Advertise with Googlier.com Diario de Moscú https://blogs.lavanguardia.com/moscu Wed, 13 Nov 2013 13:06:35 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 Mi pequeña Torre Eiffel https://blogs.lavanguardia.com/moscu/mi-pequena-torre-eiffel-78250 Wed, 13 Nov 2013 12:58:12 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=672 Ya sé que hay pocas cosas en el mundo que se puedan comparar con la Torre Eiffel. Pero cada mañana, andando a paso ligero tras el tranvía que viaja hacia el sur y que pasará bordeando el monasterio Donskói, puedes … Sigue leyendo →

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La Torre de Shújov, con Moscú a punto de amanecer (G. Aragonés)

La Torre de Shújov, con Moscú a punto de amanecer (G. Aragonés)

Ya sé que hay pocas cosas en el mundo que se puedan comparar con la Torre Eiffel. Pero cada mañana, andando a paso ligero tras el tranvía que viaja hacia el sur y que pasará bordeando el monasterio Donskói, puedes contemplar otra estructura metálica tan emblemática en Moscú como el famoso símbolo parisino. Aquí, donde modestia falta, dicen que en París tienen una torre parecida a la nuestra.

Son los turistas quienes allí contemplan con más atención la de Eiffel. La de Shújov, por el contrario, forma parte del paisaje que ven los oficinistas que al despuntar el alba llegan a la calle Shábolovka y que, como yo, se han transformado en peripatéticos personajes nocturnos por culpa del señor Medvédev y del equinoccio de otoño.

La calle Shábolovka, los tranvías y dos torres apuntando al cielo (G. A.)

La calle Shábolovka, los tranvías y dos torres apuntando al cielo (G. A.)

Paseando desde el centro, y con el calor del día levantándose tras el horizonte de los edificios, se puede disfrutar de un hermoso amanecer en Moscú.

El tranvía tintineando a tu vera, las mujeres taconeando en la acera de asfalto, las últimas bombillas todavía parpadeando y dos torres apuntando al cielo: la de la vetusta y blanqueada iglesia de la Trinidad y la de Shújov, que seguirá allí, omnipresente, durante toda la caminata. Por encima del campanario ortodoxo se deja ver el refulgir de los primeros rayos, y entre ellos el acero de la torre hiperbólica que en 1919 dibujó el ingeniero ruso más famoso del mundo.

En el papel, la construcción tenía que ser más alta que la francesa. Pero en la realidad de la joven revolución soviética, la que se terminó en 1922 para servir de antena a la radio del Komintern se quedó mucho más pequeña.

Forma parte Vladímir Shújov de la cantera científica rusa que, olvidada a veces por una vida excesivamente occidentalizada, ha contribuido al desarrollo del mundo moderno. El primer oleoducto construido en el Imperio Ruso, en la actual Azerbaiyán, lleva también su firma.

El GUM, junto a la plaza Roja, cuya cubierta es obra de Vladímir Shújov (G. A.)

El GUM, junto a la plaza Roja, cuya cubierta es obra de Vladímir Shújov (G. A.)

Sus estructuras de acero supusieron una revolución para el diseño industrial como soporte de la arquitectura. Y su herencia puede verse hoy en construcciones como el Teatro de la Ópera de Pekín, el patio interior del Museo Británico, la torre de televisión de Cantón o la nueva torre de control del aeropuerto de Barcelona-El Prat. Formaron parte también de los más de 180 puentes que levantó, de torres para depósitos de agua o de combustible, del faro de Adziogol (en el estuario del Dniéper), o del minarete de Ulugh Beg en Samarcanda, su último trabajo, de 1933.

Monumento al ingeniero Shújov, en otra parte de la ciudad, en el bulevar Srétenski, frente a las oficinas centrales de la petrolera Lukoil (G. A.)

Monumento al ingeniero Shújov, en otra parte de la ciudad, en el bulevar Srétenski, frente a las oficinas centrales de la petrolera Lukoil (G. A.)

En Moscú dejó muchos más que, como mi torre favorita, siguen en pie. La cubierta de las galerías GUM, junto a la plaza Roja, por ejemplo; o la estación de Kíev, el enorme hall de la Oficina Central de Correos o el antiguo Garaje de autobuses Bajmétevski, en colaboración con otro genio, el arquitecto Konstantín Mélnikov. Harán falta más paseos para contemplarlas todas.

 

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Moby Dick https://blogs.lavanguardia.com/moscu/moby-dick-65107 Thu, 24 Jan 2013 18:37:49 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=668 El invierno de Moscú es un monstruo blanco y terrible. Huidizo, es imposible saber dónde se encuentra aunque todo el mundo hable de él. Admirado, no hay nadie que no quiera encontrárselo… al menos para sentir la violenta experiencia de … Sigue leyendo →

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El invierno de Moscú es un monstruo blanco y terrible. Huidizo, es imposible saber dónde se encuentra aunque todo el mundo hable de él. Admirado, no hay nadie que no quiera encontrárselo… al menos para sentir la violenta experiencia de mirarle de frente una vez en la vida. Y traicionero: aparece el leviatán cuando nadie le espera y se abalanza con sus gripes y resfriados, más de 20 grados bajo cero, dispuesto a embestir y hundir la goleta mejor pertrechada.

El monstruo es ondulado, formado por montones de nieve, acumulada tras varias semanas de tempestad. Es como si en medio de la calma más absoluta, cuando la ciudad todavía se recupera del ataque, nos enseñara su enorme corpulencia, orgulloso de su fuerza.

Darle caza y abatirle se antoja tarea imposible. Ni siquiera el capitán más bregado, el médico jefe Gennadi Oníschenko, parece lograr su objetivo. Las vacunas, las prevenciones sanitarias y los avisos a la población no son más que arpones que el terrible invierno esquiva cada año. ¡Ni pata de palo ni genio de mil demonios pueden con él!

Toda la ciudad es como la cubierta de un ballenero en su obsesiva persecución. Los moscovitas siguen yendo a sus ocupaciones como pueden, protegidos con pieles o plumas, agachándose o agarrándose a cualquier gavia cuando sopla el viento helado. Y los servicios municipales apartan la nieve con camiones o con palas, como los marineros achicaban el agua que anegaba las bodegas.

En la persecución del monstruo, el contramaestre se ocupa del trabajo y la salud de sus hombres. Y aquí las fábricas y las oficinas mantienen sus luces encendidas, los museos y los teatros abren sus amplios guardarropas, los colegios y universidades siguen su rutinaria misión, los hospitales alerta y los pediatras, de casa en casa. Antibióticos y jarabes, y no olvides las vitaminas. Mandarinas. Cebolla y ajos.

El verdadero invierno ruso tiene que ser frío y soleado. Pero cuando se divisa el furioso monstruo blanco en lontananza, diciembre y enero son demasiado fríos y el sol parece estar tan lejos que llamar a eso luz sería describir una quimera.

Sueñan los rusos con este mundo blanco en otoño, y en invierno enferman de nostalgia pensando en la primavera. Moscú no tiene mar, pero es mejor barco que el Pequod de Herman Melville. Y a mí, si queréis, podéis llamarme Ismael.

 

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Quioscos https://blogs.lavanguardia.com/moscu/quioscos-93794 Sat, 24 Nov 2012 17:30:47 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=660 A pesar de los habituales laberintos burocráticos, la institución más hermética de Rusia es, sin ninguna duda, el quiosco. Allí donde se venden frutas tropicales y sandías, libros y revistas, juguetitos, golosinas y crucigramas, parece que custodiaran los archivos más … Sigue leyendo →

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A pesar de los habituales laberintos burocráticos, la institución más hermética de Rusia es, sin ninguna duda, el quiosco. Allí donde se venden frutas tropicales y sandías, libros y revistas, juguetitos, golosinas y crucigramas, parece que custodiaran los archivos más secretos de la KGB.

Hasta su pequeño ventanuco de cristal hay que acercarse con sigilo. En la peor parodia de una escena de John le Carré durante la guerra fría, no sabemos lo que vamos a descubrir. Si el vendedor es amable, se puede conversar un poco con él, pero estirando el cuello… como si se nos fuera a desencajar la mandíbula; o, ¡mal fario!, metiendo la cabeza en el hueco de la guillotina. Si no lo es, la única razón para que te mire a los ojos será para soltarte un “¡Noooo!” o para darte con la ventana en las narices. Sobre todo si es invierno y esa mañana te levantaste con ganas de hablar del tiempo.

No se le ocurra al lector de periódicos insistir cuando el jefe o la jefa del lugar se haya puesto las gafas sobre la punta de la nariz y haya cogido un bolígrafo. La contabilidad, que significativamente se anuncia en un papel usado escrito a boli y pegado con celo en el cristal, es sagrada. Y aunque ese complicadísimo proceso mental y matemático tenga que hacerse a mediodía o en plena hora punta, poco importa el mundo exterior. Cerrado a cal y canto, significa. “¿Que no sabe leer?”

Un quiosco en Moscú es una fortaleza. Y el puente levadizo sólo se baja cuando se pone el dinerito encima de la omnipresente bandeja de plástico. Por norma el quiosquero es desconfiado, y no suelta el papel hasta que no siente que las monedas tienen vida propia.

Si no me entran de repente unas ganas irresistibles de tocar papel impreso, rara es la vez que me paro frente a este tipo de quioscos para comprar un periódico. Aunque acristalados, dentro está todo tan apretado que resulta difícil descifrar cuáles venden aquí. “Ése no nos llega”, o “Se ha agotado”, cuando el sol apenas ha levantado el vuelo.

Y busco los quioscos de las estaciones de tren… amplios, abiertos, acogedores… Mis preferidos son dos que hay en Kíevskaya, junto a la entrada del metro y antes de subir a los andenes de largo recorrido. Creo que me gustan tanto esos dos quioscos porque en realidad no son quioscos, sino un exquisito banquete de noticias. La mesa es tan ancha que parece una barra de bar en la que el quiosquero se ha transformado en camarero. Así que te puedes imaginar estar tomando una jarra de cerveza en el pub más ruidoso de la ciudad.

Por supuesto, no se pueden hojear, que para eso ya están los grandes almacenes, donde los días de enorme necesidad puedo manosear las revistas antes de ponerlas bajo el brazo y llevarme a casa todos los secretos de la KGB.

 

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La canción de la estación https://blogs.lavanguardia.com/moscu/la-cancion-de-la-estacion-95299 Tue, 13 Nov 2012 17:52:38 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=657 Desde hace muchos años, cada vez que regreso en tren a Moscú, oigo la misma canción. La música comienza ya dentro del confortable vagón, mientras los pasajeros recogen sus equipajes, pegan el último bostezo y empiezan a estirar las piernas. … Sigue leyendo →

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Desde hace muchos años, cada vez que regreso en tren a Moscú, oigo la misma canción. La música comienza ya dentro del confortable vagón, mientras los pasajeros recogen sus equipajes, pegan el último bostezo y empiezan a estirar las piernas. Tímidos redobles de tambores, más atrevidos cuando aparecen las trompetas secundadas luego por toda la orquesta.

Sigue una melodía tranquila que acompaña a un relato histórico, como si el moderno juglar glosara hazañas heroicas que todo el mundo conoce. Con el pie en el andén, el estribillo se lanza al galope justo encima de tu cabeza, saltando como un pura sangre desde todos los megáfonos de la estación.

Москва- звонят колокола!
Москва- златые купола!
Москва- по золоту веков
Проходит летопись времен!

Adelantándose a los primeros abrazos, la capital rusa da la bienvenida a los viajeros con esta canción de Oleg Gazmánov. En la estación de Leningrado suena tan fuerte que uno parece estar en un desfile militar, ¡una jubilosa parada militar!

No tengo nada que objetar: mientras arrastras la maleta por el interminable andén, es mejor despertarse al quinto levanta que al “¿Taxi?, ¿necesita un taxi? ¿Habitación?” O con el “¡Kiwis! ¡Piñas! ¡Kiwis! ¡Piñas!” de las vendedoras ilegales de fruta cuando sales de la estación para buscar la boca del metro.

A pesar de todo el tiempo que llevamos tatareando la canción, a alguien se le ha ocurrido ahora que no le gusta. Lo ha contado en su cuaderno de bitácora y se lo ha comunicado al mundo… y ha resultado que había muchos más a los que tampoco gustaba la canción, pero no se habían dado cuenta hasta ahora.

En los tiempos que corren, nada parece pasar con éxito el filtro de internet, y más cuando a esta apisonadora nuestra se le cruzan los cables.

Argumento-corto circuito: la canción representa la Moscú del anterior alcalde, el señor Luzhkov, hoy caído en desgracia en todos los foros y mentideros políticos, y prácticamente olvidado. Propuesta-relámpago: que se ponga otra canción, más acorde con la Moscú del nuevo regidor. Uno puede estar de acuerdo en que tiene demasiada intensidad, o no la suficiente, que podría haber intérpretes con voces más entregadas, o que a la letra le falta calidad. Pero Moscú sigue siendo la misma se cante como se cante, y a mí me parece que a la canción que me ha despertado durante tantos años le van a pasar la factura de otro sin que siquiera haya catado la comida.

Parece ésta la historia de un bosque lleno de leñadores ociosos, que pasean todas las mañanas entre los árboles con un hacha que nunca han utilizado. No cortan ningún árbol, porque entre los de su oficio corre la creencia de que si cortas el equivocado no verás más la montaña. Un día, un veterano leñador señala un árbol y dice que ése sí se puede cortar, y de repente una horda de leñadores salidos vaya usted a saber de dónde hace astillas el árbol, sin preguntarse si no habría sido más sensato sacar unos buenos tableros de madera.

Discute Moscú cuál es la mejor canción para sus estaciones. Misión imposible. La que me pongas, me va a encantar.

 

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Y la boca se les llenó de baches https://blogs.lavanguardia.com/moscu/y-la-boca-se-les-lleno-de-baches Sat, 28 Jul 2012 10:42:16 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=649 Aquí todo el mundo sabe que, según el dicho popular, “los tontos y los caminos” (durakí i dorogui) son los principales problemas de Rusia. Seguro que el primero es un falso mito, pero con el segundo muy pocos pueden ser … Sigue leyendo →

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Aquí todo el mundo sabe que, según el dicho popular, “los tontos y los caminos” (durakí i dorogui) son los principales problemas de Rusia. Seguro que el primero es un falso mito, pero con el segundo muy pocos pueden ser tan benevolentes como yo. En Ekaterimburgo se han cansado de que el asfalto esté lleno (¿sería mejor decir vacío?) de baches y se lo han recordado a los remolones políticos de una forma curiosa y artística.

Un día de esta semana por la mañana los baches de la calle habían cambiado. Donde antes había un agujero estaba ahora la boca del alcalde o del gobernador de la provincia de Sverdlovsk. Estas caricaturas gigantes, dibujadas por artistas anónimos protegidos por la noche, recordaban que hace años los políticos prometieron darle al hormigón y rellenar de negro las agujereadas calles de esta ciudad de los Urales.

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Unas caricaturas se han convertido en una efectiva forma de protesta en Ekaterimburgo.

Junto al dibujo del jefe dela Administración local, Alexánder Yákob, también se escribió una promesa incumplida: “Pondremos todas las calles en orden”. El antiguo empedrado, que se podía ver a través de la boca del dibujo, demostraba que esta vez las palabras se las llevó el tiempo.

Al lado de la caricatura del gobernador, Evgueni Kúivashev, lo que prometió: “La reconstrucción de las carreteras es nuestra principal tarea”. Y al alcalde Evgueni Porunov blanco sobre negro se le recordaba que había prometido que los baches estarían arreglados hace tres meses.

Las caricaturas gigantes de las calles de Ekaterimburgo son una muestra de enfado y humor. El señor alcalde, que debe de ser un señor muy serio, muy serio, no ha comprendido esto último, y ha dicho que los dibujos son inapropiados y ensucian la ciudad. Sin embargo, sí ha comprendido lo del enfado, y cuando las fotos de “lectores anónimos” comenzaron a llegar a la redacción de la web www.ura.ru a los funcionarios de la ciudad no les fue difícil hacer un hueco en los presupuestos para arreglar los huecos de las calles.

Esta semana los baches se han arreglado de la noche a la mañana. A primera hora, grupos de operarios se presentaron ante el problema, borraron la caricatura que molestaba al político y taparon el bache que molestaba al ciudadano.

Que “Rusia tiene dos desgracias: los tontos y los caminos” es una frase apócrifa atribuida a varios genios de la literatura satírica del XIX, o Gógol o Saltykov-Shchedrín, entre otros. Han pasado casi dos siglos y no todo ha cambiado.

 

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Una plaza de pueblo https://blogs.lavanguardia.com/moscu/una-plaza-de-pueblo Thu, 28 Jun 2012 06:57:21 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=644 Moscú es un pueblo grande. Pero a la capital rusa le ha faltado siempre una plaza de pueblo. Ya sé que tiene la plaza Roja, pero ésta ha quedado para el poder, para los militares con sus desfiles y para … Sigue leyendo →

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Moscú es un pueblo grande. Pero a la capital rusa le ha faltado siempre una plaza de pueblo. Ya sé que tiene la plaza Roja, pero ésta ha quedado para el poder, para los militares con sus desfiles y para las fotos de los turistas. Y claro que si miras el mapa de la ciudad encontrarás otros sitios donde pone bien claro “ploschad”. Pero en realidad son lugares de paso, cruces de calles atestados de vehículos sin ningún encanto particular, o bien parques llenos de otro encanto.

Cuando hablo de plaza me refiero a un lugar pequeño, redondo, cuadrado o irregular, a gusto del constructor o del alcalde. Tendría que haber algunas tiendecitas para regalar la vista, un pequeño café para el encuentro, donde tomarte un carajillo y abrir el periódico, y también bancos para sentarte, echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos debajo del sol.

Como Moscú no tenía nada de esto, han tenido que inventarlo. Conozco una plaza de verdad, que en realidad no tiene nada de plaza. O, más bien, lo tiene todo. Es el centro comercial AfiMall City, el último grito en esto de vender a la gente lo que con la mano en el corazón nunca querría comprar, de hacerle probar los manjares que ni muerto de hambre querría catar.

Centro comercial CitiAfiMall 1

Tiendas y cafeterías, con bancos y una fuente como las de piedra y caños de toda la vida, en una plaza de pueblo inventada en Moscú. (G. Aragonés)

Hasta ahora no había tenido la oportunidad de acercarme hasta allí. Aunque se encuentra en el centro de la ciudad, todavía queda muy lejos de todos los sitios. Es el centro comercial de la nueva city de Moscú, del barrio de los rascacielos. Pero como la city no está terminada todavía, salvo pisos y pisos de oficinas aéreas que ya funcionan a pleno pulmón y el centro de exposiciones Expocentr, en esa parte de la orilla izquierda del río Moscova no hay en realidad muchas más cosas que ver.

Sales de la novísima estación de metro y, si quieres irte de tiendas, te hacen pasar por un detector de metales. Siempre me ha parecido que estos arcos metálicos en realidad deberían llamarse detector de mentiras, porque cuando pilla a alguien y la máquina se pone a pitar como una loca, el señor o la señora siempre levanta las manos y empieza a decir: “¡Si yo no llevo nada! ¡No llevo nada!” O detector de olvidos, porque casi nunca te acuerdas de sacar el teléfono móvil, el libro electrónico o los chicles con su papel de plata, al parecer el elemento que más hace tilín a los circuitos.

Este proceso para entrar en algunos sitios de Moscú a mí no me pone nervioso. Más bien me parece que estoy entrando a un lugar sagrado, donde se guardan cosas de un valor incalculable. Pero en el AfiMall City, esa sensación de estar llegando a un museo se acrecienta cuando paseo por la primera galería comercial. En las paredes acristaladas de las tiendas más chic se oye el eco de mis pasos. El cuchicheo de una pareja se puede percibir a cien metros de distancia. Y es que, salvo los fines de semana, el enorme centro comercial está prácticamente vacío.

El AfiMall City es espectacular, en algunos sitios podría decir que estrafalario, en otros demasiado romántico, y en muchos aspectos acogedor. Demasiado nuevo para mi gusto, o tan nuevo como a mí me gusta. Pero sobre todo es exageraaaaaaaado.

Centro comercial CitiAfiMall 2

Echas hacia atrás la cabeza... sol y rascacielos. (G.A.)

La plaza del pueblo del AfiMall no tiene soportales. Pero tiene cinco pisos llenos de tiendas para que los ojos te hagan chiribitas. Hay cinco o seis cafeterías donde te dan café importado y crepes de la tierra. El periódico te lo traes de casa. Y también hay bancos, donde sentarte y echar la cabeza hacia atrás. El sol te da en plena cara, porque la plaza está cubierta con un magnífico cielo de cristal. Al lado, una fuente, donde se puede oír el correr del agua como si fuera una fuente de piedra y caños de toda la vida.

Pero estamos en Moscú, así que la fuente no puede ser como las demás. Cuando llega la hora en punto, se pone a bailar y resoplar como una loca. El caño del centro enchufa hacia el cielo y el chorro de agua sube hasta 35 metros de altura. Y los innumerables caños pequeños inspiran y espiran durante cinco hermosos minutos. Sopla una pequeña brisa. Los chorros suben y bajan, suben y bajan, suben y bajan…

 

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15 kopeks https://blogs.lavanguardia.com/moscu/15-kopeks Sat, 28 Apr 2012 12:53:57 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=634 Cada vez que se va la nieve, con el sol todavía reacio a dejarse ver, tengo la melancólica sensación de que Moscú ha envejecido. Es un sentimiento extraño, tal vez alimentado porque el deshielo deja al descubierto la suciedad acumulada … Sigue leyendo →

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Cada vez que se va la nieve, con el sol todavía reacio a dejarse ver, tengo la melancólica sensación de que Moscú ha envejecido. Es un sentimiento extraño, tal vez alimentado porque el deshielo deja al descubierto la suciedad acumulada durante el inverno. Hasta que no comienzan a brotar las primeras hojas de los parques, la ciudad está llena de polvo. Vieja. Vetusta… Con la primavera convertida en esta máquina del tiempo, me pareció el momento ideal para hacer una visita al pasado.

 

La entrada a la máquina del tiempo : el Museo de Máquinas Recreativas Soviéticas. (G. Aragonés)

El Museo de Máquinas Recreativas Soviéticas (https://15kop.ru) promete devolver al ocasional visitante a las tardes de su niñez adulta. Eran años en los que nadie soñaba con ordenadores personales, pero gastaba los ratos libres conduciendo bólidos que ya entonces eran virtuales, disparando a imaginarios buques de guerra desde un submarino inventado, o jugando el partido de su vida en un diminuto estadio de hockey sobre hielo.

Cuando yo pasaba por los billares de mi barrio, hace media vida, jugábamos al comecocos y a los marcianitos, aunque la estrella de la sala siempre era el futbolín. Costaba un duro la partida, si a la memoria le parece bien. Y cuando subieron a 25 pesetas el mundo se nos cayó encima.

Una máquina « Maguistral » de carreras de coches y un lanzador de torpedos. (G.A.)

En estos billares de la calle Báumanskaya de Moscú todavía se puede meter una moneda de 15 kopeks para ir de safari, cazar lobos en Siberia o embarcarse en una batalla naval a bordo de un Octubre Rojo. Para tirar penaltis mejor que Messi, para convertirse en un tanquista de la Unión Soviética o emular las hazañas de los pilotos de guerra Kozhedub y Pokrishkin.

Hay una bolera que el paso del tiempo ha dejado inservible, pero que viene bien al mobiliario. Pero me gustan más las tres máquinas expendedoras de bebidas gaseosas. Antaño estaban en todas las esquinas de las ciudades soviéticas. Yo sólo las había visto en dos sitios: en las comedias de Shúrik y en la ciudad de Bishkek, hoy capital de Kirguistán. Allí, en medio del continente asiático, habían perdido su utilidad y hacía tal vez milenios que no veían un vaso de agua. En su lugar, servían para colgar anuncios de todo tipo, que si alquilo piso que si busco oficina o que vendo una moto.

El hockey y el baloncesto, equivalentes a nuestro futbolín. (G.A.)

Frente al pequeño museo, situado en un barrio semiindustrial de Moscú, pasan los tranvías más viejos de la ciudad. Así que cuando entré y vi una desvencijada cabina de teléfonos, me asaltó un intenso escalofrío. No fuera que la máquina del tiempo se hubiese puesto a funcionar de verdad.

 

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¡Crece, crece, Moscú! https://blogs.lavanguardia.com/moscu/%c2%a1crece-crece-moscu Thu, 05 Apr 2012 14:53:18 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=629 Esta ciudad está empeñada en crecer. Pero no en crecer sólo económicamente, no. Que eso, con el viejo continente endeudado y renqueante, no sería demasiado difícil. Como un equipo de segunda división recientemente ascendido y que todavía recuerda tiempos heroicos … Sigue leyendo →

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Esta ciudad está empeñada en crecer. Pero no en crecer sólo económicamente, no. Que eso, con el viejo continente endeudado y renqueante, no sería demasiado difícil. Como un equipo de segunda división recientemente ascendido y que todavía recuerda tiempos heroicos en los que ganó una vez la liga, Rusia (y, sobre todo, Moscú) tiene que demostrar el empuje metiendo goles.

Una vez me quedé a cuadros cuando a un señor se le hinchó la vena del cuello y comenzó a clamar contra el occidental que creía que el equipo iba a bajar a tercera.

-¡Se va a enterar Alemania, se va a enterar!- me gritaba como blandiendo el pliego de reclamaciones internacionales.

A los que contemplábamos la escena no nos entraba en la cabeza a qué venía nombrar al viejo conocido centroeuropeo si nosotros estábamos hablando de fútbol.

Pasado el tiempo, con un crecimiento anual rayando el 8 % y una crisis en la que el equipo emergente no encajó muchos goles, todo se entendía. Alemania es el líder al que también aquí todo el mundo quiere alcanzar.

En los últimos doce años el ruso ha multiplicado sus ingresos por 16, y con tanta calderilla en el bolsillo le ha ido creciendo  el deseo de irse de tiendas, de gastar y de disfrutar de su equipo. Los centros comerciales que antes no existían se han ido multiplicando a medida que se recortaba la distancia con el líder. El mercado minorista ruso, el dirigido hacia el consumo, ya ha pasado al alemán en algunos sectores, y compañías internacionales de alimentación, textil o productos infantiles, antes remolonas, buscan ahora como locas un sitio en Moscú y otras ciudades rusas para vender al consumidor ruso, hoy elogiado en todas las latitudes.

Decía que a Moscú no le hacía falta crecer hacia lo alto. Pero aquí se empeñan en que sea así. Si Stalin marcó siete goles cuando mandó levantar los siete rascacielos comunistas, ahora no vamos a ser menos. Así que desde que Rusia es nueva se ha intentado levantar un barrio de rascacielos. Con el ascenso a primera división, por fin se ha conseguido. Ni los planes del señor Medvédev de ampliar la ciudad a lo ancho, no a lo alto, ni un fortuito incendio en su pico más alto, la Torre Federación(aún en construcción), lo han detenido.

Moscú está muy bien como está y los mismos moscovitas se ríen a veces de estas pretensiones. La Moscow-City de los rascacielos es un cogollo pequeñito al lado del río Moscova, nada que ver con la colección de torres que forman la magnífica imagen de Nueva York, Chicago o Dubái, Hong Kong, Shanghái o Singapur. Y colocados aquí no dejan de llamar la atención.

-Esos son los dientes rotos de nuestra ciudad- me dijeron una vez.

No estaría mal que dejaran a Moscú en paz. De vez en cuando surge en la prensa rusa la idea de cambiar de capital. Una nueva Brasilia, otra Astaná o la Islamabad rusa. Moscú viviría más tranquila.

 

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Banksy II en Moscú https://blogs.lavanguardia.com/moscu/banksy-ii-en-moscu Fri, 03 Feb 2012 07:53:00 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=611 Tuvo que ser una mujer, según cuentan las leyendas urbanas, la que inspiró tamaña desmesura artística. Las calles de Moscú hablan del último pintor que ha paseado por ellas acaso su pasión, acaso únicamente su extraordinaria imaginación. Se hace llamar … Sigue leyendo →

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Tuvo que ser una mujer, según cuentan las leyendas urbanas, la que inspiró tamaña desmesura artística. Las calles de Moscú hablan del último pintor que ha paseado por ellas acaso su pasión, acaso únicamente su extraordinaria imaginación. Se hace llamar P183 y es el último grito en arte callejero. Poco de él se sabe, y como se empeña en mantener embozada su identidad, en los barrios cibernéticos ya le comienzan a llamar “el Banksy de Moscú”.

Dicen que intenta imprimir a sus obras un mensaje político, y que el artista destila compromiso guerrillero si no se da a conocer. Yo veo más un genio inalcanzable, capaz de esbozar historias con sugestivos dibujos sobre fachadas ciegas, casas abandonadas, muros y puentes, o sobre la nieve, que para él es “el papel más blanco”.

Un día, el anónimo artista estaba mirando por la ventana cuando vio una puntiaguda farola, doblada ligeramente en lo más alto. La patilla de las gafas de Gulliver, se diría, convertido de repente en un liliputiense, o imitando sin tal vez saberlo las greguerías de don Ramón.

Dicho y hecho. Bajó y sobre la nieve pintó esas enormes gafas que ahora todos podemos contemplar en las fotos que revolotean por internet.

A pesar del frío del invierno, el misterioso P183 se mantiene activo. Y ha aumentado con su fantasía su interesante colección en los lugares más impensables de la ciudad. Algunos quedarán, pero por su misma condición la mayoría disfrutan de vida efímera. Más cuando la autoridad competente lee entre líneas peligrosos mensajes ocultos, como cuando dibujó a varios agentes antidisturbios en las puertas del metro de Moscú, representación de la oposición al poder de Mijaíl Gorbachov en 1991. Menos si, por ejemplo, se trata de un inocente niño armado con un tirachinas y un molinillo de papel.

¿Y quién es él? El misterio nos roe las entrañas, e igual que ocurre con el grafitero de Bristol, queremos saber su nombre. Pavel, se cuenta sin más confirmación. ¿Edad? 28, al parecer. ¿Y qué más da? Resolver el enigma sería lo peor que nos podría pasar.

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Gnomos y samuráis https://blogs.lavanguardia.com/moscu/gnomos-y-samurais Wed, 25 Jan 2012 07:56:36 +0000 https://blogs.lavanguardia.com/moscu/?p=606 Personajes pintorescos los hay en todas partes. Y no hay que comprar una entrada para el extraño Circo de los extraños. Ni ponerse delante del Golem o de King Kong, de la familia Adams o de los experimentos del Dr. … Sigue leyendo →

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Personajes pintorescos los hay en todas partes. Y no hay que comprar una entrada para el extraño Circo de los extraños. Ni ponerse delante del Golem o de King Kong, de la familia Adams o de los experimentos del Dr. Moreau, para comprobarlo. No se trata de monstruos ni de ficción, sino de personas de carne y hueso que en un momento puntual de su vida han decidido dejar de lado la timidez y revelar al mundo su personalidad o sus elucubraciones más secretas.

El estrambótico Vladímir Zhirinovski, por ejemplo, con sus ideas ultranacionalistas las más de las veces y sus maneras ultracircenses siempre, seguro que nunca sintió vergüenza de sí mismo. Desde hace veinte años, cada vez que se presentan elecciones en Rusia, es la estrella de los mítines y los debates de la televisión.

Capaz de sacar de sus casillas al mismísimo Kaspárov, tendría que haber sido él, y no el gigante Nikolái Valúyev, quien formara parte de la expedición para buscar el año pasado al Yeti siberiano en las montañas de Altái.

Volvió Valúyev sin encontrar al hombre de las nieves, aunque sostiene que le vio pasar de largo. La expedición, que se llamaba científica, debió de confundir el tiro. Mejor habría ido si todos se hubieran quedado en Moscú. Aquí no hay Yeti que valga, que después del intento más parece personaje de leyenda y novelas juveniles que otra cosa.

Pero si hubiesen buscado bien entre los 11,5 millones de habitantes de la capital rusa, tal vez habría habido mejor suerte. En documentos oficiales de la Oficinade Estadística Estatal (Rosstat) indicios hay ya de que camuflados en Moscú viven gnomos, jedis, elfos y hasta samuráis.

Al menos, así se declararon unos cien vecinos de Moscú cuando los funcionarios rusos pasaron por su casa para completar en el 2010 el censo de población de la Federación Rusa. En la casilla correspondiente a “nacionalidad” hicieron un corte de manga a todos los Zhirinovskis del mundo real y aportaron su excéntrica contribución a la ciencia de los números porcentuales.

Dicen desde Rosstat que estos ciudadanos no se lo tomaron en serio. Pero como la risa es contagiosa, me temo que en el futuro aparezcan muchos más elfos y gnomos de los deseados. En 2002, cuando se hizo el primer censo de población tras el comunismo, sólo ocho personas se declararon “siberianos”. En esta ocasión, los siberianos han aumentado hasta 4.166. Y eso ya deja de ser un chiste para tener otras intenciones, acaso simplemente sociales, acaso políticas. Pero, broma o no, me temo que si el ex boxeador y hoy diputado Valúyev se pone a buscar gnomos y samuráis en Moscú también les verá pasar de largo.

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