The post Medio siglo de los Beatles en Estados Unidos: una conversación con Elijah Wald appeared first on Diario de Washington (2009-2014).
]]>-Cómo era la música en Estados Unidos justo antes de que los Beatles aterrizaran en Nueva York en febrero de 1964?
-Era un momento interesante, porque la música popular estaba cambiando completamente. Y el cambio mayor era que la música negra, la música negra real, estaba convirtiéndose en dominante. Lo que había ocurrido antes era que la música había estado segregada, en términos de quién tocaba. La gente tocaba la misma música. Durante la era del swing, no importaba que fueses blanco o negro: escuchabas música swing. Pero si eras blanco tendías a escuchar a bandas de swing blancas, y si eras negro tendías a escuchar bandas de swing negras. En los años cincuenta, con el rock and roll, persistía la idea de que si eras un chaval blanco la banda en el escenario era blanca y si eras un chaval negro la banda era negra, y eran dos salas distintas. Lo que empezó a ocurrir, a principios de los años sesenta, en particular con el twist, es que de repente el baile cambió por completo. Hay que pensar en lo importante que esto fue. Porque en toda la cuestión racial, el hecho de que los chavales ya no se agarrasen mientras bailaban hacía más fácil la integración de una sala de baile. Estas son las cosas en las que la gente no piensa. Otra cosa: el hecho de que cada vez más la gente bailaba con discos y no con bandas. Y, como los chavales bailaban con discos, ya no era necesario que los chavales blancos tuvieran una banda blanca tocando la última música negra. Podían escuchar Motown.
-Directamente al artista negro.
-Los discos de Motown, en particular. En 1963, Motown era lo que de verdad estaba ocurriendo. Y en este momento todo el mundo lo llamaba todavía rock and roll. Y esto es lo difícil de recordar, porque ahora pensamos en el rock and roll como en Chuck Berry, Elvis Presley, Buddy Holly y Little Richard, y después los Beatles y los Rolling Stones. Y pensamos en Motown como en el principio de algo distinto que se llama música soul. Pero eso no era así en 1963. Recuerde que, cuando los Beatles llegaron, la gente no paraba de decir que los Beatles hacían versiones de las canciones de Carl Perkins y Chuck Berry. Pero también versioneaban las canciones de las Shirelles. Y su estilo de cantar era mucho más el de los grupos de chicas que el de Buddy Holly y los Crickets. Y esto era lo que en aquel momento estaba en las listas de éxitos. Si mira los número uno de ese año, eran las Shirelles, las Shangri-Las, las Supremes. Y tocaban la misma música, y no eran dos mundos separados.
-Los Beatles sintetizaban estos mundos, ¿no?
-Sí. Los Beatles son de verdad interesantes. Recuerde que todas las bandas de baile sintetizaban estos mundos. Lo que ahora olvidamos es que, si eras una banda de rock and roll, desde el principio del rock and roll, digamos que 1955, hasta que llegaron los Beatles… Si eras una banda de rock and roll, tu trabajo consistía en tocar lo que aquella semana estaba en el jukebox y en la radio. Y todas las bandas hacían esto. Lo que ocurría con los Beatles era que Inglaterra estaba por detrás de Estados Unidos. En Estados Unidos, si eras una banda que subía al escenario a tocar en 1963, no tocarías Chuck Berry y Little Richards, estos discos era de cinco años antes. Ya tenías a Joey Dee and the Starliters, que era una banda mixta que tuvo éxito con el twist. Era una banda medio negra, medio blanca, con una magnífica sección rítmica. Y este era el sonido. Lo que ocurría con los Beatles es que mezclaban este sonido –hacían canciones como Shout y Twist and Shout– pero también hacían cosas más antiguas, porque era una banda de bar, y eran una banda de bar muy excitante. Lo distinto es que también tocaban sonidos más antiguos, lo que para algunos chavales, en particular blancos, todavía parecían más divertidos que Motown. Todavía hay gente que cree que Motown suena demasiado comercial comparado con el sonido de Chuck Berry, aunque no hay nadie tan comercial en el planeta tierra como Chuck Berry. Pero si tu estética es popular, es algo que este tipo con una guitarra tiene más que los equipos de producción de Motown. Los Beatles unieron estas dos cosas, pero tenían la imagen de una banda. Y eran ingleses. Y esto tan importante para su historia.
-¿Por qué?
-Para los americanos, también ahora, los ingleses suenan más inteligentes que nosotros. Es la sensación de que ser inglés significa ser sofisticado, inteligente, con clase. Esta sensación de que nosotros todavía somos provincianos, rudos. Y los Beatles reflejaron esto. Porque eran tan inteligentes. Si mire cualquier texto sobre rock and roll antes de los Beatles, incluso de críticos a los que les gustaba el rock and roll: hablan de su energía primitiva. Nadie habla de Elvis Presley como si fuese inteligente. Se habla de él como de alguien excitante. Y los Beatles eran excitantes pero también era increíblemente inteligentes. En su primera conferencia de prensa, cuando aterrizaron en Estados Unidos, está claro que los Beatles se ríen de los periodistas. Los periodistas intentan reírse de los Beatles, del corte de pelo, de las chicas que gritan, y los Beatles son más listos que ellos, ofrecen respuestas agudas, inteligentes que hacen que los reporteros parezcan idiotas. Nada similar había ocurrido.
-Usted escribe que la canción de los Beatles I want to hold your hand es una síntesis: de los grupos de chicas, del rock and roll, y del viejo cancionero americano.
-Esta canción lo resume todo. La banda que acompaña es la de Chuck Berry y Elvis Presley en las sesiones de Sun Records. Las voces son el sonido de los grupos de chicas en Motown. Y la música es esta síntesis sin par de la mejor música americana, y británica. Los británicos habían formado parte de este sonido Tin Pan Alley. Canciones como Body and soul eran británicas. Ellos habían crecido con esto. Una de las cosas que los Beatles dijeron varias veces en aquellos primeros días era que los Beatles, por la historia diferente de Gran Bretaña, no tenían el mismo abismo generacional (que en Estados Unidos). Habían crecido con sus padres en los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tiempos muy duros en Gran Bretaña. Recuerdo que Ringo dijo que lo que les separaba de los americanos es que ‘ellos odiaban a los padres y en cambio nosotros nos sentíamos cercanos a nuestros padres’. Paul Whiteman había sido el héroe del padre de Paul McCartney. El padre de Paul McCartney era un músico de big band al viejo estilo.
-Conocían el cancionero de la generación de sus padres.
-No sólo lo conocían: les gustaba. Si alguien como Bob Dylan quería decir que lo que él hacía no eran tan distinto de lo que otros hacían en el pasado, decía que sus canciones no eran tan distintas de las viejas canciones folk, de lo que Woody Guthrie hacía. Lo que John Lennon decía era: no creo que lo que hacemos sea tan distinto de lo que hacía Glenn Miller. Es otro marco de referencia.
-Usted escribe que, cuando en febrero de 1964, los Beatles tocan en el show de Ed Sullivan, “fue la última vez que una actuación en directo cambió el curso de la música americana”. ¿Cómo cambió el curso de la música americana?
-Cualquier persona suficientemente mayor como para haberlo vivido lo recuerda como una experiencia que les cambió la vida. Para muchas chicas fue el momento más excitante de sus jóvenes vidas, para muchos músicos fue como si la música hubiera cambiado para siempre, para muchos padres fue la primera vez que entendieron el rock and roll. Cuando los padres veían a Elvis Presley, la reacción típica era horrorizarse. Pero cuando los padres veían a los Beatles, la reacción típica era decir: esta música está bastante bien. Lo cierto es que, muy pronto después, las actuaciones en directo dejaron de ser lo central en la música popular.
-Pero esto llegó más tarde, ¿no?, cuando los Beatles dejaron de hacer conciertos, en 1966.
-Sí, pero sólo fue un par de años después.
-¿Hubo una influencia tangible de los Beatles, tras su llegada, en los músicos americanos, blancos y negros?
-Sí y no. Depende de quién. Para Bob Dylan y toda la escena folk, los Beatles cambiaron el mundo. Dylan siempre dijo que cuando escuchó I want to hold your hand se dio cuenta de que había un lugar para él en el mundo del rock and roll. Y a partir de aquí la influencia entre Beatles y Dylan va en ambos sentidos. Tuvieron una gran influencia en el pop ‘mainstream’. En términos de la música negra, el mayor efecto que tuvieron los Beatles fue, en esencia, destruir el sueño de que la música negra fuese a convertirse en el nuevo ‘mainstream’. La primera reacción de la gente de Motown fue: ‘Los Beatles están haciendo lo mismo que nosotros’. Esto no significa que la gente de Motown intentase sonar más como los Beatles. Unos años después empezaron a añadir guitarras eléctricas solistas, pero nunca fueron demasiado en esta dirección, ni realmente intentaron escribir canciones de manera muy distinta por los Beatles, por lo menos no en estos primeros años. Pero creían que el ascenso de los Beatles formaba parte del movimiento del que ellos formaban parte. Compartían muchos de los fans. Pero en seguida los Beatles llevaron al mundo en una dirección diferente. Y de repente Motown fue considerado un estilo de música diferente. Sólo tiene que mirar al T.A.M.I. show, que era un concierto en 1964 o 65. Era una mezcla de los Rolling Stones, Chuck Berry, grupos de Motown, británicos. Y un año después, en 1966, ya eran dos festivales diferentes: un festival de rock, de un lado, y un festival de soul del otro. Los artistas negros no dejaron de intentar de recuperar el mercado blanco. Cantaban canciones de los Beatles, de Dylan, de Simon and Garfunkel. Pero sólo era un intento de atraer oyentes blancos. Sus fans no lo escuchaban y nunca acabó de funcionar.
-¿Esto significa que, después de lo que ocurrió a principios de los años sesenta, que los blancos escuchan de todo y todo el mundo lo tocaba todo, con la llegada de los Beatles acabó?
-Sí. Mucha gente escuchaba ambos tipos de música, pero pensaban en ella como si fuesen dos tipos de música distintos. No es que los chavales blancos no escuchasen Motown, muchos lo hacían, pero lo veían como algo distinto que los Beatles. Y en seguida la música negra se convirtió, para los chavales blancos, en música de baile. Los primeros discos de los Beatles eran música de baile, pero en seguida dejaron de serlo. Yesterday, You’ve gotta hide your love away y Help no era éxitos de baile. Y, claro, cuando llegas a (los discos) Rubber Soul y Revolver (1965 y 1966), ya no es música de baile.
-¿No es paradójico que los Beatles, que hicieron la fusión entre la música blanca y negra, fuesen responsables de separar estas músicas?
-Sí, es una gran ironía. Es divertido: cuando lo digo, la gente reacciona como si yo culpase a los Beatles, y me dicen que los Beatles amaban la música negra, y es cierto. Los Beatles amaban la música negra, los Beatles se veían en el mismo grupo que Motown. No entendieron lo que estaba ocurriendo y en Inglaterra se veía muy distinto. Pero en Estados Unidos la invasión británica fue algo para chavales blancos. Había muy pocos negros interesados en estas bandas, porque, honestamente, los baterías y bajistas, las secciones rítmicas, eran muy anticuadas para los estándares americanos. No es que Ringo fuera un mal batería: era un muy buen batería, pero era un batería muy bueno tocando los ritmos de finales de los años cincuenta. No era un buen batería en el sentido de que Motown o James Brown tenían un buen batería. No tocaba eso. No es cuestión de bueno o malo sino diferente. La reacción de los chavales negros a lo británico fue: por qué escuchar esto. Mientras que, para los blancos, era realmente divertido. La gente no entiende bien la invasión británica si sólo habla de los Beatles y los Rolling Stones. Si se mira a las bandas de éxito, sí, estaban los Beatles y los Rolling Stones, pero también los Dave Clark Five, Herman’s Hermits… Los Dave Clark Five tuvieron muchos éxitos, y nadie los recuerda, porque francamente la música no es muy buena. Y estaban allí arriba con los Beatles.
-¿Coloca a los Rolling Stones con los Beatles? Eran una banda de blues, ¿no?
-En Inglaterra los Rolling Stones eran completamente distintos de los Beatles. Yo nací en 1959. Cuando yo eran un adolescente la gente ya decía: eres un fan de los Beatles o de los Stones. Pero cuando los Stones llegaron a Estados Unidos, llegaron como una banda al estilo Beatles. En Inglaterra los Beatles eran una banda pop y los Stones una banda de blues, y eran cosas muy distintas. Y si lee libros británicos de este periodo llaman R and B a lo que tocaban los Stones, y a lo que tocan los Beatles, pop. En Estados Unidos era distinto: se les veía como parte del mismo movimiento y ellos intentaban formar parte del mismo movimiento. Los Stones tenían las raíces en el blues, pero en 1964-65-66 , en este momento, los Stones intentan ser los Beatles, escriben canciones al estilo Bob Dylan, 19th Nervous Breakdown, y hacen el (disco) Satanic Majesty’s Request intentando hacer el Sgt. Pepper’s, y después se dan cuenta de que era un giro equivocado y hacer Beggar’s Baquet y regresan a hacer lo que hacían mejor que los Beatles. Pero en el 64-65, no son tan distintos.
-¿Qué queda hoy, en el 2014, de la separación entre música blanca y negra que, según usted, ocurrió tras la llegada de los Beatles?
-Lo más obvio: si ahora se pregunta a alguien que cite a su banda de rock favorita actual, no importa si lo pregunta en España, o en Inglaterra, o en Estados, Unidos, probablemente no cite ni una banda que tenga un solo miembro negro. Cualquier persona que hasta 1964 hablase de rock and roll, si le hubiese pedido que predijese la historia del rock and roll, lo que nadie habría predicho habría sido que en los siguientes cincuenta años el rock sería una música blanca. Hubo otra estrella de rock negra: Jimi Hendrix. A parte de Jimi Hendrix, no puede nombrarse una sola persona negra, después de 1964, a la que la gente describiese, ante todo, como una estrella de rock. Quizá Prince, pero para Prince el rock es uno de las muchos tipos de música con las que se le asocia.
-¿Y antes de 1964?
-Antes de 1964 el rock era música negra. Había blancos y negros tocándola, pero la idea de que lo que los blancos tocan fuese rock y lo que los negros tocan fuese algo distinto, no sólo no lo decía sino que habría sonado como una locura. El rock siempre había sido negro.
-Uno de los ídolos de las últimas décadas, para blancos y negros, es Michael Jackson. ¿Dónde lo coloca?
-Él se llamaba a sí mismo el Rey del Pop, y me parece bastante acertado. Obviamente empezó en Motown. Cuando empezó lo llamaban soul. Y después lo llamaron otras cosas. Ahora lo llamarán R and B de nuevo, este término que en 1964 la gente creía que ya estaba muerto. Esta es una de las grandes ironías: a finales de 1963 la revista Billboard dejó de tener una lista R and B, porque la música negra ya no estaba separada. R and B tenía una connotación algo negativa, porque era la era de los derechos civiles y se suponía que la segregación estaban acabando, y todo el mundo se sentía incómodo con el hecho de que hubiese una categoría separada para los negros. Así que en diciembre de 1963 dejaron de tener una lista de R and B. Y un año después tuvieron que recuperarla, porque los Beatles habían dividido el mercado de forma tan completa que eran necesarias listas distintas.
–¿Fue tan rápida la división?
-Instantánea. La invasión británica simplemente tomó la lista pop. Y los artistas negros, si querían estar en una lista, necesitan su lista.
-¿R and B es sinónimo de música negra?
-El término rhythm and blues se inventó en 1959. Hasta entonces Billboard llamaba a esta lista “discos de raza”, lo que significaba discos negros. Y después lo llamaron “hit parade de Harlem”. Entonces decidieron no ser tan obvios. Pero ahora sigue significando lo mismo.
-En su libro menciona mucho a Paul Whiteman, una figura central en su tiempo. Y lo compara con los Beatles. Pero ahora pocos recuerdan a Whiteman. Los Beatles siguen siendo apreciados, populares y actuales. ¿Cómo explica que los Beatles sigan vigentes mientras que Paul Whiteman está casi olvidado?
-Hay dos respuestas a esto. La primera es que hemos olvidado que mucha de esta música (de a época de Whiteman, los años veinte) aguantaba en los sesenta. Cuando los Beatles llegaron y tuvieron cuatro o cinco números uno seguidos, el artista que les sacó del número uno fue Louis Armstrong con Hello dolly. Un artista de los años veinte. Los cuarto artistas que más discos vendieron en los sesenta, ¿sabe quiénes fueron?
-No.
-Los Beatles, Elvis Presley, Herb Alpert and the Tijuana Brass y Frank Sinatra. Así que el mundo no cambió tan rápido. Lo que ocurre es que no pensamos en Frank Sinatra como un músico de los sesenta. La otra respuesta es la demografía. La mayor generación de la historia americana cumplió 17 años en 1961 y 1962. Cincuenta años más tarde, cumplen 66, 67, y siguen allí, y son la mayoría. Cuando eran la mayoría en los años sesenta, arrollaron a las personas que era mayores que ellos. Y determinaron lo que era la música popular. Y ahora, son los presidentes de las compañías discográficas, los jefes de las emisoras de radio y siguen comprando mucha música. Y estas grabaciones siguen allí. En los años sesenta podían comprar discos de Paul Whiteman, pero a los jóvenes no les interesaba la música antigua y los discos sonaban viejos. Y otra cosa: la música en directo, de bandas, todavía atrae a lo chavales. Si eres un chaval que quiere coger la guitarra y tocar con tus amigos, el sonido sigue siendo, en esencia, de los años sesenta. La idea de un club de rock con los chavales en escena con la guitarra, esto es nostalgia.
-¿Algo de otra era?
-No diría eso, pero sí hay una conexión con otra era. Es como subir al escenario con una trompeta o un clarinete. Te conecta con el pasado. Y una guitarra eléctrica también te conecta con algo del pasado.
-¿Predice que los Beatles pasaran al olvido, o al semiolvido como Paul Whiteman?
https://youtu.be/oadzppD9Rv8
-Soy historiador y odio hacer predicciones porque los historiadores siempre se equivocan con las predicciones. Pero si debo hacerla, mi predicción sería que algún día la gente pensará en los Beatles y en Paul Whiteman como parte de la misma era. El siglo XX, para nosotros, suena con muchos tipos de música distinta. Pero esto empieza a reducirse: ves chavales que compran Frank Sinatra y los Beatles, como el sonido de este pasado con clase. Cuando yo era pequeño, Elvis Presley y los Beatles parecían eras completamente distintas. Para mí, Elvis Presley era el pasado y los Beatles el presente. Era muy distintos. No creo que sigan siendo así para los jóvenes ahora.
-¿Es decir, será como cuando nostros escuchamos música del siglo XVII?
-Para mí, Bach y Beethoven son el mismo periodo, mientras que para cualquier persona en el periodo de Beethoven fue una revolución y nada ya sonaría igual.
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]]>Packer, nacido en 1960, es autor, entre otros libros, de The Assassins’ Gate, (La puerta de los asesinos) sobre el papel de Estados Unidos en Iraq, y de la obra de teatro Betrayed (Traicionados), sobre el abandono, por parte de Estados Unidos, de iraquíes y colaboradores con las fuerzas norteamericanas en Iraq.
-Después de Assassins’ Gate ha vuelto su mirada hacia el interior, hacia Estados Unidos. ¿Por qué este giro?
-Siempre he escrito sobre América. Siempre ha sido mi tema. En mis primeros trabajos, escribí sobre la política y la cultura americanas, pero eran artículos poco leídos, en pequeñas revistas. Uno de mis primeros libros llevaba por título Blood of the liberals (Sangre de los liberales). Es una historia de mi familia en el siglo XX y al mismo tiempo una historia del liberalismo en Estados Unidos, liberalismo en el sentido americano, de ideología de izquierdas. Así que no soy nuevo en este tema. Pero después dedicarme durante años a Iraq, primero tuvimos hijos, y después de eso era más difícil ir a Iraq, y después empecé a escribir sobre la crisis financiera y la elección del 2008. Ambos fueron, de manera distinta, momentos históricos de Estados Unidos. Tras el desastre de Iraq tuvimos el desastre de Wall Street, el desastre del mercado inmobiliario, el desastre de las compañías automovilísticas, y quién podía no preguntarse si un colapso generacional estaba teniendo lugar en Estados Unidos. Esto me pareció un tema digno de un libro. Pero el tipo de libro en el que pensaba iba cambiando con el tiempo. Al principio pensé en una historia más convencional, pero la idea, francamente, me dejaba exhausto: había tanto que cubrir. Empecé a encontrar a personas en lugares fuera del circuito, como Dean Price en Carolina del Norte, o la familia Hartzell, en Tampa, mientras hacía mi trabajo para el New Yorker. Algo interesante estaba ocurriendo, pero más al nivel de los individuos, las vidas de las personas sufrían transformaciones, llegando al momento decisivo de un cambio, en sus vidas y en el país. Y pensé, por qué no escribirlo como una novela sobre estos individuos, sin tener que cubrirlo todo. El subtítulo del libro es “una historia interior”. La historia tal como la sentían personas normales. Y una vez llegué a esta idea supe que debería viajar por todo el país y encontrar a personas de regiones geográficas distintas, de distintas clases, de diferentes ámbitos, y reunirlos. Cómo reunirlos fue un gran problema, hasta que empecé a pensar en esa gran trilogía de John Dos Passos. La trilogía USA me dio una idea sobre cómo organizar este material, auque era una novela y mi libro es no ficción.
-Usted escribió novelas. ¿Nunca pensó en escribir una novela como Dos Passos?
-He escrito dos novelas, durante ese periodo oscuro que nadie conoce, en los noventa. Mi segundo y tercer libro son novelas. Muy pocas personas las leyeron. Pensé que quizá debería intentarlo con la no ficción. Pero aprendí mucho sobre el arte de la narración. Así que con Assassins’s Gate y The unwinding, (esta experiencia) me ayudó a escribir un relato tan ambicioso como una novela, aunque soy periodista.
-Su libro es una inmersión en la vida de estas personas. ¿Cómo logró el acceso? ¿Cómo logró que le abrieran su intimidad?
-Es difícil. No todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Debes pasar semanas con las personas para lograr escribir sobre ellos así. Creo que estuve en casa de Dean Price cinco o seis veces en cinco o seis visitas diferentes. Tienes que ganarte su confianza, convencerles de que no está allí para pillarles, de que les escucharás, de que intentarás entender sus vidas tal como ellos las ven, no como yo las veo. Presento a estos personajes a través de sus palabras, de su punto de vista. Como habrá comprobado no hay primera persona en el libro, al contrario que Assassin’s Gate y el resto de lo que he escrito en no ficción. Y esta fue una decisión importante. En mi relación con ellos iba implícito que yo les permitía contar su historia con un narrador, y el narrador soy yo. No es fácil. Hay mucha tensiones, y muchos momentos en que piensas que esto se derrumba, y después recoges los pedazos y lo reconstruyes. Requiere mucha confianza en ambas partes. Y por lo que sé, nadie ha sentido traicionada la confianza que me dieron.
-¿Había otros personajes que no salieron en el libro?
-No. Esto fue todo. Todo acabó en el libro. Se convirtió en una especie de compendio sobre lo que yo veía, pensaba y sentía sobre América. Necesitaba mucho, debía tener un alcance amplio, de Silicon Valley a Washington, de Wall Street a Tampa (Florida), de los ricos y famosos, a personas que las que nunca has oído hablar. Quería tener esta gran tela.
-Dice que conscientemente no usó la primera personas. ¿Por qué no figura usted en el relato? Supongo que para una persona como Dean Price, o la familia de Tampa, o Tammy Thomas en Youngstown, era un gran acontecimiento tener a un reportero con ellos, y esto les cambia la vida. Pero esta parte no aparece en el libro.
-Sí. Podría haber escrito páginas y páginas sobre mi relación con estas personas. Cómo les conocí, cómo les convencí de que me dejaran escribir sobre ellos, en algunos casos con ninguna dificultad, en otros con bastantes dificultades, cómo hablábamos, cómo me sentí en aquel momento… Pero todo esto me parecía irrelevante, porque lo que quería era dar a los lectores la idea de la historia desplegándose a través los ojos de ellos (los personajes), la historia actuando sobre ellos, la historia tal como afectaba el sistema nervioso de ellos. Y cualquier observación mía, o sobre mí, representaría una interrupción molesta, como el tipo que se sienta a tu lado en el cine y habla con su novia sobre lo que ocurre en la película. Lo único que quieres hacer es decir, cállate, intento mirar esta película, la estás arruinando. Era un equilibrio muy delicado llevarle a los lectores todos estos mundos tan diferentes, y cualquier movimiento erróneo, cualquier distracción podía romper el hechizo. No veía un lugar para mí mismo allí. ¿Qué habría hecho? ¿Qué habría añadido? Algunos lectores querían más análisis, más teoría sobre América. Creo que esto habría arruinado el relato, que tenía su propia integridad.
-¿Cuál es el criterio para elegir los personajes famosos que aparecen en el libro? ¿Por que Oprah y no Michael Jackson?
-Sí. Pensé en otros: en Steve Jobs, pero creí que se había escrito demasiado sobre él recientemente, pensé en Martha Stewart, pero es demasiado fácil reírse de ella, pensé en Craig Venter, sería un buen científico sobre el que escribir, pero se me acabó el tiempo, y espacio. Supongo que buscaba un abanico con toda la sociedad. Quería la política: Newt Gingrich, más que Ronald Reagan o Bill Clinton modeló la atmósfera en la que vivimos, la atmósfera política venenosa en la que vivimos. Quería el mundo de los negocios: Sam Walton creó este imperio comercial y contribuyó a transformarnos en una economía de consumidores. Y de alguna manera (se parece) a Dean Price. Dean viene de un origen similar. También quiere tener éxito en los negocios, aunque no quiera ser Sam Walton. Algunas de estas celebridades iluminan a los personajes principales, a veces actúan como contraste. Así que era una serie de cosas, y en algún grado arbitrario. Siempre encontraba un esquema recurrente, aunque no en todos: Sam Walton, Oprah Winfrey, Jay Z, Andrew Breitbart… Vienen de un origen normal e incluso oscuro, como los personajes principales, se reinventan a sí mismos, descubren algo nuevo que después ellos encarnan, y al hacerlo se apartan de su pasado, y después crecen y crecen y crean un imperio, y se alejan cada vez más del lugar de donde venían, y de la vida normal en América. Hay algo como de dioses en ellos. No es verdad para todos. Pero quería mostrar qué ocurría en el mundo de las celebridades hoy a través de las historias de personas famosos.
-¿Ve algo en común entre estas celebridades y los otros personajes del libro, las personas digamos normales?
-Diría que, si miras a Dean Price y Tammy Thomas, hay una necesidad continúa de reconstruirse a sí mismos de algún fracaso o revés. Tienen muchos recursos pero también cometen muchos errores por el camino. El agua de la historia no para de crecer y ahogar a tantas personas. Para sobrevivir no pueden parar de rehacerse a sí mismos. Y permanecen donde estaban. Dean Price se queda en North Carolina, Tammy Thomas se queda en Youngstown. Hay algo admirable en este compromiso en seguir allí.
-¿Todo esto sería el carácter americano?
-Soy universalista y creo que la naturaleza humana es constante. Pero América modela a la gente para pensar que están ellos solos, que pueden hacerlo, pueden hacerlo si piensan que pueden. Es el tema del pensamiento positivo, que está allí en el libro, con Dean Price, con Oprah Winfrey, y otros. Una sensación de aislamiento en sus vidas: muchos viven solos, sin nadie en quien apoyarse, sintiéndose responsables por sí mismos, y piensan, un poco como una fantasía, que pueden arreglárselas solos. No creemos en la sociedad de la misma manera que un país europeo. Esto una fuente de energía, una fuente de optimismo, pero creo que también pueden acabar destruyendo a las personas. Pero está claro que nadie puede arreglárselas solo.
-Hay un momento en que habla de la propietaria del motel que es india. Ella dice que tiene gente que la ayude porque no es americana, tiene primos, amigos…
-Al oír su historia, me llamo la atención que mientras intentaba salvar el motel de HSBC, el mayor banco del mundo, tenía un hijo que la ayudaba y aconsejaba, tenía gente en India, en Londres que la ayudaban con dinero. E inmediatamente pensé en las personas en Tampa que afrontaban un desahucio, como el hombre con cáncer en la oficina del abogado, que no tiene a nadie. Los Hartzell, la familia de cuatro, no tiene a nadie. Dean Price no tiene prácticamente a nadie ¿Cuál es la diferencia? Ella no ha nacido en América. Es el aislamiento tan común aquí.
-Habla de muchos “unwindings” en la historia en Estados Unidos. ¿Qué es nuevo y qué es recurrente en esta crisis?
-Lo nuevo esta vez… Tuvimos momentos en el pasado en que pensábamos que había pasado nuestro pico: la era postVietnam, los setenta y principios de los ochenta. Y ahora vuelve a hablarse de esto. Lo que puede ser diferente ahora es que las grandes instituciones en las que siempre confiamos para resolver estos grandes problemas no funcionan. Y no solo una, el Senado, o Wall Street, o las escuelas públicas sino todas. Es como si la musculatura no estuviese allí. Hay una atrofia en instituciones que solían funcionar. Es un signo de algún declive a largo término: no sé si es o no verdad, no predigo el futuro. Amo el país y creo que ha sido una fuerza mayoritariamente para el bien en el mundo, y sería una cosa terrible si América retrocediese y se retirase del mundo, pero esta atrofia me preocupa.
-¿Qué hay en común entre Assassins’ Gate, que se centraba en Iraq, y The unwinding?
-No hay mucha política exterior en este libro y en parte es porque los americanos no están muy interesados en la política exterior. A menos que haya soldados en el extranjero, como los ha habido, el tema no sale mucho en las conversaciones por el país. Somos famosamente insulares. Pero creo que hay conexiones obvias. E intento destacarlas un poco en el capítulo sobre Colin Powell, cuya carrera muestra una trayectoria muy positiva hacia arriba, mucho talento, en una institución, el Ejército de EE.UU., que reconoce el talento, que era muy abierta y justa, y llegó arriba y no se dio cuenta de que establishment de la política exterior había desaparecido, estaban los ideológicos de la administración Bush tramando contra él. Ahí se ve un aparato del gobierno, las fuerzas armadas, el mundo de la inteligencia, mostrando los mismos problemas que se vieron en el mundo económico: cortedad de miras, egoísmos, indiferencia hacia el interés público más amplio, y arrogancia y sobreconfianza. En parte es la historia de la hubris, de un país que tuvo tanto éxito que sus líderes se volvieron vanos.
-¿Como ha cambiado su visión de su país trabajando en el libro? ¿Ha descubierto algo que no conociese?
-Primero, me ha irritado la pura injusticia de la vida en este país. La vida siempre es injusta pero ahora parece permanentemente injusta, oficialmente injusta, injusta por diseño, y esto me irrita. Pero al mismo tiempo amo este país, y lo sentí más al escribir el libro. Creo que América importa, representa algo, la gente que conocí cree que el país es más que un territorio geográfico y una serie de leyes, es un espíritu, son unas ideas, y ser infiel a ellas es destructivo, y estamos siendo infieles a ellas, nos estamos volviendo menos democráticos, esto es terrible. Es una mezcla de enfado y amor.
-¿Menos democrático comparado con cuándo?
-Con cuando yo era pequeño. Debo decir que si yo fuera mujer, o negro, o una mujer, estaría menos dispuesto a decir esto, porque mucho ha cambiado, para mejor, para los que estaban apartados de aquel consenso. Pero el consenso funcionaba para la mayoría de americanos, o por lo menos podía arreglarse para que funcionase para la mayoría de americanos. Daba a un lugar a todo el mundo. Y este consenso ya no existe. Y era democrático, daba una oportunidad y una voz a la gente corriente. Ahora ya no la tienen. Las voces que oímos son las voces del poder el dinero y la celebridad. Bo es el país en el que crecí.
-Usted menciona negros, mujeres, gays que no tenía derecho… Es mucha gente… Si excluye a esta personas, hace 40 años, ¿es el libro, o su idea, sobre la gente blanca trabajadora?
-Diría que muchos negros de clase trabajadores han sufrido mucho en los últimos 40 años, quizá más que los trabajadores blancos. No es que el movimiento de derechos civiles diese a todos los negros americanos una igualdad de oportunidades real, les dio la posibilidad de una igualdad de oportunidades. Pero este hecho es menos verdadero que hace una generación: el país es menos móvil hacia arriba que los europeos. Antes no era así. En teoría somos un país más igual: en realidad somos un país más desigual. La clase trabajadora blanca recibe mucha atención, pero si mira la vida de Tammy Thomas, la mujer negra en Youngstown, en cierta manera la vida para su tío, su abuelo, pese a la opresión de los negros, era mejor que la de sus hermanos, y quizá para ella misma. Las condiciones estructurales ahora son tan malas en un lugar como Youngstown para que alguien salga adelante.
-¿Por qué no hay hispanos en el libro?
-Porque no es una enciclopedia. Me han preguntado, ¿por qué no hay americanos viviendo en el extranjero? ¿Por qué no hay filántropos? No es una enciclopedia. Es cierto que los hispanos son una parte importante de los últimos 40 años. La historia de los inmigrantes hispanos… creo que es una parte que falta en el libro. Y quería encontrar la manera de contarla. Pero no metes un nombre en un libro, debes encontrar el modo de hacerlo. Era tarde en el proceso y no lo pude hacer. Creo que es una debilidad del libro. Pero ningún libro debe intentar abarcarlo todo, porque no sería un buen libro, ni siquiera sería un libro. Sería una encicolpedia.
2. Transcribo algunos subrayados en mi ejemplar del libro:
-“Cuando empezaron a desmontarse las normas que hicieron que las viejas instituciones fueran útiles, y cuando los líderes abandonaron sus puestos, la República de Roosevelt, que había reinado durante casi medio siglo, se deshizo. El vacío lo llenó lo que es la fuerza por defecto en la vida americana: el dinero organizado”
-“La estirpe de Tammy no tenía las cosas a favor. Su abuelo regresó de la Segunda Guerra Mundial con una adicción a la heroína. La esposa de este se hizo alcohólica. En 1996, la hija de ambos, Vickie, una muchacha de 17 años guapa y delgada, alumbró una niña y la llamaron Tammy. El padre era un muchacho callejero de 15 años que vivía en la casas de protección oficial y que se llamaba Gary Sharp. Su apodo era Cuchilla. Él y Vickie no estaban hechos el uno para el otro. Ella abandonó el instituto, y poco después de ser madre empezó a drogarse. Vickie y Tammy fueron a vivir con la Abuelita, que se acercaba a los setenta años y trabajaba de criada, limpiando, cocinando, y dando compañía una viuda rica en los barrios del norte por 50 dólares a la semana. A la Abuelita le tocó cuidar del bebé”.
-“El hambre espiritual y material es algo que está dentro de los americanos, lo que les convierte en una presa fácil de los charlatanes de la ropa, el libro, la pantalla. Lo que [Napoleon] Hill hizo fuetomar la creencia ilimitada de los nativos en los poderes del yo y organizarla en un sistema que sonaba a filosofía práctica. Enseñó a Dean [Price] a creer que él era el autor de su propio destino”.
-“Con los años, América se pareció cada vez más a Wal Mart. Era más barato. Los precios eran más bajos, y los salarios eran más bajos. Había menos empleos en las fábricas con sindicatos, y más trabajos a tiempo parcial para dar la bienvenida a los clientes en los comercios. Las pequeñas ciudades donde el Sr. Sam había visto su oportunidad eran cada vez más pobres, lo que significaba que allí los consumidores dependían cada vez más de productos con precios bajos, y compraban hasta el último producto en Wal-Mart, y quizá también tenían que trabajar allí”.
-“Thiel concluyó que ‘la codicia es muy preferible a la envidia: es menos destructiva (prefiero vivir en una sociedad donde la gente no comparte que en una en la que intenta quitarle al resto lo que le pertenece) y es más honesta’”.
-“El momento en que Connaughton entró en política no fue el mejor, pero el momento en que entró en el sector del lobby fue casi perfecto: cuando se metió en el negocio en 1997, las empresas gastaban aproximadamente 1.250 millones de dólares anuales para ejercer el derecho, consagrado en la Primer Enmienda, de plantear peticiones al Gobierno para enderezar agravios. Doce años más tarde, cuando lo abandonó, esta cantidad casi se había triplicado (y esto sólo era para las tasas que se pagaban directamente a los lobbystas: las tasas por relaciones públicas añadían miles de millones más no registrados). Este montón de dinero atrajo a una horda de políticos: entre 1998 y el 2004, el 42% de congresistas y la mitad de senadores que abandonaron el cargo se fueron a hacer lobby –presionar– a sus antiguos compañeros”.
-“Algunas noches se sentaba hasta tarde en el porche con un vaso de Jack y escuchaba a los camiones dirigiéndose al sur por la 220, llevando jaulas de pollos vivos a los mataderos –siempre con nocturnidad, como un tráfico vasto y vergonzante– y pensaba en cómo estos mismos pollos quizá regresasen de su destino convertidos en trozos de carne hacia el Bojangles [una popular cadena de restaurantes de comida rápida en el Sur] que había cerca de su casa, en la colina, y que empleados cuya odio por el trabajo se filtraría en la comida cocinada ahogarían la carne en las freidoras burbujeantes, y servirían la comida que comerían clientes que acabarían obesos y en el hospital de Greensboro con diabetes o un infarto, una carga para el país, y más tarde Dean los vería dando vueltas por el Wal-Mart en sillas eléctricas porque pesarían demasiado para caminar por los pasillos del Supercenter, igual que los pollos aliementados con hormonas”.
-“En el nuevo milenio la comida dividía a los americanos de manera tan rígida como el resto de cosas. Algunas personas comían mejor y con más cuidado que nunca, mientras que otros adquirían un vasto sobrepeso con comida procesada”.
-“’Lo que ocurrió con la economía de Florida durante los años del boom es que el boom apenas existió. Era un boom sólo en un sector, y era el inmobiliario. Si no estabas en él, lo pasabas mal como todo el mundo’”.
-“’¿Es [Japón] como el Japón en los setenta, un estado corporativo autoritario donde puedes obligar a la gente a ahorrar mucho dinero? ¿O es como California y Estados Unidos, donde el secreto profundo es que no hay absolutamente nadie al volante? La gente hace ver que está al mando, pero el secreto profundo es que no hay nadie’”.
-“La realidad es que se había encogido. Este era el aspecto de Youngstown, el de un hombre que ha perdido mucho peso en una enfermedad pero que sigue llevando las viejas ropas anchas: grandes espacios abiertos sin las personas ni las estrcuturas para llenarlos”.
-“Dean siempre decía que la línea entre el emprendedor y el estafador es muy delgada”.
-“No hubo tiempo de decir nada, pero a Dean le sorprendió el tacto de la mano del presidente. Era la mano de hombre más suave que jamás hubiese encajado. Le reveló que Obama no había hecho ni una pizca de trabajo fisico en su vida”.
-“Sus gastos en abogados alcanzaron los 200.000 dólares. Mucho antes, se había quedado sin dinero, y su hijo y el resto de la familia, en Estados Unidos, Inglaterra, y Gujarat, ayudaron a Usha [arruinada al comprar con una hipoteca un motel en Florida] durante su lucha. Porque, al contrario que Mike Ross, Sylvia Landis, y Jack Hamersma, Usha Pattel no había nacido en América, lo que equivale a decir que no estaba sola”.
-“Thiel sacó un iPhone del bolsillo de sus tejanos y dijo: ‘No creo que esto sea un gran avance tecnológico’ (…) ‘Queríamos coches voladores, y en su lugar tenemos 140 caracteres’”.
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]]>Aid es autor de The secret sentry (El centinela secreto), la biografía de referencia de la NSA. Aquí una versión un poco más extensa de la entrevista publicada el sábado en la edición de papel de La Vanguardia:
-Usted ha estudiado con detalle la historia de la NSA. ¿Le sorprenden las recientes noticias sobre el supuesto espionaje a jefes de Estado o de Gobierno?
-No. Es su trabajo. Hay otra pregunta, que sé que será la próxima que me haga. Y es: ¿y qué me dice de que se espíe a jefes de Estado o de Gobierno de amigos y aliados? Esto es distinto. En el caso de Angela Merkel, Alemania es un amigo y un aliado, pero no olvidemos que Alemania es un país independiente con su propia política exterior. Alemania y Francia decidieron no sumarse a la ocupación de Iraq en el 2003. No lo critico, pero digo que a veces difieren de las políticas exteriores y de seguridad de EE.UU. No olvidemos tampoco que Alemania es el motor económico de Europa. La resolución de la crisis de la deuda española y griega dependen al final del dinero alemán. Recuerde las noticias en Estados Unidos sobre las posibilidad de una suspensión en el pago de la deuda de Grecia y de que Alemania no interviniese. El impacto en la economía global hubiera sido horrendo. Es probable que elementos del Gobierno americano quisieran saber si Angela Merkel y el Gobierno alemán iban a negociar iban a rescatar los bancos españoles, o irlandeses. No me sorprende nada que Estados Unidos controle las comunicaciones. Recuerde que en los años noventa Alemania y Francia expulsaron a los jefes de la CIA allí por hacer espionaje. El espionaje hace mucho mucho tiempo que existe. Ya llevamos más de 70 años descifrando los códigos franceses. Probablemente los alemanes menos tiempo. Lo cierto es que espiamos a nuestros aliados, y lo mismo los servicios de inteligencia franceses. Suena muy cínico decirlo, es terrible, pero es una cosa que ocurre, es realpolitik.
-¿No hay una diferencia entre vigilar las comunicaciones en un país aliado y espiar a su líder como en el caso de Merkel?
-Hay tres cuestiones. Primero, el hecho de que Angela Merkel hablase en un teléfono no seguro sobre temas de político… Cualquiera, no sólo la NSA, el GRU ruso, el CNI español, podría escucharlo. No defiendo a la NSA, pero critico a Angela Merkel por hablar de temas políticos de alto nivel en un teléfono que cualquier persona podía escuchar.
-¿Un poco imprudente?
-Increíblemente imprudente. Pero no es la única que lo hace. Hace unos años estuve en Amsterdam, y vi al jefe de los servicios de inteligencia exterior holandés hablando de asuntos de inteligencia con un móvil Nokia. La gente olvida que pinchar un teléfono móvil es facilísimo. Es un problema antiguo. Los jefes de inteligencia han intentando cambiar el comportamientos e los políticos. Les dicen: Si va a hablar de asuntos políticos de alto nivel, vaya a su despacho donde hay un teléfono seguro. Pero a los políticos no les gusta hacer esto.
-¿Y la segunda cuestión que mencionaba?
-El hecho de que la Agencia de Seguridad Nacional, si puede llegar hasta lo más alto, obtiene la mejor información posible. Si estás en el negocio de la inteligencia esto se considera un gran éxito. En nuestro mundo, como civiles, decimos: Oh Dios mío, pero si son amigos. ¿Por qué lo hacéis? Y la tercera cuestión, independientemente de cuánta información hayamos obtenido escuchando las llamadas de Angela Merkel, es que esto se ha convertido en un tema de debate público, ahora hay que afrontar las consecuencias. Sólo era cuestión de tiempo hasta que fuese público. La Administración Obama conocía, probablemente desde hace dos meses, todo el material que Edward Snowden se llevó consigo. Tenía que haber sabido que en los 50.000 documentos se encontraban los nombres de los distintos objetivos a los que la NSA escuchaba. Por eso la reacción de la Administración Obama realmente me sorprende. No entiendo la respuesta. Básicamente no hay respuesta. La Administración Obama dice que no pide perdón por pinchar sus llamadas telefónicas pero estudiará el problema para ver si son necesarios revisiones o cambios. No admitimos que hemos escuchado vuestras llamadas. No es una respuesta que nadie vaya a aceptar. Básicamente todo el mundo dice: Queremos una disculpa y queremos que dejéis de escuchar nuestras llamadas. No creo que el Gobierno de Estados Unidos haga ninguna de las dos cosas.
-Estados Unidos no niega que lo haya hecho en el pasado.
-Es cierto. Esto lleva tiempo funcionando. Ya se lo hacíamos al gran canciller Helmut Schmidt. Y a su antecesor, y al antecesor del antecesor. Y lo mismo en Francia, que tiene una política más distinta que Alemania, que es un aliado más cercano de Estados Unidos. Por eso hemos espiado más a Francia que a nadie en Europa en los últimos 70 años.
-Pero en el pasado, ¿se documentó el espionaje a líderes extranjeros?
-No. Gracias a Edward Snowden ahora tenemos la primera prueba documental. Había informes, rumores, artículos en la prensa. Pero nunca se demostró explícitamente con documentos top secret disponibles online.
-Usted no duda de que, aunque no hubiese un Snowden, EE.UU. espió a otros líderes aliados en el pasado.
-No. Le garantizo que hemos escuchado a todos los cancilleres alemanes desde Konrad Adenauer en los años cincuenta.
-¿Es posible que el presidente Barack Obama no supiese que la NSA espiaba a Merkel?
-Hasta junio no creo que el presidente Obama supiese a quién escuchaba la NSA. Estoy bastante seguro de que el presidente Obama, en los últimos tres meses, está tan sorprendido sobre la naturaleza y la extensión de la Agencia de Seguridad Nacional como muchos fuera del gobierno. Obama es un hombre muy inteligente, recibe su briefing diario de inteligencia y hace muchas buenas preguntas, pero no es un conocedor de la inteligencia, como lo era el presidente Lyndon Jonson en los sesenta, que quería saber de dónde venía cada pieza de información, cuál era la fuente, si era fiable. El presidente Obama no hace estas preguntas. Así que no creo que lo supiese hasta que los papeles de Snowden empezaron a aparecer. Y puedo asegurarle que mis amigos en la Agencia de Seguridad Nacional están furiosos con el presidente Obama. En los últimos tres meses la Casa Blanca no ha salido para defender con el vigor que se esperaba las actividades de la NSA.
-También puede parecer que la NSA y el aparato de seguridad han crecido tanto y son tan poderosos que incluso sorprende al presidente.
-También ha explotado la cantidad de información más allá de lo que los empleados de la Casa Blanca pueden controlar. Nadie en el gobierno lo sabe todo de lo que pasa. ¿Habría que sorprenderse de que el presidente no supiese que se pinchaba el teléfono móvil de Angela Merkel? No.
-¿Cómo transformarán estas revelaciones a la NSA?
-Cada vez que Glenn Greenwald y Laura Poitras y sus amigos sacan una nueva historia, cada una o dos semanas, el proceso empieza de nuevo. No parece acabar. La NSA está perdiendo fuentes. No solo Alemania, Francia, España, Italia, Holanda…. Es todo el mundo. Todos el mundo sabe que la NSA escucha. China, Rusia, Corea del Norte e Irán, todos estos países están dando pasos para mejorar la seguridad de sus comunicaciones. En los próximos dos años serán difíciles para la NSA.
-¿Será más débil?
-No. Seguirá igual de poderosa. Seguirán recibiendo mucho dinero. Seguirá siendo la agencia de inteligencia más grande. Pero no ofrecerá la misma inteligencia de primera calidad de los últimos años. Tendrá que empezar de nuevo a reconstruir su capacidad de escuchar a muchos objetivos.
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]]>El miembro más reciente del club de filtradores de secretos de la seguridad nacional de la primer potencia es Edward Snowden, un exempleado de la CIA que filtró a The Guardian y a The Washington Post documentos sobre el programa de vigilancia electrónica del Gobierno de EE.UU. El domingo, Snowden reveló su identidad.
“Me alegré muchísimo –dice Ellsberg en una conversación telefónica–. Es la mejor noticia que puedo recordar en mucho tiempo, desde las revelaciones de Wikileaks hace tres años. No ha habido una revelación más significativa y relevante diría que… nunca… Incluidos los papeles del Pentágono. No sólo por despertar a los miembros del Congreso que no eran conscientes de esto, sino que también tiene la capacidad de lograr que una gran parte del público sea consciente de que ahora mismo vivimos en el país del Gran Hermano de Orwell, con la excepción del programa de Estado policial de explotación de esta información por parte del Gobierno. No tenemos campos de detención masivos, no tenemos un estado policial completo ahora. Pero tenemos toda la infraestructura legislativa, administrativa y por encima de todo electrónica de un Estado policial. Y creo que podría activarse de la noche a la mañana.”
-Usted se entregó a la Justicia en junio del 1971. ¿Por qué tomó esta decisión? ¿Es comparable con la de Edward Snowden, el domingo, de revelar su identidad como filtrador?
-Casi desde el momento de la primera orden judicial contra mí, mi esposa y yo estuvimos de hecho en la clandestinidad, esquivando al FBI para poder seguir distribuyendo copias de los papeles del Pentágono. Acabé dando los papeles a 19 periódicos distintos. Hubo una orden de arresto contra mi pero no me entregué en seguida porque aún me quedaban algunos copias para distribuir. Cuando fui [a entregarme], hice lo que siempre me había comprometido a hacer si me arrestaban, que era identificarme como la única persona responsable por difundir los papeles, de manera que quedase claro, en la medida de lo posible, que nadie más que fuese susceptible de ser sospechoso me había ayudado o influido para hacer esto. Asumí toda la respobsabilidad. Y creo que Snowden ha hecho lo mismo. Ha dejado claro que nadie sabía nada de lo que hizo ni participó en ello. Y creo que es una de las razones por la que se dió a conocer. La otra razón era ser capaz de decir clarmanente lo que yo creía que los papeles revelaban y explicarlos tan bien como pudiese. En ambos casos, tanto en el suyo como el mío, había mucho que decir sobre los papeles. Entonces fui libre para hablar de lo que revelaban, de la misma manera que Snowden lo es ahora. Él no podía hacerlo en este país, no estaría en libertad bajo finanza como yo, sino en una celda de una cárcel como Brandley Manning, quizá en la misma que dejó vacante en Quantico [la base cerca de Washington donde estuvo detenido inicialmente], o en una celda de aislamiento. Quizá en Guantanamo. Estaría incomunicado como Brandley Manning en los últimos tres años. La gente pregunta por qué se marchó a Hong-Kong. Estoy seguro de que es para aplazar el momento en que ya no podrá hablar al público. Y sabe que, esté donde esté en el mundo, es posible que lo atrapen de una manera y otra, y lo encarcelen o lo eliminen.
https://youtu.be/DP9QxKKVRqo
-¿Qué le aconsejaría a Snowden? ¿Qué debería hacer ahora?
-No creo que necesite mi consejo. Admiro lo que ha hecho y respeto su buen criterio. Creo que ha hecho lo que podía hacer. Como él dice, lleva tiempo pensando en hacerlo. Esperaba que Obama hiciera cambios. Y era una esperanza razonable hace 5 años. Pero ya hace tiempo que no es razonable. Probablemente se estará preguntndo si no debería haberlo hecho antes. Pero lo ha hecho muy bien. Ha ido a la persona correcta, a Glenn Greenwald. Glenn Greenwald y Laura Poitras deberían obtener premios Pulitzer por esto. Y yo diría que ya es hora de que una fuente obtenga un premio Pulitzer. No deberían ganar dinero para no despertar sospechas de que lo hace por dinero, pero deberían obtener el reconocimiento de que es que son parte crucial del proceso periodístico para mantener una prensa libre. En su caso [el de Snowden], creo que la revelación quizá pueda incitar a la gente a recobrar su privacidad y libertades y la Bill of Rights [las primeras enmiendas de la Constitución, que incluyen la libertad de prensa y expresión, y la protección ante registros injustificados]. Pero también es probable que no haya ninguna reacción.
(…)
“El mundo está metido en varias crisis simultáneas. La crisis climática. Las armas nucleares siguen allí debido a las malas políticas de mi país, a pesar de la retórica de Obama. Y, claro, los aspectos de vigilancia del estado policial probablemente se están reforzando en todos los países. Así que solo el tipo de reformas como las que vimos en la Unión Soviética con el Gorbachov evitará que la especie se destruya a sí misma. Y creo que Edward Snowden ha mostrado el tipo de coraje civil que se requiere si la especie debe sobrevivir. Suena a hipérbole, pero no lo es, en absoluto.
-Usted, cuando se entregó, salió en libertad bajo fianza. Los tribunales se enfrentaron a la Administración Nixon.
-Todo lo que Nixon me hizo a mí mientras estaba en libertad bajo fianza para silenciarme, para hacerme chantaje, entrando en la consulta de mi antiguo psicoanalista, con escuchas ilegales sin orden judicial, poniendo la CIA tras de mí para conocer mis vulnerabilidades, y finalmente intentando matarme, el 3 de mayo de 1972… Todo estas cosas son legales ahora. Tan lejos hemos llegado. Lo que no significa que sean constitucionales. El Tribunal Supremo no ha sentenciado sobre ellas. Y no confío demasiado en que este Tribunal Supremo se dé cuenta de que son inconstitucionales. Pero repito: lo que para Nixon era criminal ahora Obama tiene el derecho legal de hacerlo. Tan lejos hemos llegado hacia el estado de Orwell, 1984, aunque treinta años más tarde.
-Usted ha escrito que “Snowden revela que la llamada comunidad de inteligencia se ha convertido en la Stasi Unida de América”.
-Las capacidades de varias agencias, lideradas por la NSA, pero también la CIA, el FBI y, realmente, la inteligencia militar, y el resto forman un grupo que bien podría ser llamada la Stasi Unida de América. Tienen capacidades que la Stasi germano-oriental ni podía ni imaginar. La película La vida de los otros debería volver a estrenarse y debería verla el máximo de personas posible para mostrar cómo es vivir en un lugar donde cada individuo es sujeto al chantaje del Estado porque el Estado conoce todos los aspectos de sus vidas privadas. Esta película sobre la Stasi era en una época en la que no había email, no había teléfonos móviles, no había ordenadores personales, ni transacciones con tarjetas de crédito. La Stasi simplemente no tenía la imaginación para pensar un futuro como el actual con actuales capacidades de vigilancia. Si hubiese otro 11-S, tengo pocas dudas de que estas capacidades de vigilancia girarían la llave para llevarnos a un estado policial.
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]]>El lunes pasado, empezó el juicio militar a Manning por las filtraciones que, según la fiscalía, ayudaron a Al Qaeda. El soldado de 25 años se expone a la cadena perpetua. El consejo de guerra se desarrolla en una pequeña sala –parece más un juzgado de la provincia que el lugar de un juicio que puede hacer historia– en la base militar de Fort Meade, en el estado de Maryland. Fort Meade también acoge la sede de la National Security Agency (NSA), la secretista agencia de espionaje electrónico. No es descartable que el hombre o mujer que se ha creído con el deber de poner en riego su libertad para que el mundo conociese algunas prácticas secretas de su país trabaje en el mismo recinto donde Manning, por un motivo quizá similar, es juzgado estos días.
En la NSA trabajaba Thomas Drake, que también fue un whistle-blower, acusado por el Gobierno de Estados Unidos de violar la ley de espionaje, aprobada en el 1917 no para perseguir funcionarios que querían denunciar abusos sino espías para otros países. En mayo –antes de que estallasen los casos más recientes de vigilancia de la prensa y los ciudadanos por parte de la Administración– entrevisté a Drake y a la abogada Jesselyn Radack, que tras el 11-S perdió su trabajo en el Departamento de Justicia y vio dañada su carrera profesional por denunciar las irregularidades en el trato de John Walker Lindh, el llamado talibán americano.
En el anterior post aludí a la conversación con Drake. Aquí añado la transcripción de algunos fragmentos de la entrevista con Thomas Drake (TD) y Jesselyn Radack (JR). Creo que pueden tener interés a la luz de las últimas revelaciones sobre los programas secretos del Gobierno de Estados Unidos.
JR: (Whistle-blowers y filtrador) son palabras que con frecuencia se usan, desafortunadamente, de manera intercambiable. Ambas implican la revelación de información pero son bastante diferentes, porque las filtraciones no se hacen en interés público. Por ejemplo, el Gobierno filtra constantemente para darse una buena imagen. Cuando filtraron el nombre de Valerie Plame, no servía ningún interés público: era para responder a lo que había hecho su marido. De otro lado, los whistle-blowers desvelan cosas que son de interés público. Las filtraciones no se hacen por interés público, no se hacen para promover la exposición del abuso, o el fraude, o las malas prácticas.
(…)
TR: Especialmente en esta era, con la Administración Obama, no sólo están criminalizando a los whistle-blowers sino que están criminalizando la primera enmienda. En especial cuando le dices la verdad al poder en el ámbito de la seguridad nacional. Son proclives a ir a por quienes revelan conductas gubernamentales que ellos preferirían mantener ocultas. Lo más frecuente es que usen el secretismo, la clasificación (de información) como una cobertura. Así que, en esencia, el Gobierno quieren mantener su interés privado, y la revelación de interés público es perseguida.
JR: Y creo que los whistle-blowers que sufren la persecución judicial son los que han revelado los programas más secretos de Estados Unidos, la información más embarazosa para Estados Unidos. En términos de lo que implicaron las revelaciones de Tom, el programa de vigilancia secreta [realizado por la NSA] fue uno de los mayores escándalos de la Administración Bush. Si se mira el caso de John Kiriakou [exagente de la CIA encarcelado], dio el soplo sobre la tortura, el otro gran escándalo. Fueron los dos grandes escándalos con Bush.
TD: El Gobierno sabe que actuó mal, pero no lo quiere admitir, porque admitirlo le forzaría a rendir cuentas. Así que esconden su conducta, la vulneración de la ley, la situación embarazosa… detrás de la cobertura de la seguridad nacional. Y lo ponen en práctica, y esto es lo pernicioso, con esta construcción artificial que es la clasificación [de información] y el secretismo.
JR: También lo ponen en práctica con las acusaciones judiciales de las personas que osan hablar de ello.
(…)
TD: La seguridad nacional se ha convertido en una excusa conveniente, no sólo para que ellos se protejan a sí mismos y sus actos malévolos, sino también para usarla como espada para perseguir a quienes osen cuestionarlos, exponer lo que hacen, hablar de ellos. Están enviando un mensaje amedrantador. Y también envían un mensaje extraordinariamente amedrantador a periodistas y reporteros. Puedo decir que reporteros con los que he hablado off the record han dicho que fuentes importantes en las que han confiado durante años son cada vez más reticentes a hablar simplemente por miedo.
(…).
TD: Fueron los peores cinco años de mi vida, esto es un hecho, a nivel personal [se refiere a los efectos de la investigación que sufrió por parte del FBI y la fiscalía como presunto filtrador]. No tengo pensión de jubilación. He perdido una cantidad de ingresos tremenda. Se me destrozó la capacidad de ganarme la vida. Ahora soy empleado en el comercio [una tienda Apple, donde un día tuvo un encuentro fortuito y tenso con el fiscal general, Eric Holder] . Y como mi caso fue tan público, ahora no tengo ninguna posibilidad para trabajar en el Gobierno. Me encontraba a cinco años de la jubilación, y no queda nada. Y antes de trabajar en la NSA serví tres veces a mi país. El precio que paga el whistle-blower, el que paga el que dice la verdad, es extremadamente alto. Sin hablar del coste personal y familiar. Sin hablar de las relaciones, en las que se introduce la desconfianza porque pueden pensar: oh, por tu culpa nos ha ocurrido esto.
(…)
TD: El Gobierno está atado por la Constitución. Lo que ocurrió después del 11-S es que el Gobierno decidió, en secreto, desatarse él sólo, desencadenarse. Si el Gobierno se desata de la Constitución, ¿qué significa nuestro sistema de gobernanza? (…) Cuando el Gobierno se desata de la Constitución, abres la caja de Pandora, porque todo el poder que queda es la cooptación de la gobernanza por parte del poder ejecutivo. Y en la medida en que tienes un Congreso cómplice y el poder judicial tiende a ser deferente con el ejecutivo… bien… ¿Qué ocurrirá? Mire la seguridad nacional. La seguridad nacional está desplazando nuestra forma de gobernanza. Y la seguridad nacional son las lentes a través de las cuales, cada vez más, el Gobierno federal ejerce una autoridad sobre el Estado y el pueblo. ‘Nosotros tenemos pleno acceso a la gente pero tú no puedes cuestionar nuestra autoridad, porque todo está relacionado con la seguridad nacional’.
(…)
JR: ¿Por qué (Obama) va a por los whistle-blowers así? Creo que inicialmente era para ganarse el favor de las comunidades de inteligencia y de la seguridad nacional, que le veían débil al llegar al cargo. Creo que fue también para crear un precedente para ir a por la prensa y los reporteros. Y en última instancia creo que es una manera de crear, por la puerta trasera, una ley de secretos oficiales que, en nuestro país, no tenemos. Pero vamos hacia allí. A ningún presidente le gustan las filtraciones, claro, pero perseguirlas con tanto vigor es un síntoma de que tras el 11-S se puso en práctica un régimen de secretismo, y en vez de desmantelarlo y volver a la normalidad con Obama, incluso fue más allá, en términos de expandir el secretismo gubernamental.
(…)
TD: El país en el que me convertí en experto [cuando estaba estacionado como militar en la OTAN, en los ochenta] fue la Alemania Oriental, un Estado de vigilancia. Escuché comunicaciones en la Alemania Oriental. Nunca imaginé que tantos elementos del Estado de vigilancia acabarían emergiendo aquí.
(…)
TD: Ahora es peor [que con Bush].
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]]>Algunas traducciones posibles de whistle-blower al castellano tienen una connotación negativa. Lo contrario que en inglés.
“Uno que revela algo encubierto o que informa contra otro”, define de forma escueta el Merriam-Webster.
En su Political Dictionary, William Safire se extiende más. “Un empleado del gobierno que ‘va al público’ con quejas de mala gestión o corrupción en su agencia”.
Safire traza el origen de la palabra en los años setenta, al era de los Papeles del Pentágono y el Watergate. Explica que, antes de usar whistle-blower –el que toca el silbido– existía la palabra whistler, que significa soplón o “informador policial”. El término Whistle-blower, escribe Safire, “retrata a un servidor público que arriesga su empleo haciendo ruido en público para llamar la atención sobre un escándalo”.
2. Thomas Drake y Jesselyn Radack son whistle-blowers. La semana pasada les entrevisté en la sede del Government Accountability Project. Quería entender cómo Barack Obama había pasado de ser un político que agitaba la bandera de la transparencia a ser el presidente más severo, en las últimas décadas, a la hora de perseguir a whistle-blowers y filtradores.
El caso Drake adquirió relevancia nacional en mayo del 2011, cuando la revista New Yorker y el programa 60 Minutes, de la CBS, le dedicaron sendos reportajes.
Entrevisté a Drake y Radack justo cuando empezaban a ocupar las portadas de la prensa una serie de polémicas que, en algunos casos, implicaban a whistle-blowers. Unos días después, el lunes pasado, la agencia Associated Press (AP) informó de que el Departamento de Justicia había accedido a las listas de llamadas telefónicas de sus periodistas de los meses de mayo y abril del 2012. No hubo escuchas y, en principio, todo fue legal (tampoco parece claro que pueda hablarse de espionaje, término que se ha usado estos días pero que la propia Associated Press no utiliza en su información). La medida se adoptó en el marco de una investigación para buscar la o las fuentes de una noticia del 7 de mayo de 2012, en la que AP reveló que la CIA había desarticulado una trama terrorista en Yemen.
Cuando hablé con Drake y Radack, el caso AP todavía no se conocía. El viernes le pedí a Drake un comentario. Transcribo la respuesta que recibí el sábado:
“Es un reflejo del continuo e infatigable asalto por parte del gobierno a la 1a Enmienda, y de la paralización de la prensa, yendo a por sus fuentes y a por la información como su fuese una actividad criminal.
La guerra contra los reporteros y los periodistas, que ha quedado demostrada con tanta fuerza por la expedición secreta de pesca del gobierno que llevó a la incautación de los registros telefónicos de AP, es una continuación de la guerra sin precedentes de la Administración Obama contra los whistle-blowers y quienes dicen la verdad, y de su obsesiva necesidad de controlar la información, justificada bajo la autoridad de la seguridad nacional.
Este último asalto a la 1a Enmienda debe servir como otra señal para alertar de que el aparato y el régimen de seguridad nacional y vigilancia es cada vez más un poder en la sombra, detrás de la escena, que apunta a los medios bajo la justificación de investigaciones de filtraciones contra quienes osan decirle la verdad al poder, dejar en una posición embarazosa al gobierno o exponer actividades del gobierno que claramente son de interés público.
Simplemente es indignante que el gobierno use el sistema de justicia para perseguir y criminalizar fuentes e informaciones contrarias a lo que quieren que el público escuche —una política, añadiría, que es completamente antitética y en contra de nuestra forma de democracia, una República Constitucional que consagra las libertades de expresión y de prensa.
Criminalizar actividades protegidas por la 1a Enmienda deja a la ciudadanía informada vulnerable ante la rapacidad de un gobierno que usa sus poderes para silenciar y suprimir la libertad de expresión, de asociación, y la verdad“.
“El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios”.
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]]>The post Conversación con Tom Rosenstiel appeared first on Diario de Washington (2009-2014).
]]>Los nueve “elementos” del periodismo, según Rosenstiel y Bill Kovach, son los siguientes:
i. La primera obligación del periodismo es con la verdad.
ii. La primera lealtad es con los ciudadanos.
iii. Su esencia es una disciplina de verificación.
iv. Quienes lo practican deben mantener la independencia respecto a quienes cubren.
v. Debe servir de controlador independiente del poder.
vi. Debe ofrecer un foro para la critica y el compromiso público.
vii. Debe aspirar a que lo que es significativo resulte interesante y relevante.
viii. Debe lograr que las noticias sean completas y proporcionadas.
ix. Debe permitirse a quienes lo practican el ejercicio de su conciencia personal.
2. El año pasado vi a Rosenstiel en la presentación de un informe del Proyecto para la Excelencia en el Periodismo, que él dirigía entonces.
Aquí una crónica, escrita en junio del 2012, sobre el informe:
El veterano periodista Tom Rosenstiel ya no lee los periódicos en papel por la mañana como solía. Antes de acostarse, lee los diarios del día siguiente. En la pantalla.
En Estados Unidos, su dieta informativa no es inusual. “Hay un consumo de tabletas que llega a un pico entre las 11 de la noche y medianoche, cuando la gente saca la tableta y quizá la usa en la cama antes de dormir”, dice.
Rosenstiel, coautor de Los elementos del periodismo, sigue recibiendo por la mañana dos diarios impresos. Pero los ha leído online la noche anterior y los sigue leyendo en el mismo soporte a lo largo de la jornada. Cada vez se leen menos diarios en papel, pero cada vez se consume más información.
“La crisis es una crisis económica. No es una crisis de audiencias”, sostuvo hace una semanas Rosenstiel al presentar en Washington el informe anual ‘El estado de la prensa’, elaborado por el Proyecto para la Excelencia en el Periodismo, que él dirige.
La prueba, según Rosenstiel, es el ‘New York Times’. En diez años sus ingresos publicitarios se han reducido a más de la mitad. En el mismo periodo, gracias a las audiencias a las que accedido por la versión digital, ha multiplicado por tres el número de lectores.
“La era de la tecnología móvil ha llegado”, dijo el director del Proyecto para la Excelencia en el Periodismo, integrado en el Pew Research Center.
Este es el titular del noveno informe sobre el estado del periodismo, elaborado por la institución que Rosentiel dirige. Casi la mitad de adultos en EE.UU. tiene un teléfono con internet. Uno de cuatro habitantes se informa a través de aparatos móviles (teléfonos y tabletas).
Según el informe, el incremento de plataformas de noticias no substrae audiencia de las viejas plataformas -Rosenstiel alude explícitamente a los ordenadores- sino que suma. Las audiencias suben.
Con los tabletas y los teléfonos, los consumidores acuden directamente a los medios de comunicación -que en gran parte son medios televisivos o de prensa- en vez de llegar a ellos tras navegar por la red. El vínculo con las marcas -muchas de ellas, medios tradicionales- se estrecha.
Es más, en la llamada era de los móviles los consumidores leen más artículos y en más sesiones por mes. Y los aparatos móviles modifican hábitos. En los ordenadores el tiempo de atención del lector era de unos 30 segundos: de ahí la idea, extendida hace unos años, según la cual los textos en internet debían ser cortos.
“Esto no es así con los aparatos móviles”, dijo Rosenstiel. “La gente lee artículos largos con mayor frecuencia, y lo hace a diario”.
El problema es, no sólo que los ingresos a través de internet y los aparatos móviles no compensan la caída de ingresos en las ediciones en papel, sino que el 68% de los ingresos publicitarios digitales no se los llevan medios tradicionales sino cinco gigantes tecnológicos (Google, Yahoo, Microsoft, AOL, Facebook). El Proyecto para la Excelencia en el Periodismo augura un aumento de los diarios que cobran por las noticias en internet.
Entre el 2010 y el 2011, la audiencia online (ordenadores, teléfonos, tabletas) subió un 17,2%. Los ingresos subieron un 23%. En cambio, la audiencia de los diarios en papel cayó cayó un 4% y los ingresos un 7,3%.
El fin del papel viene augurándose desde hace años en EE.UU. El anuncio, la semana pasada, de que el diario de Nueva Orleans ‘Times-Picayune’ dejaría de imprimirse a diario y sólo se publicaría tres días a la semana, generó algunos obituarios.
“Un diario, aunque esté escaso de anuncios, es un gran anuncio para, como mínimo, una cosa: el propio diario”, escribió David Carr, columnista del ‘New York Times’. “La costancia de un diario, en el mostrador de un colmado de Frenchman Street o en las mesas de un café en Maple Street, es un recordatorio a la ciudad de que hay alguien allí fuera vigilando”.
Rosenstiel confía en que en el futuro sigan imprimiéndose diarios en papel. “La circulación de las ediciones del domingo se ha mantenido mejor que la de los días laborables, y en EE.UU. los diarios sacan la mitad de los ingresos publicitarios el domingo”, dijo. “Así que una predicción segura es que seguirán queriendo imprimir el domingo y animarán a sus suscriptores online a recibir en casa el diario del domingo, aunque quizá no el de los días laborables”.
3. El viernes pasado hablé con Rosenstiel por teléfono a propósito del desencuentro entre Bob Woodward –seguramente el periodista más influyente en Washington– y la Casa Blanca de Barack Obama. Woodward contribuyó, junto a su colega Carl Bernstein, a destapar el escándalo del Watergate, que acabó con la presidencia de Richard Nixon.
En la última semana, Woodward ha responsabilizado a Obama de un plan de recortes que entró en vigor el viernes y del que nadie –ni demócratas ni republicanos– quiere responsabilizarse. También le ha acusado de confudir a la opinión pública sobre la solución a estos recortes, conocidos como secuestro: Woodward, como la oposición republicana, sostiene que, de acuerdo con lo pactado en el verano del 2011, los recortes sólo pueden sustituirse con otras medidas de reducción de gasto para rebajar el déficit; Obama afirma que también pueden subirse impuestos. En un programa de televisión, Woodward calificó de “una especie de locura” la decisión de la Administración Obama de no enviar un portaviones al golfo Pérsico por los recortes. Finalmente insinuó que Gene Sperling, asesor económico de Obama, le había amenazado en un correo electrónico que, en realidad, era lo contrario, un mensaje deferente en el que Sperling pedía disculpas a Woodward por haber elevado la voz en una discusión previa.
Aquí un resumen de la conversación con Rosenstiel.
WOODWARD VS. OBAMA. “Sin duda la reacción de la gente desde que la controversia estalló ha sido que, en términos políticos, es una tormenta en un vaso de agua. Al público no le preocupa demasiado (…). Se trata de un par de reporteros y Woodward… Un rifirrafe entre un número limitado de actores. Y la cuestión sobre si el secuestro lo sugirió inicialmente un lado u otro, parece que políticamente es una cuestión menor comparado com lo que será el impacto del secuestro”.
WOODWARD. “Sería una sobresimplifación creer que Bob Woodward simboliza simplemente el Watergate, o que sólo es un símbolo del periodismo de investigación. Porque, durante los últimos cuarenta años, se le ha conocido más por libros de historia contemporánea en los que ha usado algunas técnicas que son controvertidas. Desde el segundo libro sobre el Watergate ha empleado técnicas en las que las fuentes de sus libros eran anónimas, y ha seguido haciendo esto en una serie de best-sellers. Ha habido bastante controversia a lo largo de los años sobre esta técnica, así como sobre la efectividad de intentar escribir historia en tiempo real. Durante la guerra de Iraq, Woodward hizo creo que tres libros, y el punto de vista sobre la guerra y sobre quienes hacían la política cambió, y algunas personas pensaron: quizá sea mejor tomar un poco de distancia antes de intentar escribir un libro de historia. Así que la controversia ha acompañado la obra de Woodward. El carácter de su trabajo consiste explorar información desconocida. Dispone de acceso a personas a las que nadie tiene acceso, y eso era verdadero en los tiempos del Watergate y sigue siéndolo.”
RELACIÓN CASA BLANCA/PRENSA. “(Obama) es el primer presidente de la era de los medios sociales. Facebook existía con George W. Bush, pero Twitter no, Instagram tampoco. Lo que estas nuevas plataformas de medios sociales hacen es que la conversación en el mundo de los medios va de muchos a muchos, más que de uno a muchos. Creo que cualquier presidente en los últimos cinco años se habría implicado en estas plataformas. Cuando en los años noventa emergió la talk radio, los políticos tuvieron que ir a estos lugares. En 1992, los políticos iban a los talk shows: Larry King, la televisión por cable… Bill Clinton fue a Arsenio Hall y tocó el saxofón… En la MTV… Forma parte del mismo proceso. Lo diferente ahora es que los presidentes, los presidentes de la Cámara, los líderes del Senado y los candidatos tienen más maneras de comunicarse directamente con el público, y pueden imaginarse que pueden esquivar del todo a la prensa. Pero esto nunca es así. Se habla de Ronald Reagan en los 80 usando ruedas de prensa en horario de máxima audiencia para hablar directamente al público americano. Dwight Eisenhower se imaginaba que esquivaba a la prensa saliendo por televisión en vez de pasar por el filtro de los periódicos. Cada vez que hay una nueva tecnología el papel de la prensa se complica, pero nunca se desvanece, porque los reporteros todavía pueden descubrir cosas, pillar a los presidentes en falta, y esto sale a la corriente mediática, y sigue pesando. La prensa ya no es un filtro singular, pero quien imagine que los reporteros que los cubren son irrevantes, se equivoca”.
¿PERIODISTAS MENOS PODEROSOS? “Son menos poderosos en el sentido de que ya no son el único narrador. Son menos poderosos en el sentido de que tienen que compartir el espacio con muchos otros actores. Pero no es verdad que sean una voz más, que la voz de Bob Woodward no sea más influyente que la de cualquiera en Twitter. Todavía hay periodistas influyentes. Los reporteros que cubren la Casa Blanca tienen fuentes en la Casa Blanca, y tienen fuentes en el Gobierno, y pueden descubrir cosas, y si son verdad, el resto del ecosistema mediático los amplifica. Ya no son el guardián de las puertas, el que decide lo que sabemos y lo que no sabemos, pero son muy poderosos en el sentido de que son comprobadores de hechos (fact checkers) y creadores de sentido o contextualizador (sense makers) que pueden alterar la manera de ver las cosas, o introducir hechos nuevos que, para no periodistas, son difíciles de descubrir”.
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]]>Tras una década de conflictos caros en sangre y dinero, el año próximo, cuando ponga fin a los combates en Afganistán, EE.UU. no estará metido en una guerra por primera vez desde hace doce años. Irán, Oriente Medio, las primaveras árabes, Corea del Norte: ninguno de estos focos de inestabilidad se percibe aquí como una amenaza existencial, como ocurrió, durante la guerra fria, con la Unión Soviética, o en la primera década del siglo XXI con el terrorismo islamista.
EE.UU. vive un extraño momento de calma internacional. Y en Washington, la amenaza del momento parece ser la ciberguerra.
La publicación, la semana pasada, de un informe elaborado por la empresa privada Mandiant que localizaba en una unidad del ejército chino una serie de ataques por internet a empresas norteamericanas, ha abierto el debate.
¿Afronta EE.UU., como afirmó el secretario de Defensa saliente, Leon Panetta, un “ciberPearl Harbor”? ¿Son realistas los escenarios apocalípticos que Richard Clarke y Robert Knake describieron hace tres años en el ensayo Cyberwar?
¿O, al contrario, las especulaciones no son más que exageraciones y campañas de miedo?
A continuación transcribo las respuestas y apuntes de las entrevistas y cuestionarios a expertos que consulté para un artículo en La Vanguardia del domingo pasado sobre la emergencia de una nueva industria de la ciberdefensa.
1. The fog of cybwar (La niebla de la guerra). En un artículo con este título, publicado en noviembre en la revista Foreign Affairs, Brandon Valeriano y Ryan Maness, argumentaban de manera bastante convincente que “la amenaza [de la ciberguerra] no está a la altura del alboroto”. Valeriano y Maness constataban que, hasta ahora, los ciberataques entre potencias rivales no han provocado ninguna muerte y que la mayoría de incidentes son breves y menores. Es más, como han subrayado otros comentaristas y reporteros, el ataque más sofisticado hasta la fecha provino de EE.UU. y se dirigió contra Irán. EE.UU. lanzó el ataque por orden del presidente Barack Obama.
Le pregunté por correo electrónico a Valeriano si el informe de Mandiant cambiaba en algún aspecto la tesis del artículo en Foreign Affairs.
“Los ataques chinos a diarios [el New York Times y otras publicaciones sufrieron ciberataques procedentes de China] y otros objetivos recientes no son nada nuevo ni resultan chocantes –respondió–. Simplemente es la continuación de los esquemas dominantes en el ciberespacio. En algunos aspectos un ciberataque es lo menos que un estado puede hacer para responder a un desafío. Los ataques fueron muy menores y no representan una escalada en las táctica cíber. Si bien pueden haber tenido impacto en el New York Times, no provocaron un daño decisivo y no hacen más que reforzar el argumento de que la seguridad del objetivo es la mejor manera de contrarrestar los ciberataques”.
También le pregunté por qué, si las amanazas son tantas veces hiperbólicas, EE.UU. ha vivido en los últimos años un boom de la industria de la ciberseguridad.
“El boom en la ciberseguridad puede explicarse por varios factores. Uno es el declive de las percepciones sobre la amenaza del ciberterrorismo. Desde el 11-S, no han aflorado nuevos desafíos reales y graves. EE.UU. coopera más con China de lo que se enfrenta con este estado. Además, la industria informática es un amplio mercado en crecimiento y las empresas han utilizado los miedos asociados con los ciberataques para proteger sus intereses de negocio. Las fuerzas armadas también han estado buscando nuevas misiones en respuesta a la dificultad de los proyectos para construir naciones [nation-building, en inglés: la idea de que EE.UU., a golpe de bombas, podría convertir estados fallidos o viejas dictaduras en estados más o menos estables o incluso democracias]. Lo cíber parece ser la oportunidad perfecta para demostrar su utilidad. La cuestión es si la fuerza aérea y la Marina realmente deberían meterse en ciberoperaciones. La hipérbole y el alboroto que transmiten fuentes del gobierno y de la industria no ayuda. Si bien es posible destruir infraestructura esencial, golpear la industria sanitaria, y lanzar ciberoperaciones a gran escala, yo creo que es poco probable que esto ocurra debido a las normas de autocontrol en el sistema, los miedos de una réplica de los ataques en el sistema , y el temor a los efectos colaterales si estas tácticas se escapan de las manos”.
En el artículo de Foreign Affairs, Valeriano y Maness concluían: “En resumen, esta táctica, que se usa con poca frecuencia, no cambiará pronto los cálculos de la política exterior. La ciberguerra representa una amenaza sólo si se usa de manera burda o de gestiona mal, o si desvía recursos hacia un miedo mítico en vez de hacia las amenzas reales”.
Si esto es así, ¿cómo está gestionando EE.UU. la amenaza de los ciberataques? ¿Ha habido una sobrerreacción? ¿Cuánto hay de campaña de miedo y cuánto de evaluación realista y serena en la reacción del Gobierno y los medios?
“Sin duda es necesario proteger los sistemas e industrias esenciales. EE.UU. deben proteger estos objetivos. Los actores deberían identificar y detener las amenazas antes de que proliferen. Para mí el verdadero error es la rápida expansión de la ciberindustria y el gasto en los sectores estatales. La cooperación para afrontar posibles amenazas es clave, pero el aumento de las ciberoperaciones ofensivas es preocupante en la medida que rompe el tabú en contra del uso de estas armas. También alenta a otros estados a utilizar la misma táctica. Si EE.UU. tiene ciberguerreros ofensivos, otros también los desarollarán. A lo largo de la historia del mundo, los intereses de seguridad han respondido a las amenazas con contraamenazas que han empezado un ciclo de violencia e intimidación. Estas no es la manera de alcanzar objetivos y me preocupa que hayamos ido demasiado lejor en la respuesta a las ciberamenazas. Deberíamos centrarnos en la resistencia de las redes y fomentar internet como una fuente y espacio de iniciativas de negocios, no como una amenaza para la seguridad de la nación o la economía”.
2. Richard Bejtlich es el Chief Security Officer (CSO, principal responsable de seguridad) en Mandiant, la empresa privada con sede en Alexandria (Virginia) que la semana pasada publicó el informe sobre el origen de los ciberataques chinos. Betjlich, como otros directivos de Mandiant, es un veterano de las fuerzas armadas de EE.UU. Él se formó en el campo de la seguridad informática en la Air Force, el ejército del Aire. Antes de trabajar en Mandiant, dirigió el equipo de respuesta a incidentes informáticos en General Electric.
Bejtlich, en una entrevista telefónica, explicó que decidieron publicar el informe sobre los ataques chinos por dos motivos. Primero, para ayudar a proteger a sus clientes. Y segundo, porque creían que existía el ambiente adecuado en la opinión pública para abrir el debate: Obama acaba de firmar un decreto presidencial sobre la cuestión, los ciberataques al New York Times tuvieron un notable eco en la opinión pública, el Gobierno de EE.UU. ha presentado una estrategia para proteger los secretos comerciales…
Mandiant, dijo Bejtlich, trabaja sobre todo para el sector privado. El Gobierno y las fuerzas armadas disponen de equipos preparados para protegerse de ciberataques, explica. Pero es el sector privado el que, según el directivo de Mandiant, con más frecuencia carece del personal adecuado para estas tareas.
Una nota de la agencia Associated Press comparaba empresas como Mandiant con Blackwater, la empresa de seguridad que, en los años de Iraq y Afganistán, se convirtió en el símbolo de la privatización de la guerra.
“No me gusta”, dijo Bejtlich cuando le mencioné la analogía. “Preferimos pensar que somos defensores de empresas que sufren intrusiones”, añadió. “No somos mercenarios ni una fuerza de seguridad privada”.
¿Por qué la abundancia de exmilitares en firmas como Mandiant?
“Para mí generación era el lugar donde aprender el negocio. Las generaciones más jóvenes aprende informática forense [computer forensics, en inglés] en la universidad. Allí pueden aprender cómo encontrar a intrusos. No necesariamente tienen que pasar por las fuerzas armadas”.
¿Se exagera la amenaza de la ciberguerra? ¿Se cultiva el miedo?
Bejtlich responde que el informe sobre los ataques chinos no intenta asustar a nadie. Y recuerda que se centra en el espionaje, que es distinto de los escenarios más apocalípticos, que contemplan ataques a infraestructuras.
Pero añade: “Si tienes capacidad para robar información también tienes capacidad para destruirla. Y aunque no tengas la intención de hacer daño puedes cometer un error en un sistema esencial, que provocaría daño”
A Bejtlich le preocupan tres escenarios. El primero es uno que causase daño físico o incluso pérdida de vidas. Cita la hipótesis de ataques remotos a bombas de insulina par diabéticos [la revista Wired explica aquí cómo en el 2011 dos legisladores de EE.UU. pidieron una investigación sobre la seguridad de los aparatos médicos después de que un experto en ciberseguridad diabético piratease propia bomba de insulina]. El segundo escenario sería un ataque a la red eléctrica. Y el tercero, al sistema financiero.
Bejtlich cree que la eventualidad de un ataque a las infraestructuras sería prepocupante si se prolongase. “Dependería de cuánto durase”.
3. La extensa pieza en la que, la semana pasada, el diario New York Times adelantó el informe de Mandiant, mencionaba a Jaime Blasco, director de Alien Vault Lab, el laboratorio de la empresa de seguridad en internet Alien Vault. Dos españoles fundaron hace cinco años Alien Vault en Madrid. Ahora la sede se encuentra en San Mateo, en Silicon Valley. Alien Vault se encuentra en el frente de la ciberguerra fría.
En una entrevista telefónica desde España, Blasco distinguió, en el ámbito de la seguridad en internet, la prevención de los ataques de su detección, una vez que ya se han lanzado. “En los últimos años –dijo– nos hemos dado cuenta en la industria de la seguridad (…) de que las tecnologías de prevención muchas veces fallan y no son capaces de bloquear estos ataques. Entonces han surgido una herramientas que llamamos de detección. Básicamente: una vez que los ataques se han producido, y no se ha conseguido bloquearlos, [estas herramientas] te ayudan a detectar que tienes una intrusión en tu sistema, en tu red, y son capaces de ayudarte a gestionar este incidente”.
Alien Vault Labs, el departamento que Blasco dirige, se dedica a “adquirir información, inteligencia sobre los atacantes”. “Nuestro trabajo es localizar quiénes son los atacantes, localizar qué métodos utilizan, que IPs están utilizando, qué nombres de dominio, y analizar qué malware utilizan para generar firmas [según la definición de Clarke y Knake: software malicioso que lleva a los ordenadores o redes a hacer cosas que sus propietarios o usuarios no querrían hacer]. Toda esta inteligencia la ponemos en nuestro producto para que sea capaz de alertarte cuando este grupo u otros logran introducirse en tu sistema”.
Blasco tuvo un papel destacado en la detección de un reciente intento de ataque a infrastructuras de EE.UU. El grupo responsable de estos ciberataques es el mismo que Mandiant vinculó a las fuerzas armadas chinas.
“Básicamente fueron una serie de ataques que este grupo lanzó contra empresas del sector energético en EE.UU. Y no solo empresas del sector energético sino también empresas de seguridad que proveen de teconologia a empresas de este sector. Hablo de plantas de generación de energía, de plantas nucleares, de redes eléctricas inteligentes. Yo alerté a algunas de estas empresas, fui capaz de detectar lo que estaban haciendo, y colaboré con estas empresas para hacer lo que se llama un análisis forense de las herramientas y métodos que estaba utilizando este grupo”.
Le pregunté a Blasco por la credibilidad de los relatos apocalípticos.
“Si lo miro desde una perspectiva técnica, por supuesto que es posible”, dijo. “La posibilidad existe pero creo que la probabilidad de que esto ocurra es baja”.
Blasco ha organizado varios ejercicios bélicos con el ejército español. “Maniobras en el ciberespacio”, las llama él. “Digamos que juegan un poco a juegos de guerra”.
¿Está España preparada ante una eventual ciberagresión? “Creo que se están dando los pasos adecuados para llegar a este punto”
España, en todo caso, está menos expuesta que Estados Unidos. Por el número de sistemas y por el nivel de sofisticación de estos sistemas.
La paradoja de la ciberguerra es que, cuanto más desarrollado tecnológicamente está un país, más vulnerable es. Afganistán y Malí, por ejemplo, son poco susceptibles de ser víctimas de un ataque por internet.
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]]>Ningún anuncio define mejor esta imagen que el siguiente, realizado no por el equipo de campaña de Obama sino por un grupo externo, un llamado Super Pac favorable al presidente:
https://www.youtube.com/watch?v=Nj70XqOxptU
El guion de la campaña de Obama, y de sus simpatizantes, parecía inspirado directamente en el de George W. Bush y sus simpatizantes durante la campaña contra el demócrata John Kerry en las presidenciales del 2004.
Se trata de definir lo más rápido posible ante la opinión pública el carácter del adversario: Kerry era un progre elitista desconectado de la realidad, un dudoso héroe de Vietnam, un chaquetero y un oportunista; Romney, un multimillonario que aspira a la Casa Blanca para bajar los impuestos a los ricos como él, un plutócrata que ha infligido sufrimiento a miles de familias con despidos masivos, un privilegiado incapaz de empatizar con las tribulaciones del americano de a pie.
No importa la falsedad o verdad de este retrato. La idea era que, si los electores lo creen verosímil, el adversario ya nunca más podrá desprenderse de él. Este tipo de campaña juega más con las emociones, los miedos de los votantes, que con los argumentos racionales. Y se basa en estereotipos.
Los estereotipos que la campaña de Obama colgó a Romney se basaban, a su vez, en imágenes de la cultura popular, en personajes de cine.
Hace unos días, Jen Psaki, portavoz del candidato Obama, comparó a Romney con Chevy Chase, el cómico que protagonizó una serie de películas de humor familiar. Paski dijo que “probablemente” nadie había insultado tanto a Europa desde Cornelius ‘Chevy’ Chase.
Psaki se refería a esta película:
https://youtu.be/L-W50U2RP6g
No es el único personaje de la pantalla con el que se ha comparado a Romney.
A mediados de septiembre, se difundió una grabación en la que el candidato republicano despreciaba al “47%” del electorado que supuestamente vota siempre a Obama, casi la mitad de la población que recibe subsidios o no paga impuesto sobre la renta. David Brooks, el mejor columnista conservador de la prensa norteamericana (y quizá el mejor columnista a secas), comparó a Romney con Thurston Howell III, uno de los personajes de la serie de los años 60 ‘Gilligan’s Island’.
‘Gilligan’s Island’ era una sitcom ubicada en una isla desierta. La protagonizaba un grupo heterogéneo de náufragos, entre los que se encontraba un multimillonario, Thurston Howell III. En el primer capítulo, cuando los náufragos llegan a la isla, lo único que le preocupa a Howell es la cotización de Wall Street. Y después pasa los días intentando jugar a golf en la playa.
Chevy Chase, Thurston Howell III… La lista podría ampliarse. Pero el personaje que más he oído estos meses comparado con Mitt Romney ha sido otro: Mr. Potter, “el hombre más rico y más malvado del país”, según la voz del narrador de ‘Qué bello es vivir’, de Frank Capra.
“Henry F. Potter -se lee en ‘The Columbia Companion to American History on Film’-domina el pueblo de Bedford Falls y a todos quienes allí viven, aunque no se le identifica con ningún sector industrial en particular como la minería o la manufactura (“Lo dirijo prácticamente todo en en la ciudad”, dice). Como en versiones anteriores del estereotipo, a Potter sólo le preocupa el dinero, y el sufrimiento de los demás no significa nada para él”.
A los demócratas les habría gustado identificar a Romney con este personaje en la siguiente escena, y a George Bailey (James Stewart) con las clases medias humilladas por los plutócratas como Potter (Lionel Barrymore).
https://youtu.be/B3sZy7IVRiw
¿Funcionará?
Hasta el primer debate presidencial, en Denver (Colorado) el 3 de octubre, parecía claro que sí, que la imagen de Romney era indisociable de una mezcla de Mr. Potter y Thurston Howell III, con unas gotas del metepatas Chevy Chase.
“Durante meses –resumía hace unos días David Lightman, veterano reportero político de la cadena de diarios McClatchy- los demócratas emitieron anuncios y publicaron declaraciones con un tema único y persistente: Romney promueve un plan de recortes de impuestos que dispararía una deuda nacional que ya es enorme, y al mismo tiempo haría más ricos a los ricos. Esconde algo en sus declaraciones de la renta que no quiere publicar de ninguna manera. No le importan ni la clase media ni los necesitados”.
Para que esta ofensiva funcione, sin embargo, “Romney debe encajar con esta imagen en el momento en que la mayoría de los votantes empieza a prestar atención” a la campaña electoral, añade Lightman.
Ese momento fue el debate de Denver, y la imagen de un Romney afable, sonriente, moderado, con ideas claras, era la antítesis del villano de película. Muchas personas que lo escucharon detenidamente por primera vez en su vida pensaron: no está tan mal. El estereotipo se agrietó.
Si logra desprenderse definitivamente de la imagen antigua, Romney tendrá mucho ganado. El peligro para Obama, según Lightman, es que “la táctica regrese como un boomerang, y el agresor parezca malvado y menos presidencial”.
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]]>Hace unas semanas conversé con Brooks en su despacho del AEI. En un pared cuelga un póster de una corrida de toros de José Tomás. Unos días antes el candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, había nombrado al congresista Paul Ryan -próximo al AEI y a Brooks- como candidato a la viceprsidencia. Empezamos hablando de la educación, y de los argumentos en favor y en contra de guarderías públicas en un país como Estados Unidos.
-Es posible que en Estados Unidos sea más caro tener hijos [por el elevado precio de las guarderías] y en cambio nacen más que en Europa -dije.
-Y la razón es la religión -respondió-. Las dos cosas que llevan a las sociedades a no tener hijos son el secularismo y el socialismo. Esto es empírico. No es ideología. El estado niñera, el estado socialista, hace que tener hijos sea menos efectivo desde el punto de vista de los costes. Y el secularismo hace que las personas no vean más allá de la tumba. No hay futuro más allá de esto. Es una generalización basta. Pero estas son las dos fuerzas: cuando más socializas y más secularizas, menos niños nacen.
-¿A qué se refiere con el término socialista? ¿Se refiere a la socialdemocracia?
-Sí, claro. Pero no digo que el socialismo sea malo. Porque el socialismo es un continuum, del mismo modo que la libre empresa es un continuum. Es más o menos socialista. No lo uso como epíteto, como insulto a la Europa socialdemócrata. Socialismo no significa totalitarismo.
-Usted escribe que Estados Unidos debe elegir entre varios caminos. Uno lleva a la socialdemocracia, como en Noruega o Holanda. ¿Qué hay de malo? Son grandes países. ¿Por qué Estados Unidos no debería seguir este camino?
-O Suecia. Suecia es hoy el país europeo de más éxito. Ha hecho todo tipo de reformas favorables al mercado pero sigue siendo un país socialista. El sueco medio es más pobre que los americanos en todos los estados menos tres. La realidad es que no está tan bien. A ellos les gusta. ¡Fantástico! Pero los emprendedores de estos países, están aquí. Los emprendedores de Holanda, están en Michigan. Los emprendedores de Noruega, están en Minnesota. La realidad es que somos países distintos y queremos cosas distintas. Si los noruegos quieren… Piense en lo diferente que es Noruega: a Breivik, el asesino de 77 personas, le han caído 21 años de prisión. ¡Es una locura para nosotros! Quizá para ellos no. Y están discutiendo si debe tener conexión a internet en la celda. Para los americanos, es propio de lunáticos, es Disneyland. ¿Qué ocurre en este país? La respuesta es: son diferentes.
-Allí esto funciona.
-Allí funciona. Y si quiere gastarse el dinero en un sistema de trenes, y en subsidiarlo todo, y en tres años de baja de paternidad, de acuerdo. En un país que tiene ocho ciudadanos, y todos son iguales, sin disparidades raciales, y el mismo nivel de educación, puede funcionar económicamente. Pero en un país con 300 millones de habitantes… En todo caso, cada país decide. Cada país tiene su cultura y sus preferencias.
-También escribe usted que Estados Unidos afronta dos caminos, y que, si se equivoca, el país se dirigirá hacia una socialdemocracia al estilo europeo. Pero después añade que esto está ocurriendo desde hace un siglo. ¿Significa esto que América ya es Europa?
-Sí. El problema es que somos Europa en todos los indicadores, pero culturalmente todavía no lo somos. Tenemos las circunstancias de Europa: impuestos altos, alta progresividad fiscal, una regulación punitiva, una deuda respecto al PIB alta, tasas de crecimiento cada vez más bajas…
-América es Europa en los números, pero no en la cultura, dice usted.
-Todavía no. El problema es que los números definen la cultura. Y la cultura define los números. Se convierte en un círculo vicioso. Y, llegados a cierto punto, quedamos atrapados en una trampa de la que no podemos salir. Ahora llevamos nuestro país como si fuese una socialdemocracia de estilo europeo, pero no nos gusta. Así que, o bien dejamos de llevar el país de esta manera, o nos acostumbramos a que nos guste. Hemos hecho algo que no nos gustaba, así que debemos cambiarlo. Estamos en un matrimonio infeliz.
-Pero usted dice que este proceso ocurrió en el último siglo. Y al leerlo pensé: pues fue un siglo maravilloso para Estados Unidos. El mejor de su historia.
-Pero hubo un lado malo.
-Este sistema ha sido bueno para ustedes.
-Bueno, no todo es lo mismo. El ascenso del poder militar es diferente del ascenso de capitalismo corrupto. La cuestión es: ¿es obligatorio que las sociedades industriales modernas deban convertirse en un estado del bienestar blando y secular? Hay gente que cree que sí, que siempre acaba ocurriendo: es el ascenso y caída de la civilización occidental. Así ocurre. Hay gente que cree que es la hybris del aventurismo militar. El hecho es que, cuando alguien se enriquece, se vuelve perezoso y blando. Este es el problema. Y la historia de la tendencia de América hacia la socialdemocracia europea es la pereza y la blandura. Hay argumento que se escucha siempre: en los años 50 teníamos altos tipos impositivos pero la tasa de crecimiento era alta, así que puedes tener impuestos altos y una alta tasa de crecimiento al mismo tiempo. Pero esto es un sinsentido. El hecho es que, si en los años 50 hubiésemos tenido tasas impositivas eficientes, las tasas de crecimiento habrían sido como las de China hoy. Hemos desperdiciado unas tasas de crecimiento del 8 y el 9%. En cambio, tuvimos tasas de crecimiento del 4-5%. Los pobres de hoy no serían pobres si no hubiéramos tenido estas políticas económicas destructivas. Así que, al poner en marcha estas políticas económicas destructivas, nos hicimos bastante ricos, pero fue a pesar de estas cosas. Y estas cosas las hicimos porque podíamos permitírnoslas. Podíamos permitirnos favores especiales a amigos especiales y, sin embargo, seguir enriqueciéndonos. Ahora que estamos intentando salir de una recesión deberíamos tener un crecimiento del 5%, pero estamos a menos del 2%. El motivo es la calcificación acumulada. ¿Qué hacemos? Podemos decidir convertirnos en una socialdemocracia europea, e intentaremos ser una socialdemocracia de éxito como Suecia, que es más pobre y no demasiado emprendedora. O podemos convertirnos en una sin éxito como Grecia. ¿Quieres ser una socialdemocracia de éxito que no es demasiado feliz comparado con América? ¿O quieres ser una catástrofe? Yo quiere tener una opción mejor. Quiero la opción de ser realmente América. Y esto exige ryanismo [por el congresista y candidato republicano a la vicepresidencia Paul Ryan].
-¿Esta América no es una utopía? ¿Cuando existió?
-Claro que es utopía. Pero tienes que saber adónde quieres ir. Si, desde el principio, dices me conformo, entonces te conformarás con esto. Si dices mi ideal es el 60%, obtendrás el 60% del 60%. Etcétera. Este es el problema que siempre tenemos. Los fundadores americanos hablaban en términos ideales. Eran idealistas. Eran moralistas. Sabían que los hombres no eran ángeles, razón por la cual tenemos sistemas estatales, como una fuerza policial. Es la razón que explica que no podamos desprendernos de toda la regulación. De otro lado, si no entendemos cómo es una buena sociedad que responda a nuestros valores, no ganaremos. Perderemos. Es axiomático.
[En otro momento de la conversación, Arthur Brooks explicó cómo tuvo la idea de escribir The road to freedom]
“Este es el motivo por el que escribí el libro. Así fue la epifanía. Cuando llegué a AEI, me pregunté: ¿Por qué no estamos ganando? No estamos ganando el debate. Todo el mundo en Estados Unidos sabe que el sistema de libre empresa es el mejor en la historia del mundo para crear prosperidad. Lo saben los izquierdistas. Tienes que vivir en la luna para no saberlo. Y, sin embargo, seguimos discutiendo sobre si es o no el mejor sistema para nuestro país. Tenemos las mismas discusiones que hace cuarenta años sobre si es justo, si es moral… Y Obama salió elegido, es increíble, Obama salió elegido y se dedicó a eviscerar la economía americana con políticas realmente malas y, entonces, le echó la culpa a millonarios y milmillonarios. Es increíble. ¿Por qué no estamos ganando? Debe haber una respuesta, pensé. Y así la encontré: yo estaba en una cena. Soy el único conservador en mi familia. El Día de Acción de Gracias es realmente divertido. Estamos discutiendo sobre la economía. Y yo explicaba que la única manera de salir de la crisis es reducir la regulación, reducir los impuestos y ponerles las cosas más fáciles a los emprendedores. Y alguien dijo: “Creo que lo que quieres es rebajarle los impuestos a los millonarios. Y acabo de leer un artículo sobre una niña que vive con su madre en un coche. ¿Qué hará por ella tu sistema de libre empresa?” Y perdí la discusión. El motivo por el que perdí la discusión es que yo sólo hablaba de dinero y ella hablaba de personas. Por eso escribí el libro. Este el motivo por el que nos estamos convirtiendo en una socialdemocracia al estilo europeo, aunque no lo queramos: porque no hemos logrado plantear el argumento moral a favor del sistema de libre empresa, el argumento humano. Y argumento humano debe ser: aspiracional, justo y compasivo. Es el único sistema que acabará ayudando a la niña que duerme en el coche. Ella necesita dos cosas: alivio y oportunidad. Sólo una economía robusta puede proveerle alivio. Y sólo un sistema de libre empresa puede ofrecerle oportunidad de verdad. Esto son hechos. Si quieres a la niña en el coche, mejor que cuides de tu sistema económico. Y mejor que cuides de ella. Discrepo del todo con los economistas randianos [por Ayn Rand, filósofa y novelista objetivista, partidaria del individualismo a ultranza], con los objetivistas y libertarios que creen que no debemos tener ninguna red de protección social. Es un error. Necesitamos una red fuerte y fiable para los más pobres. Pero es cara. Y esto significa que necesitamos una economía fuerte para sostenerla. Pero hay más que eso. Porque cuando logremos sacar a las personas de la pobreza, deben tener algo sobre lo que construir el éxito merecido [earned sucess, en inglés]. Y sólo el sistema de libre empresa permite a las personas ganarse su éxito. Puedes tener un sistema en el que todo el mundo tenga un empleo garantizado en el Estado, pero esto inmediatamente destruirá la economía y desparecerá el alivio y la oportunidad. Es la paradoja de la socialdemocracia. Y no podemos ganar el debate a menos que planteemos el argumento moral sobre la aspiración, la justicia y la compasión.
-¿Qué le parece que los obispos americanos digan que el plan Ryan [la propuesta de reducción del déficit que incluye recortes sociales] es inmoral?
-Lo digo como católico devoto. El Vaticano aprendió en los tiempos de Galileo que eran malos físicos. Ha llegado la hora de que el Vaticano deje de intentar dedicarse a la economía, porque también son economistas mediocres. La iglesia católica no está hecha para enseñarnos economía. No hay motivo para que un sacerdote sea un autoridad en economía, del mismo modo que no lo hay para que sea una autoridad en física. Los obispos católicos americanos yerran con el plan Ryan.
-Pero son obispos, son católicos. ¿Por qué no deberían poder hablar de moral? La economía no es una disciplina aislada. Es la vida.
-La economía requiere una comprensión de los fundamentales que están en juego. Puedes hablar de la moralidad de la meteorología pero sería necio. Debes saber algo del tiempo. Los obispos no entienden de economía. Algunos sí. La mayoría no. Básicamente piensan que la economía consiste en desear que las cosas sean de un modo particular. Pero no es suficiente decir que desearías que el mundo fuese de una manera determinada. El mundo funciona como funciona. Y hay personas que entienden de eso. Economistas y especialistas. Conozco bien el plan Ryan. Sé que si seguimos en la trayectoria actual, no habrá justicia social porque los pobres no tendrán ni alivio ni oportunidad. Y los obispos serán cómplices. Y estará mal.
-¿Qué es el ryanismo?
-El problema con el Partido Republicano es que, durante mucho tiempo, durante casi toda mi vida adulta, desde el final de Reagan, ha estado dominado por un republicanismo de aparatchiks que, básicamente, tenían por objetivo administrar el Estado de bienestar con un 6% más de eficiencia que los demócratas. Al mismo tiempo, los demócratas pintaban a los republicanos como una especie de locos radicales, radicales randianos. La caricatura era errónea y la realidad era deprimente. En otras palabras: todo lo cuento en el libro, que íbamos hacia un estado del bienestar, estaba en marcha, y en gran parte era con la complicad de republicanos y demócratas. El ryanismo muestra que tenemos una obligación moral hacia los menos afortunados en nuestra sociedad, y tenemos bienes públicos, como una presencia robusta en el mundo, que tenemos que pagar, y la única manera para lograrlo es con una economía fuerte. Y esto significa sacrificios duros que debemos estar dispuestos a afrontar. Es conservador y pragmático. Tiene cuatro elementos: cree en el argumento moral a favor de la libre empresa, cree en una red de protección social fuerte, no pide perdón por la grandeza y el poder de América, y se mantiene en silencio respecto a las cuestiones sociales [en Europa diríamos de moral: el aborto, el matrimonio gai…], aunque se trata de una agenda en gran parte tradicional. Esta es la combinación ganadora. Esto es el ryanismo.
-Pone el acento en los pobres. ¿Los sacrificios recaen en las clases medias? Para ganar elecciones se necesitan las clases medias.
-Todo el mundo hace sacrificios durante tiempos difíciles. La clave es que los sacrificios de los pobres pueden ser catastróficos, y no son permisibles. La manera de arreglarlo no es mantener el status quo que está destrozando la economía. En absoluto. Todo el mundo sufrirá inconvenientes. Por ejemplo, debemos bajar los tipos impositivos para ser competitivos con el resto del mundo. Pero la manera de pagar esto es eliminando deducciones fiscales y agujeros jurídicos (loopholes). Esto, desproporcionalmente, afectará a los ricos y a la clase media. Pero es justo. Es la manera correcta de hacerlo. La manera errónea es decir: los ricos no pagan su parte justa, aumentemos sus impuestos. Esto es equivocado y económicamente iletrado. Es injusto y estúpido. Pero, a menos que hagamos algo que lleve a la consolidación fiscal en Estados Unidos… Una de las maneras es cerrando excenciones fiscales en vez de subir impuestos. En caso contrario, no podremos pagar la red de protección social.
-Y usted dice que Medicare [la cobertura sanitaria gratuita para mayores de 65 años] es la prioridad.
-Si tienes que hace algo para evitar una crisis, hay que frenar la deuda nacional. Si tienes que hacer una cosa para frenar la deuda nacional, tienes que abordar la protección social (o derechos adquiridos; entitlements en inglés). Si quieres hacer algo con los entitlements, debes hacer algo con Medicare. Si quieres arreglar Medicare, debes abordar los beneficios garantizados… [la cobertura médica que Medicare garantiza a los mayores de 65 años]
-Si yo fuera un demócrata le diría que esto significa recortar a la clase media. Los ricos no tienen ningún problema en pagarse la cobertura sanitaria. Y puede permitirse un par de exenciones fiscales menos. Pero la clase media sufrirá, será que tendrá que sacrificarse para que América sea “grande”, y para proteger a los pobres.
-Claro, es cierto. La clase media es todo el país. No hay tantos ricos, ni hay tantos pobres. La clase media es América. Las personas que están entre los 40.000 y 150.000 dólares anuales son todo el mundo en este país. Es ente el 5 y el 95% de la población. Por eso es allí donde está todo el dinero, todos los recursos. Y la clase media está en el welfare (estado del bienestar, protección social) en América. Lo que digo es que, si eliminamos el estado del bienestar de forma que no afecte a los pobres, acabará afectando a la clase media. Los ricos también viven del welfare en América. Hay un montón de deducciones fiscales. Y estas cosas deben desaparecer. Estoy muy a favor de la desparición del welfare corporativo, subsididios corporativos, la deducción por las hipotecas, deducciones fiscales por caballos de 2 años… Es una locura.
-Pero esto es también la democracia, ¿no? El consenso, los acuerdos, ceder…
-Entonces quizá no puede resolverse, y quizá esto significa el declive y quizá signifique el final. Pero no puedes aceptarlo. Debes encontrar una vía. Obama lo está aceptando. Obama está aceptando el declive. Viene a decir que encontrará una vía para el declive. Dice ‘sacrificaré la grandeza de América’. Los recortes del sequester… [los recortes automáticos en Defensa si antes de fin de año demócratas y republicanos no llegan a un acuerdo para reducir el déficit]. Ya no seremos una hiperpotencia. Veinte años más de obamismo y Estados Unidos dejará de ser una superpotencia militar.
-Obama no ha dicho eso.
-No, pero ha hablado de recortar el presupuesto de defensa. Y ha llegado a un acuerdo, a través del sequester, para recortar el presupuesto de defensa el doble de lo que se había dicho antes. Esto significa el final, si lo proyectas en 20 años. Lo saben. Y lo ha decidido con la complicidad de los republicanos. Es una decisión política para sacrificar la hegemonía militar de América porque es demasiado cara. Es una manera de financiar el declive. ¿Qué otra maneras tienes para financiar el declive? También sacando más dinero de la clase emprendedora, sacando más dinero de los ricos.
-Si los impuestos suben, quitará el mismo dinero que les quitaban en los buenos años de Clinton y Gingrich.
-Mucho más. Porque volveremos a los tipos de los años de Clinton y, además, un 3,8% de la sobracarga de Medicare, el aumento de los tipos en los estados… Hay que mirar el porcentaje del PIB que representa el Estado, y es mucho mucho más alto. Al principio del primer mandato de Bush era el 32% del PIB. Cuando Bush se marchó era el 33%. Cuando Clinton llegó era el 30% del PIB. Y antes, el 15%. En el 2038 será el 50% del PIB. Esto significa que hay que sacar el dinero de algún lugar. Financias una burocracia más grande, lo que significa menos crecimiento, e intentar encontrar la manera más cómoda de entrar en declive.
-¿La recesión no tiene nada que ver en esta expansión del Estado?
-No, porque si descuentas las fluctuaciones, ves la evolución lineal desde los años 30.
-Pero Obama adoptó el estímulo porque había una recesión. Después del rescate bancario…
-… Esto fue una política de Bush.
-Sí. Se puede estar a favor o en contra del estímulo, pero fue una respuesta a la recesión. Si España hubiera tenido la posibilidad de poner en marcha un estímulo semejante, quizá no habría sido tan mala idea.
-No habría funcionado. Aquí no funcionó. Krugman sostiene que evitó la caída en una depresión plena, pero no hay pruebas. La mayoría del dinero fue a gobiernos locales y estatales para poder mantener a burócratas estatales y locales en sus empleos. El estímulo estimuló el Estado, no estimuló la economía. Si Rajoy hubiese hecho esto, el mecanismo burocrático español habría seguido siendo robusto. El mercado inmobiliario seguiría siendo una pesadilla, todos los jóvenes seguirían sin poder comprar una vivienda, el sector privado seguiría teniendo problemas, pero quienes trabajasen para el Estado no tendrían que hacer sacrificios. En parte el motivo por el que las personas que trabajan en el sector público no han tenido que hacer tantos sacrificios es por el estímulo. Básicamente, porque Obama tomó prestado dinero de mis hijos para pagar a burócratas locales y estatales. Esta es la historia de la Administración Obama.
-Y otras cosas. Carreteras, puentes, trenes…
-Los trenes son un despilfarro para América. Me encantan en Europa. Carreteras y puentes, hasta cierto punto. Porque resulta que gran parte del dinero para carreteras y puentes ni siquiera se ha gastado, porque no podía gastarse. Los gobiernos locales y estatales no podían absorber el dinero para construirlos. Así que el estímulo keynesiano probablemente no se note en el sistema hasta después de la recesión. Y entonces ya no será necesario. La macroeconomía keynesiana es un error y un fracaso. Casi siempre ha sido un error, lo es ahora, y siempre lo será. Consiste en estimular ahora y tomar dinero prestado del futuro. Y, al tomar dinero prestado del futuro, al gastarlo así, extiendes un poco la riqueza. El problema es que debes devolver el dinero, lo que reduce tu PIB. Cuando paras, reduce el PIB en el mismo volumen que el estímulo. Y cuando lo devuelves, vuelve a reducirlo igual. Y si parte del estímulo no se pone en marcha hasta después de la recesión, también es un problema. Tienes inflación. Este es el motivo por el que la macroeconomía keynesiana crea inestabilidad, y no funciona demasiado bien. En América, el estímulo fue básicamente una oportunidad para comprar favores de clientelas electorales preferidas. No benefició al tipo que tiene una empresa de jardinería en Iowa. El 70% de americanos cree que el estímulo fue un fracaso o no mejoró las cosas. No me fío en la opinión pública a la hora de hacer análisis económico, pero es interesante. Es mala política. Bush lo habría hecho también. No es sólo Obama
-Bush empezó con un pequeño estímulo.
-Bastante grande. Y ahora, además, tenemos un déficit del 1,2-1,3 billones de dólares. Es una locura.
-Pero Estados Unidos se lo puede permitir. No es como España, que nadie le presta dinero.
-Sí, excepto que los chinos son propietarios de un billón de dólares en deuda americana, y esto es un problema. Y los americanos y los europeos tiene deuda americana. La pregunta interesante es por qué siguen comprando nuestra deuda. Y la respuesta es que somos menos horribles que vosotros. Y este argumento no me gusta. No me gusta que el argumento a favor del éxito americano sea que no nos va tan mal como a Europa. Porque es el único otro lugar adonde ir. Japón es un desastre y Europa es una pesadilla. Por eso la gente sigue invirtiendo en bonos del Tesoro americanos como un lugar seguro. Pero deberemos devolverlo.
-Podemos comparar Europa con Estados Unidos en 2008 y ahora. A América no le ha ido tan mal. No sé si es Obama, el estímulo… Europa ha recortado, se ha centrado en el déficit. Obama, no. Ha gastado, gastado, gastado…
-Porque podemos. Si pudieseis, también lo haríais. En el primer año de la recesión, se decía que Europa había acertado y América se había equivocado. España sufría menos que América en el primer año de la recesión. Se decía: miren el modelo económico europeo, el sistema bancario… Ahora Estados Unidos parece mejor, pero fácilmente podríamos tener una recaída en una segunda recesión. Y nadie haría bromas con que no estamos tan mal como Europa. Quizá América es mejor. Es a pesar de Obama, no gracias a Obama. Tenemos un paro elevado para América. ¿Quiénes sufren más? Los pobres. Los que más necesitan empleos. La economía americana no crece demasiado, y al ritmo actual, recuperar los empleos perdidos durante la recesión requerirá 65 años. 65 años de malestar para regresar al pleno empleo.
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