación se retrasa artificialmente y que, según Lenin, puede permanecer en este estado de deterioro durante mucho tiempo «si, en el peor de los casos, se retrasara la curación de la úlcera oportunista», pero que inevitablemente será eliminada<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-15' id='fnref-4398-15' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>15</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hobson se convirtió en una de las fuentes más importantes de Lenin en su lucha contra Kautsky y el kautskismo. Respecto a la falacia económica de la definición de imperialismo de Kautsky, Lenin escribió que la característica distintiva del imperialismo no radicaba en la dominación del capital industrial, sino en la del capital financiero, que anexionaba no solo países agrícolas, sino cualquier país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kautsky separó el monopolio político del monopolio económico para allanar el camino al reformismo burgués más burdo, como el «desarme», el «ultraimperialismo», etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin afirma que la hipocresía de Kautsky reside en su silencio respecto al monopolio colonial inglés, a pesar de que Engels ya había llamado la atención sobre este mismo monopolio más de 34 años antes. Pues, si bien el monopolio industrial inglés puede ser destruido, el monopolio colonial, según Lenin, no solo persiste, sino que se ha fortalecido, puesto que el mundo entero ya está dividido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con este silencio, Kautsky introduce subrepticiamente la idea burguesa y pacifista de que «no hay nada por lo que valga la pena luchar». Todo lo contrario, pues los capitalistas deben luchar, ya que sin una redistribución violenta de las colonias, «los nuevos países imperialistas no pueden obtener los privilegios» de los que gozaban las antiguas potencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Lenin, la posición de monopolio de Inglaterra explica la victoria temporal del oportunismo en ese país, porque este monopolio permite obtener ganancias excepcionales, que la burguesía utiliza para sobornar a la clase trabajadora y así crear una especie de alianza entre los trabajadores de la nación en cuestión y sus capitalistas contra otros países<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-16' id='fnref-4398-16' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>16</a></sup>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Perspectiva de la revolución</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El énfasis que Lenin puso en la lucha de clases en su definición constituye una importante línea divisoria con otros socialdemócratas de la época. Con la excepción de Rosa Luxemburgo, Hilferding y Kautsky pretendían ofrecer una explicación «objetiva» del imperialismo, limitada a la descripción y el análisis de los fenómenos económicos y políticos, sin buscar resaltar la importancia y las implicaciones de la lucha de clases<sup class='footnote'><a href='#fn-4398-17' id='fnref-4398-17' onclick='return fdfootnote_show(4398)'>17</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La contribución teórica y práctica de Lenin radicó en desarrollar una orientación estratégica revolucionaria y con fundamento científico en un momento en que los oportunistas habían tomado la delantera dentro del movimiento obrero internacional y los revisionistas socavaban todas las cuestiones cruciales del comunismo científico (la cuestión del método científico, la cuestión de la orientación estratégica y la revolución, etc.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin preservó el carácter científico del comunismo durante un período de gran agitación y confusión ideológica, y creó una base programática para unificar los elementos revolucionarios del movimiento obrero internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://kommunistische-organisation.de/klaerungunddebatte/gegen-den-sumpf-lenins-bruch-mit-dem-opportunismus/#sdendnote17anc">Kommunistische Organisation</a></strong></p>


<div class='footnotes' id='footnotes-4398'><div class='footnotedivider'></div><ol><li id='fn-4398-1'> Hedeler, Wladislaw; Külow, Volker (2016): Die Entstehung und Veröffentlichung von Lenins Werk »Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus«. In: Wladislaw Hedeler und Volker Külow (Hg.): Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus. Gemeinverständlicher Abriss. Berlin: Verlag 8. Mai, S. 222 ff.; S. 228 f.; S. 247 ff.; S. 276 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-1'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-2'> Arndt, Andreas (2023): Hegel in Marx. Studien zur dialektischen Kritik und zur Theorie der Befreiung. Dietz Verlag, S. 221 f.; S. 225 ff. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-2'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-3'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1964a): Konspekt zu Hegels „Wissenschaft der Logik“. In: Wladimir Iljitsch Lenin (Hg.): Lenin-Werke. Band 38. Berlin: Dietz Verlag, S. 212 ff. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-3'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-4'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1964b): Zur Frage der Dialektik. In: Wladimir Iljitsch Lenin (Hg.): Lenin-Werke. Band 38. Berlin: Dietz Verlag, S. 338–344 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-4'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-5'> Arndt, Andreas (1982): Lenin – Politik und Philosophie. Zur Entwicklung einer Konzeption materialistischer Dialektik. Germinal Verlag, S. 282; S. 298 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-5'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-6'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1972): Entwurf zu einem Artikel über den Kampf gegen den „Sumpf“ (Notizen über das Kautskyanertum). In: Wladimir Iljitsch Lenin (Hg.): Lenin Werke. Band 39. Berlin: Dietz Verlag, S. 5 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-6'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-7'> Arndt: Hegel in Marx, S. 223 ff. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-7'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-8'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1981): Bemerkungen zu Bucharins „Ökonomik der Übergangsperiode“. Frankfurt Main u.a.: VTK <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-8'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-9'> Lemmnitz, Alfred (1983): Einführung in Lenins Schrift „Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus“. 4. überarbeitete Auflage. Berlin: Dietz Verlag, S. 13 f. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-9'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-10'> Hedeler und Külow: Die Entstehung und Veröffentlichung von Lenins Werk »Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus, S. 259 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-10'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-11'> Ebd., 260 ff. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-11'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-12'> Bollinger, Stefan (2004): Imperialismustheorien. Historische Grundlagen für eine aktuelle Kritik. Wien: Promedia Verlag, S. 47 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-12'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-13'> Hedeler und Külow: Die Entstehung und Veröffentlichung von Lenins Werk »Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus, S. 255 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-13'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-14'> Lemmnitz: Einführung in Lenins Schrift „Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus“, S. 34 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-14'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-15'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1974): Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus. Gemeinverständlicher Abriß. In: Wladimir Iljitsch Lenin (Hg.): Lenin-Werke. Band 22. Berlin: Dietz Verlag, S. 308 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-15'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-16'> Lenin, Wladimir Iljitsch (1972): Der Imperialismus und die Spaltung des Sozialismus. In: Wladimir Iljitsch Lenin (Hg.): Lenin-Werke. Band 23: Dietz Verlag, S. 104; S. 111 f. <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-16'>&#8617;</a></span></li><li id='fn-4398-17'> Arndt: Lenin – Politik und Philosophie, S. 293 <span class='footnotereverse'><a href='#fnref-4398-17'>&#8617;</a></span></li></ol></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>La falsa neutralidad en la foto política del verano del 36</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 17:06:00 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo la supuesta imparcialidad ocultó la correlación de fuerzas, los intereses de clase y la brecha entre la burguesía y el movimiento obrero en el estallido de la Guerra Civil Española, desmontando los relatos oficiales que igualan a agresores y víctimas en 1936.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="577" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/6a872ddfe9ff71760f7744dd-1024x577.jpg" alt="" class="wp-image-4396" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/6a872ddfe9ff71760f7744dd-1024x577.jpg 1024w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/6a872ddfe9ff71760f7744dd-300x169.jpg 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/6a872ddfe9ff71760f7744dd-768x433.jpg 768w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/10/6a872ddfe9ff71760f7744dd.jpg 1104w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Trabajadores van de vacaciones a la Riviera francesa, como parte de la introducción de las primeras vacaciones pagadas en Francia. Foto: Keystone-France / Gettyimages.ru</figcaption></figure>
</div>


<span id="more-4395"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carmen Parejo Rendón</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El verano de 1936 fue el primero en que los trabajadores franceses disfrutaron de vacaciones pagadas, una conquista obtenida bajo el Frente Popular de Léon Blum después de una oleada de huelgas que había obligado a convertir en derecho lo que hasta entonces había sido privilegio, y que en la Unión Soviética existía desde 1918.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Berlín, mientras tanto, el régimen nazi utilizaba los Juegos Olímpicos para ocultar, tras las banderas y los estadios, las Leyes de Núremberg aprobadas el año anterior. Allí Jesse Owens, nieto de esclavos, ganaba cuatro medallas de oro representando a un país —Estados Unidos— donde él mismo seguía sometido a la segregación racial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras la prensa estadounidense celebraba la derrota simbólica del racismo nazi, continuaban Jim Crow y los linchamientos, y aquel mismo año comenzaba a publicarse el Green Book, destinado a indicar a los negros dónde podían comer, dormir o repostar sin ser expulsados por el color de su piel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más al este, algunas columnas del Ejército Rojo chino completaban todavía la Larga Marcha mientras crecía la presión por unir fuerzas frente a Japón. Etiopía resistía la ocupación fascista italiana y Sudáfrica profundizaba una legislación segregacionista que anticipaba el apartheid. En América Latina, el gobierno de Getúlio Vargas en Brasil entregaba a Olga Benário, comunista alemana y judía, a la Alemania nazi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquel verano condensaba, por tanto, un mundo en movimiento, atravesado simultáneamente por el fascismo y el colonialismo, por la segregación racial y la reacción, pero también por huelgas, reformas sociales, luchas anticoloniales y movimientos revolucionarios. Así, la guerra en España no irrumpiría desde fuera de esa historia, sino que se convertiría en uno de sus puntos de condensación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 17 y 18 de julio de 1936, una conspiración militar apoyada por fuerzas monárquicas, reaccionarias y fascistas, además de importantes sectores del gran capital, intentó derribar a la República. El golpe fracasó en su propósito de conquistar rápidamente el Estado y abrió una guerra que, aunque llamada civil, fue de clase e internacional prácticamente desde su nacimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trasfondo era más profundo: se estaban cuestionando las bases mismas que sostenían la desigualdad como fenómeno natural. En el campo, las luchas campesinas y las ocupaciones de tierras cuestionaban una estructura de propiedad profundamente desigual; en las minas seguían resonando la Revolución de Asturias de 1934 y la brutal represión posterior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La victoria del Frente Popular en febrero de 1936, pese al carácter moderado de su programa, coincidió con una movilización popular que desbordaba la alternancia electoral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estaba cambiando solo quién ocupaba los ministerios, sino la correlación de fuerzas entre propietarios y trabajadores, terratenientes y campesinos, gobernantes y gobernados. Ese cambio hizo del fascismo una herramienta cada vez más atractiva para quienes temían perder poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos temores también se reflejaron en la actitud que adoptaron las principales potencias europeas occidentales ante la guerra española. En los días posteriores al golpe, el Gobierno republicano pidió a Francia que le vendiera armas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Léon Blum, al frente de otro Gobierno de Frente Popular, estuvo inicialmente dispuesto a hacerlo, pero la presión británica, las divisiones internas francesas y el temor a que cualquier ayuda abierta terminase provocando un enfrentamiento con Alemania e Italia fueron empujando a París hacia otra solución: la llamada política de No Intervención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el papel, el principio parecía sencillo. Si ninguna potencia suministraba armas, hombres o material de guerra a ninguno de los dos bandos, el conflicto podría permanecer encerrado dentro de las fronteras españolas y evitarse así una guerra europea. En agosto de 1936 se articuló el acuerdo y poco después comenzó a funcionar en Londres un Comité de No Intervención en el que participaron la mayoría de las potencias europeas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero aquella aparente neutralidad nació sobre una realidad que ya no era neutral. Alemania e Italia habían tomado partido desde los primeros días y continuaron enviando aviones, armas, tropas y apoyo logístico a las fuerzas golpistas aun después de adherirse formalmente al acuerdo. Mientras tanto, la República veía seriamente restringida su capacidad para comprar armamento en el mercado internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La posición británica tampoco puede entenderse únicamente como miedo a otra guerra europea. Londres observaba con preocupación las huelgas, las colectivizaciones, las ocupaciones de tierras y el reparto de armas entre trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para sectores importantes de las clases dominantes británicas, la guerra era un peligro; una transformación social que alterase las relaciones de propiedad y poder afectaba de forma todavía más inmediata a sus intereses, tanto internos, como imperiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo México y, de manera decisiva en el terreno militar, la Unión Soviética, mantuvieron un apoyo sostenido a la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra española, por tanto, nunca fue únicamente española. La No Intervención no consiguió impedir su internacionalización: lo que hizo fue permitir que esa internacionalización se desarrollara bajo una correlación de fuerzas profundamente desigual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Tenían motivos los grandes capitales para temer a un pueblo que comenzaba a organizarse y decidir por sí mismo? Desde la lógica de sus intereses, probablemente sí. Porque la guerra no mostró únicamente una España en transformación: en su experiencia práctica empezaron también a perfilarse algunos rasgos de otro mundo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las Brigadas Internacionales y las redes de solidaridad que las rodearon llevaron hasta España a más de cuarenta mil voluntarios de más de cincuenta países, y con ellos llegaron también otras formas de entender el trabajo, la ciencia, la igualdad y el papel de los intelectuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A Salaria Kea la habían rechazado en tres escuelas de enfermería de Ohio por ser negra y, ya titulada en el Harlem Hospital de Nueva York, cuando se ofreció como voluntaria de la Cruz Roja para atender a las víctimas de las grandes inundaciones del Medio Oeste de 1936, sus servicios volvieron a ser rechazados por el color de su piel. Un año después cruzó el Atlántico y trabajó como enfermera en el hospital republicano de Villa Paz, en Saelices.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido ocurría con las mujeres que se subían a las ambulancias. Evelyn Hutchins tuvo que enfrentarse incluso a los organizadores estadounidenses que consideraban demasiado peligroso enviar a una mujer como conductora. Insistió hasta conseguirlo y en España condujo ambulancias y camiones, transportando heridos, material sanitario, ropa, alimentos e incluso municiones bajo condiciones de combate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la medicina ocurrió algo parecido. En la Unión Soviética ya se había comenzado a construir una sanidad universal y gratuita; en España, las circunstancias de la guerra permitieron vislumbrar esa misma concepción de la medicina como derecho y servicio colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frederic Duran-Jordà y Norman Bethune contribuyeron a desarrollar sistemas capaces de llevar sangre conservada hasta los heridos del frente, pero lo decisivo no era únicamente el avance técnico: la ciencia, los conocimientos y los recursos sanitarios se organizaban alrededor de la necesidad humana y no de la capacidad de pago. La medicina y la investigación dejaban de ser una mercancía para convertirse en un derecho colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También los intelectuales abandonaron la torre de marfil. John Cornford murió combatiendo en Lopera; Felicia Browne dejó el arte para incorporarse a una milicia, falleciendo en el frente de Aragón; Julian Bell, poeta, miembro del círculo de Bloomsbury y sobrino de Virginia Woolf, eligió conducir ambulancias y murió tras ser herido en Brunete.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el Gobierno británico levantaba la No Intervención, una parte de sus propios intelectuales atravesaba Europa para hacer exactamente lo contrario. La poesía, el arte y la ciencia se ponían al servicio del pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Casi tres décadas después, Chicho Sánchez Ferlosio condensó en una canción escrita bajo el franquismo una intuición que permite volver sobre 1936: «La guerra que tanto temen no viene del extranjero».</p>



<p class="wp-block-paragraph">No porque la dimensión internacional fuese secundaria —España había demostrado exactamente lo contrario—, sino porque detrás de los Estados, los ejércitos y las declaraciones diplomáticas existía otro conflicto que atravesaba las fronteras. La cuestión era también qué ocurría cuando obreros y campesinos comenzaban a alterar unas relaciones de propiedad y de poder que parecían naturales e intocables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1936, una política que actuó sobre una lucha de clases ya internacionalizada y modificó su correlación de fuerzas, recibió un nombre tan hipócrita como diplomáticamente impecable: No Intervención.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://esrt.space/opinion/carmen-parejo/623323-falsa-neutralidad-revelar-fotografia-politica-36"><strong>RT</strong></a></p>
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		<title>Anticomunismo, contrarrevolución preventiva y fascismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 16:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Materiales para la formación]]></category>
		<category><![CDATA[eros barone]]></category>
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					<description><![CDATA[El politólogo marxista-leninista Eros Barone analiza cómo el anticomunismo de Trump y la Unión Europea funciona como arma preventiva contra la organización obrera, mientras la crisis del capitalismo alimenta un proceso de fascistización que&#46;&#46;&#46;]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El politólogo marxista-leninista Eros Barone analiza cómo el anticomunismo de Trump y la Unión Europea funciona como arma preventiva contra la organización obrera, mientras la crisis del capitalismo alimenta un proceso de fascistización que solo la clase trabajadora puede revertir.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="538" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/08/arte_sin_texto_constructivista_45rpm-1024x538.jpg" alt="" class="wp-image-4367" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/08/arte_sin_texto_constructivista_45rpm-1024x538.jpg 1024w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/08/arte_sin_texto_constructivista_45rpm-300x158.jpg 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/08/arte_sin_texto_constructivista_45rpm-768x403.jpg 768w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/08/arte_sin_texto_constructivista_45rpm.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<span id="more-4366"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Eros Barone<br>Politólogo y filósofo marxista-leninista italiano</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Un anticomunista es un perro; en este punto soy inflexible y siempre lo seré»</em>. Jean-Paul Sartre</p>



<ol class="wp-block-list">
<li class="has-medium-font-size"><strong>Un ciclo político reaccionario</strong></li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">El proceso de fascistización se hace cada día más evidente, más opresivo y más generalizado, y cualquiera con un mínimo de conciencia sociopolítica lleva tiempo sintiendo su influencia. En este sentido, el gobierno de Meloni fue simplemente el punto de partida de un nuevo salto cualitativo. De hecho, si se compara la situación de la primera mitad del siglo XX con la actual, el denominador común de una crisis estructural del capitalismo resulta claramente perceptible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el segundo elemento -a saber, una alternativa revolucionaria en marcha- está prácticamente ausente. Además, la crisis del capitalismo se desarrolla ahora en el contexto de otro acontecimiento histórico, de naturaleza diametralmente opuesta a la de la Revolución de Octubre: la caída del Muro de Berlín antifascista y el fin del bloque socialista; es decir, la victoria global de la contrarrevolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta situación particular, en la que el viejo orden agoniza pero el nuevo ni siquiera se gesta debido a la falta de un antagonismo político organizado orientado hacia objetivos revolucionarios, da origen al fenómeno de la «putrefacción de los procesos históricos», cuyo fruto es la fascistización de las relaciones sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos elementos deben, por lo tanto, destacarse: la crisis estructural del capitalismo y la ausencia de un antagonismo organizado, uno convergente y el otro divergente radicalmente de la coyuntura histórica que produjo el fascismo. De esto podemos extraer una primera conclusión: la única amenaza inmediata para el capitalismo contemporáneo reside en sus propias limitaciones estructurales y en las consecuencias de su manifestación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un fenómeno de reacción aguda en la metrópolis imperialista de nuestro tiempo heredará necesariamente la lección del fascismo histórico, pero no la reproducirá, al menos no en sus aspectos abiertamente dictatoriales, a menos que exista una subjetividad política capaz de amenazar la dominación de la burguesía monopolista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, casos como los de Hungría, Polonia, los Estados bálticos y Ucrania demuestran que el tipo de poder autoritario que sirve al capitalismo hoy en día no necesita desafiar abiertamente las características externas de la democracia liberal, como los sistemas multipartidistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe destacar también que el fenómeno de la fascismo no se materializará en la metrópolis imperialista salvo dentro de los límites impuestos por la compatibilidad entre los regímenes políticos nacionales y el control económico y burocrático ejercido por las instituciones supranacionales y, esencialmente, por la cúspide de la pirámide imperialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante la persistente ausencia de un antagonismo político y social organizado subjetivamente, la burguesía es, por lo tanto, libre para perseguir sus intereses como clase dominante y dar su propia respuesta a la crisis económica, que, en la fase histórica actual, se caracteriza por la devaluación de las fuerzas productivas y la aceleración de los procesos de concentración y centralización del capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, para comprender mejor el fenómeno de la fascistización, tal como se manifiesta en la sociedad italiana, es necesario situarlo en el contexto más amplio y el marco temporal que puede definirse como un ciclo político reaccionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Brexit, la elección de Trump, la crisis migratoria y, antes de estos, las guerras imperialistas contra los regímenes progresistas de Libia y Siria, así como las dictaduras impuestas por comisiones en Italia y Grecia, han sido acontecimientos que han puesto de manifiesto una tendencia más compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta tendencia incluye, entre sus ejemplos más significativos, el auge de las fuerzas neofascistas en toda Europa, la restauración del autoritarismo en muchos países latinoamericanos y el giro a la derecha en India y Europa del Este.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ciclo político es el resultado tanto de la crisis orgánica de la hegemonía de las clases dominantes como de la propia ideología liberal. Surgió gradualmente como una reacción generalizada al auge de los movimientos de masas contra las políticas de austeridad que se encontraban en el centro de la crisis económica, iniciada en 2007-2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de estos acontecimientos, el nacionalismo, que se ha inclinado cada vez más hacia el chovinismo, se ha presentado, por un lado, como una opción, dentro de ciertos límites, ventajosa para las clases dominantes y, por otro lado, como un instrumento de demandas inmediatas dentro del margen cada vez más restringido de lo que disponen las clases subalternas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, resulta relevante e ilustrativo añadir que la fascistización también se presenta como la reacción adversa generada por otro proceso: la «democratización» de la propiedad privada. No es casualidad que, desde Thatcher, la expansión del neoliberalismo en Europa se haya presentado como un gran proyecto destinado a extender el acceso a la propiedad privada a todas las clases sociales y a todos los ámbitos de la vida, siguiendo la lógica de la propiedad patrimonial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La «democratización» de la propiedad privada ha sido, por tanto, un poderoso medio para aburguesar el cuerpo social como una estrategia mediante la cual los neoliberales han compensado la destrucción progresiva de otra forma de propiedad -la propiedad social- representada, en cierta medida, por los modernos sistemas de «bienestar social».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta perspectiva analítica particular permite comprender mejor este vasto sector de la composición social de la fascismo, cuyo protagonista no es en absoluto el «excluido» ni el «penúltimo», sino más bien una especie de «subburguesía» conformada por aquellas clases que se enriquecieron en las décadas de 1980 y 1990 gracias al llamado «capitalismo molecular» y que posteriormente quedaron excluidas de la nueva acumulación de riqueza que siguió a la crisis de 2007-2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Italia, por citar un caso paradigmático, los cambios que marcaron la función y el papel de la Liga se reflejaron en los cambios que se produjeron en su discurso político y social con tal fidelidad y simultaneidad que, desde este punto de vista, pueden considerarse ejemplares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, desde este punto de vista interpretativo, comprendemos mejor el creciente consenso del que ha gozado la ideología reaccionaria entre los grupos sociales más pobres, excluidos de la política de distribución de la propiedad: un consenso que ha dado lugar, en términos de Gramsci, a la formación de un «bloque histórico» específico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fenómeno que acabamos de mencionar -representado por la «subburguesía» y por la faceta reaccionaria de la proletarización de las clases medias- demuestra, por tanto, que es erróneo, por un lado, subestimar la intensidad alcanzada por la crisis de hegemonía de las clases dominantes y por el crecimiento correlativo, para usar los términos de Gramsci, de su «subversivismo», y, por otro lado, negar el carácter radical de las estrategias que las clases dominantes están dispuestas a adoptar en un intento de contener de alguna manera esta crisis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, es importante aclarar, desde la misma perspectiva, que el principal problema radica en la desorganización de los actores con tradición liberal y socialdemócrata. En este sentido, cabe afirmar inequívocamente que una parte significativa de las élites gobernantes y de los principales grupos mediáticos de nuestro país no duda en recurrir a medidas más o menos controladas de «guerra civil» para superar la «crisis de legitimidad» a la que están expuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta disposición no se debe simplemente a la necesidad de alinearse con lo que se considera «sentido común popular», ni a un mero cálculo electoral. Lo que está surgiendo, de hecho, es un proyecto integral para reestructurar las relaciones sociales en una dirección cada vez más autoritaria y represiva.</p>



<ol start="2" class="wp-block-list">
<li class="has-medium-font-size"><strong>Campaña anticomunista y contrarrevolución preventiva</strong></li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Al ampliar y actualizar el debate sobre la trascendencia política e ideológica, tanto a nivel nacional como internacional, de la implacable campaña anticomunista lanzada por Donald Trump, es fundamental, ante todo, esclarecer el verdadero objetivo político de su intervención. Es evidente que esta intervención no fue motivada por el surgimiento de un movimiento obrero revolucionario, el crecimiento de un partido comunista de masas ni una ola de expropiaciones socialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más bien, la intervención del actual presidente estadounidense forma parte de una ofensiva anticomunista más amplia, lanzada tras el éxito electoral obtenido en Nueva York por los candidatos pertenecientes a los Socialistas Democráticos de América, cuya figura más destacada es Zohran Mamdani, mientras que figuras como Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar representan el ala reformista del Partido Demócrata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este simple hecho basta para revelar el verdadero objetivo de la campaña anticomunista de Trump. Si ahora se presenta a los socialdemócratas reformistas como comunistas peligrosos, entonces el objetivo del anticomunismo ya no es contrarrestar y reprimir un movimiento revolucionario existente, sino impedir su surgimiento, haciendo que incluso la crítica más moderada al capitalismo parezca políticamente peligrosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El axioma histórico que debemos tener presente es este: el anticomunismo, incluso antes de ser represivo, siempre ha sido preventivo; siempre ha constituido un arma fundamental en la doble función simultánea que cumple el sistema imperialista mediante guerras de agresión en el extranjero y contrarrevolución preventiva en el interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, los socialistas democráticos de América no tienen nada que ver con el comunismo revolucionario, del mismo modo que, hace un siglo, la socialdemocracia europea no tenía nada en común con el bolchevismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es casualidad que los marxistas-leninistas criticaran la socialdemocracia durante más de un siglo, precisamente porque buscaba reformar el capitalismo en lugar de derrocarlo, gestionar el Estado burgués en lugar de abolirlo y preservar el sistema de cualquier tipo de crisis mitigando sus contradicciones más agudas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Marx y Engels no recurrieron a circunloquios ni eufemismos, y en el Manifiesto Comunista escribieron inequívocamente: «Los comunistas no ocultan sus opiniones e intenciones entre sí. Declaran abiertamente que sus objetivos solo pueden alcanzarse mediante el derrocamiento violento de todo el orden social existente hasta ahora».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Trump comprende perfectamente esta distinción y es precisamente por eso que tiene toda la justificación política para hacerla desaparecer: si se puede estigmatizar a los reformistas como comunistas, entonces cualquier crítica, por moderada que sea, al capitalismo monopolista puede ser descartada sin el menor debate, y el anticomunismo vuelve a cumplir la función paradigmática que siempre ha cumplido: no una crítica al marxismo, sino un arma contra la emancipación política y social de la clase trabajadora».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde se revela el verdadero significado de la campaña anticomunista de Trump: envenenar el agua del pozo para imposibilitar cualquier definición precisa de comunismo y despojar al término mismo de todo contenido histórico y científico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al etiquetar como «comunista» cualquier demanda de mejores protecciones sindicales, un sistema de salud pública accesible a la clase trabajadora, impuestos progresivos para los ricos o un control justo de los alquileres, el capitalismo ya no tiene que responder a las crecientes críticas a la desigualdad, la explotación, el poder monopolístico o la guerra imperialista, y puede simplemente reemplazar el debate político con la intimidación ideológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El aparato del anticomunismo siempre ha operado precisamente de esta manera: el objetivo no es refutar el marxismo, sino impedir que millones de trabajadores lo conozcan. Envenenar el agua del pozo, como se ha dicho, es paralizar la conciencia política antes de que se desarrolle, marginar la disidencia antes de que se organice y convencer a los trabajadores de que desafiar al capitalismo mismo es de alguna manera ilegítimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En perfecta sintonía con el objetivo de la contrarrevolución preventiva, el anticomunismo, incluso antes de cumplir una función represiva, es una medida de profilaxis social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los precedentes históricos de esta estrategia son bien conocidos: el anticomunismo ha acompañado al capitalismo a lo largo de su historia moderna, resurgiendo siempre que ciertas facciones de la clase dominante han sentido la necesidad de restringir los límites del debate político aceptable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el siglo XX, justificó listas negras, persecución política, dictaduras militares, guerras imperialistas, intervenciones coloniales y la represión sistemática de los movimientos obreros en todos los continentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la infame «caza de brujas» de la era McCarthy en Estados Unidos hasta la represión de los partidos comunistas y los sindicatos en Europa Occidental durante la Guerra Fría, desde el Plan Solo en Italia hasta la Operación Cóndor en América Latina, y las innumerables campañas anticomunistas emprendidas en otros países, el anticomunismo ha servido en todas partes como la «clave maestra» para la contrarrevolución preventiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si era necesario encarcelar a los trabajadores, el comunismo era declarado una amenaza nacional; si era necesario ilegalizar los sindicatos, se acusaba al comunismo de fomentar la inestabilidad social; si era necesario derrocar gobiernos progresistas o eliminar figuras progresistas, se acusaba al comunismo de conspirar contra la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo del anticomunismo nunca ha sido defender la democracia, sino más bien defender la dominación capitalista e imperialista criminalizando a quienes intentan derrocarla. En otras palabras, la historia del anticomunismo nos enseña que, incluso antes de declarar ilegales a los partidos comunistas, las ideas comunistas mismas deben ser declaradas ilegítimas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trump es un representante típico de esta tradición histórica. Su retórica puede diferir en estilo de la de McCarthy o Reagan, pero sirve precisamente a los mismos intereses de clase. Su campaña anticomunista no apunta a un peligro revolucionario concreto y existente, sino a la posibilidad de que el creciente descontento social pueda eventualmente volverse revolucionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo es persuadir a los trabajadores de que la mayor amenaza para sus vidas no es el capital monopolista, la especulación financiera, la desindustrialización, la inseguridad laboral, las guerras imperialistas o la dictadura de las corporaciones multinacionales, sino una amenaza comunista imaginaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal propaganda sería casi absurda si no estuviera tan calculada políticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un momento en que el capitalismo estadounidense maneja la mayor maquinaria militar del mundo en diversos teatros de operaciones, domina el sistema financiero global y concentra una riqueza sin precedentes en manos de una pequeña oligarquía, la clase dominante se presenta como una víctima amenazada por reformistas cuyo programa se limita a aumentar los impuestos sobre las ganancias de los multimillonarios, mejorar la protección laboral y expandir el sistema público de salud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tal histeria no revela ni confianza ni fortaleza; Por el contrario, revela una clase dominante cada vez más consciente de que, bajo la opresión social engendrada por el capitalismo, el «viejo topo» está en acción, allanando el camino para que millones de trabajadores finalmente se den cuenta de su poder, se organicen de forma independiente y comiencen a desafiar al propio sistema.</p>



<ol start="3" class="wp-block-list">
<li class="has-medium-font-size"><strong>¿Qué estrategia para el proletariado? Revivir la perspectiva del socialismo</strong></li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">La premisa desde la que debemos partir para responder a la pregunta que da título a este párrafo, y para destacar el vínculo cada vez más estrecho entre la contrarrevolución preventiva y el fascismo, es que las clases trabajadoras constituyen el único estrato social con un interés directo en preservar la capacidad del país para producir riqueza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta realidad, claramente confirmada por la experiencia italiana de la lucha de liberación contra el nazismo y el fascismo, y en particular por la defensa armada de las fábricas liderada por los trabajadores contra el invasor alemán, debe ser obviamente ocultada y borrada para permitir que el proceso de concentración de capital se transforme en una guerra económica permanente cuyo objetivo es la devaluación de las fuerzas productivas en los países subordinados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el contrario, la imaginación política debería partir precisamente de este punto para intentar romper la paranoia de la propiedad: desde la memoria histórica y la realidad sociopolítica actual de las formas de apropiación colectiva de bienes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, si el fascismo es la otra cara de la represión sistemática de las alternativas de vida, ningún frente popular, democrático o constitucional puede resistir, y el antifascismo militante por sí solo no puede revertir la tendencia: si pretendemos luchar verdaderamente contra la Santa Alianza del poder, la guerra y el dinero, es vital politizar la vida y revivir la perspectiva del socialismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde un punto de vista económico y social, la definición de fascismo de la Tercera Internacional como «el anillo de hierro que sirve para mantener unido el barril agrietado del capitalismo», además de ser una forma eficaz de representar el vínculo indisoluble entre ambos fenómenos, resulta sorprendentemente relevante hoy en día: basta con considerar el impacto que la crisis económica mundial y la guerra imperialista ejercen sobre el proceso de fascismo de las instituciones y sobre la tendencia hacia un autoritarismo cada vez más marcado, cuyos atributos externos no son necesariamente la esvástica y las fasces, pero cuya sustancia es innegable, puesto que consiste en la extensión e intensificación de la explotación capitalista, la opresión empresarial y el racismo en todos los niveles y en todos los sectores de la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, es crucial comprender que entre la democracia liberal y el fascismo existe un proceso largo y complejo -la «posdemocracia»- mediante el cual la extrema derecha y sus ideas se generalizan gradualmente, convirtiéndose no solo en «cuasi-normales», sino también en «cuasi-normativas».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fascismo puede, por consiguiente, presentarse como una opción aceptable con la que ciertas facciones dentro del aparato estatal establecen vínculos abiertamente. En este sentido, existen numerosas pruebas de que ciertas ideas fascistas llevan tiempo circulando en estructuras como la policía y el ejército.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si bien no es difícil imaginar que estas estructuras sirvan de plataforma para lanzar una ofensiva cuando las clases dominantes consideren que la situación es propicia, nunca hay que olvidar que la transición al fascismo es el resultado de un largo proceso. Este proceso lleva varios años en marcha, por lo que debemos hablar de «fascistización» antes de hablar de «fascismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, este proceso, que no es inevitable y puede contrarrestarse y revertirse, comienza mucho antes del fascismo. Es evidente que el fascismo solo puede afianzarse plenamente cuando falta la movilización revolucionaria de las masas en la lucha contra la fascismo y en la lucha por el socialismo. De ahí la importancia de no minimizar este proceso asumiendo que se trata simplemente de una breve fase transitoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, los partidos políticos tradicionales liberales o socialdemócratas son impotentes ante el auge del fascismo y completamente incapaces de detener este proceso, del cual son, entre otras cosas, causantes más o menos involuntarios. Solo las clases trabajadoras son capaces de contrarrestar y revertir el proceso de fascistización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no se trata, como debe quedar claro, de deificar a la clase trabajadora, sino de reconocer, desde una perspectiva histórica, que allí donde el fascismo ha sido derrotado, la clase trabajadora era más activa, más unida y mejor organizada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a diferencia del pasado, se dan las condiciones propicias para devolver a la clase trabajadora el partido, la teoría y la ideología sin las cuales el proletariado se encuentra desarmado. Hoy, a diferencia del pasado, existen al menos las condiciones «negativas» para evitar los atajos oportunistas que llevaron a la disolución del movimiento comunista en Italia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un partido comunista digno de ese nombre debe, por lo tanto, trabajar por la mayor unidad posible entre los comunistas, pero sobre la base de una línea revolucionaria e ideológicamente coherente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un partido comunista digno de ese nombre debe trabajar para desarrollar iniciativas políticas que permitan el estudio, el debate y el análisis profundos de las principales cuestiones estratégicas e ideológicas que se debaten actualmente, sin disociar estas iniciativas de la participación en las luchas concretas que tienen lugar en el país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por consiguiente, es vital para dicho partido lograr la mayor unidad posible en el ámbito de las luchas sociales con las fuerzas sindicales de clase, las organizaciones estudiantiles y los comités de lucha, a fin de construir una oposición social a las políticas antipopulares y belicistas del gobierno, contrarrestar y revertir el proceso de fascismo y hacer realidad la perspectiva del socialismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, con igual determinación y claridad, un partido comunista digno de ese nombre debe rechazar cualquier llamado a la unidad con el centroizquierda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia reciente ha demostrado que no hay margen para ninguna reforma en favor de los trabajadores y la clase obrera, que el poder reside firmemente en manos de los grandes grupos financieros y que la colaboración del gobierno con las fuerzas de centroizquierda solo conduce a la traición a los trabajadores. La alianza con el centroizquierda no sirve para frenar a la derecha; al contrario, la fortalece y radicaliza, incrementando su apoyo entre la clase obrera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, debemos continuar la lucha política e ideológica para que los trabajadores y las clases trabajadoras comprendan que el Partido Democrático no actúa en su beneficio; que no puede reformarse desde dentro; que no todos estamos del mismo lado; y que, en cuestiones cruciales, el PD es el partido que mejor representa los intereses del gran capital y la guerra imperialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, debemos contrarrestar el intento del PD de crear la ilusión de un «giro a la izquierda» que no existe y que no es más que una estrategia electoral para recuperar votos. Al mismo tiempo, debemos explicar que la unidad con una izquierda que cambia de nombre y acrónimo en cada elección, dispuesta a negociar con el PD, conduce al estancamiento y la extinción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es imposible unirse con quienes, en la práctica, defienden la Unión Europea y la OTAN, con quienes no sitúan sus acciones dentro de la perspectiva estratégica de trascender el sistema capitalista de producción e intercambio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, un partido comunista digno de ese nombre solo puede ser internacionalista, lo que significa ante todo contribuir a la reconstrucción internacional del movimiento comunista, combatiendo las tendencias colaboracionistas, oponiéndose a las tendencias «campistas» y trabajando para la plena afirmación de una línea marxista-leninista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión, la coyuntura histórica que vivimos confirma que, más allá del éxito a corto plazo que la derecha pueda lograr movilizando a las masas en torno a un programa falaz y divisivo, es fundamentalmente incapaz de sacarlas de su actual situación de desempleo, precariedad, incertidumbre sobre el futuro y frustración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia nos enseña, de hecho, que si bien hay momentos en la vida de una nación en que el sistema existente parece estable y destinado a perdurar, todo esto puede cambiar rápidamente, dando paso a momentos en que el sistema simplemente no puede continuar como antes. Para el capitalismo, este momento, si aún no ha llegado, parece estar cada vez más cerca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cualesquiera que sean los éxitos que pueda lograr aquí o en otros lugares, la derecha no puede cambiar esta realidad: el fascismo no prevalecerá y la idea de socialismo está destinada a recuperar, enriquecida por las lecciones bien meditadas del pasado y por la frescura con la que la mayor parte de la juventud la está redescubriendo, toda su credibilidad y toda su fuerza para el futuro.</p>



<ol start="4" class="wp-block-list">
<li class="has-medium-font-size"><strong>Anticomunismo: arma de la burguesía internacional y palanca de la contrarrevolución preventiva.</strong></li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Volvamos a una pregunta fundamental: ¿cómo explicar la recurrente histeria anticomunista que parece ser un rasgo común de la burguesía internacional? Ciertamente, la respuesta no reside en la actual fuerza del movimiento comunista en Estados Unidos y, en general, en gran parte del mundo capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ningún observador serio podría argumentar que el capitalismo monopolista enfrenta hoy un desafío revolucionario inmediato. Sin embargo, cabe destacar que la burguesía nunca ha temido a los comunistas únicamente por su número, sino por la posibilidad histórica que representan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la «estructura del mundo», las crisis económicas, las huelgas, las luchas laborales y todos los actos colectivos de resistencia tienen un efecto educativo, pues enseñan a los trabajadores lecciones que ninguna clase dominante desea que aprendan: que la riqueza de la sociedad se crea mediante el trabajo, que la explotación no es ni natural ni inevitable, y que el orden existente depende, en última instancia, de quienes, dentro de ese orden, son explotados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, el anticomunismo siempre ha sido preventivo, antes de volverse represivo. Su objetivo es, en efecto, disuadir a los trabajadores de tomar conciencia de su fuerza colectiva, de organizarse de forma independiente y de desafiar el sistema capitalista en su raíz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marx y Engels identificaron este mecanismo político mucho antes de que la Guerra Fría le diera al anticomunismo su vocabulario moderno. El Manifiesto Comunista comienza con la famosa declaración de que «un espectro recorre Europa: el espectro del comunismo». Luego plantea una pregunta que resuena con sorprendente relevancia hoy en día: «¿Qué partido de oposición no ha sido acusado de comunismo por sus adversarios en el poder?».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más de 175 años después, la retórica de Trump ofrece otra respuesta idéntica: el anticomunismo puede existir sin un poderoso movimiento comunista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basta con que la clase dirigente sea cada vez más consciente de que el desarrollo de las fuerzas productivas está reñido con las relaciones de producción y propiedad, de que las crecientes contradicciones del capitalismo monopolista generan un descontento cada vez mayor, y de que las demandas reformistas de hoy pueden convertirse en las conclusiones revolucionarias del mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, la última ofensiva anticomunista de Trump no debe confundirse con una muestra de confianza. Se trata de una campaña ideológica preventiva llevada a cabo en interés del capital monopolista. Su objetivo no es simplemente atacar a los comunistas, sino predefinir los límites del pensamiento político aceptable, estigmatizar cualquier desafío al poder capitalista e intimidar a quienes comienzan a cuestionar el orden establecido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que Trump hable el lenguaje de la Guerra Fría, pero los intereses de clase a los que sirve son totalmente contemporáneos. Una clase dominante verdaderamente convencida de la superioridad de su propio sistema social respondería a las críticas con hechos, no con cacerías de brujas ideológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero temor del capital monopolista no reside en la fuerza actual del movimiento comunista, sino en la posibilidad de que millones de trabajadores, a través de su propia experiencia de explotación, crisis y guerra imperialista, redescubran sus intereses de clase, se organicen de forma independiente y desafíen al propio sistema capitalista. En otras palabras, el anticomunismo sigue siendo indispensable para la burguesía: no se dirige contra el pasado, sino contra el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero este futuro también explica por qué el anticomunismo se ha convertido, una vez más, en un lenguaje político internacional, y no solo estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus formas varían según las condiciones nacionales, pero su función de clase mantiene un alto grado de coherencia: en América Latina, acompaña el ascenso de gobiernos y movimientos pro estadounidenses que prometen «libertad» mientras atacan a los sindicatos, privatizan la riqueza pública y fortalecen el poder de los monopolios; en Europa, se manifiesta a través de resoluciones oficiales, revisionismo histórico y medidas discriminatorias que restringen la actividad comunista; en Turquía, avanza mediante la represión policial contra comunistas y fuerzas antiimperialistas, como ocurrió en la reciente cumbre de la OTAN en Ankara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuanto a la Unión Europea, sus instituciones han trabajado durante años para establecer el anticomunismo como la interpretación oficial de la historia del siglo XX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio Consejo de Europa adoptó resoluciones que, mediante la falaz noción de «totalitarismo», equipararon el comunismo con el fascismo, ocultando así la contribución decisiva de la Unión Soviética y los movimientos comunistas a la derrota del nazismo y enmascarando el papel desempeñado por el sistema capitalista que dio origen al fascismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al hacerlo, al equiparar a los liberadores del campo de exterminio de Auschwitz con quienes lo construyeron, la Unión Europea proporcionó una justificación ideológica a gobiernos que desmantelan monumentos antifascistas, prohíben símbolos comunistas y persiguen a organizaciones comunistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los países bálticos, Polonia, la República Checa y otros países de Europa del Este, esta política se ha implementado mediante restricciones legales y campañas de «descomunización» respaldadas por el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos estos son ejemplos de flagrantes contradicciones performativas, porque es bastante obvio que la lucha de clases no puede ser prohibida «debido a la contradicción que no lo permite», ya que su prohibición es precisamente una manifestación de la lucha de clases (en este caso, de la contrarrevolución preventiva llevada a cabo por el Estado burgués contra el proletariado y contra las organizaciones en las que se expresa o a las que podría adherirse).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la movilización reaccionaria y la campaña anticomunista que promueve no están determinadas por la fuerza actual de los partidos comunistas, sino por las contradicciones cada vez más profundas del propio capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resurgimiento capitalista que se abogó tras el colapso del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este -un resurgimiento basado en la promesa de que el capitalismo garantizaría una paz duradera, traería prosperidad y aseguraría la estabilidad democrática- lamentablemente se ha derrumbado bajo el peso de la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sistema que había proclamado triunfalmente el «fin de la historia» ahora se ve reducido a temer su continuación y el choque de contradicciones y alternativas que conlleva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la «damnatio memoriae» del socialismo es de vital importancia: las clases dominantes no solo necesitan que los trabajadores rechacen el socialismo; quieren que olviden que existió otro orden social, que las industrias fueron arrebatadas al capital privado, que el nazismo y el fascismo fueron derrotados por pueblos organizados bajo el liderazgo comunista, y que millones de personas lucharon por construir una sociedad donde la producción respondiera a sus necesidades y demandas, en lugar de al beneficio privado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la clase trabajadora se ve privada de su historia, es más fácil convencerla de que el capitalismo es eterno y que no hay alternativa a la explotación del hombre por el hombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero existe una contradicción que ninguna cantidad de discriminación u ostracismo puede eludir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los defensores del capitalismo declaran que el comunismo está muerto, desacreditado, obsoleto e irrelevante, y sin embargo, siguen movilizando a gobiernos, parlamentos, tribunales, fuerzas policiales, escuelas, intelectuales y medios de comunicación en su contra; demuelen monumentos erigidos en memoria de una idea que, según ellos, nadie recuerda; arrestan a miembros de partidos que consideran impotentes; prohíben la hoz y el martillo, símbolos de un movimiento que, según ellos, la historia ha sepultado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Surge entonces espontáneamente la pregunta: ¿qué sentido puede tener una implacable campaña de represión contra algo que, en teoría, se considera inofensivo? Después de todo, ninguna otra ideología política se declara muerta con tanta frecuencia, mientras que, simultáneamente, se combate con tanta tenacidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta es que la cruzada anticomunista de Trump, la represión de Erdogan, el revisionismo histórico de la Unión Europea y la criminalización de los partidos y símbolos comunistas en toda Europa del Este se derivan de una única estrategia de clase: la estrategia de la contrarrevolución preventiva y la fascistización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En todas partes, las clases explotadoras intentan desacreditar la única fuerza política capaz, incluso en teoría, de desafiar el poder del capitalismo monopolista en su raíz. Esto es inevitable: el capitalismo produce mercancías y, al mismo tiempo, reproduce el antagonismo entre la burguesía y el proletariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras la explotación siga siendo el fundamento de la sociedad, el capitalismo continuará produciendo la fuerza capaz de derrocar el orden que se sustenta en él: una clase obrera organizada y consciente de su función revolucionaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es el futuro que más temen las clases dominantes: cegadas por su odio al proletariado y a las clases subordinadas, intuyen que ninguna campaña anticomunista, por muy furiosa, preventiva o represiva que sea, puede abolir las leyes de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.uypress.net/Internacionales/Anticomunismo-contrarrevolucion-preventiva-y-fascismo-uc155375">Uypress</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El PCCh celebra 105 años: de la revolución a la modernidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jul 2026 23:32:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[partido comunista de china]]></category>
		<category><![CDATA[xi jinping]]></category>
		<category><![CDATA[zafar mahmood]]></category>
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					<description><![CDATA[El Partido Comunista de China conmemora su aniversario consolidando el liderazgo de Xi Jinping. El artículo analiza su evolución histórica y las prioridades actuales tras más de un siglo de trayectoria, destacando la alta&#46;&#46;&#46;]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El Partido Comunista de China conmemora su aniversario consolidando el liderazgo de Xi Jinping. El artículo analiza su evolución histórica y las prioridades actuales tras más de un siglo de trayectoria, destacando la alta calidad del desarrollo, la innovación tecnológica y su proyección global.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="600" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/07/1018560265e1a4b.webp" alt="" class="wp-image-4348" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/07/1018560265e1a4b.webp 1000w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/07/1018560265e1a4b-300x180.webp 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/07/1018560265e1a4b-768x461.webp 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>
</div>


<span id="more-4347"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dr. Zafar Mahmood</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Partido Comunista de China (PCCh) fue fundado el 1 de julio de 1921. El miércoles 8 de julio celebró su 105.º aniversario. A lo largo de más de un siglo, la trayectoria histórica del PCCh se ha desarrollado en tres grandes fases: la transformación revolucionaria (1921-1949), la construcción del Estado y el desarrollo socialista (1977), y la reforma, la modernización y la participación global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sus más de cien años de historia, el PCCh ha afrontado todo tipo de desafíos, superándolos con resiliencia, sabiduría colectiva y unidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que Xi Jinping asumió el cargo de secretario general del PCCh en noviembre de 2012, el Partido ha hecho hincapié en una nueva etapa de desarrollo centrada en la revitalización nacional, una mayor capacidad de gobernanza, la modernización tecnológica y un papel más activo a nivel global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las principales directrices políticas tras la llegada de Xi Jinping a la Secretaría General incluyen:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fortalecimiento del liderazgo y la capacidad de gobernanza del Partido: </strong>Xi situó el liderazgo del PCCh en el centro del modelo de desarrollo de China, haciendo hincapié en que el Partido debe proporcionar la dirección general y coordinar las principales estrategias nacionales.</p>



<ol class="wp-block-list"></ol>



<ol class="wp-block-list"></ol>



<p class="wp-block-paragraph">La campaña contra la corrupción se convirtió en una prioridad fundamental, dirigida tanto a altos funcionarios («tigres») como a funcionarios de menor rango («moscas») para mejorar la disciplina del Partido y la confianza pública. Se destacó el concepto de «autorrevolución» del Partido como una forma de mantener la fortaleza organizativa y la adaptabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reducción de la pobreza y desarrollo centrado en las personas:</strong> Uno de los logros más importantes durante el liderazgo de Xi fue la campaña de reducción de la pobreza focalizada, que logró la erradicación de la pobreza extrema para 2020.</p>



<ol start="2" class="wp-block-list"></ol>



<p class="wp-block-paragraph">Las políticas se orientaron hacia la revitalización rural, mejorando la infraestructura rural, la sanidad, la educación y la modernización agrícola. Se promovió el concepto más amplio de «prosperidad común» para abordar las disparidades regionales y mejorar la calidad del desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Transición hacia un desarrollo de alta calidad:</strong> El liderazgo de Xi Jinping reorientó el desarrollo, pasando del crecimiento acelerado al crecimiento de alta calidad.</p>



<ol start="3" class="wp-block-list"></ol>



<p class="wp-block-paragraph">Las políticas priorizaron el desarrollo impulsado por la innovación, la manufactura avanzada, la economía digital, la inteligencia artificial, la transformación verde y las industrias estratégicas emergentes. El concepto de «nuevas fuerzas productivas de calidad» se convirtió en un tema clave, centrado en la productividad impulsada por la tecnología y la modernización industrial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Autosuficiencia tecnológica e innovación:</strong> China incrementó la inversión en áreas como semiconductores, aeroespacial, energías renovables, biotecnología y tecnologías digitales. El objetivo fue reducir la vulnerabilidad en tecnologías críticas y mejorar la competitividad en las cadenas de valor globales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desarrollo verde y civilización ecológica:</strong> Xi Jinping elevó la protección del medio ambiente a una prioridad estratégica nacional mediante el concepto de civilización ecológica. China anunció el objetivo de alcanzar el pico de emisiones de carbono antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060. Se produjo una importante expansión en energías renovables, vehículos eléctricos e industrias verdes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reforma y apertura más profundas:</strong> Si bien se fortaleció la coordinación estatal, el período de Xi también continuó la reforma en áreas como la mejora del entorno empresarial, el desarrollo de un mercado nacional unificado, la expansión de la apertura de alto nivel y la promoción de zonas de libre comercio. Iniciativas como la Franja y la Ruta ampliaron la participación económica y diplomática de China y su proyección global.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Seguridad nacional y resiliencia estratégica:</strong> Se introdujo un concepto más amplio de seguridad nacional, que abarca la seguridad económica, tecnológica, energética, alimentaria, cibernética y financiera. Las políticas se centraron cada vez más en la resiliencia en medio de la incertidumbre global y la competencia geopolítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gobernanza global e iniciativas civilizatorias:</strong> China, bajo el mandato de Xi, ha promovido conceptos como la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Seguridad Global, la Iniciativa de Civilización Global y la Iniciativa de Gobernanza Global. Estas iniciativas enfatizan la cooperación para el desarrollo, el diálogo entre civilizaciones y la reforma de las instituciones de gobernanza global.</p>



<ol start="4" class="wp-block-list"></ol>



<p class="wp-block-paragraph">El período posterior a 2012 representa una transformación significativa en las prioridades políticas del Partido Comunista Chino: de perseguir principalmente un rápido crecimiento económico a corto plazo a un ritmo acelerado a un ritmo acelerado a un futuro más sostenible a largo plazo. Expansión económica hacia un modelo centrado en la revitalización nacional, la fortaleza tecnológica, la estabilidad social, el desarrollo sostenible y un papel internacional más relevante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el 105.º aniversario del PCCh, el discurso central destaca la continuidad entre su misión histórica y sus objetivos actuales: modernización, mejora del nivel de vida, fortalecimiento de la gobernanza y el logro de lo que Xi Jinping denomina la «gran revitalización de la nación china».</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de los logros históricos multidimensionales del siglo pasado, especialmente después de 2012, el liderazgo y la nación china siguen fieles a la letra de su himno nacional, «La marcha de los voluntarios».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Levántense! ¡Levántense! ¡Levántense!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Millones con un solo corazón, valientes ante el fuego enemigo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Adelante, adelante, adelante!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Más de cien millones de miembros del partido son garantía del éxito de esta marcha por la paz, el progreso, el desarrollo y la prosperidad, no solo para el pueblo chino, sino también para la realización de la visión del presidente Xi de una «comunidad de futuro compartido para la humanidad», que constituye el marco fundamental de la iniciativa de gobernanza global de China.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El autor es un experto en China. Fue primer cónsul general de Pakistán en Shanghái. Habla chino con fluidez.</em></p>
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		<title>Jabbour: China reposiciona el socialismo como poder</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2026 06:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Video]]></category>
		<category><![CDATA[construcción del socialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El economista afirma que el marxismo es «la ciencia del poder político» y sostiene que la experiencia china debe entenderse desde la perspectiva de la soberanía. Brasil 247 El economista Elias Jabbour declaró que&#46;&#46;&#46;]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El economista afirma que el marxismo es «la ciencia del poder político» y sostiene que la experiencia china debe entenderse desde la perspectiva de la soberanía.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="492" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/20260411060424_b962803d-4630-4280-bef2-6ca50a06ca3d-1024x492.webp" alt="" class="wp-image-4309" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/20260411060424_b962803d-4630-4280-bef2-6ca50a06ca3d-1024x492.webp 1024w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/20260411060424_b962803d-4630-4280-bef2-6ca50a06ca3d-300x144.webp 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/20260411060424_b962803d-4630-4280-bef2-6ca50a06ca3d-768x369.webp 768w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/20260411060424_b962803d-4630-4280-bef2-6ca50a06ca3d.webp 1250w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Elias Jabbour</figcaption></figure>
</div>


<span id="more-4308"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Brasil 247</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El economista Elias Jabbour declaró que la China contemporánea debe entenderse como la principal expresión histórica de una teoría del socialismo adaptada a nuestro tiempo, basada en el poder político, la planificación económica y la soberanía nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta valoración se presentó en una entrevista concedida al periodista Breno Altman en el programa «20 Minutos» de Opera Mundi, el 25 de marzo de 2026, con motivo del lanzamiento del libro «Poder y socialismo», escrito en colaboración con Roland Boer.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la conversación, Jabbour argumentó que el centro del debate sobre el socialismo no reside en abstracciones morales ni en listas formales de requisitos, sino en la cuestión concreta de quién ejerce el poder y en favor de qué base material opera dicho poder. En su formulación, la experiencia china reposiciona el socialismo «en el terreno estratégico», no solo como un ideal, sino como una capacidad real para organizar el desarrollo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Marxismo, poder político y la centralidad del Estado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al presentar la tesis central de su nuevo libro, Jabbour fue directo al definir el punto de partida de su interpretación: «Para nosotros, el marxismo es la ciencia del poder político». Según él, esta ciencia se desarrolla a partir de dos dinámicas simultáneas: la experiencia histórica de los partidos comunistas en el poder y la lucha de los pueblos en sus realidades nacionales concretas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En opinión del economista, el poder político no es un elemento secundario ni un detalle institucional. Por el contrario, expresa una base material y determina la capacidad de dirigir la sociedad. Por lo tanto, Jabbour insistió en que «sin poder político, no existe absolutamente nada».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basándose en esta interpretación, argumentó que China debe analizarse como un experimento histórico en el que el poder político es ejercido por un bloque histórico liderado por el Partido Comunista, basado en formas de propiedad no privadas y en una estrategia de desarrollo nacional socialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Jabbour, este punto es crucial porque, según él, nos permite escapar de las interpretaciones superficiales de China. En lugar de limitarnos a observar la presencia del mercado o de las empresas privadas, propone investigar quién controla el curso de la acumulación, la inversión y la producción.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>China, el socialismo y el desarrollo de las fuerzas productivas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los temas principales de la entrevista fue la idea de que el socialismo debe entenderse históricamente. Jabbour argumentó que, en sociedades atrasadas o devastadas, la construcción socialista requiere, sobre todo, el fortalecimiento de las fuerzas productivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al recordar la conocida fórmula de Lenin: «el poder de los soviets más la electrificación», sostuvo que el desarrollo material no es una desviación del socialismo, sino una condición para su propia existencia. En sus palabras, «sin él no hay felicidad», refiriéndose a la base productiva necesaria para garantizar el bienestar, la infraestructura y los servicios públicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto, Jabbour recurrió a datos históricos para ilustrar la transformación china. Recordó que China en 1949 era, según su descripción, uno de los países más pobres del mundo, con una esperanza de vida muy baja, una alta tasa de analfabetismo y profundas señales de subdesarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su opinión, el salto a una potencia que hoy compite en la cuarta revolución industrial solo puede entenderse por la capacidad del Estado y del Partido Comunista para organizar el desarrollo a gran escala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Refutando las interpretaciones que clasifican a China simplemente como capitalista, argumentó que las formas no privadas de propiedad siguen siendo fundamentales para el proceso de acumulación y que el país inauguró un tipo particular de desarrollo liderado por el Partido Comunista.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El criterio para definir el socialismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Breno Altman le preguntó cuál sería el criterio para definir si un país es socialista o no, Jabbour respondió enfáticamente: «Para mí, es el poder político». Repitió esta idea varias veces a lo largo de la entrevista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el economista, el poder político es el núcleo de la definición porque siempre se sustenta en una base material específica. En la esclavitud, explicó, el monopolio sobre el esclavo determinaba el poder. En el feudalismo, el monopolio sobre la tierra. En el capitalismo, el capital. En el socialismo, por lo tanto, la clave reside en saber si el poder político se fundamenta en formas de propiedad no privadas y si orienta a la sociedad hacia una estrategia socializadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, reconoció que el problema no puede abordarse de forma simplista. Al analizar en detalle, como él mismo dijo, resulta necesario observar si este poder se basa en la propiedad pública, colectiva, partidista u otras formas no privadas capaces de sustentar una trayectoria distinta a la del capitalismo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Gobernanza china y la idea de democracia iliberal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro punto central de la entrevista fue la descripción de la gobernanza china. Jabbour afirmó que una de las contribuciones más importantes de <em>Poder y Socialismo</em> reside precisamente en el esfuerzo por explicar cómo se toman las decisiones en China y por qué, en su opinión, el país está construyendo una forma de democracia iliberal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rechazó la interpretación de que China sea simplemente una dictadura o un régimen impulsado por el culto a la personalidad. En cambio, argumentó que existen mecanismos de participación y deliberación estructurados desde aldeas, pueblos y barrios, que se extienden a niveles superiores del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al explicar esta estructura, Jabbour afirmó que el nivel más bajo de representación es la manzana, con representantes elegidos localmente. Desde allí, el sistema asciende indirectamente a niveles más amplios, hasta la Asamblea Popular Nacional. Según él, los parlamentarios no son políticos profesionales y mantienen fuertes vínculos con sus electores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la entrevista, declaró: «China está logrando implementar un sistema de representación que me resulta muy interesante estudiar». También destacó que las redes sociales y las presiones de la vida cotidiana han amplificado el poder de los barrios y las aldeas, situando demandas concretas en el centro de la política nacional.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Trabajo a través de aplicaciones, presión social y capacidad de respuesta del sistema</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ejemplificar este proceso, Jabbour citó el reciente debate sobre las condiciones laborales de los repartidores a través de aplicaciones en China. Según él, las quejas difundidas en las redes sociales tuvieron suficiente repercusión como para llegar a los niveles más altos del poder, influyendo en los debates del Congreso Nacional del Pueblo y generando nuevas normas para aumentar la protección de estos trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El economista argumentó que este episodio revela una gobernanza «sensible a los deseos de la sociedad». En su opinión, China no puede entenderse únicamente a través de las categorías liberales clásicas, porque allí opera una estructura política diferente, moldeada tanto por la lucha antiimperialista como por sus propios mecanismos de participación y supervisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jabbour también llamó la atención sobre el papel del Partido Comunista como órgano de supervisión del Estado. Según él, el partido controla al Estado, y no al revés. Por lo tanto, el sistema político chino implicaría la cooperación multipartidista bajo la dirección estratégica del Partido Comunista.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Partido Comunista, empresas privadas y lucha de clases</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los momentos más contundentes de la entrevista fue la defensa de la existencia de una lucha de clases real e intensa en la China contemporánea. Jabbour rechazó la tesis de que la burguesía china sea la clase dominante, y que el Partido Comunista actúe únicamente como líder político de sus intereses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el contrario, afirmó que el bloque gobernante histórico representa los intereses generales de la sociedad y que el conflicto con los empresarios privados, millonarios y multimillonarios es permanente. En sus palabras: «Hay lucha de clases en China, total, absoluta e incluso violenta».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como ejemplos, citó la huida de multimillonarios tras cambios regulatorios más estrictos, la pérdida de activos por parte de grandes fortunas y la obligación de las empresas privadas de dirigir las inversiones a áreas estratégicas, incluso sin garantía de ganancias inmediatas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hizo hincapié en la creciente presencia del Partido Comunista y del Estado en la estructura accionarial de las empresas privadas, así como en la necesidad de supervisión del partido en las grandes corporaciones. En opinión del economista, esto refleja un avance del sector público sobre el privado y la formación de nuevas formas históricas de propiedad.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Acciones de oro, grandes tecnológicas y el avance del Estado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al comentar la dinámica reciente de la economía china, Jabbour afirmó que el Estado y el Partido Comunista han estado ampliando su capacidad de intervención directa en el sector privado. Mencionó el uso de mecanismos como las acciones de oro en grandes empresas, incluidas las tecnológicas, para garantizar una influencia decisiva en asuntos estratégicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su interpretación es que China está experimentando un movimiento en el que la microeconomía de las empresas se subordina cada vez más a la contabilidad social. En otras palabras, las decisiones empresariales se condicionan cada vez más a las prioridades colectivas, nacionales y estratégicas definidas políticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este punto resurgió cuando Breno Altman preguntó si, ante un conflicto entre los accionistas privados y la orientación del Partido Comunista, prevalecería la determinación del partido. La respuesta de Jabbour fue directa: «El partido manda».</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El concepto de «economía de proyectos»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los conceptos más discutidos en la entrevista fue el de «economía de proyectos», formulado por el economista brasileño Ignácio Rangel y retomado por Jabbour y Rolland Boer en su nuevo libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Jabbour, se trata de una economía en la que la propiedad pública a gran escala de los medios de producción y un sofisticado aparato informativo permiten la coordinación de proyectos a gran escala, armonizando las estructuras de costos y beneficios en aras de un mayor bienestar social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para él, la economía de planificación representa una etapa en la que la microeconomía se ve absorbida por la macroeconomía o, en sus términos, por la contabilidad social. El objetivo deja de ser simplemente el beneficio privado inmediato y se convierte en la producción a gran escala de bienes públicos, infraestructura, movilidad, energía, servicios y bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aplicando este concepto a China, Jabbour argumentó que el país ya presenta características de este tipo de economía, especialmente en la coordinación entre empresas públicas y privadas e instrumentos estatales en proyectos estratégicos nacionales.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Infraestructura, bienes públicos y una nueva medida de riqueza</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la conversación, Jabbour insistió en que China ha dejado de ser una economía centrada únicamente en la producción de bienes y se ha convertido cada vez más en una economía orientada a la construcción de grandes bienes públicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Citó como ejemplos los aproximadamente cincuenta mil kilómetros de trenes de alta velocidad, la expansión del metro en ciudades como Shanghái, las grandes inversiones en energías renovables y el uso de la tecnología digital para aumentar la capacidad de previsión y coordinación de la economía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este contexto, el economista revivió la noción de «utilidad per cápita», asociada a Ignácio Rangel. En lugar de medir únicamente el ingreso monetario, la idea sería medir cuánto puede beneficiarse cada persona de los bienes y servicios públicos que mejoran la calidad de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Jabbour, este tipo de transformación ayuda a explicar por qué China logró combinar crecimiento, urbanización, reducción de la pobreza y expansión de infraestructuras de una manera que, según él, el capitalismo no ha podido lograr en países con grandes poblaciones.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Trabajo asalariado, plusvalía y críticas a Fernando Haddad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la entrevista, Breno Altman reiteró la postura del exministro Fernando Haddad, quien en una conversación anterior en el mismo programa había clasificado a China como un nuevo tipo de capitalismo por mantener el trabajo asalariado, la ley del valor y la plusvalía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jabbour discrepó completamente. Para él, el problema no radica en la mera existencia del trabajo asalariado, sino en quién se apropia de la plusvalía y con qué fin. Su respuesta se resumió así: «La contradicción no está en la existencia del trabajo asalariado».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el economista, la apropiación de la plusvalía en China se produce predominantemente de forma pública y revierte en la sociedad en forma de bienes públicos, infraestructura, capacidad estatal, defensa, ciencia, tecnología y políticas de bienestar. Por lo tanto, considera insuficiente definir el capitalismo únicamente por la presencia del trabajo asalariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jabbour también afirmó que la tendencia histórica china es la de una progresiva absorción de la microeconomía por la macroeconomía, lo que modificaría el papel mismo de la ley del valor y profundizaría la orientación social de la plusvalía.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>De la Revolución de 1949 a la «Nueva Era»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro eje importante de la entrevista fue la periodización de la experiencia china. Jabbour rechazó la idea de una ruptura absoluta entre la revolución de 1949 y la apertura iniciada en 1978.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según él, no existe un «modelo chino» sin la revolución socialista. En sus palabras: «China solo existe gracias a la revolución socialista». En su opinión, el periodo comprendido entre 1949 y 1978 fue fundamental para la construcción de la base material, industrial, tecnológica y soberana, sin la cual la etapa posterior no habría sido posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de 1978, afirmó, se llevaron a cabo nuevos experimentos orientados al desarrollo de las fuerzas productivas, con un mayor uso de los mecanismos de mercado, el capital extranjero, las empresas conjuntas y nuevas formas de propiedad. Aun así, los objetivos estratégicos se mantuvieron: fortalecer el país, desarrollar la base productiva y preservar la soberanía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jabbour también destacó 2017 como otro hito decisivo. Según él, a partir de ese momento, China comenzó a priorizar con mayor fuerza la distribución de las ganancias de productividad, la corrección de las desigualdades y el avance del sector público sobre el privado sobre nuevas bases.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Soberanía nacional y el Sur Global</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la parte final de la entrevista, el economista amplió el debate al Sur Global y a Brasil. Para él, el concepto de soberanía nacional debería orientar el pensamiento estratégico de la izquierda contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jabbour afirmó que sin soberanía no hay industrialización, democracia efectiva ni superación de la dependencia. Sostuvo, además, que la izquierda brasileña ha abandonado en gran medida la agenda de desarrollo nacional, sustituyéndola por agendas fragmentadas y desvinculadas de un proyecto nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien declaró no ver en el Gobierno del presidente Lula una «contradicción antagónica» que lo alejara de su bando político, criticó la baja inversión, el peso del trípode macroeconómico, la independencia del Banco Central y el marco fiscal como limitaciones para la reindustrialización brasileña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este pasaje, defendió la necesidad de reconstruir una mayoría política en torno a un nuevo proyecto de desarrollo nacional, inspirado en experiencias capaces de articular soberanía, planificación y transformación estructural.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.brasil247.com/ideias/elias-jabbour-diz-que-china-recoloca-o-socialismo-como-projeto-de-poder-em-novo-livro"><strong>Brasil 247</strong></a></p>
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		<title>Lenin y la dialéctica del socialismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Apr 2026 22:02:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Materiales para la formación]]></category>
		<category><![CDATA[construcción del socialismo]]></category>
		<category><![CDATA[gabriel rockhill]]></category>
		<category><![CDATA[vladimir ilich lenin]]></category>
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					<description><![CDATA[China sirve como ejemplo vivo de la dialéctica del socialismo y, por tanto, del legado histórico-mundial de Lenin Gabriel Rockhill 1. Aprendiendo a escalar montañas con Lenin V.I. Lenin describió una vez una escena&#46;&#46;&#46;]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>China sirve como ejemplo vivo de la dialéctica del socialismo y, por tanto, del legado histórico-mundial de Lenin</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="360" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/IMG_1384.jpeg" alt="" class="wp-image-4314" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/IMG_1384.jpeg 640w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/IMG_1384-300x169.jpeg 300w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>
</div>


<span id="more-4313"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gabriel Rockhill</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">1. <strong>Aprendiendo a escalar montañas con Lenin</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">V.I. Lenin describió una vez una escena en la que un alpinista, buscando acceder a una cima nunca antes alcanzada, se veía «obligado a retroceder, descender, buscar otro camino, quizás más largo, pero que [le permitiera] alcanzar la cumbre». A una distancia segura, la gente de abajo observaba sus movimientos a través de un telescopio y se burlaba maliciosamente de él por no haber logrado su objetivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos celebraban con alegría su falta de éxito y lo tachaban de loco, esperando que se cayera; otros ocultaban su regocijo y fingían pena por el hecho de que el pobre hombre no hubiera esperado a que completaran su bien pensado plan para escalar la montaña. Todos coincidían, sin embargo, en que lo que veían ante sus ojos era un caso claro de fracaso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los observadores de esta metáfora confían en la percepción sensorial para llegar a su conclusión. Lo que vieron fue a un alpinista alejándose de la cumbre y descendiendo. Lo que les faltaba era la comprensión: puesto que el escalador no podía avanzar por el camino elegido, la única forma posible de llegar a la cima era descender y buscar otra ruta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este texto fue escrito once meses después de la promulgación de la Nueva Política Económica (NEP) en marzo de 1921, que introdujo temporalmente «un mercado libre y el capitalismo, ambos sujetos al control del Estado». Como queda claro en el párrafo final del artículo de Lenin, el escalador que describió era una metonimia de los soviéticos que habían promulgado la NEP, a la que Lenin describió como «nuestra retirada, nuestro ‘descenso&#8217;».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El líder de la Revolución Rusa nos proporcionó así una representación metafórica de la dialéctica del socialismo: lo que a la percepción sensorial le parece un paso atrás es, al nivel de la comprensión, simplemente una maniobra necesaria para avanzar con éxito hacia el objetivo general.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>2. La dialéctica del socialismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El proceso de desarrollo del socialismo se ha caracterizado por profundas contradicciones que a menudo han resultado extremadamente difíciles de trabajar y superar. Desde el punto de vista del análisis objetivo, esto no debería sorprender lo más mínimo. Después de todo, el socialismo es el proceso contradictorio de construir el comunismo a partir de las ruinas del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus materias primas proceden del mundo capitalista existente, no de planos teóricos perfectos, y el producto final que pretende producir es, en muchos sentidos, el espejo opuesto de ese mundo existente. El socialismo tiene, por tanto, la tarea de hacer algo que parece imposible: hacer comunismo a partir del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, muchos en la izquierda occidental —es decir, la izquierda dentro del núcleo imperial — no comprenden esta contradicción. En su lugar, se limitan a comparar la imagen que tienen en su mente de una sociedad comunista perfecta con las sociedades socialistas existentes, y denigran a estas últimas por no ser idénticas a la primera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si no hay una democracia obrera pura que funcione perfectamente, si no se suprimen inmediatamente todas las formas de relaciones laborales desiguales, si persisten formas de extractivismo, etc., entonces esa sociedad es condenada por no estar a la altura del modelo de comunismo que tienen en su imaginario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos en la izquierda occidental sostienen incluso que el propio Estado debe extinguirse bajo el comunismo, lo que significa que cualquier proyecto de construcción de un Estado socialista debe ser rechazado si no conduce inmediatamente a su propia desaparición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes ven el mundo de esta manera permanecen en el nivel de la percepción sensorial, donde «lo que ves es lo que hay». Si el socialismo no parece una forma perfecta de comunismo, entonces no debe estar en el camino hacia este último.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al igual que quienes increpaban al montañero de Lenin, no captan el contexto material más amplio y carecen de la comprensión de cómo un retroceso temporal puede ser necesario para encontrar el camino correcto hacia adelante. Lo que les falta, en otras palabras, es una comprensión de la dialéctica del socialismo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>3. Imperialismo vs. soberanía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A Ernesto Che Guevara, tras el éxito de la Revolución Cubana de 1959, se le preguntó por los principales problemas que afrontaba Cuba. Dijo que eran dos: el primero era el imperialismo, y el segundo era… el imperialismo. El chiste, por supuesto, era que el problema del imperialismo era tan grave que constituía algo más que un solo asunto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía en mente todas las atroces operaciones que la principal potencia imperialista, Estados Unidos, dirigía contra la lucha por la soberanía de la pequeña isla: ataques con bombas y ataques aéreos con bombas incendiarias, campañas terroristas, guerra económica y el bloqueo ilegal, ataques biológicos y la propagación intencionada de enfermedades tanto a humanos como a ganado, guerra contra las cosechas, intentos de asesinato, campañas de propaganda incesantes y bien financiadas, extensas redes de espionaje dedicadas a juegos sucios, innumerables campañas de desestabilización y, por supuesto, la infame invasión de Bahía de Cochinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta lucha por la soberanía socialista frente al imperialismo no ha sido solo característica de la Revolución Cubana. Ha sido un rasgo de cada uno de los experimentos socialistas. A ninguno se le ha permitido desarrollarse de forma autónoma, sin injerencias externas y sin las formas más atroces de guerra híbrida anticomunista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En palabras de Michael Parenti, nunca hemos visto un solo ejemplo de socialismo puesto en libertad. Lo único que ha logrado abrirse paso a la existencia es el socialismo bajo asedio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta guerra mundial interminable contra el socialismo es el contexto material necesario para comprender cómo es el socialismo en el mundo real. Es necesariamente una consecuencia de la lucha por establecer una soberanía autónoma en lugar de ser controlado política, social, económica y culturalmente por las potencias imperialistas. Dados los medios violentos e invasivos de estas últimas, la lucha por la soberanía socialista ha requerido el uso del poder y el control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proceso de adquirir por la fuerza la soberanía que ha sido negada puede ser largo, pero es una táctica cuya estrategia es una forma superior de soberanía democrática que no requiera el mismo nivel de fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes denuncian los proyectos socialistas como autoritarios suelen quedarse simplemente en el nivel de la percepción sensorial, percibiendo las medidas puestas en marcha para ejercer algún control soberano sobre la vida social, política, económica y cultural. Lo que les falta es comprender cómo esta realidad ha sido impuesta por los imperialistas, no por los socialistas.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>4. Desarrollarse o morir</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si los socialistas son capaces de tomar el poder en países que históricamente han estado sometidos a la dominación colonial, semicolonial o neocolonial, su lucha pasa de lo que Domenico Losurdo llamó una fase político-militar a una fase político-económica en la que el desarrollo de las fuerzas productivas es de importancia primordial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras décadas o incluso siglos de subdesarrollo capitalista, es absolutamente necesario desarrollar las fuerzas productivas para que estos países superen su estatus subordinado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este desarrollo también es necesario para satisfacer las necesidades de la población, que ha sido objeto de grandes privaciones debido a las condiciones de subdesarrollo que se le han impuesto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras que la historia del capitalismo ha demostrado que las fuerzas productivas pueden desarrollarse rápidamente mediante la depredación colonial y la explotación intensificada de las clases productoras en el extranjero, los Estados que persiguen el socialismo deben desarrollarse por un camino diferente, consolidando su apoyo entre las clases trabajadoras y sin depender del excedente generado por el imperialismo y el intercambio desigual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si las fuerzas productivas no se desarrollan con la rapidez suficiente para que el país sea autosuficiente y capaz de defenderse, será aplastado por las potencias imperialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunos casos, la necesidad de desarrollarse ha sido tan aguda que algunos países socialistas se han visto obligados a aceptar, al menos temporalmente, compromisos tácticos como una mayor huella ecológica, la práctica del extractivismo, el uso de mano de obra explotada y un desarrollo desigual y desequilibrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos han puesto el grito en el cielo en cuanto han percibido estas actividades bajo la bandera del socialismo. Las consideran señales claras de que estos países no están en el camino hacia el comunismo y que, por tanto, no son verdaderamente socialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez más, la discrepancia entre una imagen preestablecida del comunismo y la percepción sensorial inmediata nubla la comprensión de las luchas materiales por construir el socialismo en el mundo real. Algunos de los atrapados en la percepción sensorial llegan a afirmar que nada de lo que ven ante sus ojos recibirá la etiqueta de socialismo a menos que se ajuste a una representación ideal de una sociedad futura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas personas son como los burladores que siguen perfeccionando su idea de la escalada de montaña mientras otros la están escalando realmente, aunque sea en zigzags que parecen contradecir las ideas de los primeros.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>5. Dialéctica del socialismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La percepción sensorial, podríamos decir, es el nivel más bajo de la conciencia socialista. Consiste simplemente en mirar el mundo y compararlo con una imagen mental, sin comprender necesariamente la naturaleza concreta del mundo o las luchas materiales en curso. La dialéctica del socialismo requiere que uno se mueva hacia el nivel superior del entendimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como hemos visto brevemente en los casos del establecimiento forzoso de la soberanía autónoma y el desarrollismo, estos han sido necesarios para la supervivencia del socialismo dentro de un mundo imperialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para dilucidar la dialéctica del socialismo, es útil distinguir entre táctica y estrategia. Las tácticas son las maniobras a corto plazo necesarias para avanzar hacia la estrategia, u objetivo general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dejó claro Lenin en su metáfora del alpinista, a veces las tácticas parecen contradecir la estrategia. Al fin y al cabo, si alguien ve a un alpinista descender, ¿por qué iba a suponer que se trata de una táctica para alcanzar la cima?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del mismo modo, si alguien percibe países socialistas que mantienen formas disciplinadas de control y se ven impulsados a desarrollarse a un ritmo que tiene un impacto negativo en algunos trabajadores y en el mundo natural, ¿por qué iba a pensar que ese es el camino hacia el comunismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta, por supuesto, se encuentra en un nivel de conciencia socialista superior al de la percepción sensorial. En este nivel, resulta evidente que la naturaleza material del mundo es tal que ciertas tácticas, que a ojos aficionados parecen formas de retirada, son en realidad pasos atrás necesarios para dar saltos hacia adelante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuanto más rápido puedan los países socialistas establecer su soberanía y desarrollar sus fuerzas productivas, más rápido podrán —si se mantienen en la senda socialista— pasar al siguiente nivel y superar estas contradicciones porque ya no estarán simplemente luchando por la supervivencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significa, por supuesto, que haya que aceptar simplemente todas las formas de disciplina y desarrollismo en cuanto ondeen la bandera del socialismo. Hay y ha habido diversos abusos, y el socialismo es algo que no está hecho simplemente por seres humanos, con todas sus diversas faltas, sino por seres humanos que han sido condicionados ideológicamente por el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es importante, en este sentido, que la lucha social continúe bajo el socialismo, y que los proyectos socialistas hayan empleado diferentes tácticas para hacer frente al imperialismo y responder a la necesidad de desarrollo. Podemos, y debemos, evaluar críticamente el éxito o el fracaso relativo de tácticas específicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ápice de la conciencia socialista no es el entendimiento, sino la conciencia práctica, y el reconocimiento de que la práctica es el árbitro último de la verdad. Esto es lo que aclarará qué funciona y qué no. En el caso del alpinista, ¿condujo su aparente descenso a su éxito práctico al escalar la montaña, o al menos al llegar a la siguiente meseta?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso del socialismo, ¿han permitido estos aparentes pasos atrás que los países socialistas avancen hacia la estrategia a lo largo del tiempo, aunque hayan tardado décadas? Si no es así, ¿qué se puede aprender de este retroceso y qué otros caminos viables existen? Después de todo, no hay planos para el socialismo; solo hay un proceso práctico de aprendizaje que avanza, en parte, mediante el ensayo y el error.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es una de las razones por las que es tan importante que los socialistas aprendan de sus errores prácticos, o de los de otros, para averiguar colectivamente cuál es la mejor manera de escalar la montaña. Esta tarea, por difícil que sea, debe cumplirse si la humanidad quiere tener un futuro, y la comprensión de la dialéctica del socialismo —basada en la primacía de la práctica— puede ayudarnos en este tortuoso camino.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>6. El legado práctico de Lenin</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin nos proporcionó una dilucidación tanto teórica como práctica de la dialéctica del socialismo. Aunque murió hace cien años, su legado continúa en la lucha actual por romper las cadenas del imperialismo y avanzar en el proyecto del socialismo. Se ha aprendido mucho más en este proceso durante el último siglo, debido en gran parte a la compleja historia del socialismo de estilo soviético y su eventual destrucción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquello fue un gran revés para el movimiento socialista mundial y, por supuesto, ha ido de la mano de una agresiva intensificación del imperialismo. Sin embargo, el fin de la URSS no fue en absoluto el toque de difuntos del proyecto socialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">China, por citar el ejemplo más grande y visible, estudió de cerca la historia de la URSS y extrajo muchas lecciones prácticas de sus éxitos y fracasos. Su reforma y apertura, no muy diferente de la NEP de Lenin, ha sido ridiculizada por algunos como un simple abandono del socialismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es mejor entenderla, sin embargo, como una táctica específica para desarrollar las fuerzas productivas con el fin de llevar el proyecto socialista al siguiente nivel. Este proceso no ha estado, por supuesto, exento de contradicciones, y aún queda mucho trabajo importante por hacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, le ha permitido persistir en el rumbo de desarrollar el socialismo con características chinas y, prácticamente hablando, ha contribuido claramente a que se convierta en un líder del proyecto socialista en el siglo XXI. China sirve así como ejemplo vivo de la dialéctica del socialismo y, por tanto, del legado histórico-mundial de Lenin.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://observatoriocrisis.com/2026/04/04/lenin-y-la-dialectica-del-socialismo/"><strong>Observatorio de la Crisis</strong></a></p>
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		<title>La socialdemocracia sobre Irán y su sesgo imperial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 23:01:00 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo ciertos enfoques socialdemócratas, al denunciar al Gobierno iraní sin considerar el contexto geopolítico y de clase, pueden terminar reforzando narrativas funcionales al imperialismo, diluyendo el análisis materialista y debilitando una oposición antiimperialista coherente.</strong></p>


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<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="575" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/e897b422-dea7-4798-862c-5b4415f2ea90_1949x1093-1024x575.webp" alt="" class="wp-image-4319" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/e897b422-dea7-4798-862c-5b4415f2ea90_1949x1093-1024x575.webp 1024w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/e897b422-dea7-4798-862c-5b4415f2ea90_1949x1093-300x168.webp 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/e897b422-dea7-4798-862c-5b4415f2ea90_1949x1093-768x431.webp 768w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/04/e897b422-dea7-4798-862c-5b4415f2ea90_1949x1093.webp 1456w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<span id="more-4318"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Rainer Shea</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender por qué cualquier denuncia de la República Islámica favorece la guerra de Trump contra Irán, basta con analizar el impacto, no la intención. Este es un aspecto fundamental de la perspectiva materialista, y es la razón por la que muchos estadounidenses pacifistas que han explorado el concepto de «fabricación de consentimiento» también se han inclinado hacia el marxismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando <a href="https://www.cityandstateny.com/politics/2026/03/mamdani-criticizes-iranian-regimes-brutal-government-while-still-condemning-us-and-israeli-attacks/411859/">Zohran Mamdani</a> u otros socialdemócratas critican al Gobierno iraní, objetivamente contribuyen a justificar la guerra, incluso cuando afirman estar en contra. Sin embargo, para comprender mejor el origen de esta postura y qué fuerzas la impulsan actualmente, debemos examinar los análisis sobre Irán publicados por <em>Jacobin</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de una publicación que ofrece una forma de intentar conciliar la postura «antibelicista» o «anticapitalista» con el socialismo del Departamento de Estado que Zohran representa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo de estos esfuerzos por conciliar dos tendencias contradictorias se encuentra en un <a href="https://jacobin.com/2026/01/iran-protests-khamenei-trump-israel">ensayo</a> publicado en enero por el profesor de historia Afshin Matin-Asgari en <em>Jacobin</em>, donde describió una facción política iraní que, según él, defendía la perspectiva más razonable. Esta perspectiva, si bien se declara en contra de los ataques de Washington y del ocupante sionista contra Irán, considera a instituciones como la Guardia Revolucionaria como enemigas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según esta visión, la Guardia Revolucionaria forma parte del problema y, por lo tanto, debe separarse del sistema económico. Matin-Asgari explicó cómo, en medio de la escalada estadounidense de los últimos años…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>…una plétora de declaraciones públicas y cartas abiertas exigieron un «cambio de paradigma en el sistema de gobierno». Estas declaraciones provinieron de académicos, activistas de derechos humanos y de la sociedad civil, abogados, antiguos y actuales presos políticos, sindicalistas, organizaciones de mujeres, grupos étnicos y nacionales reprimidos y disidentes del régimen purgados.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Coincidieron en varios puntos clave: la liberación de los presos políticos; la libertad de formar partidos y asociaciones; el fin del control estatal sobre los medios de comunicación; la transferencia al Gobierno de los cuantiosos activos económicos controlados por el Líder Supremo y las instituciones no electas; y el cese de la participación de las instituciones militares, principalmente la Guardia Revolucionaria, en los asuntos económicos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Todas las declaraciones también condenaron el ataque estadounidense-israelí contra Irán y rechazaron la posibilidad de un «cambio de régimen» mediante la intervención extranjera o un levantamiento violento.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si bien las protestas han sido contenidas por la fuerza por el momento, persiste el estancamiento político que la República Islámica ha impuesto a una sociedad inquieta y ahora desesperada. Superar este estancamiento requiere un cambio político significativo, algo que el régimen se niega rotundamente a siquiera considerar.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Las declaraciones de apoyo de Trump a los manifestantes no han tenido ningún impacto perceptible en Irán, salvo el de fortalecer la represión de un régimen que atribuye las protestas a la intervención estadounidense e israelí.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los cambios que prefiere el ala de <em>Jacobin</em> dentro de los Socialistas Democráticos de América (DSA) incluirían el desmantelamiento del orden económico del que forma parte la Guardia Revolucionaria. Pero, como <a href="https://www.midwesternmarx.com/articles/irans-islamic-socialism-by-marius-trotter">explica</a> Marius Trotter en <em>Midwestern Marx</em>, el poder económico de la Guardia Revolucionaria representa un pilar fundamental del poder de la clase trabajadora:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es importante mencionar a la Guardia Revolucionaria iraní porque los medios occidentales suelen hablar de la «privatización» de los activos estatales iraníes, especialmente durante el mandato del presidente Ahmadineyad (2005-2013), cuando en realidad la mayoría de estas supuestas privatizaciones transfirieron empresas estatales (bajo la supervisión del parlamento iraní) a la Guardia Revolucionaria.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Así pues, los activos iraníes pasaron de control estatal a control estatal, no se trató de una privatización en absoluto, al menos no en el sentido neoliberal. Así pues, entre las empresas estatales, el sector oficialmente controlado por el Estado y las empresas gestionadas por la Guardia Revolucionaria, la mayor parte de la economía iraní está controlada directamente por el Estado o subvencionada por él.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En conclusión, la lección que se desprende de este análisis de la economía iraní es que, independientemente de si se la puede calificar técnicamente de socialista o no (a pesar de las numerosas controversias sobre qué es el socialismo), resulta evidente que no se trata de un sistema neoliberal ni de libre mercado.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El objetivo principal de este modelo económico es 1) garantizar la soberanía económica y la seguridad nacional de Irán y 2) proporcionar una red de seguridad para las clases trabajadoras y los pobres del campo, que constituyen la principal base de apoyo de la República Islámica. No se trata de enriquecer a individuos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es con este conocimiento sobre el carácter clasista del Gobierno iraní, específicamente de las partes del Gobierno que se alinean con la revolución islámica, que comprendemos la simplicidad de la visión socialdemócrata sobre Irán. Más que simplista, proviene de una ideología fundamentalmente pro capitalista, del tipo que busca desvincularse del lastre de clase que implica apoyar el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de una política pro imperialista y anticomunista «desclasista», que se declara del lado del «pueblo» o de la «democracia» mientras se muestra reacia a tomar partido en la lucha entre capitalistas y trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como también señala Trotter, los liberales e incluso algunos marxistas ignoran el conflicto de clases dentro de Irán, así como el contexto histórico que explica cómo este conflicto llegó a ser como es ahora. El proletariado iraní (y la facción más radical, afín a sus intereses antiimperialistas) lucha por superar la influencia no solo de la oligarquía iraní, sino también de la clase media cosmopolita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta clase creció considerablemente gracias a los logros de la clase trabajadora, cuya dedicación a la resistencia al imperialismo permitió el avanzado desarrollo de Irán. Quienes integran la capa acomodada y de mentalidad liberal ahora buscan revertir los avances de la clase trabajadora y vender el país al poder imperial, sacrificando la autonomía nacional en aras del beneficio personal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es la verdadera naturaleza de la campaña para debilitar a la Guardia Revolucionaria: un proyecto que solo podría conducir a la privatización neoliberal, ya que, en realidad, las corporaciones y bancos multinacionales se harían con el control si Irán desmantelara sus elementos de Estado proletario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, dada la forma en que la socialdemocracia y la izquierda académica presentan a estas fuerzas dentro de Irán, cabría pensar que son las más «revolucionarias», las más de izquierda. Esta es la contradicción y la trampa de la socialdemocracia: emplea frases o estéticas revolucionarias, mientras sirve al capital en todos los sentidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La clave de este tipo de engaño político reside en la sistemática omisión del análisis de clases, del lenguaje que aborde el conflicto central entre trabajo y capital. En ausencia de este análisis, resulta fácil fusionar retóricamente el concepto de socialismo con el cosmopolitismo pequeñoburgués de las ONG, del tipo que subyace a estos llamamientos de «izquierda» para acabar con el control económico estatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que este marco de comprensión desclasado es el marco por definición en la mayor parte de la política antibelicista. Cuanto más presentemos un análisis de clases claro, más cambiará esta situación y mejor preparado estará el movimiento antibelicista para librar una lucha antiimperialista coherente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://rainershea.substack.com/p/why-the-socdem-position-on-iran-is"><strong>Rainer&#8217;s Newsletter</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Traducción de 45-rpm.net</em></p>
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		<title>Izquierda antiimperialista y responsabilidad histórica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[matapay]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Jan 2026 18:49:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irán]]></category>
		<category><![CDATA[alianza de izquierda antiimperialista iraní]]></category>
		<category><![CDATA[antiimperialismo]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un análisis sobre la crisis iraní en el marco de la guerra híbrida, las sanciones y el colapso del derecho internacional, que examina la tensión entre crítica interna y soberanía nacional, y defiende una izquierda que articule justicia social, independencia y responsabilidad política.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="987" height="555" src="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/02/iran-2172066.webp" alt="" class="wp-image-4295" srcset="https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/02/iran-2172066.webp 987w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/02/iran-2172066-300x169.webp 300w, https://www.45-rpm.net/wp-content/uploads/2026/02/iran-2172066-768x432.webp 768w" sizes="auto, (max-width: 987px) 100vw, 987px" /></figure>
</div>


<span id="more-4294"></span>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Alianza de Izquierda Antiimperialista Iraní</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de Irán hoy no puede explicarse con simples categorías políticas ni juicios morales abstractos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que enfrentamos no es simplemente una crisis de gobernanza, ni un simple descontento social, ni un simple conflicto ideológico; más bien, es la confluencia simultánea de presión económica, guerra psicológica, amenazas militares y proyectos abiertamente desestabilizadores en el marco de un orden global que ya ni siquiera pretende ser legalmente regular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tales circunstancias, cualquier análisis político, especialmente uno que se expresa desde una posición de “izquierda”, inevitablemente conlleva consecuencias políticas. La cuestión no es simplemente si las proposiciones son correctas o incorrectas; la cuestión es en qué lado de la balanza de poder se sitúa un análisis y qué papel desempeña en el verdadero campo de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda, en un momento de amenaza existencial para el país, no puede fingir neutralidad ni escudarse en críticas abstractas y generales, porque este mismo «fingir neutralidad» es, en la práctica, una postura política.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El fin de la ilusión de neutralidad: cuando el derecho se retira del escenario mundial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo contemporáneo ha entrado en una fase en la que el derecho y las instituciones internacionales se han visto cada vez más vaciados de su función restrictiva. El imperialismo hegemónico —especialmente en la persona de Estados Unidos y sus aliados— ya ni siquiera se molesta en ocultar la lógica de la fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sanciones económicas se han convertido en un instrumento oficial de guerra; una guerra destinada a la erosión social, la destrucción de la moneda nacional, el debilitamiento de la esperanza colectiva y la preparación del terreno para ataques políticos o militares. Al mismo tiempo, la amenaza de la fuerza militar no se expresa como último recurso, sino como parte de la «diplomacia normal».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo así, hablar de Irán sin considerar este contexto no es una simplificación, sino una eliminación activa de la lógica del poder. Una izquierda que reduce el papel del imperialismo a un “contexto ambiguo” o a un “factor secundario” separa efectivamente su análisis de la realidad material de la política global. Esta separación no es un mero error teórico; es un paso hacia el desarme analítico de una sociedad sometida a la guerra híbrida.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Una falacia peligrosa: Separar la crítica interna del contexto imperialista</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un error común en una sección del discurso de la llamada “izquierda” actual es la construcción de una falsa dicotomía entre “crítica interna radical” y “análisis antiimperialista”. Como si cualquier énfasis en el papel de las sanciones, las amenazas externas y los proyectos desestabilizadores significara ignorar la corrupción, la desigualdad y la opresión internas; como si cualquier crítica endógena severa fuera inherentemente progresista y liberadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista rechaza esta dualidad en su esencia. La cuestión no es elegir entre ambas, sino comprender su relación dialéctica. La crítica interna, divorciada del contexto de la guerra económica y la presión externa, tarde o temprano se convierte en una herramienta para legitimar dichas presiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La experiencia histórica ha demostrado que destacar unilateralmente las crisis internas, sin analizar el equilibrio de poder global, a menudo conduce al mismo resultado que el imperialismo espera: debilitar la cohesión social, erosionar el Estado-nación y preparar a la opinión pública para decisiones más difíciles.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La izquierda antiimperialista: el vínculo entre la justicia social y la independencia nacional</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista no niega las crisis internas ni defiende el statu quo. Pero insiste en un principio fundamental: ningún proyecto de justicia puede conducir a la liberación si está divorciado de la cuestión de la independencia nacional y la integridad territorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La justicia social no se da en el vacío; encuentra sentido dentro de una entidad política independiente. Del mismo modo, la independencia construida sobre la injusticia crónica es inestable y frágil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la corrupción, la búsqueda de rentas, las divisiones de clase y las políticas económicas injustas no son simplemente dilemas morales o administrativos; son debilidades estratégicas que, en condiciones de guerra combinada, se convierten en una herramienta para el enemigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la respuesta a esta realidad no es un llamado a debilitar la soberanía en el momento de la amenaza, sino un énfasis en las reformas endógenas, la implementación de la ley y la contención de la oligarquía en el marco de la preservación de la independencia y la cohesión nacionales.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La izquierda de la OTAN: Una crítica vacía de la lógica del poder</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender la postura de la izquierda antiimperialista, inevitablemente debemos enfrentarnos a un fenómeno que puede denominarse —no como un insulto, sino como una tipología analítica— la «izquierda de la OTAN». Este movimiento no se considera necesariamente pro OTAN e incluso puede criticar al imperialismo a nivel discursivo. Pero la cuestión no es la reivindicación, sino el funcionamiento real del discurso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda de la OTAN separa la crítica interna del contexto global. En esta narrativa, la estructura de poder interna opera como si estuviera en un vacío histórico y geopolítico; las sanciones se marginan, las amenazas militares se reducen a un simple «farol político» y la guerra económica y mediática combinada se reduce a «la excusa del gobierno».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado de tal análisis, aunque se presente en términos duros y radicales, en última instancia reproduce la imagen misma que necesitan los aparatos de política exterior occidentales: un país «incapaz de reformas», «problemático» y «dispuesto a intervenir».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El error fundamental de este enfoque no reside en su crítica a la corrupción o la represión, sino en su negación de la lógica del poder global. Es como si se pudiera hablar de Irán hoy sin ver su lugar en la cadena de contradicciones imperialistas, su papel en las ecuaciones regionales y el coste de su resistencia al orden hegemónico. Este tipo de análisis, aunque tenga una intención justa, en la práctica priva a la sociedad de comprender el verdadero campo de batalla.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Cuando la “crítica radical” se convierte en facilitadora del colapso</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la experiencia histórica contemporánea, hemos visto en numerosas ocasiones cómo críticas aparentemente radicales, al separarse del análisis del equilibrio de poder, se convierten en facilitadoras de proyectos desestabilizadores. Libia, Siria e Irak no son excepciones, sino patrones recurrentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En todos estos casos, hubo verdaderas crisis internas; pero lo que provocó el desastre fue la conexión de estas crisis con la intervención extranjera y la eliminación del principio de soberanía nacional del horizonte del análisis y la acción política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda de la OTAN, consciente o inconscientemente, se resbala precisamente en este punto. Al sobreenfatizar la “irreparabilidad” de la estructura interna, niega cualquier posibilidad de reforma endógena, sin ofrecer una alternativa real, independiente y popular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo donde, uno tras otro, los proyectos de “cambio de régimen” desde el exterior han conducido al colapso, la guerra civil y la desintegración, tal negación no es radicalismo, sino irresponsabilidad histórica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es precisamente donde la izquierda antiimperialista establece su línea de distinción: Crítica, sí; pero crítica que no desarme a la sociedad ante la presión externa. Protesta, sí; pero protesta que no se convierta en un trampolín para la intervención externa.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Justicia social y seguridad nacional: una falsa dicotomía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las distorsiones más peligrosas del discurso político actual es la oposición entre justicia social y seguridad nacional. En algunas narrativas, cualquier mención de seguridad nacional se presenta como un «discurso de represión»; como si una sociedad pudiera estar simultáneamente bajo las sanciones más severas, amenazas militares y guerra psicológica, y aun así considerar el debate sobre seguridad una «desviación».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista ve esta dualidad como falsa. La seguridad nacional sin justicia social se convierte en un cascarón vacío; y la justicia social sin seguridad e independencia se convierte en un eslogan vacío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una guerra híbrida, la corrupción económica, la búsqueda de rentas, los juegos de divisas destructivos y las divisiones de clase no solo son injusticias, sino también amenazas directas a la seguridad nacional. Pero la respuesta a esta amenaza no es debilitar al país frente al enemigo, sino fortalecer la capacidad de reforma interna y reconstruir el vínculo entre el Estado y la sociedad.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La responsabilidad histórica de la izquierda en una era de colapso de las reglas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda, en la actualidad, se enfrenta a una disyuntiva histórica. Puede conformarse con una crítica que, por dura y apasionada que sea, en la práctica se ajusta a las narrativas imperialistas; o puede aceptar la responsabilidad más difícil: mantener el vínculo entre la justicia, la independencia y la racionalidad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo donde el derecho ha sido eliminado del escenario de las relaciones internacionales y el imperialismo, con una intimidación descarada, oprime a las naciones independientes —ya sea mediante la guerra económica y mediática o mediante amenazas e intervención militar—, una izquierda que no comprenda la lógica del poder tarde o temprano se convertirá en un adorno discursivo de ese poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista no acepta este rol. No porque defienda el statu quo, sino precisamente porque sabe que sin independencia no puede haber una liberación duradera.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Conclusión teórica: La izquierda antiimperialista como racionalidad de resistencia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si formulamos la distinción de la izquierda antiimperialista a nivel teórico, más allá de las disputas cotidianas, debemos entenderla no simplemente como una «posición política», sino como una especie de racionalidad histórica; una racionalidad que se forma en la intersección de la justicia social, la independencia nacional y una comprensión realista de la lógica del poder global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este marco, la izquierda antiimperialista parte de una premisa simple pero decisiva:</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo contemporáneo es un mundo de conflictos asimétricos. Las potencias hegemónicas imponen su voluntad no mediante la ley, sino mediante sanciones, presión económica, guerra combinada, operaciones mediáticas y, de ser necesario, intervención militar. En un mundo así, ignorar la cuestión de la soberanía y la independencia nacionales no es una señal de radicalismo, sino de un simplismo peligroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista sabe que la justicia social, sin control sobre el destino político y económico del país, se convierte en una promesa vacía. La experiencia histórica ha demostrado que, en los países periféricos, el colapso de los Estados no ha conducido a la liberación de las masas, sino a la transferencia de riqueza, la destrucción de infraestructuras y la consolidación de formas de dominación más violentas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, la defensa de la independencia no es la suspensión de la justicia, sino la condición de su posibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cambio, una izquierda que separa la crítica interna de este contexto contribuye inconscientemente a reproducir la misma lógica del imperialismo que necesita presión e intervención para legitimarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta izquierda, incluso si habla honestamente del sufrimiento del pueblo, termina llegando a un análisis que deja a la sociedad indefensa ante los proyectos de colapso. Aquí es donde se hace evidente la frontera entre la «crítica liberadora» y la «crítica desarmada».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista, en contraste con este enfoque, ni elimina ni suspende la crítica; La sitúa en un horizonte histórico específico: un horizonte en el que el equilibrio de poder, la amenaza externa y las consecuencias objetivas del colapso son parte integral del análisis. En lugar de simplificar la realidad, acepta su complejidad y, precisamente por ello, se mantiene fiel a la racionalidad política.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Las tareas históricas de la izquierda antiimperialista en la actualidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si aceptamos estos fundamentos teóricos, la izquierda antiimperialista, en la situación actual, se enfrenta a un conjunto de tareas específicas y urgentes; tareas que no son meramente morales, sino profundamente políticas y sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En primer lugar, la tarea de la ilustración teórica y mediática</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista debe explicar claramente el vínculo entre la presión externa y las crisis internas, sin negar la corrupción, la desigualdad ni las ineficiencias reales. Esta ilustración no es propagandística ni unilateral, sino documentada, precisa y basada en un análisis del equilibrio de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Exponer la guerra económica, las sanciones selectivas contra los medios de vida de las personas y los proyectos para normalizar el colapso forman parte de esta responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Segundo, defender simultáneamente la justicia social y la seguridad nacional</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista no puede permanecer en silencio ante la renta, la oligarquía, la corrupción estructural y las políticas económicas injustas, porque estas son precisamente las debilidades estratégicas que el enemigo capitaliza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta crítica debe formularse de manera que no socave la cohesión nacional ni la legitimidad de la defensa del país. Combatir el «terrorismo económico» —desde la especulación monetaria hasta el saqueo de los recursos públicos— es tan esencial como enfrentar el caos organizado y los proyectos desestabilizadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tercero, desmarcarse claramente de los proyectos subversivos e intervencionistas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ausencia de una oposición democrática endógena y legítima, cualquier llamado al colapso o a una «transición inmediata» desde el exterior convierte al país en un campo de competencia para las potencias extranjeras. La izquierda antiimperialista tiene la tarea de exponer esta ilusión y demostrar que las experiencias regionales siempre han pagado el precio de tales escenarios, junto con la gente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuarto, fortalecer la solidaridad social contra una guerra de desgaste.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una guerra híbrida no solo ataca la economía y la política; También capitaliza el agotamiento psicológico de la sociedad, las rupturas de identidad y la desconfianza mutua. La izquierda antiimperialista, con su énfasis en la dignidad humana, el diálogo social y el apoyo a los desfavorecidos, desempeña un papel clave en la neutralización de esta guerra de desgaste.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Conclusión: La izquierda, entre la excitación y la responsabilidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un momento en que las normas del derecho internacional han sido prácticamente abandonadas y el imperialismo, con una intimidación descarada, ha convertido a las naciones independientes en blanco de presiones económicas, mediáticas y militares, la responsabilidad de la izquierda es más pesada que nunca. El camino más fácil es recurrir a la crítica analítica apasionada pero sin fundamento; una crítica que desahoga la ira pero no abre un camino hacia la liberación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda antiimperialista elige el camino más difícil: el camino de vincular la justicia con la independencia, la crítica con la racionalidad, y la liberación con la responsabilidad histórica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta elección no es ni conservadurismo ni justificación del statu quo, sino un esfuerzo consciente por prevenir la catástrofe que se ha repetido tantas veces en la región. Precisamente por eso, esta izquierda sigue siendo peligrosa para los poderes dominantes y sigue siendo blanco de ataques.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://ecziiran.org/%DA%86%D9%BE%D9%90-%D8%B6%D8%AF%D8%A7%D9%85%D9%BE%D8%B1%DB%8C%D8%A7%D9%84%DB%8C%D8%B3%D8%AA-%D8%AF%D8%B1-%D8%B9%D8%B5%D8%B1-%D9%81%D8%B1%D9%88%D9%BE%D8%A7%D8%B4%DB%8C-%D9%82%D9%88%D8%A7%D8%B9%D8%AF/">ecziiran.org</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Traducción de 45-rpm.net</em></p>
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