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]]>Duterte cuenta con el apoyo de tres de cada cuatro filipinos, según un sondeo llevado a cabo por la firma local Social Weather Centre entre los días 24 y 27 de septiembre. Según este estudio un 76% de los filipinos encuestados señaló estar satisfecho con la gestión de su mandatario. Una cifra muy superior al 40% de votos con que fue elegido presidente en las elecciones de mayo de este año y que le situa como el segundo líder más popular del país en sus primeros tres meses de gobierno, sólo dos puntos por debajo de Fidel Ramos, que gobernó Filipinas entre los años 1992 y 1998.
Otra muestra de la misma firma, dada a conocer también la semana pasada, revela un apoyo aun mayor de la población a “Rody” Duterte en su violenta operación contra las drogas, en un país que cuenta con 1,8 millones de adictos. Un 84% de filipinos afirma estar de acuerdo con su campaña, si bien un 71% considera “muy importante” que los sospechosos implicados en asuntos de drogas no mueran en las actuaciones policiales y otro 23% lo ve “bastante importante”.
Unas cifras que no dejan de causar cierta extrañeza si se tiene en cuenta el balance escalofriante de la campaña anti drogas impulsada por el mandatario filipino desde que accedio al poder el 30 de junio. Desde esta fecha han muerto más de 3.700 personas, de las que más de la mitad de ellas han fallecido a manos de grupos de personas que se han tomado la justicia por su mano. A ello se suma la detención por parte de la policia de más de 22.000 supuestos narcotraficantes y el registro de más de 1,6 millones de viviendas de personas consideradas sospechosas, así como el hecho de que alrededor de 732.000 narcotraficantes y consumidores de estupefacientes se han entregado a las autoridades, según datos publicados po el periódico Inquirer..
Un apoyo que los filipinos otorgan a este político fanfarrón, deslenguado y calificado de pintoresco por algunos observadores políticos, movidos por la esperanza de que llevará a cabo sus promesas, frente a los miembros del centenar de dinastias político-económicas que han conducido hasta ahora el destino de Filipinas sin resolver sus carencias. Un país fuertemente armado, donde la violencia y los ajustes de cuentas están el orden del dia, especialmente en el sur del rchipiélago, y en el que uno de cada tres habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza.
Y también confían en él cuando les ha prometido acabar con la guerrilla comunista, reactivar la industria minera y mejorar el sistema laboral. Por el momento, ha reanudado las conversaciones de paz con el Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP), la plataforma que representa a la rebelión comunista del país. Su ministro de Trabajo estudia la forma de aumentar el salario mínimo, que se situa en orno a los 200 euros, en un 20%, y sus expertos han empezado a estudiar como resolver el problema de los gigantescos atascos de tráfico que afectan a Manila y otras grandes ciudades del país.
Pero a este mandatario, que a sus 71 años se ha convertido en el presidente de más edad de su país, los filipinos también le perdonan su vocabulario. Le permiten que haya insultado a Obama, al Papa y a los líderes de la Unión Europea y de la ONU, porque en el fondo se sienten identificados con la defensa que hace de ellos cuando echa mano de su lenguaje populista y advierte a los líderes internacionales que no son un país de segunda división. Unos impulsos que le han llevado a declarar su voluntad de mostrarse menos dependiente de Estados Unidos y acercarse a China y a Rusia, en un deseo de diseñar una política exterior más independiente.
En resumen, unas iniciativas que después de cien días en el poder han permitido a Rodrigo Duterte dar relevancia a Filipínas en el plano internacional, aunque haya sido a costa de mucha controversia. Una situación que deja muchas preguntas sin respuesta acerca de hacia donde se dirige este país del sudeste asiático. Un horizonte que algunos analistas locales empiezan a presentar como el de una Venezuela asiática, si se compara su discurso anti EE.UU. con el que esgrimía el presidente venezolano Hugo Chavez en sus primeros tiempos. Habrá que esperar lo que nos deparan los próximos cien días para averiguar hacia adonde se dirige Filipinas.
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]]>No, no se trata de eso. Si no más bien todo lo contrario: se ha convertido en un negocio lucrativo. Hasta el punto de que una oficina de bodas (donde también se registran las demandas de divorcio) del ayuntamiento de Shanghai ha decidido colgar un cartel que señala a los demandantes de la separación por motivos “inmobiliarios” que “el mercado inmobiliario está lleno de peligros, pensadlo dos veces antes de divorciaros”.
Una advertencia que tiene su razón de ser. Al menos esto es lo que se desprende de las cifras que revelan las estadísticas municipales de las dos principales ciudades del país, Pekín y Shanghai. En ambas metrópolis, el aumento del número de divorcios ha crecido un 40 por ciento en los nueve primeros meses del año. Una cifra enorme en comparación al mismo periodo de tiempo del año anterior.
Al parecer, detrás de este aumento del número de separaciones no se haya tanto un problema de convivencia social, como de pragmatismo económico. Muchas parejas chinas optan por romper oficialmente su matrimonio para escapar al impuesto sobre las plusvalías inmobiliarias.
Y es que el Gobierno chino, en la búsqueda de fórmulas para frenar el incremento de los precios del sector inmobiliario, optó por reformar la normativa y aplicar a principios de este año una tasa del 20% sobre las plusvalías por la venta de propiedades. Sin embargo, la nueva ley deja un resquicio legal, que se ha convertido en un salvavidas financiero para muchos matrimonios que habitan en esas dos ciudades, donde el impuesto se ha aplicado de forma experimental.
Esta laguna supone un negocio redondo para los jóvenes propietarios, y otros que lo son menos. Permite, en determinadas condiciones, a aquellas parejas que posean dos bienes inmuebles divorciarse y compartir las dos propiedades y vender al menos una de ellas sin tener que pagar impuestos. Y, además, nada impide a los dos divorciados volverse a casar, una vez llevada a cabo la operación de venta. Una argucia que puede ahorrar varias decenas de miles de euros a un matrimonio.
Toda una lección de pragmatismo económico, donde el corazón no está reñido con la razón, ni mucho menos con el bolsillo.
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]]>No obstante, en la medida en que la actual escalada bélica de los dirigentes norcoreanos han puesto al límite la estabilidad regional y los intereses de la propia China, el resultado de las entrevistas que mantuvo sábado, 13 de julio, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, con los más altos mandatarios chinos, ha dejado un sabor agridulce. Han arrojado mucha menos luz de lo que se esperaba, acerca de la postura de Pekín en la crisis coreana.
Cabía esperar que estas reuniones se centraran en la creciente beligerancia que muestra Corea del Norte y su amenaza para la región del Pacífico, y mostraran a los países de la región en particular y a la comunidad internacional en general cómo los dos países más importantes del mundo cooperarían para contener esta crisis.
Sin embargo, este no parece haber sido el caso. Al menos esta es la impresión que se obtiene tras leer y releer los medios de comunicación chinos sobre los contenidos de estas reuniones.
Según dichas informaciones, el presidente chino, Xi Jinping, ni siquiera mencionó el tema de Corea del Norte. Tanto él como Kerry se encargaron de pregonar la necesidad de adoptar una perspectiva estratégica y de largo plazo de las relaciones chino-estadounidenses, así como de aumentar la frecuencia de las visitas de alto nivel y abordar de manera conjunta los grandes desafíos. Hay que suponer que en el término “grandes desafíos” incluyeron a Corea del Norte, aunque decidieran no mencionar el problema por su nombre para evitar cualquier reacción del régimen de Pyongyang, siempre susceptible a interpretar cualquier gesto como una agresión.
Según la versión inglesa de la agencia de noticias oficial china Xinhua, Kerry mencionó el tema de Corea del Norte sólo durante su discurso de apertura en una sesión de fotos de cinco minutos con los periodistas. En ella es donde le dijo a Xi Jinping lo de que “son momentos críticos con algunos asuntos muy complejos, como las cuestiones relativas a la península de Corea, los retos de Irán y las armas nucleares, Siria y Oriente Medio, y la necesidad de impulsar la economía mundial”.
El primer ministro chino, Li Keqiang, fue un poco más directo con Kerry y le dijo que la problemática norcoreana amenazaba con perjudicar los intereses de todas las partes involucradas, según Xinhua. “Hacer esto no es distinto de levantar una piedra para dejarla caer sobre tus propios pies”, dijo Li citando un viejo proverbio chino, en alusión a la escalada bélica de Pyongyang. Un comentario que se puede interpretar como una clara advertencia a Corea del Norte, pero que también sugiere una crítica sutil a Estados Unidos y a sus aliados surcoreanos y japoneses.
Mucho más claros fueron en cambio el ministro de Exteriores, Wang Yi, y el consejero de Estado y máximo diplomático chino, Yang Jiechi, con el responsable de la diplomacia de Estados Unidos, acerca de las inquietudes de Pekín sobre los pasos dados por Corea del Norte. Ambos reiteraron que los objetivos de China pasan por lograr una península coreana sin armas nucleares y la resolución de este problema a través del diálogo.
La realidad es que la conclusión que se extrae de las declaraciones de los líderes del gigante asiático y los analistas chinos tras la visita de John Kerry es que en Pekín no existe una línea clara de cómo abordar el tema de Corea del Norte. O al menos no se quiere mostrar claramente.
La realidad, sin embargo, es que los hechos de los últimos meses indican que el Gobierno chino ha cambiado el tono respecto al régimen norcoreano. Así lo hace suponer, por ejemplo, el apoyo de de Pekín a las sanciones de la ONU por la realización de la tercera prueba nuclear norcoreana.
No obstante, no está claro si esa posición se mantendrá en el futuro no fue un hecho puntual, para demostrar a los dirigentes norcoreanos que su protector esta enfadado.
En la capital china, las opiniones acerca de la postura que debe adoptar la diplomacia de Pekín hacia Pyongyang están divididas. El punto de vista más compartido es que si China corta el envío de combustible y bienes de consumo a los norcoreanos, el régimen de Kim Jong Un se podría colapsar y una oleada de refugiados podría invadir las regiones fronterizas de China. Y más grave aun, ello podría acelerar un proceso de unificación impulsado por Corea del Sur. Un proceso que acarrearía con toda seguridad el establecimiento de tropas estadounidenses al otro lado de la frontera china, debido al acuerdo de cooperación entre Corea del Sur y Estados Unidos.
Pero, por otra parte, crece también el sentimiento entre los altos funcionarios y expertos del gigante asiático acerca de que la creciente actitud beligerante del régimen de Pyongyang está socavando la estabilidad regional y perjudica los intereses de la propia China. Un comportamiento que da argumentos más que suficientes a Washington para aumentar su presencia militar en esta región de Asia-Pacífico.
Y además incita a los países vecinos de China, como Japón, Filipinas y Corea del Sur, a incrementar sus gastos militares. Todo ello cuando Pekín afronta unos litigios con algunos de estos países por la soberanía territorial de varios archipiélagos ricos en hidrocarburos y recursos naturales. Una coyuntura que impulsa a aumentar la carrera de armamentos en el Pacífico.
Este panorama sitúa a los nuevos líderes chinos ante la difícil situación de revisar o, si se prefiere, actualizar las relaciones de China con Corea del Norte.
Una cosa parece clara para los responsables y analistas chinos: Estados Unidos no debería culpar a Pekín por no presionar lo suficiente a Pyongyang y debería preocuparse más en frenar sus propias acciones para rebajar las suspicacias norcoreanas. Así lo sugería el pasado fin de semana la propia Xinhua, al señalar que Washington tenía la llave para reducir el clima de tensión en la península coreana. Una afirmación que apoyaba con el argumento de que la situación actual obedece a décadas de sanciones y demostraciones de fuerza por parte de EE.UU.
En su comentario, la agencia de noticias oficial china emplazaba a la Casa Blanca a abandonar su política de confrontación, a escuchar el sentimiento de inseguridad que invade a los gobernantes de Pyongyang y luego a resolver el problema en una mesa de negociación.
La realidad es que desde la semana pasada tanto Corea del Sur como Estados Unidos han lanzado señales conciliatorias al régimen norcoreano acerca de la necesidad de buscar una salida dialogada al conflicto. Una solución que tanto Washington como Seúl, pero también Tokio y Pekín, consideran que va condicionada a que Pyongyang acepte abandonar su objetivo de disponer de armas nucleares. Una idea que el joven líder Kim Jong Un no parece dispuesto a asumir.
Este panorama emplaza a los máximos mandatarios chinos, que asumieron formalmente el liderazgo del gigante asiático el pasado mes de marzo, a poner sus cartas sobre la mesa en la cuestión de Corea del Norte. No sólo por responsabilidad ante la comunidad internacional, sino también porque la actitud del régimen de Pyongyang sugiere que Kim Jong Un y sus asesores van por libre y sólo se escuchan a si mismos.
Corea del Norte se ha convertido pues en la prueba del algodón en materia internacional para los nuevos dirigentes chinos. La forma en que se resuelva esta crisis y el papel que juegue Pekín dará a conocer, sin duda, el futuro protagonismo que Xi Jinping y Li Keqiang quieren que desarrolle China como potencia regional y mundial.
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]]>Ese día se habrá dado por terminado el traspaso de poderes y el nuevo dirigente chino acumulará todo la autoridad del país: será el secretario general del mayor partido comunista del mundo (82 millones de miembros), el presidente de la República y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Poco a poco todo vuelve a la normalidad en la capital china. Los cientos y cientos de miles de voluntarios que se apostaban en las calles y establecimientos con sus brazaletes rojos han vuelto a sus casas o a sus trabajos cotidianos. Internet vuelve a ir con la misma lentitud de todos los días, pero sin ser exasperante (no le deja colgado a uno con la rapidez de estos últimos días). Y ya se han levantado algunas prohibiciones absurdas, como que las palomas ya no tienen prohibido volar y los taxis puedan volver a circular con las ventanillas bajadas, aunque ahora ya no lo hacen porque la temperatura ha bajado mucho.
La pregunta que se hace ahora el mundo entero es si estos cambios internos modificaran la línea de actuación de Pekín o no. A primera vista, todo indica que no. Quizás cambien las formas, pero no el fondo, al menos en los primeros meses. No hay que olvidar que los grandes objetivos ya están trazados desde el año pasado, cuando se aprobó el Plan Quinquenal 2011-2015, por lo tanto no deberían haber sorpresas.
No obstante, a lo largo de la última semana han habido movimientos interesantes que el tiempo se encargará de aflorar y de situar en su sitio.
En este congreso extraordinario, el Partido ha cerrado filas alrededor del nuevo secretario general, Xi Jinping, y ha dejado atrás los escándalos que han afectado a su imagen y credibilidad en los últimos meses. Especialmente el que ha envuelto al ex dirigente de la ciudad de Chongqing, Bo Xilai, pendiente de juicio por haber violado la disciplina de la organización y posiblemente por ser cómplice del asesinato de un súbdito británico, cometido por su esposa Gu Kailai. Habrá que ver, sin embargo, la sentencia que le caerá en su momento a Bo y las reacciones que provocará.
Por otra parte, ha sido una reunión extraordinaria que ha visto como el secretario general saliente, Hu Jintao, ha optado por traspasar a su sucesor, Xi Jinping, el relevo del poder sin intentar hacerle sombra, como pasó diez años atrás con el propio Hu. En aquella ocasión su antecesor, Jiang Zemín, se aferró al cargo de presidente de la Comisión Militar Central durante dos años más. Una decisión que entonces levantó las iras de los líderes más ancianos y provocó que el mayor ejército del mundo tuviera dos jefes: el del Partido, encarnado por Jiang, y del Estado, a cuyo frente se hallaba Hu Jintao. Ahora, en cambio, todos los líderes del Partido, los salientes, los entrantes y los ancianos optaron por arropar al nuevo secretario general sin discusión, lo que constituye un factor importante de estabilidad interna.
Y ello a pesar de que Jiang Zemín ha vuelto a emerger y le ha ganado el pulso a Hu Jintao en el reparto de puestos en la cúpula del Partido. La mayoría de miembros del Comité Permanente, que se ha reducido de9 a7 miembros, son protegidos de Jiang. Son hombres, sin embargo, que deberán abandonar el núcleo central del poder comunista dentro de cinco, porque habrán llegado a su edad de jubilación. Momento en el cual, seguramente, Hu Jintao dará la batalla por situar entonces a sus hombres, con el fin de que accedan al poder en el 2022 y consoliden su herencia política.
Pero si se observa más allá del Comité Permanente, se puede llegar a la conclusión que ahora el Politburó y el Comité Central está plagado de caras nuevas y jóvenes. La ola de renovación se puede decir que ha sido prácticamente un tsunami, especialmente en el seno del Comité Central, donde el 80% de los 205 miembros han nacido después de 1950 y nueve vieron la luz después de 1960. Ninguno de ellos ha vivido ni la invasión japonesa, ni la guerra civil, ni el nacimiento de la República popular.
Esta nueva hornada de dirigentes es más que probable que apoyen la necesidad de profundizar en el concepto de “democracia consultiva socialista” en el seno del Partido, que sugirió Hu en su último discurso. Una propuesta que se puede interpretar como un primer paso hacia la reforma política en el seno de la organización, aunque expresado con una terminología farragosa y enterrado en medio de un discurso de más de 60 páginas. Se trata de intentar aplicar algo de transparencia a una organizacion que se rige por una opacidad manifiesta, lo que alimenta el creciente malestar y descrédito que sufre el Partido ante la población, que se queja de una corrupción rampante y del constante abuso de poder por parte de los funcionarios.
Precisamente estos dos aspectos son los que señaló Xi Jinping en su primer discurso como secretario general. Advirtió que los tiempos que vienen serán duros para la organización. Manifestó que el Partido afronta desafíos muy serios y que no había tiempo que perder.
Xi subrayó la necesidad de que el Partido debe resolver el problema de la corrupción. Una lacra que su antecesor, Hu Jintao, citó en su último discurso como una amenaza capaz de destruir al Partido y al Estado, tal es la gravedad del problema que afecta a China.
Y es que, a pesar de sus proclamas, el Gobierno de Pekín no logra atajar la corrupción. En los últimos años han sido castigados más de 600.000 funcionarios, por cometer delitos de este tipo, y más de 3,8 billones de dólares han salido ilegalmente del gigante asiático desde el año 2000. Y no se vislumbran acciones que acvaben con este panorama.
El segundo gran reto que Xi Jinping se ha marcado como objetivo prioritario en su mandato es el de reducir la burocracia que atenaza al Partido y al Estado. Un formalismo que alimenta el divorcio entre la China oficial y la real y que, sin duda, supondrá un esfuerzo titánico.
Pero si el Partido tenía un objetivo y Xi considera que tiene dos grandes retos prioritarios en su primer mandato, el secretario general saliente, Hu Jintao llegó al congreso con tres deseos. Uno lo vio realizado. En cuanto a los otros dos, sólo el tiempo dirá si ha fracasado o ha triunfado.
Y es que Hu aspiraba, como los líderes anteriores, a dejar un legado histórico que se reflejara en la Constitución del Partido, junto al pensamiento de Mao, las ideas de Deng Xiaoping y la teoría de la triple representatividad (apertura del Partido a los empresarios) de Jiang Zemín. Lo consiguió. Su definición ideológica del desarrollo científico se ha encumbrado a los altares del pensamiento ideológico chino. El eje central de esta idea es la búsqueda de un desarrollo equilibrado y sostenible con el objetivo de alcanzar una “sociedad armoniosa”. Una meta que a lo largo de la última década se ha mostrado inalcanzable, ya que la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado en lugar de disminuir.
Los otros dos deseos por los que suspiraba Hu se han quedado en suspenso y van íntimamente ligados. El secretario general saliente quería marcharse dejando colocados a sus protegidos de cara al próximo reparto de poderes, de aquí diez años, y seguir manteniendo una cierta influencia en los órganos de poder. Esta aspiración, sin embargo, ha quedado en suspenso.
A corto plazo, se podría decir que Hu ha perdido la batalla ante Jiang Zemín, ya que sólo ha podido colocar a un hombre suyo (Li Keqiang) en el Comité Permanente. Sin embargo, es probable que gane la guerra y que de aquí cinco años pueda situar a sus peones en el Comité Permanente y dentro de diez el presidente de China sea un protegido suyo.
El tiempo juega a favor de Hu Jintao. Dentro de cinco años, en el 2017,todos los aliados de Jiang Zemín, que entonces tendrá 92 años, deberán abandonar el corazón del poder porque les habrá llegado la hora dela jubilación. Ese será el momento de Hu para colocar a sus favoritos. Por el momento tiene a dos hombres muy bien colocados en el Politburo. Ambos tienen ahora 49 años, es decir dentro de diez tendrán la edad ideal para acceder a la cima del poder comunista. Se trata del secretario del Partido en Mongolia Interior, Hu Chunhua, apodado “Pequeño Hu”, por su condición de protegido de Hu Jintao (no tienen ningún parentesco familiar) y el de Jilin, Sun Zhengcai.
Pero este desenlace ya corresponde a la política ficción. Es difícil decir cuáles de estos deseos de Hu se convertirán en realidad, dada la feroz lucha interna y la dureza de las negociaciones entre las facciones rivales, según los observadores. Pero es casi seguro de que Hu Jintao no conseguirá un hat-trick en sus deseos, ya que su fuerza es inferior a la que tenían los anteriores líderes comunistas, como se ha visto en esta negociación ante ancianos dirigentes como Jiang Zemín (86 años) o Li Peng (84).
No obstante, por el momento la única realidad palpable es que Hu Jintao ha pasado el relevo a Xi Jinping al frente del Partido. Ahora habrá que observar con lupa los primeros pasos del nuevo dirigente, aunque los observadores apuestan porque gobernará con la misma prudencia que su antecesor, al menos en los primeros tiempos.
En materia de política exterior no se espera ningún giro espectacular. El nuevo timonel del gigante asiático, que habla inglés correctamente, reivindica el orgullo nacional de China como potencia regional en el Pacífico, lo que hace pensar que proseguirán las tensiones con Japón, Vietnam y Filipinas por la soberanía de las islas Diaoyu/Senkaku y Spratley, respectivamente. Y se mantendrá la actual línea de diálogo y cooperación con Estados Unidos y Europa.
Y aunque tampoco se espera que impulse ninguna modernización política audaz en China, habrá que observar que política adopta Xi en materia de derechos humanos. Unos de los temas que tiene encima de la mesa este político casado con una popular y bella cantante, es la decisión de liberar o dejar en la cárcel al premio Nobel de la Paz 2010, el escritor y disidente Liu Xiaobo. La decisión que adopte servirá de referencia a Occidente.
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]]>La defenestración del más populista y carismático político chino ha puesto en evidencia ante la opinión pública del país asiático una serie de problemas derivados de un sistema de partido único que antes sólo intuían. Ahora, gracias en parte a internet y a las redes sociales, el debate y la reflexión son imparables.
Al día siguiente de que se anunciará la expulsión de Bo Xilai del Partido, dos jóvenes chinos discutían sobre esta noticia en la terraza de una cafetería de Pekín abiertamente. Sólo bajaban la voz en cuanto se acercaba algún camarero.
Uno de ellos cuestionaba toda la avalancha de acusaciones que se ha vertido contra Bo Xilai y su mujer, Gu Kailai. Argumentaba que el exalcalde y hombre fuerte del Partido en Chongqing –la mayor ciudad de China con 33 millones de habitantes- era un hombre preocupado por la creciente brecha entre ricos y pobres y que siempre había luchado contrala corrupción. Yque, además, su mujer era una prestigiosa abogada. Y que, en fin, tenía serias dudas de que esta pareja poderosa fuera capaz de urdir y cometer el asesinato de un empresario británico, Neil Heywood, que además era amigo de la familia.
Su contertulio, no le desmintió. Pero tampoco compartió su razonamiento. Reconoció que era un asunto muy turbio, pero que era muy difícil hacerse una idea de lo que realmente ha pasado, porque los únicos que manejan toda la información son los responsables del Partido.
Y es verdad. La única información existente esla oficial. Seconoce que Gu Kailai confesó su crimen y ha sido sentenciada a muerte, con pena suspendida dos años (lo que en la práctica equivale a cadena perpetua). Y se sabe que la mano derecha de Bo, el exjefe de policía y exvicealcalde de Chongqing, Wang Lijun, confesó sus penas y ha sido condenado a quince años de cárcel.
No obstante, el caso de Bo Xilai posiblemente marque un antes y un después en la evolución política del gigante asiático y empuje a los nuevos dirigentes, que surgirán del congreso extraordinario que se celebrará en Pekín a partir del 8 de noviembre, a impulsar reformas políticas. Una iniciativa de la cual no será ajena la influencia que ejerzan las redes sociales, a pesar de los esfuerzos del régimen por controlarlas.
Y es que el propio comunicado del Partido, emitido porla agencia Xinhua, explicando los motivos de la expulsión del ambicioso expolítico chino –hijo de uno de los líderes de la revolución, Bo Yibo, que lucho junto a Mao Zedong- ha despertado una serie de interrogantes entre la población que obligarán a los sucesores del actual presidente, Hu Jintao, y del primer ministro, Wen Jiabao, a dar unas respuestas claras y concretas a la opinión pública.
El analista político Zhang Lifan, por ejemplo, sugiere en el periódico South China Morning Post de Hong Kong que muchos chinos se deben preguntar ¿Cómo es posible que Bo Xilai haya podido llegar tan alto si ha violado repetidamente la disciplina interna del Partido desde los años 90? Un interrogante inducido por el comunicado del Politburo, que apunta a que Bo habría empezado a transgredir las normas internas de la organización comunista cuando se hizo cargo de la alcaldía de la ciudad de Dalian, entre 1993 y 2001. Y que sus tropelías continuaron durante su gestión como gobernador de la provincia nororiental de Liaoning, y más tarde como ministro de Comercio (2004-2007) y jefe del Partido en Chongqing.
La falta de respuestas acerca de cómo es posible que este político haya podido hacer de su capa un sayo durante dos décadas revela la existencia de profundas fallas en el sistema del partido-Estado.
Zhang Ming, analista y politólogo dela universidad Renminde Pekín, ha subrayado al respecto que “el esfuerzo por demostrar la deshonra de Bo podría ahondar el escepticismo entre la población acerca del sistema imperante y empeorar la crisis ideológica entre los miembros del Partido, a pesar de la intención de sus dirigentes de adoptar medidas enérgicas contra la corrupción y no mostrar ningún tipo de compasión hacia los altos funcionarios y los llamados “principitos” o hijos de los héroes revolucionarios que lucharon junto a Mao Zedong
Y es que buena parte de la gente con menos poder adquisitivo sospecha que gran parte de las fortunas del país se han amasado gracias al sistema de partido único y a la oportunidad de aprovecharse dela corrupción. Unadenuncia, que al menos verbalmente, había planteado Bo Xilai y por la que se habría granjeado apoyos entre las filas del ejército y del Partido. Unos argumentos, por otra parte, que le permitían aspirar a formar parte de la cúpula de líderes que surgirá del congreso extraordinario de noviembre para gobernar China durante la próxima década. Una posibilidad que, sin duda, alteraba el consenso que se estaba tejiendo entre las distintas facciones del Partido.
No obstante, todo hace presuponer que la proyección mediática y social que ha logrado Bo Xilai no se desvanecerá con el paso del tiempo. El filosofo e historiador Yuan Weishi apunta que el Partido se equivocaría y podría verse inmerso en conflictos si opta por silenciar a las voces críticas que denuncian que sólo se ha reaccionado con rapidez a los delitos de Bo Xilai.
El panorama que se dibuja a partir de ahora es que se juzgará a este defenestrado político, posiblemente antes de la celebración del congreso extraordinario, y será castigado con una dura pena que podría traducirse en 20 años de cárcel. Luego tendrá lugar la renovación de la cúpula comunista para la próxima década y después, con tiempo, se aborden algunas reformas de tipo político.
Todos los analistas políticos locales coinciden en señalar que la forma en que se ha revelado el caso de Bo Xilai y la crisis de legitimidad política que ha desencadenado tendrá profundas implicaciones para el futuro de China. Para Zhang Ming, “El hecho de que el sistema político se haya encontrado en el ojo del huracán del peor escándalo de las últimas décadas ha hecho más evidente la necesidad de que se revise el sistema de partido único, que es la base del comportamiento imprudente de Bo”, ha señalado Zhang Ming.
Así, se podría dar la paradoja de que Bo Xilai, que había hecho del populismo neomaoista su bandera política acabe allanando el camino a aquellos que en el Partido son favorables a profundizar en la reforma política, una reestructuración que lleva años estancada. Para ello habrá que esperar, sin embargo, a conocer el equilibrio de fuerzas en la nueva composición de los órganos directivos del Partido para dilucidar si estas reformas se llevarán a cabo y cual será su calado.
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]]>El cuadro no tenía desperdicio. Eran, aproximadamente, las doce de la mañana, de un día entre semana en una esquina de dos concurridas avenidas del distrito de Chaoyang de Pekín, un área que congrega a buena parte de la población extranjera de la capital china.
En aquella esquina, sentada en una silla extraída de una pastelería-cafetería una ayi (nombre que se da en China a las empleadas de hogar) de cuarenta y muchos años daba el biberón a un sonrosado bebé occidental. A su lado, de pie, sin siquiera mirarla, como si no fuera con ella, se hallaba una joven occidental. Alta, rubia, esbelta, de treinta y pocos años, con sus gafas de sol Ray-ban, bolso Louis Vuitton (verdadero o falso, no lo sé), vestida de ropa de marca (verdadera o falsa, no lo sé) y manipulando su iphone.
Las preguntas se me agolparon en la cabeza. ¿El frenesí de la rubia occidental sería porque se habría perdido en la grandiosidad de Pekín? No creo, iba con una ayi, un cochecito de bebé y una criatura, que debería ser suya.
¿Llegaría tarde a una cita para comer? No creo, iba con un bebé y una ayi. ¿El chofer con el vehículo para recogerla y llevarla a casa o a algún otro lugar se retrasaba? Es una posibilidad, pero entonces ¿Por qué llevar al bebé y a la ayi?
Uno puede plantearse las preguntas más rebuscadas, pero al final me inclino a pensar que si iba con un cochecito de bebé es que había salido de paseo, acompañada de la ayi.
Pero hay otros pensamientos que a uno le asaltan cuando tropieza con estas escenas. Como por ejemplo pensar si esta señora era consciente de que aquel bebé era hijo suyo y estaba bajo su responsabilidad. Y si sabía que con aquella actitud no inspiraba ningún respeto a su subordinada, que debía pensar que aquella señora rubia se comportaba igual que los occidentales en las historias que le habían contado sus abuelos acerca de los tiempos de las guerras del opio del siglo XIX. Una época que los chinos tiene grabada a sangre y fuego en la memoria como un periodo plagado de humillaciones por parte de los occidentales y que aun hoy esgrimen cuando conviene.
Y, lo que es peor, es que con su frívola actitud no parecía importarle para nada la situación económica por la que atraviesa Europa, porque la joven madre era ciudadana europea. Ni tampoco que, a lo mejor, la empresa para la que trabaja su esposo está controlada por capitales chinos o que su país se mantiene gracias a la compra de deuda soberana por parte de las autoridades de Pekín.
Se trata de un talante que después, tarde o temprano, siempre sale a relucir en las conversaciones entre occidentales. En ellas siempre hay alguien que explica alguna anécdota acerca de lo caro que resulta comprar un producto de consumo porque el vendedor chino pretendía cobrar a un precio desorbitado.
¿Cómo no pretenderán aplicar precios occidentales si, a pesar de la crisis, los europeos –no todos pero si una buena parte- seguimos dando muestras de ostentación en China y de que la crisis no va con nosotros?
¿Y cómo van a tomarnos en serio los chinos si ante la crisis que azota la eurozona los europeos actuamos con tanta frivolidad?
Al final, uno se queda con la conclusión de que los europeos hemos aprendido muy poco de la historia y vamos por el mundo con una mirada y un pensamiento eurocéntricos, sin querer asumir que estamos abocados a un acelerado proceso de decadencia económica y de valores que nos va a pasar una factura muy cara..
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]]>La sociedad china profesa una especial veneración al dragón. Es el único animal mitológico de su horóscopo, representa los cinco mil años de la cultura del Imperio del Centro y fue adoptado como símbolo del país hace más de veinte siglos.
Pero la festividad de este año nuevo lunar se les ha indigestado a las autoridades chinas. El año del dragón de agua empezó el pasado 23 de febrero y se prolongará hasta el 9 de febrero del 2013. Pero este mismo día estallaban disturbios en la prefectura autónoma tibetana de Ganzi, en la provincia suroccidental de Sichuan, la misma que sufrió el segundo terremoto más mortífero de la historia del país en el 2008, que causó más de 80.000 muertos.
La situación a día de hoy, jueves 26 de enero, parece lejos de haber vuelto ala normalidad. Comoacostumbra a pasar en estos casos, la región se halla sometida a un bloqueo general. Internet no funciona, ni tampoco los teléfonos, hay controles en las carreteras, según explica un periodista dela agencia FrancePressy toque de queda.
Y aunque la información que llega es muy escasa y difiere en función de si la difunden las organizaciones pro tibetanas con sede en Occidente o China, nadie ha negado que se tratede los peores altercados desde el año 2008. En marzo de ese año, los choques entre políticas y manifestantes tibetanos causaron más de 200 muertos, según fuentes tibetanas, mientras que el régimen de Pekín acusó a los manifestantes de matar a 31 personas,
Ahora, las propias autoridades chinas han reconocido que las protestas, que empezaron el lunes en el condado de Luzhuo, se han extendido al vecina zona de Sedá. Y en ambas áreas se han producido choques violentos entre las fuerzas de la policía y los manifestantes. Unos enfrentamientos que habrían causado la muerte de dos personas según las fuerzas de seguridad chinas, y de entre cinco y once, según las organizaciones Free Tibet y International Campaign for Tibet (ICT). Y los heridos oscilarían entre 24 y 70 personas, entre policías y manifestantes.
Los orígenes de estos choques de violencia habría que buscarlos en los intentos de los tibetanos de expresar sus críticas al régimen de Pekín, al que culpabilizan de reprimir su cultura y su religión. En este sentido, un total de dieciséis monjes se auto inmolaron en esta región de Sichuan, de población mayoritariamente tibetana, en signo de protesta. Y en la respuesta autoritaria y represora de las fuerzas de seguridad.
La falta de información transparente y contrastada ha impulsado a Estados Unidos a expresar su preocupación porla situación. Washingtonha recordado a Pekín que siempre ha mantenido una posición clara y concreta en lo que se refiere a los derechos humanos de los tibetanos y ha precisado que el presidente Barack Obama planteará esta cuestión al viceprimer ministro y futuro presidente chino, Xi Jinping, en la visita que este realizará ala Casa Blancael próximo 14 de febrero.
Por el momento, parece ser que la situación en las zonas tibetanas de Sichuan es de calma tensa y vuelve a estar bajo control de las fuerzas de seguridad chinas. Muchos efectivos han visto suspendidas sus vacaciones de año nuevo y han sido enviados a la prefectura autónoma tibetana de Ganzi para evitar nuevos disturbios.
¿Pero por cuanto tiempo reinará la tranquilidad? Nadie lo sabe. Ni nadie se atreve a realizar previsiones. Ni siquiera, seguramente, el maestro del feng shui taiwanés. La próxima fecha señalada es el 22 de febrero, día en que los tibetanos celebrarán su año nuevo. Una celebración que puede provocar otra oleada de disturbios y seguir amargando el año del dragón de agua a los mandatarios chinos.
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]]>El suceso, que ocurrió en la ciudad de Foshan, en la sureña provincia de Guangdong y a unos 30 kilómetros de Cantón, ha conmocionado a la sociedad china y a los extranjeros que habitamos en el país asiático.
El episodio ha suscitado una avalancha de críticas en Internet, pero también entre aquellas personas de más edad en China que no frecuentan la red, acerca de la desidia y la falta de valores morales que parece apoderarse de la sociedad china. Las imágenes de la niña atropellada en medio de la calle sin que nadie se dignase a socorrerla son escalofriantes. “Dan ganas de marcharse del país”, comentaba un amigo.
Y es que ciertamente el caso de Yue Yue, como la llamaban sus familiares y amigos, ha puesto en evidencia una realidad en China: la indiferencia, la falta de solidaridad y lo que es más triste, el amor al dinero por encima de todo.
En unos casos, porque el afán por enriquecerse causa estragos en China. Una tendencia especialmente evidente entre los más jóvenes del país asiático, aunque afortunadamente no en todos ellos. Y en otros, porque el miedo a perder lo poco que tienen lleva a los más pobres de la sociedad a congelar sus sentimientos con tal de no perder lo poco que tienen.
El temor de los menos favorecidos en la sociedad china a perder los pocos ahorros que poseen tiene su explicación. Existe el rumor extendido –convertido en realidad en más de una ocasión- en que ayudar al prójimo puede ser una fuente de conflictos. La gente evita auxiliar a alguien que necesite ayuda por miedo a que si lo lleva al hospital después lo acuse y le haga pagar los costes de los tratamientos médicos. Un razonamiento realmente triste y mezquino por ambas partes.
Pero igualmente atribulada ha sido la respuesta que han dado académicos y responsables gubernamentales de la provincia de Guangdong, propias de un régimen autoritario. Ante la estupefacción de lo acontecido han lanzado un debate sobre la necesidad de adoptar una legislación de asistencia obligatoria al necesitado, que incluya sanciones para aquellos que no presten socorro a la persona accidentada.
Hay que interrogarse, sin embargo, quien supervisaría la aplicación de la norma y, en cualquier caso, si persiste la negativa de la gente a auxiliar al necesitado, éste igual que le pasó a Yue Yue se desangrará en plena calle.
El problema es otro muy distinto, que no se revuelve con leyes sino con principios educativos. La nueva sociedad china esta falta de educación ciudadana y de valores éticos y morales. No se trata de insuflar valores religiosos a 1.300 millones de chinos, sino de que entiendan y asuman el concepto de la solidaridad. En caso contrario seguirá habiendo muchas otras Yue Yues, por muchas cámaras de vigilancia que existan en las calles de las ciudades chinas.
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]]>Sin embargo, por el momento las autoridades de Pekín se dedican a repartir declaraciones de buenas intenciones y poca cosa más. Sugieren a los líderes occidentales en apuros que antes de solicitar su ayuda pongan orden en las finanzas públicas de sus respectivos países. Intentan tomar distancia y mirar con frialdad la situación. Entre otras cosas porque China también tiene sus propios problemas económicos y sus dirigentes están enzarzados en como resolverlos.
En estos momentos, la palabra de moda que mejor define la evolución de la economía china es reequilibrio. Los últimos datos confirman que el ritmo de crecimiento del gigante económico está disminuyendo. La incógnita por despejar es si el aterrizaje será más o menos suave, pero lo que está claro es que el planeta entero está pendiente de los próximos pasos de la segunda potencia mundial. No en balde, China se había convertido en la locomotora de la economía mundial tras la crisis financiera del 2008 y ahora da muestras de fatiga o, si se quiere matizar, también se puede decir que cambia el ritmo de su marcha.
El dinamismo de la economía china se enfría. Esta es la señal que desprenden los principales indicadores económicos del gigante asiático y son el resultado de los esfuerzos de las autoridades chinas para evitar un sobrecalentamiento de su economía, provocado por las medidas adoptadas en el 2009 para atajar la crisis internacional.
El plan formaba parte de una estrategia a largo plazo para hacer menos dependiente la economía del país de las exportaciones, que en última instancia están sujetas a la situación económica en que se encuentren los países importadores, y potenciar el consumo interno.
Ahora, el Gobierno chino se halla enfrascado en una larga lucha por frenar la inversión especulativa e inmobiliaria que ha convertido en inaccesible el acceso a la vivienda para la mayor parte de la población, lo que ha generado un creciente malestar social.
Para combatir esta situación los responsables económicos chinos han impuesto desde finales del 2010 un paquete de medidas restrictivas. Todas encaminadas a atajar la especulación inmobiliaria y que han llevado a la práctica eliminación de las operaciones de compraventa.
Además de imponer al sector financiero la disminución de la concesión de créditos, el Banco Popular de China ha iniciado una política de aumento de la tasa de reserva de depósitos bancarios, que ha elevado ya en seis ocasiones en lo que va de año y que se sitúa en el 21,5%. Una medida destinada a atajar problemas bancarios derivados de un posible aumento de la morosidad, provocada por el pinchazo de la inversión especulativa e inmobiliaria.
Pero también para prevenir las dificultades que afrontan muchos gobiernos locales, el tercer gran polo generador de crecimiento en China, que se encuentran atrapados sin recursos suficientes para afrontar todas las inversiones en infraestructuras que pusieron en marcha en el 2009 para neutralizar los posibles efectos de la crisis económica internacional. Según la agencia Reuters, los reguladores chinos estarían preparando hace ya algún tiempo un plan de rescate para pagar las deudas contraídas por estos municipios, que ascendería a entre los 308.000 y 463.000 millones de dólares, el equivalente al 8% del PIB chino.
Las autoridades monetarias también intentan combatir con estas restricciones crediticias la inflación galopante que se ha instalado en China. Una batalla que aún no han ganado, ya que en agosto se situó en el 6,2%, el primer descenso en 37 meses, tras tocar techo en julio al elevarse al 6,5% respecto al mismo mes del año anterior el nivel más alto desde junio del 2008. Unos datos muy por encima del 4% calculado para el conjunto del 2011 por Pekín.
Estas medidas de ajuste están empezando a surtir efecto. El problema es que se han sumado a una situación de escasez de energía eléctrica durante los primeros meses de verano y de encarecimiento del precio del carbón, principal fuente energética del país, que no sólo han frenado la inversión, sino que están debilitando el crecimiento económico y han hecho aflorar también una serie de problemas en la industria, que pueden desembocar en desordenes sociales.
Y es que, como afirmó, Jim O’Neill de Goldman Sachs, hace poco tiempo en Hong Kong, “China está frenando más de lo que la gente cree”. No obstante, el propio O’Neill opina que el crecimiento del PIB chino se situará este año en torno al 8%, una cifra que coincide con la anunciada por el primer ministro, Wen Jiabao, en la Asamblea Nacional Popular del pasado marzo, cuando presentó los objetivos para este ejercicio 2011.
El problema es que las duras restricciones impuestas para la concesión de créditos por el banco central chino a las entidades financieras están afectando a las empresas privadas y a los promotores inmobiliarios, que han sido hasta ahora las dos principales motores de crecimiento de China. “Ambos sectores podrían encontrarse con problemas de liquidez en la segunda parte del año si persiste el endurecimiento monetario”, pronostica un economista europeo en Pekín.
O’Neill considera, sin embargo, que las autoridades monetarias pondrán fin a su política de endurecimiento monetario a lo largo de este segundo semestre del año, en cuanto tengan controlada la inflación. Pero para entonces quizás se hayan creado mayores desequilibrios. La realidad es que hay muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, que ya acusan falta de financiación. Además del encarecimiento del crédito, se encuentran con una caída de la demanda, una escasez energética y un alza de los costes laborales, provocado por el encarecimiento del coste de la vida, que les asfixia. En este sentido, el primer ministro, Wen Jiabao, insiste continuamente en la necesidad de que las pequeñas y medianas empresas (pymes) deben gozar de mayores facilidades para acceder a créditos bancarios y a políticas fiscales preferenciales.
Y es que el llamamiento del primer ministro chino responde al sombrío panorama que dibujan las pymes del gigante asiático. Generan el 80% de los empleos país, pero tienen dificultades para conseguir créditos bancarios, debido a que las entidades financieras chinas prefieren financiar a las grandes empresas. Esta situación ha desembocado en que los préstamos pendientes de pago a las pequeñas empresas habían crecido un 26.6% a finales de julio respecto al mismo periodo del año anterior, según ha indicado Xiao Yuanqi, un funcionario de la Comisión Reguladora Bancaria de China (CBRC).
Las primeras compañías en padecer esta problemática fueron las exportadoras, debido a la debilidad de sus mercados tradicionales en Estados Unidos, Europa y Japón.
Pero no son las únicas. El índice avanzado de gerentes de compras (PMI, por sus siglas en inglés) del HSBC, el indicador de la actividad industrial china, apunta a que el dinamismo de las fábricas siguió contrayéndose en septiembre y que “la media del índice es la más débil desde el primer trimestre de 2009”, cuando las exportaciones chinas se vieron golpeadas de lleno por la crisis financiera y el hundimiento de la demanda. Todo un síntoma de la situación que atraviesa el tejido empresarial chino.
El menor rendimiento, unido a un alza de los costes laborales, emplaza a las compañías a realizar despidos o retrasar el pago de salarios a los trabajadores. Algunas industrias del sur ya han aplicado estas medidas y han desembocado en paros y manifestaciones. Unos disturbios que Pekín intenta evitar a toda costa.
El reequilibrio social. Reducir las diferencias entre ricos y pobres es la gran obsesión del régimen de Pekín. Contrarrestar el creciente nivel de malestar social que se instala entre los trabajadores, especialmente los emigrantes, es su principal preocupación. Les inquieta que cada vez haya más familias indignadas por ver cómo cada día necesitan más dinero para alimentarse.
Una situación que tiene su origen en la elevada y persistente tasa de inflación, que se ha convertido en el principal problema de las autoridades chinas y del resto de capitales de los países desarrollados. Prácticamente, todo el mundo observa si Pekín logrará controlarla y conseguir así un aterrizaje más suave o más brusco de su economía, sin que ello tenga grandes repercusiones para la marcha de la economía mundial.
Entre otras razones, porque tanto desde Estados Unidos como desde Europa se confía en que, aunque la locomotora china da muestras de fatiga, no se paré. Porque es la gran esperanza blanca, y nunca mejor dicho, para evitar que el mundo desarrollado vuelva a entrar en recesión.
En este sentido, la mayoría de analistas económicos orientales ya se mostraban confiados a principios de verano, acerca de la capacidad de la economía de la segunda potencia mundial para encajar y controlar la situación. La economista Janet Zhang ya avanzó el pasado mayo que “los indicadores económicos muestran que el crecimiento de China sigue desacelerándose lentamente, por lo que hay pocos indicios de que se vaya a producir un aterrizaje forzoso que tanto temían los inversores”. Admite, por otra parte, que las autoridades monetarias chinas deberán emplearse a fondo para reducir la elevada tasa de inflación, impulsada por los precios alimentarios, que en agosto subieron un 13,4%, pero se muestra confiada por el buen comportamiento de la inflación subyacente.
En cualquier caso, y a la luz de este panorama de la economía china, todo induce a pensar que los sueños de muchos líderes europeos acerca de que los dirigentes de Pekín acudirán en su ayuda para sostener la economía de sus países en crisis son pura quimera. Los mandatarios del gigante asiático también tienen sus quebraderos de cabeza y no están por la labor de ir más allá de dar ayudas puntuales que contribuyan a mantener estables sus mercados exteriores. Pensar que se producirá una lluvia de miles de millones yuanes es pura fantasía y si no, tiempo al tiempo.
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]]>Llegó a Pekín en el 2009 con la ilusión de ser un profesional de la escenografía. Sus ilusiones, sin embargo, se han ido diluyendo con el paso del tiempo. No le plantean realizar doblajes, ni traducciones. No, no. La oferta se refiere a que haga de figurante, pero en la vida real. Para ello le pagan 50 yuanes (unos 6 euros) al día.
Su última interpretación y la que, por otra parte, ha realizado más veces es la de guardia de seguridad. O mejor dicho, de falso guardia de seguridad.
Tian, que es como dice llamarse el joven chino, ha explicado en el diario “Global Times” que en más de una ocasión ha sido contratado, junto a otros centenares de extras, para intimidar con su presencia y contener las protestas de gente que le han expropiado la tierra o de los peticionarios que se dirigen a Pekín a plantear sus reivindicaciones.
Explica que “es un trabajo, bastante común. Nos dan uniformes de guardias de seguridad y nos llevan a los sitios donde hay problemas con las expropiaciones, para acelerar el proceso”.
Uno ya se imagina la escena: unas pocas docenas de vecinos protestando, hasta que llegan varios centenares de personas uniformadas, de los que sólo unos cuantos deben ser profesionales y el resto figurantes. Los manifestantes se amedrentan, al cabo de un cierto tiempo se marchan y problema resuelto.
Reconoce, no obstante, que aunque es un trabajo sencillo hay muchos extras que en cuanto creen que puede haber problemas se van. “La mayoría de la gente no quiere pelearse o arriesgar su vida por 50 yuanes. Sólo están dispuestos a asustar a la gente. Si ven que hay violencia huyen”.
Añade, sin embargo, un comentario inquietante. Subraya que “para aquellos que disfrutan golpeando a la gente, se trata de un trabajo ideal”.
Tian también señala que en otras ocasiones también se ha contratado a extras para que contribuyan a mantener el orden y la seguridad pública. Explica, que esta es la razón por la que aparecen numerosas personas uniformadas y con brazalete en los puentes, las plazas y otros lugares públicos, cuando hay eventos especiales.
Su descripción encaja con el hecho de que en muchas de estas ocasiones me sorprendía lo holgado que les venían los uniformes a algunos vigilantes y que fueran calzados con deportivas. “Muchos de ellos son actores”, declara Tian al rotativo chino y reconoce que “el área de Pekín es un lugar ideal porque precisa de mucha mano de obra”.
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