Advertise with Googlier.com Diario de Berlín (2008-2014) https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch Thu, 05 Jun 2014 20:47:03 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.4.12 Aniversario en la vieja Europa: otra vez Normandía (*) https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/aniversario-en-la-vieja-europa-otra-vez-normandia-13395 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/aniversario-en-la-vieja-europa-otra-vez-normandia-13395#comments Thu, 05 Jun 2014 20:30:11 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=743 Obama ha iniciado en Varsovia su actual visita a Europa. No por casualidad. Polonia es el aliado más solícito con el viejo propósito de Washington, mantenido a lo largo de toda la posguerra fría, de impedir un entendimiento en materia … Sigue leyendo →

The post Aniversario en la vieja Europa: otra vez Normandía (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Obama ha iniciado en Varsovia su actual visita a Europa. No por casualidad. Polonia es el aliado más solícito con el viejo propósito de Washington, mantenido a lo largo de toda la posguerra fría, de impedir un entendimiento en materia de seguridad europea entre la UE y Rusia (la ya olvidada hoja de ruta de la Carta de París por una nueva Europa de Noviembre de 1990). Sin eso, se complica cualquier fluida relación política y económica entre Moscú y Bruselas, se mantiene el sentido de la OTAN como bloque contra Rusia, y, sobre todo, se conjura el peligro de una política exterior europea autónoma y menos indecente. Es decir; se mantiene bien amarrado el vector europeo que es una de las cuatro grandes prioridades de la política imperial americana, junto con la contención de China, impedir que Rusia levante cabeza y mantener a raya a los BRIC´s.

La visita de Obama a Europa tampoco aportará nada nuevo en Normandía, con respecto a la de Bush en 2004. Donde entonces estaba la “guerra contra el terrorismo”, hoy están los drones, Libia, Siria, y… Ucrania, donde se está llevando a cabo una considerable matanza de adversarios al régimen prooccidental con utilización de los más potentes recursos militares (un espejo del Maidán, pero a lo bestia), ante la habitual impasibilidad informativa que merecen los muertos que no cuentan. Obama va a utilizar la memoria del soldado Ryan, como hizo Bush en 2004, para promocionar la receta tradicional: forjar un frente euro americano contra el resto del mundo.

En una clave conservadora respecto a su tradición histórica imperial, Europa como proyecto resulta del todo inservible. Esa es la gran divisoria del debate sobre el futuro de la Unión Europea, por más que no se hable de ello: a qué mundo queremos contribuir, al solidario y sostenible, o al caótico-militarista. ¿Una Europa social, capaz de aprender de sus errores y sensible a cómo otros ven el futuro del mundo, o a la que se instala en su biografía de inventora del desastre industrial, del imperio moderno y de la destrucción masiva, de la que Estados Unidos es hoy paradigma indiscutible?

Este texto de 2004 sobre el aniversario de Normandía es actual también, porque mientras todo eso está en marcha, sigue aumentando la inducida ignorancia de las jóvenes generaciones sobre los datos más básicos de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

* * * * * * * * *

Muchos creen que John Wayne y el soldado Ryan salvaron a Europa del fascismo, que Angloamérica salvó al viejo continente, poco menos que en solitario, y que el desembarco en Normandía fue la gran acción decisiva. No fue así.

Ni el curso de la guerra, ni la derrota del fascismo, se decidieron allá. Los principales héroes no fueron John Wayne ni el soldado Ryan, sino gente de apellido eslavo que murió por un país que ya no existe. Los escenarios realmente decisivos fueron; Moscú, Leningrado (Peterburgo), Stalingrado (Volgogrado), y Kursk.

En el frente del Este, el Tercer Reich perdió 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos, 48.000 blindados y vehículos de asalto, 167.000 sistemas de artillería. 607 divisiones fueron destruidas. Todo ello representa el 75% de las pérdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

La diferencia en la escala militar es aplastante. En las playas de Normandía se registraron 10.000 muertos aliados, 4.300 de ellos británicos y canadienses y 6.000 americanos. En las grandes batallas del este, los muertos se contaban en centenares de miles. En la batalla de Moscú participaron unos 3 millones de soldados y 2.000 tanques. La URSS utilizó allí la mitad de su ejército, Alemania una tercera parte. En el Alemein, una batalla importante del otro frente, los alemanes disponían entre 60.000 y 70.000 soldados.

La escala del sufrimiento humano también es incomparable. La geopolítica de Hitler no tenía prevista la existencia de un estado ruso en Europa y en su escala racista los eslavos estaban muy abajo. La guerra en el este era a vida o muerte, muy diferente a la del oeste. Las ciudades y los pueblos eran destruidos, frecuentemente con sus habitantes. Murieron uno de cada cuatro habitantes de Bielorrusia, uno de cada tres de Leningrado, Pskov y Smolensk. Centenares de Oradur-sur-Glane.

El esfuerzo angloamericano en el continente no empezó hasta que, en 1943, quedó claro que la URSS había parado el embate y que la derrota de Alemania era inevitable. Con otra actitud seguramente se hubieran evitado muchos muertos. Pero, ¿habría habido “segundo frente” si las cosas le hubieran ido bien a Hitler en el este?

Desde la firma del acuerdo británico-soviético sobre acciones militares comunes contra Alemania de julio de 1941, Stalin pedía la apertura de un “segundo frente” en Europa, es decir un desembarco aliado que aliviara la presión soportada por la URSS. La respuesta se demoró mucho.

El invierno de 1941, con los alemanes a las puertas de Moscú, fue crítico. Aquel año la URSS sufrió la mitad de las bajas militares de toda la guerra, 9 millones entre muertos, heridos y presos (dos terceras partes de los 27,6 millones de muertos soviéticos en la guerra fueron civiles), pero sólo recibió el 2% del total de los suministros que sus compañeros de coalición le enviaron durante toda la guerra.

Los documentos desclasificados de los archivos soviéticos están llenos de declaraciones de aliados occidentales que abundaban en la inconveniencia de apresurarse. ¿Por qué no dejar que las dos fieras se devoraran entre sí?

Visto desde Moscú, los angloamericanos desembarcaban en los lugares más alejados y menos relevantes para aliviar la presión sufrida por la URSS; primero en el norte de África (noviembre de 1942), luego en Sicilia (julio del 43), a continuación dos veces en Italia continental (en septiembre del 43 y en enero del 44), y sólo a menos de un año del fin de la guerra (en junio del 44) en Normandía.

Para entonces, el ejército soviético ya hacía 6 meses que había llegado a la frontera polaca de preguerra. Las democracias debían darse prisa si querían tomar alguna posición en Europa y evitar que “los rusos” volvieran a llegar a París, como habían hecho en el pasado.

Una manifiesta desconfianza presidió la alianza antifascista soviético-occidental desde sus mismos inicios. Sus motivos eran muchos y diversos. De parte occidental se acepta, por ejemplo, que el pacto germano-soviético de 1939 evidenció el parentesco entre nazismo y estalinismo. De las vergüenzas de las democracias, de su actitud ante el fascismo en vísperas de la guerra y de sus parentescos imperiales con Hitler y Mussolini, apenas se habla. Seguramente a causa de su manifiesta actualidad.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, aquellos políticos democráticos de Europa y América que luego “salvarían a Europa” mantenían un idilio con Hitler y Mussolini. Estados Unidos había apoyado al dictador italiano desde su llegada al poder en 1922. Sus desmanes se comprendían, porque conjuraban la amenaza bolchevique. Las inversiones americanas en Italia y en la Alemania fascista no disminuían, sino aumentaban, en los años treinta.

“Hitler ha prestado grandes servicios no solo a Alemania, sino a toda Europa Occidental, al cerrar el paso al comunismo (…) por eso es legítimo ver en Alemania un muro de contención occidental del bolchevismo”, decía en 1938 el Secretario de exteriores británico, Lord Halifax.

Sobre la base común de aquella contemporización, Londres y Berlín podían llegar a un “entendimiento”. Halifax estaba dispuesto a conceder a Alemania todo lo que pidiera; “Danzig, Austria y Checoslovaquia”, con tal de que esas anexiones se llevaran a cabo, “de forma pacífica y evolutiva”.

Los principios de aquella Europa se habían retratado igualmente en su actitud ante la República Española.

La idea de que los proyectos de Hitler eran asumibles, que todo el mundo podía integrarse en ellos, y que la amenaza estaba en otra parte, era común en los gobiernos de la Europa de finales de los 30. Con Neville Chamberlain como jefe de gobierno en Londres y Edouard Daladier en París, las democracias calificaban de “paz con honor” la entrega de Checoslovaquia al Reich practicada por la Conferencia de Munich.

El ministro de exteriores polaco, Jozef Beck, prometía apoyar la reclamación nazi sobre Austria y tener en cuenta los intereses del Reich ante un “eventual ataque (polaco) contra Lituania”. El embajador polaco en París, Lukaszewicz, explicaba a sus colegas norteamericanos que lo que estaba en juego en Europa era una lucha entre el nazismo y el bolchevismo, en cuyo campo incluía a “agentes de Moscú” como el Presidente checoslovaco, Edvard Benes. “Alemania y Polonia pondrán a los rusos en fuga en tres meses”, decía el embajador, en vísperas de que la agresión contra su propio país marcara el inicio “oficial” de la Segunda Guerra Mundial.

Para entonces, aquella guerra tenía ya ocho años de historia en el mundo. El mundo de los dominios imperiales de Asia y África, donde la guerra, el atropello, la invasión y el racismo, no contaban, mientras no colisionaran con los propios intereses.

En 1931 los japoneses se habían apoderado de un trozo de China mayor que Francia. En 1933 y 1935 habían expandido su invasión a otras tres provincias chinas, practicando su guerra química y bacteriológica con experimentos en la población civil.

En 1935 Italia invadía Abisinia, con el Mariscal Badoglio utilizando gas mostaza contra la población civil.

En julio de 1939 el gobierno británico declaraba, “reconocer por completo la situación actual en China”.

Ni Londres ni Washington protestaron o se opusieron al ataque japonés contra Mongolia, retaguardia de la URSS, a partir de mayo de 1939 y que, en la batalla de Jaljyn Gol, produjo más muertos que toda la campaña de la invasión alemana de Francia.

No pasaba nada y el encargado de la “India Office”, Leopold Amery, explicaba por qué con toda claridad, al defender la agresión japonesa contra China en la Cámara de los Comunes; “si condenamos lo que Japón ha hecho en China, tendremos que condenar igualmente lo que Inglaterra hizo en Egipto y la India”.

En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, coincidiendo con el desembarco de Normandía, Nehru, fundador de la nueva India explicaba así la situación: “Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo (racista) que se asocia con el fascismo, así que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algún tipo de unión ideológica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones más vulgares y brutales”.

“La política británica había sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi”, recapitulaba Nehru en su celda del Fuerte de Ahmadnagar, pero todo se acabó, cuando se vio que aquel “aliado natural”, aquel pariente, se volvía contra los intereses occidentales.

“Se hizo cada vez más obvio que, pese al deseo de calmar a Hitler, éste se estaba convirtiendo en el poder dominante en Europa, desmontando por completo el antiguo equilibrio y amenazando los intereses vitales del Imperio Británico”.

El resultado fue una alianza forjada sobre las circunstancias y la estupidez de Hitler, quien, si hubiera atacado primero a la URSS en lugar de atacar a Polonia, habría sido aplaudido por las democracias. Esta idea fue expresada al final de la guerra por el propio Hitler en un texto poco conocido.

En febrero de 1945, Martin Bormann recogió varios monólogos de Hitler que tienen valor de testamento político. Dos meses antes del final, Hitler coincidía en ellos, con la tónica de los políticos británicos y americanos de antes de la guerra, al reflexionar sobre los errores que habían conducido a la derrota.

La campaña contra Rusia era “inevitable”, decía. Su problema era haberla desencadenado en un momento poco adecuado. La guerra en dos frentes había sido un error, reconocía, pero la responsabilidad última era de americanos y británicos, con quienes habría sido posible llegar a un acuerdo.

“La guerra contra América es una tragedia”. “Ilógica y carente de todo fundamento”. Sólo la “conspiración judía contra Alemania” la había hecho posible.

Cargada de delirios, su mirada al futuro, contenía un pronóstico del mundo bipolar que se avecinaba: “Con la derrota del Reich y la aparición de los nacionalismos asiáticos, africanos y puede que sudamericanos, sólo quedarán en el mundo dos potencias capaces de confrontarse; Estados Unidos y la Rusia soviética. Las leyes de la historia y de la geografía, las empujarán hacia una prueba de fuerza, sea militar o económica e ideológica”.

El aparato de propaganda y relaciones públicas más formidable de la historia ha fabricado su leyenda sin apenas fisuras. Hollywood, la industria mediática en manos de magnates, los sistemas de alimentación oficial de esa industria y, por supuesto, el ejército de conformistas bien pagados encargado de transmitirla, han escrito la versión más conveniente. La historia es suya. Llegamos así al discurso de George Bush en la celebración del aniversario del desembarco.

Reivindicando lo único positivo que la intervención militar extranjera de Estados Unidos tiene en su haber en más de medio siglo, el Presidente vende su actual cruzada.

Obteniendo la merecida gratitud que los franceses, italianos, belgas y holandeses le deben al soldado Ryan, pretende mantener el vasallaje europeo ante la larga lista de crímenes impunes cometidos por el militarismo americano desde entonces.

El hombre que, según las encuestas, encarna la guerra y promueve la desestabilización global, para la mayoría de los europeos, habla hoy en Normandía de moral, de libertad y de principios, y recibe el tributo y el aplauso de los dirigentes de la “vieja Europa”.

La generosidad y el heroísmo de los 10.000 caídos en aquellas playas francesas sirve, así, para reivindicar su “guerra contra el terrorismo”, la destrucción de los frágiles rudimentos del derecho internacional y del control de armamentos, la agresión preventiva o “humanitaria”, el armamentismo y la banalización del uso del arma nuclear en guerras convencionales. Es el momento de recordar quién era el máximo representante de esas mismas tendencias en el mundo de hace 60 años.

La guerra no la ganó el soldado Ryan en Normandía, pero un indigno peligroso reivindica su gloria.

(*)Este texto se publicó en el Diario de Pekín el 4 de junio de 2004.

The post Aniversario en la vieja Europa: otra vez Normandía (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/aniversario-en-la-vieja-europa-otra-vez-normandia-13395/feed 29
Elecciones bajo la sombra de Ucrania https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/elecciones-bajo-la-sombra-de-ucrania-70740 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/elecciones-bajo-la-sombra-de-ucrania-70740#comments Sun, 25 May 2014 16:35:31 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=730 Al cierre de los colegios se constatará la inercial disciplina del rebaño europeo ante un retroceso de civilización De las dos elecciones celebradas hoy en Europa, la importante es la de Ucrania. Las sombras de Ucrania cubren el cielo sobre … Sigue leyendo →

The post Elecciones bajo la sombra de Ucrania appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Al cierre de los colegios se constatará la inercial disciplina del rebaño europeo ante un retroceso de civilización

De las dos elecciones celebradas hoy en Europa, la importante es la de Ucrania. Las sombras de Ucrania cubren el cielo sobre toda Europa, incluida la mamarrachada electoral de Bruselas en la que se ha hecho ver que todo sigue más o menos igual que siempre.

La prédica que ha venido haciendo estos días Rasmussen, el secretario general de la OTAN, pidiendo más dinero para “defensa” (guerra) en los países del Este, debe leerse sobre los datos de la “crisis”, es decir sobre el gran propósito involucionista en marcha en Europa para alterar lo que ha sido el fundamento del consenso europeo de posguerra y llevarnos a otro modelo de mucha mayor desigualdad e injusticia social que recuerda al del siglo XIX. Un retroceso de civilización.

Lo de Ucrania, que empezó en invierno sobre el triple vector de una protesta ciudadana contra la injusticia, una lucha entre oligarcas locales y un pulso geopolítico entre Euroatlántida contra Rusia, ya está completamente dominado y determinado por el tercero de esos vectores. La dignidad del movimiento ciudadano ucraniano se ha perdido por completo por el camino.

La rebelión de un importante sector de la población –ahora del Este- está siendo aplastada militarmente. Su contenido se reduce a la “mano rusa”, ignorando el sentir de millones de rusos de Ucrania y de ucranianos no hostiles a Rusia que desconfían de Euroatlantida. Por primera vez desde la autodisolución de la URSS, esos sectores no están representados. Cuatro candidatos han sido obligados a renunciar. En la Rada, los diputados que han cuestionado lo que se califica de “operación antiterrorista”, han sido agredidos. Se pide la ilegalización del Partido Comunista, que en absoluto es “quinta columna” de Moscú en Ucrania. Todo aquello que fue condenado en el Maidan como represión es ahora legítimo, incluido los mismos oligarcas con disciplina cambiada y una cifra de muertos más elevada, ya no a manos de antidisturbios sino del ejército. En lugar de fomentar un diálogo apaciguador, se apoya la represión (con directo asesoramiento occidental) para celebrar unas elecciones (¿qué garantías tiene su recuento?) que legitimen el cambio de régimen en Kiev.

El próximo presidente ucraniano será un oligarca -la séptima fortuna del país- cuya única diferencia con su predecesor será una servidumbre a Euroatlántida (Estados Unidos, la OTAN y la troika) mucho más disciplinada que el anterior tradicional equilibro. Roto este, por el cambio de régimen forzado desde Washington, Varsovia, Berlín y Bruselas, se precipitaron la anexión rusa de Crimea, la guerra en Ucrania Oriental,y significativos cambios de la orientación de Rusia hacia China.

Si la política interior del Imperio del Caos es la Gran Desigualdad, su política exterior europea es lo que se está viendo en Ucrania: una presión que desemboca en guerra. Son dos cosas que van unidas. En ese modelo no hay apenas lugar para la democracia de baja intensidad (aquella en la que el “demos” nunca decide nada esencial) pero sí hay un gran espacio para las ideologías agresivas y para la guerra.

Muy significativo ha sido el silencio occidental sobre la masacre de adversarios del gobierno de Kíev en Odesa el pasado 2 de mayo (por lo menos 50 personas abrasadas por sus contrincantes), la detención de periodistas de medios rusos en Ucrania Oriental, uno de ellos herido de bala, la muerte de un reportero italiano y la criminalización de la opinión que contiene el hecho de que uno de los rusos sancionados por Bruselas (“del entorno de Putin”) sea un periodista. Todos estos son datos que marcan la tendencia.

Las elecciones europeas han pedido el voto para esto. También para apuntalar todo aquello de lo que no se ha hablado a lo largo de la campaña; la amnesia en materia de Snowden y NSA, que sigan negociando con nocturnidad el acuerdo comercial entre la UE y Estados Unidos, que dará aún más poder a las grandes compañías sobre la política, que el Banco Central Europeo y la troika sigan con sus desastrosas políticas y que el poder financiero se mantenga incólumne mientras se atraca a las clases bajas y medias, es decir a la mayoría.

Por todo eso el gran misterio de estas elecciones no es la gran abstención –signo de elemental sentido común- sino esos millones y millones de ciudadanos que siguiendo la disciplina del gran rebaño continúan votando a favor de un programa, interior y exterior, que les promete ruina y contradice sus más básicos derechos e intereses.

The post Elecciones bajo la sombra de Ucrania appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/elecciones-bajo-la-sombra-de-ucrania-70740/feed 15
Putin incide en las dudas de Alemania https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/putin-incide-en-las-dudas-de-alemania-12576 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/putin-incide-en-las-dudas-de-alemania-12576#comments Fri, 09 May 2014 20:12:39 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=724 Un estatuto de neutralidad para Ucrania solucionaría el grueso de la actual crisis El ministerio de exteriores alemán acogió con satisfacción el gesto táctico de distensión lanzado el miércoles por el Presidente Putin. El ministro Frank-Walter Steinmeier, socialdemócrata, aplaudió el … Sigue leyendo →

The post Putin incide en las dudas de Alemania appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Un estatuto de neutralidad para Ucrania solucionaría el grueso de la actual crisis

El ministerio de exteriores alemán acogió con satisfacción el gesto táctico de distensión lanzado el miércoles por el Presidente Putin. El ministro Frank-Walter Steinmeier, socialdemócrata, aplaudió el “tono constructivo” y constató su importancia en “un momento decisivo” en el que, “todavía hay posibilidades de evitar diplomáticamente una nueva escalada de violencia y perder del todo el control sobre la situación en el Este de Ucrania”. En el ministerio se formulan dudas sobre si a medio plazo se podrán resolver las dos incógnitas de Ucrania; estabilizar su economía y mantener su integridad territorial.

Putin pidió el miércoles tres cosas; “el cese de todas las operaciones militares y punitivas en el sur este de Ucrania”, la “libertad de todos los presos políticos”, e “iniciar un diálogo directo entre las autoridades de Kíev y los representantes del sur-este”. Como señal de distensión Putin propuso que los rebeldes renuncien al referéndum convocado para el domingo y añadió, que, aunque las elecciones convocadas para el 25 de mayo por Kíev “no resolverán nada” si no se garantizan los derechos de toda la población del país, éstas, “son un paso en la dirección correcta”.

La respuesta de Angela Merkel ha sido más dura que la de su ministro de exteriores. Putin, “contribuye poco a la distensión efectiva de la peligrosa situación” y su gesto, “no manda una señal inequívoca sobre la dirección” que va a tomar el gobierno ruso a partir de ahora, ha dicho.

Aunque la llamada al diálogo directo entre Kíev y los rebeldes la suscribe la OSCE y la propia canciller Angela Merkel, que habla tímidamente de organizar una “mesa redonda”, Kíev rechaza tanto ese diálogo como cualquier sugerencia de alto el fuego: “la operación antiterrorista continuará independientemente de la decisión de tal o cual grupo terrorista de la región de Donetsk”, dijo el mismo día el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania, Andri Parubi, al que Moscú señala como un hombre de Estados Unidos y responsable de la oscura masacre de ciudadanos y policías a cargo de francotiradores el pasado 20 de febrero en Kíev. Washington, que tiene a “decenas” de agentes de la CIA y del FBI en Kíev asesorando el aplastamiento de la rebelión que ha estallado en el Este de Ucrania, apoya, evidentemente lo que en otras latitudes (Libia, Siria) se condenaría como, “el empleo del ejército contra la propia población” y se utilizaría como pretexto de “intervención humanitaria”.

A lo largo del pasado invierno, el empleo no ya del ejército sino de la policía antidisturbios para reprimir la protesta del Maidán en Kíev, mereció todo tipo de condenas y solidaridades de parte de los gobierno auroatlánticos. Una vez consumado el cambio de régimen sin mediar elecciones los acentos han cambiado. En Odesa se ha producido una masacre espantosa en la que las víctimas han sido –inoportunamente- adversarios del gobierno atlantista de Kiev, así que el asunto, que habría sido un horrible crimen en otro escenario, se ha jugado a la baja. El uso del ejército y de los blindados contra los rebeldes, “es una respuesta razonable, proporcional, y, francamente, es lo que cualquiera de nuestros países haría ante una amenaza semejante”, dice la embajadora de Obama ante la ONU, Samantha Power.

El sentido del gesto de distensión lanzado por Putin es animar a Alemania a desmarcarse de Washington. El objetivo de Estados Unidos en el actual conflicto es forzar una invasión militar rusa de Ucrania Oriental. La lógica de ese propósito es clara.

Incluso en las regiones sur orientales más críticas y beligerantes con el gobierno de Kíev, al día de hoy ni la partición de Ucrania ni una anexión de algunas de sus regiones a Rusia, como sucedió con Crimea, tienen apoyo mayoritario. Una intervención militar rusa en Ucrania sur-oriental, bien para impedir la masacre de la población local, bien con propósitos anexionistas, daría lugar a respuestas armadas antirusas de signo contrario a las que hoy se están produciendo. El Kremlin lo sabe y no tiene intención de crearse un Afganistán en casa. Al mismo tiempo, la situación es muy volátil y a medio y largo plazo no puede excluirse que la misma acción que hoy se rechaza sea profundamente deseada mañana por la población. Por eso, se dice en Moscú, Rusia debe estar preparada para todo

Una implicación militar rusa en Ucrania sur-oriental cohesionaría sin duda a la OTAN, pero el escenario caótico que se propicia desde Washington, no interesa en Alemania. Por eso Berlín está en el punto de mira de la diplomacia del Kremlin.

Rusia es un cliente importante de la exportación alemana. El gas ruso no solo resuelve más del 30% de la demanda de gas de Alemania, sino que es clave para la realización de la principal estrategia de reconversión nacional en la actual crisis, el “Energiewende”, con su objetivo puntero de reducir drásticamente el uso de carbón y despedirse de las nucleares. El liderazgo político de Alemania en Europa, cuyo motor es la economía, casa mal con las aventuras de sanciones que animan Estados Unidos y sus corifeos polacos.

El precario crecimiento alemán camina sobre cáscaras de huevos. La previsión para el primer trimestre de 2014 es un crecimiento del 0,6%, y de entre un 1,7% y un 1,9% para el conjunto del año. En marzo, las exportaciones alemanas cayeron un 1,8% respecto al mes anterior. Unido al enfriamiento chino, el caos en Ucrania con una nueva guerra fría con Rusia no solo acabaría con esos pronósticos sino que probablemente condenaría a Alemania a la recesión.

Moscú comprende así la situación e incide en ella con la esperanza de torcer lo que ve como traca final de veinte años de abuso y expansionismo político-militar atlantista a costa de sus intereses (1).

“Obama está dispuesto a declarar la guerra a Rusia, sino hasta el último soldado del Bundeswehr (ejército alemán), si por lo menos hasta el último empresario alemán”, dice Sergei Kuznetsov, un ex diplomático ruso en Kíev, en un artículo publicado el jueves en la página rusa “Rossia v globalnoi Politike”. “Está en marcha una presión sin precedentes sobre la Unión Europea para “romper” a Alemania y destruir las relaciones económicas entre Europa y Rusia”, señala Kuznetsov. Hay que ver si se mantiene la sumisión a los intereses de Estados Unidos o si se opta por una cooperación mutuamente ventajosa en el continente, en cualquier caso, “como locomotora política y económica de Europa, Alemania tiene en eso la principal responsabilidad”, concluye. Pasado por el filtro de 20 años de decepciones, ese punto de vista expresa aún cierto anhelo del Kremlin por alcanzar un “modus vivendi” razonable con Europa, algo que muchos en Moscú ya dan por perdido.

Alemania está dividida en esta encrucijada. El sector político más duro y belicista, desde los verdes hasta la CDU, con gran apoyo en la prensa, se inclina a favor de la política de sanciones y la escalada “de firmeza” sugerida desde Washington y Varsovia. Pero la patronal y la industria, así como los sectores herederos del diálogo de la Ostpolitik de los setenta se preguntan, “por qué Europa no sale de la sombra de Estados Unidos y desarrolla un acuerdo de principios con Rusia”, como ha dicho el diputado Hermann Winkler, que habla más de economía que de estrategia política: “tenemos 6200 empresas alemanas en Rusia que han invertido 20.000 millones, del comercio ruso dependen unos 300.000 puestos de trabajo”, recuerda.

Entre ambas posiciones el embajador Wolfgang Ischinger, presidente de la Conferencia de Seguridad de Munich, que expresa intereses atlantistas y a la vez industriales, constata que “el edificio de la seguridad europea” ha crujido con Ucrania y que hay que “empezar una nueva discusión sobre la arquitectura de la seguridad” en el marco de la OSCE. Esa organización es la única de ámbito verdaderamente continental. Fue la OSCE, en su Conferencia de París de noviembre de 1990, la que cerró el pacto del fin de la guerra fría, violado por Euroatlantida y que desde Moscú se ha venido reivindicando con resultado cero desde entonces. Ischinger dice que “a dos o tres años vista” hay que “preparar el terreno para un nuevo entendimiento estratégico entre Moscú, la UE y Estados Unidos”.

Alemania, a quien la eurocrisis le ha venido manifiestamente grande, bascula ahora entre las prioridades de su economía y las diferentes opciones estratégicas agresivas basadas en la inercia de la guerra fría, el servilismo hacia Washington y la rusofobia.

Bastaría con garantizar la neutralidad y el no alineamiento militar de Ucrania para acabar con esta crisis inducida por el Imperio del Caos. Con eso garantizado internacionalmente, el dialogo interno en Ucrania se facilitaría, tanto desde dentro como desde fuera del país, lo contrario de lo que ocurre ahora. Esa es la “finlandización” que mencionan desde ex agentes de la “comunidad de la inteligencia” y gente como Henry Kissinger en Estados Unidos, hasta todo tipo de cualificados observadores -en general con poco acceso a medios de comunicación- en Europa. Un líder europeo con cierta categoría y visión podría desencadenar una solución así. Sin duda, demasiado para Merkel, Hollande y compañía.

Nota:
(1)Recordemos, una vez más, que esta crisis no comenzó con la irregular anexión rusa de Crimea. Esta crisis empieza en el mismo fin de la guerra fría, cuando se pisotean los acuerdos alcanzados con Gorbachov y un bloque militar adversario de Rusia en lugar de disolverse o reformarse se expande a lo largo de veinte años, derribando, una tras otra, todas las líneas rojas y objeciones que Moscú ponía, alegando sus siempre ignorados intereses vitales. Forzar el alineamiento y la disciplina occidental de Ucrania, objetivo del cambio de régimen de febrero en Kíev -logrado a caballo de otros factores como son el descontento ciudadano por la corrupción y la injusticia, así como la lucha entre diversos grupos oligárquicos del país,- fue el último capítulo de esa apisonadora cuyas dos patas son el ingreso de Ucrania en la OTAN (rechazado por la mayoría de la población según todas las encuestas conocidas hasta el momento) y un tratado de asociación que la Unión Europea presentó en noviembre como un ultimátum al gobierno de entonces. Aquel acuerdo excluía la fundamental relación económica con Rusia. En los ámbitos de la seguridad y la política exterior, la UE ponía al país en línea hacia el ingreso en la OTAN. Como dice Diana Johnstone, “hay que respetar el derecho de los ucranianos a no ingresar en la OTAN”.

The post Putin incide en las dudas de Alemania appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/putin-incide-en-las-dudas-de-alemania-12576/feed 7
La guerra en Ucrania es la última aportación del Imperio del Caos a la crisis (*) https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/la-guerra-en-ucrania-es-la-ultima-aportacion-del-imperio-del-caos-a-la-crisis-82418 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/la-guerra-en-ucrania-es-la-ultima-aportacion-del-imperio-del-caos-a-la-crisis-82418#comments Mon, 05 May 2014 10:15:12 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=720 -Estados Unidos-Unión Europea y Rusia se amenazan con una política de sanciones económicas. ¿Es el anticipo de una nueva “guerra fría” o son demasiados los intereses económicos cruzados? Primero una puntualización: Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia no “se … Sigue leyendo →

The post La guerra en Ucrania es la última aportación del Imperio del Caos a la crisis (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
-Estados Unidos-Unión Europea y Rusia se amenazan con una política de sanciones económicas. ¿Es el anticipo de una nueva “guerra fría” o son demasiados los intereses económicos cruzados?

Primero una puntualización: Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia no “se amenazan”. Son los dos primeros los que amenazan e imponen sanciones a Rusia, que promete responder si sobrepasan cierto límite. En este conflicto es importante comprender quien tiene la iniciativa. Todo esto no empezó con la anexión rusa de Crimea tras un referéndum apoyado por la inmensa mayoría de la población. En segundo lugar: el hegemonismo de Estados Unidos, es decir la doctrina de que todo el planeta es su zona de influencia, hace que la defensa de los intereses rusos en la misma frontera inmediata de Rusia, en lo que históricamente es su propia tierra, sea visto como desafío. Respecto a la interrelación económica: La historia sugiere que la tupida red de intereses económicos y financieros interrelacionados nunca impidió la guerra. Esa red ya se mencionaba para descartar como quimera el estallido de una guerra en Europa en el verano de 1913, así que hay que estar extremadamente alerta en estas situaciones que empiezan como bravuconadas…
En lo que respecta a la guerra fría, la simple realidad es que nunca terminó. En la tensión bipolar, el “comunismo” solo era el envoltorio ideológico-justificativo de la lucha contra todos aquellos países que afirmaban una conducta autónoma en el mundo, independiente o no alineada con el bloque occidental, es decir la tríada formada por Estados Unidos, las potencias europeas y Japón. Por eso, esa presión ha continuado después de la caída del comunismo. Hoy los escenarios de una gran guerra pueden vislumbrarse en la tensión entre diversos “imperios” y poderes emergentes; Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, por un lado, y China, Rusia, y otros Brics, en diversas combinaciones. El motivo es el de siempre, la lucha por los recursos escasos y menguantes, el desarrollo desigual, el hegemonismo y el imperialismo, es decir el dominio de unas naciones o grupos de naciones sobre otras. No quiero decir que la guerra sea inevitable. Simplemente se constata que históricamente ha sido el desenlace de muchas crisis y competencias como las ahora vividas por esta orquesta de “imperios combatientes” bajo la batuta del Imperio del Caos occidental, que es el más responsable del atolladero hacia el que se dirige la humanidad.

-¿Qué bloque consideras que es el que dispone de mayor potencial o, dicho de otro modo, es menos dependiente a la hora de entablar un conflicto?

Por más que comprenda el desagrado y la antipatía que los regímenes de países como Rusia o China puedan provocar en el público, tengo muy pocas dudas acerca de que la política exterior de esos dos países es mucho menos agresiva y mucho más cooperativa y razonable que la del Imperio del Caos. Salvo raras situaciones (la agresión China a Vietnam, y hasta cierto punto –por sus considerables atenuantes- la aventura soviética en Afganistán), en Pekín y Moscú predomina una actitud mucho más defensiva que ofensiva: solo atacarían si se les acorrala o invade. Mucho de esa actitud tiene que ver con la intensa experiencia de agresiones bélicas vividas por ambos países. Todo eso es completamente diferente en la tradición europea que Estados Unidos prosiguió con gran energía hasta nuestros días. Hay que decir que en la guerra fría, ni las bombas A y H, ni el bombardero o submarino estratégico (es decir capaz de portarlas y lanzarlas a miles de kilómetros), ni el misil intercontinental, ni la multiplicidad de cabezas nucleares en un misil, ni la doctrina del primer golpe, ni la militarización del espacio, ni tantas otras cosas, fueron iniciativa de la URSS. Moscú siempre llegó a todas esas locuras como respuesta a la tecnología de su adversario. Ahora pasa lo mismo con el avión invisible o con los drones… En el caso de China este aspecto es aún más evidente y merece una explicación específica.
China tiene casi el mismo arsenal nuclear que tenía en los años ochenta (equivalente al potencial del Reino Unido y sin gran preocupación por su modernización) y es el único país que mantiene una promesa en su doctrina de no usar nunca esas armas si no es atacada. Más allá de la leyenda que venden los medios de comunicación, la respuesta china al creciente cerco militar del que está siendo objeto es claramente defensiva: anular los satélites del adversario para cegar su armada.
En enero de 2007 asistí a un evento extraordinario: China destruyó uno de sus propios satélites de comunicaciones con un misil. La explosión incrementó en un 10% el tráfico de fragmentos acumulados en el espacio. Casi sesenta años de exploración espacial han creado una enorme presencia de cacharrería en el espacio. Por el peligro que esa basura espacial representa para la navegación orbital (a la extraordinaria velocidad que circula, el más pequeño fragmento se convierte en un arma cinética capaz de atravesar el material más duro al impactar) en Estados Unidos hay un instituto exclusivamente dedicado a su seguimiento. Con aquella explosión, que tuvo una interpretación muy confusa, China lanzó el meridiano mensaje de que puede anular la potencia de fuego de Estados Unidos, cuyo talón de Aquiles es su dependencia en la tecnología, concentrándose en anular recursos informáticos y espaciales. Sin recursos orbitales de posicionamiento global (gps) no hay bombas inteligentes, la gran armada imperial quedaría cegada y necesitaría exponerse a riesgos, complicando el habitual escenario de guerras sin riesgo para el agresor…
Es verdad que China depende cada vez más de materias primas y recursos lejanos, pero el hecho es que al día de hoy su ejército no es adecuado para aventuras exteriores ni está orientado para ello. Y el ejército chino está claramente subordinado a la esfera política, cosa mucho más discutible si hablamos del complejo militar-industrial y de lo que el Pentágono representa en el sistema de EE.UU.
Lo que estamos viendo ahora en el Mar de China, en la disputa territorial con Japón, etc., se parece mucho a lo que ocurre en Ucrania: tanto Rusia como China están diciendo que no piensan conformarse a ser avasallados en sus fronteras más inmediatas, con la expansión de la OTAN en un caso y el aumento de la presencia militar americana y japonesa en su barbas en el otro, en ambos casos con despliegue de un cinturón de misiles (el llamado “escudo”) cuya naturaleza es claramente ofensiva porque está destinado a anular recursos estratégicos. Estas “líneas rojas” no son “expansionismo”, como afirma la propaganda, sino reacciones a una presión militar en aumento. Esta es la dialéctica de “imperios combatientes” en la que nos estamos metiendo. Una vez más: hay que comprender de donde parte la iniciativa para estos conflictos.

-La configuración de un eje Rusia-China, bien definido, opuesto al bloque Estados Unidos-UE, ¿es todavía una ilusión geopolítica por la mezcla de intereses o puede convertirse en realidad?

La crisis de Ucrania ofrece una buena atalaya para responder a esto. Desde Estados Unidos y desde la Unión Europea se habla ahora mucho de castigar a Rusia en el ámbito energético. Moscú genera el grueso de su ingreso nacional exportando gas y petróleo. Alemania depende en un 30% de su suministro del gas ruso y otros países europeos aún más, así que cortemos esa dependencia para asfixiar a Rusia, se dice. Espoleada por la histeria polaca y la geopolítica americana –ambas estrechamente coordinadas- en Bruselas esta tesis se ha ido abriendo paso. El problema es que el resultado obliga a Moscú a profundizar sus intercambios energéticos con Asia, lanzando nuevas ofertas a China, Japón y Corea del Sur. La relación de Rusia y China es complicada y contiene mucha desconfianza por ambas partes, pero la complementaridad es obvia: por un lado a Rusia la echan de Europa, por el otro China constata los problemas de su suministro energético por rutas marítimas controladas por la armada del imperio adversario. Un suministro terrestre y estable desde Rusia está cargado de sentido tanto para Moscú como para Pekín. Sin embargo, en buena lógica Rusia prefiere abrir y diversificar su oferta de energía hacia todo el Oriente, incluyendo a Corea del Sur y Japón. Pero estos dos países son aliados de Estados Unidos y Washington los presiona para no desarrollar ese vector. El problema es que con ello Washington contribuye a forjar una fuerte relación energética de Rusia exclusivamente con China, lo que significa cimentar un bloque… Estas son tendencias muy contradictorias que hay que observar.
China nunca ha querido suscribir la lógica de los bloques y Rusia sale de la agotadora experiencia histórica del mundo bipolar en la que sacrificó el bienestar y desarrollo social de su población al mantenimiento del pulso militar con un adversario mucho más poderoso y agresivo que ella. Pero la lógica de poder y dominio del Imperio del Caos empuja hacia este tipo de irracionalidades. Sería mucho mejor que se abriera paso un orden internacional basado en el consenso multipolar – arbitrado por una ONU reformada y más representativa de la correlación de fuerzas global- enfocado a la resolución de los retos del siglo (calentamiento global, recursos, sobrepoblación, desigualdad…), pero por desgracia la humanidad persevera en su prehistoria y la estupidez de la formación de nuevos bloques enfrentados es lo que se está abriendo paso.

-En algún artículo has recogido la acuñación “kaganato”, del analista Pepe Escobar. ¿Podrías resumir su sentido y decir si la compartes como categoría de análisis?

Me gustó ese concepto que Pepe Escobar utilizó como simple recurso periodístico para Ucrania por varias razones. La vicesecretaria de Estado norteamericana Victora Nuland que se ocupa de la política para Europa del Este–la del célebre “Fuck the EU”- está casada con Robert Kagan, un famoso “estratega” neocon de la quimérica administración Bush. Esa señora diseñó el fiasco ucraniano desde el mismo recetario ideológico de su marido. El resultado fue la gran cagada. Por eso lo del “kaganato” me gusta también por razones fonéticas. Últimamente la política exterior de Estados Unidos va de una cagada criminal a otra -¿cómo definir la intervención en Afganistán o lo de Irak, y lo de Libia y lo de Siria…? – así que lo de Kiev, el kaganato de Kiev, llevar al poder a un gobierno que rompe el equilibrio y el consenso tradicional de Ucrania y provoca el inicio de una guerra civil para integrar el país en la OTAN, es el último capítulo de una larga serie. Suena hasta gracioso, pero es muy dramático: el siglo XXI, simplemente, no puede con tanta irresponsabilidad.

-Respecto a la intervención liderada por Putin en Crimea y el rol desempeñado en el conflicto ucraniano, ¿ha servido para legitimar su figura política ante la población rusa? ¿Observas elementos de proyección exterior para resolver conflictos internos en Rusia?

Toda política exterior tiene repercusiones interiores, en la imagen de firmeza y éxito de sus líderes, etc., ese aspecto existe en el caso que nos ocupa, pero no en la forma en que se sugiere en Occidente: Putin buscando laureles guerreros para consolidarse. Formulemos la pregunta a la inversa: ¿Qué habría pasado si Putin no hubiera hecho nada? Media Ucrania, incluidos diez millones de rusos y otros muchos millones de ucranianos que no ven a Rusia como adversario, es decir la mayoría del país, habría quedado metida en un régimen sometido a toda una serie de opciones ajenas, desde el ingreso en la OTAN (rechazado por la mayoría de los ucranianos en todas las encuestas de los últimos veinte años), hasta la terapia de choque neoliberal y las recetas económicas europeas a la medida de las grandes empresas occidentales. En algunos años, las bases de la flota rusa en Crimea habrían pasado a ser ocupadas por Estados Unidos, sobre eso hay pocas dudas. En ese contexto ¿cómo habría quedado Putin? Para cualquiera que sepa un poco de historia rusa el resultado es obvio: Putin habría sido el tercer factor del retroceso ruso. La diferencia es que si con Gorbachov se perdió una zona, digamos, “imperial exterior”, lo que no estuvo mal porque el imperio corrompe al imperialista, y con Yeltsin una buena parte del “imperio interior”, lo que con una buena administración tampoco tenía por qué ser tan negativo como fue, este retroceso habría sido en tierra ancestral rusa: toda Rusia y media Ucrania lo habría vivido como una catástrofe nacional. Así que en Ucrania Putin se juega su supervivencia. Pero todo esto –y este es el punto fundamental- no lo ha desencadenado Putin ni Rusia, como sugieren nuestros periódicos y nuestros expertos (hay que ver siempre quién paga los “centros de estudios estratégicos” donde trabajan tales expertos), sino que ha sido el último movimiento de un proceso de 20 años arrinconando a Rusia, prosiguiendo la guerra fría tras su final e ignorando los intereses más básicos de Moscú. En lugar de respetar el espíritu del documento que puso punto final a la confrontación Este/Oeste, la Carta de París para una Nueva Europa de noviembre de 1990, la OTAN, un bloque militar contra Rusia, continuó con más de lo mismo. Aquel documento, así como los “pactos entre caballeros” que Gorbachov alcanzó en el contexto de la reunificación alemana, prometían una “seguridad continental integrada” en la que la seguridad de unos países no se realizaría a costa de la seguridad de otros. En lugar de eso hemos tenido expansión de la OTAN hacia el Este, el favorecimiento de la implosión -en lugar de la conciliación- de Yugoslavia, el único espacio no alineado que quedaba en Europa tras el fin de la guerra fría, el escudo antimisiles, la retirada del acuerdo antimisiles (ABM), la quimera del escudo antimisiles, la integración en la OTAN de las ex repúblicas soviéticas y al final el asunto del kaganato de Kiev. Después de veinte años metiéndole el dedo en el ojo, el oso ruso ha dado un zarpazo y todo le acusan de “imperial”. Solo los necios ajenos a las realidades de veinte años de política antirrusa en Europa pueden sorprenderse de esa reacción.
-Analistas europeos y estadounidenses hablan a menudo de las ambiciones euroasiáticas de Putin. ¿Son acusaciones propagandísticas? ¿A qué se refieren?
Putin quiere integrar económica y políticamente su entorno inmediato. El sentido de la operación es muy claro: crear un mercado de más de 200 millones capaz de figurar en el mundo de una forma independiente. El problema de esta integración es el poco atractivo social y popular que tiene el régimen de capitalismo oligárquico ruso (versión local de lo que tenemos en Europa, pero más bruto). Con su actual régimen Rusia no es atractiva para las poblaciones de su entorno. Ese es su gran talón de Aquiles porque condena a que la integración sea una operación de elites sin verdadero gancho popular. Tal como están poniéndose las cosas la situación de la Unión Europea, cada vez más autoritaria y antisocial, va por el mismo camino…En cualquier caso, el calificativo “ambición”, es exactamente igual de aplicable a la Unión Europea. Ahí está esa nueva Alemania que levanta cabeza a la par con las ínfulas neoimperiales de la UE y que está desmontando pieza por pieza el muy sentido y más que razonable antibelicismo de la sociedad alemana…

-¿Qué rol desempeñan actualmente la extrema derecha y el nazismo en Ucrania? ¿Puede decirse, sin temor a simplificaciones, que han sido directamente apoyados, incluso financiados por Estados Unidos y la Unión Europea?

Los grupos de extrema derecha fueron la fuerza de choque del movimiento popular civil que arrancó en el Maidán de Kíev con apoyo occidental. Esos grupos formaron el grueso de la fuerza paramilitar que primero complicó e impidió que la protesta fuera disuelta por los antidisturbios y luego hizo posible el cambio de régimen auspiciado por Estados Unidos y la UE, derrocando a un presidente electo, corrupto y desprestigiado, y colocando en su lugar a otro gobierno oligárquico, prooccidental y con gran influencia de la extrema derecha. Por lo menos una quincena del centenar de muertos registrados en Kiev en enero y febrero fueron policías, algunos de ellos a manos de elementos armados de extrema derecha.
El nacionalismo de extrema derecha de esos grupos con una considerable tradición y base social en Ucrania Occidental, en la región de Galitzia, pero muy rechazados en el resto del país siempre fue, históricamente, apoyado por Occidente. Desde los años veinte las organizaciones de choque del nacionalismo ucraniano en Galitzia (la UVO fundada en 1920, la OUN en 1929) estuvieron a sueldo del Abwehr, el espionaje militar alemán, que las orientaba al principio contra Polonia y luego contra la URSS, según su conveniencia. La historia del nacionalismo ucraniano en Galitzia es compleja en sus circunstancias, pero su colaboracionismo con los nazis es un hecho, pese a que en algún momento también lucharon contra ellos (además de contra la Armia Krajowa polaca y, sobre todo, contra el NKVD de Stalin y el ejército soviético). Concluida la guerra, el Ejército Insurgente Ucraniano de Stefan Bandera (UPA, fundado en 1943 durante la ocupación nazi), se convirtió en un instrumento de la CIA que estuvo armando y lanzando paracaidistas sobre Ucrania en acciones de sabotaje hasta bien entrados los años cincuenta. El cuartel general del UPA estuvo en Munich, donde en 1959 el KGB logró asesinar a Bandera… En términos generales podemos decir que hoy esa tradición continúa: Dos meses antes del inicio del Maidán, Polonia formó a un grupo de 86 activistas del grupo neonazi “Pravy Sektor”, camuflados como estudiantes, en una instalación policial, según reveló recientemente la revista polaca Nie. El National Endowment for Democracy (NED), en la órbita de la CIA, ha financiado estos últimos años 65 proyectos en Ucrania. La propia señora Nuland explicó a principios de año que Estados Unidos se había gastado 5000 millones de dólares para promocionar el cambio de régimen en Kiev. Alemania invitó en febrero a la plana mayor de la oposición polaca a la Conferencia de Seguridad de Munich, el cónclave atlantista en el que sus ministros anunciaron una política exterior más activa con un intervencionismo militar exterior sin complejos… Es mucho lo que no sabemos, incluido en materia de los francotiradores que el 20 de febrero, víspera del cambio de régimen, masacraron a policías y manifestantes en Kiev, pero la tendencia general de la actuación occidental y del apoyo a esos elementos ha sido clara.
Lo que estamos viendo estos días es un verdadero espectáculo: aquellos ministros y primeros ministros de Polonia, Estados Unidos, Alemania y los países bálticos que en 47 ocasiones hicieron acto de presencia en el Maidán animando a los rebeldes contra un gobierno electo (“el mundo libre está con ustedes”, resumió el senador McCain) y condenando la violencia de los antidisturbios, son los mismos que aplauden ahora la “operación antiterrorista” contra los que no aceptan al nuevo gobierno atlantista y se rebelan o protestan en el Este y Sur de Ucrania. El gobierno anterior fue criticado y amenazado por usar la fuerza antidisturbios, pero estos están usando al ejército. El mismo viernes 2 de mayo en que en Odesa morían abrasadas y asfixiadas más de 40 personas, incluidas mujeres y un diputado, en el incendio de un edificio a manos de los partidarios del gobierno de Kíev, Obama y Merkel amenazaban a Putin con más sanciones sin decir nada al respecto, mientras los medios de comunicación occidentales miraban hacia otro lado, sin evocar apenas el suceso o informando de que el edificio (en el que se habían refugiado activistas de la oposición después de que su cercano campamento hubiera sido arrasado) “se incendió”. Estoy convencido de que ambos bandos (en marzo conocí personalmente a sus actores en las calles de Odesa) son por igual capaces de tal barbaridad. Aquí no se trata de hacer juicios morales contra uno u otro bando, sino del derecho a una información decente. Creo que a partir de ahora este tipo de indecencias va a ser crónica en nuestros medios de comunicación…

-En algún artículo has comentado que la anexión de Crimea puede ser, a pesar de lo que pudiera indicar un análisis superficial, compleja y despertar recelos entre poblaciones y gobiernos (para entendernos) “rusófilos”. ¿A qué te refieres?

Es un hecho de que, al día de hoy, en las regiones ucranianas más rusófilas y hostiles al nuevo gobierno proocidental de Kíev, domina el deseo de mantener Ucrania unida y cierto desagrado hacia la anexión militar de Crimea por parte de Rusia. Ese sentir, unido al hecho de que el régimen ruso carezca de todo elemento alternativo en lo social y popular, así como al deseo absolutamente mayoritario de paz y de rechazo a la violencia, crea un ambiente delicado para Rusia. Si la anexión de Crimea fue una partida de ajedrez rápida e incruenta que contaba con el apoyo del grueso de la población de la península, lo que se está librando ahora en Ucrania sur-oriental es un juego más lento, a largo plazo y con mucho más riesgo. La base social de la protesta rebelde en el Este de Ucrania y su programa política (federalismo, referéndums, proclamación de “repúblicas populares”, secesionismo…) es algo que aún se está cociendo. La situación es mucho más incierta y abierta que la que hubo en Crimea. Las grandes guerras comienzan muchas veces con pequeñas escaramuzas y “operaciones antiterroristas” como las que se observan estos días en la región de Donetsk, Lugansk o Járkov. En otras regiones como las costeras de Odesa y Nikolaievsk, hubo menos actividad rebelde entre otras cosas porque en marzo y abril se detuvo a los cabecillas prorusos, pero pese a la intensa propaganda sectaria de los medios de comunicación ucranianos (que no se diferencian en nada de los rusos) y a la moderación que domina por ejemplo en Odesa, la situación puede cambiar radicalmente con barbaridades como las del viernes 2 de mayo, obligando a tomar partido y sumarse a la bronca –hoy minoritaria- a unos y otros.
Hoy, una invasión militar rusa del este y sur de Ucrania es impensable. La población no la apoyaría. Sin embargo, a medio y largo plazo la situación puede cambiar de forma radical, dependiendo del nivel de torpeza y violencia que muestre el gobierno de Kiev en su intento de recuperar por la fuerza el control de las regiones rebeldes (donde la presencia de la inteligencia militar rusa –GRU- es evidente), en lugar de negociar y comprender que no se puede gobernar Ucrania contra Rusia y pretender que haya estabilidad en la mitad rusófila del país. Otro factor de cambio del sentir popular es la terapia de choque que el gobierno de Kiev quiere aplicar, de acuerdo con la receta europea y del FMI. Cuando los jubilados tengan que dedicar toda su menguada pensión a pagar la cuenta de la calefacción, y las empresas y fábricas se cierren en aras de una racionalidad cuyo norte es hacer lugar a la empresa occidental, el rechazo a una invasión militar rusa puede mudarse en un clamor a su favor. Moscú no desea tal invasión del Sur y del Este de Ucrania, entre otras cosas porque supondría la aparición de movimientos armados antirrusos en toda la zona, pero, por razón de esa volatilidad, al mismo tiempo debe prepararse para tal eventualidad. Eso es precisamente lo que ha dicho Putin. El escenario máximo es empalmar territorialmente la región de Pridniestrovia, en Moldavia, con el resto de Rusia, anexionándose todo el sur y el este de Ucrania, desde Odesa hasta Jarkov, lo que históricamente se conoce como “Nueva Rusia” o “Pequeña Rusia”. Eso convertiría a la Ucrania independiente en un estado continental geopolíticamente irrelevante y resolvería por completo la posición geoestratégica de Rusia en la región. Como digo, hoy tal escenario es impensable para Moscú. Que suceda o no depende de la actitud de Estados Unidos y de la Unión Europea. Tengo la impresión de que Estados Unidos quiere que Putin invada militarmente el sur-este para crearle un Afganistán en casa. Es el tipo de locuras criminales que hemos visto practicar en Irak, Libia, Siria y tantos otros lugares, así que no hay que extrañarse por ello. Si en Bruselas y Washington hubiera buena voluntad, la energía se concentraría en tres aspectos: garantizar la autonomía y los derechos de la población de Ucrania sur oriental, por lo menos la mitad del país, renunciar a plantear el vínculo político-económico entre Ucrania y Occidente como algo incompatible con los vínculos político-económicos de ese país con Rusia (ese era el problema de la Asociación Oriental diseñada por la Unión Europea), y desde luego garantizar la neutralidad y el no alineamiento militar contra Rusia de Ucrania, es decir que ese país nunca entre en la OTAN. De momento no veo ningún indicio en esa dirección. Estados Unidos y la OTAN refuerzan su presencia militar en el Este de Europa, Francia apenas está en este asunto, Alemania ha enviado una misión de espías militares de su Bundeswehr camuflados como “observadores de la OSCE” (que, naturalmente, fueron detenidos durante una semana, señal inequívoca de Moscú a Berlín) y Polonia pide sangre y mano dura… Así, jugando con fuego ha comenzado el incendio.

-El conflicto entre grandes bloques (pro-Occidentales y pro-rusos), ¿se reproduce y concreta también en las repúblicas exsoviéticas del Asia Central? ¿Puedes delimitar, a grandes rasgos, los dos bandos, si los hay?

El verdadero efecto que la respuesta rusa en Ucrania tiene en el espacio postsoviético es otro: tanto en Bielorrusia como en Kazajstán se recela de cualquier política anexionista de Moscú. Gran parte de la población de Kazajstán es rusa y ambos países pueden temer por su soberanía e integridad territorial. Rusia debe ser muy cauta y cuidadosa en su relación con ellos. Lukashenko ya ha mostrado claramente su desagrado. En Asia Central actúa el factor de China y de la Organización de Seguridad y Cooperación de Shanghai, por lo que Occidente tiene allí menos posibilidades de intervención y desestabilización.

-Polonia, Países bálticos, República Checa…¿Qué papel desempeña la Europa Central y del Este en este tablero global?

Son los vasallos más entusiastas de la geopolítica americana en Europa. De todos ellos, Polonia es el más beligerante en Ucrania. Es un país que solo presenta su historia de sufrimiento y maltrato de parte de Rusia, ocultando su papel imperial y sus ambiciones en Ucrania. Vista desde Rusia, Ucrania y Bielorrusia, la historia de Polonia tiene lecturas y memorias muy diferentes a la de Katyn y el reparto del país. Hay que recordar, por ejemplo, el programa de Pilsudski de recrear en los años veinte la gran Polonia “de mar a mar” (del Báltico al Negro), o que en vísperas de la segunda guerra mundial Polonia y la Alemania nazi pactaron la desmembración de Checoslovaquía antes del pacto Molotov-Ribbentrop… Gracias a su histeria antirusa, Polonia es hoy un país importante en la UE. La tensión hacia el Este y su entusiasta servidumbre hacia Washington, otorga peso a Varsovia en la UE. Estados Unidos saca un buen partido de todos esos países comprensiblemente recelosos del oso ruso. No es casualidad que en la prevista visita de Obama a Europa en junio, la primera escala vaya a ser Varsovia. Por lo demás, la Europa Central y del Este es fundamentalmente un patio trasero de las grandes empresas occidentales, especialmente alemanas, y una especie de espacio colonial interior de la UE: mano de obra barata y apoyos políticos a un proyecto europeo involutivo y militarista.

-Por último, ¿Cómo evalúas la acción de los medios informativos europeos y estadounidenses respecto al “polvorín” ucraniano? ¿Consideras que han sido “militantes”? Si es así, ¿Has observado excepciones?

En lo que respecta a la prensa alemana, que es la que más sigo por residir en Berlín, la actitud ha sido la habitual: toda la responsabilidad es de Rusia, especialmente de su diabólico presidente ex agente del KGB. No existen los veinte años ignorando los intereses de seguridad de Rusia, en los que Moscu ha ido proponiendo alternativas siempre ignoradas por los medios de comunicación y por tanto desconocidas por el público, y domina la petición de respuestas enérgicas para solucionar la situación, etc. Repasar los titulares de la prensa de esta semana sobre la intervención militar de Kíev contra los rebeldes del Este o sobre la masacre de Odesa, es lamentable. Los medios de comunicación azuzan el belicismo. En Alemania el hecho de que la patronal y la industria no quieran problemas innecesarios que comprometan sus negocios en Rusia, introduce algunas contradicciones y moderaciones en esa línea. Respecto a la opinión pública europea, aún está francamente dormida. Puede que haya algún malestar por la situación socio-económica, pero desde luego ni siquiera en la izquierda hay una verdadera conciencia de las claras tendencias neoimperiales que hay en la UE ni de la necesidad de oponerse a ellas. Junto con el rechazo a la involución social, el no a la guerra debería ser el conductor central de la campaña ciudadana para las elecciones europeas.

_____

(*) Entrevista de Enrique Llopis al autor en el portal Rebelión.

The post La guerra en Ucrania es la última aportación del Imperio del Caos a la crisis (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/la-guerra-en-ucrania-es-la-ultima-aportacion-del-imperio-del-caos-a-la-crisis-82418/feed 20
Europa, ¿se hace o deshace? (*) https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/europa-se-hace-o-deshace-43243 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/europa-se-hace-o-deshace-43243#comments Wed, 09 Apr 2014 19:32:12 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=713 Sobre la génesis de posguerra La Unión Europea se creó después de 1945 por motivos y propósitos dispares que coincidieron en su común interés en la integración de las naciones. El más simpático de todos esos propósitos fue el encarnado … Sigue leyendo →

The post Europa, ¿se hace o deshace? (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Sobre la génesis de posguerra
La Unión Europea se creó después de 1945 por motivos y propósitos dispares que coincidieron en su común interés en la integración de las naciones. El más simpático de todos esos propósitos fue el encarnado por un personaje llamado Jean Monnet, así como toda una serie de europeos visionarios, pragmáticos e idealistas, que ante el panorama aún humeante del desastre bélico reflexionaron y proyectaron una Europa interdependiente y federalizante que remediara la crónica pelea continental (1).
Monnet nació en un medio de origen campesino de la región de Cognac. Su familia comerciaba con el renombrado producto que lleva el nombre de la región. Su primer cosmopolitismo se forjó en la venta de cognac en el mundo anglosajón. Mas tarde fue ejecutivo de empresas multinacionales en los años treinta, residió en Shanghai y se movía como pez en el agua en Washington, Londres y Roma. Desde el mundo de los negocios conoció personalmente a Roosvelt, a los hermanos Dulles, a Dean Acheson, William Harriman, Henry Morgenthau, George Marshall, etc.; los jefes de lo que luego sería la CIA, los secretarios de Estado, de comercio de Defensa de Estados Unidos de aquella época. Es decir: a prácticamente todos los personajes que luego diseñaron la estrategia americana de posguerra.
Por todo eso y por su independencia fue, a pesar de su papel en la administración comercial de la Francia libre, un hombre que tuvo un encaje difícil en el gaullismo; en Francia se le solía considerar un peón de los americanos. Desde la izquierda se recelaba de su red capitalista de contactos… Pero Monnet era un patriota francés y un hombre independiente y abierto, que mantuvo excelentes relaciones con la sindical CGT, completamente desinteresado en la guerra fría y en un enfrentamiento con el Este, y que creía en una Europa regenerada.

En el verano de 1943, poco después de Stalingrado y durante la batalla de Kursk, los dos combates que decidieron la II Guerra Mundial en Europa, Monnet era el encargado del suministro militar para las fuerzas francesas libres y vivía en Argel. Ahí se le vio barruntando ante un mapa la posibilidad de crear un nuevo estado tapón entre Francia y Alemania, una especie de Lotaringia, decía, que impidiera la pelea entre ambos estados. Ese fue el ámbito geográfico de la Unión del Carbón y del Acero (1950). (2)

Pero más allá de este simpático y visionario propósito, existían en la segunda mitad de los años 40, otros motivos para la integración europea sin los cuales la visión de la gente como Monnet se habría quedado en un “soñar tortillas”, como dicen los catalanes. Estos otros motivos eran los siguientes:

1-Desde Francia: la necesidad estratégico-militar de contener a Alemania.
2-Desde la media Alemania, ocupada y sometida: la idea de que una integración era la única forma de abrir una perspectiva de futura reunificación nacional y soberanía aceptada por los demás.
Y, 3-Desde la influencia dominante de Estados Unidos: la voluntad de organizar un fuerte bloque europeo occidental para la guerra contra la URSS y su bloque.

Todos esos diversos propósitos tenían como denominador común el hecho, de que no eran realizables sin una Europa Occidental próspera y estable. Potenciar eso interesaba a cada uno de los cuatro propósitos, y era la integración y la interdependencia prevista por la gente como Monnet la que aportaba la solución concreta; primero unión de carbón y del acero y luego cada vez más…

Por todo ello Hobsbawn concluye que la integración europea es creada, “tanto por los Estados Unidos como en contra de ellos”. Ilustra, dice, “la fuerza del miedo que mantenía unida a la alianza antisoviética”: miedo a la URSS, pero también miedo de Francia a Alemania, de Alemania a una condena eterna a la falta de soberanía, y miedo de ambos a Estados Unidos, a la certeza de que Washington ponía siempre su propia agenda por delante de los intereses de sus aliados europeos.

El resultado de ese intríngulis fue una integración europea completamente sometida a los intereses de Estados Unidos en cuanto a política internacional y de defensa a través de la OTAN (certeramente definida por De Gaulle como la, “expresión del dominio de Washington sobre el continente”), pero con ciertos niveles de autonomía y soberanía en los planes económico-políticos, niveles que fueron lógicamente aumentando conforme pasaban las décadas. A partir de los setenta, con Kissinger y Nixon, se detectan, dentro de esos niveles de autonomía rodeados de vasallaje, los primeros recelos americanos de competencia estratégica hoy perfectamente consolidados (Boeing/Airbus, Galileo/GPS, Euro/dolar), y visibles en la actual amalgama de vasallaje y competencia que la UE y EE.UU mantienen.

Sobre el desencanto
Desde que en Europa hay crisis el proyecto europeo, que gozaba de un consenso automático-inercial pese a ser un asunto de élites desde su inicio, atraviesa un manifiesto desencanto. En enero, una encuesta de Gallup realizada en los 28 miembros daba un 45% de ciudadanos opuestos a la actual política de Bruselas/Berlín. La caldera que alimenta este desencanto tiene varios combustibles obvios:

-La desposesión de considerables sectores sociales por el desmonte del Estado social, mientras la minoría más favorecida se enriquece: la idea de oligarquía y del 99% manejada por el Occupy.
-La ausencia de perspectivas de futuro para la juventud instruida, en principio el sector más proclive a la acción en un continente anciano.
-La evidencia de que la soberanía nacional ha desaparecido en beneficio de centros de decisión exteriores incontrolables, y que por tanto la democracia de baja intensidad de los estados-nación retrocede aún más para convertirse en algo ya completamente hueco.
-La creciente sensación, sobre todo en los países endeudados, de que la Unión Europea es un régimen autoritario dispuesto a suspender los procedimientos democráticos invocando urgencias económico-financieras que permiten echar a jefes de gobierno, cambiar constituciones acorazadas en 24 horas, nombrar a tecnócratas al frente de países o ignorar referéndums; la “democracia conforme al mercado” definida por Merkel.

Todos estos factores de malestar abren un horizonte de acción y protesta que parece que van a ir a más, con desagües tanto por la derecha como por la izquierda. En Grecia, el país socialmente más activo hasta ahora, vemos ambas cosas (3).

Sin la promesa de prosperidad el proyecto europeo que antes contaba con un consenso pasivo se convierte cada vez más en una pregunta: ¿Para qué necesitamos el euro, la UE? En ese contexto se afirma un nuevo discurso de legitimación de la UE:

Sobre la nueva legitimación de la UE
La legitimación tradicional (además de la desaparecida promesa de prosperidad) fue la idea fundacional de la UE como “garantía de paz”: 68 años de paz desde 1945. Sobre ella, tres puntualizaciones críticas:

1- Sin restar valor al impulso de ciertos padres fundadores preocupados por la paz entre países europeos, hay que decir que en los años cincuenta no había peligro de guerra entre Francia y Alemania: el peligro de guerra real era entre el Este y el Oeste. Y a ese peligro la integración europea contribuía. En cierta forma el vector principal de la integración europea era una consecuencia de la creación de la OTAN (1949), del propósito general americano de contención contra el bloque del Este. Así que esos “68 años de paz” incluyen casi medio siglo (1945-1989) que fue una época tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la más destructiva estupidez humana.
2-La etiqueta del “gran periodo de paz de 68 años” deja fuera a los Balcanes: En Yugoslavia ha habido una cruda guerra europea, con participación de las grandes potencias, cambios de fronteras, etc. (4).
Y 3- (fundamental de cara al futuro y a la nueva legitimación): Los componentes de esa Europa en paz que comienza su integración en la posguerra eran países que hacían la guerra fuera de las fronteras europeas: Francia en Argelia (1954-1962) e Indochina (1945-1954). Holanda en Indonesia (1945-1949). Bélgica en el Congo. Francia e Inglaterra con la intervención en Suez de 1956. Veamos algunos datos sobre todo ello:

-Francia tenía un imperio colonial veinte veces su territorio metropolitano con una población de 100 millones. Las relaciones en ese espacio colonial no eran muy diferentes de las que la metrópoli había vivido con la ocupación alemana: El 8 de mayo de 1945, el mismo día de la capitulación alemana, en la ciudad argelina de Setif, el ejército francés ametralló a la multitud argelina que celebraba la victoria enarbolando una bandera argelina. Murieron 1500 argelinos, según fuentes oficiales francesas, muchos miles según fuentes argelinas. En noviembre de 1946 tres barcos franceses bombardearon la ciudad de Haiphong (el puerto de Hanoi), matando a 6000 personas en represalia por un incidente aduanero. Los Oradour sur Glane (esa localidad francesa cuya población fue pasada por las armas al completo por los alemanes en represalia por un atentado), no solo se cuentan por decenas en Bielorrusia y Grecia durante la segunda guerra mundial, sino también en el espacio colonial de Francia después de esa guerra.

-En sus “Indias Orientales”, la diminuta Holanda dominaba un territorio semejante en superficie a la Europa Occidental. En 1946 y 1947 el ejército colonial realizó masacres como las de Sulawesi y Rawagede, en Java Occidental, en las que murieron 430 niños y jóvenes.

-Bélgica dominaba el inmenso Congo y Ruanda/Burundi y organizaba allí independencias coloniales con los métodos correspondientes, ilustrados por la serie Lumumba, Tsombé y Mobutu.

-A eso podemos sumar los casos de otros países que luego fueron miembros de la UE y ya lo eran entonces de la OTAN: Portugal, miembro cofundador de la OTAN en 1949 (ingresó en la UE en 1986), luchaba en Angola, Guinea-Bisáu y Mozambique entre los años 1961 y 1975. Inglaterra y su Commonwealth, que controlaba en la posguerra una cuarta parte del mundo y de su población y tenía un rosario de frentes abiertos; en Palestina, en India/Paquistán, en Kenya, en Malasia, en Birmania, en Irlanda…

En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, Nehru, fundador de la nueva India ofrece el contrapunto a la idea de una Europa de posguerra resultado de una victoria contra el fascismo, recordando el estigma colonial-imperial europeo y su parentesco con la ideología (racista y supremacista) del nazismo y el fascismo.

Decía Nehru: “Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo (racista) que se asocia con el fascismo”.

El dato de que la UE la crearon Estados imperialistas es fundamental para situar hoy la actual legitimación posmoderna de la Unión Europea. Y lo es por qué hoy se renueva la razón de ser de la UE, sobre un argumento que el observador crítico no puede sino relacionar directamente con el estigma imperial europeo: la integración es necesaria, se dice, contra la emergencia de otros; China, India, Brasil, Rusia, Sudáfrica. Se habla de “nuevas amenazas” o “nuevos desafíos”, de “preservar nuestra civilización” y de “asegurar los flujos comerciales y de recursos”. En definitiva: una Unión como solución a la pérdida de posiciones nacionales de dominio en el mundo, que hace insignificantes a las antiguas naciones dominantes por separado en un escenario de “imperios combatientes”. Todo eso, naturalmente, rodeado de las habituales consideraciones narcisistas sobre el continente crisol de la democracia, la cultura y la civilización -una civilización moralmente “superior” a la de Estados Unidos en virtud de la “superioridad” griega respecto a Roma…

Un discurso rancio, presentado como moderno
Hay que decir que esta legitimación del europeísmo que se presenta como moderna e innovadora es en realidad una antigua y rancia concepción imperial.

En su La decadencia de Occidente, Oswald Spengler, influyente pensador alemán, traducido por Ortega y Gasset, ya la formulaba en 1918. En el periodo de entreguerras, toda una serie de ideólogos y políticos alemanes teorizaban sobre la necesidad de una integración europea (naturalmente con liderazgo alemán) para competir con Estados Unidos. Mucho más recientemente la obra de Jean-Jacques Servan-Schreiber, fundador del Nouvel Observateur, siguió la misma senda primero con el “Desafío Americano” de los sesenta, luego con los japoneses, El desafío total en 1980.

Hoy esas mismas ideas del “se nos van a comer”, la “quiebra de nuestra civilización”, “la próxima guerra fría”, o “La silenciosa conquista china”, “juntarnos para no ser insignificantes en el mundo”, se encuentran en cualquier librería de aeropuerto europeo, casi siempre referidas a China. No hay ningún gran medio de propaganda occidental que no recree ese mensaje.

La Canciller Merkel repite esa idea constantemente en sus discursos, justificando al mismo tiempo el desmonte del Estado social con la necesidad de integrarse: la ideología del 7%/25%/50%; La Unión Europea representa el 7%población mundial, genera el 25% del PIB mundial y responde del 50% del gasto social global, ergo para ser competitivos hay que recortar ese 50%.

Su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, dice lo mismo pero aplicado a Alemania: define el nuevo ascenso alemán en Europa como, “la segunda ocasión histórica de Alemania”. “No hay para Alemania ninguna alternativa política y económica mejor que la Europa Unida”. “Los alemanes apenas representamos un 1% de la población mundial y en tendencia menguante”. Así que hay que unirse para intervenir en, “las tensiones y divisiones globales en materia de materias primas y energía”, dice. Para, “contribuir a la gobernabilidad global que garantice que las tensiones y luchas por el reparto del siglo XXI sean controlables”. (Se entiende que son “controlables” si nosotros estamos allí con nuestros ejércitos, nuestras ONG´s y nuestros selectivos tribunales y “derechos humanos”).

Toda una cohorte de ensayistas, fundamentalmente alemanes, está dando forma a esa legitimación reaccionaria para justificar un nuevo federalismo autoritario europeo desde pedigríes progresistas. Algunos ejemplos:

-Jürgen Habermas: el gran filósofo nacional habla de fortalecer la ONU, pero también del “liderazgo natural de los pocos y poderosos”. Propone la “Constitución Europea” y que la UE sea una gran potencia para que dirija el mundo con los otros grandes. Habla de una “constelación postnacional” a la que las naciones con mayor solera democrática (Francia, Reino Unido, Dinamarca…) deben ceder sus soberanías.

-Ulrich Beck y Daniel Cohn Bendit, que hablan de aprovechar la oportunidad de la crisis para avanzar en la creación de un “Estado Europeo”. Cohn Bendit habla de la necesidad de un “chovinismo europeo”, de “estar orgullosos de ser Europa”.

-El Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, cuyo último libro se llama “El gigante encadenado. La última oportunidad de Europa”, o el niño bonito del New Labour Mark Leonard (cuyo libro en la materia se tituló en 2005, “Por qué Europa dirigirá el siglo XXI”), o el americano Jeremy Rifkind…; Todos ellos le dan vueltas a la misma vieja idea de la “decadencia de Europa”, “el ocaso de Occidente” y el “hay que unirse porque de lo contrario se nos van a comer”.

Problemas de este discurso
1-¿Tiene base esta nueva/vieja decadencia de Occidente?: Es verdad que hay unos nuevos países emergentes, los BRICS, que la opinión de un indio o de un chino cuenta hoy un poco más que en el siglo XX (se habla incluso de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, de darle un puesto a África, etc…) pero el peso de las transnacionales y consorcios europeos en el mundo más bien va en aumento. El dominio de la economía mundial por parte de la tríada (Estados Unidos/ Unión Europea/ Japón) es aplastante. Y lo mismo ocurre con el dominio “cultural” occidental de la globalización. (5)

2-Esos sueños y su arquitectura, el federalismo autoritario de Berlín y Bruselas, tienen también un enemigo interno: la soberanía nacional de los estados. Francia, por su sólida tradición republicana estatal, está manifiestamente en el punto de mira: se la presenta como “desfasada” e “incapaz de comprender los grandes desafíos de los tiempos”. Que “El Estado está destruyendo Francia” es la original tesis neoliberal del momento sobre ese país.

Así, el federalismo autoritario mantiene una lucha doble: por un lado contra los BRICS, (hacia fuera, fomentando su “contención” con cada vez más intervenciones militares en el mundo, y, si se hace necesario fomentando “revoluciones naranja” a través de sus ONG´s, su “soft power” etc. -un escenario particularmente actual contra Rusia, China, etc. ), por el otro contra la soberanía nacional (hacia dentro), hoy por hoy la única democracia realmente existente en Europa, lo que se ejemplariza en la actual campaña de desprestigio contra Francia.

3-Este federalismo autoritario no resuelve, sino que más bien incrementa, el problema y la evidencia del desarrollo desigual dentro de la UE, en virtud del cual los dominantes (sectores sociales y países) tienden a hacerse más dominantes. Una integración basada en la desigualdad de los miembros es algo que necesariamente cruje, especialmente cuando ya no hay ni para fondos de compensación territorial para disimularlo.

4-Perviven tensiones empresariales, bancarias y sectoriales entre Estados europeos: por más que una gran parte de los capitales del Deutsche Bank o las acciones de BMW estén en manos de extranjeros, estos consorcios son alemanes, de la misma forma en que Fiat es italiano o Renault francés, y sus intereses luchan entre sí.

5-No hay una identidad europea, ni una historia europea, ni una lengua o cultura europea, ni un pueblo europeo, ni una soberanía europea, por tanto; ¿sobré qué experiencias comunes se podría construir una ciudadanía europea?

Hacer y deshacer / Deshacer para hacer
Europa debe deshacerse y hacerse al mismo tiempo, porque para refundarla en un sentido que valga la pena no hay más remedio que desmontarla en todo aquello que es inservible para los retos del siglo. Y si eso no es posible, entonces es mejor quedarse con la fofa estructura integradora anterior a Maastrich (con euro o sin euro, sería una cuestión técnica) con el modesto e importante cometido de que no se llegue a las manos. Esa Europa fofa es mucho mejor que el “más Europa” que se propone para realizar los propósitos retrógrados e involucionistas de la autopista neoliberal.

Evidentemente, solo hay posibilidades de refundación si hay una fuerte reacción ciudadana contra la actual Europa elitista, capitalista y oligárquica. Un común esfuerzo trasnacional a favor de “otra Europa”. Ese esfuerzo solo es posible desde los pueblos europeos, es decir cada cual desde su soberanía y desde su democracia de baja intensidad, desde su Estado.

Bernard Cassen define la desmundialización ciudadana como, “una orientación estratégica encaminada a recuperar los enormes poderes que la política ha abandonado deliberadamente en manos de la esfera económica y financiera. Sin esa orientación, dice, ninguna de las propuestas altermundialistas tiene la menor oportunidad de éxito”. Ir a por eso empezando en casa con procesos constituyentes y frentes populares concretos. De eso se habla no solo en Catalunya, en Andalucía y en Madrid, sino también en Francia, donde se menciona en el contexto de una sexta república francesa. Es decir: la idea de un replanteamiento general. No se trata de un excéntrico llamamiento a tomar la Bastilla o el Palacio de Invierno, sino de la simple alternativa a que nos lleven directos de regreso al siglo XIX, primero en lo socio-laboral, y luego vendrá lo político. ¿Es esto tremendismo?

Frente a la idea del continente crisol de la democracia, hay que hacer memoria y recordar dos hechos históricos.

Primero: que la democracia fue invento de un grupo muy pequeño de naciones (Francia, Inglaterra y Estados Unidos más algunas pequeñas naciones escandinavas o nederlandesas) y aún así solo de puertas adentro, como recordaba Nehru. Europa no es solo Bethoven, la Ilustración y Galileo, sino también la Inquisición, Auschwitz y el imperialismo.

Segundo: que hace menos de 40 años, gran parte del continente estaba dominado por dictaduras: toda la Europa del Sur (menos Italia, cuyo gobierno estaba tutelado por la CIA, que no dudó en hacer asesinar a un primer ministro cuando éste quiso gobernar con el Partido Comunista, es decir abrir un poco el espectro a lo social), y toda la Europa del Este.

Un Siglo XXI imperialista con métodos de vigilancia orwellanos, que ya están en marcha (tenemos pruebas de ello gracias a Snowden), con barreras militar-tecnológicas (de las que Melilla, el complejo Lampedusa, el muro israelí y otros nos ofrecen adelantos) contra los pobres del Sur, emigrantes del calentamiento global, etc., no sirve para un futuro decente y supone un retroceso de civilización: Hay una necesidad de replanteárselo todo en nombre de la vida y la supervivencia.

Hace unos meses estuve en Colombia en un congreso que reunió a los líderes y activistas del gran paro nacional campesino del pasado agosto-septiembre, que ha sido el movimiento social más importante en ese país en medio siglo, del que en Europa ni se ha hablado. Allí un histórico y veterano activista peruano, Hugo Blanco, dijo algo tan elemental como claro: “Para afrontar la guerra del gran capital contra la humanidad, no hay más remedio que construir poder desde abajo y conquistar el poder”.

La pregunta sobre Europa forma parte de ese proceso de base. No es “soñar tortillas”, sino que forma parte del imperativo de que el tránsito personal por la vida no se convierta en un mero asunto, digamos, vegetativo, en el que la pasividad colectiva abone la involución de nuestra propia situación y contribuya con ello al infierno de las generaciones futuras.

Notas
(1) Merece la pena descifrar históricamente la frase “crónica pelea continental” para entender que Europa ha sido la parte más guerrera y violenta del mundo: En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella multiplicó la mortandad y destructividad de la guerra. Dos guerras mundiales incubadas en y por Europa, fueron el resultado.

(2) Lotaringia (regnum Lotharii) fue el nombre que se dio a las tierras que correspondieron a Lotario II, descendiente de Carlomagno tras la división territorial del tratado de Prüm (855). Incluía los actuales territorios de Paises Bajos, Bélgica, Luxemburgo, las regiones del Sarre y Renania de la actual Alemania, así como Alsacia, Lorena y las regiones al este del Ródano, Saona, Mosa y Escalda en la actual Francia.

(3) La posibilidad de que la izquierda llegue al gobierno en Grecia, denuncie la deuda, o exija su renegociación, apele a la solidaridad de los movimientos sociales europeos ante Bruselas y Berlín en ese propósito, y actúe como catalizador, es el gran escenario hoy visible desde la izquierda para un cambio en Europa. Para la derecha el caso de Ucrania, con un movimiento social heterogéneo y amplio contra la corrupción, con fuerte dominio operativo de la ultraderecha y el pleno apoyo de Bruselas, Berlín y Washington a sus ocupaciones y barricadas por motivos geopolíticos, así como la situación en Hungría o los éxitos electorales del Frente Nacional en Francia, ofrecen realidades concretas. Más allá de esos casos, el auge de la extrema derecha es patente, sobre todo, en que ideas social-darwinistas y xenófobas, de hostilidad hacia los pobres y desprecio de la solidaridad, que antes estaban en el espectro ultra, están cada vez más presentes en el centro político. Véase, por ejemplo la encuesta alemana Deutsche Zustände.
En general se aprecia una tendencia de cambio en los mapas políticos comunes a tantos países europeos; desde un centrismo neoliberal mayoritario (socialdemócrata o conservador, o de coalición de ambos como en Alemania, o de rotación) flanqueado por minorías de izquierda y derecha, hacia otra que puede derivar bastante rápidamente en un escenario de centros débiles y movimientos contestatarios de derecha e izquierda en auge, de momento con predominio de los primeros.

(4) En Ucrania existe ahora el peligro de otra guerra europea, consecuencia directa de la agresiva expansión de la OTAN hacia el Este, pisoteando los “acuerdos entre caballeros” del final de la guerra fría (la Carta de París para una nueva Europa de noviembre de 1990) e ignorando los intereses de seguridad de Rusia.

(5) Véase Decline of the West, de Regis Debray, en New Left Review Marzo/Abril 2013.

(*) Este texto sigue el hilo de dos conferencias con ese título pronunciadas en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y en la librería Bartleby de Berlín.

The post Europa, ¿se hace o deshace? (*) appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/europa-se-hace-o-deshace-43243/feed 14
El Imperio del Caos en busca del Nobel de la estupidez https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-imperio-del-caos-en-busca-del-nobel-de-la-estupidez-44502 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-imperio-del-caos-en-busca-del-nobel-de-la-estupidez-44502#comments Sat, 29 Mar 2014 13:41:35 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=704 Cómo la aventura occidental en Ucrania contribuye a una nueva bipolaridad Ucrania confirma que entramos de lleno en la fase de los “imperios combatientes”, fase superior de la estupidez humana en el siglo XXI. En Occidente, el “Imperio del caos”, … Sigue leyendo →

The post El Imperio del Caos en busca del Nobel de la estupidez appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Cómo la aventura occidental en Ucrania contribuye a una nueva bipolaridad

Ucrania confirma que entramos de lleno en la fase de los “imperios combatientes”, fase superior de la estupidez humana en el siglo XXI. En Occidente, el “Imperio del caos”, con Estados Unidos en primer lugar (ahí están sus obras a la vista; Irak, Afganistán, Libia y Siria), continúa dispuesto a seguir afirmándose militarmente. En Europa, la Unión Europea se confirma como su fiel compañero y pese a la crisis que merma sus presupuestos militares, busca ampliar su presencia en África y Europa Oriental, mientras Alemania sale del armario reivindicando abiertamente el control militar de recursos globales y una “política exterior más activa”.

El único programa que este “Imperio del caos” ofrece a los imperios emergentes de Oriente, los BRICS como Rusia y China, es la “completa sumisión”, explica Samir Amin, pero ni Rusia ni China aceptan ese programa.

En Ucrania Rusia ha dicho basta. Estaba dispuesta a convivir con una Ucrania neutral, pero no con un protectorado occidental enfocado contra ella, algo que rompe a ese país por la mitad y le empuja al conflicto interno. Vía la anunciada privatización del sector energético ucraniano, los grifos de las venas por las que fluye el grueso de la exportación energética rusa quedarán en manos de Estados Unidos (empresas como Chevron están en ello), y la inequívoca perspectiva de ingreso en la OTAN convierte el cerco militar en tierra ancestral rusa en un agravio insoportable.

La rebelión de Rusia supone un vuelco en la conducta de ese país durante más de veinte años, siempre cediendo tras la violación de líneas rojas permanentemente marcadas por Moscú y traspasadas sin ceremonias por Euroatlántida. Ese vuelco es visto como un desafío intolerable que hay que castigar ejemplarmente, pero para Moscú no tiene vuelta atrás, sin arriesgarse a un desmoronamiento del régimen de Putin. “Lo importante no es Ucrania en sí, sino el desafío que el vuelco supone”, dice Fedor Lukianov.

La revisión de los “resultados” de la guerra fría es inadmisible en Occidente. Aquel resultado que Gorbachov imaginó como un acuerdo entre caballeros con miras a construir una seguridad continental integrada en Europa (Carta de París, noviembre de 1990), fue convertido por Euroatlántida en una fullera y arrolladora ofensiva sobre el terreno liberado por uno de los dos gángsteres en beneficio del otro. Los dirigentes rusos estaban entonces demasiado entretenidos en llenarse los bolsillos con la privatización y saqueo del patrimonio soviético. Una mezcla de ingenuidad, desbarajuste, choriceo y espíritu matón. Occidente considera ahora inadmisible revisar aquel excepcional conglomerado y quiere escarmentar a Rusia. Pero ¿cómo hacerlo sin empujarla en brazos de China?

Lo de Ucrania apenas está empezando y China ya asoma como ganadora. Su presidente Xi Jinping se pasea esta semana por Europa, inspeccionando el panorama del subimperio occidental; Holanda, Francia, Berlín, Bruselas, un rosario de viejas capitales coloniales unidas, en una orquesta cada vez más desafinada, alrededor del propósito de contrarrestar a los viejos y nuevos imperios emergentes.

Los intentos de que China condene a Rusia por Crimea han sido vanos. Pekín se ha abstenido en la poco entusiasta condena de Rusia en la ONU y ha expresado cierta prudente comprensión hacia la actitud de Moscú.
“China no tiene intereses privados en la cuestión de Ucrania”, ha dicho Xi en Berlín. La crisis de ese país, “deriva de una historia muy compleja y de realidades actuales”, ha matizado. Hay similitudes.

Si la Rusia de Putin no es la de Yeltsin y Gorbachov, tampoco la actual China de Xi Jinping es la de Deng Xiaoping. La doctrina china, explicó Xi en un acto celebrado el jueves en la Körber Stiftung de Berlín, sigue siendo el rechazo a convertirse en potencia hegemónica. China no quiere tratar a los demás de la forma en que ella misma fue tratada por las potencias occidentales y Japón hasta Mao. Pero Pekín –y esa es la novedad- también está marcando líneas rojas en el Mar de la China y advierte contra el cerco del que ella misma es objeto, mientras el Imperio del Caos pregona el traslado del grueso de sus armadas hacia Oriente.

“No queremos ser hegemónicos, pero tampoco nos dejaremos colonizar ni arrollar por otras potencias como ocurrió en el pasado”, respondió Xi el jueves a una pregunta sobre su incrementado presupuesto militar.

Como a Rusia, Estados Unidos acecha a China en sus propias barbas. El regreso al conflicto y la tensión en Europa no le viene mal a Pekín. Resta energía al escenario asiático. Aunque Europa no puede pasarse sin el gas ruso, la mera insinuación de represalias contra Moscú en el frente energético, empuja a Rusia hacia China.

Las relaciones de Moscú y Pekín son de enorme desconfianza, pero en los últimos años las presiones y agravios euroatlánticos sobre Rusia ya lograron desbloquear y mejorar largos pleitos ruso-chinos sobre el precio y las infraestructuras del gas que China necesita.

Hace tiempo que Moscú, crecientemente desengañado de Europa y embarcado en un planteamiento ideológico neocón-eslavo-ortodoxo, mira más hacia Oriente. Pero esa mirada va más allá de China e incluye a adversarios de Pekín en la región, en primer lugar Japón y Corea del Sur, socios y aliados militares de Washington. Moscú tienta con ofertas y proyectos energéticos a Tokio y Seúl, pero Washington presiona para que eso no prospere. El problema es que al disuadir a Japón y Corea del Sur de cualquier negocio energético con Moscú, Estados Unidos aún estrecha más la alianza entre Rusia y China: Convierte lo que podía ser una difusa deriva rusa hacia Oriente, estratégicamente diversificada, en una unilateral y concreta deriva hacia China, es decir algo que consolida un bloque.

El cálculo de Pekín es 2020: el pulso con Estados Unidos ya será para entonces militar. Seguramente en Pekín se considera que el Imperio del Caos no les dejará en paz sin mediar una crisis militar. El recurso militar de China –el potencial en el que está invirtiendo su defensa- es cegar a la armada del Imperio del Caos atacando todo el sistema espacial de satélites sin los cuales el principal ejército del mundo ya no puede vencer en una de esas guerras de ordenador con centenares de miles de víctimas en el adversario y cero víctimas en el propio campo a las que está acostumbrado. Para cuando eso llegue, el suministro energético, que hoy le llega a China por vulnerables vías marítimas controladas por el adversario, estará garantizado continentalmente vía Rusia.

A la Unión Europea y a Alemania todo esto le viene grande. Bruselas quiere anunciar en junio una estrategia para “disminuir su dependencia energética de Rusia”. Con ello contribuirá a lo mismo: a crear una especie de nuevo mundo bipolar, Euroatlantida contra Eurasia. Ese no es el escenario de Rusia, ni de China, ni de los BRICS en general, pero, por lo visto, es el único programa que maneja el Imperio del Caos. Teniendo en cuenta los retos del siglo; el pico petrolero y demográfico, las enormes incertidumbres que anuncian la desigualdad y el calentamiento global, un verdadero premio Nobel de la estupidez.

* * * * * *

( Respuesta al Señor Butkevicius. En una carta publicada el sábado en las ediciones impresa y digital de este diario,  el señor Audrius Butkevicius, ex responsable de la defensa lituana, califica de “incorrecto” el informe sobre la matanza de la torre de televisión de Vilnius del 13 de enero de 1991 que menciono en el artículo El kaganato de Kiev y otras historias https://blogs.lavanguardia.com/berlin/el-kaganato-de-kiev-y-otras-historias-55192, publicado en la edición digital del día 13, en el contexto de la crisis de Ucrania.

El problema es que en este asunto el propio señor Butkevicius es la principal fuente: respondió dos veces con un rotundo “sí” a las preguntas sobre si la matanza fue planeada y si él la promovió conscientemente. Luego viene la extraordinaria confesión que cito en mi artículo, directamente traducida del original ruso y que es respuesta a la pregunta, “¿No sintió usted remordimientos de conciencia por haber utilizado a la gente?”. (ttp://obzor.lt/news/n1610.html). El lector puede juzgar por sí mismo. De paso puede consultar los materiales forenses del caso con víctimas muertas por disparos desde arriba y proyectiles de caza o de viejos fusiles: Ni las armas ni la posición de tiro corresponde con las que tenían las fuerzas rusas aquel día.

Lamentablemente no es un tema nuevo. Tanto el escritor Vitautas Petkiavicius, que fue responsable de la seguridad nacional del parlamento nacional entre 1992 y 1996, como el ex viceprimer ministro Romualdas Ozolas, responsabilizaron en sendos libros al entonces presidente Vitautas Landsbergis y a Butkevicius de la matanza. Y sigue coleando hoy. En junio de 2012 el líder de los socialistas lituanos, Algirdas Paletskis, fue juzgado por un tribunal de Vilnius por haber dicho que el 13 de enero de 1991, “los nuestros dispararon contra los nuestros”. El señor Paletskis fue absuelto.

Por eso, decía en mi artículo: “A la vista de lo que ha pasado en Kíev, con más de veinte muertos a manos de francotiradores el día 20 de febrero, la jornada que precipitó el acceso al poder del actual gobierno prooccidental (con una nutrida presencia de ultraderechistas), la pregunta sobre quién fue el Butkevicius de Kíev no es ninguna tontería. Hay que observar quién no quiere investigar aquellos hechos (el gobierno de Kíev y la UE), además de reflexionar sobre a quién han beneficiado”.)

The post El Imperio del Caos en busca del Nobel de la estupidez appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-imperio-del-caos-en-busca-del-nobel-de-la-estupidez-44502/feed 36
Después de Crimea https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/despues-de-crimea-88901 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/despues-de-crimea-88901#comments Thu, 20 Mar 2014 09:36:51 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=689 La Unión Europea puede ignorar la señal, hacer como si no ha pasado nada y seguir contribuyendo a la violencia en Ucrania y a la bronca global Crimea significa que las cosas ya no van a ser como antes en … Sigue leyendo →

The post Después de Crimea appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
La Unión Europea puede ignorar la señal, hacer como si no ha pasado nada y seguir contribuyendo a la violencia en Ucrania y a la bronca global

Crimea significa que las cosas ya no van a ser como antes en Europa. No se puede seguir abusando de Rusia. Quien no lo entienda debe volver a escuchar el discurso de Putin, y observar su coreografía. No hay marcha atrás. Rusia, que siendo una autocracia tiene una política exterior mucho más prudente, responsable y constructiva que la de sus socios europeos, ha hablado a Occidente en el lenguaje que este utiliza y entiende: el lenguaje de la fuerza y del desprecio a la legalidad.

Desde la firma de la Carta de París para una nueva Europa de noviembre de 1990 (“¿Qué es eso?”, se preguntan los inútiles expertos de nuestros think tanks atlantistas), Occidente ha venido pisoteando el acuerdo general que puso fin a la guerra fría (crear una seguridad continental integrada, no a consta de la seguridad del otro y renunciando a bloques) y arrinconando a Rusia; ocupando y militarizando todos los espacios que su ejemplar retirada dejó libres, avanzando la OTAN, instalando escudos antimisiles de inequívoco sentido estratégico y bloqueando y deslegitimando como “intento imperial de reconstruir la URSS” cualquier intento de consolidación de Moscú por crear una gran zona comercial y aduanera. Eso ha pasado en Europa Oriental, en el Báltico, en Transcaucasia y en Asia Central. En Ucrania ha chocado con una línea roja.

El cambio de régimen inducido en Kíev, aprovechando una legítima revuelta popular y sobre un script de Estados Unidos con protagonismo polaco y acompañamientos europeos, ha sido un exceso. Incluso si la mitad de lo que ha revelado el General Aleksandr Yakimenko, ex jefe de los servicios secretos ucranianos, en materia de financiación, francotiradores, papel de las embajadas, campos de entrenamiento, etc., no fuera cierto, estamos ante un caso de manual. Y el resultado de este exceso, un gobierno llegado al poder de forma irregular que no es reconocido por la mitad del país, anuncia una larga inestabilidad. Reducir a “agitación moscovita” el desagrado que la administración de Kíev siembra con sus torpes decisiones (anulación de la ley sobre cooficialidad de lenguas, introducción de visados con Rusia donde trabajan 3 millones de ucranianos, venganzas y represalias contra los líderes de la disconformidad hacia todo ello) a menudo aplicadas por la fuerza ultraderechista tan bien representada en el gobierno, los ministros de fuerza y la justicia, es una locura.

En Crimea Rusia ha avisado de que no va a ceder más porque ya no le queda terreno al que replegarse. “Continuamente nos arrinconan porque tenemos una posición independiente (en el mundo) pero todo tiene sus límites y con Ucrania nuestros socios occidentales lo han traspasado de forma grosera e irresponsable”, ha dicho Putin.

Dos opciones
Después de Crimea la Unión Europea tiene dos opciones. Una es reconocer que Rusia tiene intereses geopolíticos legítimos, tanto relativos a seguridad como a economía, que hay que tener en cuenta. Para eso es necesario corregir algunos errores de bulto y comenzar a pensar en un sistema de seguridad continental integrado, en línea con la Carta de París de 1990. Tomar consciencia de que Ucrania no será estable con un gobierno hostil a Rusia, que solo mira a Occidente y con el que la mitad del país se impone a la otra mitad. Eso puede ser muy bueno para lograr bases militares en las barbas de Moscú, pero es una perspectiva de guerra civil. Contra eso la solución es obvia: un gobierno representativo de la diversidad de Ucrania, garantías de neutralidad y relaciones dobles y no excluyentes hacia el Este y el Oeste. Para esta opción se precisan políticos y estadistas europeos prudentes, con amplitud de miras y conscientes de que en tiempos de crisis tentar a la violencia con propuestas excluyentes en Ucrania es una doble temeridad.

Todo esto supone autocrítica y replanteamiento. También cierta emancipación de Estados Unidos en el diseño de la política exterior europea por parte de países como Alemania y Francia. La primera está fortaleciendo claramente su vector militar intervencionista que tanto desagrada a su ciudadanía. La segunda ha sido vergonzosa protagonista de aventuras como la de Libia, de la misma factura criminal que la de Irak, de cuyo desastroso resultado ni siquiera se habla.

La segunda opción es seguir con más de lo mismo. Seguir metiéndole el dedo en el ojo al oso ruso, más militarización en las barbas de Rusia, más demonización de Putin, más dobles raseros y más sanciones. Es decir, continuar como si el vuelco de la política rusa que Crimea ha evidenciado –ese “hasta aquí podíamos llegar”- no hubiera tenido lugar. Ucrania es el terreno perfecto para empujar a la Europa en crisis hacia una dinámica destructiva y militarizada que degenere en serios conflictos armados en Europa y en una nueva guerra fría de ámbito mundial. Si para la primera opción se precisan políticos prudentes, para ésta basta con un puñado de cretinos irresponsables en Bruselas, Berlín y Varsovia. Hay que decir que los hay: esta segunda opción sería la continuación lógica de la indecente y antisocial política que hemos visto en el continente en materia bancaria y monetaria en los últimos años.

Sanciones y efectos
No hay duda de que, metidos en sanciones, Occidente es más poderoso que Rusia. Mucho más. Solo la caída de la bolsa de Moscú que se ha propiciado ya le ha costado a Rusia 60.000 millones de dólares, más que los juegos de Sochi. El abultado accionariado occidental de empresas estratégicas rusas como Gazprom o Rosneft permite todo tipo de chantajes a Moscú allí donde más duele. Europa también puede plegarse a la estrategia que se apunta desde Washington, con fuertes ecos en Varsovia, de acabar con la “dependencia” europea del gas ruso, echando mano del desastre medioambiental del gas de esquisto y construyendo las infraestructuras necesarias para su recepción licuada desde América. Para ello basta con abandonarse a la rodada inercia de la guerra fría y olvidar el pensamiento más básico de los padres fundadores de la Unión Europea como Jean Monnet, a saber; que la interdependencia es clave de la paz y alternativa al enfrentamiento.
Sin duda Rusia sufrirá mucho más que la UE en esta necia escalada. Pero Rusia tiene una capacidad de aguante enorme. Enfrentada a verdaderas sanciones, si se le cortan las venas de su exportación energética a Europa –algo posible a seis o siete años vista- se hará ciertamente aún menos democrática hacia adentro.

Putin maneja desde hace tiempo lo que puede considerarse como un particular proyecto neocón eslavo-ortodoxo alternativo a la “decadencia de Occidente”. Ese proyecto toma fuerza en las experiencias que el país ha acumulado desde los años ochenta; la certeza de que el mundo no respeta a los débiles, de que el liberalismo como regla interior y la confianza en materia exterior solo conducen al abuso y al intento de dominio de Rusia. Todo eso empuja hacia un nuevo nacionalismo elitario, al reflejo de reducir la interdependencia, al regreso a la mentalidad soviética de fortaleza asediada, a un vuelco hacia Oriente y a rechazar lo poco que queda del espíritu democrático que aportó la perestroika de Gorbachov. (Andrei Medushevski en www.gorby.ru). Y, por supuesto, empuja también hacia una “respuesta consecuente”.

En los últimos días se ha registrado una retirada de capital de los fondos de Estados Unidos sin precedentes (100.000 millones) que se atribuye a fondos rusos. Llevada a su extremo la respuesta rusa a las sanciones europeas precipitaría a Alemania (y con ella a Europa) definitivamente a la recesión. En el peor de los escenarios, Moscú prepara represalias que incluyen la incautación de los bienes de las 6000 empresas alemanas allá presentes se advierte en medios empresariales alemanes. En seis o siete años Rusia también puede trazar nuevas venas exportadoras hacia China –algo de eso ya se ha hecho. Se dibujaría algo parecido a una nueva bipolaridad Este/Oeste que al parecer es el único esquema con el que los estrategas del complejo militar-industrial y energético de Estados Unidos saben operar, y en el que ni Pekín ni Moscú están interesados. ¿Lo está Europa?

Invitando al desastre
Metida en una crisis disolvente que está acabando con las últimas apariencias de aquel “club de iguales y prósperos” que nos vendieron dispuesto a diseminar por el mundo su benévolo “soft power”, la Unión Europea, con el maltrato de su periferia y las ínfulas hegemónicas y autoritarias de su centro, camina decidida hacia su potencial desintegración interna, mientras reafirma hacia afuera su histórico vicio colonial-imperial, bien patente en la presencia militar en Afganistán, Libia, África, Siria, y de forma general en la doctrina de seguridad alemana.

No faltan necios que ven en Ucrania la gran oportunidad para que Europa se decida de una vez por una “política exterior coherente” y agresiva. La enorme y chapucera estupidez ucraniana, “podría ser el principio de algo grande” dicen ciertos cretinos desde los correspondientes “think tanks” (Carnegie Europe). No falta quien recomienda a Ucrania armarse y dotarse del arma nuclear (Andrei Illarionov en Pravda.com).

Después de Crimea, cuando todos los indicadores sugieren prudencia y moderación, todo un ejército de irresponsables está invitando a la bronca, pidiendo mano dura desde los medios de comunicación. Ante tanta ceguera, después de Crimea hay que tener bien a mano aquellos argumentos contra la guerra de Irak y aquellas voluntades del movimiento por la paz alemán de principios de los ochenta. En tiempos de crisis los generales y los exportadores de armas cotizan al alza en Europa y la extrema derecha en auge –no solo en Ucrania- es particularmente sensible al redoblar de los tambores.

The post Después de Crimea appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/despues-de-crimea-88901/feed 33
Noticiario ucraniano https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/noticiario-ucraniano-15904 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/noticiario-ucraniano-15904#comments Tue, 18 Mar 2014 20:55:01 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=677 En Ucrania se hace patente la urgencia de negociaciones y de un acuerdo nacional para recomponer la gobernabilidad del país, pero ni entre las diversas fuerzas ucranianas, ni entre sus padrinos extranjeros, se percibe la más mínima señal en ese … Sigue leyendo →

The post Noticiario ucraniano appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
nton Davidchenko, lider del movimiento juvenil anti-Maidan de Odesa Foto: R. Poch-de-Feliu

Anton Davidchenko, lider del movimiento juvenil anti-Maidan de Odesa / Foto: R. Poch-de-Feliu

En Ucrania se hace patente la urgencia de negociaciones y de un acuerdo nacional para recomponer la gobernabilidad del país, pero ni entre las diversas fuerzas ucranianas, ni entre sus padrinos extranjeros, se percibe la más mínima señal en ese sentido. En lugar de eso, las pequeñas noticias que llegan dibujan una situación que se deteriora con los días. Como ilustración, la siguiente muestra:

-A las 19,30 de la tarde un grupo de diputados y matones del partido “Svoboda” ha llegado a la sede del primer canal de la televisión, acusan a su director de “promoscovita” (“Moskaliuk”) le golpean, le instan a firmar su dimisión y se lo llevan en dirección desconocida.
(El vídeo es de Zerkalo Nedely, un órgano claramente posicionado a favor del gobierno de Kíev.)

-Este tipo de incidentes se ha repetido en los últimos días en diversos lugares, tanto en la capital como en las regiones del Este. El ex gobernador de Járkov, Mijail Dubkin, ha sido encarcelado y luego sometido a arresto domiciliario poco después de que anunciara que se presentaría a las elecciones presidenciales. Dubkin es un político importante del “Partido de las Regiones” que representa intereses elitarios y locales en el este de Ucrania.

-El líder del “anti Maidán” de Odesa, Anton Davidchenko, ha sido detenido por el servicio secreto ucraniano y llevado a Kiev para interrogarle.

-Ayer en el mercado de Besarabia de Kíev, muy cerca de la Plaza de la Independencia (Maidán) un joven de los grupos de autodefensa murió a manos de otro. En días anteriores se han registrado tiroteos entre diversas centurias de ese colectivo, entre ellas el neonazi “Pravy Sektor”. Los medios de información locales apenas han informado de estos hechos.

-En Crimea, según medios rusos “francotiradores” han matado hoy a un miembro de la “autodefensa” local (pro rusa). Según medios ucranianos, ha habido un soldado ucraniano muerto –del que se da nombre y apellido- y otro gravemente herido en un asalto de fuerzas rusas al centro topográfico de Simferopol, en manos de los militares ucranianos. Tras estos incidentes, el ministerio de defensa ucraniano ha autorizado esta tarde a los militares ucranianos en Crimea –casi todos rodeados por efectivos pro-rusos y ya escasos de vituallas- a utilizar sus armas. Hasta ahora la directiva de Kíev era no utilizar las armas. “El conflicto ha pasado de una fase política a una fase militar por culpa de Rusia”, ha dicho el primer ministro del gobierno de Kíev, Arseni Yatseniuk. En Yalta (Crimea) hombres armados han secuestrado al jefe local del servicio secreto ucraniano, Igor Losnikov. Militares rusos y ucranianos se han reunido para analizar la situación y evitar violencias.

-El ex ministro de defensa Anatoli Gritsenko ha apelado al presidente del parlamento y formal “jefe de estado” del régimen de Kíev, Aleksandr Turchínov, para que dimita de su cargo, por considerar que la prerrogativa formal de “jefe de las fuerzas armadas” no le es adecuada en las “actuales y extremas condiciones actuales”. El partido “Batkivshina”, mayoritario en el gobierno y al que pertenece Turchínov, acusa a Gritsenko de “trabajar para el agresor”.

-En Donetsk (Este) activistas del “anti Maidán” local han bloqueado trenes que transportan tropas y tanques hacia el Este del país. La misma escena se produjo el mes pasado en vida del anterior gobierno pero a cargo del Maidán.

 

 

 

The post Noticiario ucraniano appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/noticiario-ucraniano-15904/feed 1
“Impedir una destructiva guerra civil” https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/impedir-una-destructiva-guerra-civil-27074 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/impedir-una-destructiva-guerra-civil-27074#comments Sat, 15 Mar 2014 18:38:22 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=665 Entrevista con el politólogo ucraniano Mijaíl Pogrebinski Nacido en Kíev en 1946, el físico Mijáil Pogrebinski, director del Centro de Investigaciones Políticas y de Conflictología de Kíev (KCEPIK), es uno de los politólogos y analistas más respetados de Ucrania. En … Sigue leyendo →

The post “Impedir una destructiva guerra civil” appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Entrevista con el politólogo ucraniano Mijaíl Pogrebinski

Mijail Pogrebinski, con la ex primera ministra Yulia Timoshenko (a la derecha) y la  consejera presidencial y vicejefa del Partido de las Regiones, Anna German (izquierda). Foto: KCEPIK)

Mijail Pogrebinski, con la ex primera ministra Yulia Timoshenko (a la derecha) y la consejera presidencial y vicejefa del Partido de las Regiones, Anna German (a la izquierda). – Foto: KCEPIK

Nacido en Kíev en 1946, el físico Mijáil Pogrebinski, director del Centro de Investigaciones Políticas y de Conflictología de Kíev (KCEPIK), es uno de los politólogos y analistas más respetados de Ucrania. En esta entrevista aborda el diagnóstico sobre la crisis en ese país, algunos interrogantes y pronósticos sobre su actual situación, así como posibles vías para salir del enredo pacíficamente.

P-Desde el principio de esta crisis nuestro diario ha dicho que Maidán contenía tres elementos 1) una revuelta popular, 2) un pulso entre oligarcas y 3) un cambio de régimen auspiciado desde Occidente. ¿Cuál de estos tres elementos le parece más determinante?

Efectivamente los sucesos de Ucrania tienen varios componentes. El primero, el componente geopolítico: la confrontación entre Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, con participación de China, por la influencia en el espacio postsoviético. El segundo, el componente oligárquico: la lucha del gran capital contra la ampliación de los poderes presidenciales de Viktor Yanukovich. El tercero, el componente regional: la aparición espontánea de la protesta social, en especial de parte de la población de las regiones económicamente débiles del Oeste y el centro del país. En cuarto lugar, el intento del espectro nacionalista ucraniano (los grupos ultraderechistas) por realizar una “revolución nacional” que con el apoyo de las regiones del Oeste y de Estados Unidos imponga al Sur y al Este de Ucrania su gobierno, su lengua, sus héroes y su interpretación de la historia en un espíritu fuertemente antirruso. En quinto lugar, el componente liberal: el intento de las capas medias por reducir el poder del gran capital y la gran burocracia con los eslóganes de la integración europea, hacer saltar el régimen de “democracia dirigida” y declarar su emancipación política. En sexto lugar, el derribo de los regímenes incómodos para Occidente mediante la exportación  de “revoluciones coloreadas” utilizando el instrumentarlo acumulado en las experiencias con los países del tercer mundo y en el espacio postsoviético, creando un “caos dirigido” mediante la canalización  de las energías revolucionarias de los liberales “pequeño burgueses” de clase media y de los radicales políticos en una protesta política prolongada y sostenida… Todos esos elementos son importantes y no es posible definir uno decisivo, ya que en las diferentes etapas del proceso unos han tomado la prioridad relevando a otros.

P-Países como Polonia, que antes no decidían nada en la política de la Unión Europea, hoy son decisivos y tienen un gran papel. ¿Cómo explica la mayor beligerancia y agresividad de la política europea hacia Ucrania y Rusia?

Polonia representa el elemento más fuerte y exitoso de la “nueva Europa” orientada hacia la elite norteamericana y por ello interesada especialmente en la contención de Rusia. A ello se suma que la clase política polaca con su carácter tradicionalmente anti moscovita, mantiene su memoria histórica sobre la especial influencia ejercida por su país en Ucrania así como un miedo ante el rearme del ejército ruso. Además de eso, la particular actividad en el frente oriental a través del programa “Asociación Oriental” permite a Polonia incrementar su peso en la política europea.

Sobre la posición de la Unión Europea, recuerdo que en noviembre de 2010 hubo una reunión entre Merkel y Putin en la que se discutió la idea rusa de crear una zona comercial conjunta de la UE y Rusia. Merkel reaccionó positivamente, pero puso una condición: que la Unión aduanera de Rusia con Kazajstán y Bielorrusia, sería un obstáculo para formar tal zona comercial. Así que la diferencia consiste en que por un lado la principal fuerza de la UE solo está de acuerdo en tal proyecto si se realiza a nivel de relaciones bilaterales entre la UE y Rusia, y algunos países postsoviéticos, y por el otro no se quiere reconocer a Moscú el derecho a fortalecer su posición, bloqueando su integración económica con Astaná, Minsk, etc. Algo parecido se practica a nivel de la integración político-militar. Los expertos ucranianos se han dado cuenta de que todos los miembros de la Organización del Acuerdo de Seguridad Colectiva (ODKB, en sus siglas rusas) cooperan a nivel bilateral con la OTAN, pero la OTAN no mantiene relaciones con la ODKB como tal organización…

En estas condiciones, Ucrania ha sido víctima de la fuerte competencia entre dos proyectos de organizar el espacio postsoviético en sus relaciones con la Unión Europea. En ello, tanto la UE como Rusia le exigían que se decidiera o por uno o por otro. Exigiéndole a Ucrania la firma de su “Asociación Oriental”, Bruselas al mismo tiempo se opuso a cualquier acercamiento de Ucrania con la Unión Aduanera (con Rusia). Moscú intentaba atraer a Ucrania a la Unión Aduanera y luego a la Unión Euroasiática, subrayando que Kíev no podría hacerlo si firmaba el acuerdo de asociación con la UE…       En la posición de Alemania (pleno apoyo a Estados Unidos en la cuestión de Crimea), parece haber jugado un papel importante el miedo de Merkel a que la anexión de Crimea por Rusia pueda desestabilizar todo el proyecto europeo por mucho tiempo, contrariando los esfuerzos de Alemania por afirmarse como centro en los próximos años.

P-¿Entre el centenar de muertos del Maidán, cuantos fueron policías? Yo tengo once nombres. Los medios de comunicación de Kíev hace semanas que no mencionan ese dato. ¿Fueron más de once?

Ya el 21 de febrero el Ministerio del Interior ucraniano reconoció la muerte de 16 agentes. Luego se informó de que algunas personas habían muerto en los hospitales a consecuencia de las heridas recibidas. La cifra exacta se desconoce y no se habla de ello porque para el nuevo gobierno estos muertos no encajan con la mitología de los héroes de la nueva Ucrania. Hay que decir que entre los muertos que se añaden a los manifestantes caídos, hay, por ejemplo, un informático del Partido de las Regiones (próximo al huido presidente Yanukovich) llamado Vladimir Zajarov, asfixiado en un edificio incendiado por la protesta y que según muchos testimonios fue golpeado por los asaltantes.

P-¿Cómo valora el asunto de los francotiradores?

No soy investigador ni experto judicial, pero para responder a esta cuestión hay que responder en primer lugar a la pregunta de a quién favoreció aquello. Es evidente que la maximización  de las víctimas le vino bien al Maidán para incrementar la presión de Occidente sobre el gobierno ucraniano, lograr concesiones del presidente y reconfigurar la composición del parlamento. Inmediatamente después de los primeros muertos en la calle Grushevski, Occidente acusó de la violencia exclusivamente al gobierno e incrementó su presión. Ya entonces se expresaron fundadas sospechas de que aquellos tres muertos habían sido víctimas de provocadores y no de la policía. Los francotiradores son un medio de maximizar las víctimas. El 19 de febrero hubo muchas menos que el día 18, y los francotiradores aparecen el día 20, precisamente cuando llega la troika de ministros europeos. Por cierto, nadie niega que dispararon contra ambos bandos. Esta historia debe ser cuidadosamente investigada, pero parece que ni el nuevo gobierno ni Europa lo desean.

P-Es exagerado hablar de una caza de brujas y una ola de represión contra los “separatistas” o “antimaidan” en ciudades como Kíev, Donetsk, Lugansk, Jarkov…? ¿Cómo caracteriza la situación en Ucrania?

En buena medida lo que ocurre ahora en la Ucrania del Sur y del Este es un espejo del Maidán. En Kíev se vio que  si el gobierno no gustaba, se podía tomar por asalto las sedes gubernamentales. Así que como no les gusta el nuevo gobierno han decidido hacer lo mismo, con más razón cuando ese gobierno ignora demostrativamente los intereses de la mitad de la población del país, como se ve en los nombramientos de nuevas autoridades. El nuevo gobierno ha empezado a utilizar todas las medidas contempladas por la ley y a diferencia de lo que le ocurrió al anterior gobierno, en Europa nadie lo critica…. Pero esto solo es una cara de la medalla. Una cosa es que se anuncie que en un par de semanas se empezará a castigar a la gente que toma por asalto las sedes gubernamentales (ha ocurrido en ciudades del sur y del Este como Odesa, Lugansk, Donetsk y Járkov, entre otras), y otra que se enjuicie al ex gobernador de Járkov, Mijaíl Dobkin, solo por haberse manifestado en público a favor de la federalización de Ucrania, es decir el modelo vigente en naciones como Austria, Alemania, Bélgica y de hecho España. Si en los casos de Yulia Timoshenko (ex primera ministra encarcelada por Yanukovich) y Yuri Lutsenko (ministro del interior, igualmente represaliado) había una evidente motivación política en su acusación penal, aquí es patente que estamos ante un proceso político, pero Europa guarda silencio. Europa exigía descentralización en los Balcanes –con Bosnia, Kosovo y Macedonia- pero en Ucrania no dice que hay que dar más derechos a las regiones, incluido el derecho a elegir a sus gobernadores. Considero que el motivo es que eso fortalecería institucionalmente a la Ucrania rusoparlante. Cuando se abre un proceso penal contra alguien por defender una opinión así, se trata de un claro indicio de caza de brujas. No sé cómo evolucionará el caso ni si lo que ha ocurrido es resultado de un error. Y lo mismo puede decirse de la anulación de la ley de lengua (que daba al ruso y a otras lenguas minoritarias una cooficialidad regional) el primer día de trabajo del parlamento que se recompuso bajo la sombra de las armas: ha sido un error del nuevo gobierno. Pero más allá del “error”, esa anulación ha sido uno de los principales postulados ideológicos de las fuerzas a las que el Maidán ha llevado al poder.

P-¿Qué significa que la Fiscalía General esté en manos de gente del partido “Svoboda”, o que el jefe del Consejo de Seguridad Nacional sea un personaje como Andri Parubi? ¿Qué se puede esperar de ellos?

La oposición ha llegado al poder como consecuencia de un golpe de estado, al que también puede llamarse “revuelta popular”, en cualquier caso:  no mediante elecciones. Por eso inevitablemente se han encontrado con el problema de tener que controlar todo el sistema de poder del Estado y neutralizar los restos de influencia de sus adversarios. El control de los recursos de fuerza y financieros permite resolver ese problema y por eso al frente de esos cometidos se ha colocado a personas seguras en su lealtad a los nuevos dirigentes y que por su ideología no pueden entrar en componendas con las anteriores autoridades. En segundo lugar, la política de cuadros de las nuevas autoridades ha quedado bastante limitada a las exigencias de la gente que participa en el Maidán de Kíev. Seguramente en el futuro este factor perderá importancia, pero en el momento actual las nuevas autoridades se orientan a las exigencias del Maidán y usan su “cantera de cuadros”. Los nuevos nombramientos  deben demostrar la intención de acometer una limpieza del antiguo gobierno y de exigir responsabilidades. Precisamente por eso se ha puesto al frente de la Fiscalía General a un representante de las fuerzas radicales. Respecto al antiguo comandante del Maidán y nuevo secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Andri Parubi, su nombramiento, entre otras cosas otorga al gobierno cierto control sobre los grupos de “autodefensa”, muchos de cuyos miembros están armados. No creo que el jefe de la Fiscalía y Parubi lleven a cabo alguna política separada del gobierno, pero la presencia de esas personas en esos puestos indica que las nuevas autoridades tienen intención de llevar a cabo una política dura.

P-Putin ha arriesgado mucho con la operación en Crimea. Es evidente que esa operación no tiene marcha atrás. En cambio sí que tiene terreno por delante; ¿es imaginable que el ejército ruso entre en el Este y el Sur de Ucrania, como aventura el vicealmirante Igor Kabanenko?

Teóricamente no puede excluirse una intervención militar rusa en las regiones del Este y el Sur del país, pero eso solo podría ocurrir en determinadas circunstancias. En primer lugar si se intenta introducir tropas ucranianas en Crimea para recuperar el control allá. Creo que la posibilidad de algo así es mínima pero en ese caso Rusia podría optar por una intervención en las regiones orientales para apoyar a sus tropas…. En segundo lugar si en el Este se desencadena una amplia resistencia ciudadana a las nuevas autoridades de Kíev, y si éstas intentaran aplastar esa resistencia por la fuerza. En tal caso no puede descartarse que Rusia decidiera prestar ayuda a los que protestasen. Para que algo así ocurriera deberían darse unas condiciones que hicieran evidente para la mayoría de la comunidad internacional que la vida de las personas corre un grave peligro en esas regiones, lo que, de momento, me parece poco probable.

P-¿Cómo impedir el conflicto e incluso una guerra civil en Ucrania?

Por desgracia el conflicto ya lo tenemos, aunque de momento ocurra bajo el formato de “guerra fría”. De lo que se trata ahora es de impedir su escalada y conversión en una destructiva guerra civil. Todavía hay posibilidades para una solución pacífica de la crisis, pero el actual gobierno está encogiendo dramáticamente el margen de maniobra. No ha propuesto ningún plan  para solucionar los problemas pacíficamente, limitándose a vanas promesas de ampliar la autonomía de Crimea. Al mismo tiempo ha reconocido su ausencia de recursos para resolver la situación por medios de fuerza. Así que se ha optado por una tercera vía: apelar en su defensa a jugadores externos, trasladando a esos países la responsabilidad o por lo menos compartiéndola con ellos… Así que el destino de Crimea y la estabilidad de Ucrania dependen ahora de si Estados Unidos y Rusia se ponen de acuerdo sobre la cuestión ucraniana. Ese acuerdo es, sin duda, muy importante.

P-¿En qué debería consistir?

Primero en establecer garantías para un estatuto de neutralidad de Ucrania y su mantenimiento como socio amistoso económico-comercial de Rusia. Además tendría que brindarse una garantía internacional para la federalización de Ucrania que incluyera el derecho de las regiones a elegir a sus gobernadores. Por su parte, Rusia y la UE deberían comprometerse a renunciar al regreso a tratar a Ucrania bajo el principio de “o tu o yo”. Merece especial atención el hecho de que hasta expertos americanos tan principales como Henry Kissinger o Zbigniew Brzezinsky, que tradicionalmente defendían posiciones diferentes sobre las relaciones de Estados Unidos con Rusia, han llegado a la misma conclusión en cuanto a la solución de la crisis ucraniana y proponen la “finlandización” de Ucrania. En este caso eso significa, perseverar en la orientación europea del país sin  convertirse por ello en un país hostil a Rusia. Las garantías de un estatuto neutral para Ucrania con mantenimiento de su integridad territorial sería un paso hacia la solución pacífica de de crisis internacional relacionada con los acontecimientos de Crimea.

El problema es que en el orden del día ya emerge una crisis interna ucraniana. El primer paso para resolverla sería hacer regresar el proceso político de Ucrania a su marco legal. No creo que haya posibilidades de volver  al acuerdo firmado entre Yanukovich y la oposición con participación europea el 21 de febrero, tal como propone Rusia, sin embargo ahí dentro está el algoritmo general de salida de la crisis interna al que sería razonable acogerse. Supone el desarme de los grupos que la oposición creó a lo largo del enfrentamiento con las autoridades, la preparación para adoptar una nueva constitución (estoy convencido de que debería contemplar amplios derechos de las regiones para reforzar los derechos culturales, religiosos y lingüísticos de los ciudadanos así como el estatuto de neutralidad del país), elecciones presidenciales y creación de un nuevo gobierno. A continuación estaría bien realizar elecciones parlamentarias. Estoy convencido de que esta línea es la única para evitar una confrontación que amenaza con sumir a Ucrania en un cisma. Por desgracia las partes no están demostrando predisposición a emprender la senda de la solución pacífica. Unos quieren una revancha, otros no quieren perder la cara ante tal revancha y algunos simplemente quieren castigar al adversario. Por todo eso la situación suscita la mayor de las preocupaciones.
_______

Original en ruso en Analitik.org

The post “Impedir una destructiva guerra civil” appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/impedir-una-destructiva-guerra-civil-27074/feed 9
El Kaganato de Kíev y otras historias https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-kaganato-de-kiev-y-otras-historias-55192 https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-kaganato-de-kiev-y-otras-historias-55192#comments Thu, 13 Mar 2014 17:32:36 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=646 Ucrania se desliza hacia el caos –El Kaganato de Kíev. Hay tres países que son vistos como obstáculo para el dominio mundial en Washington: China, Rusia e Irán. Estados Unidos salta de uno a otro, un día rodeando y agobiando … Sigue leyendo →

The post El Kaganato de Kíev y otras historias appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
Ucrania se desliza hacia el caos

–El Kaganato de Kíev. Hay tres países que son vistos como obstáculo para el dominio mundial en Washington: China, Rusia e Irán. Estados Unidos salta de uno a otro, un día rodeando y agobiando militarmente a China y anunciando que su potencia militar se traslada hacia Oriente; otro rondando a Irán y pasando de la amenaza militar a la negociación y otro desestabilizando Europa por la vía de azuzar al oso ruso. La política exterior que provocó la muerte de varios centenares de miles en Irak para colocar a un régimen pro iraní en Bagdad, y que ha propiciado con dinero y armas del Golfo (los padrinos de Al Qaeda) la guerra civil en Siria, ha instalado en Kíev el actual “Kaganato”. El concepto es del analista brasileño Pepe Escobar, y se basa en el nombre de Robert Kagan un quimérico ideólogo neocón, vinculado a las anteriores chapuzas. Kagan está casado con Victoria Nuland, la vicesecretaria de Estado y “estratega” del cambio de régimen de Kíev. Asistida por sus peones polacos y con la obtusa aquiescencia alemana, Nuland ha puesto por fin a sus hombres en el gobierno de Kíev, los mismos que mencionaba el 25 de enero en una conversación telefónica grabada de la que trascendió aquel magnífico “¡Fuck the EU!”. El deseo de forzar el ingreso de Ucrania en la OTAN y de extender las bases americanas hacia las mismas barbas de Rusia, han acabado con un zarpazo del oso moscovita. El resultado; un claro peligro de guerra civil en Ucrania, la anexión de Crimea con violación de la integridad territorial ucraniana, y una inusitada tensión con Rusia. El Kaganato de Kíev es, hablando en plata, una gran cagada, dice Escobar. Mientras tanto la prensa occidental continúa ignorando el asunto y presentándolo como una mera maldad del “incendiario” Vladímir Putin.

–Audrius Butkevicius. En 1990 un joven fisioterapeuta de 31 años llamado Audrius Butkévicius fue nombrado por el gobierno lituano, “Director del Departamento de Defensa del país”, una especie de ministro de defensa. Butkévicius se graduó en la “Institución Albert Einstein” dirigida por un gurú norteamericano llamado Gene Sharp especializado en la “resistencia no violenta”. Los libros y enseñanzas  de Sharp fueron aplicados por Butkévicius en Lituania y más tarde por organizaciones como Kmara (Georgia) Porá (Ucrania), KelKel (Kirguizia) o Zubr (Bielorrusia) en diversas “revoluciones coloreadas”.

Portada de Der Spiegel esta semana, "El incendiario, ¿Quien detendrá a Putin?" Una vez más el irresponsable papel de los medios de comunicación occidentales, instalado en caricaturas y alentando el conflicto

Portada de Der Spiegel esta semana, “El incendiario, ¿Quien detendrá a Putin?” Una vez más el irresponsable papel de los medios de comunicación occidentales, instalado en caricaturas y alentando el conflicto

En 1991 Lituania mantenía un pulso muy serio para lograr su independencia de la URSS. Se esperaban medidas de fuerza de parte de Moscú. Era la lucha entre David y Goliat. “Decidí no crear un pequeño ejército, sino usar la guerra sicológica”, explica Butkevicius años después. “Sabíamos bastante bien lo que el adversario iba a hacer y les estropeamos todo el escenario” (entrevista en Youtube, enero de 2013). ”Las ideas tradicionales de defensa no iban a funcionar”, decía en otoño de 1990. “Vamos a crear un grupo paramilitar de unos 500 hombres capaz de responder rápidamente a las crisis y varias unidades entrenadas en la guerra sicológica”. (Boletin del Instituto Einstein, Otoño 1990).

En Lituania había un genuino movimiento nacional popular. Moscú jugó movilizando a la minoría rusa. Quería provocar enfrentamientos y a continuación intervenir militarmente como “mediador”. Fue así como se llegó al “domingo sangriento”, el 13 de enero de 1991. La tropa rusa llegó a la torre de la televisión para desalojarla, pero la ciudadanía bloqueó el lugar. Entonces actuaron francotiradores. Más de una docena de personas murieron por impactos de armas de fuego y muchos más fueron heridos. Les tirotearon desde las azoteas y los balcones de los edificios circundantes. ¿Quién tiroteó a la multitud? “Mis hombres no estaban estacionados allí”, “La tropa especial del KGB no llevaba munición real en sus armas, solo en los bolsillos como reserva, nuestro objetivo era entrar en la sede de la televisión”, explica el jefe del operativo ruso, Mijail Golovatov (en Die Presse, 3 de septiembre de 2011). Inmediatamente después de los hechos todo eso ya se dijo, pero ¿quién iba a creer que Goliat no disparó contra David y que aquello no había sido una “masacre del KGB? Hubo que esperar más de diez años para que el propio Butkevicius explicara que fueron sus hombres, armados con fusiles de caza, quienes dispararon a la muchedumbre desde las azoteas. Lo dijo en una entrevista con la revista “Obzor” publicada en el 2000:

“No puedo justificar mi acción ante los familiares de las víctimas, pero sí ante la historia, porque aquellos muertos infligieron un doble golpe violento contra dos bastiones esenciales del poder soviético: el ejército y el KGB. Así fue como los desacreditamos. Lo digo claramente: fui yo el que planeó todo lo que ocurrió. Había trabajado bastante tiempo en la Institución Albert Einstein con el profesor Gene Sharp, que entonces se ocupaba de lo que se definía como “defensa civil”, en otras palabras la guerra sicológica. Sí, yo programé la manera de poner en dificultades al ejército ruso, en una situación tan incómoda que obligara a cada oficial ruso a avergonzarse. Fue guerra sicológica. En aquel conflicto no habíamos podido vencer con el uso de la fuerza, eso lo teníamos muy claro, por eso trasladé la batalla a otro plano, el del enfrentamiento sicológico, y vencí”.

“De otra manera habría muerto mucha más gente, en esa situación solo murieron los que murieron”, dice Butkevicius en el video de enero de 2013.

A la vista de lo que ha pasado en Kíev, con más de veinte muertos a manos de francotiradores el día 20 de febrero, la jornada que precipitó el acceso al poder del actual gobierno prooccidental, la pregunta sobre quién fue el Butkevicius de Kíev no es ninguna tontería. Hay que observar quién no quiere investigar aquellos hechos, además de reflexionar sobre a quién han beneficiado.

–Perspectiva de caza de brujas en el Este y de caos en Kíev. El nuevo régimen de Kíev ha empezado la caza de “separatistas” en el Este y el Sur de Ucrania, donde su legitimidad es más discutida. En Járkov el martes encarcelaron al ex gobernador Mijail Dubkin, un político con gancho que acababa de anunciar que se presentaría a las presidenciales. Reinat Ajmetov, el hombre más rico de Ucrania que ha estado intentando mantener el equilibrio entre los dos bandos en esta crisis, ha dicho que el encarcelamiento de Dubkin (entretanto sometido a arresto domiciliario) “desestabiliza la situación en el Este del país”. Hay muchas más detenciones de opositores del nuevo gobierno acusados de ser “agentes de Rusia”. Las detenciones corren a cargo de grupos bastante inquietantes. Hay que recordar que tanto la Fiscalía General (su jefe es Oleg Majnitski, de “Svoboda”), como el Consejo de Seguridad Nacional (su jefe es Andri Parubi controlando los ministerios del Interior, Defensa y servicios secretos) están en manos de ultraderechistas, lo que ofrece un pésimo pronóstico. Parubi, que ha anunciado una movilización de reservistas que todo el mundo ha ignorado, es señalado desde Moscú como el responsable de la matanza con francotiradores realizada –dicen- desde la sede de la filarmónica y el hotel “Ukraina”. Este nuevo hombre fuerte de los ministerios armados del kaganato, fue fundador en los noventa de un partido nazi y  quiere integrar a los “grupos de autodefensa” del Maidán en las filas de una nueva “guardia nacional”. Parubi también dice que “Rusia se ha gastado mucho dinero en movilizar agitadores en las regiones de Lugansk, Donetsk, Odesa y Jerson”, lo que es perfectamente plausible.

“Svoboda”, el partido ultra que tiene más de media docena de puestos importantes en el gobierno, fue condenado por el Parlamento Europeo en una resolución del 13 de diciembre de 2012 que denunciaba sus, “presupuestos racistas, antisemitas y xenófobos contrarios a los valores fundamentales de la Unión Europea”. Ahora que están en el gobierno, han dejado de ser objeto de preocupación en Bruselas.

En Kíev bandas paramilitares han asaltado esta semana por lo menos una fiscalía de barrio (la de  Kiv-Sviatoshinski), atracado un banco y atacado un autobús de adversarios del Maidán. El martes, en el Maidán, hubo tiroteos nocturnos, con uso de pistolas “makarov” y subfusiles, entre diversas “centurias” que siguen guardando la plaza, incluida el “Pravy Sektor”. Los medios de comunicación ucranianos no han informado. Le pregunto a un intelectual local no nacionalista si se siente amenazado y su respuesta es “todavía no”. Todo indica que el descontrol de esos grupos, liberados para el ajuste de cuentas, secuestros, incendios de casas de adversarios (todo eso ya ha ocurrido en Kíev), puede ir a más.

El peligro de la extrema derecha no se reduce al gobierno de Kíev. El líder prorruso de la autonomía de Crimea es lo más parecido a un bandido y las bandas acorazadas (porra, casco y escudo) adversas al gobierno de Kíev que se han visto en Odesa, Jarkov o Donetsk, no se diferencian gran cosa de las de Kíev. El reclamo electoral que se agita en Crimea –y desde la propaganda rusa- del pulso entre la esvástica y la tricolor rusa, es manifiestamente grotesco: entre quienes gritan “el fascismo no pasará” hay mucha gente que merece una caracterización muy parecida.

–El peligro ruso y el nacionalismo ucraniano. Los nacionalismos  se forjan en el contraste con lo exterior, en reacción ante peligros y amenazas exteriores. Invadiendo Crimea, Putin ha ofrecido a la nación ucraniana –que es una obra en construcción- una de esas situaciones formativas para la conciencia nacional. Eso afecta sobre todo a las regiones de Ucrania más favorables a Rusia, donde mi impresión es que la anexión de Crimea se observa con desagrado. Esa paradoja tiene una explicación muy sencilla: la ideología con la que Rusia ha entrado en Crimea es el nacionalismo ruso y con eso no se conquista el corazón de los ucranianos, sino más bien al contrario se fortalece su reacción y su conciencia nacional. Y el nacionalismo ruso es la única ideología del actual régimen ruso. No hay otra. Con esa ideología, Moscú nunca podrá consolidar su entorno ni siquiera entre sus aliados más próximos. No ya en Ucrania, sino en Bielorrusia y en Kazajstán, se asiste con extrema preocupación a la anexión de Crimea. Como los crimeanos, los bielorrusos son “casi rusos” y alrededor de la mitad de la población de Kazajstán es rusa. ¿Quién les garantiza que Moscú no invoque algún día la fuerza mayor para justificar otras anexiones?

Este es el plan que el vicealmirante Igor Kabanenko, ex representante y consejero de la misión ucraniana ante la OTAN y actual vicejefe del Estado Mayor del Ejército de Ucrania ha atribuido a Rusia esta semana:

“Tras la rápida anexión de Crimea, avance del vigésimo ejército ruso hacia Donetsk, el tercer ejército hacia Lugansk y la división 106 hacia Kíev. Desde Crimea incursión hacia Odesa, con uso de las fuerzas de Pridniestrovia por el otro lado. En cinco o seis días se crea un pasillo Lugansk-Donetsk-Odesa-Tiraspol”. Es decir, para quienes no estén familiarizados con el mapa: tomar todo el sur y el Este de Ucrania, privando a ese país de toda su salida al mar y convirtiéndola en una nación continental desprovista de toda significancia geopolítica.

Este escenario es, naturalmente propagandístico. El Kremlin no está loco. Kabanenko lo baraja para la semana que viene. Pero a largo plazo es otra cuestión.

Hay pocas dudas de que en condiciones normales una invasión en toda regla de Ucrania por tropas rusas cuya ideología ya no es la que acabó triunfando a principios del siglo XX sobre este mismo terreno (la “druzhba narodov”, la amistad entre los pueblos, el internacionalismo y la revolución social), sino un nacionalismo ruso prepotente y dominante, fortalecería una genuina lucha de liberación nacional ucraniana, pero mucho depende del nivel de caos que se cree en la región en los próximos meses.

-¿Un Maidán social en el Este de Ucrania? Se puede discutir si la economía ucraniana ya está en quiebra o al borde de la quiebra. En cualquier caso, su estado es ruinoso. El nuevo gobierno quiere aplicar medidas económicas drásticas en línea con las recetas occidentales. Si es así, eso destruirá la industria ucraniana, concentrada en el Este del país y con enorme vínculo con Rusia (esa fue la principal razón del rechazo de Yanukovich al acuerdo “Asociación Oriental” que le proponía Bruselas). ¿Cuánto tiempo podrá mantenerse un gobierno que aumente drásticamente los gastos de vivienda, corte las subvenciones energéticas y recorte salarios y pensiones que ya hoy no alcanzan apenas para sobrevivir? El nivel de caos generado en los próximos meses por el kaganato de Kiev, con su ideología nacionalista y sus padrinos occidentales –que si no han realizado un “plan Marshall” para el sur de Europa, aun menos lo harán para Ucrania- puede ser considerable. Es ahí donde hay que volver a escuchar la conferencia de prensa de Putin el pasado 4 de marzo, en la que se dijo que Rusia no quiere anexionarse nada si no es necesario: “Rusia”, dijo Putin, “no se quedará al margen si se comienza a perseguir a la población rusoparlante”. Pero si esta arriesgada jugada le sale mal a Putin, entonces habrá que pensar en un Maidán moscovita y en el escenario 1905 ya evocado desde estas páginas. La intervención, el pasado domingo, del magnate ruso Mijail Jodorkovski -el hombre que Occidente quiere para Rusia, explicando a la multitud en Kíev que “hay otra Rusia”, es muy sintomática.

–Smuta. Ucrania se desliza hacia lo que en esa parte del mundo se conoce como “Smuta”. Es un concepto de la historia rusa que designa la “turbulenta época” (“smutnoye vremia”) de finales del XVI y principios del XVII, pero muchos autores hacen un uso más amplio del concepto y caracterizan como “smuta” el principio del siglo XX y la Revolución de 1917 seguida de guerra civil (la “Krásnaya Smuta” de Vladimir Buldakov, por ejemplo), e incluso se refieren periodísticamente a la disolución de la URSS (1991), como una “smuta” de fin de siglo.

Antídotos: un gobierno representativo de todas las regiones del país, una declaración de neutralidad de Ucrania (estatuto finlandés) y un reconocimiento de la soberanía e integridad territorial ucraniana a todos los efectos por parte de Euroatlántida y de Rusia. Por desgracia es poco probable que el kaganato occidental de Kíev y sus irresponsables padrinos que han llevado las cosas hasta este punto, abran vía a eso.

Hasta personajes tan peculiares como Henry Kissinger advierten de que, “cualquier intento de una parte de Ucrania por dominar a la otra conduce a largo plazo a una guerra civil o a una división. Tratar a Ucrania como un capítulo de la confrontación Este/Oeste destruirá para décadas cualquier posibilidad de integrar a Rusia y Occidente, sobre todo a Rusia y a Europa, en un sistema internacional cooperativo”.

The post El Kaganato de Kíev y otras historias appeared first on Diario de Berlín (2008-2014).

]]>
https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/el-kaganato-de-kiev-y-otras-historias-55192/feed 33