Advertise with Googlier.com Diario de Sao Paulo https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo Blogs de Opinión de LaVanguardia.com Mon, 07 May 2012 21:33:23 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 Rousseff y los bancos https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/rousseff-y-los-bancos https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/rousseff-y-los-bancos#comments Mon, 07 May 2012 18:33:31 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=86 Lo dijo muy en serio, con ese chorro de voz suyo que a nadie deja lugar a dudas de su determinación: ya está bien de que los bancos privados se hagan los suecos con los tipos de interés a los … Sigue leyendo →

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Lo dijo muy en serio, con ese chorro de voz suyo que a nadie deja lugar a dudas de su determinación: ya está bien de que los bancos privados se hagan los suecos con los tipos de interés a los créditos, con todo el dinero que ganan, mientras las tasas oficiales bajan (del 12,5% al 9% en los últimos ocho meses) y el personal trabaja, produce y paga lo que le toca. Lo dijo sin rodeos, mirando a la cámara fijamente en un mensaje televisado que todos los brasileños pudieron ver. Dilma Rousseff abroncó a la banca privada y no pasó nada. El sistema financiero no explotó, los señores del dinero a quienes llamamos “los mercados” no emprendieron ningún ataque tremendo, y el Gobierno sigue en pie.

Más revuelo causó, y sigue causando, la ulterior decisión del ejecutivo de limitar los rendimientos de las cuentas de ahorro para, entre otras cosas, facilitar precisamente la bajada en los tipos de interés de los préstamos. Pero en cuanto a la regañina, nada; los banqueros no se cobraron la cabeza de la presidenta e incluso se mostraron dispuestos a escucharla y actuar en consecuencia.

Merece la pena reproducir las principales frases de la filípica presidencial:

“¡Es inadmisible que Brasil, con uno de los sistemas financieros más sólidos y lucrativos, continúe con uno de los intereses más altos del mundo. Esos valores no pueden seguir tan altos!”,  clamó Rousseff sin ahorrar decibelios, su rostro llenando la pantalla.

E insistió: “El Brasil de hoy no justifica esto. Los bancos no pueden seguir cobrando los mismos intereses para empresas y consumidores mientras la tasa básica cae, la economía se mantiene estable y la mayoría aplastante de los brasileños honra sus obligaciones. El sector financiero no tiene cómo explicar esta lógica perversa”.

El mensaje parece más que razonable teniendo en cuenta que las tasas de interés que se cobran en Brasil figuran entre las más altas del mundo: según un informe publicado el mes pasado por el Banco Central, en febrero los tipos anuales alcanzaron promedios del 45% y el 28% para los préstamos a consumidores privados e industria, respectivamente.

La decisión de las principales entidades públicas de abaratar sus créditos, que Rousseff ponderó como el “buen ejemplo” a seguir, empieza a ser secundada por los bancos privados. Y la limitación de los rendimientos de los depósitos bancarios, tendente a evitar que los inversores abandonen los títulos del tesoro y se pasen a las cuentas de ahorro, también favorecerán los recortes en los tipos de interés.

Pero, tecnología financiera aparte, lo interesante o lo que nos llama la atención, es que Rousseff dijera lo que dijo en la forma en que lo hizo. Se podrá objetar que se trata solo de palabras, de un ejercicio de voluntarismo o de un golpe de efecto de cara a la galería. El caso es que lo dijo y nos resultó chocante. ¿Debería?

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El aborto en Brasil https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/el-aborto-en-brasil https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/el-aborto-en-brasil#comments Wed, 07 Mar 2012 22:46:56 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=79 El Código Penal brasileño, de 1940, castiga el aborto con penas de entre uno y tres años de prisión para la gestante y de hasta cuatro años para el médico, con sólo dos salvedades o circunstancias eximentes: una, que la … Sigue leyendo →

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El Código Penal brasileño, de 1940, castiga el aborto con penas de entre uno y tres años de prisión para la gestante y de hasta cuatro años para el médico, con sólo dos salvedades o circunstancias eximentes: una, que la vida de la madre corra peligro y la interrupción del embarazo sea la única forma de salvarla; dos, que el embarazo sea resultado de una violación.

   Una comisión de 16 juristas convocados por el Senado presentará en los próximos meses una propuesta de reforma del Código Penal que prevé despenalizar el aborto en algunos otros supuestos, como la existencia de graves malformaciones en el feto, la detección de un “riesgo para la salud” de la madre –aunque no sea necesariamente mortal- o la consideración médica de que la gestante no está psicológicamente preparada para afrontar la maternidad.

Las principales confesiones religiosas de Brasil oponen fuertes resistencias a la reforma. Está garantizado que las poderosas bancadas evangelista y católica de las cámaras parlamentarias harán lo posible por echar abajo o minimizar los cambios. Esta predisposición quedó clara hace unas semanas, cuando algunos representantes de dichos grupos se lanzaron al cuello de la recién nombrada ministra de la Mujer, Eleonora Menicucci, por su conocida posición favorable a le despenalización. Menicucci, ex compañera de celda de la presidenta Dilma Rousseff durante sus años de guerrilleras contra la dictadura, aclaró que su posición personal perdía toda relevancia ante la discusión y decisiones sobre el asunto en el parlamento. Y añadió que el aborto le parecía una cuestión de salud pública y no de ideología.

Nada más escuchar a la nueva ministra, el diputado evangélico y representante del centroderechista PMDB Eduardo Cunha afirmó que “vive en la época y el lugar equivocados, pues ella debería estar en Sodoma y Gomorra”. También la llamó “sodoministra”, esto último a través de su cuenta en Twitter.

De acuerdo con la Federación Internacional de Planificación Familiar, en Brasil se realizan cada año más de un millón de abortos clandestinos, obviamente en condiciones “inseguras”. Se trata de hecho de la tercera causa de mortalidad materna en el país. Más en concreto, y según estimaciones de la ex coordinadora de Salud de la Mujer del Ministerio de Sanidad, María José Araújo, entre 180 y 360 gestantes brasileñas fallecen por esta causa año tras año.

 

Además de reclamar una flexibilización legislativa, las organizaciones políticas y civiles preocupadas por el problema suelen demandar mayores esfuerzos en las campañas preventivas y de distribución de métodos contraceptivos. Pero también aquí el Gobierno topa con fuertes reticencias, como poco, de los mencionados grupos religiosos.

 

A veces, los caminos de la fe son inescrutables.

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En la ciudad salvaje II / La ruina sobre ruedas https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/en-la-ciudad-salvaje-ii-ruina-sobre-ruedas https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/en-la-ciudad-salvaje-ii-ruina-sobre-ruedas#comments Wed, 29 Feb 2012 18:39:34 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=69 “Respete el paso de peatones. Dé preferencia a la vida”, dice la voz del anuncio. El video se proyecta en los cines de São Paulo antes de cada película. Cuando uno empieza a verlo por primera vez, lo normal es que … Sigue leyendo →

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“Respete el paso de peatones. Dé preferencia a la vida”, dice la voz del anuncio. El video se proyecta en los cines de São Paulo antes de cada película. Cuando uno empieza a verlo por primera vez, lo normal es que piense: “Menos mal que alguien intenta poner fin a este desmadre”. Porque, en esta inconmensurable ciudad del sur de América, dos personas mueren cada día -de media- atropelladas por un coche.

Pero qué va. Cuando uno sigue viendo el vídeo, pronto descubre que la invitación a respetar los pasos no va dirigida a los conductores ¡sino a los peatones! “No se me jueguen la vida, hombre; crucen por donde deben y no me asusten a los conductores”, parecen decirles.

El anuncio forma parte de una campaña municipal iniciada el año pasado para poner freno a la barbaridad de una modalidad de violencia -la conducción homicida- que supera a la de las pistolas en número de víctimas mortales.

La campaña arrancó con una advertencia: «A partir de ahora, saltarse un paso de cebra se castigará con multa y puntos en el carnet”, lo que implica que antes se hacía la vista gorda ante la infracción.

Con todo, los datos oficiales indican una reducción de más del 8% en el número de muertos en las calzadas paulistas desde que los anuncios empezaron a emitirse.

Algunos otros videoclips y mensajes de la campaña también ponen el acento en la responsabilidad de los conductores. Pero al final queda la idea de que ambos son igualmente culpables de lo que pueda ocurrir. “Que cada cual cumpla su parte; ¡Vamos a acabar con los atropellos!”, afirma en uno de los videos el presentador disfrazado de paso de cebra.

El planteamiento coincide con la visión y la idea de civismo que se refleja en los carteles con lucecitas intermitentes colocados junto a cada portón de los aparcamientos residenciales que dan a las aceras de la ciudad. También estos rótulos van dirigidos al peatón: “¡Atención: salida de vehículos!”, le advierten, como si fuera él quien debiera ceder el paso.

Tiempo y dinero

En la mayoría de las sociedades urbanas, la población activa reparte sus días en tres capítulos principales: el trabajo, las horas de sueño y el tiempo para la familia, los amigos y el ocio, así como para alimentarse. En São Paulo hay que añadir un capítulo extra: el coche (el transporte público es muy deficitario y minoritario). Aquí, el personal pasa una parte muy importante de su vida en el coche.

No es tan raro si se tiene en cuenta que en esta ciudad de doce millones de habitantes -unos 20 en el área metropolitana- circulan siete millones de vehículos. O que la longitud de los atascos supera con frecuencia los100 kilómetros, con un record oficial de 220 kilómetros alcanzado el año pasado.

Cada habitante de este fenómeno de ciudad se deja un promedio de dos horas y cincuenta minutos al día en los embotellamientos que tiene que atravesar para ir a cualquier sitio.

La escuela de negocios Fundaçao Dom Cabral se ha tomado la molestia de calcular el coste que esta locura supone para los ciudadanos y las empresas de São Paulo, con el resultado de más de 17.000 millones de euros en concepto de horas productivas perdidas, cifra que equivale a más del 10% del PIB que se genera en la urbe.

El mayor o menor apego al coche suele decir mucho de una sociedad. Del mismo modo que la calidad de sus infraestructuras -incluido el transporte público- dicen bastante de su verdadero desarrollo más allá del dinero y el PIB. Eso por no hablar de lo que significan los niveles de enseñanza y formación, cuestión que -sobre todo tratándose de este país- merece capítulo aparte.

Brasil en general y São Paulo en particular siguen progresando económicamente como ya quisiéramos en Europa. Pero -como se ha repetido en este blog y sin hablar ahora de cosas tan esenciales como la sanidad pública, la reducción de las desigualdades y el estado de bienestar- aquí hay algunas cosas que no marchan bien ni parecen avanzar demasiado. El salvajismo del tráfico y la tibieza con la que se combate son un ejemplo más.

 

PD: Me disculpen los lectores brasileños por incidir y reincidir en determinados problemas y aspectos no del todo positivos de su país. La razón es que son estos los que menos se conocen o se recuerdan hoy España y Europa, donde la idea que ha prevalecido de un tiempo a esta parte ha sido la del éxito, casi sin paliativos, del gran emergente americano. Un éxito que ha venido reafirmado no sólo por cifras incontestables sino por una propaganda gubernamental muy eficaz. De todas formas, en otros muchos textos publicados en La Vanguardia pueden hallar cumplida información de esos innegables avances en la economía, los programas sociales y la política internacional de Brasil, así como de su creciente importancia para las empresas y los profesionales españoles en busca de oportunidades (o simplemente de un empleo).

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Damos pena https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/damos-pena https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/damos-pena#comments Thu, 01 Dec 2011 16:26:49 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=56 Tremendo lo que en Brasil se dice últimamente de Europa y los europeos. Al parecer les damos lástima, aunque a veces no dudan en machacarnos. Los dirigentes políticos no suelen andarse con chiquitas a la hora de criticar a nuestros líderes … Sigue leyendo →

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Tremendo lo que en Brasil se dice últimamente de Europa y los europeos. Al parecer les damos lástima, aunque a veces no dudan en machacarnos. Los dirigentes políticos no suelen andarse con chiquitas a la hora de criticar a nuestros líderes y representantes. Los medios de comunicación, por su parte, empiezan a tratarnos con condescendencia.

El diario Estado de Sao Paulo publicaba el lunes una crónica fechada en Londres con el siguiente título: «Sin euro y con frío, el europeo ya hace fila en la cola de la sopa». El texto pertenecía a la agencia Reuters y ya era de por sí dramático, pero su encabezamiento original hablaba del duro y austero invierno que espera a los europeos; no de la cola para la comida caliente en la que el titular brasileño colocaba de manera genérica a los desgraciados ciudadanos de la UE; el teletipo tampoco se cargaba el euro de un plumazo, como hacía el periódico paulista.

Hay que comprender el subidón de orgullo patrio que, gracias a sus admirables progresos económicos y sociales, embriaga a los brasileños de un tiempo a esta parte. También hay que entender el afán de algunos de ellos por sacarse la espina del trato discriminatorio, injusto y desconfiado que recibieron de las grandes potencias desarrolladas durante épocas menos gloriosas de su Historia.

Desde ese ángulo cabe interpretar algunas recientes declaraciones de los líderes del país emergente (o ya muy emergido, si se comparte la visión de Felipe González). Así, por ejemplo, la presidenta Dilma Rousseff, exclamaba hace una semana: «Estamos demostrando que cuando los brasileños y las brasileñas quieren alguna cosa, la consiguen (…) Nosotros pagamos al FMI. ¡Nadie nos manda ya! Podemos convertir Brasil en uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Un país de cabeza erguida, que sabe lo que quiere y puede hacerlo», dijo. Y ya en alusión directa a la crisis europea, añadió: «En Brasil tenemos empleo, mientras en Europa crece el paro. No vamos a permitir que se exporten empleos a otros países».

Tanto Rousseff como su antecesor, Luiz Inazio Lula da Silva, habían arremetido meses atrás contra la gestión de la crisis de deuda por parte de los dirigentes europeos y estadounidenses. Fue entre julio y agosto, cuando a las informaciones sobre la verdadera dimensión de los agujeros financieros se sumaban los aguijonazos de las agencias de calificación. Rousseff dijo entonces que los líderes de la UE y EEUU eran unos «insensatos», mientras que Lula se conformó con acusarles de «fragilidad y falta de coraje».

De manera que los políticos y medios brasileños no desaprovechan la ocasión que la actual coyuntura les brinda para recordarnos lo mal que vamos los europeos en contraste con lo estupendamente que van ellos. Hacen bien, ahora que pueden.

Sólo un par de cosas. Como algunos políticos y analistas del propio país también reconocen, Brasil sigue siendo un país en vías desarrollo que aún envidia los niveles de formación, los servicios, las infraestructuras de todo tipo, la salud pública y las redes de asistencia social de las que todavía disfruta la vieja Europa: esas conquistas sagradas que algunos empiezan a cuestionar con descaro de arriba abajo, al amparo de la gravedad de la crisis y del consiguiente debate sobre el necesario reajuste del sistema de bienestar.

Brasil ha sacado a decenas de millones de la pobreza. Pero otro 40 millones, sobre una población de 200 millones,  siguen siendo pobres de solemnidad. Según el último censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, la mitad de los asalariados de esta gran nación ganan menos de 160 euros al mes, siendo el coste de la vida muy superior al de Europa. Ayer se conoció además un informe de Unicef según el cual el número de brasileños de entre 12 y 17 años que vive en extrema pobreza subió del 16,3% del total en 2004 hasta el 17,6% en el 2009. Por eso la cola de la sopa es allí tanto o más necesaria que en Europa.

Pero no deberíamos ponernos a organizar carreras de miseria, como ciertas comparaciones y alusiones compasivas sugieren. Además, ni a Brasil ni a nadie le interesa que Europa caiga al abismo. El gigante sudamericano, así como otras potencias emergentes o emergidas, no sólo perderían un mercado imprescindible para sus empresas y productores. También un referente para todos sus ciudadanos: el de un sistema de equilibrios y protecciones que, si bien hoy atraviesa horas bajas en pago por los excesos y errores con él cometidos, ha brillado durante décadas y sigue siendo un modelo tan bueno como el mejor; tan justo como el que más o, si se quiere, tan injusto como el que menos. Qué lástima si lo destruyéramos. Entonces sí que daríamos pena y nada más que pena, sin réplica posible a los que, desde fuera, destacan nuestras desgracias y equivocaciones.

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El poder de la propaganda https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/el-poder-de-la-propaganda https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/el-poder-de-la-propaganda#comments Tue, 08 Nov 2011 12:13:32 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=41 ¿Es Brasil tan próspero como lo pintan? Cuando uno aterriza en el caótico aeropuerto internacional de Sao Paulo por primera vez en su vida y pasa horas haciendo una cola tras otra; cuando uno se da unos paseos por la inabarcable ciudad … Sigue leyendo →

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¿Es Brasil tan próspero como lo pintan? Cuando uno aterriza en el caótico aeropuerto internacional de Sao Paulo por primera vez en su vida y pasa horas haciendo una cola tras otra; cuando uno se da unos paseos por la inabarcable ciudad y sus variados barrios, tan ricos los unos y tan pobres los otros; cuando uno sufre en carne propia la desorientación del recién llegado ante las encerronas de una burocracia decimonónica…, uno piensa: «Bueno, esto habrá mejorado mucho, pero tampoco es para tanto». Es la primera impresión.

Cuando uno lleva seis meses en Brasil, ha conocido media docena de sus ciudades y ha pasado la mayor parte de su tiempo tratando de entender y explicar el país, es hora de que se haga la misma pregunta para intentar contestarla con un cierto criterio. La respuesta no varía en lo esencial.

Por un lado, Brasil avanza de manera envidiable. Es un granero y un filón para propios extraños. Dispone de inmensas reservas de materias primas, así como de divisas. Ofrece grandes oportunidades de negocio y de trabajo. Y puede dar valiosas lecciones en cuanto a reducción de las desigualdades.

Por otro lado, Brasil cojea gravemente en materia de educación, sanidad pública e infraestructuras. Su industria es costosa y padece problemas de competitividad. Le falta mano de obra cualificada a espuertas. Es caro hasta decir basta. Y, pese a los avances, mantiene unas diferencias sociales que en Sao Paulo llegan a resultar obscenas. Su sistema fiscal está hipertrofiado, lo mismo que su burocracia, y también su mecánica electoral pide una reforma a gritos.

Es decir, ni tanto ni tan calvo.

En lo que pocos ganan a Brasil es en imagen, sobre todo si se pone en relación con algunas de sus realidades y se comparan éstas con las de otras naciones. El emergente americano aparenta mayor éxito del que, no sólo las impresiones sino también los datos, permiten adjudicarle. Un ejemplo. En los últimos cinco años, Brasil acumuló un crecimiento económico del 22,2%, según las cifras divulgadas por el Fondo Monetario Internacional. No está mal. Pero en el mismo período Argentina creció el 39,2%. ¿Se corresponden estos números con las respectivas famas de estos dos países? La impresión de uno es que no.

Claro que Brasil es la primera de las iniciales de los BRIC; se ha ganado una influencia internacional que los otros países de la región no tienen o han dejado de tener, y puede presumir de otros indicadores macroecómicos que también le dan ventaja. Pero ya se sabe que, a efectos de imagen, tan importante o más que el propio producto es la forma de presentarlo, envolverlo y venderlo. Y, en este sentido, podría decirse que Luiz Inazio Lula da Silva es el mejor jefe de marketing del mundo. O el más notable jefe de prensa de la Historia reciente.

Hace ya casi un año que Lula dejó de ser presidente. El cáncer de laringe que le detectaron hace unas semanas lo tiene ahora a medio gas. Pero en Brasil no hay día en que los medios no hablen de lo que ha dicho o hecho. Su influencia política es incuestionable, por mucho que Rousseff ocupe ya todo el espacio que como presidenta le corresponde y haya hecho valer su personalidad y estilo propios (en especial a la hora de afrontar la corrupción).

Al margen de que se postule o no para el retorno a la presidencia en el 2014 o el 2018 -apuestas no faltan-, el popular ex mandatario mantiene intacta su estela dentro y fuera del país. Normal. Hay que reconocer que Brasil no sería hoy lo que es sin Lula da Silva. Ni lo que es, ni lo que parece. Lula lo hizo, pero también supo venderlo.

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Brasil se la juega https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/brasi-se-la-juega https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/brasi-se-la-juega#comments Mon, 24 Oct 2011 20:16:15 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=27 Después de tantos años de triunfos, sería una lástima que Brasil echara a perder su prestigio en unos meses. El riesgo existe. Los escándalos de corrupción dentro del Gobierno han creado un mal rollo que empieza a socavar la imagen … Sigue leyendo →

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Después de tantos años de triunfos, sería una lástima que Brasil echara a perder su prestigio en unos meses. El riesgo existe. Los escándalos de corrupción dentro del Gobierno han creado un mal rollo que empieza a socavar la imagen del país y su propio orgullo ante los avances cosechados en los últimos tiempos.
Cuatro dimisiones de ministros en menos de cien días son muchas. Todos renunciaron a raíz de informaciones de prensa sobre desvíos de fondos, a menudo aparejados a un obsceno y meteórico enriquecimiento personal. Las acusaciones siguen proliferando. Ahora afectan al titular de Deportes, Orlando Silva, máximo guardián del Estado en la organización del Mundial de Fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.
La presidenta Dilma Rousseff ha actuado con la mayor firmeza, y se ha ganado el apoyo de la gente. Su operación Faxina (limpieza) no discrimina partidos ni rangos de poder ni grados de afinidad, así los afectados sean amigos suyos o relevantes miembros de alguno de los diez partidos que sustentan su gobierno. Con Silva esta tomándolo con más calma de lo que la prensa más agresiva le demanda. Un policía militar procesado acusa al ministro de haber utilizado a una ONG para financiar el Partido Comunista con fondos públicos. Distintos diarios y revistas han añadido nuevos dossiers contra Silva. Rousseff ha decidido esperar hasta comprobar si los cargos se verifican.
Pero no está claro que la determinación y el tino mostrados hasta ahora por la presidenta sean suficientes para frenar la espiral autodestructiva en la que el país ha entrado a raíz de tanto escándalo. El alcance y la extensión de la corrupción parecen tan amplios que difícilmente podrán reducirse hasta niveles tolerables –la erradicación total es utópica- en unos pocos años de mandato.
La gravedad del fenómeno tiene mucho que ver con las peculiaridades de su sistema electoral y político brasileño. En el congreso están hoy representados 22 partidos, pero ni siquiera el que encabeza el gobierno (PT) alcanza ni alcanzó nunca el 20% de la representación parlamentaria. Por eso la base aliada que respalda al Ejecutivo se forma siempre a base de nombramientos. Este cargo para ti, este otro para mí. Este presupuesto para menganito, este otro para fulanito.
La ley electoral asigna recursos limitados a las fuerzas que concurren a los comicios. Así no es de extrañar, y de hecho está muy asumido, que una parte de los recursos públicos se convierta en pastel con el que alimentar las maquinarias partidistas.
Por otro lado, las irregularidades en licitaciones y pagos de obras públicas ya casi no son noticia. Raro es el proyecto que no se retrasa y el presupuesto que no se multiplica a causa de misteriosos encarecimientos en los costes. Se diría que la mordida es el pan nuestro de cada día en ayuntamientos, departamentos regionales y ministerios.
(Dirá el lector español que en nuestro país sabemos mucho de eso. Y es cierto, pero ahora se trata de Brasil).
Con vistas a la celebración de los Juegos, resulta inquietante lo que sucedió con los Panamericanos de Río en el 2007. Todos los presupuestos iniciales se multiplicaron varias veces. Gran parte de las obras quedaron pronto desfasadas o resultaron inútiles a largo plazo. Incluido el estadio de Maracaná; de su reforma para aquel evento sólo quedó el esqueleto, y la remodelación en curso para el Mundial del 2014 también da problemas: retrasos, huelgas, sobrefacturación…
Lo razonable es pensar que no todo es lucro, trampa o desmelene en el próspero país emergente. Hay argumentos. Por ejemplo: hace cuatro meses, una delegación del Comité Olímpico Internacional visitó Río de Janeiro y elogió los preparativos de los Juegos. Y la propia gestión de Rousseff es un buen indicio. No sólo demuestra que hay dirigentes que no pasan por el aro y están dispuestos a tomar medidas, sino que de hecho el cambio ha empezado.
Pero lo que predomina por ahora son, por así decirlo, las malas vibraciones. Las legítimas y necesarias denuncias de la prensa sobre casos concretos y documentados han dado paso a un clima de ataques y venganzas en el que se hace difícil discernir entre lo que está fundamentado y lo que se dice para quemar al contrario porque, a fin de cuentas, sale gratis.
Los mensajes que en estos días se transmiten en los medios brasileños pueden crear la sensación de que la corrupción va en aumento, cuando lo que indica su correcta lectura es que el mal ya estaba ahí pero es ahora cuando empieza a aflorar en toda su dimensión.
“La mafia en el poder”, titulaba el editorial de la revista Carta capital en su último número. “No tenemos una Cosa Nostra en Brasil porque eméritos mafiosos estuvieron o están en el poder, líderes de actividades diversas y teóricamente legales, en condiciones de actuar a las claras y a salvo de los riesgos corridos y sufridos por Alcapone o Totó Riina”, afirmaba el editorialista.
Otra reciente columna de opinión, esta en La Folha de Sao Paulo el domingo pasado, describía a los políticos brasileños como una banda de ladrones aprovechados que están fundiéndose las arcas públicas en beneficio propio. Con ironía y despliegue de retórica, pero eso es lo que decía.
Así está el ambiente en la gran nación sudamericana. Tal vez sea una catarsis. O la consecuencia lógica de la limpieza emprendida. Puede que nadie esté exagerando porque la suciedad acumulada es mucha. Pero la información política empieza a despedir un aire irrespirable. Todo es escándalo. Tendrá que llegar un punto en el que se aborde de una vez el fondo del asunto. O en que se ponga fin a las luchas que se adivinan tras gran parte de las denuncias, lo que equivaldría a pactar una tregua y zanjar en falso la escalada. Pero si el ruido sigue aumentando, la escandalera acabará socavando la estabilidad del Gobierno y abriendo una grave crisis en las instituciones. Eso, y la buena fama, es lo que Brasil se está jugando hoy día. Rousseff no lo tiene tan fácil.

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Una mujer de ley https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/una-mujer-de-ley Tue, 04 Oct 2011 17:25:01 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=20 Maria da Penha es el nombre de una mujer y de una ley. Su historia es ejemplo de lucha contra dos tipos de agresión: la que muchos hombres ejercen física, verbal o psicológicamente contra sus parejas o ex parejas femeninas, … Sigue leyendo →

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Maria da Penha es el nombre de una mujer y de una ley. Su historia es ejemplo de lucha contra dos tipos de agresión: la que muchos hombres ejercen física, verbal o psicológicamente contra sus parejas o ex parejas femeninas, y la que algunos jueces practican contra el sentido común y la justicia al privar a aquéllas del necesario amparo judicial. Tal vez más de un magistrado, como el que en España acaba de clasificar como posible halago el apelativo de zorra, quedaría cuando menos abochornado si esta señora se le presentara en el despacho en su silla de ruedas.

Maria da Penha Maia Fernandes, farmacéutica de profesión, nacida en 1945 en la ciudad de Fortaleza, Estado de Ceará, tenía 38 años cuando su marido intentó asesinarla dos veces, a cual con mayor alevosía.  El tipo, un profesor de economía de origen colombiano llamado Marco Antônio Heredia Viveiros, lo intentó primero a tiros de escopeta cuando ella dormía en su cama. Uno de los cuatro disparos la alcanzó en la columna vertebral y la dejó parapléjica. Él trató de simular un asalto con el que, por supuesto, no tenía nada que ver.

Después de una larga estancia hospitalaria, Maria volvió a casa. El marido la encerró en la vivienda y la maltrató repetidamente. Por fin, urdió otro plan para matarla. Desnudó los cables del aparato eléctrico que tenían acoplado a la ducha para calentar el agua, y esperó. Unos días después, María sufrió una fuerte electrocución que estuvo a punto de matarla. La nueva intentona dejó al descubierto la autoría de la primera.

Maria consiguió una autorización judicial para irse de la casa junto con sus tres hijas. En cuanto se sintió con fuerzas, inició su batalla en los tribunales en demanda de justicia y seguridad. Fue un calvario.

El proceso contra Marco Antônio Heredia dio lugar a una primera condena, ya en 1991, a quince años de prisión. Pero la sentencia fue anulada, previa apelación del homicida, por un error procesal. El juicio se repitió en 1996, con el resultado de una pena de 10 años de cárcel. Sin embargo, Heredia apenas tuvo que pasar dos de ellos en régimen cerrado. Los beneficios penitenciarios llegaron pronto, y Heredia no tardó en quedar en libertad provisional.

Maria da Penha, con el apoyo de distintas entidades institucionales y no gubernamentales, llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, adscrita a la Organización de Estados Americanos (OEA). La organización documentó la trágica situación de una parte importante de la población femenina brasileña. El informe sirvió como base de un debate nacional que dio lugar a un proyecto de legislativo para endurecer las entonces leves disposiciones nacionales contra la violencia machista. En el año 2006, el Congreso brasileño aprobó por unanimidad la Ley número 11.340, que cambió por completo el tratamiento de estos casos.

Entre otras cosas, la nueva regulación puso fin al enjuiciamiento de este tipo de actos en los tribunales especiales destinados a delitos menores, jurisdicción en la que muchas denuncias graves de mujeres agredidas eran rápidamente archivadas. La normativa dispuso la creación de los Juzgados de Violencia Doméstica y Familiar contra la mujer, y estableció medidas cautelares para la protección de la víctimas.

La Ley fue bautizada con el nombre de María da Penha, como de hecho la conocen hoy todos los brasileños.

El embajador de España en Brasil, Carlos Alonso Zaldívar, condecoró hace unos días a Maria da Penha con la Orden de Isabel la Católica. Su lucha y su sufrimiento, dijo el embajador al imponerle la cruz, sirvieron para paliar o evitar el dolor de otras mujeres al tiempo que impulsaron un importante avance en los derechos de todas ellas. Por su parte, Da Penha recordó y elogió las mejoras desarrolladas en España dentro de este campo. Y subrayó que «estas luchas no son contra los hombres, sino contra los agresores».

Fue un merecido reconocimiento para una mujer de ley.

 

 

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En la ciudad salvaje https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/en-la-ciudad-salvaje https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/en-la-ciudad-salvaje#comments Wed, 21 Sep 2011 17:25:14 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=8 Creo que fue Miguel Gila el primero que dijo aquello de “A mi no me asustan las balas, sino la velocidad que llevan”. Genial, como siempre en Gila. El seleccionador español Luis Aragonés recuperó hace unos años la frase -con … Sigue leyendo →

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Creo que fue Miguel Gila el primero que dijo aquello de “A mi no me asustan las balas, sino la velocidad que llevan”. Genial, como siempre en Gila. El seleccionador español Luis Aragonés recuperó hace unos años la frase -con una leve variación- para dar un titular de prensa ante un encuentro con el equipo de Bosnia: “Yo sólo le tengo miedo a la velocidad de las balas”, proclamó.
Vienen las citas al caso de lo que hoy nos asusta en Sao Paulo: la velocidad de las balas, claro que sí, pero todavía más la velocidad de los coches. A veces, todo junto.
Sobre las diez de la noche del domingo pasado, sin ir más lejos, íbamos tres personas en un taxi entre los barrios de Itaim y Jardins cuando delante nuestro vimos cómo dos automovilistas quemaban rueda en plan Fernando Alonso al pugnar por adelantarse sin reparar en el resto de conductores y no digamos de los peatones.
Después de un par de travesías, uno de los coches en liza derrapó ante su adversario, se cruzó ante él y le hizo frenar. Fue junto ante un semáforo que también obligó a parar a nuestro taxi, así que pudimos verlo todo. El ganador de la carrera se bajó del coche, retrocedió hasta el automóvil del otro y le sacó una pistola. Le indicó que bajara la ventanilla, se guardó el arma entre el pantalón y la espalda, y le echó una broca, para nosotros inaudible pero con elocuentes aspavientos. El amenazado y su acompañante femenina, pálidos ambos, hicieron gestos de disculpa. Antes de ponerse el disco en verde, el pistolero volvió a su vehículo y salió pitando. Y fin de la historia: una más de las que a diario suceden en esta salvaje metrópoli, aunque otras muchas terminan con sangre.
El número de víctimas de la velocidad de los coches y la insensatez de sus conductores supera ya al de muertos a tiros y puñaladas en esta enorme ciudad habitada por 12 millones de personas y transitada por siete millones de vehículos. El año pasado, 1.357 conductores y peatones perdieron la vida en las calzadas y carreteras de la urbe (un promedio de casi 4 al día), mientras que los muertos por asesinato criminal a balazos o puñaladas fueron 1.196. Los atropellos de peatones sumaron más de 7.000, con 613 fallecidos: casi dos al día.
Las cifras sorprenderán a muchos lectores. Pero no a los habitantes de Sao Paulo, resignados testigos de la barbaridad cotidiana sobre ruedas. Algunos, tal vez por novatos, no acabamos de acostumbrarnos a los abusos de los fittipaldis que recorren de Sao Paulo como si se tratara de un circuito y nos pitan indignados para que nos apartemos cuando tratamos de cruzar un paso de cebra.
De manera inevitable y necesaria, el miedo al poner un pie en el asfalto se asocia al recuerdo del último caso cuya noticia hemos leído en la prensa o visto en la tele. Como el del pasado sábado por la noche, cuando una mujer y su hija fallecieron en el barrio de Pinheiros, arrolladas por un Golf a cien por hora cuando salían de un centro comercial. La madre, Miriam Baltresca, tenía 58 años; la hija, Bruna, contaba 28 y llevaba unos pocos ejerciendo la abogacía, aunque acababa de tomarse una excedencia para hacer un largo viaje y así desconectar durante unos meses. Su hermano, Rafael Baltresca, ingeniero eléctrico, 31 años, se quejó de lo “blanda” que es la ley brasileña con los conductores homicidas. Y dijo: “El coche es un arma. En un segundo hace lo que hace con la gente. Mi hermana tenía un futuro brillante. Aparcó el trabajo porque quería sentirse libre; iba a recorrer mundo con una mochila. Esta mañana, el conductor que la mató se habrá despertado y andado de un lado a otro. Ella, no; nunca más”.

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Recuerdos desde São Paulo https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/recuerdos-desde-sao-paulo https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/recuerdos-desde-sao-paulo#comments Thu, 14 Jul 2011 16:46:25 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/sao-paulo/?p=6 Brasil no tiene nada que ver con España. Pero lo que allí ocurre ahora recuerda en mucho a lo que nosotros vivimos en épocas no lejanas: a finales de los ochenta, a principios de los noventa y en los años … Sigue leyendo →

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Brasil no tiene nada que ver con España. Pero lo que allí ocurre ahora recuerda en mucho a lo que nosotros vivimos en épocas no lejanas: a finales de los ochenta, a principios de los noventa y en los años precedentes al 2007.
Hay comparaciones que, más que odiosas, resultan imposibles. Esta sería una de ellas. Por Historia y por cultura; por tamaño y población; por estructura productiva y organización política. Pero la evocación resulta irresistible, casi inevitable.
El brasileño próspero, aquel que vive ajeno a la miseria aún masiva de las favelas y los pueblos de la selva, está en una película muy parecida a la que nosotros protagonizamos en los años del pelotazo fácil y los del chollo inmobiliario.
No es sólo que en Brasil la tasa principal de los tipos de interés esté al 12,25%; que los precios de la vivienda en las principales ciudades se hayan duplicado en tres años, y que la inflación se dispare al menor descuido (¿se acuerdan?). Es que gran parte de los ciudadanos de este gran país se han metido en una bola de consumo a crédito que empieza a dar pavor a todos los economistas. Ellos son nuevos en el manejo de las tarjetas de crédito, como nosotros en los ochenta, y también se muestran ligeros a la hora de sacarlas de la cartera.
Dicen algunos especialistas que no hay burbuja inmobiliaria en Brasil; que, si acaso, se limitaría a los barrios nobles de Sao Paulo y Río de Janeiro. Pero hay algo que no funciona cuando una parte de la publicidad inmobiliaria basa sus reclamos en la “gran inversión” de la posible compra –el mercado de alquiler es inferior-, y no en las condiciones del nuevo hogar ofertado.
Nadie en su sano juicio venido de Europa, y menos uno de España que es nuevo en la plaza, osaría aleccionar a un pueblo hoy tan próspero. Al contrario, el éxito del gigante del sur es de hecho una lección para los europeos. Con un 7,5% de crecimiento en 2010 y una tasa oficial de paro del 6,4%, Brasil sólo puede inspirarnos respeto. En todo caso, las desigualdades que allí perviven aun habiéndose reducido en los últimos tiempos deberían enseñarnos a valorar más lo que un día construimos.
La organización del Mundial de Fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos 2016 es una oportunidad más de desarrollo. El retraso en las obras y los astronómicos incrementos de sus presupuestos no son motivo suficiente para concluir así por las buenas que, como por una suma de factores ocurrió en España, después del festín vendrá una horrible resaca.
Pero es que la sensación de estar viviendo lo ya vivido es tan fuerte a veces…
En fin, son sólo recuerdos.

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