Advertise with Googlier.com Arquitexto https://arquitexto.com/ Revista Dominicana de arquitectura Mon, 13 Jul 2026 20:06:49 +0000 es hourly 1 Arquitexto y el patrimonio dominicano: cuarenta años de memoria y reflexión https://arquitexto.com/2026/07/arquitexto-y-el-patrimonio-dominicano-cuarenta-anos-de-memoria-y-reflexion/ https://arquitexto.com/2026/07/arquitexto-y-el-patrimonio-dominicano-cuarenta-anos-de-memoria-y-reflexion/#respond Mon, 13 Jul 2026 20:06:37 +0000 https://arquitexto.com/?p=54376 Durante cuarenta años, Arquitexto ha reunido un valioso registro editorial de la evolución del pensamiento y la práctica de la conservación del patrimonio en la República Dominicana. A través de sus páginas se ha documentado la evolución de esta disciplina y se ha contribuido a fortalecer la conciencia sobre el valor de la memoria construida […]

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Durante cuarenta años, Arquitexto ha reunido un valioso registro editorial de la evolución del pensamiento y la práctica de la conservación del patrimonio en la República Dominicana. A través de sus páginas se ha documentado la evolución de esta disciplina y se ha contribuido a fortalecer la conciencia sobre el valor de la memoria construida en nuestras ciudades.

A lo largo de cuatro décadas, la sección Patrimonio de Arquitexto ha reunido un cuerpo de textos que, vistos en conjunto, trascienden su condición de artículos aislados para convertirse en un registro fundamental de la evolución del pensamiento y práctica patrimonial en la República Dominicana. En sus páginas se registran debates, criterios técnicos, intervenciones arquitectónicas, procesos institucionales y reflexiones críticas que han acompañado la manera en que el país ha aprendido a valorar, proteger e intervenir la arquitectura del pasado que la sociedad ha reconocido como parte de su patrimonio. Revisar hoy ese conjunto de publicaciones permite comprender la densidad de un proceso acumulativo de conocimiento y experiencia. La suma de estos escritos configura un verdadero proyecto de memoria editorial, una cartografía en la que se superponen distintas miradas sobre la ciudad, la historia y el patrimonio cultural.

Arq. Manuel S. Gautier, encargado de la sección Patrimonio 1996-2015, Patio del Convento de Las Mercedes. Casa Munné, Margot Taulé; antigua sede del Banco Central, José A. Caro Álvarez; Plaza de la Bandera, Cristian Martínez Villanueva; Superintendencia de Bancos, Gay Vega

Los primeros números de Arquitexto evidencian una preocupación por establecer una base conceptual y técnica para la conservación del patrimonio arquitectónico dominicano. Esta sección surge en un momento de fortalecimiento institucional, con la presencia activa de la Comisión Nacional de Monumentos. Los artículos de esta etapa revelan una orientación centrada en la restauración monumental, la autenticidad y la correcta intervención en edificaciones coloniales, especialmente en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Paralelamente, la revista dedicó un espacio significativo a la sección Personaje, en la que se destacó el legado de algunos de los primeros arquitectos dominicanos, lo que contribuyó a documentar la memoria profesional del país. En estas páginas se abordaron trayectorias como las del ingeniero José Ramón Báez López Penha, los arquitectos Manuel Salvador Gautier, Miguel Hernández, Rose Marguerite Taulé Cassó, José Antonio Caro Álvarez y Edgardo Vega Malagón, el ingeniero Antonio José Guerra, el arquitecto Mario Lluberes y, en una etapa más reciente, el arquitecto Cristian Martínez Villanueva. Al rescatar estas figuras y sus obras, la revista no solo registraba la historia de la profesión, sino que también comenzaba a sentar las bases de una valoración más amplia del patrimonio arquitectónico del siglo XX.

Conjunto plaza de España y Alcázar de Colón, 1970 y actual, (n.º 13 y 46)

Textos dedicados a la catedral primada de América, el alcázar de Colón, la muralla militar o la iglesia de Santa Bárbara muestran un enfoque técnico y normativo. Estos trabajos reflejan una línea editorial estrechamente vinculada a los debates y criterios de intervención que comenzaban a consolidarse en el ámbito institucional del patrimonio. En su mayoría, los autores de estos artículos eran miembros del ICOMOS Dominicano y especialistas en conservación, quienes encontraron en Arquitexto un espacio para difundir el pensamiento crítico y contribuir a la formación de una mayor conciencia sobre el valor del patrimonio arquitectónico. En sus páginas se publicaron investigaciones históricas, trabajos teóricos, propuestas conceptuales y proyectos de restauración y conservación, configurando un espacio de reflexión sobre los principios y prácticas de la disciplina. El patrimonio se presenta como herencia material que requiere defensa ante el deterioro físico y las intervenciones inadecuadas, así como una comprensión rigurosa de los criterios de conservación.

Durante una extensa etapa de su trayectoria, esta sección funcionó como plataforma de difusión para el ICOMOS Dominicano, llegando incluso a incorporar su nombre en determinados períodos. Esta vinculación no fue meramente nominal: implicó una articulación directa entre la producción editorial y la agenda institucional de conservación del país. En este contexto, resulta imprescindible reconocer la labor del arquitecto Manuel Salvador Gautier, quien asumió la coordinación de la sección y orientó sus contenidos hacia la consolidación de criterios técnicos, la sistematización de intervenciones y la reflexión doctrinal. Su liderazgo editorial contribuyó a dotar a la sección de coherencia conceptual y continuidad temática durante años decisivos para el fortalecimiento del campo patrimonial dominicano.

Iglesia de Santa Bárbara 1970-2020 (n.º 26, 70, 74 y 110)

Gradualmente, el campo de observación se amplía más allá de la Ciudad Colonial. Se incorporan estudios sobre Santiago de los Caballeros, San Pedro de Macorís, Mao, Sánchez y otros lugares del interior del país. Artículos sobre la traza urbana del siglo XVI, ciudades azucareras y conservación de viviendas republicanas expanden el marco territorial, lo que permite comprender el patrimonio dentro de dinámicas económicas, sociales y urbanas complejas.

En ese proceso también surge un interés por el patrimonio industrial y vernáculo. Estudios dedicados a almacenes ferroviarios, fábricas y otras estructuras productivas comienzan a reconocer su valor histórico y técnico dentro de la memoria constructiva del país. De igual manera, la arquitectura vernácula adquiere visibilidad a través de investigaciones sobre el hábitat tradicional y las viviendas populares.

Ruinas de los ingenios azucareros Engombe, Santo Domingo oeste, y Boca de Nigua, San Cristóbal

Con el paso de las ediciones, el enfoque se amplía progresivamente. El patrimonio comienza a abordarse desde una escala urbana más amplia, y se incorporan reflexiones sobre la gestión de centros históricos, la vivienda y la planificación territorial. Aunque la Ciudad Colonial continúa siendo una referencia constante, el campo patrimonial se expande hacia otras temporalidades y tipologías arquitectónicas. En ese contexto, la arquitectura moderna también entra en el debate, con la recuperación crítica de figuras como Guillermo González Sánchez y José Antonio Caro Álvarez, así como con reflexiones sobre edificios emblemáticos del siglo XX. A través de estos artículos, la revista documenta tanto intervenciones como discusiones sobre protección legal, lo que evidencia una evolución en la valoración del patrimonio más reciente.

En las ediciones más recientes se observa también la consolidación de un campo profesional más amplio y especializado. A los enfoques tradicionales de restauración se suman nuevas metodologías de investigación y documentación del patrimonio, como levantamientos tridimensionales, estudios cromáticos y análisis históricos más rigurosos que permiten comprender con mayor precisión la evolución material de los edificios. Estas herramientas han enriquecido los procesos de intervención y han ampliado las posibilidades de interpretación y difusión del patrimonio construido. Proyectos como la restauración de la iglesia de Santa Cruz del Seibo o intervenciones en la puerta de la Misericordia muestran una creciente integración entre criterios históricos y soluciones contemporáneas.

A esto se suma la consolidación del Programa Integral de Desarrollo Turístico y Urbano de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, ejecutado en dos etapas con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la coordinación del Ministerio de Turismo y el Ministerio de Cultura. Esta iniciativa ha permitido articular restauración arquitectónica, recuperación del espacio público y gestión cultural dentro de una estrategia integral de revitalización del centro histórico. Entre sus resultados más visibles se encuentran la restauración y adecuación de importantes edificaciones patrimoniales y la creación de nuevos espacios museográficos, como el Museo de las Atarazanas Reales, el Museo de la Catedral de Santo Domingo y las intervenciones museográficas en la fortaleza Ozama.

Programa de recuperación de calles priorizadas Ciudad Colonial (n.º 87 y n.º 125)

En este proceso también se destacan iniciativas institucionales y privadas que han contribuido a fortalecer la vida cultural de la Ciudad Colonial, entre ellas el Centro Cultural Banreservas, el Museo Fernando Peña Defilló, la Casa Mella-Russo y el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, impulsado por el Banco Popular.

Antes de esta edición especial conmemorativa de estos cuarenta años de labor editorial, el último proyecto reseñado en la sección Patrimonio corresponde a la intervención del antiguo Hotel Mercedes de Santiago de los Caballeros. La inclusión de este caso resulta particularmente significativa dentro del recorrido histórico que ofrece esta sección, ya que sintetiza muchas de las transformaciones que ha experimentado el quehacer patrimonial en el país durante las últimas décadas.

El edificio, inaugurado en 1929 y durante largo tiempo uno de los principales referentes urbanos de Santiago, permaneció abandonado durante años y se convirtió en un símbolo visible del deterioro del patrimonio arquitectónico moderno de la ciudad. Antes de materializarse su proceso de rescate arquitectónico, el inmueble fue objeto de una intervención artística que logró activar una reflexión colectiva sobre su valor histórico y su estado de abandono. La instalación Agonía de la memoria, del arquitecto y artista visual Raúl Morilla, obra ganadora del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes en 2020, utilizó el propio edificio como escenario para documentar y evocar la fragilidad de la memoria urbana.

Ese gesto artístico funcionó como un llamado de atención que trascendió el ámbito de la obra conceptual. La iniciativa logró situar al edificio nuevamente en la conversación pública y evidenció el potencial del arte como herramienta para activar procesos de valoración patrimonial. A partir de ese momento se abrió un camino que culminó con la restauración integral del inmueble y su transformación en el actual Centro Cultural Banreservas de Santiago.

Centro Cultural Banreservas, Hotel Mercedes, Santiago (n.º 129). A la derecha, la instalación Agonía de la memoria, Raúl Morilla, 2021

La recuperación del Hotel Mercedes puede leerse hoy como un caso de éxito en la práctica contemporánea de conservación en la República Dominicana. Este proyecto representa un punto de convergencia entre arte, arquitectura y gestión cultural, y demuestra cómo una acción creativa de carácter documental puede trascender la abstracción y convertirse en catalizador de una intervención real sobre el patrimonio construido. La historia reciente de este edificio ilustra de manera elocuente que la memoria urbana puede activarse, movilizar voluntades institucionales y transformar un espacio abandonado en un nuevo lugar para la cultura.

Mirar en conjunto las cuatro décadas de la sección Patrimonio de Arquitexto permite comprender la dimensión de este archivo editorial como registro de las transformaciones que ha experimentado la conservación patrimonial en nuestro país. En sus páginas se han documentado debates, procesos institucionales y proyectos que han contribuido a definir criterios de intervención y a ampliar la valoración de nuestro patrimonio cultural. En los últimos años también se han realizado obras de gran calidad, cuidadosamente gestionadas que demuestran un creciente rigor técnico y una mayor sensibilidad hacia la memoria arquitectónica. Estas experiencias alimentan una visión esperanzadora hacia el futuro: la de un país donde la protección del patrimonio cultural se consolide como una conciencia compartida entre el Estado, las instituciones y la sociedad.

La continuidad de este esfuerzo exige seguir abogando por la recuperación de más edificaciones y paisajes culturales que aún esperan ser rescatados. Cada caso recuperado recuerda que el patrimonio también puede encontrar nuevas oportunidades para integrarse a la vida contemporánea. Creer en esas segundas oportunidades significa reconocer que la memoria construida todavía tiene mucho que aportar al presente y al futuro de nuestras ciudades. 

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Miradas urbanas sobre el territorio dominicano https://arquitexto.com/2026/07/miradas-urbanas-sobre-el-territorio-dominicano/ https://arquitexto.com/2026/07/miradas-urbanas-sobre-el-territorio-dominicano/#respond Mon, 13 Jul 2026 19:39:57 +0000 https://arquitexto.com/?p=54364 En las últimas cuatro décadas, nuestro país ha transitado de una urbanización acelerada e improvisada hacia una consolidación urbana que genera una conciencia cada vez más firme sobre la necesidad de planificar, proteger y proyectar el territorio con visión estratégica. Este número conmemorativo invita a leer el pasado para comprender el presente y, sobre todo, […]

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En las últimas cuatro décadas, nuestro país ha transitado de una urbanización acelerada e improvisada hacia una consolidación urbana que genera una conciencia cada vez más firme sobre la necesidad de planificar, proteger y proyectar el territorio con visión estratégica. Este número conmemorativo invita a leer el pasado para comprender el presente y, sobre todo, reflexionar para imaginar con mayor responsabilidad el territorio que aún estamos llamados a construir.

El hecho urbano es complejo, y está compuesto por múltiples capas que se superponen. En este número celebramos cuarenta años documentando las diversas dimensiones que configuran el territorio dominicano. Una mirada a estos artículos permite reconstruir la evolución del pensamiento sobre la ciudad y el territorio de la República Dominicana, así como reconocer avances, identificar oportunidades y señalar tareas aún pendientes. La revista ha sido testigo y plataforma de visualización de esta evolución: desde aproximaciones a la planificación de la gran escala hasta los temas de más reciente debate sobre sostenibilidad, territorios fronterizos, espacio público, infraestructuras, resiliencia y turismo.

Mapa de Planificación Turística, DPP-Mitur (n.º 74); Guía operativa de las normas urbanas I (n.º 57); Normativas urbanas de Santiago de los Caballeros (n.º 61); Normativa para el arbolado urbano de Santo Domingo II (n.º 58)

Institucionalización de la planificación y el ordenamiento territorial
Al observar esta evolución desde la escala más amplia, la del territorio y la planificación del desarrollo, los artículos publicados permiten constatar avances significativos en la institucionalización de la planificación en la República Dominicana. Se han aprobado importantes marcos legales que permiten fortalecer la institucionalidad del desarrollo y avanzar en la definición de los procedimientos para fomentar una planificación más integral. La presente generación ha sido testigo del trabajo articulado entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y la sociedad civil para redactar, consensuar, aprobar y promulgar una serie de normativas claves para establecer reglas claras para el ordenamiento y planificación del territorio, la cuales nos permitan dejar a un lado la discrecionalidad que primaba en el país.

En el año 2006 se aprobó la Ley 498 del Sistema Nacional de Planificación, en la que se establecen instrumentos, procedimientos y espacios de consulta que han sido útiles para vincular el ejercicio presupuestario con la priorización de cada demarcación. 

En el 2014 se aprobó la Ley 208, que conforma el Instituto Geográfico Nacional José Joaquín Hungría Morell y a la vez crea el marco institucional necesario para contar con los datos geoespaciales necesarios para una adecuada planificación del desarrollo socioeconómico, la explotación de los recursos naturales, la protección del ambiente y la seguridad del país. Más adelante se promulgó la Ley 345-22 de Regiones Únicas de Planificación, que deja establecidas por primera vez diez regiones que permiten homologar la planificación a nivel regional y a la vez impulsar un enfoque de desarrollo endógeno que contribuya a diversificar las actividades económicas que se producen en cada rincón de la geografía nacional. Finalmente, se aprobó la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos, para fomentar un nuevo sistema de planificación que permita organizar los suelos y garantizar que sean utilizados con criterios técnicos. Para ambas leyes se aprobaron sus respectivos reglamentos de aplicación a través de decretos presidenciales. En conjunto, este marco legal y reglamentario configura una base institucional sin precedentes para la planificación del territorio del país.

En cuanto a la institucionalidad del desarrollo, la Ley 496-06 que creó la Secretaría de Economía, Planificación y Desarrollo (luego Ministerio), estableció el Viceministerio de Planificación e Inversión Pública, encargado de articular, bajo una misma estructura, la planificación sectorial, la inversión pública, la planificación territorial y el ordenamiento del territorio. En 2025 este ministerio se fusionó con el de Hacienda y pasó a ser el Ministerio de Hacienda y Economía, lo cual permite acercar la planificación del desarrollo con el manejo de las finanzas públicas. Como parte de este proceso de reforma legal e institucional se creó la Dirección de Desarrollo y Planificación Territorial, la cual aporta criterios espaciales y territoriales para estructurar un modelo financiero para el desarrollo diferenciado por cada demarcación.

Durante los últimos años se han producido una serie de instrumentos de planificación diferenciados por territorios, entre los que se destacan la Estrategia de Desarrollo de la Zona Fronteriza: MiFronteraRD, el Plan San Juan, La Vuelta al Lago y el Plan Enriquillo. Sin duda, el ordenamiento territorial y la concreción de esta legislación representan un avance significativo. Este proceso es solo el comienzo. La implementación de estas leyes constituye un gran reto. En este contexto, es fundamental comprender que el ordenamiento es un constructo social en proceso que determinará el futuro de nuestros territorios.

Malecón turístico de Barahona, M. Villalona, Y. Matos, C. Quiñones y L. Domínguez (n.º 81); Parque Mirador Sosúa, N. Mota, J. Sánchez, I. Polanco y R. Victoria (n.º 78); Playita de Guayacanes (n.º 125); Malecón de Miches, C. Valdez y Asociados (n.º 93)

Turismo como oportunidad para el ordenamiento 
Todo este marco legal representa una gran oportunidad para el turismo, una de las actividades económicas más importantes de nuestra nación. Arquitexto ha documentado la evolución de este sector como una oportunidad para ordenar el territorio, recuperar espacios públicos y reconocer el valor de los recursos naturales que sostienen estos paisajes; desde las primeras ediciones con Infratur, organismo financiero creado en los años ochenta para el desarrollo de la infraestructura turística con recursos de organismos internacionales y del Banco Central, que brindó un gran impulso al sector, hasta las más recientes, que incluyen los planes de ordenamiento territorial turísticos y las intervenciones en la infraestructura pública desde su unidad ejecutora por parte del Ministerio de Turismo, Ceiztur. 

Durante décadas, el desarrollo turístico dominicano ha tenido una relación ambivalente con el territorio. Gran parte de la arquitectura turística se concibió hacia adentro, en complejos hoteleros autosuficientes donde la experiencia del visitante ocurría dentro de los límites del proyecto. Este modelo, asociado al sistema “todo incluido”, permitió consolidar una industria clave para la economía nacional, pero también dejó amplias zonas del territorio al margen de la experiencia turística.

Con el tiempo, la reflexión urbanística ha comenzado a ampliar esta mirada. Diversas iniciativas de planificación territorial y proyectos urbanos en enclaves turísticos evidencian un cambio gradual en su abordaje. Empieza a abrirse paso una mirada más integral en la que el urbanismo, el espacio público y el paisaje adquieren un papel central. Experiencias de planificación en destinos costeros, así como propuestas para la gestión de playas y la protección del capital natural, muestran cómo el turismo puede convertirse también en un instrumento para ordenar el crecimiento y mejorar la calidad del entorno construido. En este contexto, la arquitectura turística deja de limitarse al edificio hotelero y se proyecta sobre el espacio colectivo: paseos marítimos, plazas, accesos públicos a la playa y sistemas de movilidad que articulan comunidades y visitantes. Este enfoque reconoce que los ecosistemas costeros (manglares, dunas, arrecifes y pastos marinos), además de recursos ambientales, constituyen la base territorial que da sentido al desarrollo turístico.

Visto desde esta perspectiva, el turismo revela un campo fértil para la convergencia entre arquitectura, urbanismo y sostenibilidad. Sin embargo, avanzar en esta dirección implica enfrentar retos urgentes: fortalecer la conciencia sobre la protección del capital natural, mejorar la gestión de las playas como bienes públicos y evitar debilitar el vínculo entre territorio y comunidad a través de la privatización del litoral. La sostenibilidad de los destinos turísticos depende, en gran medida, de cómo se protejan estos sistemas costeros y de la capacidad de integrar desarrollo económico, equilibrio ambiental y vida urbana. Cuando estas condiciones se articulan, el turismo deja de ser únicamente una actividad económica y pasa a convertirse en una oportunidad para construir territorios más habitables. Este cambio enriquece la experiencia de quienes visitan el país, pero sobre todo dignifica la vida cotidiana de quienes habitan estos territorios. En este sentido, las reflexiones acumuladas en las páginas de Arquitexto sugieren que el turismo también puede ser una herramienta para construir ciudades costeras más abiertas, equilibradas y resilientes.

Ciudad Colonial de Santo Domingo
En una escala intermedia del hecho urbano, la evolución de este pensamiento puede verificarse en la transformación de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, uno de los territorios más emblemáticos del país. Cuarenta años antes, su lectura e intervenciones respondían a una visión romántica de las primacías. Como describía Amparo Chantada en Arquitexto 3: la Atenas del Nuevo Mundo era un mito urbanístico que comenzaba a desvanecerse. En la siguiente década fuimos testigos del impulso de obras que preparaban la ciudad para la celebración del quinto centenario. Primaba todavía una visión cosmética y museística: una ciudad pensada para la conservación monumental y orientada al turismo. Dos décadas después, iniciativas como el Programa de Fomento del Turismo en la Ciudad Colonial y el rediseño de calles priorizadas evidencian un giro conceptual. Actualmente la revitalización se entiende como un proceso continuo, no un evento conmemorativo. La conservación y puesta en valor no es una operación cosmética sino un proyecto de ciudad en el que se prioriza al peatón y se apuesta por el residente como protagonista de la transformación urbana que genera valor social y económico.

Calle Padre Billini, Ciudad Colonial de Santo Domingo

Movilidad urbana
Uno de los temas urbanos de mayor interés, sobre todo en los últimos años, ha sido la movilidad. Desde antes de que los pasos a desnivel de la ciudad de Santo Domingo fueran una realidad en 1997, Arquitexto 17 publicaba un artículo en el que se ponderaba si estas intervenciones ofrecían una solución integral o puntual. Los expertos planteaban otras posibilidades que abogaban por soluciones que no solo pensaban en el automóvil como protagonista de las soluciones viales. Bajo el slogan “Lo que hoy son tapones mañana serán soluciones” se vendían estas ideas de la movilidad urbana. La llegada del metro transformó la estructura urbana y el imaginario colectivo. La discusión sobre transporte público, entrega de carga en horarios no laborables y movilidad integral fueron temas documentados que hoy siguen vigentes. Con la incorporación del metro y del teleférico a la ciudad (Arquitexto 67 y 103) no solo se analizó la infraestructura, sino la oportunidad de reconfigurar centralidades y densidades. Hoy, frente a una propuesta de sistema integrado de transporte, seguimos enfrentados a una ciudad donde la movilidad continúa siendo uno de los principales desafíos urbanos, que mantiene la dependencia del vehículo privado y que presenta como reto un sistema de transporte masivo interurbano eficiente, integrado y multimodal.

Teleférico de Santo Domingo (n.º 103), elevado de la línea 1 del metro de Santo Domingo (n.º 67) y teleférico de Santiago (2024). La movilidad de nuestras grandes ciudades sigue a la espera de un sistema integral de transporte que contrarreste la saturación vehicular, hoy dominada por el carro privado, el concho y el motoconcho

Densificación y normativas urbanas 
La regulación urbana ha sido un tema ampliamente tratado en Arquitexto, desde los debates sobre el uso de los terrenos del antiguo hipódromo Perla Antillana hasta la configuración del polígono central. Arquitexto ha respaldado estas regulaciones urbanas publicando guías fundamentales como la Guía Operativa de Normas Urbanas del Polígono Central y la Guía de Arbolado Urbano del Distrito Nacional, documentos que siguen siendo recursos valiosos para muchos profesionales y estudiantes. Sin embargo, la comprensión de la normativa, su efecto y las áreas que deben ser reguladas continúa siendo un reto. Se requieren esfuerzos adicionales para abordar el crecimiento y desarrollo de nuestro territorio y ciudades. Será necesario generar datos urbanos y desarrollar nuevas estrategias de regulación para abordar temas como la densificación, alturas, concentración de usos, dentro de otros aspectos que causan grandes debates y conflictos. Proyectos como el plan parcial del ensanche La Fe y entornos representan los primeros pasos hacia una regulación más efectiva en este sentido.

Parque Mirador del Sur y entornos, Distrito Nacional

Otro aspecto a destacar es que la historia y la transformación de los barrios son fundamentales para comprender la ciudad dominicana. Varias ediciones evidencian de manera palpable las tensiones entre conservación, desarrollo y equidad urbana. Por ejemplo, Gascue se menciona con frecuencia en el debate sobre la conservación de su patrimonio moderno. La presión de la especulación inmobiliaria, sumada a la falta de legislación e incentivos para su conservación, nos hace hoy testigos de la pérdida de gran parte de su arquitectura, arbolado y ambiente urbano asociados al modelo de ciudad jardín. Lo mismo ha ocurrido con los barrios del polígono central como Naco, Piantini y Evaristo Morales, entre otros. Residencias representativas del movimiento moderno y de otros estilos han sido sustituidas por torres que aumentan la densidad del sector sin una adecuada planificación de infraestructura.

Este fenómeno se empieza a repetir en otras ciudades, como Santiago de los Caballeros, un patrón de transformación urbana que plantea serios desafíos. Persisten deficiencias de la red vial, limitaciones de los servicios comunitarios y el espacio público. El aumento de torres residenciales, administrativas y de uso mixto en las áreas centrales evidencia una dinámica impulsada más por la rentabilidad económica que por una planificación integral. Esta situación contrasta con sectores con potencial, como los barrios de la zona norte, que permanecen relegados del desarrollo.

La realidad urbana precaria y su evolución han sido temas recurrentes de las páginas de Arquitexto. En la edición 30, el Plan Resure fue analizado, mientras que en las ediciones 84, 96, 101 y 123 se documentaron La Nueva Barquita y Domingo Savio como territorios que representan tanto desafíos como esperanzas. La construcción física y humana de La Nueva Barquita mostró que la vivienda también es proyecto social. La transformación de barrios históricamente vulnerables en entornos con parques y equipamientos no solo mejora la imagen urbana, también redefine las oportunidades sociales. El caso de Nuevo Domingo Savio y su paseo del río se inscribe en una lógica de integración territorial que busca revertir décadas de ocupación informal de zonas de riesgo y exclusión. Estos proyectos evidencian logros significativos: articulación entre infraestructura hidráulica, espacio público y vivienda, recuperación ambiental, y mayor visibilidad de comunidades tradicionalmente marginadas. El crecimiento informal y el déficit habitacional cuantitativo y cualitativo siguen siendo retos importantes que se adeudan a los dominicanos.

El espacio público
En la escala más próxima de la experiencia urbana, el espacio público ha sido uno de los temas más recurrentes de los artículos urbanos publicados. Desde arquitectura para el ciudadano (Arquitexto 6) se abría el debate de la presencia y calidad del espacio público en la República Dominicana y se abogaba por estos espacios como una necesidad impostergable. Además, la pandemia provocó la generación de múltiples reflexiones sobre el espacio público y su uso durante este periodo marcado por severas restricciones de movilidad. En estas cuatro décadas hemos documentado los esfuerzos por reivindicar este espacio público en sus diferentes escalas en todo el territorio nacional: el Parque Mirador del Norte, el Parque Mirador Sosúa, el Parque de las Flores, Cristo Park y la recuperación de espacios públicos del Distrito Nacional en los últimos años. Estas intervenciones, diversas en escala y alcance, comparten una misma aspiración: recuperar el espacio colectivo como soporte de la vida urbana.

Cristo Park, Massiel Mejía (n.º 124); La Puntilla, Puerto Plata, Ben y Jáquez y Asocs. (n.º 98); Parque Las Flores, La Vega, P. Piña y Asocs. (n.º 59); Parque Las Praderas y parque ambiental Fernández, intervenciones recientes del ADN (n.º 121)

Dentro de los espacios públicos, el malecón de Santo Domingo ha sido objeto recurrente de reflexión con una pregunta que persiste: ¿Cómo reconciliar infraestructura vial, paisaje costero y vida urbana? La peatonalización de la calle El Conde en los años ochenta marcó una experiencia pionera en lo que a espacio público se refiere. Décadas más tarde, la activación urbana de la calle General Luperón y el Paseo Comercial Duarte confirmaron que las intervenciones más recientes apuestan por la estrategia contemporánea de devolver la calle al peatón. Nos quedan muchas tareas pendientes en esta dimensión del territorio: entender la calle como el espacio público por excelencia, un malecón integrado a la ciudad, la revitalización de la calle El Conde y la adecuación del entorno urbano de las estaciones del metro, por mencionar algunas.

Colofón
Mirar atrás en el panorama urbano dominicano revela una evolución hacia una comprensión más integral del territorio: de la expansión sin límites a la planificación estratégica, del automóvil como protagonista al peatón y del transporte individual al público, del turismo extractivo al turismo sostenible. El reto de las próximas décadas será profundizar lo aprendido: consolidar ciudades inclusivas, resilientes y culturalmente vibrantes, capaces de generar valor social y económico.

Arquitexto cumple cuarenta años y, con ello, reafirma su vocación urbana y de planificación del territorio: seguir pensando la ciudad y el territorio, señalando sus sombras y celebrando sus luces, impulsando un proyecto urbano y territorial centrado en el ciudadano y una mejora sustancial de su calidad de vida. Arquitexto seguirá en los próximos números ampliando esta conversación, integrando nuevas voces y proyectando un país donde la planificación urbana y territorial no sea excepción sino norma, donde el desarrollo no comprometa el paisaje y donde la ciudad, en todas sus escalas, sea escenario de bienestar colectivo. Cuarenta años después hemos avanzado, pero el desafío hacia adelante no es menor. El territorio y las ciudades dominicanas están en construcción permanente y la reflexión que les acompaña desde Arquitexto y sus páginas, también. 

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Cuatro décadas de interiorismo en la República Dominicana  https://arquitexto.com/2026/07/cuatro-decadas-de-interiorismo-en-la-republica-dominicana/ https://arquitexto.com/2026/07/cuatro-decadas-de-interiorismo-en-la-republica-dominicana/#respond Mon, 13 Jul 2026 12:54:16 +0000 https://arquitexto.com/?p=54313 Mirado en conjunto, el recorrido del interiorismo dominicano revela una clara evolución generacional. Arquitectos, interioristas, diseñadores y artistas han contribuido con distintas sensibilidades a dignificar el oficio del diseño de interiores y a consolidar una práctica cada vez más rigurosa e interdisciplinaria, abierta a nuevas influencias y capaz de dialogar con la arquitectura, el diseño […]

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Mirado en conjunto, el recorrido del interiorismo dominicano revela una clara evolución generacional. Arquitectos, interioristas, diseñadores y artistas han contribuido con distintas sensibilidades a dignificar el oficio del diseño de interiores y a consolidar una práctica cada vez más rigurosa e interdisciplinaria, abierta a nuevas influencias y capaz de dialogar con la arquitectura, el diseño contemporáneo y la cultura.

Cuando Arquitexto comenzó a documentar la arquitectura dominicana a mediados de los años ochenta, el interiorismo aún no era reconocido plenamente como una disciplina autónoma. Durante gran parte del siglo XX, el diseño interior era asumido por arquitectos o por decoradores con formación práctica, y su ejercicio se vinculaba principalmente al ámbito residencial de alto nivel y a ciertas intervenciones hoteleras. Sin embargo, el campo comenzaba a organizarse profesionalmente.

En la década de los sesenta, la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña fue pionera al establecer en 1966 el nivel técnico en Diseño y Decoración de Interiores. Posteriormente, en los años ochenta, la Universidad Iberoamericana introdujo el programa Diseño y Decoración Arquitectónica, y en 1991, la UNPHU la elevó a la categoría de Escuela de Diseño. En paralelo, una nueva generación de profesionales comenzaba a posicionar el interiorismo como un campo con sensibilidad, rigor técnico y mirada propia.

EVOLUCIÓN DE LA TIPOLOGÍA HOTELERA. Casa de Campo (n.º 38, 2002), Mayra González; J. W. Marriott (n.º 87, 2014), GVA Dominicana;
Hotel Meliá Santo Domingo, Aura García (n.º 31, 2000)

Es en ese momento cuando Arquitexto inicia su registro documental, y se comienza a evidenciar el papel cada vez más visible del interiorismo dentro de los proyectos arquitectónicos del país.

1986-1995. La consolidación del oficio y el lenguaje del trópico
Durante este período, el interiorismo dominicano comenzaba a perfilarse como un campo profesional con rasgos propios, aunque sin un registro sistemático de su evolución. Algunas publicaciones permiten reconstruir ese momento inicial en el que el oficio se consolidaba gradualmente, al tiempo que se configuraba un lenguaje espacial sensible al clima, la materialidad y la cultura del trópico. En 1996, al inaugurarse la sección de interiorismo en Arquitexto, María del Carmen Defilló ofrecía una mirada retrospectiva que describía cómo el diseño de los espacios interiores había comenzado a adquirir mayor atención. Según señalaba, ya era posible identificar ciertas tendencias en los espacios comerciales, laborales y de ocio. Por un lado, interiores acogedores y de escala íntima que recurrían a la madera, piedra, artesanías y objetos antiguos, una recreación de ambientes cercanos a tabernas o espacios tradicionales reinterpretados para el contexto local. Por otro, propuestas más modernas de nuevas tipologías comerciales —desde pequeñas discotecas hasta oficinas de mayor escala— donde comenzaban a aparecer lenguajes más tecnológicos y contemporáneos.

Estas transformaciones coincidían con un fenómeno mayor: el desarrollo turístico. La edición 12 de Arquitexto (1989) evidencia la rápida expansión de la arquitectura hotelera. Aunque el énfasis editorial estaba puesto en la arquitectura, el interior comenzaba a cobrar importancia. En este contexto, algunas figuras de la primera generación del interiorismo dominicano comienzan a perfilar su trayectoria: Patricia Reid Baquero, Julio Ortuño y Teófilo Cruz aportan una sensibilidad que combina elegancia internacional y reinterpretación del trópico, mientras que arquitectos como Miguel Vila, Oscar Imbert, César Iván Feris o Eduardo Lora integran el diseño interior como extensión natural de su práctica arquitectónica. En el ámbito residencial predominaban interiores eclécticos en los que mobiliario reinterpretado y manufactura local se combinaban con artesanías, porcelanas y textiles, lo que Defilló describía como una suerte de “barroquismo tropical”.

En los contenidos de esta etapa se ponen de relieve otras dimensiones del oficio: por un lado, la introducción de una cultura del material y la especialización en acabados, por otro, la integración de las artes aplicadas al espacio interior. La reseña del showroom Exteriores en la edición 4 —una propuesta pionera dedicada a la comercialización de terminaciones— y el artículo sobre arte vitral de Eduardo Lora anticipaban un diálogo entre arte, arquitectura e interior que en décadas posteriores adquiriría mayor relevancia.

Vista en perspectiva, esta década puede entenderse como una etapa de transición. La tipología turística funcionó como laboratorio, mientras que la elegancia creciente de los espacios comerciales y residenciales consolidó una cultura del detalle, la materialidad y la atmósfera que contribuiría a definir un lenguaje propio del interior tropical en el país.

1996-2005. La afirmación de la disciplina y la ciudad comercial
A mediados de los años noventa el interiorismo dominicano comienza a adquirir una visibilidad más clara dentro del panorama arquitectónico nacional. La creación de una sección dedicada al tema en Arquitexto en 1996 refleja ese cambio: el espacio interior ya no era solo una extensión de la arquitectura o un ejercicio decorativo, sino un campo de práctica con protagonistas, lenguajes y problemáticas propias.

En estos mismos años, iniciativas provenientes del ámbito cultural y mediático contribuyeron a visibilizar el oficio. Entre ellas se destacan las exposiciones Encuentro de Estilos, organizadas por el periódico Hoy entre 1994 y 1997, que reunieron propuestas de diseñadores emergentes y profesionales ya reconocidos.

El interiorismo se expande hacia nuevas tipologías vinculadas al crecimiento económico y la transformación urbana del país. A la tradicional presencia en el ámbito residencial se suman con fuerza espacios comerciales, oficinas corporativas y restaurantes, ámbitos donde el diseño interior se vuelve estratégico.

Entre los profesionales que consolidan el oficio en estos años están Ángel Giudicelli Vidal y el estudio Montero y Romero, cuya producción abarca desde bares y restaurantes hasta oficinas y espacios culturales. A ellos se suman las propuestas residenciales y comerciales de Sandra Ehlert, Aura García y Mariví Bonilla, así como los interiores de Mayra González, especialmente en proyectos vinculados a Casa de Campo, donde se desarrolla una reinterpretación elegante del interior tropical.

La expansión del comercio y de los servicios introduce nuevas exigencias técnicas y espaciales. El diseño de sucursales bancarias, oficinas institucionales como Cemex, Gillette, la red Bankagil del BHD, el Banco León o proyectos comerciales como Benetton y Librería Cuesta evidencian que el interiorismo comienza a operar como herramienta de comunicación corporativa y construcción de identidad de marca.

Acrópolis Center (n.º 42), Ágora Mall (n.º 80), Downtown Center (n.º 97), Blue Mall (n.º 72), Blue Mall Palacio del Cine (n.º 72),
Blue Mall, segunda etapa (n.º 125)

La aparición de nuevas plazas comerciales refuerza esta transformación. Con la apertura del Acrópolis Center en 2003, el interiorismo comercial adquiere mayor visibilidad junto con la imagen de marca. La reseña publicada en Arquitexto 42 señala cómo estos locales exploraban una multiplicidad de ambientes y estilos, reflejo de un mercado cada vez más abierto a influencias internacionales. La combinación de materiales, luminarias, revestimientos y mobiliario se convierte en el principal recurso compositivo para definir la personalidad de cada espacio.

Fitur 2022, Liza Ortega (n.º 42); Cecomsa, Vascormat (n.º 126), Luminaria Ritmo de Michelle Urtecho, instalaciones de Lu & Bo y Gola para Design Week RD 2023; Palau Santiago (n.º 28), Agencia Temptation, Antonio Imbert (n.º 19); Olympic Sport Bar, Montero y Romero (n.º 36);
Librería Cuesta, Ja’el García (n.º 36)

Al mismo tiempo, una nueva generación de arquitectos empieza a incursionar en el diseño interior, especialmente en proyectos comerciales. Nombres como Ja’el García, Christian Ricart, Antonio Imbert o Arturo Despradel reflejan el creciente interés por explorar el interior como campo proyectual específico. Entre estas nuevas voces también se destaca la entonces emergente Yudelka Checo, quien introduce un lenguaje más ecléctico cercano al shabby chic en espacios de ocio como los bares Kiev y Mythos.

Esta década marca el paso de un interiorismo asociado principalmente al ámbito doméstico hacia un interiorismo urbano vinculado al comercio y la vida pública de la ciudad.

EVOLUCIÓN DE LOS RESTAURANTES. Bachata Rosa (n.º 18, 1997), Patricia Reid; Maraca (n.º 110, 2020), Ramón Emilio Jiménez;
Mythos (n.º 42, 2003), Yudelka Checo

2005-2015. El interior como experiencia
A partir de mediados de los años dos mil el interiorismo dominicano entra en una etapa de expansión y experimentación que coincide con transformaciones profundas en la economía urbana. El crecimiento del sector gastronómico y la aparición de centros comerciales más elegantes generan un nuevo escenario en el que el espacio interior adquiere un papel determinante. Restaurantes, bares y cafés se convierten en laboratorios de diseño donde iluminación, materialidad, gráfica y mobiliario construyen atmósferas memorables. El interior deja de ser un telón de fondo para convertirse en protagonista.

La evolución del comercio refuerza este proceso. Si el Acrópolis Center había introducido nuevas formas en los espacios comerciales, la apertura del Blue Mall Santo Domingo en 2010 y posteriormente el Ágora Mall en 2012 consolida un nuevo estándar para el sector minorista en la ciudad. Con la llegada de marcas internacionales y la creciente competencia entre espacios comerciales, el diseño interior se convierte en una herramienta clave para atraer al público y construir identidad. En consecuencia, el diseño de vitrinas comienza a adquirir mayor relevancia. Desde principios del siglo XXI, la arquitectura efímera vinculada al escaparatismo [visual merchandising] había venido ganando terreno con profesionales especializados. Las vitrinas se convierten así en el primer gesto espacial de las tiendas, donde concepto mercadológico, diseño e iluminación construyen la antesala de la experiencia comercial.

Interiores residenciales de Andrés Aybar (n.º 116), Carla García (n.º 122), Jorge Brown (n.º 114), Karen Haché (n.º 120), Bonnelly Reynoso (n.º 124),
Mariví Bonilla (n.º 120), César Hiraldo (n.º 98) y Eduardo Lora (n.º 45)

En este contexto se consolidan estudios y profesionales que amplían el alcance del interiorismo. Entre ellos se destaca Moré y Wiese Arquitectura de interiores, cuyas propuestas para espacios corporativos y lugares icónicos como Hard Rock Café Santo Domingo evidencian cómo el diseño interior comenzaba a operar como herramienta para diferenciar ámbitos comerciales y de entretenimiento. Junto con ellas, profesionales como Felipe Rangel, Yudelka Checo, César Hiraldo, Ramón Emilio Jiménez, Andrés Aybar, Dante Luna y Liza Ortega desarrollan proyectos en los que el interior se concibe como una narrativa espacial completa.

Este período se caracteriza también por una mayor libertad en el uso de materiales. Maderas naturales, metal expuesto, hormigón visto y combinaciones cromáticas más audaces reflejan una búsqueda por distanciarse de los lenguajes más clásicos de décadas anteriores.

2016-2025. Madurez y nuevas narrativas del espacio interior
En la última década, el interiorismo dominicano alcanza un grado de madurez que refleja tanto la consolidación profesional como la creciente complejidad de los proyectos en los que interviene. Lejos de limitarse a la ambientación, el diseño interior participa ahora en estrategias vinculadas al desarrollo inmobiliario, la hostelería y la cultura.

Continúan destacándose figuras cuya trayectoria ha sido determinante en la evolución del oficio, como Patricia Reid Baquero, Sarah García y Alexandra Guzmán. En el caso de Reid, su trabajo en proyectos vinculados al turismo patrimonial —como Casas del XVI en la Ciudad Colonial de Santo Domingo— demuestra cómo el interiorismo puede dialogar con la arquitectura histórica y reinterpretar el carácter del lugar con sensibilidad contemporánea. Guzmán y García, por su parte, han desarrollado propuestas asociadas al turismo de lujo, en el que el manejo de la materialidad, la atmósfera y el detalle contribuyen a definir ambientes elegantes dentro de la hostelería contemporánea.

APAP Santo Domingo, D. Lodín, J. Morales y W. Valdez (n.º 113); Infotep, SBA Arquitectos (n.º 111); Campus Humano, GVA Dominicana (n.º 103); Melo Guerrero, Wendy Díaz (n.º 64); Gillette Dominicana, Arturo Despradel y Miguel Reyes (n.º 41); Finisterre, Arq. Deyanira Khouri (n.º 122); Workspace Ergotec, Milán Lora y Virginia Cabral (n.º 104)

Al mismo tiempo emergen nuevas voces. Diseñadoras como Michelle Urtecho acercan el diseño industrial a la práctica, integrando mobiliario y objetos al lenguaje del interior. Propuestas como las de Natalia Franch exploran sensibilidades contemporáneas en las que materialidad, iluminación y composición espacial dialogan con tendencias internacionales y con una creciente conciencia por la identidad local.

La escena del diseño también se dinamiza a través de iniciativas culturales. La creación de Design Week República Dominicana, impulsada por Jorge Brown, contribuye a visibilizar el diseño como disciplina transversal y a fortalecer el diálogo entre arquitectura, interiorismo, arte y diseño industrial.

El auge gastronómico continúa consolidándose como uno de los principales laboratorios del interiorismo contemporáneo en la ciudad. La proliferación de restaurantes y bares con propuestas espaciales cada vez más elaboradas llevó a Arquitexto a dar continuidad a la serie Arquitectura para comensales, dedicada a documentar este fenómeno en el que el diseño interior se convierte en elemento central de la gastronomía. Otro campo que adquiere protagonismo es el bienestar y la neurociencia aplicada al diseño. Estudios como 1:1 Arquitectura exploran nuevas aproximaciones al espacio y comienzan a influir en proyectos hosteleros, turísticos y corporativos, con criterios relacionados con la percepción, el bienestar y la calidad ambiental de los espacios.

InterContinental, Francisco Rodríguez (n.º 96); Holiday Inn, Sánchez y Curiel (n.º 68); Casa de Campo, Mayra González y Rafa Selman (n.º 69); Casa Colonial, Sarah García (n.º 49); Amanera, Heah & Co. (n.º 94); HHWC Marriott, Requena y Plaza y XG Group Habitat Design (n.º 124);
Embassy Suites by Hilton Santo Domingo, Yudelka Checo (n.º 89)

Paralelamente, las transformaciones de las modalidades de trabajo también han influido en el diseño de los espacios laborales. Los despachos cerrados y cubículos modulares han dado paso a oficinas más abiertas, con áreas colaborativas y una mayor diversidad de espacios de reunión, así como entornos de co-working. Al mismo tiempo, la expansión del trabajo remoto ha impulsado la incorporación de áreas de trabajo dentro del hogar.

El interiorismo dentro de la industria creativa dominicana
En las últimas cuatro décadas, el interiorismo dominicano ha acompañado los cambios culturales, económicos y urbanos del país. Lo que en los años ochenta se manifestaba principalmente como complemento de la arquitectura residencial o turística ha evolucionado hacia una disciplina capaz de construir valor dentro de obras y proyectos cada vez más complejos y diversos.

Shibuya, Antonio León (n.º 95); Buche Perico, Eduardo Lora (n.º 95); Allegra, Yudelka Checo (n.º 107); Aqua, Christian Ricart (n.º 46);
Praia, Danilo Rodio (n.º 41); Bachata Rosa Punta Cana, Cindy Hache (n.º 102); Ajualä, Higinio Llames y Guillermo Rodríguez (n.º 107);
Hard Rock Café, Moré y Wiese (n.º 55)

La vivienda de alto nivel, la hostelería, la gastronomía, el comercio minorista y los espacios corporativos han servido de escenario para explorar nuevas formas de relación entre arquitectura, usuario y ciudad. Más recientemente, las intervenciones en edificaciones patrimoniales, museos y proyectos culturales han ampliado su alcance hacia una dimensión más consciente de la memoria y la identidad.

Médico Express, 1:1 Arquitectura (n.º 125); Cemdoe, Perkins + Will, Moré Interiores y Colectivo de Diseño Contín García (n.º 112);
CC Cedimat, Liza Ortega (n.º 92); La Cliniquita, Michelle Urtecho (n.º 120); Cecilip, Jesús Abreu (n.º 101)

Hoy el interiorismo dominicano se afirma como una disciplina madura que participa activamente en la construcción de la arquitectura contemporánea del país. A la vez, la aparición de numerosos estudios jóvenes introduce nuevas sensibilidades y enfoques que proyectan un futuro promisorio para la profesión. En este proceso, el oficio contribuye además a dinamizar las artes industriales, la artesanía y otros saberes productivos. En la convergencia entre arquitectura, diseño y producción local, el interiorismo se consolida también como un motor cultural dentro del ecosistema creativo dominicano. 

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Apuntes de un proceso de medio siglo en la arquitectura dominicana

Este ensayo reconstruye la memoria de una generación a través de medio siglo de arquitectura dominicana, vinculando crisis, crecimiento y transformación urbana. Desde la experiencia editorial de Arquitexto se documenta una práctica marcada por contrastes entre desarrollo económico, identidad, calidad del entorno y responsabilidad profesional.

La década de 1980 se recuerda como un período de cambios significativos para la República Dominicana, marcado por una profunda crisis económica que reordenó las estructuras sociales y culturales. El desplome de los precios de exportación, en particular del azúcar, junto con la crisis internacional de hidrocarburos, generó graves presiones sobre la balanza de pagos, devaluación e inflación que afectó a los sectores más pobres. Las medidas de ajuste impuestas por el gobierno derivaron en tensiones sociales que culminaron en la “poblada de abril” de 1984. Aunque la economía comenzó a ajustarse, el costo político fue alto y la década concluyó entre escasez, desencanto y frustración. La huella de esa crisis quedó marcada en el territorio urbano dominicano y en su arquitectura.

EDICIÓN 11 | AVENIDA FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑÓ O AVENIDA DEL PUERTO | SANTO DOMINGO | 1989
FOTO: FERNANDO CALZADA

I

El año 1986 fue significativo para la arquitectura dominicana, con tres puntos a destacar: la reactivación del programa de rescate del patrimonio histórico edificado —impulsado por el nuevo Gobierno dominicano por la celebración del quingentésimo aniversario del Descubrimiento de América, además de un amplio programa de construcción en todo el territorio nacional—, la celebración de la primera Bienal de Arquitectura —organizada por el Grupo Nuevarquitectura en noviembre— y la primera edición, en febrero, de un proyecto editorial dedicado a la arquitectura dominicana.

En efecto, el 13 de febrero de 1986 salió al mercado dominicano la revista Arquitexto. Lo que en un principio pudo considerarse como un esfuerzo efímero de jóvenes arquitectos egresados de la UNPHU se convirtió en una publicación importante que se ha sostenido durante cuarenta años. Sus antecedentes habría que buscarlos en la experiencia de publicaciones locales, como Revista Codia, Arquivox, Hoja de Arquitectura o De Arquitectura, así como en el ambiente de búsqueda y reflexión generado por los eventos académicos y profesionales en los que se exhibían proyectos y se reflexionaba desde la profesión.

Es interesante señalar la diferencia entre las dos etapas que acompañan la propia historia de la revista Arquitexto, cuya primera versión tenía un formato cuadrado sobre papel bond con alto interés en un contenido propio de las novedades de una profesión que respondía a las limitaciones de la época. Doce números fueron publicados entre 1986 y 1989, año en que cesó la publicación, lo cual podría interpretarse como una etapa de compromiso editorial que fue afectada por la realidad económica del país. En su primera portada aparece un mapa histórico de Santo Domingo como arco que se abre desde la escala urbana para colocar a la arquitectura en primer plano. A partir del segundo número y hasta el presente, la imagen de un edificio ha servido de portada a casi todas las ediciones. 

Cuando la situación económica del país cambió en la década de 1990, la idea de relanzar la extinta publicación de arquitectura se convirtió en una realidad el 17 de marzo de 1996 con su número 13, de formato rectangular, diseño novedoso y un sentido empresarial más acabado. Por fortuna, la publicación ha sido regular durante los últimos treinta años, lo cual está relacionado, evidentemente, a un nuevo escenario que abarca un importante cambio en los proyectos de arquitectura y urbanismo desarrollados en todo el territorio dominicano. Entre 1996 y 2026 la revista ha tenido dos formatos y cuatro diseños de edición. 

Al ver en retrospectiva los números publicados durante su segunda etapa se observa una realidad muy distinta a la década en la cual había surgido la revista. La cantidad y diversidad de los proyectos así lo refleja. Como se ha señalado, entre 1986 y 1996 el país atravesó crisis económicas y políticas y ahora se iniciaba una nueva fase para su desarrollo, acompañado de diversificación de las áreas de inversión y un nuevo escenario macroeconómico.

En los años ochenta comenzaban a despuntar las inversiones en proyectos turísticos y algunos edificios urbanos en altura, la gran inversión provenía del Gobierno. Los números 2 y 3 de la revista destacaron los edificios de la Compañía Dominicana de Aviación (aún en construcción) y el nuevo Hotel Jaragua, tan polémico, cuya versión sustituta estuvo auspiciada por el Gobierno dominicano. Arquitexto destacó en sus siguientes portadas obras privadas o de diferentes especializaciones: paisajismo (n.º4), patrimonio histórico (n.º5), edificio Seguros Pepín (n.º6), Hotel V Centenario (en construcción) (n.º7), Torre Hipotecaria (n.º8), Gazcue (n.º9), diseño asistido por computadora, CAD (n.º10), Ciudad Colonial (n.º11) y arquitectura hotelera en playas dominicanas (n.º12). Es importante destacar el espíritu crítico de los editores frente a la situación nacional de la época y sus incidencias en el ejercicio de la profesión. Vale la pena recordar el siguiente extracto del editorial publicado en la página 3 del número 4 (año 1, 1986):

Conocemos la calidad de estadista del actual presidente de la República y de los hombres que le acompañan en su gabinete, pero también somos conscientes de que para poder llevar a cabo el nuevo programa de gobierno es necesario la participación de todos los dominicanos; que desde su posición cada uno contribuya con la causa. Nosotros como editores de esta revista nos comprometemos a cumplir con nuestro objetivo principal de difundir la arquitectura nacional y convertirnos en voceros de las necesidades del país concernientes al tema que tratamos, así como también presentar los trabajos que se realicen o las soluciones que se adopten al respecto.

Como se observa, el espíritu de lucha por eliminar trabas que afectaban la participación equitativa de los arquitectos en proyectos de construcción refleja que el principal cliente del momento era el Gobierno dominicano. El sector privado, aunque presente, ofrecía menores oportunidades para un sólido ejercicio profesional. A fines de la década de 1990 se produjeron transformaciones políticas y económicas que generaron saltos importantes en el crecimiento económico del país, evidenciado en el crecimiento acelerado de las principales ciudades dominicanas y del sector inmobiliario privado. A partir de ese reencauzamiento de las políticas públicas, el capital no gubernamental ha incursionado cada vez más en proyectos de mayor alcance y en distintas áreas. Los proyectos turísticos, comerciales e industriales han sido cada vez más ambiciosos, con escalas y presupuestos nunca antes desarrollados en el país. En paralelo, la demografía ha sido fundamental para la oferta de edificios destinados a viviendas, desde proyectos de interés social hasta inmuebles multifamiliares con patrones de lujo que aspiran al primer mundo. El perfil urbano de la capital de la República, por ejemplo, refleja la dinámica constructiva y el surgimiento de nuevos sectores, donde se concentran las mayores inversiones inmobiliarias del país.

La sociedad dominicana, ahora más abierta y cosmopolita, muestra una etapa de consolidación del consumismo y la preferencia por nuevas formas de convivir, divertirse y relacionarse. La estabilidad política y económica facilita estos cambios en los rasgos de modernización de los dominicanos apoyados en la confianza en el actual clima de inversiones financieras e inmobiliarias. Santo Domingo ha pasado de una ciudad media a una metrópolis con grandes retos. Es la capital de mayor tamaño de la región y la de mayor concentración de edificios en altura del Caribe. En igual camino se encuentra Santiago, la cual muestra un dinamismo interesante en la última década, con una apuesta a nuevas áreas de inversión inmobiliaria y una conciencia regional. Otros territorios urbanos siguen rutas similares, con menor alcance, aunque con un sector inmobiliario de fuerte presencia.

Las regiones destinadas al turismo muestran un movimiento transformador de alto impacto. Además de los puntos tradicionales de auge turístico, han surgido otros con características particulares destinados al ocio y a las inversiones inmobiliarias relacionadas con ese sector. Además del desarrollo de proyectos en el litoral marítimo, también se observa un auge en destinos mediterráneos e intramontanos. Segundas residencias ocupan nuevas zonas de veraneo en paralelo al crecimiento de la densidad constructiva urbana.

Ante tal diversificación de tipos de proyectos y lugares que los acogen, la revista Arquitexto es un repositorio para observar esos cambios significativos que ha experimentado la República Dominicana en su historia reciente. De ahí su importancia como fuente de consulta para estudios especializados sobre los aspectos urbanos y arquitectónicos como evidencia del fenómeno del reciente crecimiento del país. Más allá de la información de actualidad que cada número presenta, se trata de un documento que narra —si se puede usar el término— la huella experimentada por la sociedad dominicana en casi medio siglo. Nada más tangible y evidente que recorrer ese proceso a través de la minuciosidad de un testimonio editorial que retrata el momento. Como documento de consulta, la revista es fundamental para comprender la realidad contemporánea del país.

II

Crecimiento y dinamismo son variables limitantes para la evaluación de un proceso continuo de transformaciones económicas, sociales y culturales en el país. Hay que atender otros aspectos que influyen en la calidad ambiental, el bienestar colectivo, la modificación de patrones, la conciencia urbana, la participación democrática, las garantías de seguridad, la integración social y la generación de riqueza individual y general. ¿Qué se ha ganado y perdido en ese modelo establecido?, ¿cuáles son las carencias y omisiones?, ¿cómo afrontar los retos con soluciones estructurales para promover un mejor entorno vivencial?, ¿cómo promover liderazgos comprometidos con la eliminación de los errores y la construcción de un futuro posible?, ¿nos ha superado el crecimiento económico ante la capacidad de preparación para responder a demandas más complejas de administración pública, rigores profesionales y responsabilidades colectivas?

En un país cuyo presupuesto nacional ha aumentado 900 por ciento de 1986 al presente (de 2,000 millones a 30,000 millones de dólares) y donde el ingreso per cápita pasó de 928 dólares a 10,900 dólares en el mismo período, el efecto en el territorio y en la arquitectura ha sido enorme. La densidad poblacional de la capital dominicana ha aumentado de 5,500 hab./km2 en 1986 a 9,000 en 2026, el sector construcción aporta el 9% del PIB, el índice de construcción ha aumentado de 3% a 6% cada año y el índice de costos directos de la construcción de vivienda (ICDV) de 2025 fue de 239.8, lo cual refleja un incremento altísimo desde 1986. 

La proliferación de proyectos inmobiliarios responde a esos factores y de inmuebles de uno a cuatro niveles en promedio al momento de la publicación de la primera edición de Arquitexto ha promediado de cinco a veinticinco niveles en las zonas más densificadas, con una tendencia a duplicar esta escala en muy breve tiempo. Santo Domingo es la ciudad del Caribe insular que tiene el skyline más alto y la segunda, detrás de Panamá, si se incluye a América Central.

No todo es plausible. El resultado de la arquitectura ha sido mixto y controversial. Si bien existe un importante número de arquitectos de extraordinaria capacidad y creatividad, con propuestas encomiables y destacadas desde el punto de vista estético y funcional, predomina una arquitectura genérica y debatible vinculada a la maximización de la rentabilidad inmobiliaria excluyente de aspectos primordiales en el compromiso urbano. Como intento de señalar los retos que atraviesa gran parte de la arquitectura actual, observamos:

Crecimiento urbano acelerado sin planificación estética. El crecimiento demográfico y la expansión urbana han sido muy rápidos. La prioridad ha sido construir rápido y alojar demanda, no necesariamente diseñar mejores espacios. Cuando la planificación urbana se centra en cantidad y no en calidad visual y espacial, el resultado suele ser heterogéneo y poco coherente.

Predominio del criterio económico sobre el arquitectónico. Muchos proyectos inmobiliarios se desarrollan bajo la lógica de maximizar metros vendibles, reducir costos de materiales, construir en el menor tiempo posible. Esto lleva a propuestas anodinas, repetitivas y con poca inversión en diseño, proporciones o detalles arquitectónicos. Los materiales de calidad y sistemas constructivos limitan mucho las propuestas trascendentes.

Regulaciones limitadas o poco exigentes. En gran parte del país, la falta de regulaciones (alineación, alturas, materiales, colores, proporciones, integración al espacio público, etc.), hace que cada edificio se diseñe de forma independiente, con lo que se generan paisajes urbanos visualmente caóticos.

Autoconstrucción y modificaciones informales. Una gran cantidad de edificaciones crecen por ampliaciones sucesivas y violación de las normas establecidas: pisos agregados al proyecto original, balcones cerrados, cambios de ventanas o acabados y colores sin coherencia, etc. Se quiebra la unidad visual, incluso en edificios originalmente bien diseñados.

Cultura urbana poco orientada al diseño público. Históricamente, el valor del diseño arquitectónico y del espacio público no ha sido una prioridad social amplia. La inversión suele concentrarse en el interior de las viviendas o en la funcionalidad comercial, no en la calidad visual de las calles y fachadas.

Ausencia de una identidad arquitectónica contemporánea clara. Mientras algunos países han desarrollado estilos contemporáneos adaptados a su clima y cultura, en el país conviven imitaciones de estilos extranjeros, minimalismo económico y soluciones improvisadas. El resultado es una mezcla sin continuidad estética ni búsqueda conceptual.

Debilidades para comprender la responsabilidad sobre el territorio. Como autores de marca, los arquitectos se aislan en su propio trabajo sin vincularlo a un proceso de transformación de nuevas experiencias urbanas con garantías para mejores patrones de convivencia.

Por supuesto que ha habido buena práctica por manos de arquitectos que se han expresado a través de obras que enaltecen la profesión. En ellos hay un compromiso con el logro de proyectos integrales de vocación urbana y estética. De igual modo, se destaca la conciencia de proteger los referentes de nuestra arquitectura histórica, de diferentes épocas, a pesar de las amenazas que día a día se mantienen.

Tales aspectos han sido impulsados desde Arquitexto a lo largo de sus 130 ediciones, donde se puede constatar la evolución de la narrativa arquitectónica reciente. Más allá de la edición en formato impreso, Arquitexto ha contribuido en la formación de los arquitectos en las distintas escuelas de arquitectura y en el apoyo a seminarios, foros, talleres y publicaciones especiales. Hoy la revista cuenta con una plataforma digital como alternativa para alcanzar nuevos escenarios y servir de repositorio para la consulta permanente de profesionales, estudiantes e investigadores.

A través de una reflexión sobre la reciente huella arquitectónica se reconoce que una parte de la arquitectura dominicana muestra giros interesantes, con cierta búsqueda de novedad y atrevimientos estéticos. Una lectura secuencial de lo que ha sucedido con la arquitectura en ese ámbito ha quedado asentada en la memoria editorial de la revista. Eso fomenta voluntades de actuar con coherencia y ética. La arquitectura dominicana se lo merece. Y nuestras ciudades lo esperan. 

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Arquitectura dominicana: entre urgencia y sentido  https://arquitexto.com/2026/06/arquitectura-dominicana-entre-urgencia-y-sentido/ https://arquitexto.com/2026/06/arquitectura-dominicana-entre-urgencia-y-sentido/#respond Fri, 26 Jun 2026 12:56:53 +0000 https://arquitexto.com/?p=54303 Este ensayo reflexiona sobre la arquitectura dominicana como un campo marcado por la urgencia, donde la respuesta inmediata ha prevalecido sobre la construcción de sentido. Examina su evolución reciente y la fragmentación contemporánea, Y proponE una práctica más consciente, ética y vinculada al lugar, la memoria y lo cotidiano. xiste realmente una arquitectura dominicana o […]

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Este ensayo reflexiona sobre la arquitectura dominicana como un campo marcado por la urgencia, donde la respuesta inmediata ha prevalecido sobre la construcción de sentido. Examina su evolución reciente y la fragmentación contemporánea, Y proponE una práctica más consciente, ética y vinculada al lugar, la memoria y lo cotidiano.

xiste realmente una arquitectura dominicana o solo una acumulación de respuestas urgentes? Hay una señal profundamente dominicana en la manera en que construimos: una mezcla de ingenio y prisa, de adaptación constante y olvido rápido. Basta recorrer cualquier ciudad del país —o sus bordes— para advertir que la arquitectura no se presenta como un relato coherente, sino como una acumulación de respuestas inmediatas. Edificios que nacen para resolver una necesidad puntual, viviendas que se expanden en capas, infraestructuras tardías o improvisadas. La pregunta, entonces, no es si existe una arquitectura dominicana, sino en qué condiciones ha surgido, qué expresa hoy y que posibilidad encierra para un futuro que ha llegado.

Este ensayo no pretende reconstruir la historia ni catalogar estilos. Busca, más bien, pensar la arquitectura dominicana como un campo de tensiones: entre la urgencia y el sentido, entre la inmediatez y la conciencia del lugar, entre certidumbre y memoria.

EDICIÓN 123 | YUBARTA | CAYO LEVANTADO, SAMANÁ | BOSQUES URBANOS | 2023 | FOTO: VICTOR STONNEM

Lo que ha sido: construir como acto de necesidad 
La arquitectura dominicana no ha sido, en términos generales, un ejercicio de abstracción teórica ni una búsqueda de identidad formal. Ha sido, ante todo, una práctica de supervivencia y adaptación. Desde la vivienda vernácula hasta los grandes gestos modernos del siglo XX, lo que subyace es una lógica de respuesta: al clima, a la economía, a la disponibilidad de materiales, a la presión social y, en los últimos años, a la especulación inmobiliaria con sus distorsiones y contradicciones.

Más que estilos reconocibles, lo que encontramos son estrategias: la sombra como recurso indispensable, la ventilación cruzada como intuición aprendida, el patio como mediador entre lo público y lo privado, la galería como umbral habitable. Estas decisiones, muchas veces no formuladas como “arquitectura”, han producido espacios hermosos de enorme inteligencia ambiental y social.

Sin embargo, esa condición reactiva ha impedido la construcción de un discurso propio. La arquitectura ha hecho mucho y ha dicho poco sobre sí misma. Ha sido eficaz sin ser consciente; ha funcionado sin narrarse. La consecuencia es una producción rica en soluciones, pero débil en reflexión, incapaz de consolidar una tradición crítica que dialogue consigo misma, cosa que ni las academias han fomentado a pesar de algunos esfuerzos aislados.

Lo que es: fragmentación y pérdida de proyecto 
Hoy, la arquitectura dominicana se desarrolla en un contexto marcado por la aceleración. El crecimiento urbano, la presión del mercado inmobiliario —de una ciudad como espacio mercantil— y la fragilidad de los marcos normativos han convertido el acto de construir en una carrera contra el tiempo. Se construye rápido, mucho, sin pausa para pensar.

Las ciudades se expanden como mosaicos inconexos y lugares de explotación territorial: torres que ignoran la calle, urbanizaciones cerradas que niegan el entorno, infraestructuras que niegan el espacio público —casi inexistente—, degradación ambiental costera y terrestre. El resultado no es solo un problema formal, sino una crisis de sentido.

La arquitectura deja de ser un mediador entre el individuo y la ciudad y se convierte en objeto autónomo, indiferente a su contexto.

En este escenario, el “estilo” aparece como sustituto del pensamiento. Se importan lenguajes, se reproducen imágenes globales, se confunde modernidad con apariencia y progreso. La tecnología disponible —como nunca— convive con una baja calidad espacial. La abundancia de recursos no se traduce en mejores ciudades, sino en mayor dispersión y campo fecundo para la explotación en manos de intereses económicos locales y foráneos.

El arquitecto, por su parte, queda atrapado entre la urgencia del encargo y la falta de un proyecto colectivo. La arquitectura se ejerce como servicio técnico más que como acto cultural y de pensamiento. Se resuelve el programa, se cumple el presupuesto, se entrega la obra. Lo que queda fuera es la pregunta sobre el impacto urbano, social y simbólico de lo construido.

El quiebre necesario: una pregunta ética 
En medio de esta fragmentación, resulta inevitable plantear una pregunta incómoda: ¿Para quién y desde dónde estamos construyendo? No se trata de una cuestión moral abstracta, sino de una interrogación concreta sobre el rol de la arquitectura en la vida cotidiana.

Construir no es un acto neutro. Cada decisión espacial produce comportamientos, define relaciones, establece jerarquías. Cuando la arquitectura renuncia a pensarse, delega ese poder al azar y sobre todo al mercado que siempre está hambriento. La urgencia, entonces, deja de ser una condición externa para convertirse en una coartada. 

Reconocer esta dimensión ética no implica idealizar la disciplina ni desconocer las limitaciones reales del contexto dominicano. Implica aceptar que incluso en la precariedad —o principalmente en ella— es posible elegir cómo responder.

Lo que debería ser: hacia una arquitectura con conciencia de lugar 
Pensar en el futuro de la arquitectura dominicana no pasa por formular recetas ni proponer modelos cerrados. Pasa por recuperar una serie de actitudes que permitan reconciliar la urgencia con sentido.

La primera es volver a mirar el lugar. No como una postal, sino como un sistema complejo de clima, cultura, memoria y uso. El trópico no es un problema a domesticar, sino una condición a interpretar. La sombra, la transición entre dentro y afuera —lo liminal— no son gestos nostálgicos, sino herramientas contemporáneas para habitar mejor.

La segunda es asumir la arquitectura como acto cultural. Esto no significa hacerla de élite, sino reconocer su capacidad para reconstruir significado. Que una vivienda, una escuela o un edificio público hablan —quieran o no— de cómo entendemos lo común, lo privado y lo compartido.

La tercera es revalorizar lo cotidiano. La arquitectura dominicana ha sido históricamente fuerte en lo ordinario y débil en lo excepcional. Allí, en lo aparentemente banal, existe un campo fértil para la experimentación y el pensamiento crítico. No se trata de grandes íconos, sino de mejorar la calidad del espacio donde transcurre la vida.

Finalmente, es necesario reconstruir un relato. No para fijar una identidad rígida, sino para generar continuidad, debate y aprendizaje. Pensar lo que hacemos, escribirlo, discutirlo, comentarlo en espacios de diálogo que sumen. Solo así la arquitectura dejará de ser una sucesión de urgencias y comenzará a generar sentido.

Epílogo: entre el hacer y el pensar 
Tal vez la arquitectura dominicana no necesite definirse a sí misma con adjetivos pomposos. Posiblemente, baste con detenerse un momento entre un proyecto y otro, entre una obra y la siguiente, para preguntarse qué ciudad estamos produciendo sin darnos cuenta.

Entre la urgencia que nos empuja y el sentido que se nos escapa, la arquitectura sigue siendo una valiosa oportunidad. No para resolverlo todo, sino para hacer visible —en el espacio— una manera más consciente de habitar el tiempo que nos toca.

Tal vez la arquitectura dominicana no necesite parecerse a nada. Tal vez solo necesite volver a escucharse.

Nota a los editores: al concluir con este ensayo quedaron muchas preguntas haciendo eco, y parece que el epílogo debió ser el prólogo para dejar lanzado el reto a cada lector… crear un espacio de diálogo permanente donde la arquitectura, al margen de las prisas y las presiones diversas a las que está expuesta se convierta en protagonista hablada, pensada y discutida. Hoy. 

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El oficio de hacer arquitectura https://arquitexto.com/2026/06/el-oficio-de-hacer-arquitectura/ https://arquitexto.com/2026/06/el-oficio-de-hacer-arquitectura/#respond Fri, 26 Jun 2026 12:56:51 +0000 https://arquitexto.com/?p=54296 Este texto reflexiona sobre el oficio de hacer arquitectura en la República Dominicana y la responsabilidad social de quienes la ejercen frente a la ciudad. Entre las presiones del mercado y las aspiraciones culturales de la disciplina, plantea la necesidad de recuperar el valor de la buena arquitectura como herramienta para mejorar la calidad urbana, […]

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Este texto reflexiona sobre el oficio de hacer arquitectura en la República Dominicana y la responsabilidad social de quienes la ejercen frente a la ciudad. Entre las presiones del mercado y las aspiraciones culturales de la disciplina, plantea la necesidad de recuperar el valor de la buena arquitectura como herramienta para mejorar la calidad urbana, la equidad social y la construcción de país.

Los seres humanos somos, ante todo, entes sociales, y gran parte de nuestras actividades se desarrollan dentro de los edificios o entre ellos. Nuestras emociones están condicionadas por nuestro entorno construido. La importancia de los que ejercen la arquitectura radica en su capacidad para entender ese valor intangible que se hace evidente en la forma en que habitamos la ciudad y que se manifiesta en un ambiente acogedor, donde caminar es un placer facilitado por la sombra y la escala humana. Es en ese diseño vibrante donde surge una economía orgánica entre residentes y comerciantes que activan la vida de la calle, y que solo puede florecer cuando la arquitectura invita a permanecer. Ciudades como Barcelona, Singapur, Bogotá o Medellín han demostrado que cuando la arquitectura se integra en la planificación pública, se logra construir una sociedad más equitativa. El diseño no es un lujo, es una herramienta de justicia social.

EDICIÓN 122 | BANCO CENTRAL DE LA REPÚBLICA DOMINICANA | SANTO DOMINGO |
ARQ. RAFAEL CALVENTI CON P. PIÑA, L. SCHIFFINO | 1978 | FOTO: FERNANDO CALZADA

El oficio de la arquitectura es, en esencia, el arte de soñar con los pies sobre la tierra. Es imaginar el mañana que deseamos hoy, dentro de las demandas del mercado, las regulaciones y los métodos constructivos actuales. Ahí reside la necesidad intrínseca de la arquitectura, poder transformar la rentabilidad en calidad espacial, las regulaciones en oportunidades, y lograr una obra construida acorde a su época. Como arquitectos, tenemos una responsabilidad ética con el transeúnte anónimo. Ese ciudadano que nunca entrará al edificio, que no conoce el nombre del autor, el cual verá su estado de ánimo y su calidad de vida afectados diariamente por la relación de esos edificios con la ciudad.

El complejo del Banco Central de la República Dominicana es quizá el ejemplo más sublime del siglo XX de cómo la arquitectura institucional puede ser imponente sin ser hostil. El conjunto se concibió para pertenecer a la ciudad y ser parte de ella. Su éxito radica en la sección urbana. El equipo encabezado por Rafael Calventi no agotó el solar con una huella masiva; creó una plaza y un juego de volúmenes que permiten que el aire y la mirada circulen. La utilización del hormigón visto no fue un capricho estético, sino una respuesta tectónica a nuestra realidad: un material que envejece con dignidad bajo el salitre y el sol caribeño que proyecta sombras profundas manteniendo un confort térmico para sus usuarios. El edificio no “pide permiso” para estar ahí, pero tampoco agrede al transeúnte; ofrece un hito visual que organiza el caos del entorno.

En la actualidad, los arquitectos y promotores Sánchez y Curiel a lo largo de su carrera han integrado sus edificios a la ciudad de manera amigable. Sus obras dialogan con la calle, respetan la escala y aportan un valor estético que eleva el entorno donde se emplazan. La firma de arquitectura Pérez Morales logró una plaza comercial de pequeña escala que responde de forma maestra a nuestro clima, cultura e identidad, respetando y agregando un valor inmenso a su contexto. Un caso reciente que merece la pena mencionar es la recuperación de la cañada de Cristo Rey, una intervención de escala urbana encargada por la CAASD. La arquitecta paisajista Massiel Mejiía demostró que a través del diseño de una infraestructura pública se puede crear un parque lineal que sirve de motor a una gran transformación social. Cuando el arquitecto entiende su rol social, el diseño agrega valor.

Lamentablemente estos ejemplos no son la norma, sino más bien excepciones. Muchas de las torres contemporáneas de nuestras calles son objetos anónimos e ignoran por completo la ciudad, y crean un paisaje urbano desmotivador y caótico. Las instituciones públicas y privadas, salvo algunas excepciones, han olvidado el simbolismo que representa para una nación sus edificios. El profesional dominicano, en su gran mayoría, ha aceptado ser un facilitador de trámites, un simple decorador de la voracidad inmobiliaria, un gestor de espacios austeros. En un país donde construir es una necesidad primaria, la finalidad se reduce peligrosamente a “metros cuadrados vendibles”.

A menudo escucho en el sector de la construcción referirse al proyecto como “producto” y esto revela la trampa en la que hemos caído. Un producto se consume y se desecha. Un proyecto arquitectónico se habita y trasciende en el tiempo. Cuando el diseño se reduce a un producto, se vuelve banal. Se prioriza el “empaque” (el render llamativo para redes sociales) sobre la sustancia (la ventilación cruzada, la iluminación natural, la flexibilidad de los espacios, el emplazamiento en su contexto). Esta lógica inmobiliaria afecta de manera directa el valor y potencial de nuestra profesión. Surge entonces el gran dilema existencial del arquitecto: responder al mercado y subordinar su ejercicio a la eficiencia económica, vaciando de alma sus obras, o refugiarse en su condición de “artista” con una subjetividad que a menudo ignora las necesidades reales de la gente y los límites de la técnica. El arquitecto que solo responde a lo económico no ejerce su función, el que solo responde al arte, solo ejerce un fin cosmético. Podemos y debemos jugar ambos roles. 

La arquitectura es la síntesis de las condiciones técnicas, artísticas y sociales de una época. En la carrera por responder a los tiempos del mercado hemos sacrificado el análisis, la discusión y el cuestionamiento de lo que estamos construyendo. Estamos llenando nuestro territorio de hormigón sin detenernos a preguntar qué país queremos tener.

¿Cuál debería ser nuestro rol en nuestro contexto? ¿Continuar resolviendo el programa funcional dibujando cuatro paredes y un techo? ¿”Maquillar” una fachada para que sea “bonita” y se venda rápido? ¿Dibujar lo que el cliente pide, porque al final del día esto es un “servicio” y el que paga manda? ¿O debemos asumir nuestra responsabilidad ética y moral ante la sociedad? Entender que la arquitectura responde a múltiples actores, al cliente que paga, al usuario que la habita, al Estado que la regula, al mercado que la condiciona, a la sociedad que la observa y al medioambiente que la sufre o la agradece.

Reflexionar sobre la práctica de la arquitectura en la República Dominicana hoy, sin analizar las dinámicas económicas, sería una irresponsabilidad. Vivimos en una era en la que la globalización y los mercados de capitales han reducido la disciplina de proyectar a una tabla de Excel. La arquitectura corre el riesgo de convertirse en un simple subproducto financiero en el que la rentabilidad es el único norte. Si seguimos permitiendo que el mercado sea el único arquitecto de nuestra nación, el veredicto del futuro será implacable. Lo estamos viviendo en la ciudad que hemos construido durante los últimos treinta años. En cambio, si aceptamos el desafío de hacer arquitectura en el sentido más amplio de la palabra, soñar con los pies sobre la tierra, abogar por el transeúnte, ser estrategas de la luz y el espacio, entonces tendremos la oportunidad de transformar esta isla en un lugar más justo, más fresco y más humano. La arquitectura es la huella física que deja una civilización. La arquitectura hablará de nosotros, de nuestras ambiciones o de nuestras carencias.

Debemos ser pensadores críticos, no solo dibujantes, educarnos en finanzas para poder debatir con argumentos sólidos, ser sensibles con el medioambiente y, sobre todo, ser profundamente éticos para poder decir “no” cuando usea necesario. Por otro lado, el Estado dominicano y los gobiernos locales deben confiar en la arquitectura como estrategia de desarrollo, promover el estudio y análisis de soluciones que vayan más allá de su periodo electoral, establecer normativas y parámetros claros que permitan crear espacios públicos de calidad. El diseño debe permear toda estrategia pública, desde la escuela rural hasta el gran hito urbano. Por último, el cliente debe ver al profesional de la arquitectura como su aliado. Los edificios nos pertenecen a todos, son y siempre serán nuestro “patrimonio”.

Debemos hacer el pulso hacia una arquitectura de calidad, en la que el buen diseño deje de ser la excepción y se convierta en la norma. Tenemos la formación y los referentes que demuestran que es posible. Apostemos por una práctica coherente entre nuestro discurso y lo que hacemos, donde la excelencia en el diseño se entienda como compromiso social y sea visto como una estrategia colectiva y no como un lujo privado.

Soñemos juntos y juntos transformaremos el escenario de nuestras vidas y la de toda una nación. ¡La ciudad será nuestro testimonio! ¿Tuvimos o no la valentía de imaginar una República Dominicana mejor de la que recibimos?

La arquitectura es mucho más que cuatro paredes y un techo. Es el arte de dar cobijo a la esperanza humana. 

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40 años, 40 obras Registros vivos de una memoria construida https://arquitexto.com/2026/06/40-anos-40-obras-registros-vivos-de-una-memoria-construida/ https://arquitexto.com/2026/06/40-anos-40-obras-registros-vivos-de-una-memoria-construida/#respond Fri, 26 Jun 2026 12:56:46 +0000 https://arquitexto.com/?p=54318 Seleccionar cuarenta obras para conmemorar los cuarenta años de Arquitexto no fue un ejercicio de preferencia estética, sino de lectura crítica. No partimos de una nostalgia complaciente, sino de la voluntad de volver a mirar —con distancia y con rigor— la arquitectura dominicana que la revista ha documentado desde 1986. Revisar nuestras propias páginas fue […]

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Seleccionar cuarenta obras para conmemorar los cuarenta años de Arquitexto no fue un ejercicio de preferencia estética, sino de lectura crítica. No partimos de una nostalgia complaciente, sino de la voluntad de volver a mirar —con distancia y con rigor— la arquitectura dominicana que la revista ha documentado desde 1986. Revisar nuestras propias páginas fue también releer la evolución de la disciplina: sus avances, sus tensiones, sus momentos de ruptura y sus aprendizajes acumulados.

El primer criterio respondió al propio aniversario: una obra por cada año de la revista. El segundo, más complejo y exigente, consistió en identificar proyectos que representaron en su momento una respuesta arquitectónica significativa: por su tipología, su funcionalidad, su innovación formal o tecnológica, o por haber abierto caminos dentro del ejercicio profesional dominicano.

La curaduría fue ardua. Implicó revisar décadas completas y reconocer que cada período construyó sus propias búsquedas, aspiraciones y lenguajes. La primera selección superaba el centenar de obras. Muchas otras merecían figurar en este recuento. Reducir ese universo a cuarenta edificaciones implicó una labor rigurosa y, por momentos, titánica. Fue un trabajo asumido por el comité editorial en pleno, donde cada integrante aportó su reflexión, su memoria y su punto de vista. Hubo debates —algunos intensos— que lejos de contrariar, enriquecieron la mirada colectiva y permitieron afinar criterios. Intentamos, además, no repetir estudios, con el propósito de ofrecer un panorama lo más amplio y representativo posible de la producción nacional.

El resultado es deliberadamente diverso. Cada década dejó su impronta: el uso expresivo del hormigón en los años ochenta que marcó la institucionalidad de la época y, paralelamente, el inicio del crecimiento turístico que, hacia el final de esa década y ya entrados los noventa, se consolidó como motor decisivo de transformación territorial. En ese contexto surgieron las primeras tipologías hoteleras que buscaron una expresión arquitectónica vinculada al imaginario caribeño y a las condiciones climáticas locales.

Más adelante, los años dos mil marcaron una etapa de consolidación urbana y económica que se expresó en la arquitectura a través de infraestructuras comerciales, financieras y culturales de mayor escala y complejidad. La verticalización del polígono central en la capital, la aparición de torres corporativas con tecnologías de fachada más complejas, equipamientos culturales de escala institucional y alto desempeño técnico y la transformación de la tipología del supermercado, así como la consolidación del centro comercial como nueva centralidad, redefinieron la imagen contemporánea de la ciudad.

En la última década, el acento se desplazó hacia una arquitectura más consciente de su impacto ambiental y territorial. El modelo turístico avanzó hacia una fase de mayor elegancia, aparecieron desarrollos residenciales de alta gama, complejos para turismo deportivo y de salud que introdujeron nuevas escalas de intervención. Esta evolución amplió el alcance y obligó a la arquitectura a dialogar no solo con el clima, sino también con normativas internacionales, estándares ambientales y nuevas expectativas del mercado internacional.

Algunas de estas cuarenta obras están abandonadas; otras, lamentablemente, han sido transformadas o han cambiado junto con la ciudad. Su inclusión no responde a su estado actual, sino a la trascendencia que tuvieron en su momento y a la manera en que ampliaron el horizonte de nuestra disciplina. Otras, vistas con la sensibilidad contemporánea, pueden no responder a los códigos formales vigentes. Sin embargo, en su tiempo cada una expresó una voluntad de modernidad, una interpretación particular del clima y del territorio, o una apuesta tecnológica propia de su momento histórico.

Más que un catálogo exhaustivo, esta selección adopta un carácter antológico: propone un recorrido de cuarenta años de práctica arquitectónica, con sus continuidades y sus contrastes, sus búsquedas y sus transformaciones. En conjunto, estas obras permiten leer la evolución de la arquitectura dominicana en sus distintas escalas y ámbitos. No representan la totalidad del paisaje edificado —con sus luces y sombras—, sino aquellos momentos en los que la disciplina alcanzó especial claridad y coherencia. 

Esta selección convive, por tanto, con otras lecturas críticas sobre el devenir de nuestra arquitectura. Junto con las más de setecientas obras y proyectos publicados a lo largo de cuatro décadas, conforman un cuerpo documental que nos llena de orgullo y que, construido con continuidad y rigor, hoy ofrece una lectura amplia, compleja y matizada de nuestra producción arquitectónica.

En estas cuarenta obras se condensan cuatro décadas de aspiraciones, debates, desaciertos y aprendizajes. Son, en definitiva, registros vivos de una memoria construida.

40 años, 40 obras

Amanera

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Los autores del entorno construido https://arquitexto.com/2026/06/los-autores-del-entorno-construido/ https://arquitexto.com/2026/06/los-autores-del-entorno-construido/#respond Tue, 23 Jun 2026 12:45:46 +0000 https://arquitexto.com/?p=54245 Casi cuatrocientas firmas y estudios de arquitectura y diseño, cerca de ochocientas obras publicadas, un registro amplio y diverso que, a lo largo de cuatro décadas, ha contribuido a configurar el entorno construido de nuestras ciudades y territorios. A través de estas páginas, Arquitexto ha documentado ese proceso, registrando no solo obras y proyectos, sino […]

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Casi cuatrocientas firmas y estudios de arquitectura y diseño, cerca de ochocientas obras publicadas, un registro amplio y diverso que, a lo largo de cuatro décadas, ha contribuido a configurar el entorno construido de nuestras ciudades y territorios. A través de estas páginas, Arquitexto ha documentado ese proceso, registrando no solo obras y proyectos, sino también ideas, enfoques y maneras de ejercer la profesión. Cada obra publicada forma parte de un recuerdo compartido.
Gracias por confiar sus proyectos y su práctica a esta plataforma. Este legado es, ante todo, colectivo.

Nombre del estudio / autorEdiciones
3G OFFICE RD108, 111, 114, 115
4 + UNO, Alfredo Álvarez, William Guzmán, Rosa Julián Peña, Emilio Olivo y Laura Purcell81
A-CERO, JOAQUÍN TORRES ARQUITECTOS69
A20 ARQUITECTOS, Fernando Salcedo y Luis Sabater Musa107, 128
ABRAHAM HOLGUÍN-VERAS41, 67
ABRAHAM LEWIS35
ACEBAL CANNEY ARQUITECTOS Y ASOCIADOS102, 107, 116, 128, 129
AG INTERIORES129
ALAIN DELANCE JORGE48, 52, 73
ALBERICO SARACINO, RETAIL DESIGN DEPARTMENT72
ALDO VOLPE ARQUITECTOS70
ALEJANDRO FRANCH85
ALEJANDRO HERRERA GÓMEZ36, 45, 76, 89
ALEJANDRO MARRANZINI73, 76, 83, 88, 92, 93, 98
ALEJANDRO MATOS33, 96
ALEX GORMLEY107
ALEX MARTÍNEZ SUÁREZ65, 92, 123
ALEX VEGA40, 52, 56, 83
ALEXY CORDONES32
AMELIA CABRAL95
AMELIA CALVENTI33
AMÍN ABEL32
ANARQUITECTURA, Ronny Núñez y Félix Adames128
ANDRÉS PASTORIZA90
ÁNGEL BLÁZQUEZ19, 42
ÁNGEL CRUZ69
ÁNGEL GIUDICELLI VIDAL14, 23, 29, 40, 61, 49, 75
ÁNGEL GÓMEZ CANAÁN42
ANTONIO LEÓN78, 87, 95, 113, 116
APOLINAR FERNÁNDEZ DE CASTRO23
APONTE Y MÉNDEZ, Carmen Rita Méndez y George Aponte14, 25, 81
ARCHDEVSTUDIO, Luis Gabriel Ardila109
ARCOPLAN, Carlos Jorge10, 29, 33, 42, 73, 75, 89, 94, 97, 115, 128
ARIOSTO MONTISANO56, 80
ARIS PICHARDO84
ARÍSTIDES RAMÍREZ MINAYA38, 60, 84
ARKINA, Joey Rapaglia y Mónica Desangles113
ARMANDO HACHÉ19
ARQ. JUAN PÉREZ MORALES Y ASOCS.20, 57, 71, 75, 89, 91, 129
ARQUITECTURA INTEGRAL, Diego Forero71, 73, 125
ATELIER REACH ARCHITECTS, Juan Zorrilla, Miranda Middleton, César Valdez120
ATILIO LEÓN GUERRA50, 59, 63
AURA GARCÍA ROMÁN31
BAUNEZ, LUCY MARTÍNEZ106
BEN Y JÁQUEZ, Aleshiang Ben e Ysel Jáquez76, 86, 121
BESTINPRO GROUP103, 125
BETSY JIMÉNEZ127
BIENVENIDO PANTALEÓN31
BONNELLY REYNOSO, Rosa Katia Bonnelly y María Esther Reynoso79, 119
BOSQUES URBANOS, Natalia Franch85, 123, 125, 128
BRUNO STAGNO57
BYRON RODRÍGUEZ126
CAMILA BERNINI LLERENA97
CARALVA, JUAN CARO32, 33, 49
CARLA ABUSADA95
CARLA QUIÑONES81
CARLO RATTI ASSOCIATI66
CARLOS TRONCOSO19, 42
CARLOS VÁZQUEZ58
CAROLINA PUJOLS107, 104
CÉSAR ANDRÉS RAMOS31, 92
CÉSAR IVÁN HIRALDO81, 89, 96, 98, 104, 107
CHRISTIAN RICART15, 33, 37, 39, 46, 51, 90
CHRISTIERN H. BROBERG105
CLAUDIA HERASME ALFONSO29, 90
CLAUDIA MERCEDES29
CLAUDIA PRIDA117, 119
CLAUDINE RODRÍGUEZ35
CONSTANTINO SALIARIS34
CONSTRUCTORA BETA, Lawrence Bertrán26, 35, 38, 49, 61, 75, 110
CONSTRUCTORA VARMA72
CRISTINA PÉREZ76, 88, 92, 98
CRISTÓBAL VALDEZ Y ASOCIADOS, Cristóbal Váldez, Gustavo y Michelle Váldez22, 29, 33, 44, 72, 93, 98, 118
CUCHÉ GONZALEZ DEL REY35, 50, 62
DAN DUNKHAN3
DANA LODIN, PEGGY NYE & LODIN113
DANAE PEGUERO88
DANILO RODIO41
DANNY PÉREZ15
DE LA MOTA + REYES, Francisco de la Mota99
DENIS LOCKWARD26, 62
DENISSE ESPAÑOL63
DENISSE HOLGUÍN VERAS60, 92
DESIRÉE CASONI107
DESPRADEL DESIGN, Arturo Despradel41, 45, 46, 49, 52, 53, 57, 75, 79, 95, 106, 119, 128
DÍAZ Y HO, Elvin Díaz y Chileng Ho80
DL + A Arquitectos, Dante Luna76, 92, 101, 115, 118, 127
DOMINGO GARCÍA33
DOSTUDIO LAB, Carla García Pezzoti122
EDDER CONCEPCIÓN43
EDUARDO ÁLVAREZ87
EDUARDO DE CASTRO35
EDUARDO LORA BERMÚDEZ12, 28, 45, 75, 88, 95
EDUARDO SÁNCHEZ25, 85, 89, 96, 109, 110
EDUARDO SELMAN HASBÚN12
EDWIN SALADÍN86
EL ESTUDIO PROYECTOS, Andrés Aybar87, 107, 116, 129
ELADIO VICTORIA90
ELISA RAMÍREZ125
ELISA READ PAPPATERRA90
ELMER GONZÁLEZ82
EMEDOS PROYECTOS128
EMIL RODRÍGUEZ96
ERIC BATISTA106
ESTEBAN GONZÁLEZ96
ESTEBAN PRIETO VICIOSO Y VIRGINIA FLORES SASSO76
ESTUDIO PWP, Clara Portela, Lowell Whipple y Ana Portela69
EVELIO TORIBIO78
FELIPE RÁNGEL72, 80
FERNANDO OTTENWALDER2, 9, 122
FLÉRIDA GONZÁLEZ24
FRANC ORTEGA Y ASOCIADOS22, 28, 50, 53, 65, 75, 101, 107
FRANCISCO CARÍAS33
FRANCISCO FEAUGAS76
FRANCISCO MANOSALVAS82
FRANK CASTILLO78
FRANK HATTON32
FZAD ARCHITECTURE + DESIGN PC69
GABRIEL ACEVEDO91, 129
GABRIEL BÁEZ60
GABRIEL GÓMEZ114
GAMAL MICHELÉN84
GENSLER108
GEOVANNY PÉREZ LINVAL1
GERARDO ARANGO51
GERARDO DÍAZ85
GERARDO PÉREZ9
GIAN CARLOS RICCO Y MAURO TORRIANI BELLINI38
GIANFRANCO FINI38
GINAKA, Pedro A. Haché56, 67, 95, 120
GLORIA VILLAVERDE72
GRULLÓN, SCHIFFINO Y ASOCIADOS22
GRUPO ROBLE, RTKL99
GUILLERMO DESPRADEL83
GUILLERMO MARTÍNEZ112
GUILLERMO RODRÍGUEZ107, 125, 114
GUSTAVO RODRÍGUEZ42, 90, 107, 121
GVA DOMINICANA, Carlos Aguilar56, 70, 74, 87, 97, 103, 106, 124
HACHE DESIGNS, Cindy Hache102, 108, 128
HANSEL DÍAZ43
HÉCTOR BOLIVAR63, 99
HENRI DE MONDESERT15, 36
HERNÁN ARRIAGA111
HERNANI MONTALVO20
HIGINIO LLAMES9, 107, 114
HOMERO DE POOL20, 43
HUGO DÁVILA72
IBSEN GARCÍA96
IDESIGN, Raquel Fiallo118
IGNACIO OCHOA TORIBIO55
INGENIERÍA ESTRELLA, Juan Camilo Medina,124
INGENIERÍA Y ARQUITECTURA Franco Hernández, Darío Franco y Víctor Franco94
INTEGRA, Peter Hsieh119
INTSIDE INTERIOR DESIGN STUDIO107
IRIS BERNAL4
ISAY WEINFELD125
ISIDRO LANFRANCO43, 46, 64, 75
IVÁN BALCÁCER19, 68
IVAN E. MARZO103
IVÁN MATOS HUED19
IVÁN REMOLINA CASTAÑEDA84
J7 ARCHITECTURE AND DESIGN, Jean Santelises,57, 88, 90, 108, 120
JA’EL GARCÍA ARQUITECTOS18, 19, 29, 36, 38, 48, 61, 70, 75, 77, 95, 114, 117, 129
JACKELINE SERULLE101, 125
JACQUES Y VALENCIA THIRIET29
JAVIER RAFEL76, 95
JESÚS DÍAZ96
JMF ARQUITECTOS, José Mella Febles y Amelia Mella6, 16, 28, 34, 43, 68, 73, 75, 77, 80, 89, 93, 101, 123
JOANDA ESPAILLAT73
JOEL ABREU76
JORDI MASALLES13, 15, 73, 75, 111
JORGE BORJA, PAULINA MORAN99
JORGE BROWN114
JORGE MARTE45
JORGE MESA20, 82
JORGE MONTALVO33
JORGE PERALTA17
JOSÉ ALEJANDRO YEPES103
JOSÉ DANIEL ROMERO47, 74, 75, 76
JOSÉ ENRIQUE DELMONTE62
JOSÉ F. SUBERO35, 39, 90
JOSÉ GÓMEZ18
JOSÉ HELENA35
JOSÉ HORACIO MARRANZINI TURULL27
JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ46, 64, 75
JOSÉ MANUEL ÁLVAREZ112, 113
JOSÉ RAMÓN MARTÍNEZ3
JOSÉ SÁNCHEZ69
JUAN ALFONZO ZAPATA34
JUAN BATTLE88
JUAN CARLOS MATOS97
JUAN CASTILLO76, 83, 93
JUAN HERRERA Y ASOCS.27, 82, 128
JUAN MUBARAK25, 32, 73, 76, 83, 88, 92, 93, 98
JUAN NÚÑEZ104
JUAN ORTUÑO19
JUAN RAMÓN FALLO4
JULIA VICIOSO90
JULIO ORTUÑO39
JULIO RIVERA LEE62
JULISSA ALCÁNTARA119
JUNIOR ROSARIO66, 77
KAREN HACHÉ24, 81, 120
KARINA MÉNDEZ HOEPELMAN57
LA SCALA ARQUITECTOS72
LAURA DE LA MOTA56
LENÍN DOMÍNGUEZ81
LEONARDO MACARRULLA SABATER44, 73
LEOPOLDO FRANCO6, 21
LIL GUERRERO32
LINA PEÑA32
LING YIG FUNG47
LIZ MAVRIKIS125
LIZA ORTEGA54, 81, 82, 83, 95, 98, 101, 106, 111, 115, 117, 123
LORENA DE LA MOTA22, 29, 70
LORENZA RODRÍGUEZ73
LOURDES PERICHE62, 82, 104
LOWELL WHIPPLE46, 65, 67, 69, 75
LUI LEÓN GUERRA50, 59, 63, 76, 86
LUIS BISONÓ46, 65
LUIS MIGUEL LUEJE20
LUIS SABATER MUSA107, 109
LUIS SOSA65
LUIS VALDEZ59
LUIS VIDAL + ASOCIADOS112, 117, 125, 127, 129
MANUEL (LUCKY) JIMÉNEZ17, 22
MARCELO ALBURQUERQUE ARQUITECTOS, Zahira Batista y Marcelo Alburquerque27, 116, 127
MARGARITA GONZÁLEZ AUFFANT68, 79, 84
MARGARITA SUÁREZ32
MARÍA ALEXANDRA MORALES47
MARÍA BENCOMO74
MARÍA DEL MAR MARTE117
MARÍA ELMUFDI67, 128
MARÍA FERNANDA ROSARIO128
MARÍA ISABEL LEBRÓN57
MARÍA LAURA CERDA125
MARÍA PORTELA108
MARÍA VICTORIA PÉREZ83
MARIBEL VILLALONA81
MARIEL ASENCIO58
MARINO LEMBERT Y RUTH VELÁZQUEZ77, 86, 88
MARION SCHOTBORGH DE GIUDICELLI12, 60, 72
MARTÍNEZ Y HERNÁNDEZ, Ricardo Martínez y Sarah Hernández22, 59, 65, 75, 77, 81
MASSIEL SANTOS97
MATILDE LIZARDO119
MAURICIA DOMÍNGUEZ74, 31
MB ARQUITECTURA, María Victoria Bonilla28, 40, 51, 66, 72, 75, 87, 94, 98, 67, 96, 105, 116, 123, 128
MERABRAHAMIR CORDERO125
MICHAEL Y DOLDEREN VAN DER PRIJTE43
MICHELLE URTECHO Y ASOCIADOS92, 112, 120
MIGUEL DARÍO BENCOSME79
MIGUEL MARTE Y ASOCS.110, 116
MIGUEL REYES MUSA41
MIGUEL RISK13, 112
MILÁN LORA13, 104
MILLET JUAN96
MIRTHA ESTRELLA CAPRILES116
MMAP, Massiel Mejía76, 91, 105, 107, 125, 128
MONEO - BROCK, Belén Moneo y Jeff Brock91, 119, 125
MONICA SÁNCHEZ29
MONTERO Y ROMERO36
MORÉ ARQUITECTOS, Gustavo Luis Moré9, 33, 49, 75, 112, 118
MORÉ Y WIESE ARQUITECTURA DE INTERIORES, Clara Matilde Moré y Mariluz Wiese51, 55, 61, 64, 69, 75, 87, 96, 122
MUSA Y ALFONSO87
N. MOTA, J. SÁNCHEZ, I. POLANCO Y R. VICTORIA78
NATANIEL FUSTER63
NEIQUEL FILPO20, 80, 96
NILSA AMELIA SUÁREZ128
NINOUSKA NOVA83
NOBOA PAGÁN ARQUITECTOS, Guaroa Noboa17, 18, 45, 65, 126
NORA PELLERANO47
O+O ARQUITECTURA, Ángel Olivero y Carmen Ortega González62, 104
OBLICUO124
OMAR RANCIER20, 30
OMAR RODRÍGUEZ33
OMAR SANSUR CURY98
ORBITARQ, José Horacio Marranzini, Alejandro Marranzini y Antonio Haché54, 57, 75, 84, 108, 125, 126
OSCAR EDUARDO IMBERT98
OSCAR IMBERT12, 51, 75
OSCAR ROCA Y CLAUDIA PAZ63
OTNIEL DE MOYA89, 93, 96, 128
P. PIÑA Y ASOCIADOS, Plácido Piña17, 25, 34, 47, 49, 59, 71, 75, 96, 117
PABLO MOREL36
PANNELLO, Patricia Antigua y Maribel Antigua98, 114
PAOLA ALVARADO112
PAOLA HERASME95
PATALANO ARQUITECTURA Y MAREINES ARQUITECTURA110
PATRICIA FLORES94
PATRICIA NÚÑEZ ALMÁNZAR15, 63, 83, 91
PATRICIA REID BAQUERO18, 55, 88, 92, 98, 118
PATRICIA SENCIÓN94, 105
PATRICIA VILLEGAS COLOMBO105
PAUL LEONOR97
PDT INTERNATIONAL Y LANDMARK REALTY CORP80
PEDRO JOSÉ ALFONSO43
PEDRO JOSÉ BORELL38, 44, 67, 68, 96
PEDRO JOSÉ VEGA †26
PEDRO MENA8
PERKINS+WILL112
PETER HOFMAN, HA3 DESIGN98
PIERRINA PEPÉN122
PIIAU, Emilio Olivo y Rosa Julián89, 100, 105, 117, 118, 100
PONS ARQUITECTOS, Daniel Pons19, 32, 37, 39, 41, 49, 52, 53, 55, 70, 74, 75, 77, 84, 85, 99, 104, 105, 120, 123, 124
PULSO ARQUITECTURA, José E. Marion-Landais100, 121
RADHAMÉS DÍAZ14
RAFAEL ÁLVAREZ90
RAFAEL CONCEPCIÓN26, 47, 60
RAFAEL DE PEÑA22, 72
RAIMON FARRÁS Y TOLO CURSACH34
RAMÓN EMILIO JÍMENEZ89, 102, 100, 110, 111, 125
RAMÓN PEGUERO25
RAMÓN TAVARES CROSS24, 66
RAÚL DE MOYA13
RAÚL DE MOYA SIMÓ33, 43, 59
RAÚL MORILLA85, 103, 123
RAV STUDIO112
RECUA, Marcos Barinas y Elsa Tavares29, 42, 60, 89, 126, 129
RENÉ MATEO90
RICARDO BRITO73
RICARDO PEÑA18
RIJO ARQUITECTOS, Roberto Rijo23, 24, 33, 41, 56, 67, 74, 75, 82, 95, 104, 124, 125
RKI LTD., Richard Knorr55
ROCÍO MARCHENA33, 97
ROCÍO OLIVERO TORAL93
RODOLFO RIVERA95
RODRÍGUEZ Y SANDOVAL Y ASOCS.7
ROGER ESPINAL99
RONNIE PASTRANO28
ROSADELA SERULLE88, 94, 112
ROSALÍA CANTISANO114
ROSALINDA BÁEZ78, 87
ROSSILENNY HOLGUÍN127
RUBÉN HERNÁNDEZ34
SALVADOR PÉREZ CHÁVEZ91, 92, 128
SAMUEL VARGAS47
SÁNCHEZ Y CURIEL, Andrés Sánchez y César Curiel20, 21, 34, 39, 54, 58, 64, 68, 72, 75, 78, 102, 113
SANDRA EHLERT68
SANDRA RIVAS114
SANDY Y BABCOCK45
SANOJA RIZEK, Jeannette Sanoja26, 114
SARAH GARCÍA49, 82, 88, 92
SBA ARQUITECTOS, Mariano Sanz y Carlos José Borrell111
SELMAN ARQUITECTOS58, 66, 69, 71, 75, 82, 112, 113, 121, 128
SERGIO ESCARFULLERY84, 97
SHANEY PEÑA GÓMEZ73, 128
SILKE SADEGHI76, 79
SIMÉTRICA, Freddy Johnson99
SIMPLES ARQUITECTURA, Antonio Segundo Imbert19, 24, 33, 37, 39, 48, 51, 55, 59, 63, 74, 75, 83, 92, 93, 106, 128
SMALY DOMÍNGUEZ92
SONYA PÉREZ78, 105
SPACE MÉXICO108
STRADA Y LLUÍS PIQUÉ SANCHO72
STUDIO PARISOTTO AND FORMENTON70
SYLVA LOUCKÁ31
TALLER C, Patricia Cuevas y Matthieu Gadret96, 73, 113
TAMARA ACOSTA4
TEJADA TORRES ARQUITECTOS77
THIMO PIMENTEL32
TOBÍAS RIJO33
TRAVENCORE, Laura Purcell y Heriberto Purcell46, 125
UNO A UNO ARQUITECTURA, Kathylka González112, 125
UREVAL ARQUITECTOS + INGENIEROS, Herly Valenzuela114, 99
VIIS, Silvia Soonets105
VASCORMART, Javier Robledo, Wolfan Contreras72, 73, 77, 126
VICARIO Y GONZÁLEZ DEL REY ARQUITECTOS, Amando Vicario y Cuché González del Rey35, 50, 62
VÍCTOR RAMÍREZ112
VIRGINIA CABRAL104
VIRGINIA PAYANO43
VLAC, Paola Liranzo103, 117
VRALUCÍA, Vera Lucía Montes de Oca88, 105, 119
WENDY DÍAZ METZ43, 64, 72, 106
WILLIAM COX12
WILLIAM VEGA2, 52, 83
XIMENA GÓMEZ58
YADIRA PÉREZ70
YAMILET MATOS81
YOHANNY OCHOA83
YOUNG PROJECTS115
YSMAEL JIMÉNEZ27, 43
YUDELKA CHECO38, 42, 70, 89, 95, 104, 107
YVELISSE HAHN121
YVELISSE THEN63
YVETTE MARION-LANDAIS83
YVONNE MELLA Y ALCÍDES CALDERÓN18
ZAHA HADID Y PATRIK SCHUMACHER111

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Palmas del Caribe: evocación, memoria y símbolo https://arquitexto.com/2026/04/palmas-del-caribe-evocacion-memoria-y-simbolo/ https://arquitexto.com/2026/04/palmas-del-caribe-evocacion-memoria-y-simbolo/#comments Fri, 10 Apr 2026 14:08:08 +0000 https://arquitexto.com/?p=54223 La exposición de acuarelas Palmas del Caribe del artista cubano José Antonio Choy en Quinta Dominica muestra las palmas caribeñas como símbolo cultural y emocional. La obra, atravesada por memoria, identidad y paisaje, trasciende la representación para convertirse en evocación íntima, donde naturaleza, historia y poética visual dialogan desde una mirada arquitectónica y sensible. La […]

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La exposición de acuarelas Palmas del Caribe del artista cubano José Antonio Choy en Quinta Dominica muestra las palmas caribeñas como símbolo cultural y emocional. La obra, atravesada por memoria, identidad y paisaje, trasciende la representación para convertirse en evocación íntima, donde naturaleza, historia y poética visual dialogan desde una mirada arquitectónica y sensible.

De Taishan a la montaña de oro, 2025 (Roystonea Regia)

La exposición “Palmas del Caribe”, del arquitecto y acuarelista José Antonio Choy, fue presentada en el Centro Cultural de Quinta Dominica del 11 de marzo al 19 de abril del presente año. Compuesta por veintitrés acuarelas de distinto formato, “Palmas del Caribe” es un estudio artístico de las palmeras del Caribe y los paisajes que las acompañan. Es una inspiración que nace del libro sobre palmeras de Eladio Fernández y de la pasión del artista por el Caribe y su amada Cuba.

Al amanecer, 2025 (Roystonea Regia)

Palmas que se convierten en lenguaje, añoranzas y testimonios resilientes de la humanidad, y que, erguidas, representan la esperanza y la eternidad, en imágenes atemporales que evocan nuestra cultura, desde montañas habitadas por pueblos originarios hasta los paisajes que transitamos hoy en día.

José Antonio Choy juega con maestría planos que se superponen, sombras que trascienden, neblinas que nos embargan, mensajes escondidos y memoria oriental, con las palmeras como protagonistas de una historia íntima y personal. En su trayectoria conjuga una impronta cultural de dos orígenes —padre chino y madre cubana—, lo que marca su obra y su vida.

El sueño de mi padre, 2025 (Roystonea Regia)

Una poética del Caribe

En el catálogo de la exposición, Rosa Julián y Emilio Olivo presentan Palmas del Caribe como un homenaje a la riqueza natural del Caribe, donde las palmas —muchas de ellas endémicas— se convierten en eje de una exploración artística inspirada en el libro Palmas de La Española. Destacan la diversidad botánica y su traducción en obra, subrayando cómo Choy reinterpreta especies específicas desde una sensibilidad que vincula naturaleza, identidad y territorio.

Por su parte, Tomás Sánchez define la obra de Choy como una evocación íntima que rehúye la representación literal para situarse en el terreno de la memoria y el sentimiento. Señala que el artista no pinta lo que ve, sino lo que ha interiorizado, construyendo paisajes esenciales donde la palma se convierte en signo y el trazo, deliberadamente contenido, responde a una decisión poética que transforma el paisaje en experiencia interior.

Danza en el acantilado, 2026 (Coccothrinax Gracilis)

Mientras Eddy Guzmán, aborda la exposición desde su dimensión simbólica y cultural, interpretando las palmas como metáforas de resistencia, espiritualidad y aspiración colectiva. Vincula estas formas naturales con la cosmovisión taína y con las tensiones históricas del Caribe, planteando la obra de Choy como una reflexión sobre la libertad, la identidad y la necesidad de preservar tanto la biodiversidad como las memorias culturales que la acompañan.

José Antonio Choy

(Santiago de Cuba, 1949). Estudió pintura en la Escuela de Artes Plásticas José Joaquín Tejada, en Santiago de Cuba, y luego arquitectura en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Su labor como artista debe concebirse integralmente, donde se conjugan dos culturas y dos procesos creativos: la arquitectura y el dibujo. Sus obras han sido distinguidas con importantes premios, entre los que se destacan el Premio de la Bienal del Caribe, Santo Domingo 1990; el Premio Bienal del Caribe, Camagüey 1996; y su condición de obra finalista en 1998 del Premio Mies van der Rohe para América Latina, entre otros.

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Construcción en acero y vanguardia arquitectónica https://arquitexto.com/2026/03/construccion-en-acero-y-vanguardia-arquitectonica/ https://arquitexto.com/2026/03/construccion-en-acero-y-vanguardia-arquitectonica/#respond Fri, 20 Mar 2026 20:19:09 +0000 https://arquitexto.com/?p=54190 Infracero impulsa una nueva cultura del acero en la arquitectura dominicana, al combinar vanguardia formal, eficiencia constructiva y sostenibilidad con estrictos estándares internacionales. Desde obras de geometría compleja hasta intervenciones patrimoniales y refuerzos estructurales, las estructuras metálicas demuestran versatilidad, seguridad y precisión como fundamento de una práctica contemporánea responsable. En el imaginario local, la construcción […]

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Infracero impulsa una nueva cultura del acero en la arquitectura dominicana, al combinar vanguardia formal, eficiencia constructiva y sostenibilidad con estrictos estándares internacionales. Desde obras de geometría compleja hasta intervenciones patrimoniales y refuerzos estructurales, las estructuras metálicas demuestran versatilidad, seguridad y precisión como fundamento de una práctica contemporánea responsable.

En el imaginario local, la construcción en acero ha estado asociada durante décadas a naves industriales, mezanines o soluciones utilitarias de rápida ejecución. Sin embargo, esa percepción comienza a transformarse. Hoy el acero se consolida como un sistema capaz de responder a desafíos arquitectónicos complejos, exigencias normativas más rigurosas y estándares internacionales de calidad. En ese proceso se inscribe Infracero, empresa fundada por el ingeniero Wilfredo Castellanos junto a dos socios con quienes comparte una trayectoria de más de una década en el sector constructivo.

La firma surge formalmente en 2024 con una convicción clara: el acero es una herramienta estratégica para conectar la arquitectura local con lenguajes contemporáneos y sistemas constructivos de alto desempeño. Su trabajo abarca diseño, fabricación y montaje de estructuras metálicas en proyectos comerciales, hoteleros, institucionales y en intervenciones patrimoniales. “Mientras más desarrollado es un país, más acero se ve en su tejido urbano”, afirma Castellanos, aludiendo a una correlación que no es solo técnica, sino cultural.

Responder a la vanguardia

Uno de los mayores aportes del acero es su capacidad de materializar geometrías no convencionales. Castellanos destaca el motor lobby del hotel W Punta Cana como uno de los proyectos más retadores en los que ha participado. Allí, ninguna columna es completamente recta: los quiebres estructurales y la intención de evocar la forma de un mangle exigieron un trabajo conjunto entre arquitectura e ingeniería desde la etapa conceptual.

Otro caso significativo es el Centro Cultural Rainieri, actualmente en ejecución, cuya fachada principal —de más de 2,000 metros cuadrados— integra piezas metálicas con tolerancias de apenas 2 milímetros. El sistema de ensamblaje machihembrado, con diseño variable en cada pieza, exige una precisión absoluta para mantener la continuidad de las líneas verticales y horizontales. En proyectos de esta escala, el acero no solo resuelve cargas estructurales; define la imagen arquitectónica.

En el ámbito de la readecuación arquitectónica, Infracero participó en la transformación de El Estudio Store, en el ensanche Serrallés. La intervención incluyó reforzamientos estructurales para abrir espacios interiores en una edificación existente, así como la incorporación de un volumen flotante en fachada. Destaca especialmente el vuelo de la entrada, un elemento esbelto de aproximadamente cinco metros que, con ligereza estructural, señala el acceso y otorga continuidad visual al conjunto.

Intervenciones patrimoniales

Contrario a la percepción de que el acero es apropiado solo para grandes luces, Infracero ha trabajado en múltiples intervenciones en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, incluyendo proyectos recientes como el edificio de estacionamientos de La Mella. En solares reducidos y contextos patrimoniales, la ligereza estructural resulta determinante.

Secciones más esbeltas y sistemas livianos permiten maximizar el metraje útil sin competir con el patrimonio. La flexibilidad del acero facilita ajustes durante la obra, especialmente en excavaciones donde pueden aparecer vestigios o condicionantes inesperadas. En palabras de Castellanos, “cada proyecto en un entorno patrimonial es una máquina del tiempo”; en estos casos, el sistema constructivo se convierte en aliado de la conservación.

Retrofit y responsabilidad normativa

Otro de los campos donde la construcción metálica adquiere relevancia es el retrofit o reforzamiento estructural, especialmente en edificaciones construidas bajo normativas hoy superadas. Aunque no presenten daños visibles, pueden requerir intervenciones para cumplir con códigos sísmicos actuales. La estructura metálica permite reforzar con precisión, sin demoler ni interrumpir totalmente el uso, asumiendo la actualización como una responsabilidad técnica.

Estándares, trazabilidad y sostenibilidad

Uno de los pilares de la empresa es el cumplimiento de estándares internacionales. Cada elemento estructural fabricado en taller es etiquetado con información específica sobre su composición, resistencia y colada de origen. Esta trazabilidad garantiza que el material cumple con las exigencias normativas correspondientes a su uso y permite un seguimiento industrial desde su producción hasta el montaje. Esta transparencia eleva la confiabilidad del sistema y fortalece la cultura de calidad en obra.

En términos ambientales, el acero destaca por su alto potencial de reciclaje. Los grandes molinos contemporáneos incorporan porcentajes significativos de material reciclado, integrando el sistema a una lógica de economía circular. La sostenibilidad no se limita a la futura reutilización de la estructura; está presente también en su proceso de fabricación.

La industrialización del acero también influye en la eficiencia del cronograma. La posibilidad de fabricar en taller mientras avanzan los permisos o los trabajos preliminares optimiza tiempos y mejora la coordinación. La precisión previa minimiza improvisaciones en campo.

Este modelo exige personal calificado. La construcción metálica demanda certificaciones técnicas y procesos de capacitación continua. La especialización eleva el estándar del oficio y mejora las condiciones laborales, aportando profesionalización a un sector tradicionalmente informal.

Hacia una nueva cultura del acero

La evolución de la construcción en acero en la República Dominicana avanza en paralelo al crecimiento de la complejidad arquitectónica. Cada vez más proyectos lo incorporan no solo por rapidez, sino por su capacidad expresiva y su alineación con prácticas internacionales.

Para Infracero, la diferencia entre fabricar piezas metálicas y construir arquitectura con acero radica en la comprensión integral del proyecto. Antes de producir, es necesario entender el detalle arquitectónico, las instalaciones y los acabados previstos. Así, el acero deja de ser un recurso exclusivamente industrial para convertirse en un componente esencial de la arquitectura contemporánea. En esa convergencia entre ingeniería y arquitectura se dibuja una etapa más exigente —y más rigurosa— para el entorno construido dominicano.

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Estructura metálica – Patio Embajada – Codacero https://arquitexto.com/2026/03/estructura-metalica-patio-embajada-codacero/ https://arquitexto.com/2026/03/estructura-metalica-patio-embajada-codacero/#respond Tue, 17 Mar 2026 19:46:21 +0000 https://arquitexto.com/?p=54177 CODACERO DESARROLLÓ LA ESTRUCTURA METÁLICA DE LA NAVE PRINCIPAL, Y RESOLVIÓ UNA GEOMETRÍA COMPLEJA MEDIANTE PREFABRICACIÓN INDUSTRIAL, VIGAS CELULARES Y UNA CUBIERTA STANDING SEAM DE ALTO DESEMPEÑO Y DURABILIDAD. La intervención se concentró en una nave industrial a dos aguas, correspondiente al supermercado cuya planta pentagonal —poco habitual en esta tipología— introdujo retos significativos desde […]

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CODACERO DESARROLLÓ LA ESTRUCTURA METÁLICA DE LA NAVE PRINCIPAL, Y RESOLVIÓ UNA GEOMETRÍA COMPLEJA MEDIANTE PREFABRICACIÓN INDUSTRIAL, VIGAS CELULARES Y UNA CUBIERTA STANDING SEAM DE ALTO DESEMPEÑO Y DURABILIDAD.

La intervención se concentró en una nave industrial a dos aguas, correspondiente al supermercado cuya planta pentagonal —poco habitual en esta tipología— introdujo retos significativos desde el punto de vista estructural y normativo. La estructura fue resuelta mediante vigas celulares, un sistema estructural aligerado caracterizado por perforaciones circulares en el alma de las vigas. Esto permitió optimizar el uso del acero, reducir el peso total de la estructura y alcanzar luces cercanas a los 20 metros, manteniendo un adecuado comportamiento estructural y niveles controlados de vibración. La solución facilitó además una mayor eficiencia económica, al trabajar con un material que se comercializa por tonelaje.

Todos los elementos fueron prefabricados en taller y trasladados a obra listos para su montaje, esto redujo los tiempos de ejecución, y garantizó un mejor control de calidad, permitió una obra más limpia, con menos procesos en sitio y una mejor coordinación con el avance de la estructura civil y la incorporación de instalaciones y cerramientos.

La cubierta se resolvió mediante el sistema standing seam, también fabricado por Codacero, seleccionado por su eficiencia frente a filtraciones, su sistema de juntas cosidas sin tornillería expuesta y su bajo requerimiento de mantenimiento. En este caso, se especificó una lámina de mayor espesor (0.64 mm) y un recubrimiento de high durability polyester (HDP), una decisión que responde a las condiciones climáticas altamente agresivas del país, clasificado como ambiente C5, así como a fenómenos locales que afectan frecuentemente las cubiertas metálicas.

El proyecto requirió una estrecha coordinación técnica con el equipo de diseño internacional liderado por luis vidal + arquitectos, el consultor estructural Optimum Engineering Solutions, el equipo local responsable de la adecuación normativa y el contratista general, Imbert Domínguez & Asocs. La adaptación del diseño original a las exigencias del código sísmico dominicano, sin perder la intención arquitectónica inicial, constituyó uno de los principales retos y demandó un trabajo colaborativo riguroso. La experiencia de Codacero en Patio Embajada pone en evidencia el papel estratégico de la estructura metálica prefabricada en proyectos comerciales de gran escala, en los que la precisión técnica, la eficiencia constructiva y la durabilidad resultan determinantes. 

Ver más: https://arquitexto.com/2026/02/patio-embajada/

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Área Infantil – Patio Embajada – Adamcorp https://arquitexto.com/2026/03/area-infantil-patio-embajada-adamcorp/ https://arquitexto.com/2026/03/area-infantil-patio-embajada-adamcorp/#respond Tue, 17 Mar 2026 18:54:02 +0000 https://arquitexto.com/?p=54172 EL ÁREA INFANTIL INSTALADA POR ADAMCORP DOTA A LA PLAZA DE UN ESPACIO DE JUEGO SEGURO Y FUNCIONAL, CON SOLUCIONES DURABLES, DE BAJO MANTENIMIENTO Y ALTO VALOR PARA LA EXPERIENCIA FAMILIAR. Adamcorp realizó la instalación de un área de juegos infantiles en Patio Embajada, concebida como un espacio de recreación seguro, funcional e integrado al […]

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EL ÁREA INFANTIL INSTALADA POR ADAMCORP DOTA A LA PLAZA DE UN ESPACIO DE JUEGO SEGURO Y FUNCIONAL, CON SOLUCIONES DURABLES, DE BAJO MANTENIMIENTO Y ALTO VALOR PARA LA EXPERIENCIA FAMILIAR.

Adamcorp realizó la instalación de un área de juegos infantiles en Patio Embajada, concebida como un espacio de recreación seguro, funcional e integrado al conjunto comercial. El proyecto articula un parque infantil de uso intensivo, delimitado mediante verja perimetral que garantiza un entorno controlado que favorece la seguridad y la supervisión, sin generar barreras visuales con el resto de la plaza.

La instalación incluye un parque infantil de plástico resistente con doble deslizador, piso de césped artificial, verja perimetral colorida y zapatera independiente, elementos que en conjunto contribuyen a la organización, higiene y correcto funcionamiento del área. El césped artificial aporta una superficie confortable, estética y de fácil mantenimiento, ideal para espacios de uso continuo dentro de plazas comerciales.

El diseño del conjunto promueve el juego activo, la coordinación motora y la socialización infantil mediante el uso de colores vivos, materiales durables y una disposición que facilita la supervisión. La verja delimita claramente el área de juego, mientras que la zapatera complementa el espacio como un elemento práctico para el orden y cuidado del entorno.

Este tipo de espacios gratuitos dentro de plazas comerciales aporta un valor añadido tanto para los visitantes como para los comercios, al fomentar la permanencia familiar, mejorar la experiencia del cliente y convertir el área infantil en un punto de encuentro dinámico y acogedor.

Adamcorp es una empresa líder en el suministro e instalación de áreas de juegos infantiles en la República Dominicana. Su portafolio abarca playgrounds terrestres y acuáticos para interiores y exteriores, pisos de goma, césped sintético, revestimientos, equipos biosaludables, y mobiliario escolar y urbano, todos certificados bajo sistemas internacionales de calidad y seguridad. La empresa ofrece asesoría integral en todas las etapas del proyecto —desde el levantamiento de requerimientos y el diseño hasta el suministro e instalación— posicionándose como un aliado estratégico para el desarrollo de espacios recreativos funcionales y seguros.

Ver más: https://arquitexto.com/2026/02/patio-embajada/

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La poética de la arquitectura https://arquitexto.com/2026/02/la-poetica-de-la-arquitectura/ https://arquitexto.com/2026/02/la-poetica-de-la-arquitectura/#respond Tue, 17 Feb 2026 21:24:08 +0000 https://arquitexto.com/?p=53932 En su discurso de ingreso como miembro de número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, José Enrique Delmonte Soñé reflexiona sobre la arquitectura como lenguaje, acto de pensamiento y experiencia poética capaz de vincular espacio, memoria y habitar. Explora sus relaciones con la lingüística, la narrativa y la intemperie, y destaca la […]

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En su discurso de ingreso como miembro de número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, José Enrique Delmonte Soñé reflexiona sobre la arquitectura como lenguaje, acto de pensamiento y experiencia poética capaz de vincular espacio, memoria y habitar. Explora sus relaciones con la lingüística, la narrativa y la intemperie, y destaca la manera en que el diseño construye significados, identidades y refugios que trascienden lo material para convertirse en imágenes perdurables.

Viene a mi memoria la primera semana de inicio del doctorado en Lingüística y Literatura, en la que estuve rodeado de una veintena de compañeros dispuestos a completar el último ciclo de formación académica de esa primera promoción. Como era de esperarse, el profesor nos invitaba a presentarnos para darnos a conocer y así saber del arco formativo de sus alumnos.

Casi todos los compañeros provenían de escuelas de lengua, especializados en temas relacionados con el ámbito de la lingüística y sus diferentes ramificaciones, excepto dos, ambos arquitectos. Cercanos a la literatura, tanto Marcos Blonda como yo considerábamos idóneo emprender esta formación de alto nivel para ampliar la visión que teníamos sobre el quehacer literario. Pero los compañeros mostraban una inquietud silente por nuestra presencia en un espacio que ellos entendían como suyo, parte de su cotidianidad, de su actividad docente, de su manera de relacionarse con el mundo.

En uno de los recesos en los que comenzamos a reducir las distancias y comportarnos como grupo, surgió aquella pregunta que resonó en la sala: ¿Qué buscan ustedes en este doctorado si no son profesores de lengua? Alguien dijo —como para suavizar la pregunta— que nosotros estábamos allí “porque ya habíamos emprendido una labor creativa con la literatura y que eso contribuiría a fortalecerla”. Se mantuvo la duda y otro alcanzó a decir que nosotros “estábamos entrenados solo para hacer casas y edificios, y no para los asuntos lingüísticos”. Imaginémonos ese ambiente en el que primaba la risa y las distintas respuestas sobre nuestro interés particular. Éramos, en efecto, los raros.

Entonces me atreví a dar mi opinión, escuchada con atención por todo el grupo: “¡Estamos aquí porque la arquitectura es un lenguaje! Como tal, tiene sus reglas compositivas, su léxico particular, su morfología, su organización expresiva y sus complejidades y contradicciones”. Con su silencio continué más o menos así: “La arquitectura contiene significados, maneja códigos de comunicación y se sostiene en la relación entre lo materializado y lo trascendente. Comienza en lo abstracto, en el pensamiento que se transforma en imágenes y se convierte en objeto. Es un elemento semiótico, un vínculo entre lo físico y lo simbólico, una apuesta a la perdurabilidad”.

Blonda agregó que la teoría de la arquitectura muestra el desarrollo de un oficio que se sostiene en conceptos y criterios estéticos, expresiones, gestos, comprensión del espacio y de sus particularidades, de las dimensiones y el tiempo, del funcionalismo y la plástica, de la belleza y de su capacidad para contener y transformarse. La arquitectura busca, agregaba Blonda, “más allá de su sentido práctico, hablar, decir muchas cosas, completar frases y provocar interpretaciones individuales”. Y concluimos diciendo que, según algunos teóricos, es la poesía del hecho construido. Cuando un edificio ejerce ese poder de expresión a través de su lenguaje, se convierte en un poema. Tengan por seguro que poco a poco dejaron de vernos como los raros y pasamos a integrarnos en igualdad en las exigencias de la academia.

Por supuesto, dicho de esa manera se genera una pregunta ineludible: ¿Es toda la arquitectura eso que se ha dicho? Decididamente no. Como no todo uso del lenguaje es literatura o poesía. El lenguaje y la arquitectura existen porque son imprescindibles en la manera de relacionarnos con los otros, por un lado, y la necesidad de refugio y sentido de lugar, por el otro. Más allá de la necesidad primaria, existe un uso y una búsqueda particular que contiene dificultades que forman parte de la riqueza de ambas disciplinas.

I

En principio, la arquitectura es un artefacto articulado desprovisto de vida. Sin embargo, como lo expresa el filósofo y lingüista Ludwig Wittgenstein, “la arquitectura siempre eterniza y sublima algo. Por eso no puede haber arquitectura donde no hay nada que sublimar”. De ahí se desprende que no toda construcción es arquitectura, sino un mero objeto para albergar y facilitar funciones. Hay una conciencia del quehacer arquitectónico que pocos llegan a comprender, incluso los propios arquitectos cuando no exploran las facetas más densas del hecho arquitectónico.

¡No nos confundamos al ver un edificio novedoso que surge en nuestras ciudades como si se tratara de arquitectura! La mayoría de los edificios son respuestas a necesidades propias de la cotidianidad o piezas dentro del amplio mundo del mercado inmobiliario. Cumplen un rol determinado. La arquitectura es otra cosa: tan compleja en su propia concepción, tan audaz que se adelanta a la posibilidad de construirse, tan táctil que ofrece estimulantes efectos estéticos, tan sutil que permite descubrir sus misterios, tan extraña que nos obliga a guardar silencio ante su poder y consistencia. “La arquitectura es tan dúctil que se presta para muchas sugerencias”, nos dice Charles Jencks. En 1943, Pevsner planteaba las diferencias entre construcción y arquitectura: “Un cobertizo para bicicletas es una construcción; la Catedral de Lincoln es una pieza de arquitectura […] el término arquitectura se aplica solo a los edificios con miras al atractivo estético”.

Por siempre se ha tratado de definir la arquitectura, razón para aceptar su maleabilidad conceptual. En la centuria que nos precede se trató de sintetizarla en el espacio, origen y esencia de su razón; más adelante, se concentró en la idea de lugar, de personalización y de identidad; en tiempos recientes, se mezcla en definiciones tripartitas: energía-entorno-ecología (muy acorde con la preocupación ambientalista —recordemos que los edificios son los mayores productores de dióxido de carbono del planeta—) o sintaxis-semántica-escultura.

Mientras Vitrubio en el siglo I hablaba de que la “arquitectura se basa en el orden, la disposición, la eurritmia, la simetría, la propiedad y la economía”, resumida en la tríada firmeza, comodidad y deleite, veinte siglos después Le Corbusier apostaba a la luz como su valor fundacional: “La arquitectura es el juego señorial, atinado y magnífico de masas, ensambladas por la luz”. Zaha Hadid la trató como “expresión de ideas a través del espacio y la forma, de manera dinámica, fluida y abierta”, mientras que Peter Zumthor la considera como “el arte de construir atmósferas y significados a través de espacios que nos emocionan y nos hacen sentir presentes en el mundo”. Rem Koolhaas provoca con lo siguiente: “La arquitectura es una herramienta para sobrevivir a la realidad, no para embellecerla […] registra, organiza o incluso amplifica las fuerzas que configuran la ciudad y la sociedad”. Por su parte, Álvaro Siza sostiene que “los arquitectos no inventan nada [sino que] transforman la realidad”. Estas aproximaciones son enunciados para arquitectos. Por eso, Mies van der Rohe les recuerda a ellos con ironía: “Nunca hables con un cliente sobre arquitectura. Háblale de sus hijos. Eso es simplemente buena política. La mayoría de las veces no entenderá lo que tengas que decirle sobre arquitectura”.

Sea cual sea la definición que han ofrecido los arquitectos y los teóricos de la arquitectura a través de la historia, la arquitectura es un acto de pensamiento. Pensar es la razón de ser de la arquitectura: pensar e imaginar, captar y decidir, enfrentar y sugerir, ofrecer y transformar, armar y fluir. Es una manera de leerla, recorrerla, disfrutarla antes del primer trazo. La arquitectura es un acto de futuro. En palabras del finlandés Keijo Petäjä, “es un espacio mental construido”. Al pensar, el arquitecto dialoga consigo mismo, imagina espacios y los recorre, los percibe en lo óptico y en lo háptico, escucha sus ruidos y sus silencios, los arma y los destruye. Es una realización antes de que exista.

En consecuencia, el arquitecto habita mucho antes la arquitectura imaginada y luego la comparte, la traslada hacia un objeto que terminará en forma y contenido, en significados y emociones, en el que la novedad se acopla con la tradición y establece una vinculación individual con los usuarios en el tiempo. Como afirmó el poeta francés Noël Arnaud, “soy el espacio donde estoy”.

Para establecer una simple diferencia entre la arquitectura y la construcción —tantas veces confundidas por una gran mayoría a pesar de que se vinculan en la práctica, en el imaginario arquitectónico, en ese espacio atemporal en que se establecen jerarquías y criterios para concretar una forma—, primero se piensa en el habitar y luego en el construir. De acuerdo con Christian Norberg-Schulz y citando a Heidegger,

[…] es justamente por esta relación entre el construir, el habitar y el pensar que la arquitectura puede ser poética. […] La poesía es lo primero que consigue que el hombre pertenezca a la tierra y así lo introduce el habitar […] El hombre habita solo en cuanto es capaz de construir en el sentido de poéticamente tomar-medida. Los edificios auténticos solo existen si existen poetas, estos poetas han de tomar-medidas-para-la-arquitectura, o sea para la estructura de un construir. […] [Por consiguiente,] la poesía y el habitar no solamente se excluyen el uno al otro sino que se pertenecen […] La poesía —y con ella la arquitectura en cuanto poética— opera con ‘imágenes’ […] y será la que sea capaz de convertir el objeto en imagen.

En el poema En la hermosa azulada, Friedrich Hölderlin nos dice: “Poéticamente, el hombre habita”.

La poética en la arquitectura no está supeditada a la capacidad de los diseñadores de articular formas autónomas ni de seguir reglas sintácticas universales, como señala Muntañola, sino en el compromiso de la mímesis arquitectónica como acción, como representación del fin de la arquitectura: establecer la conexión entre el pensamiento y el lenguaje como raíz de la poética que contiene.

II

En los últimos años se han producido avances en la tecnología de la programática y el diseño paramétrico; en el medioambiente y la ecología; en la materialidad avanzada y la fabricación digital; en la inmersividad y en la realidad extendida. También en la arquitectura comunitaria y en metodologías participativas; estudios lingüísticos-discursivos; y narrativa-memoria. Todos forman parte de los distintos escenarios de convergencia y divergencia que interactúan con la estética, la retórica, la sociología, la historia, la comunicación, la economía, la ingeniería y otras disciplinas con la arquitectura. Me limitaré, como es de esperarse y para los fines de este texto, a los dos últimos: estudios lingüísticos-discursivos y narrativa-memoria.

En primer lugar, la confluencia contemporánea entre arquitectura y lingüística articula tres vectores fundamentales: primero, una semiótica posestructuralista y pragmática que desplaza el sentido hacia el acto comunicativo; segundo, una lingüística cognitiva que revela el anclaje corporal y conceptual de la experiencia arquitectónica; y tercero, un análisis crítico y computacional que problematiza la producción y legitimación del discurso proyectual. Podemos verlo brevemente en los siguientes campos de investigación:

– Lejos de reducir la arquitectura a un simple “lenguaje de formas”, los estudios recientes articulan enfoques semióticos, cognitivos, computacionales y críticos, y revelan la compleja producción de sentido que ancla la forma construida en contextos sociales, culturales y tecnológicos.

– La transformación comienza con la superación del modelo estructuralista de la arquitectura como sistema cerrado de signos, modelo influido originalmente por Saussure y desarrollado en clave arquitectónica por Roland Barthes (1967) y Umberto Eco (1976). Estos autores pusieron en evidencia que la arquitectura no se limita a representar significados estables, sino que los produce a través de la interacción entre emisores, receptores y códigos compartidos.

– Posteriormente, la semiótica posestructuralista y la teoría de la enunciación, tratadas por Benveniste y Ducrot, desplazaron el foco desde la estructura al acto enunciativo, con lo cual se enfatizó el carácter situado, histórico y performativo del espacio: la arquitectura no es solo texto, sino también discurso.

– Simultáneamente, la lingüística cognitiva aportó un marco para repensar la dimensión conceptual de la experiencia arquitectónica. Lakoff y Johnson demostraron que las metáforas conceptuales no son adornos retóricos, sino estructuras profundas del pensamiento que modelan el diseño y la percepción.

– Fauconnier y Turner, en su teoría de la integración conceptual, describieron cómo combinamos dominios dispares para construir sentido espacial e iluminar fenómenos como la “ambigüedad programática” tan celebrada por Rem Koolhaas.

– La crítica posmoderna y deconstruccionista —representada por Derrida y Kristeva— ha destacado la dimensión intertextual del proyecto arquitectónico: cada forma remite a otras formas, cada discurso es un palimpsesto de discursos anteriores. Este enfoque cuestiona la autonomía formal y visibiliza la densidad histórica y cultural inscrita en el espacio.

En segundo lugar, la relación entre arquitectura y la narrativa-memoria, que reconoce que los espacios no solo se construyen materialmente, sino también como relatos e inscripciones simbólicas que median la experiencia colectiva. En Tiempo y narración, Paul Ricoeur sostuvo que narrar es la vía privilegiada para dar sentido al tiempo vivido, una perspectiva que, aplicada a la arquitectura, redefine el proyecto como un acto hermenéutico que ordena secuencias espaciales para configurar una “trama” construida.

En este sentido, la arquitectura no solo materializa programas sino que inscribe y actualiza relatos de identidad, trauma o resistencia. Un ejemplo paradigmático es el Monumento del Holocausto de Peter Eisenman, en Berlín, en el que la ausencia de un discurso lineal da paso a una experiencia fragmentaria y perturbadora, lo que evidencia que la memoria arquitectónica se construye más como pregunta que como respuesta.

También Umberto Eco defendió la idea de la “obra abierta”, en la que el sentido se completa a través de la interpretación activa del usuario. En la arquitectura, esta postura desplaza la autoría absoluta del proyectista y permite que el espacio funcione como un texto polisémico, susceptible de múltiples lecturas.

III

Finalmente, quiero adentrarme al espacio más íntimo de la relación de la arquitectura con la poética. Hay aspectos fundamentales para que la arquitectura pase de ser un instrumento de acopio a una oportunidad para generar eventos de memoria y reductos de satisfacciones. El gran empuje para entender el poder de la poética de la arquitectura es —posiblemente— la palabra intemperie. La RAE la define como ‘A cielo descubierto, sin techo ni otro reparo alguno’.

En efecto, cuando estamos sin techo somos vulnerables a muchas amenazas y sensibles a eventos desalentadores. Es la manifestación más tangible del desamparo. La intemperie y el desamparo se convierten en parte de nuestros miedos ancestrales, tan cercanos a la deshumanización. También la poesía manifiesta lo que Joan Margarit llamó la intemperie moral, “ese vacío emocional que no tiene solución técnica, como el que surge de una pérdida o una desilusión”. Para Margarit, la poesía y la arquitectura actúan como refugio “en medio del hielo y la niebla, rodeado por la inclemencia de la intemperie, este amparo siempre nos está esperando”. Frente a ella, la poesía actúa como consuelo y la arquitectura como cobijo.

La configuración de la arquitectura como refugio se materializa en la idea de la casa. Apenas los niños comienzan a entender el mundo, se les pide que dibujen una casa. Intuitivamente trazan un cuadrado con un triángulo arriba para representarla. Si les pedimos que dibujen una iglesia, tomarían la casa y le colocarían una cruz en el techo; si les pedimos que sigan dibujando escuelas, hospitales, oficinas, seguirían usando el núcleo inicial de la casa y le agregarían elementos identitarios que definan esas otras funciones.

Por eso, el arquitecto chino Wang Shu, ganador del premio Pritzker 2012, dice: “Para mí, cualquier tipo de arquitectura, sea cual fuere su función, es una casa. Solo proyecto casas, no arquitectura. Las casas son sencillas. Siempre mantienen una relación interesante con la verdadera existencia, con la vida”. Una casa se apropia de un lugar seleccionado. El lugar sin la casa es multidimensional, es una apuesta al infinito. Con la casa ese lugar se convierte en un “escenario concreto, íntimo y único” y se ejecuta la acción ontológica del ser humano: habitar. Juhani Pallasmaa nos recuerda que el habitar “convierte el espacio insustancial en espacio personal, en el lugar y, en última instancia, en el domicilio propio […] es un intercambio y una extensión: por un lado, el habitante se sitúa en el espacio y el espacio se sitúa en la conciencia del habitante y, por otro, ese lugar se convierte en una exteriorización y una extensión de su ser, tanto desde el punto de vista mental como físico”.

Habitar, por tanto, es un intento de domesticar el espacio y de colocarle límites para transmitirle lo que somos y que nos represente. Una casa guarda los eventos de la cotidianidad, los íntimos, los significativos, los exultantes y los tristes. Una casa es una verdad edificada.

En su libro La poética del espacio, Gastón Bachelard nos recuerda que todos tenemos nuestra “casa onírica”, es decir, el imaginario de nuestro hábitat, el mismo comportamiento que tuvimos de niños al usar el cuadrado y el triángulo para visualizar lo potencialmente concreto. Jung nos recuerda la casa como arquetipo, “sin significado específico, sino una tendencia de una imagen a provocar ciertas emociones, reacciones y asociaciones”.

CASAS DE LA MEMORIA. Hay arquitecturas que nunca habitamos, pero que sentimos propias. Las conocemos a través del cine, la literatura o las artes. La casa de Psicosis, el hotel de El resplandor o la mansión de Lo que el viento se llevó muestran cómo la arquitectura, mediada por la ficción, se fija en la memoria colectiva y construye una poética del recuerdo

Y hay casas de otros que recordamos o con las cuales establecemos una relación afectiva a través de las novelas, del cine, las artes plásticas o las plataformas digitales. ¿O acaso no recordamos como “nuestra” la casa Wuthering Heights, de Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë; el Club de la Serpiente, del Horacio Oliveira de Rayuela, de Julio Cortázar; la Casa Bates de Psicosis, de Alfred Hitchcock; la mansión de El resplandor, de Stanley Kubrick; la Casa Tara de Lo que el viento se llevó, de Víctor Fleming; la Casa Park, de Parásitos, de Bong Joon-ho, o la Casa Tepeji 22, Colonia Roma Sur, de la película Roma, de Alfonso Cuarón? Son tan concretas en nuestra memoria como los íconos Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright; Villa Savoye, de Le Corbusier; Casa Eames, de Charles y Ray Eames; Casa Fransworth, de Mies van der Rohe; Casa Malaparte, de Curzio Malaparte; Casa Giraldi, de Luis Barragán; Casa Rietveld Schröder, de Gerrit Rietveld; Casa Moebius, de Ben van Berkel, o el cercano Palacio Virreinal de Diego Colón y María Álvarez de Toledo. Porque, como bien recoge Joan Margarit, “Amar es un lugar. Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos. Y también el lugar donde queda la vida”.

Cuando tengo la oportunidad de explorar un inmueble histórico como parte de mi condición de conservador de la arquitectura, me detengo a buscar rastros de sus tantos habitantes en el tacto de los muros, en el imaginario de un amueblado que tuvo, en su bullicio intemporal y en esa soledad a la que le ofrezco mi reverencia y respeto. En el silencio, la casa me habla y le digo, de una manera extraña, ¿qué quieres de mí?, ¿cómo volver a pulsar tus latidos para que renazcas en tu esencia? Y, a pesar de mis esfuerzos, siento que al tocarla expulso esa autenticidad que el tiempo acumuló en ella, ese cúmulo de capas tan denso que tiene olores y misterios. Luego, acepto que yo también soy un artífice del tiempo en ese lugar y un instrumento de futuro. Y sé, además, que este inmueble es uno de los tantos que conforman un espacio mayor de la historia de una ciudad tan extraordinaria como Santo Domingo, tan única en su gótico, tan abierta al renacimiento, recipiente del barroco, del neoclásico, del criollo, del historicismo y del moderno. Tan caótica como sensible, tan absurda como esplendente, tan primigenia como disminuida.

Así, de nuevo en palabras de Pallasmaa, “Las ciudades y los edificios antiguos son acogedores y estimulantes, puesto que nos ubican en el continuum del tiempo; se trata de amables museos del tiempo que registran, almacenan y muestran las huellas de un momento diferente a nuestro sentido del tiempo contemporáneo nervioso, apresurado y plano; proyectan un tiempo ‘lento’, ‘grueso’ y ‘táctil’”. Toda esta experiencia sucede porque la arquitectura es un lenguaje en el que dice y calla, propone y sugiere, emula y crea, adopta significados y contiene signos inamovibles. La arquitectura es un verbo y, por tanto, una acción permanente en el espacio tiempo que se detiene en los sustantivos. Es una metáfora y un cuerpo. Para Bachelard, es “un instrumento para afrontar el cosmos”.

Uno de los arquitectos contemporáneos que sigo con interés es Alberto Campo Baeza, quien ha confesado que se auxilia de la poesía cuando diseña. Para él, “la poesía es un género en el que, con menos palabras, somos capaces de decir más cosas. En un poema cambias una palabra de sitio y, de repente, donde antes no decía nada, en la nueva ubicación suena sublime. Igual pasa en la arquitectura”. Esa escasez de palabras con la cual se trabaja la poesía es similar a la arquitectura. Para Octavio Paz, “la poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos. Pues lo mismo sucede con la Arquitectura”.

Si elegí la arquitectura como profesión lo hice por su complejidad y su capacidad de retarme. Cada día la exploro y decodifico su lenguaje, me dejo arrastrar por sus atrevimientos y sus reglas. Y porque atrapa espacios para hacer lugares, para jugar con lo intemporal. Y si elegí la poesía como camino para un mismo viaje, al decir de Robert Frost, es porque hace la diferencia. Sé que es un trayecto solitario, pero ¿no es en la soledad que ardemos y nos sublimamos? Una apuesta que, según Paul Valéry, “vale mil siglos”.

Termino con un pequeño poema del poeta finlandés Bo Carpelan (1926-2011):

Autor Título Editorial Lugar Año Notas
Alexander, Christopher A Pattern Language Gustavo Gili Barcelona 1980 —
Aristóteles Poética de Aristóteles Gredos Madrid 1974 Trad. Valentín García Yebra
Arnaud, Noël L’Illusion réelle ou les apparences de la réalité La Main à Plume Paris 1942 Certificado de lectura J.-F. Chabrun; dibujos Aline Gagnaire
Barthes, Roland Elementos de semiología Alberto Corazón Editor Madrid 1971 Trad. Alberto Méndez
Benveniste, Émile Problemas de lingüística general I Siglo XXI Editores Madrid 2004 —
Bohigas, Oriol Contra una arquitectura adjetivada Seix i Barral Barcelona 1969 —
Campo Baeza, Alberto Principia Architectonica Diseño Editorial Madrid 2013 3.ª edición
Carpelan, Bo Homecoming Carcanet Press Manchester 1993 —
Chomsky, Noam Aspects of the Theory of Syntax MIT Press Cambridge 1965 —
Derrida, Jacques Teoría literaria y deconstrucción Arco Libros Madrid 1990 —
Ducrot, Oswald; Ascombre, Jean-Claude La argumentación en la lengua Gredos Alcalá de Henares 1994 Trads. J. Sevilla Muñoz y M. Tordesillas
Eco, Umberto A Theory of Semiotics — Bloomington, Indiana 1976 —
Fairclough, Norman Language and Power Routledge Londres 2014 —
Frederick, Matthew 101 cosas que aprendí en la Escuela de Arquitectura Abada Editores Madrid 2016 Trad. Joaquín Chamorro Mielke
Freigang, Christian; Kremeier, Jarl “Francia”, en Teoría de la arquitectura Taschen Colonia 2015 Textos pioneros desde el Renacimiento
Gadamer, Hans-Georg Poemas y diálogo Editorial Gedisa Barcelona 2022 —
Gage, Fred; Kempermann, Gerd; Song, Hongjun (eds.) Neurogenesis Cold Spring Harbor Laboratory Press Nueva York 2015 —
Galdesonas, Mario; Morton, David “La interpretación de la arquitectura” Editorial Limusa México 1984 En El lenguaje de la arquitectura
Graaf, Reinier de Architect, verb. The New Language of Building Verso Brooklyn 2023 —
Gregotti, Vittorio Inside Architecture MIT Press Cambridge 1996 —
Halliday, M. A. K. El lenguaje como semiótica social Fondo de Cultura Económica Madrid 2014 —
Heidegger, Martin Poetry, Language and Thought Harper Nueva York 1971 —
Heidegger, Martin ¿Qué significa pensar? Trotta Editorial Madrid 2010 —
Jakobson, Roman Lingüística y poética Cátedra Barcelona 1988 —
Jencks, Charles “El signo arquitectónico” Editorial Limusa México 1984 En El lenguaje de la arquitectura
Jencks, Charles Towards a Symbolic Architecture Rizzoli / Academy NY / Londres 1985 —
Koolhaas, Rem Estudios sobre (lo que en su momento se llamó) la ciudad Gustavo Gili Barcelona 2021 Trad. Jorge Sainz
Kristeva, Julia La Révolution du langage poétique Points Seuil Madrid 2018 —
Lakoff, George; Johnson, Mark Metáforas de la vida cotidiana Cátedra Madrid 2004 —
Margarit, Joan Amar es dónde Visor Libros Madrid 2015 Colección Visor de Poesía
Margarit, Joan Todos los poemas (1975–2012) Editorial Planeta Barcelona 2015 Pról. José-Carlos Mainer
Meschonnic, Henri “Nuevo concepto del ritmo” Comisión Permanente de la Feria del Libro Santo Domingo 2000 En Crisis del signo
Meschonnic, Henri Para la poética Editora de Colores Santo Domingo 1996 Trad. Diógenes Céspedes
Muntañola, Josep Poética y arquitectura Editorial Anagrama Barcelona 1981 Pról. Xavier Rubert de Ventós
Norberg-Schulz, Christian Existence, Space and Architecture Praeger Nueva York 1971 —
Nora, Pierre (ed.) Rethinking France: Les Lieux de mémoire Vol. 1 University of Chicago Press Chicago 1999 —
Pallasmaa, Juhani Habitar Gustavo Gili Barcelona 2016 Trad. Àlex Giménez Imirizaldu
Pevsner, Nikolaus The Sources of Modern Architecture and Design Thames and Hudson Londres 2024 —
Ricoeur, Paul Tiempo y narración I Siglo XXI Editores México 2004 —
Saussure, Ferdinand de Curso de lingüística general Editorial Akal Madrid 1991 —
Silva Arévalo, Eduardo “Tiempo y narración de Paul Ricoeur…” Revista Persona y Sociedad — 2002 Vol. XVIII, n.º 3, pp. 109-124
Stiny, George; Gips, James “Gramáticas de forma y lenguaje generativo” — Ámsterdam 1972 En Procesamiento de la información 71
Valéry, Paul Eupalinos o el arquitecto COOAT Murcia 1982 —
Venturi, Robert Complejidad y contradicción en arquitectura Gustavo Gili Barcelona 1974 —
Wittgenstein, Ludwig Aforismos: Cultura y valor Espasa Calpe Madrid 1995 Pról. Javier Sádaba

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Plaza del Inmigrante y Plaza de la Diáspora Dominicana https://arquitexto.com/2026/02/plaza-del-inmigrante-y-plaza-de-la-diaspora-dominicana/ https://arquitexto.com/2026/02/plaza-del-inmigrante-y-plaza-de-la-diaspora-dominicana/#respond Tue, 17 Feb 2026 20:49:56 +0000 https://arquitexto.com/?p=53913 Este artículo presenta dos intervenciones urbanas que dignifican el espacio público dominicano: la Plaza del Inmigrante con el Monumento a los Cocolos en San Pedro de Macorís y la Plaza de la Diáspora Dominicana en Santo Domingo. Ambas obras fueron diseñadas por la Red Caribeña de Urbanismo y Arquitectura (Recua). Integran memoria, identidad y territorio […]

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Este artículo presenta dos intervenciones urbanas que dignifican el espacio público dominicano: la Plaza del Inmigrante con el Monumento a los Cocolos en San Pedro de Macorís y la Plaza de la Diáspora Dominicana en Santo Domingo. Ambas obras fueron diseñadas por la Red Caribeña de Urbanismo y Arquitectura (Recua). Integran memoria, identidad y territorio mediante arquitectura conmemorativa que transforma enclaves estratégicos en espacios cívicos significativos.

Las intervenciones urbanas en el malecón de San Pedro de Macorís y en la Plaza de la Diáspora Dominicana situada en el cruce de dos importantes vías del Distrito Nacional representan dos aproximaciones complementarias a la dignificación del espacio público contemporáneo.

Ambas transforman enclaves urbanos altamente visibles en lugares de memoria, identidad y convivencia, y fortalecen la relación entre ciudadanía, historia y ciudad. En San Pedro, la operación adquiere un carácter paisajístico y conmemorativo vinculado al frente costero, mientras que en Santo Domingo actúa sobre un nodo urbano complejo reorganizando flujos, cualificando la infraestructura peatonal y generando espacios de permanencia con sentido cultural. Ambas obras confirman el valor de la arquitectura pública como instrumento de cohesión social y de lectura crítica del territorio.

Plaza del Inmigrante, San Pedro de Macorís

El Monumento a los Cocolos se desarrolla como una pieza de arquitectura conmemorativa que recupera la memoria de la historia migratoria de San Pedro de Macorís y su estrecha relación con la diáspora afroantillana que arribó a finales del siglo XIX y marcó el desarrollo social, económico y cultural de esa ciudad. Emplazado sobre el malecón, la obra establece un vínculo directo con el paisaje marítimo que marcó la travesía de quienes llegaron desde las islas británicas del Caribe para incorporarse a la naciente industria azucarera dominicana.

La propuesta incorpora una intervención artística inspirada en el poema «Los inmigrantes» de Norberto James Rawlings, escritor petromacorisano y descendiente cocolo. El monumento se compone de cuatro monolitos de acero, intencionalmente oxidados, en cuyos planos se graban las estrofas correspondientes a cada una de las cuatro secciones del poema. La incorporación del texto literario añade una capa emocional y cultural que enriquece la lectura del conjunto, un diálogo entre historia, arte y arquitectura.

Los monolitos se erigen sobre robustas bases de hormigón armado, concebidas para evocar los rompeolas. Esta elección formal y material alude a las tensiones, esfuerzos y resiliencia implícitos en el proceso migratorio. El acabado pulido de los muros reproduce el efecto de desgaste provocado por el mar, incorpora la erosión como un gesto poético que enlaza arquitectura y memoria. Dispuestos a lo largo de 35 metros dentro de la rotonda, los monolitos configuran un recorrido que articula dos espacios conmemorativos fundamentales: uno que representa el Arco Antillano y las naciones de origen de los inmigrantes, y otro que simboliza la ciudad de San Pedro de Macorís.

Como intervención urbana, la pieza opera en dos dimensiones complementarias: por un lado, constituye un hito simbólico que reconoce oficialmente la presencia cocola y su aporte a la identidad dominicana, por otro, se configura como un espacio público de contemplación y encuentro en la franja costera, amplía la oferta cultural del malecón y lo consolida como un corredor patrimonial.

La inauguración fue integrada al programa cultural del Mirex, fortaleció los vínculos con los países del Caribe anglófono y reafirmó la visión de una República Dominicana abierta a su diversidad. La participación de los Guloyas, custodios del teatro Cocolo Danzante reconocido por la Unesco, añadió una dimensión performativa viva y subrayó el carácter culturalmente integrado de la obra.

En síntesis, el Monumento a los Cocolos articula memoria, identidad y territorio. Su diseño sobrio, su narrativa material y su emplazamiento costero lo posicionan como un nuevo referente de arquitectura pública en el Caribe contemporáneo.


  • Plano de conjunto

Plaza de la Diáspora Dominicana, Distrito Nacional

La Plaza de la Diáspora Dominicana reconfigura el remanente de una antigua rotonda de los años setenta cuyo trazado quedó fragmentado cuando la avenida Bolívar pasó a tener un solo sentido. Este cambio eliminó los giros hacia el este en la dirección norte-sur y generó dos espacios residuales separados por la vía central. La intervención convierte estos fragmentos urbanos en un conjunto articulado de espacios cívicos que integran memoria, movilidad y paisaje urbano.

El espacio sureste fue apadrinado por la empresa Vimenca durante más de dos décadas y albergó originalmente la plaza dedicada al prócer venezolano Francisco de Miranda, junto a dos astas de banderas y un busto. Con la nueva intervención, estos elementos se reubican estratégicamente en el triángulo noreste, donde se crea un espacio conmemorativo más adecuado. Allí, un banco de hormigón con la silueta de la costa pacífica sudamericana integra los nombres de los países que alcanzaron su independencia vinculados a la gesta de Miranda. El triángulo sureste se destina a la Plaza de la Diáspora Dominicana, que tiene como punto central y focal el Monumento a la Diáspora Dominicana realizado por Ezequiel Taveras.

El monumento está concebido para ofrecer distintas lecturas a públicos de formaciones diversas, y simboliza al dominicano que se desplaza y se integra en el mundo. Sobre la esfera metálica que representa el globo terráqueo, unos aros externos están planteados como vectores en movimiento y sugieren las rutas sobre las cuales se desplazan las figuras que representan a los dominicanos que trabajan y sostienen a sus familias desde la distancia. Las siete figuras encarnan oficios presentes en la diáspora dominicana: doctora, estudiante, obrero de la construcción, modelo, atleta, niñera y trabajador de almacén.

La presencia de la empresa vinculada al envío de remesas se incorpora de manera sutil y subraya que no solo se transportan recursos económicos o cajas de provisiones, también se movilizan afectos, vínculos y la continuidad emocional con los seres queridos. Cada figura sostiene un corazón —modelado en cerámica, un sello característico del artista— que simboliza tanto el compromiso laboral como el lazo afectivo que los conecta con la isla. Las figuras, cuatro mujeres y tres hombres, aluden a las estadísticas que reflejan una mayor presencia femenina en el exterior y un contacto más constante con la familia. Toda la estructura del monumento es de acero inoxidable y fue construida en sitio, mientras que las figuras se hicieron en taller.

Un componente clave de la intervención es el Muro del Reconocimiento, una iniciativa que amplía la idea de homenaje al incluir no solo figuras públicas, sino también a personas comunes de la diáspora, clientes históricos que por décadas han enviado remesas a través de Vimenca. El muro integra además a dominicanos y descendientes en el exterior reconocidos por el Index por sus aportes académicos, profesionales, culturales y cívicos.

La propuesta urbana conserva las palmas reales existentes, integra un flamboyán de valor simbólico y complementa con vegetación endémica de bajo mantenimiento. La topografía se aprovecha como recurso de diseño para generar distintos niveles de intimidad y lectura espacial entre ambas plazas.

El proyecto actualiza integralmente la infraestructura peatonal mediante pavimentos podotáctiles, rampas accesibles, aceras ampliadas, mejora de la ciclovía y nuevos bici-parqueos, junto con obras de drenaje, iluminación urbana, señalización y pavimentación. Se consolida así una intervención que combina memoria, accesibilidad y calidad urbana en un nodo estratégico de la ciudad.


  • Plano de conjunto

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Punta Bergantín, una segunda oportunidad para la costa norte https://arquitexto.com/2026/02/punta-bergantin-una-segunda-oportunidad-para-la-costa-norte/ https://arquitexto.com/2026/02/punta-bergantin-una-segunda-oportunidad-para-la-costa-norte/#respond Tue, 17 Feb 2026 20:29:00 +0000 https://arquitexto.com/?p=53898 En esta entrevista, Andrés Marranzini nos habla de Punta Bergantín, un proyecto turístico y urbano diseñado para revitalizar Puerto Plata como destino turístico. Se basa en una planificación sostenible con espacios públicos de calidad, infraestructura eficiente y participación comunitaria de la comunidad de Montellano. Promueve una arquitectura tropical contemporánea con productos inmobiliarios de alto estándar […]

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En esta entrevista, Andrés Marranzini nos habla de Punta Bergantín, un proyecto turístico y urbano diseñado para revitalizar Puerto Plata como destino turístico. Se basa en una planificación sostenible con espacios públicos de calidad, infraestructura eficiente y participación comunitaria de la comunidad de Montellano. Promueve una arquitectura tropical contemporánea con productos inmobiliarios de alto estándar y se sustenta en una sólida alianza público-privada que impulsa su visión regional.

PLAN MAESTRO. El desarrollo se concibe bajo un modelo ecoamigable que aprovecha las condiciones naturales del emplazamiento y conserva sus recursos ambientales. Los edificios alcanzan hasta siete niveles y aumentan su altura conforme se alejan de la costa para no obstruir las vistas al mar. Se prioriza el uso de materiales locales y de bajo impacto, junto con pavimentos permeables que favorecen la infiltración pluvial y respetan el ciclo hídrico de la región. Como parte de los estudios hidrológicos, un análisis organoléptico confirmó la presencia de agua subterránea de notable calidad, un recurso fundamental para la sostenibilidad

Punta Bergantín se concibe como un nuevo destino turístico, urbano y productivo para la región Norte de la República Dominicana.

Localizado en la franja costera al oriente de Puerto Plata, dentro del municipio de Villa Montellano, el proyecto abarca un polígono privilegiado de 10 millones de metros cuadrados con 2.89 kilómetros de litoral y 11.56 hectáreas de playa y dunas. Desde su formulación, el plan maestro se plantea como una estrategia integral de desarrollo que articula valores ambientales, innovación tecnológica y habitabilidad contemporánea. Sobre esta visión y el papel que Punta Bergantín desempeña en la revitalización de la costa norte, conversamos con Andrés Marranzini, director del fideicomiso responsable del proyecto, para comprender el alcance territorial, social y estratégico de esta nueva apuesta turística del país.

X: ¿Cómo surge el proyecto Punta Bergantín?

A.M.: Punta Bergantín nace en la comunidad de Villa Montellano, entre Sosúa y Puerto Plata. Su fundamento es aportar al reposicionamiento del destino Puerto Plata y consolidarlo como el nuevo destino de playa del Cibao. La estrategia combina la incorporación de habitaciones hoteleras de calidad mundial, la atracción de viajeros aéreos y la integración social de la comunidad.

Lo virtuoso del turismo cuando tiene un enfoque humano es lo que produce dentro de las comunidades. Hemos realizado encuestas y diagnósticos para saber cómo Montellano puede participar del desarrollo, con el apoyo del Mitur, del Siuben, del Infotep y de escuelas vocacionales. Nuestra meta es que Montellano se convierta en el primer municipio de pleno empleo del país. El proyecto generará alrededor de 15,000 empleos directos e indirectos, con una inversión estimada en 400 millones de dólares durante un periodo relativamente corto.

Durante mis años en Asonahores siempre destaqué el aporte del turismo al empleo y a la economía. En Punta Bergantín tendremos la oportunidad de demostrarlo: el gasto promedio es de 134 dólares por turista por día y proyectamos alrededor de 200,000 visitantes con estadías promedio de cinco días. Dar seguimiento a estos indicadores es clave; ese es uno de los principales legados de la gestión de David Collado en el Mitur: la toma de decisiones basada en información precisa, lo que nos permite ajustar el proyecto estratégicamente.

HOTEL MELIÁ BERGANTÍN BEACH. Álvaro Sans, Meliá Hotels International. El proyecto representa la evolución de la tipología de hoteles de patio y anfiteatro desarrollada por la firma durante las últimas dos décadas. Concebido bajo criterios de eficiencia y respeto ambiental, el hotel, desarrollado por Grupo Puntacana y Meliá Hotels International, contará con 400 habitaciones, una variada oferta gastronómica, club de playa, piscinas, spa, espacios para niños y áreas dedicadas al turismo MICE (reuniones, incentivos, congresos y eventos)

X: ¿En qué consiste el proyecto y cuál es su dimensión?

A.M.: Punta Bergantín abarca unos diez millones de metros cuadrados. En la primera etapa se desarrollan aproximadamente 2.5 millones, con la construcción inicial de tres hoteles en los primeros tres años, una inversión que supera los 300 millones de dólares. La infraestructura asociada —eléctrica, agua, planta de tratamiento, vialidad y preparación de terrenos— asciende a unos 150 millones de dólares. Uno de los grandes retos del sitio es integrar los humedales y mangles, que son parte esencial del equilibrio ambiental del proyecto.

CENTRO DE INNOVACIÓN. Arq. Alejandro Marranzini. Concebido como una plataforma estratégica para el desarrollo académico y tecnológico, el Centro de Innovación sienta las bases de un equipamiento llamado a trascender en el tiempo. Integrado al proyecto Punta Bergantín, se proyecta como “un epicentro de creatividad, talento y progreso, complementando la visión de un destino turístico de clase mundial”

X: ¿Qué es un fideicomiso y cómo se estructuró el de Punta Bergantín?

A.M.: El terreno era originalmente del Banco Central, proveniente de la capitalización del CEA. La compañía Tenedora Reservas adquirió el activo y lo aportó a un fideicomiso, separándolo patrimonialmente para el desarrollo, un mecanismo muy utilizado en proyectos inmobiliarios y para protección de activos. Se trata de una alianza público-privada. Para atraer inversión privada diseñamos instrumentos fiscales junto a la Dirección General de Impuestos Internos y el viceministerio técnico del Mitur. Punta Bergantín es el único polo turístico del país totalmente integrado a un pueblo con cultura e historia, Montellano, una ventaja que permite conectar con actividades extracurriculares, turismo de aventura y la oferta complementaria de Puerto Plata.

X: ¿Cuál es el enfoque arquitectónico y urbano?

A.M.: No buscamos reproducir la arquitectura victoriana, sino reinterpretar sus elementos con un carácter contemporáneo. El corazón del proyecto es el Pueblito Marino, que será concursado, y debe tener espíritu propio y personalidad. También se convocará a arquitectos dominicanos para proyectos como la casa club del golf y los clubes de playa. Queremos una comunidad caminable, habitable y compacta, donde la vida pública sea protagonista. El plan maestro fue desarrollado por la firma GVA e integra espacios para caminar, andar en bicicleta, parques, miradores y recorridos vinculados a los manglares, que se respetan y se incorporan como parte del paisaje.

WELCOME CENTER Y ENTRADA. DL + A Arquitectos. El proyecto define el acceso principal a Punta Bergantín mediante un conjunto arquitectónico que simboliza la renovación del destino. Concebido como umbral territorial, el diseño articula la experiencia de llegada y acompaña la vocación de Puerto Plata de recuperar y reinventar su protagonismo turístico

X: ¿Qué componentes complementan el desarrollo?

A.M.: Además de la oferta hotelera y las áreas residenciales, el proyecto contempla un centro de innovación y estudios de filmación, ambos integrados al programa de desarrollo aunque no forman parte del fideicomiso. El centro de innovación es una estrategia de atracción académica y empresarial para formación técnica y emprendimiento, los estudios de cine requieren un nivel de maduración posterior, pero sus estudios de factibilidad están en proceso.

X: ¿Cómo se articula el proyecto con la visión del Mitur?

A.M.: Punta Bergantín surge del diagnóstico del Mitur y del Grupo Reservas. Es la primera vez que un destino turístico se desarrolla con un plan de ordenamiento territorial específico, trabajado junto con el Departamento de Planes y Proyectos del Mitur y el Ministerio de Medio Ambiente, en línea con la nueva Ley de Ordenamiento Territorial. Uno de los grandes aprendizajes de Puerto Plata es cómo gestionar adecuadamente la coexistencia entre el turismo hotelero y el turismo de cruceros, entre un 10 % y un 12 % de los cruceristas regresan al destino como visitantes. La clave es que ningún producto desplace al otro, sino que coexistan estratégicamente.

X: ¿Cuál es el atractivo del proyecto para el turismo inmobiliario?

A.M.: Puerto Plata es ideal para el turismo de retiro: servicios médicos, seguridad, accesos y clima. Además, apostamos a la diáspora cibaeña, un público con alto potencial de inversión que busca viviendas de calidad con estándares similares a los que conocen, pero cerca de su cultura y su origen. La ventaja climática de Puerto Plata —poca incidencia de fenómenos atmosféricos y ausencia de sargazo— fortalece aún más su atractivo.

X: ¿Cuáles son los principales retos del turismo hoy?

A.M.: El mayor reto es el recurso humano. El país ha incrementado su oferta de habitaciones, pero necesita personal calificado para mantener la calidad del servicio. Otro desafío es garantizar suficientes viajeros aéreos para acompañar el crecimiento hotelero sin erosionar tarifas. Por eso es fundamental mantener la calidad del producto y la remodelación continua de habitaciones existentes. En Punta Bergantín trabajamos con energía renovable, riego con agua reciclada y estrategias de certificación verde. La sostenibilidad no es solo ambiental, sino también económica y operativa. Hoy estamos mejor conectados que nunca y la evolución de las marcas que llegan al país mantiene el destino vigente y competitivo.

CASA CLUB DE GOLF. Sarah García Estudios. El encargo comprende el diseño de la casa club del campo de golf de Punta Bergantín, una pieza clave dentro del conjunto que aspira a marcar un hito en la oferta turística y recreativa de Puerto Plata, y a elevar la calidad arquitectónica y la experiencia del destino

X: ¿Qué innovaciones integra Punta Bergantín?

A.M.: Queremos que el proyecto sea un destino sostenible, relevante para quienes lo habiten y lo visiten. Además de los componentes ambientales, trabajamos iniciativas como esquemas «de la granja a la mesa», con productores locales que prefieren continuar en la agricultura. Lo esencial es que el desarrollo responda a las preocupaciones reales del consumidor contemporáneo: sostenibilidad, propósito, autenticidad, y conexión con la comunidad.

Andrés Marranzini es abogado especializado en derecho corporativo. Fue por siete años vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Hoteles y Restaurantes de la República Dominicana (Asonahores) y consultor jurídico de varios ministerios. Actualmente dirige el proyecto Punta Bergantín.

APARTAMENTOS BEACH FRONT Y VILLA GOLF HOMES. Ideare Group. La propuesta residencial comprende dos desarrollos iniciales: un conjunto de villas organizado en torno al campo de golf y un proyecto de apartamentos frente al mar. Ambos han sido diseñados para ofrecer altos estándares de calidad de vida, integrándose de manera armónica al paisaje y a la visión urbana de Punta Bergantín

Plan maestro

Punta Bergantín busca configurar una nueva imagen urbana y turística basada en productos inmobiliarios de alto estándar, infraestructuras eficientes y un enfoque integral de sostenibilidad ambiental, social y económica. Para ello se establecen lineamientos clave: una comunidad caminable con traza vial jerárquica y armónica, prioridad al peatón y al espacio público como generador de valor, nodos viales concebidos como remates visuales, sistemas inteligentes de seguridad y gestión, y una oferta inmobiliaria diversificada para mercados nacionales, regionales e internacionales.

PLAN MAESTRO. El plan maestro establece la visión general del proyecto y orienta un proceso integral de planificación territorial. A partir del análisis del sitio, se definieron las oportunidades y condicionantes del entorno para estructurar un desarrollo coherente con el paisaje y su vocación urbana. El proyecto propone un campo de golf que aprovecha la topografía natural e incorpora amplias vistas al océano

El gran polígono del plan maestro se organiza a partir de dos vías de acceso: la carretera hacia Puerto Plata y la vía hacia el Aeropuerto Internacional Gregorio Luperón. Gracias a estas se cuenta con varios accesos controlados hacia vialidades privadas. El borde nororiental concentra los usos turísticos y recreativos vinculados al mar: lotes para hoteles y apartamentos turísticos,clubes de playa y lotes para los fundadores con accesos peatonales a la costa. Se contemplan entre cuatro y seis hoteles de 5 estrellas. Actualmente se está construyendo el primer hotel Meliá Bergantín Beach con 500 habitaciones en asociación con el Grupo Puntacana.

En el acceso norte se ubica el centro de innovación, uno de los ejes estratégicos del proyecto y una de las anclas de negocio para potenciar el desarrollo. Este distrito se estructura alrededor de un gran parque central y de tres áreas diferenciadas que integran usos mixtos para la vida cotidiana y el comercio, zonas residenciales y de servicios destinadas a la comunidad académica, y un conjunto de laboratorios, incubadoras y espacios de investigación. La infraestructura educativa y de capacitación consolida un ecosistema de conocimiento que complementa y fortalece la oferta turística y urbana del desarrollo.

Al norte también se encuentra el Pueblito Marino, un núcleo de uso mixto conformado por un circuito vial y una zona peatonal organizada a través de plazas que culminan en un pequeño malecón y muelle turístico. Cerca del Pueblito Marino se encuentran los estudios de cine, que se integran al modelo de desarrollo como un motor económico vinculado a la industria creativa, lo que refuerza la diversificación productiva del destino.

En el centro del terreno se encuentra un campo de golf de 18 hoyos, cuidadosamente diseñado entre lagos, humedales y zonas de mangle por Beau Welling Design y Love Golf Design, dos firmas de reconocimiento internacional. Concebido en equilibrio entre los desafíos técnicos propios de las prácticas de sostenibilidad del proyecto y una marcada vocación paisajística, ofrecerá amplias vistas panorámicas y senderos perimetrales para caminatas bajo la sombra de árboles nativos. Alrededor se organizan las tipologías residenciales vinculadas al golf —villas, townhouses y apartamentos— que aprovechan las vistas y la topografía suave del terreno.

En la porción sur, donde la topografía es más accidentada, se desarrollan conjuntos residenciales organizados alrededor de un gran lago y un parque central que conecta con el club deportivo, equipado con canchas de tenis, pádel, pickleball y piscinas. Las áreas verdes funcionan como corredor ecológico y como sistema de integración comunitaria.

Por último, el plan maestro incorpora infraestructura de apoyo y servicios esenciales que garantizan la operatividad y sostenibilidad del desarrollo: subestación eléctrica, planta de tratamiento, estación de bomberos y policía, zonas de mantenimiento y otros equipamientos.

FUNDADORES I y II. Pons Arquitectos. Ubicado en un área privada de más de 15,000 m², el clúster estará conformado por diez viviendas unifamiliares de dos niveles en solares de al menos 700 m². Cada casa se integra al paisaje mediante terrazas, ventilación natural y piscina privada, y se complementa con un área verde común que promueve convivencia y recreación en un ambiente sereno. El proyecto propone un conjunto de villas privadas orientadas para aprovechar vistas hacia áreas verdes, senderos, el campo de golf y un lago central que articula el paisaje. La distribución urbana prioriza bienestar, confort y conexión con la naturaleza mediante tipologías diferenciadas y recorridos peatonales integrados al entorno

La sostenibilidad yresiliencia ambiental constituye uno de los pilares estructurantes del proyecto. Punta Bergantín adopta un modelo de desarrollo que integra medidas de prevención frente a las inundaciones propias de la zona, la protección de la duna costera —ampliando la franja de resguardo a 80 metros desde la línea de pleamar— y la conservación de humedales, manglares y arrecifes como elementos esenciales de la experiencia del lugar. El proyecto convive con la flora nativa a través de jardines y senderos resilientes, protege las cuatro especies de manglares caribeños y desarrolla programas de restauración coralina. Esta visión busca armonizar lujo contemporáneo y ecosistemas frágiles, y garantizar su permanencia para las futuras generaciones.

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