José de San Martín murió en Boulogne-sur-Mer, Francia, el 17 de agosto de 1850. Habían pasado 26 años desde que abandonó Buenos Aires rumbo a Europa. Durante ese tiempo vivió en Bélgica, Inglaterra y Francia, lejos de la tierra por la que había luchado y de la política de la nueva nación que había ayudado a construir.
La imagen tradicional suele presentar este período como un retiro voluntario y casi apacible. Pero detrás de ese retiro hubo conflictos políticos, acusaciones, decepciones y una decisión que marcaría definitivamente sus últimos años: San Martín no estaba dispuesto a desenvainar su espada contra otros argentinos.
Y esa decisión tuvo un precio: el exilio.
Cuando San Martín regresó a América en 1812, todavía era un desconocido para buena parte de los dirigentes porteños. Él mismo recordaría que fue recibido inicialmente con desconfianza, entre otras razones por sus largos años de servicio en el ejército español.
Sin embargo, en poco más de una década se convertiría en una de las figuras centrales de la independencia americana.
Después de las campañas de Chile y Perú, llegó el momento decisivo de 1822. En Guayaquil se entrevistó con Simón Bolívar y poco después abandonó la conducción política y militar del Perú. Renunció al poder y regresó a Chile y luego al Río de la Plata.
Pero la Argentina que encontró ya no era la misma.
La caída del poder central había dejado a las provincias enfrentadas y Buenos Aires atravesaba una intensa disputa política. San Martín comprendió que su prestigio militar podía convertirlo en protagonista de esas luchas.
Y no quería serlo.
Uno de los principales obstáculos para su regreso fue la relación con Bernardino Rivadavia, figura central del gobierno porteño.
El conflicto no fue solamente personal. San Martín veía con preocupación la situación política y las luchas entre facciones. Además, existían acusaciones que lo presentaban como conspirador y sospechas sobre sus posibles intenciones políticas. El Instituto Nacional Sanmartiniano señala que los enfrentamientos internos y la hostilidad del gobierno de Buenos Aires fueron factores decisivos en su partida de 1824.
En febrero de 1824, San Martín decidió marcharse nuevamente hacia Europa acompañado por su hija Mercedes, que tenía entonces siete años.
No era una huida de América.
Era, en buena medida, una retirada de la política argentina.
Esta es una de las claves para entender su exilio.
San Martín había pensado en regresar a Mendoza y llevar allí una vida privada. Pero la situación política argentina no ofrecía las condiciones que buscaba.
Había pasado buena parte de su vida adulta en campañas militares. Después de liberar territorios, no quería convertirse en un jefe militar que utilizara su prestigio para imponer una facción sobre otra.
Su principio era bastante sencillo y, para la época, extraordinariamente difícil de sostener: no quería combatir contra sus compatriotas.
Por eso, cuando finalmente intentó regresar, volvió a encontrarse con la guerra civil.
Cinco años después de su partida, San Martín volvió a intentarlo.
En 1829 embarcó rumbo a Buenos Aires. Había razones concretas para hacerlo, entre ellas la guerra contra el Brasil y el cambio político producido en Buenos Aires.
Pero cuando llegó al puerto encontró un escenario que probablemente confirmó todos sus temores.
Juan Galo Lavalle había derrocado al gobernador Manuel Dorrego y posteriormente había ordenado su fusilamiento.
La Argentina estaba nuevamente dividida y al borde de una guerra civil.
San Martín estaba a bordo del barco.
Y decidió no desembarcar.
La decisión fue mucho más significativa de lo que parece.
Varios oficiales fueron a visitarlo y le propusieron que asumiera un papel político y militar. Pero aceptar significaba intervenir directamente en la lucha entre argentinos.
San Martín se negó.
Según el relato conservado por fuentes históricas, su razonamiento era que, cualquiera fuera el bando que eligiera, terminaría derramando sangre argentina.
En lugar de convertirse en árbitro armado de la política nacional, eligió regresar a Europa.
Aquí aparece la verdadera dimensión de su exilio.
San Martín no era un pacifista en sentido estricto. Había pasado décadas combatiendo. Había participado en algunas de las campañas militares más importantes de la independencia sudamericana.
Pero distinguía entre luchar por la independencia frente a un poder colonial y luchar contra compatriotas por el control político interno.
Esa diferencia explica buena parte de sus decisiones.
En una carta vinculada con su frustrado regreso de 1829 dejó expresada una idea fundamental: quería terminar sus días en el retiro de una vida privada, pero entendía que esa posibilidad dependía de que existiera tranquilidad política en el país.
La tranquilidad nunca llegó de manera suficiente como para convencerlo de regresar definitivamente.
La palabra “exilio” necesita una pequeña aclaración.
No fue un exilio formal comparable al de alguien expulsado jurídicamente del país. Fue, en gran medida, un exilio voluntario o autoimpuesto, provocado por circunstancias políticas que San Martín consideraba incompatibles con su permanencia en Argentina.
El Instituto Nacional Sanmartiniano lo describe como un “largo ostracismo” iniciado en 1824 y terminado solamente con su muerte.
Pero decir simplemente que “eligió Europa” sería incompleto.
Eligió Europa porque no quería elegir una facción argentina.
Esa diferencia cambia completamente la interpretación de sus últimos años.
Después de su frustrado regreso, San Martín volvió definitivamente a Europa.
Vivió en Bélgica y luego se instaló en Francia. En 1831 se trasladó a París y posteriormente adquirió una casa en Grand-Bourg. En 1834 compró una vivienda en Boulogne-sur-Mer, donde pasaría sus últimos años.
Allí llevó una vida mucho más discreta que la que había tenido durante las guerras de independencia.
Su amigo Alejandro Aguado, banquero y antiguo camarada de armas, tuvo un papel importante en su estabilidad económica. San Martín también sufrió problemas económicos porque las pensiones que debían pagarle los gobiernos de Argentina, Chile y Perú no siempre llegaban puntualmente.
La imagen del anciano Libertador cultivando su jardín, leyendo y trabajando en su pequeño taller puede resultar casi contradictoria con la del comandante que había cruzado los Andes.
Pero era precisamente la vida que había buscado después de décadas de guerra.
Su exilio no significó indiferencia.
Cuando Francia bloqueó el puerto de Buenos Aires en 1838, San Martín ofreció sus servicios al gobierno de Juan Manuel de Rosas para defender al país.
La respuesta de Rosas fue que sus servicios diplomáticos podían resultar más útiles que los militares.
Años después, San Martín siguió con atención el enfrentamiento de la Vuelta de Obligado, ocurrido el 20 de noviembre de 1845.
Su admiración por la resistencia argentina frente a la intervención anglo-francesa fue tal que decidió legar su famoso sable a Rosas.
Esto revela una cuestión importante: San Martín podía mantenerse alejado de la política argentina sin dejar de sentirse profundamente argentino.
La decisión tuvo consecuencias.
San Martín terminó sus días lejos de Buenos Aires, lejos de Mendoza y de los escenarios donde había construido su prestigio.
No volvió a ocupar un cargo político en Argentina.
No encabezó ningún gobierno.
No participó en las guerras civiles.
No intentó convertirse en árbitro de las disputas entre unitarios y federales.
Su silencio político fue, en realidad, una posición política.
Eligió preservar aquello que consideraba más importante: no utilizar su prestigio militar para enfrentar a los argentinos entre sí.
San Martín murió en Francia en 1850, acompañado por su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas.
Tenía 72 años.
Habían pasado casi tres décadas desde su partida definitiva de Sudamérica.
Sus restos permanecieron en Francia hasta 1880, cuando fueron trasladados a Buenos Aires y depositados en el mausoleo construido en la Catedral Metropolitana.
Paradójicamente, el hombre que había cruzado los Andes para liberar Chile y que había desembarcado en Perú para completar la independencia sudamericana terminó sus días a miles de kilómetros de la tierra donde había nacido.
Pero su exilio no fue simplemente el resultado de haber perdido una disputa política.
Fue también consecuencia de una elección personal.
San Martín prefirió vivir lejos de su patria antes que regresar para participar en una guerra entre compatriotas.
Y quizá allí esté una de las partes menos conocidas y más profundas de su legado.
No solamente fue el general que ganó batallas.
También fue el hombre que, cuando llegó el momento de decidir qué hacer con su enorme poder político y militar, eligió no utilizarlo contra otros argentinos.
La historia argentina, que tantas veces convirtió sus conflictos internos en guerras, no siempre tuvo la delicadeza de comprender esa decisión.
¿Por qué San Martín terminó sus años en el exilio?
La respuesta más precisa no es simplemente “por diferencias con Rivadavia”, ni “por la guerra civil”, ni “porque quiso vivir en Europa”.
Fue una combinación de factores: el enfrentamiento político de la década de 1820, las acusaciones y sospechas que pesaban sobre su figura, su rechazo a intervenir en las luchas entre facciones y, finalmente, su decisión de no derramar sangre argentina.
Su exilio fue voluntario en la forma, pero profundamente condicionado por la Argentina de su tiempo.
Y existe una ironía histórica difícil de ignorar: el hombre que ayudó a construir la independencia de una nación terminó alejándose de ella porque no encontró un lugar donde pudiera servirla sin convertirse en protagonista de sus divisiones internas.
Quizás por eso sus últimos veinte años en Europa no deberían ser considerados simplemente como “los años del exilio”.
Fueron también los años de su último acto político: negarse a hacer la guerra contra sus compatriotas.
Fuentes consultadas: Instituto Nacional Sanmartiniano, Argentina.gob.ar y trabajos históricos de Felipe Pigna publicados por El Historiador.
]]>La Conquista del Desierto constituye uno de los episodios más trascendentes y, al mismo tiempo, más controvertidos de la historia argentina. Para algunos historiadores representó la consolidación definitiva del Estado nacional y la incorporación de millones de hectáreas al desarrollo económico. Para otros, fue una campaña militar que implicó el desplazamiento forzado, la muerte y la desarticulación de numerosos pueblos originarios, configurando un verdadero genocidio.
A casi siglo y medio de aquellos acontecimientos, el debate continúa abierto. Comprender qué ocurrió exige analizar el contexto político, económico y militar de la época, así como las distintas interpretaciones que existen sobre los hechos.
Se conoce como Conquista del Desierto a la serie de campañas militares desarrolladas principalmente entre 1878 y 1885, destinadas a incorporar al control efectivo del Estado argentino los extensos territorios de la Patagonia y la región pampeana que permanecían fuera de su dominio.
La figura central de estas operaciones fue el entonces ministro de Guerra y luego presidente, Julio Argentino Roca.
Aunque suele identificarse únicamente con la expedición de 1879, en realidad la campaña comenzó antes y continuó durante varios años mediante distintas operaciones militares.
Para comprender la campaña es necesario situarse en la Argentina de fines del siglo XIX.
Después de décadas de guerras civiles, el país buscaba consolidar un Estado nacional fuerte. Gran parte del territorio patagónico y pampeano no estaba bajo control efectivo del gobierno central.
En esas regiones habitaban diversos pueblos originarios, entre ellos:
Muchos mantenían relaciones comerciales con poblaciones criollas, mientras que otros grupos realizaban incursiones conocidas como malones, durante las cuales robaban ganado y capturaban personas para luego comercializarlas al otro lado de la Cordillera de los Andes.
Las razones fueron múltiples.
Seguridad de la frontera
Los malones afectaban a numerosas poblaciones rurales de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.
Según registros de la época, miles de cabezas de ganado eran llevadas hacia Chile cada año, provocando importantes pérdidas económicas.
Expansión agropecuaria
La Argentina comenzaba a convertirse en uno de los principales exportadores mundiales de carne y cereales.
Para ello necesitaba incorporar nuevas tierras productivas.
La Patagonia y la pampa representaban millones de hectáreas aptas para la ganadería.
Consolidación territorial
Existía además una preocupación geopolítica.
El gobierno argentino buscaba ejercer soberanía efectiva sobre la Patagonia antes de que Chile fortaleciera sus propias pretensiones territoriales.
Organización del Estado
La campaña también respondía al proyecto político de construir un Estado moderno, con presencia militar, administrativa y judicial en todo el territorio nacional.
En 1879, Roca organizó una ofensiva de gran escala.
Participaron aproximadamente 6.000 soldados, equipados con armamento moderno para la época, incluyendo los fusiles Remington, cuya superioridad tecnológica fue decisiva.
Las tropas avanzaron desde distintos puntos hacia el río Negro y posteriormente continuaron hacia la Patagonia.
Durante la campaña fueron derrotadas numerosas parcialidades indígenas.
Miles de personas fueron capturadas.
Muchos caciques murieron en combate o fueron hechos prisioneros.
Este es uno de los aspectos más discutidos.
Las cifras varían considerablemente según las fuentes.
Los documentos militares hablan de:
Otros investigadores sostienen que las cifras reales pudieron haber sido superiores debido a muertes posteriores por enfermedades, hambre y desplazamientos forzados.
No existe un consenso definitivo.
Muchos fueron:
También hubo comunidades que lograron permanecer en algunos territorios o que posteriormente recuperaron parte de sus tierras.
Tras la campaña, el Estado incorporó aproximadamente 15 millones de hectáreas.
Una parte importante fue entregada mediante ventas, concesiones o adjudicaciones a particulares, empresas y grandes estancieros.
Este proceso contribuyó al crecimiento económico de la Argentina exportadora, aunque también favoreció una fuerte concentración de la propiedad de la tierra.
Ésta es la principal discusión histórica.
La postura que sostiene que sí
Diversos investigadores consideran que existió un genocidio porque:
Desde esta perspectiva, la campaña buscó eliminar la resistencia indígena mediante la fuerza militar.
La postura que sostiene que no
Otros historiadores afirman que la campaña fue una guerra propia del contexto del siglo XIX.
Argumentan que:
Según esta interpretación, utilizar el concepto moderno de genocidio para describir hechos ocurridos hace casi 150 años puede resultar problemático desde el punto de vista jurídico e histórico.
En las últimas décadas surgieron nuevas investigaciones basadas en documentos militares, archivos provinciales y testimonios de comunidades indígenas.
Esto permitió revisar muchas interpretaciones tradicionales.
Actualmente existen posiciones muy diversas entre especialistas, y no hay unanimidad sobre cómo debe caracterizarse la campaña.
La figura de Roca sigue generando fuertes controversias.
Sus defensores destacan que durante sus presidencias se consolidó el Estado nacional, se expandió el sistema educativo, crecieron los ferrocarriles y la Argentina ingresó en un período de gran desarrollo económico.
Sus críticos sostienen que ese proceso estuvo acompañado por políticas de violencia estatal contra los pueblos originarios y cuestionan el homenaje público que aún recibe en monumentos, calles y espacios públicos.
La Conquista del Desierto fue un acontecimiento decisivo para la conformación del territorio argentino moderno. Su resultado permitió la expansión del Estado y del modelo agroexportador, pero también tuvo consecuencias profundas para las comunidades indígenas que habitaban esas regiones.
Hoy, el desafío de la investigación histórica consiste en analizar el proceso con el mayor rigor posible, evitando tanto las simplificaciones heroicas como las condenas basadas únicamente en miradas contemporáneas. Comprender el contexto, las fuentes disponibles y las distintas interpretaciones permite acercarse a una visión más completa de uno de los capítulos más complejos de la historia argentina.
]]>El presidente Javier Milei presentó ante el Congreso un proyecto denominado «Grillete Fiscal», una iniciativa que busca establecer una regla permanente para impedir que cualquier gobierno nacional vuelva a financiar un déficit fiscal mediante mayor gasto o emisión monetaria. La propuesta forma parte de un paquete de reformas económicas e institucionales que incluye cambios en la Carta Orgánica del Banco Central, el sistema financiero y el mercado de seguros.
Según explicó el Gobierno, el objetivo es que Argentina no pueda aprobar ni sostener presupuestos deficitarios. En otras palabras, el Estado estaría obligado por ley a mantener el equilibrio entre ingresos y gastos.
El nombre «grillete fiscal» hace referencia a una especie de «candado» legal que limitaría la posibilidad de que futuros gobiernos incrementen el gasto público sin contar con los recursos para financiarlo.
De acuerdo con lo anunciado por el Presidente, el mecanismo contempla que:
Esto implicaría:
El Gobierno aclaró que el mecanismo no afectaría servicios considerados esenciales, entre ellos:
La intención oficial es que el ajuste recaiga sobre la estructura administrativa del Estado y no sobre prestaciones sociales básicas.
El Grillete Fiscal está estrechamente vinculado con otra de las reformas anunciadas por Milei:
Según el Presidente, la emisión monetaria para cubrir déficit fue la principal causa de la inflación argentina durante décadas.
El oficialismo sostiene que Argentina sufrió durante décadas un ciclo repetitivo:
Con esta ley busca impedir legalmente que ese esquema pueda repetirse.
Para Milei, el equilibrio fiscal dejaría de ser una decisión política para convertirse en una obligación permanente del Estado.
El proyecto toma como referencia el denominado shutdown de Estados Unidos.
En ese país, cuando el Congreso no aprueba el presupuesto o no autoriza fondos suficientes:
El Gobierno argentino pretende adaptar ese mecanismo al sistema institucional nacional.
Diversos economistas y dirigentes opositores ya adelantaron cuestionamientos al proyecto.
Entre los principales reparos aparecen:
Desde la Casa Rosada responden que precisamente esa es la finalidad de la norma: impedir que cualquier administración vuelva a financiar gasto público con déficit permanente.
Según el Ejecutivo:
El Gobierno sostiene que la regla busca dar previsibilidad a largo plazo y evitar que los cambios de signo político alteren el equilibrio de las cuentas públicas.
Al momento del anuncio, el proyecto fue presentado como parte del paquete de reformas que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso. Su aprobación dependerá del debate legislativo y de la obtención de mayorías en ambas cámaras, por lo que el texto aún podría sufrir modificaciones durante su tratamiento.
La propuesta de Grillete Fiscal representa uno de los cambios institucionales más ambiciosos impulsados por el Gobierno de Javier Milei. Su objetivo es convertir el equilibrio fiscal en una obligación legal permanente, incorporando mecanismos automáticos para impedir la persistencia del déficit público.
Mientras el oficialismo la presenta como una herramienta destinada a evitar nuevas crisis inflacionarias y fortalecer la credibilidad económica del país, sus críticos advierten que podría restringir la capacidad del Estado para responder a situaciones excepcionales y abrir un intenso debate constitucional sobre los límites de la política fiscal.
]]>Según el texto al que accedieron distintos medios, las reformas se concentran en cuatro ejes:
A esto se suma un capítulo sobre tierras rurales: el proyecto discute que sean las provincias, y no la Nación, las que definan los límites para la compra de tierras por parte de extranjeros, eliminando la restricción nacional vigente del 15%. También se abordan cambios en materia de expropiaciones y en el control de recursos considerados estratégicos.Otro punto es la modernización registral: la propuesta impulsa cambios en la Ley de Propiedad Inmueble, apuntando a mayor digitalización de los procesos, reducción de plazos y mayor integración entre Nación y provincias.
Este proyecto se enmarca en una agenda más amplia que arrancó meses antes. En marzo, Milei ya había anunciado un cambio a la Ley de Expropiaciones, argumentando el caso YPF: sostuvo que una resolución judicial adversa le hubiera costado al país 18.000 millones de dólares y afirmó que buscaba que «la propiedad privada» nunca más pudiera «ser puesta en tela de juicio» en el país.
Sectores afines al oficialismo sostienen que la iniciativa fortalece un pilar constitucional. Un editorial reciente plantea que la propiedad privada es uno de los pilares de la Constitución Nacional y de la seguridad jurídica necesaria para atraer inversiones, generar empleo y promover el desarrollo, y vincula el debate con la protección de activos estratégicos nacionales frente a nuevas formas de pérdida de soberanía que no pasan por lo territorial.
Del otro lado, distintas voces —incluidas cooperativas y organizaciones sociales— cuestionan duramente el proyecto. Un análisis crítico sostiene que la norma desmantela la Ley de Expropiaciones, afecta a empresas recuperadas mediante desalojos acelerados y termina validando la acumulación de tierras y recursos por parte de actores poderosos, en lo que describen como una ley que, más que proteger al ciudadano común, golpea a la propiedad pública y social.
En el propio Senado, la oposición manifestó distintos cuestionamientos a la iniciativa durante el debate en comisiones y anticipó la elaboración de un dictamen propio, frente a las modificaciones que el oficialismo, a través de Bullrich, buscaba incorporar para avanzar con la firma de un dictamen de mayoría.
El proyecto todavía no tiene los votos asegurados: avanza en la Cámara de Senadores pero, hasta el momento del debate en comisiones, no contaba con los votos necesarios, en un contexto de falta de consenso político. Se espera que la discusión se retome formalmente en la sesión del 6 de agosto.
]]>La medida modifica la norma vigente para ampliar las causales de inadmisión y deportación, incorporando sanción a delitos, discursos de odio y ofensas a símbolos patrios.
BUENOS AIRES — En el marco de un giro definitivo en las políticas migratorias y de seguridad nacional, el presidente Javier Milei firmó un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reforma aspectos sustanciales de la Ley de Migraciones N° 25.871. La normativa amplía los márgenes de discrecionalidad y acción del Ejecutivo para cancelar residencias, denegar el ingreso al territorio y acelerar los procesos de deportación.
La decisión del Gabinete nacional busca revertir la flexibilidad normativa previa y reforzar la soberanía nacional bajo el axioma del Gobierno: «El que las hace, las paga»
La nueva regulación contempla cambios drásticos tanto en el ámbito penal como en el plano de la convivencia institucional:
Endurecimiento en materia penal: Queda prohibido el ingreso a cualquier ciudadano extranjero que posea condenas o antecedentes penales en su país de origen. Asimismo, todo extranjero que cometa un ilícito en territorio argentino —independientemente del monto de la pena asignada— quedará sujeto a la cancelación inmediata de su residencia y deportación posterior.
Requisito de antecedentes limpìos: Se elimina el umbral anterior de cinco años que otorgaba cierto margen de juzgamiento, permitiendo actuar de manera directa ante ilícitos menores o de carácter transitorio.
Mensajes de odio y ultraje a símbolos patrios: Mediante el Decreto 681/2026, el Ejecutivo incorporó al artículo 29 de la Ley de Migraciones causales específicas que habilitan a retirar la residencia o impedir la entrada a quienes inciten al odio, la violencia o la discriminación contra el pueblo argentino, o realicen actos de ultraje a los símbolos patrios.
Uso de servicios públicos y arancelamiento: La reestructuración encomienda a las provincias e instituciones el arancelamiento de servicios de salud para residentes transitorios o irregulares, exigiendo seguros médicos de cobertura, así como la facultad de fijar cuotas universitarias para extranjeros no residentes.
Según se detalla en la normativa, se modifica la Ley de Migraciones N° 25.871 para incorporar una nueva causal de inadmisión y expulsión para extranjeros que dirijan o inciten mensajes de odio, discriminación o violencia contra el pueblo argentino, o que participen en actos de ultraje a los símbolos patrios. La medida no distingue entre quienes intentan ingresar al país y quienes ya residen en él: si la persona ya reside en el territorio, el Estado podrá cancelar su residencia y disponer su expulsión.
El texto oficial precisa además que, antes de aplicar la sanción, deberán evaluarse las circunstancias de cada caso: la decisión podrá conllevar la intimación a abandonar el país dentro de un plazo determinado o directamente la expulsión, para lo cual deberán considerarse las circunstancias personales y los hechos atribuidos al extranjero.
Para respaldar jurídicamente la medida, el Ejecutivo invocó un antecedente de la Corte Suprema que reconoce a todo Estado soberano la potestad de fijar las condiciones de ingreso de extranjeros a su territorio. Según distintas coberturas, el propio decreto aclara que las críticas o el disenso ideológico quedan fuera del alcance de la norma, que apunta específicamente a expresiones de odio o violencia.
El decreto llega en medio de la tensión generada por lo que la Casa Rosada calificó como una «campaña antiargentina», surgida después de la actuación de la Selección en el Mundial 2026. Entre los episodios que alimentaron la polémica se mencionan el banderazo por Malvinas durante el partido Argentina-Inglaterra y distintos incidentes con hinchas registrados en Atlanta.
La Oficina del Presidente vinculó explícitamente la decisión con ese clima de hostilidad y sostuvo que la defensa de la soberanía y de los símbolos nacionales no admite negociación. El propio Milei fue citado con una frase contundente: quien ataque a la Argentina no será bienvenido en el país.
Al tratarse de un DNU, la medida ya está vigente pero debe pasar el control del Congreso. El decreto será girado a la Comisión Bicameral Permanente, que tendrá que expedirse sobre su validez y elevar su dictamen al plenario de ambas cámaras, las cuales deberán tratarlo dentro de los diez días hábiles siguientes.
La norma fue rubricada por Milei junto a la totalidad del gabinete, incluido el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
La medida generó de inmediato un debate jurídico sobre su alcance y su constitucionalidad. Consultado por el tema, el abogado constitucionalista Félix Lonigro señaló que, si bien nadie podría objetar el contenido de fondo de la medida —ya que el país tiene amplia potestad para regular el ingreso de extranjeros—, sostuvo que una expulsión de este tipo debería estar respaldada por una ley del Congreso y no únicamente por un decreto presidencial, dado que se trata de una restricción a derechos.
Desde la Dirección Nacional de Migraciones buscaron bajarle tensión al anuncio. Un delegado del organismo en Neuquén, Ricardo Leszczynski, remarcó que la Argentina mantiene una tradición de apertura hacia los extranjeros y que la medida no busca cerrarles la puerta, sino exigir que respeten las normas vigentes.
]]>El proyecto contempla una serie de modificaciones de gran impacto.
Uno de los cambios más importantes es la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Según el Gobierno, las elecciones primarias representan un gasto elevado para el Estado y, en muchos casos, funcionan únicamente como una gran encuesta financiada con recursos públicos.
Los defensores de las PASO sostienen, en cambio, que permiten democratizar la selección de candidatos dentro de los partidos y brindan igualdad de oportunidades para competir.
Otro eje del proyecto modifica la forma en que se financian las campañas electorales.
Entre otras medidas, se propone reducir o eliminar distintos aportes estatales destinados a las campañas, otorgando un mayor protagonismo al financiamiento privado, siempre bajo mecanismos de control establecidos por la ley.
Para el oficialismo, esto significa disminuir el gasto público. Sus críticos advierten que podría aumentar la influencia de intereses económicos sobre la política.
La iniciativa también incorpora el criterio conocido como Ficha Limpia, que impediría ser candidatos a personas que cuenten con determinadas condenas judiciales confirmadas en segunda instancia.
Se trata de uno de los puntos con mayor consenso social, aunque continúa generando discusiones jurídicas y políticas respecto de su alcance y aplicación.
Además, el Gobierno impulsa modificaciones en las reglas para la conformación de alianzas y frentes electorales. Entre las alternativas debatidas aparecen mecanismos que permitirían nuevas formas de presentación de listas, incluyendo el regreso de las llamadas listas colectoras, una herramienta utilizada en elecciones anteriores y que genera posiciones encontradas entre especialistas y partidos políticos.
Desde la Casa Rosada sostienen que la reforma apunta a:
El proyecto forma parte de una estrategia institucional más amplia impulsada por el Poder Ejecutivo con vistas a las elecciones presidenciales de 2027.
Los sectores opositores y diversos analistas plantean que algunas modificaciones podrían favorecer al oficialismo y dificultar la organización de las fuerzas políticas más pequeñas.
También existen cuestionamientos sobre el aumento del financiamiento privado y sobre la conveniencia de eliminar las PASO sin establecer un mecanismo alternativo para la selección democrática de candidatos.
La reforma aún debe ser debatida por el Congreso, donde el oficialismo necesita reunir los apoyos suficientes para convertir el proyecto en ley. Es probable que el texto original sufra modificaciones durante su tratamiento legislativo, producto de las negociaciones entre los distintos bloques políticos.
La propuesta de reforma electoral representa uno de los cambios institucionales más importantes de los últimos años. La eliminación de las PASO, las modificaciones en el financiamiento de las campañas, la incorporación de Ficha Limpia y los cambios en las reglas de competencia electoral podrían transformar significativamente la forma en que los argentinos eligen a sus representantes.
Como ocurre con toda reforma política, su impacto dependerá no solo del texto definitivo que apruebe el Congreso, sino también de cómo esas nuevas reglas influyan en la calidad de la democracia y en la participación ciudadana.
]]>El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó una nueva versión del proyecto, con cambios importantes respecto de la original, y el Poder Ejecutivo lo enviará al Congreso para que se debata después del receso invernal.
Si el nombre te suena raro, no estás solo. Acá te lo explicamos en criollo: qué busca esta ley, qué cambió en esta segunda versión y qué significa para alguien que tiene ahorros «no declarados».
Se calcula que los argentinos guardan una suma enorme de dólares fuera del sistema bancario, muchas veces literalmente en la casa. Ese dinero no está «blanqueado»: no fue declarado ante el fisco (ARCA, la ex AFIP).
El objetivo de la ley es simple: que esas personas puedan empezar a usar esos ahorros —para comprar una propiedad, ponerlos en un banco, invertirlos— sin tener que explicar de dónde salió la plata ni exponerse a que el fisco los investigue por eso.
Caputo lo resumió así: ese ahorro guardado pierde poder de compra y, mientras tanto, el país se queda sin una fuente de inversión que podría financiar desde pymes hasta obras de infraestructura.
La herramienta central se llama el «tapón fiscal». En criollo: es una protección que impide que ARCA le pregunte a una persona de dónde sacó la plata, siempre que se cumplan ciertos requisitos de la ley. Funciona a través de un Régimen Simplificado de Declaración Jurada de Ganancias: en vez de detallar todo el patrimonio inicial y final del año, el contribuyente presenta una declaración más simple, y esa sola adhesión ya lo protege.
La primera versión de la ley, aprobada a principios de año, tuvo poca adhesión. Contadores y especialistas en impuestos le marcaron varios problemas al Gobierno, y por eso ahora aparece esta reformulación. Los puntos más importantes:
1. Se eliminan los topes para entrar al régimen. Antes solo podían sumarse quienes ganaban hasta $1.000 millones al año y tenían un patrimonio de hasta $10.000 millones. Con el cambio, esos límites desaparecen y pueden entrar muchos más contribuyentes, siempre que sean residentes fiscales en el país y no estén categorizados como «Gran Contribuyente Nacional».
2. La carga de la prueba pasa a ARCA. Hasta ahora, si el organismo sospechaba de una inconsistencia, el contribuyente tenía que salir a demostrar que todo estaba en orden. Con el nuevo texto, es al revés: es ARCA quien tiene que demostrar, con información concreta, que hay un problema. Además, se limita el uso de depósitos bancarios como excusa automática para sospechar de evasión.
3. Se define mejor qué es una «discrepancia significativa». Solo se considera que hay un problema cuando la diferencia entre lo declarado y lo que detecta ARCA supera un porcentaje relevante (cercano al 5% del monto que marca la ley para la evasión simple). Si la diferencia es menor, no se pierden los beneficios. Y si el contribuyente corrige su declaración y paga la diferencia dentro de los 15 días hábiles de la notificación, tampoco pierde el «tapón fiscal».
4. Luz verde para las operaciones inmobiliarias en efectivo. Uno de los puntos más discutidos: mucha gente compra o vende propiedades en dólares en efectivo, y eso generaba dudas sobre si esas operaciones quedaban protegidas por la ley. La nueva redacción aclara que los pagos en efectivo hechos ante escribano (con escritura pública) sí son compatibles con los beneficios del régimen.
5. La adhesión cuenta como «buen antecedente» ante bancos y escribanos. El proyecto establece que haber entrado al régimen debe ser tomado en cuenta como un dato favorable por bancos, escribanos y otros actores obligados a controlar el origen de fondos por las normas contra el lavado de dinero (los famosos controles de la UIF, la Unidad de Información Financiera).
6. Garantías extra para el contribuyente. Si ARCA determina que alguien debe pagar algo y esa decisión después se anula (en la Justicia o en una instancia administrativa), el organismo tiene 45 días hábiles para devolver la plata con los intereses correspondientes.
Ojo con esto, porque generó confusión: que la ley de Ganancias te proteja no significa que un escribano vaya a dejar de pedirte que expliques de dónde sacaste la plata para comprar una propiedad. La UIF, que es el organismo que controla el lavado de dinero, tiene sus propias normas y no las modificó. Así que, en la práctica, muchos escribanos van a seguir pidiendo la misma documentación de siempre para operaciones inmobiliarias, más allá de que el comprador esté adherido al régimen.
El proyecto ingresa esta semana al Congreso y se espera que se debata después del receso invernal. Como pasó con la primera versión, es probable que en el tratamiento legislativo aparezcan nuevas modificaciones. Mientras tanto, el Gobierno también prorrogó hasta el 27 de agosto el plazo para presentar la declaración jurada de Ganancias de las personas humanas, aunque el vencimiento para pagar sigue siendo el 27 de julio.
Nota: este proyecto aún debe ser tratado por el Congreso, por lo que los detalles pueden sufrir modificaciones antes de convertirse en ley definitiva.
]]>Los cinco puntos clave que estructuran el proyecto son los siguientes:
La ley vigente (de 2012) establece que el BCRA tiene múltiples mandatos, tales como promover el empleo, el desarrollo con equidad social y la estabilidad financiera. La reforma elimina estas atribuciones para concentrar al banco en un único fin prioritario: la estabilidad de precios y la preservación del valor de la moneda.
Se prohíbe de forma taxativa la emisión de dinero para asistir financieramente al Tesoro Nacional. Para asegurar su cumplimiento, el proyecto contempla incluso la posibilidad de sanciones penales para los funcionarios que violen esta restricción.
Busca asegurar que el Directorio de la entidad opere con total independencia de los giros políticos de turno. Se plantean reglas más estrictas para el nombramiento y la remoción de sus autoridades (con el debido acuerdo del Senado), evitando que el Poder Ejecutivo pueda removerlos de manera discrecional.
Durante años, el Estado utilizó las «utilidades ficticias» (ganancias contables o no realizadas) generadas por la devaluación como una vía para hacerse de pesos frescos. La reforma frena esto: las utilidades derivadas de títulos públicos se destinarán a fortalecer el patrimonio del propio BCRA, y solo se abriría la puerta al reparto de dividendos si la inflación cae por debajo de un umbral muy estricto.
Con la idea de sanear de forma definitiva el balance del Banco Central, la iniciativa promueve la eliminación gradual de las Letras Intransferibles (títulos sin liquidez de mercado colocados en el activo del BCRA a cambio de reservas reales durante gestiones anteriores).
]]>La mirada de fondo: El oficialismo defiende este paquete de reformas argumentando que es una herramienta histórica para erradicar la inflación a largo plazo, de modo que ningún gobierno futuro pueda recurrir a la emisión descontrolada. Por otro lado, la oposición y economistas heterodoxos advierten que dejar al BCRA sin herramientas de intervención podría limitar al Estado ante crisis sistémicas de liquidez o de empleo.
La obra está construida a partir de siete piezas autónomas que dialogan entre sí hasta conformar un único mapa emocional de la sociedad contemporánea. Lejos de entenderse como escenas independientes, cada una funciona como un espejo donde se refleja una fractura distinta: el miedo compartido, la identidad, la soledad no elegida, la violencia cotidiana, la necesidad de pertenecer, el acoso laboral o la hiperconectividad. No existe una trama lineal; existe un recorrido de pensamiento. Esa arquitectura convierte el espectáculo en una experiencia de acumulación simbólica que termina construyendo una única pregunta sobre nuestra forma de convivir.
La pieza se articula como una dramaturgia fragmentaria: cada escena posee autonomía dramática, pero todas laten como un mismo organismo. No estamos ante una sucesión de relatos, sino ante una composición donde cada fragmento deja suspendida una pregunta que continúa resonando en la siguiente escena. ¿Cómo es posible la soledad en medio de la hiperconectividad? ¿Cómo operan esas violencias que nunca llegan a nombrarse? ¿Qué ocurre cuando vivimos al lado de alguien, pero nunca llegamos realmente a encontrarnos? ¿Cómo convivimos con aquello que no fuimos capaces de ser? Y, atravesándolo todo, emerge la gran pregunta que sostiene el espectáculo: ¿qué herida compartimos como sociedad y por qué seguimos empeñados en ocultarla?
Uno de los aspectos más interesantes de Momentos Imprevistos reside precisamente en su proceso de creación. La dramaturgia no nace encerrada en un escritorio para después ser ilustrada por los intérpretes. Ocurre exactamente lo contrario. La escritura emerge de un proceso de investigación desarrollado junto al elenco mediante la improvisación, convirtiendo el escenario en el verdadero laboratorio de la obra. Esa metodología permanece visible en el resultado final: los diálogos respiran autenticidad, las acciones escénicas parecen surgir de una experiencia vivida y cada interpretación evita el artificio para situarse en un territorio de escucha y presencia.
Las siete piezas desarrollan ese discurso desde símbolos de gran potencia. En Abismo, una cuerda suspendida sobre un vacío imaginado convierte el miedo en una construcción colectiva y nos pregunta si el verdadero límite se encuentra fuera o dentro de nosotros. Dos carpinteras intentan desmontar la identidad que heredaron para descubrir si es posible despedirse de quienes fueron. La parada transforma la espera cotidiana en una estremecedora metáfora de la soledad no elegida en la vejez. El cubo convierte el desgaste afectivo de una pareja en una imagen física del conflicto normalizado. Otra pieza desnuda la violencia silenciosa que supone vivir tratando de encajar en una identidad aceptable para los demás. El acoso laboral aparece como una erosión lenta que termina siendo interiorizada por quien la sufre.
Finalmente, Phubbing muestra once cuerpos compartiendo un mismo sofá sin compartir un mismo mundo, revelando la paradoja de una sociedad que nunca estuvo tan conectada y, al mismo tiempo, tan sola.
Desde el punto de vista formal, la propuesta demuestra una notable coherencia entre lenguaje y contenido. La voz deja de ser un simple vehículo del texto para convertirse en una auténtica partitura dramática; el cuerpo expande el sentido, prolongando o contradiciendo aquello que las palabras no alcanzan a expresar; y el audiovisual dialoga con la escena sin imponerse sobre ella, convirtiéndose en una capa narrativa más y nunca en un mero recurso decorativo. Todo responde a una misma respiración escénica donde dramaturgia, iluminación, música, interpretación y videoarte forman un único organismo expresivo.
Existe, sin duda, un riesgo en esta propuesta. Su densidad simbólica exige un espectador activo, dispuesto a construir significado y a convivir con la incertidumbre. Sin embargo, precisamente ahí reside su mayor coherencia. Momentos Imprevistos no busca respuestas; abre espacios de pensamiento. Y en esa decisión hay mucho más que un gesto estético: hay una postura ética que reivindica el teatro como un lugar donde una comunidad puede detenerse a pensar sobre sí misma.
En un panorama escénico donde abundan las obras que explican el mundo, Daniel Lavella propone una creación que prefiere escucharlo. Y esa diferencia resulta esencial. Porque, al terminar la función, uno no sale con respuestas bajo el brazo, sino con la incómoda sensación de que muchas de las preguntas planteadas sobre el escenario también le pertenecen. Quizá esa sea la mayor virtud de Momentos Imprevistos: recordarnos que el teatro sigue siendo uno de los pocos lugares donde una comunidad puede reunirse para pensar junta aquello que, por separado, apenas se atreve a nombrar.
Pablo Aisemberg
]]>En el universo condensado de Microteatro, donde el tiempo es oro y la cercanía con el espectador es total, surge una pieza que logra capturar la esencia del anhelo humano con una sensibilidad exquisita: Quiero ser una estrella de Rock.
El texto de Fabrizio Origlio es, sin duda, el motor de esta experiencia. Escribir para el formato breve requiere una precisión de cirujano, y Origlio demuestra una maestría notable al construir un arco dramático completo en apenas 15 minutos.
El guión no se queda en la superficie de la parodia; explora la vulnerabilidad de quien se atreve a investigar su propia historia. Los diálogos fluyen con una musicalidad natural, alternando momentos de humor sutil con ráfagas de una melancolía que golpea directo al corazón.
Si el guión es la partitura, el elenco es quien la eleva a la categoría de himno. Es un privilegio presenciar el encuentro de dos generaciones en un espacio tan íntimo.
Raúl Rizzo: El actor domina el espacio con una naturalidad apabullante. Su interpretación huye de los excesos, apostando por una verdad que se lee en sus ojos y en la cadencia de su voz. Logra dotar a su personaje de una dignidad conmovedora, habitando al rockero que pudo ser con una fragilidad que desarma.
Catalina Motto: La pieza alcanza su equilibrio perfecto gracias a la labor de Motto. No es tarea sencilla acompañar a un actor de la talla y el peso escénico de Rizzo, pero ella lo hace con una solvencia y un carisma admirables. Su actuación aporta la contraforma necesaria, estableciendo un juego de complicidad que sostiene la tensión dramática de principio a fin. Motto demuestra una gran inteligencia actoral, sabiendo cuándo ceder el paso y cuándo brillar con luz propia.
Quiero ser una estrella de Rock es una pequeña joya que brilla por su solidez. La sinergia entre la trayectoria de Rizzo y la frescura de Motto, bajo la pluma de Origlio, convierte a esta obra en una cita obligada. Es un homenaje a los deseos que no mueren y una prueba de que el gran teatro también se encuentra en los formatos más pequeños.
Ubicación: Serrano 1139 – Palermo, CABA
Entradas: entradas.microteatro.com.ar
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