El COVID-19 nos obliga a estar encerrados entre 4 paredes y nuestra visión sufre por ello, ya que funciona con eficacia cuando le damos la oportunidad de MIRAR A LO LEJOS funcionando de una forma relajada y sobre todo si funcionan los dos ojos juntos, también de forma coordinada.
Cuando realizamos una tarea cercana (lectura, escritura, ordenador, estudio, móviles, tabletas, juegos de mesa, dibujo…) a menos de un metro de distancia de nuestros ojos, se ponen en marcha DOS HABILIDADES VISUALES: ACOMODACIÓN y CONVERGENCIA.
ACOMODACIÓN: Una lente dentro del ojo (cristalino) se curva para cambiar su potencia y nos permite enfocar a la distancia que queramos ver nítido. Cuando vemos de lejos el cristalino se estira y se relaja.
CONVERGENCIA: Los dos ojos se mueven hacia la nariz más o menos para apuntar a la distancia donde queramos mirar de cerca y así, ver una imagen única de la suma de las imágenes de cada ojo. Cuando miramos de lejos nuestros ojos se alinean hacia el frente y se relajan divergiendo.
Sabiendo esto, desde que estamos encerrados en nuestras casas, ¿cuál es la distancia más lejana que has mirado? ¿La tele, a los vecinos de enfrente cuando aplauden cada noche alabando el trabajo de los profesionales?… ¿No mucho más, verdad?
Nuestra visión no está acostumbrada a forzarla tanto, hora tras hora, día tras día. Durante 2 semanas, 4 semanas, 2 meses…
Por ello, y más que nunca, los miopes y astígmatas más que nadie, pero todo el mundo en general, debería cumplir estas sencillas NORMAS DE HIGIENE VISUAL o ¡¡TODOS ACABAREMOS MIOPES!!, o con aumentos de nuestras graduaciones y con muchos signos de FATIGA VISUAL:
– Dolor de cabeza
– Cansancio visual
– Borrosidad de lejos
– Borrosidad de cerca
– Movimiento de la imagen que vemos en cerca o visión doble
– Ojos rojos, picor o molestias oculares
– Lagrimeo
– Sensación de ojo seco
– Problemas de rendimiento
– Falta de concentración
Si tienes algunos de estos síntomas aún puedes mejorar y rendir mejor, y si no los tienes, en tu mano está evitarlos.
1. MIRAR A LO LEJOS TODO LO QUE SEA POSIBLE. Sé que tenemos pocas opciones a menos que vivamos en un chalet, pero si vivís en un piso y tenéis que estudiar o trabajar un número de horas seguidas, si podéis, reorientar los muebles para que el escritorio esté frente a una ventana para que la distancia que puedas mirar de lejos sea lo más lejos posible.
2. DESCANSOS FRECUENTES MIRANDO A LO LEJOS. Cada vez que hacemos una tarea cercana prolongada deberíamos cumplir la NORMA 20/20/20: Cada 20 minutos haciendo una tarea cercana, descansar la visión enfocando algo alejado a 20 pies (6 metros) o lo más lejos posible durante 20 segundos y continuar después con la tarea cercana. NO vale con mirarlo durante un segundo y seguir la tarea. Al cristalino no le ha dado tiempo a estirarse y relajarse.
3. RESPETAR LA DISTANCIA DE TRABAJO. Cuando leemos, escribimos, pintamos, dibujamos, estudiamos, miramos el móvil, tableta u ordenador, intervienen las habilidades ACOMODACIÓN y CONVERGENCIA. Si dicha tarea dura más de 1 hora, estas habilidades visuales se estresan, se agotan y pierden eficacia.
4. RESPETAR LA DISTANCIA DE TRABAJO. La distancia a la que debemos colocar nuestra tarea respecto a nuestros ojos es a la distancia de Harmon (distancia del codo a la primera falange del dedo corazón, aproximadamente 40 cm, menos en niños), NO MÁS CERCA, y ser consciente de que si nos acercamos, estresamos aún más nuestra visión (aunque a veces nos dé la sensación de que vemos mejor).
El ordenador o portátil debe estar a unos 60-70 cm de distancia de nuestros ojos.
5. MANTENER LA CONSCIENCIA PERIFÉRICA. Cuando nos concentramos nos volvemos más focales es decir, nos concentramos en lo que estamos haciendo frente a nosotros y reducimos la consciencia de lo que hay a nuestro alrededor. Debemos ser consciente siempre de todo lo que tenemos a nuestro alrededor cuando estemos haciendo una tarea cercana. Cuanto más lejos esté lo que percibimos SIN MIRARLO DIRECTAMENTE por nuestra periferia, más relajado funciona nuestro sistema visual.
6. REALIZAR DESCANSOS FRECUENTES. Los descansos son necesarios en cualquier situación en la que hacemos una tarea cercana prolongada. Si fuera así, debemos: levantarnos de la silla cada 45 minutos o una hora y dar un pequeño paseo por la casa. Estirar el cuello. E ir a beber agua para mejorar la conexión entre las neuronas y que nuestro cerebro y las estructuras oculares funcione mejor y rindamos mejor.
7. REALIZAR PARPADEOS FRECUENTES. Parpadear con asiduidad para irrigar mejor los tejidos corneales y disminuir la rigidez visual. Sobre todo los usuarios de lentes de contacto.
8. SI ERES MIOPE de graduación baja, no debes utilizar las gafas ni las lentes de contacto para hacer las tareas cercanas prolongadas, porque estarás haciendo más esfuerzo visual que sin ellas, y favorecerás un aumento de la graduación.
9. LOS QUE TENGAN UN TERRENO O TERRAZA donde salir o realizar alguna actividad en exterior es la mejor forma de mantener unas buenas habilidades visuales y mantener una buena agudeza visual lejana. También la exposición a la luz solar del día es determinante para prevenir y retener la miopía en niños y adolescentes.
10. TENER UNA ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA. Rica en vitamina A (zanahorias, leche, queso, espinacas…), tratando de comer muchas verduras y fruta fresca, y no abusar del azúcar.
11. TAMBIÉN SON IMPORTANTES ALGUNAS NORMAS DE ERGONOMÍA:
– Situar el escritorio frente a la ventana, no solo para poder mirar a lo lejos con cierta frecuencia, sino también, para trabajar el mayor tiempo posible con LUZ NATURAL.
– Si trabajamos o estudiamos de noche, o no podemos hacerlo con luz natural, debemos hacerlo siempre con una luz ambiental (de la habitación) y otra focal sobre la tarea que estamos haciendo, contraria a la mano preferente para no darnos sombras. Nunca leer en dispositivos electrónicos con la luz apagada de la habitación o libros con una linterna.
– Evitar las superficies brillantes tanto en la mesa como en el papel, ya que son muy estresantes y nos obligan a adoptar posturas incorrectas para evitarlas.
– Cuando vemos la televisión mantener una distancia igual o mayor a la diagonal de la pantalla multiplicada por 6. Nunca muy cerca, a menos de 2 metros. Con una iluminación de ambiente para evitar contrastes excesivos. No verla tumbado, ni más de 2 horas seguidas.
Pero pensad que solo tenemos dos ojos. Si no los forzamos en exceso, podremos cuidarlos un poco mejor y eso nos ayudará a rendir mejor y cuando todo esto pase, no nos dejará secuelas tales como cambios de graduación y estrés visual. CONCLUSIÓN ¡Cuidadlos y cuidaos!
Andrés González Fernández
Soy maestro, especialista en filología inglesa, pedagogo y orientador. En los últimos años he ampliado mi formación en el campo de la logopedia, la visión, la dislexia, el TDAH y otros tipos de dificultades en el aprendizaje, así como en la intervención de dichas dificultades.
]]>«Es más feliz el que más se adapta»
Al menos esa es mi interpretación de la vida… En momentos como los que estamos viviendo, se demuestra que aquellas personas que mantienen la calma porque tienen esperanza, y son creativas, se adaptan más rápidamente a la situación y son más felices.
Es como ese botón mágico de la lavadora que se llama «float»… En medio del centrifugado, si decides irte a pasar el día al campo y lo aprietas, la ropa queda en remojo, esponjada, para que no se arrugue… Pues vamos a aprovechar para esponjarnos, para dedicar tiempo a todas aquellas cosas que siempre queremos hacer y no tenemos tiempo.
Lo primero organizarse, tener un plan, más concreto que nunca… Porque a los niños les da paz saber «lo que viene después». Y a nosotros también… Es imprescindible tener un horario, independientemente de la edad de nuestros hijos. Hora de levantarse y acostarse, de comer y merendar… por la mañana es un buen momento para trabajar un rato todos… Debemos hablarles a nuestros hijos de que el trabajo es necesario, dignifica y es una oportunidad de aportar a la sociedad. Da igual si tiene dos años o trece, cada uno a su nivel.
Abre la ventana y aprovecha para ventilar un poco… Si cuando acaben aún tenemos que trabajar, igual es posible que vean la tele un rato en inglés, algo que sepamos que es recomendable, o que hagamos una videollamada a los abuelos y les cuenten un cuento…No se sabe quién disfruta más de esta llamadas, si los abuelos, los nietos o los padres…
En resumen, debemos aprovechar para construir vida de familia, para hacer hogar, para estrechar lazos, para ayudarnos unos a otros, para comprar yogures al vecino porque hemos ido al «súper» y justo habían repuesto… sabiendo que habrá momentos para respirar profundo, pero que es normal cuando la convivencia es más estrecha.
Pensemos en los demás y salgamos de nosotros mismos sin salir de casa, que es posible. Será un gran ejemplo para nuestros hijos, que no percibirán en nosotros más agobio que el que les transmitamos. Podemos intentar hacerlo con gracia, como cuando Roberto Benigni desfila delante de su hijo en esa preciosa escena de La vida es bella. Viviremos aventuras increíbles en estos días.
Mariló Llana
Estoy felizmente casada y soy madre de 3 hijos. Soy pianista titulada, licenciada en Historia de la Música y diplomada en Magisterio Musical. También tengo el máster en Musicoterapia y un Postgrado en Matrimonio y familia. Formo parte de la Junta directiva de Idefa (IFFD) y ejezo como moderadora.
Actualmente trabajo en el Colegio de Fomento Montealto. Soy Music teacher en Educación Primaria.
Había llegado el otoño. Los días se habían vuelto más cortos. Tenían menos luz e invitaban menos a salir a la calle. Así es como se sentía y lo veía todo la mujer que vino a verme a consulta: gris.
Recordaba bien la última discusión con su marido. Era difícil olvidarla porque se parecía demasiado a cada conversación que había tenido con él en los últimos 5 años. Recordaba sobre todo esa sensación de enfrentarse a un muro, esa frustración que deja la ausencia de respuesta. Hubiese preferido volver al tiempo que discutían a esa soledad hecha de indiferencia. La cosa había empezado de una manera banal, por nada en realidad demasiado importante, por esas cosas de las que está hecha la vida en pareja. Esa mañana había tenido una revisión en el médico por sus problemas de jaqueca. El escáner no había revelado nada preocupante, pero eso no la había dejado más tranquila. Era ya tarde cuando llegó su marido.
-Hola cariño -la había saludado él, dejando su cartera encima de la mesa del recibidor y su abrigo gris oscuro en el perchero de la pared, junto a la entrada. Sin esperar la respuesta de su mujer, o dándola por hecho o, sencillamente ignorándola, se había dirigido a la cocina. Ella le siguió como una autómata. Llevaba esperando todo el día su pregunta: “¿Cómo te ha ido en el médico? ¿Cómo te encuentras?” Y esperaba que él la escuchara. Le encontró con la puerta de la nevera abierta, medio inclinado, mirando fijamente las baldas de la nevera.
-Juraría que me quedaba una cerveza -dijo él, sin quitar la vista del frigorífico. ¿La usaste para cocinar? -le preguntó, esta vez mirándola a los ojos. Lo que su marido vio fue una máscara de ojos fijos muy abiertos, con los labios apretados y pálidos y un temblor que le subía por el cuello como el rumor de mil tambores que preludian la batalla.
-No me lo puedo creer -dijo ella apretando los dientes.
– ¿Qué es lo que no puedes creer? -respondió él con pretendida sorpresa sabiendo que algo se le escapaba. Y ese algo era anuncio de pelea. Se irguió y cerró despacio la puerta de la nevera. Se volvió hacia ella y repitió – ¿qué es lo que no puedes creer?
-Estuve en el médico esta mañana. ¿Te acuerdas? La jaqueca. Pero no, claro que no te acuerdas. En cambio, sí te acuerdas de tu maldita cerveza, de eso sí te acuerdas -había alzado el volumen de la voz y ya había asumido que la situación estaba fuera de control. Se abandonó a la ira, a la frustración, al dolor de ser menos importante que un botellín o, al menos, de ocupar el puesto justo detrás de una cerveza en el corazón de aquel hombre.
-Te lo iba a preguntar ahora mismo, no me has dado oportunidad -había respondido él, aunque sabía que mentía y que ella lo sabía -no puedo ni tener un minuto de tranquilidad al volver del trabajo. Tengo que darte el parte diario como si fueras mi sargento mayor.
-No mientas -le cortó ella. Me lo hubieras preguntado esta mañana nada más salir de la consulta. Pero no he sabido nada de ti en todo el día y además has llegado tarde -y se señalaba el reloj de la muñeca adelantando el rostro amenazante hacia él. Su marido enarcó las cejas y los ojos siguieron el mismo camino ascendente. Fue solo un gesto, mínimo, cuestión de milésimas de segundo, nada importante… pero en el corazón de ella fue la puñalada que confirmaba las sospechas que venía rumiando desde hacía tiempo. “A mi marido ya no le importo, y lo peor es que ya no sé si eso me importa”.
-Está bien -dijo él -a ver, ¿cómo ha ido el médico? -preguntó como quién concede una victoria inmerecida. Pero ya era tarde, y lo sabía.
-Vete al diablo -le dijo ella. Y se marchó a su habitación con el corazón en pedazos.
No recordaba en qué momento había perdido la ilusión, y le parecía difícil recuperarla.
Eran dos, se supone que unidos en matrimonio, pero hacía tiempo que sentía que iban por caminos distintos e incluso a veces había llegado a pensar que quizás esos caminos no volverían a encontrarse.
Aparentemente lo tenían todo para ser felices, pero su estado distaba mucho de la verdadera felicidad.
Por ese motivo, y después de haber intentado diferentes cosas que no les había llevado a donde quería, se había decidido a llamarme.
Él no vino a verme. Le había dicho a su mujer que tenía poco tiempo y que tenía que dedicarlo a algo más importante. Se le había acumulado mucho trabajo.
Se les olvidaba que el primero que pidiera perdón no era el más culpable, sino el que más amaba.
A ella se le caían las lágrimas.
-No lo entiendo, Paloma, ¿Cuándo hemos dejado de cuidarnos y, sobre todo, de querernos? Todo ha pasado por delante, y por encima: el trabajo, los hijos, la familia, los amigos… ya no compartimos casi nada. No tenemos proyectos en común. Le miro y le veo tan diferente. ¿Tú crees que tiene solución? La miré, intentando acoger su dolor, y le dije: -Casi todo tiene solución. Pero hay que querer, y hay que poder.
-Yo quiero -me dijo -pero no sé si mi marido quiere, de hecho no estoy segura de que comprenda lo que está pasando-dijo ella, negando con la cabeza. -¿Qué podemos hacer? -me preguntó.
-Tenéis que ser capaces de miraros, de mirar el momento en el que estáis, el momento presente, y de ver la crisis como una señal de alarma y como una oportunidad. Eso os dará esperanza y os ayudará a crecer.
-¿Lo intentamos? -le pregunté.
-Lo intentamos -dijo ella sonriendo.
Volvió a casa, habló con su marido, pero no echándole la culpa o haciéndole sentir responsable de la situación. Le miró a los ojos y le dijo que le quería y que quería recuperarle. Él no sabía qué pensar. Buscaba signos de batalla, había desconfianza en sus ojos. “¿Qué es esto?” pensó, “¿qué pretende ahora?”.
-Yo no creo que tengamos ningún problema -dijo él -Al menos yo no creo tenerlo. Si tú quieres admitir que los tienes, me parece bien, pero no quieras incluirme a mí en ellos.
-Que tú creas que no tenemos problemas lo puedo entender -respondió ella -pero yo creo que puedo hacerlo mejor. En realidad, creo que los dos podemos hacerlo mejor. Pero necesito que me ayudes.
Aquello le hizo bajar la guardia. Su mujer le pedía ayuda. En realidad, sabía que podían estar mejor pero no tenía idea de por dónde empezar. Lo que sí sabía es que no quería seguir así.
-Está bien -dijo él -dime en qué te puedo ayudar.
-Necesito que me acompañes a la terapia. Una vez. Si no te convence, no tienes que volver -lo dijo despacio, sin imponerlo, dejándole la posibilidad de negarse sin culparle por ello. Él seguía en silencio y la miraba. Hacía tiempo que no la miraba así, sin desviar los ojos, y ella pudo ver su lucha interna en el movimiento de sus labios y la presión de la mandíbula.
-Está bien -dijo él con el suspiro del que se rinde -te acompaño.
A la segunda sesión en consulta vinieron los dos. Para no mezclarlo todo, decidimos separar frentes. Ella decía que llevaban años sin compartir prácticamente nada, haciendo vidas por separado. Cada uno tenía su trabajo, su familia, sus amigos, sus aficiones, sus ilusiones… Y ahora tenían que ser capaces de recuperar el espacio común. Porque los espacios personales son buenos y necesarios, hacen crecer a cada uno y hacen crecer la relación. Pero si no hay un espacio grande común, lo que hay son dos individualidades, no un matrimonio. Y eso es lo que les había pasado.
Hicimos un plan de acción, en el que tendrían que ir recuperando áreas comunes abandonadas o mal planteadas. Recuperaron la ilusión, pensando que algún día, no muy lejano, volverían a mirarse sintiendo que eran uno y que estaban unidos en lo realmente importante.
Al principio no les resultó fácil, porque de vez en cuando seguían saliendo los reproches… “No me cuidas, no tienes detalles conmigo”, le recriminaba ella. “No sé si algo de lo que hago te parece bien o es lo suficientemente bueno. Hace tiempo que dejé de intentar entenderte porque creo que ni tú te entiendes”, le decía él. Los dos tenían razón. Era cómo se sentían y habían ido acumulando heridas, sin haber llegado a sanarlas. Hacía falta pedirse perdón y perdonar. Y volver a cuidar los actos de entrega y de acogida todos los días. El problema en este punto fue lanzarse a hacerlo, los dos pensaban que tenía que ser el otro el que diera el paso. Se les olvidaba que el primero que pidiera perdón no era el más culpable, sino el que más amaba. Y amando no perdían nada, todo lo contrario, empezaban a sumar. Así que al final lo consiguieron y no sólo eso, sino que decidieron pedirse perdón todas las noches, no irse a la cama enfadados, solucionarlo antes con unas palabras y un abrazo. Los dos lo iban a intentar, querían hacerlo y sabían que era posible.
Pasaron las semanas, los meses y descubrieron que eran muy diferentes, pero que eso les hacía complementarios, algo que les había costado mucho tiempo entender. A partir de ese momento supieron ver las diferencias como un regalo y fueron capaces de ver y valorar mucho más y mejor los dones del otro. Descubrieron que tenían muchos ¡y que juntos formaban un gran equipo! Aprendieron a darle un valor mayor al compromiso, más allá de los sentimientos que en un momento o en otro pudieran tener. Entendieron que los sentimientos pueden estar o no, pero que lo más importante permanece: el compromiso, el amor, la alianza. Era algo que, cuidando lo importante, podía durar toda la vida. Y aunque toda la vida les sonaba a mucho, eran capaces de repetírselo sonriendo: “toda la vida” …
Paloma de Cendra
Soy esposa y madre de 4 hijos, psicóloga y Terapeuta Individual, de Pareja y de Familia. Trabajo en la consulta con el Dr. Poveda, colaboro en un COF, soy Perito del Tribunal de la Rota, profesora en la UNIR y escribo artículos en Hacer Familia.
También tengo un blog ¡Qué bello es vivir!, cuyo objetivo es recordarnos lo que somos alrededor de una idea sencilla y grande a la vez: ver lo que serían otros si nosotros no fuéramos. Es un canto de amor a la vida y a la esperanza.
Mi vocación es la persona y sus relaciones, el matrimonio y la familia. Me apasiona mi trabajo, soy feliz con mi familia y con las familias que se ponen en mis manos.
Vivo dando gracias.
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]]>Entregar regalos, ya sea algo material o sea un pequeño gesto, es un símbolo de cariño y generosidad hacia los demás, y como todo, es algo bueno siempre que no nos vayamos a los extremos.
De uno de estos dos extremos va a tratar este breve artículo; las consecuencias negativas del exceso de regalos en los pequeños. La tendencia es clara y palpable, les estamos sometiendo a una sobreestimulación al darles continuamente cosas que no esperan, y que muchas veces no necesitan ni les hacen bien.
Si nuestro objetivo es educar y preparar para la vida real, no hay nada más alejado de ésta, que recibir continuamente sin dar nada a cambio, sin haber tenido que conseguir algo por medio del esfuerzo.
A estos pequeños les regalamos continuamente desde que se levantan hasta que se acuestan. Los padres suelen hacer continuos esfuerzos y gestos hacia sus hijos. La mesa puesta, el uniforme limpio y planchado, la comida preparada, el tiempo que se les dedica, el esfuerzo económico de lo material (no sólo de una buena educación)… Todo esto no son más que unos pocos ejemplos de lo que los padres hacen por cariño y amor, regalos al fin y al cabo, sin darse cuenta de que, si no le van pidiendo a sus hijos que, progresivamente, y según su madurez, vayan haciéndose cargo de pequeñas responsabilidades en el hogar, acabaran creando un pensamiento en el hijo de que tiene el derecho a recibir continuamente, sin dar nada a cambio ni valorar el esfuerzo que lleva detrás.
Partiendo de esta base, que viene a decirnos que estos pequeños ya están bastante regalados en el día a día, luego vienen las fechas importantes, tales como los Reyes Magos, el cumpleaños, celebración del santo y eventos especiales como la primera Confesión o Comunión.
LA REGLA DE LOS CUATRO REGALOS:
Para la celebración de éstos, exceptuando la Primera Confesión o Comunión, es muy conocida la regla de los cuatro regalos. Una prenda de ropa o similar, un libro de lectura, algo que realmente deseen y algo que realmente necesiten.
El punto débil de la regla de los cuatro regalos es que, normalmente , toda la familia compite por hacer al niño feliz, juntándose al final con los regalos de los tíos, abuelos, etc. En este caso, lo mejor es organizar estos cuatro regalos entre los familiares, A veces puede haber cierta reticencia por parte de algún familiar, en este caso tendremos que explicarle el porqué de esta decisión.
A estos familiares se les puede hacer la reflexión de que, el efecto de los regalos es inversamente proporcional al número de regalos recibidos. Es decir, cuantos más regalos se reciben, menos se valoran y agradecen y más vacío producen. Un regalo tiene que servir para hacernos sentir queridos, alegres, afortunados y tener ganas de compartirlo con los demás. Cuando el número de regalos, o el regalo en sí, no va en esta dirección, es cuando nos hemos ido al extremo que comentaba al principio.
En cuanto a la primera Confesión o Comunión, es importante, como padres, dar ideas y poner límites sobre lo que queremos que nuestros hijos reciban. Es bastante alarmante el incremento de los regalos tecnológicos, tales como móviles o tablets, que pueden originar un problema familiar y que muy probablemente no queramos que reciban a tan temprana edad.
En el caso de que estemos en la situación de regalar en uno de los dos últimos eventos descritos, es importante, (si tenemos alguna duda sobre la idoneidad del regalo), preguntar antes a la familia.
Como sugerencia para trabajar la generosidad, en los últimos años ha aumentado el número de los conocidos como “cumpleaños solidarios”, en los que los niños que lo celebran proponen que, en vez de recibir regalos, los invitados hagan una donación al proyecto solidario elegido, que normalmente coincide con el que se está ayudando en clase o en la familia.
Damián Santos Duque Estudié Magisterio de Lengua Extranjera en el Centro Universitario Villanueva, donde también terminé el título superior de Neurociencias aplicadas a la Educación. He vivido y trabajado en el extranjero, especialmente en Minnesota, EEUU. Mis pasiones son la tecnología, la educación y el mundo del motor. Actualmente trabajo en el Colegio de Fomento El Prado, como tutor en los primeros cursos de Primaria, y coordino el departamento de Bilingüismo de 1º a 3º de Primaria.
]]>Las matemáticas son esenciales para el desarrollo cognitivo de los niños ya que les ayudan a desarrollar la lógica, el razonamiento, y les preparan para la abstracción, el pensamiento analítico y crítico, la resolución de problemas y la toma de decisiones.
Es importante descubrir y acercar a los niños a la multitud de ocasiones en las que podemos entrar en contacto con el mundo matemático. Así despertaremos su interés por esta ciencia, haciéndoles ver el apasionante mundo que se abre ante ellos y la utilidad de la misma.
Propongo a continuación 4 ideas para despertar en los niños este interés por las matemáticas:
Los niños nos observan en todo momento. Al igual que con otros aprendizajes, los niños aprenden matemáticas de lo que ven. Nuestra actitud divertida, relajada y positiva hacia el cálculo, el razonamiento, la resolución de problemas, y la toma de decisiones va a ser determinante en el desarrollo de estas habilidades en los niños. Plantéales problemas y que busquen y tomen decisiones. Por ejemplo, cuando nos acompañen al supermercado, pedirles que cojan una lata de tomate sin especificar cuál. Que razonen cuál es la que suelen comprar, cuál es la más barata, cuál tiene oferta… y que decidan.
Al poner la mesa que cuenten cubiertos, platos… Al hacer una receta que midan ingredientes. Si tienen dos hermanos que calculen cuántos zapatos del cole hay que limpiar en total. Pueden averiguar qué hora es y cuánto les queda para llegar a un sitio. Pueden hacer clasificaciones con los cubiertos o con la ropa sucia, al hacer la compra pueden calcular cuánto tienen que pagar, cuánto dinero dan o cuánto les van a devolver.
Las matemáticas son divertidas. Hoy en día existen multitud de juegos orientados a desarrollar la lógica, el cálculo, la orientación espacial, la estrategia y las habilidades matemáticas en general de forma lúdica. Además se pasará un agradable tiempo en familia. Algunas propuestas son los juegos de construcciones o legos, el tangram, la generala, los puzles, alto voltaje, math dice, los diez cerditos y muchos otros.
Una tarde de lluvia, un rato antes de dormir, y multitud de otros momentos son ocasiones muy buenas para leer cuentos con los más pequeños. Casi sin darse cuenta, se introducen en el pensamiento heurístico a través de narraciones divertidas. Con niños algo mayores, las adivinanzas, los acertijos y los retos matemáticos son herramientas estupendas y divertidas para trabajar las matemáticas.
Marian García Manglano Estoy casada y soy madre de 4 hijos. Soy licenciada en ADE, diplomada en Magisterio, especialista en Educación Infantil y diplomada en Logopedia. También tengo el máster superior en Neuropsicologia y Educación. Actualmente trabajo en el Colegio de Fomento Montealto. Soy Coordinadora del primer ciclo de Primaria y del Departamento de Matemáticas de Primaria y profesora de matemáticas en 6 de Educación Primaria.
]]>¡Qué duda cabe!… Hacer experimentos en casa ¡es muy divertido!
Pero no es la diversión la única ventaja de acercar la ciencia a los más pequeños. A través de la ciencia, podemos hacer crecer su curiosidad, su conocimiento para entender fenómenos que suceden a su alrededor, desarrollar su pensamiento crítico, su creatividad (al tener que buscar explicaciones para lo que están observando) e, incluso, trabajar virtudes como la paciencia y el orden.
Al seguir un pequeño “método científico” los niños podrán hacerse preguntas, elaborar sus hipótesis, experimentar y analizar los resultados y, por último, sacar sus propias conclusiones. Con la ayuda guiada de un adulto, podrán encontrar explicaciones sencillas de principios físicos o químicos que tienen cerca sin darse ni cuenta. ¡La ciencia se desplegará ante ellos con todo su esplendor!
Podemos aprovechar la ocasión para conocer la vida de algun@s científic@s y sus descubrimientos. Anécdotas sobre la vida de Albert Einstein, Marie Curie, Isaac Newton… les hará sentir la ciencia como algo cercano y natural en sus vidas.
La red está llena de ideas para realizar experimentos en casa con materiales baratos y muy asequibles. Si os animáis a poneros manos a la obra, no dudéis en empezar por el huevo mágico, la tinta invisible o el arcoíris líquido.
María Gómez Cano Soy madre de 4 hijos. Maestra y psicopedagoga. Hace más de 10 años que me dedico a la enseñanza de niños pequeños. Me apasiona la educación y la infancia y considero que nuestra continua formación como educadores es clave para darles lo mejor. Actualmente trabajo en el colegio Montealto
]]>En muchas ocasiones, los padres nos preguntamos si es mejor que nuestro hijo haga un deporte individual o un deporte de equipo. La respuesta no es fácil, ya que todo deporte es siempre sano para el cuerpo y para el espíritu de la persona que lo practica. Pero dependiendo de la edad de nuestro hijo, nos puede ayudar a tomar la decisión los valores que se inculcan en un deporte de equipo:
– La educación es de los primeros valores que se desprende de un deporte colectivo. En un grupo se necesita y enseña a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a escuchar, a tratar con compañeros, que, aunque puedan tener caracteres diferentes, forman parte y trabajan juntos para lograr el mismo objetivo. El deportista aprende a saber trabajar en equipo en busca de una meta común, cada uno aportando sus fortalezas, que todos las tienen.
– El respeto al entrenador, a los rivales, a unas normas establecidas y a un árbitro que trata de impartir justicia son valores añadidos al deporte de equipo. Los integrantes del grupo aprenden que la puntualidad es necesaria como una forma de respetar a los demás y que las personas con las que comparten su trabajo pueden también equivocarse; y aceptar esa equivocación como parte del juego es otro de los valores de un deporte colectivo.
– La disciplina y el orden están en la esencia de un equipo; el saber acatar las decisiones de la persona que está al frente del grupo y el adquirir unas rutinas de calentamiento, entrenamiento y competición ayuda también a poner orden en la vida de cada uno.
Cuando un niño está integrado en un deporte colectivo, forma parte de un espíritu de equipo en el que la responsabilidad es vital, ya que cada compañero debe cumplir con su papel e intentar no fallar al resto, superando las apetencias individuales de cada momento.
– También supone aprender a tomar decisiones y asimilar que las consecuencias de sus acciones, de su concentración y de su esfuerzo, pueden afectar al resto del grupo.
– La humildad es otro valor añadido al deporte de equipo, el niño aprende a reconocer sus propias limitaciones y debilidades, comprende que no lo sabe todo y que se puede aprender unos de otros.
Finalmente, desde el punto de vista de la sociabilidad, estamos logrando que nuestro hijo disfrute de su tiempo de ocio de forma sana, haciendo amistades con niños que tienen intereses comunes, formando en la mayoría de las ocasiones una pandilla de amigos que saben invertir correctamente su tiempo libre.
Julio Santo Tomás Martín
Soy antiguo alumno de El Prado, licenciado en Periodismo y Maestro de Educación Primaria. Comparto mi vocación docente con el deporte, donde soy entrenador de baloncesto y coordinador de las actividades extraescolares del colegio.
]]>La fraternidad es algo grande y tener un hermano es una experiencia insustituible. Entre hermanos se aprende la convivencia humana, cómo se debe vivir en sociedad.
Tener un hijo es un gran regalo y es una gran aventura. Cambia cosas grandes como el sentido de la vida, del amor, y la propia existencia. Pero también cambia cosas pequeñas como la organización, el orden, los horarios, el sueño…
¿Cómo afecta a los hijos la llegada de un hermanito? ¿Cuál es la mejor manera de explicárselo?
Cuando la familia crece es normal que aparezcan, junto a la alegría de la espera, dudas y miedos. Tenemos que gestionarlo con delicadeza e inteligencia, para que seamos capaces de percibir en toda su plenitud lo que supone una nueva vida.
Las reacciones de los hijos ante la llegada de un hermano, dependen de su edad y madurez, y pueden ir de la alegría inicial a la tristeza y preocupación. Por eso la forma y el momento para comunicarlo son importantes.
Una sugerencia inicial es que la llegada del hermano no coincida, a ser posible, con cambios importantes en la vida de los hijos como por ejemplo el paso de la cuna a la cama o la retirada del pañal, para evitar que creen asociaciones negativas entre ambos fenómenos que tengan un impacto negativo en la relación fraterna.
COMUNICACIÓN. CÓMO Y CUÁNDO DARLE LA NOTICIA.
No es necesario que los padres preparemos grandes discursos. Muchas veces es suficiente con señalarles que a ellos les recibimos con la misma alegría para que tengan una percepción muy positiva de la venida de su hermano.
Respecto a cómo dar la noticia, es bueno tener en cuenta la edad de los hermanos:
– Si son menores de dos años es recomendable explicarles las cosas de una manera sencilla. Puede ayudar enseñarles fotos de cuando ellos eran bebés.
– Entre los 2 y 5 años, es normal que les cueste reaccionar bien. Es la etapa de mayor apego con los padres y por lo tanto en la que más celos aparecen. Los cuentos ayudan mucho en esta tarea.
– Si son mayores, podemos darles más explicaciones relacionadas con los cambios en el embarazo o sobre cómo crece el bebé. Siempre adecuadas a su capacidad de comprensión.
Como hasta los 5 años los niños no tienen una buena noción del tiempo, podemos ayudarles explicando que el nacimiento tendrá lugar en una época concreta del año, que puede coincidir con la Navidad, la Semana Santa, las vacaciones de verano… Respecto a cuándo dar la noticia, es recomendable esperar al tercer mes de embarazo.
También les ayuda que tengamos en cuenta su opinión. Por ejemplo, a la hora de pensar en el nombre, de colocar su dormitorio o de elegir la ropa que llevará. Les hace sentirse importantes y es una buena manera de empezar a crear lazos entre ellos.
EL PAPEL DEL HERMANO MAYOR.
Pasar a ser el hermano mayor no es fácil y necesita un periodo de aceptación, adaptación y aprendizaje, aunque generalmente no causa mayores problemas si se actúa con delicadeza y ternura.
Cuando el nuevo hermano llega a la familia, suele pasar mucho tiempo con la madre y ese tiempo deja de ser en exclusiva para el hermano mayor. Esto puede hacer que se sienta desplazado. Por ello es importante cuidar y reforzar la relación con su padre, así como recibir encargos o responsabilidades acordes a su edad, lo que le hará sentirse orgulloso y útil.
Cuando nazca el bebé, es bueno que, siempre que sea posible, el hermano vaya a visitarle al hospital. Y al llegar a casa, los padres tenemos que intentar buscar momentos para estar en familia y momentos para estar solos con él.
Cuando el bebé vaya creciendo, el hermano mayor descubrirá que puede jugar y compartir conversaciones y experiencias con él.
LOS CELOS DEL HERMANO MAYOR.
Cuando surgen los celos del hermano mayor hacia el pequeño, es bueno tener en cuenta las siguientes ideas.
Los celos son el miedo a perder algo que queremos. Y son perfectamente normales. Es la forma que tienen de expresar el miedo a lo desconocido, a los cambios, y en la mayoría de los casos desaparecen cuando se adaptan a la nueva situación.
Algunas conductas frecuentes con las que se pueden manifestar los celos son: Desobediencia, regresiones en el comportamiento, alteraciones en el sueño o en la alimentación.
Si los padres somos capaces de manejar bien los celos, ayudaremos a nuestros hijos a adaptarse más rápido y mejor a la nueva situación. Puede ayudarles: mantener sus rutinas, resaltar sus aciertos y sus logros y dedicarle tiempo.
CONCLUSIÓN
Un hijo más es siempre un regalo. Y la familia es la mejor escuela para aprender y vivir las virtudes. Esperar el nacimiento de un hermano es una buena ocasión para crecer en generosidad, servicio, paciencia y amor. Compartir es algo necesario para avanzar en la madurez y al tener un hermano, nuestros hijos aprender a dar gracias y a valorar las cosas, incluso las pequeñas, de otra manera.
Lo mejor que podemos hacer con nuestros hijos es enseñarles a amar, y tener un hermano es una gran oportunidad para aprender en la familia, que es la escuela del amor por excelencia.
Paloma de Cendra
Soy esposa y madre de 4 hijos, psicóloga y Terapeuta Individual, de Pareja y de Familia. Trabajo en la consulta con el Dr. Poveda, colaboro en un COF, soy Perito del Tribunal de la Rota, profesora en la UNIR y escribo artículos en Hacer Familia.
También tengo un blog ¡Qué bello es vivir!, cuyo objetivo es recordarnos lo que somos alrededor de una idea sencilla y grande a la vez: ver lo que serían otros si nosotros no fuéramos. Es un canto de amor a la vida y a la esperanza.
Mi vocación es la persona y sus relaciones, el matrimonio y la familia. Me apasiona mi trabajo, soy feliz con mi familia y con las familias que se ponen en mis manos.
Vivo dando gracias.
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