Este encuentro constituye un espacio de formación avanzada, actualización científica e intercambio de conocimientos en áreas estratégicas para el desarrollo de la física de materiales. Su propósito es fortalecer la interacción entre estudiantes e investigadores, así como promover la consolidación de redes de colaboración científica nacionales e internacionales.
La programación incluye dos componentes complementarios. Por una parte, la IV Colombian School of Magnetism, orientada a estudiantes de pregrado y posgrado, ofrecerá cursos intensivos impartidos por expertos en fundamentos teóricos, técnicas experimentales y aplicaciones actuales del magnetismo. Por otra, el II International Workshop on Magnetism and Superconductivity estará dedicado a la presentación y discusión de resultados recientes de investigación mediante conferencias invitadas, presentaciones orales y sesiones de póster.
Entre los temas que se abordarán se encuentran el magnetismo fundamental, la superconductividad, los spin glasses, el altermagnetismo, los materiales magnéticos avanzados, los semiconductores ferromagnéticos, el transporte de carga y espín, el magnetismo en nanopartículas, los materiales funcionales para aplicaciones energéticas y biomédicas, así como diversas técnicas experimentales y computacionales aplicadas a la física de materiales.
Fecha: 9 al 13 de noviembre de 2026
Lugar: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), Tunja, Colombia
Modalidad: Presencial
Más información e inscripciones:

En Hablemos de Ciencia conversamos con Ángela Echeverry y Tatiana Herrán sobre la importancia de la educación ambiental y la participación ciudadana en la separación y disposición final de los residuos sólidos, como una estrategia para reducir la contaminación y fortalecer la integración de las comunidades.
Una reflexión sobre cómo las acciones cotidianas pueden contribuir a la protección del ambiente y a la construcción de una cultura de corresponsabilidad frente a los residuos.
Escúchalo todos los martes a las 9:00 a.m. por los 106.9 FM de Radio Universidad del Tolima. @radioutolima
Esta es una iniciativa de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la Facultad de Ciencias y la emisora radial de la Universidad del Tolima.
CienciaColombiana #EducaciónAmbiental #ResiduosSólidos #Sostenibilidad #MedioAmbiente #HablemosDeCiencia #UdeTolima
]]>En este episodio especial, en el que conversamos con el Dr. Carlos Alberto Vargas Jiménez, geocientífico y presidente de la Academia, más que una mirada nostálgica al pasado, nos proponemos hacer, en lo posible, un ejercicio de anticipación: a partir del camino recorrido por esta entidad nacional, proyectar la política de ciencia, tecnología e innovación que Colombia necesita para el año 2050. Acompáñanos a entender que la ciencia no es un “lujo académico”, sino una herramienta democrática urgente para conocer y potenciar nuestros territorios.
]]>Por eso tiene sentido celebrar aquí. Esta casa nos recuerda que el rigor no es una postura solemne, sino una práctica cotidiana. La ciencia empieza muchas veces de esa manera: una pregunta honesta, un método claro, una medida confiable y la disposición a corregir cuando los datos lo exigen.
La historia de la Academia tiene raíces republicanas muy definidas. El general Francisco de Paula Santander entendió desde temprano que una república joven necesitaba escuelas, bibliotecas, museos, universidades e instituciones científicas. No bastaba proclamar la libertad; había que dotarla de instrumentos, lenguaje y método.
En 1823 impulsó la Comisión Científica Permanente, también conocida como Misión Zea, con el fin de fortalecer el estudio de la naturaleza, las minas, los museos y la enseñanza científica. Aquel impulso continuó en 1826 con la Academia Nacional de Colombia, integrada por destacadas personalidades del saber. Ese mismo año, en mayo, creó la Universidad Central de la República, antecedente de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios en ciencias naturales, filosofía, jurisprudencia, medicina y otras áreas fundamentales. A ella se vincularon la Biblioteca Pública, que con el tiempo sería la Biblioteca Nacional de Colombia, y el Museo de Ciencias Naturales.
En aquella legislación de hace dos siglos quedó consignada una aspiración poderosa: una educación pública, “gratuita, común y uniforme en toda Colombia”. La frase conserva fuerza. También conserva algo de reclamo. Porque la historia de la educación y de la ciencia en Colombia ha sido, en buena medida, la historia de una promesa que cada generación debe volver a defender.
De esa tradición proviene nuestra Academia. Su mérito no descansa en la solemnidad de sus actas, sino en haber congregado saberes diversos para fortalecer la investigación científica, la educación, la deliberación pública y el servicio al país. Una institución benemérita se reconoce por lo que conserva, desde luego; pero, sobre todo, por lo que todavía es capaz de aportar.
El registro histórico de la Academia muestra que esa vocación tomó cuerpo desde 1936 con una primera generación en la que convivían la medicina, la ingeniería, la agronomía, la biología, la química, la veterinaria y las ciencias naturales. Allí figuran nombres como Calixto Torres Umaña, César Uribe Piedrahita, Enrique Pérez Arbeláez, Jorge Acosta Villaveces, Julio Carrizosa Valenzuela, Julio Garzón Nieto, Luis Cuervo Márquez, Luis María Murillo Quinche, Rafael Torres Mariño y Víctor Eduardo Caro, junto con académicos honorarios como Alberto Borda Tanco, Antonio María Barriga Villalba, Darío Rozo Martínez, Federico Lleras Acosta, Jorge Álvarez Lleras y Ricardo Lleras Codazzi.
Estos nombres representaban oficios, escuelas, tradiciones intelectuales y formas concretas de entender el país. Esa primera generación nos dejó una lección sencilla: la ciencia colombiana ha avanzado cuando ha sabido combinar rigor, vocación pública y trabajo institucional. Ninguno de los tres sobra.
Desde entonces, la Academia ha acumulado más de quinientas trayectorias de académicos correspondientes, de número y de honorarios. Ese registro histórico muestra una casa científica plural: biología, física, ingeniería, química, medicina, matemáticas, geología, agronomía, microbiología, botánica, astronomía, antropología, sicología y otras áreas han encontrado aquí un espacio de conversación rigurosa.
Esa diversidad no es decorativa. Es la razón por la cual la Academia puede hablar de agua, salud, energía, biodiversidad, educación, tecnología, territorio y futuro con autoridad intelectual y sentido de responsabilidad. La Academia no se explica por una sola generación ni por una sola disciplina. Se explica por una conversación larga, exigente y plural, sostenida durante nueve décadas.
En estos días hemos recibido, además, generosas comunicaciones de felicitación de instituciones amigas de Colombia y del exterior: el Colegio Máximo de las Academias de Colombia; academias hermanas de Brasil y Uruguay; IANAS; la Red Colombiana de Mujeres Científicas; la Pontificia Universidad Javeriana; la Universidad del Valle; el Viceministerio de Educación; la Embajada de Uruguay en Colombia; y la International Union of Psychological Science (IUPsyS).
A todas ellas expresamos nuestro agradecimiento. Sus mensajes reconocen la trayectoria de la Academia, su aporte a la ciencia colombiana, su papel en la cooperación regional y su compromiso con una ciencia rigurosa, abierta, inclusiva y útil para la sociedad. Los reconocimientos honran, pero también comprometen. Y ese es, quizá, el mejor tipo de homenaje: el que no permite quedarse quieto.
Esta celebración nos permitirá escuchar a varios de nuestros académicos y recorrer, con mayor detalle, la historia de la ACCEFYN. Será una oportunidad para mirar lo que se ha construido, reconocer a quienes abrieron camino y entender mejor las preguntas que han acompañado a la ciencia colombiana. La memoria, cuando se usa bien, no es vitrina: es una herramienta de trabajo.
Pero un aniversario de esta naturaleza también obliga a mirar el presente. Una academia con 90 años debe cuidar su historia sin quedarse sentada sobre ella. La edad institucional sirve de poco si no se traduce en capacidad de respuesta, incidencia pública y renovación.
Por eso nuestra agenda actual se articula bajo un lema que expresa una convicción de fondo: “Ciencia con Rumbo. Acción con sentido. Nación con futuro.”
Ese lema no fue pensado para decorar una pieza gráfica. Resume una responsabilidad. La Academia cuenta con conocimiento, prestigio e independencia, y con una oportunidad histórica para pasar de una influencia limitada a una presencia más transformadora en los grandes debates nacionales.
El primer frente es Ciencia que se vive, nuestro Programa Nacional de Apropiación del Conocimiento y fortalecimiento de iniciativas STEAM. Queremos una ciencia que llegue al territorio, a las escuelas, a los colegios, a los medios comunitarios, a las plataformas digitales y a los espacios donde la ciudadanía conversa, decide y aprende.
La ciencia gana fuerza cuando deja de ser asunto de unos pocos y se convierte en una experiencia compartida. Por eso trabajamos en estrategias como Ciencia para el Territorio, Científico en mi escuela/colegio, Mentores STEAM, producción de contenidos científicos y proyectos de ciencia ciudadana. En esa ruta, la Colección Enrique Forero González fortalece la producción de material STEM para nuevas generaciones. La buena ciencia también necesita buenos materiales; la vocación ayuda, pero no reemplaza el método.
El segundo frente es la Misión Antártica, el camino hacia un futuro Instituto Antártico Colombiano. Colombia tiene razones científicas, ambientales, geopolíticas y educativas para asumir una presencia seria en la investigación polar. La Antártida parece lejana en el mapa, pero está cerca de las preguntas centrales sobre el clima, los océanos, la biodiversidad, la seguridad ambiental y la cooperación internacional.
Trabajamos en la organización del Congreso Antártico Colombiano, previsto para noviembre de 2026, como un espacio propio para que nuestros científicos compartan hallazgos, articulen capacidades y fortalezcan la ciencia polar colombiana. La presencia científica de un país también se mide por los lugares donde se atreve a formular preguntas difíciles.
El tercer frente es la Estrategia Nacional para la Inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación. Aquí conviene hablar con claridad: Colombia necesita invertir más y mejor en CTI. La investigación científica, la innovación tecnológica y la formación avanzada no son asuntos ornamentales del presupuesto. Son condiciones para la productividad, la salud, la transición energética, la seguridad alimentaria, la gestión del agua, la protección de la biodiversidad y la autonomía nacional.
La campaña “Sin Ciencia No Hay Futuro” apunta precisamente a eso: a construir una narrativa pública sólida sobre el valor de la ciencia. También avanzamos en informes sobre el retorno de la inversión en CTI, en alianzas con gremios, el sector productivo y la cooperación internacional, y en propuestas
para un incremento progresivo de la inversión hasta alcanzar el 1% del PIB. Esa meta no es extravagante; más bien llega tarde. Pero llegar tarde no nos exime de llegar.
Además, estamos orientados a una participación activa en iniciativas con el Legislativo y a la producción de documentos de política pública en la línea editorial de Cuadernos de la Academia. La ciencia debe saber conversar con quienes toman decisiones, no para reemplazarlos, sino para ayudarles a decidir mejor.
El cuarto frente es Ciencia que Incide, nuestra apuesta por alianzas para políticas públicas basadas en evidencia. La Academia debe hablarle al Congreso, a los ministerios, a los gobiernos regionales, al sector productivo y a la ciudadanía con independencia, rigor y sentido práctico.
El país necesita mejores conversaciones sobre agua, minería, seguridad alimentaria, energía, salud, ambiente, tecnologías emergentes y ordenamiento territorial. Esas conversaciones requieren datos, análisis técnico y criterio. La opinión tiene su lugar; la evidencia también, y debería ocupar uno bastante más amplio.
En esta línea hemos puesto en marcha la Comisión de Futuros, una iniciativa construida junto con el Punto Focal Regional para América Latina y el Caribe del International Science Council. Su propósito es conformar un Directorio Nacional de Expertos en Prospectiva Estratégica para anticipar y analizar los grandes desafíos de Colombia hacia 2050. La prospectiva seria no trabaja con una bola de cristal; trabaja con escenarios, información confiable y juicio experto. La bola de cristal queda mejor en la literatura fantástica.
El quinto frente es la Reforma Orgánica. Las instituciones que duran aprenden a revisar sus propias bisagras antes de que la puerta empiece a sonar demasiado. Modernizar los estatutos, reorganizar las comisiones, precisar las funciones, fortalecer la eficiencia institucional y renovar la imagen de la Academia son pasos necesarios para responder mejor al país.
Dentro de ese proceso avanza la preparación de ejercicios piloto de la Comisión Nacional de Ética de la Investigación e Integridad Científica, concebida como una instancia académica, técnica y consultiva. Su propósito es fortalecer la reflexión ética y la integridad científica, sin sustituir a los comités institucionales, al Consejo Nacional de Bioética ni a las autoridades regulatorias. Cada instancia tiene su lugar; la claridad también es una forma de responsabilidad.
Permítanme saludar, además, a académicas y académicos cuya trayectoria ilustra la amplitud de esta corporación. Mencionar algunos nombres nunca hace justicia completa a una comunidad tan amplia, pero ayuda a recordar la diversidad de saberes que aquí se encuentran: el profesor Germán Poveda Jaramillo, referente en clima, agua e hidroclimatología; la doctora Elena Stashenko, figura central de la química colombiana; el profesor Farid Chejne, por sus aportes en energía y procesos; el profesor Xavier Caicedo Ferrer, por su obra en lógica matemática; la doctora Nathalie Charpak, por convertir conocimiento científico en cuidado neonatal; el profesor Miguel Gonzalo Andrade, por su trabajo sobre biodiversidad; y el doctor Jorge Reynolds, porque pocas imágenes son tan elocuentes como la ingeniería puesta al servicio del corazón.
Extiendo también un saludo especial al doctor Gabriel Carrasquilla, cuya trayectoria en salud pública honra esta conversación entre ciencia, instituciones y sociedad.
A quienes no menciono por su nombre, mi gratitud y reconocimiento. En una academia, toda lista breve es necesariamente injusta. El protocolo tiene límites y el reloj, en esta sede, debe respetarse especialmente.
También quiero destacar lo que revela nuestra memoria institucional. El registro histórico de la Academia reúne más de quinientas trayectorias de académicos “correspondientes”, “de número” y “honorarios”. Detrás de esa cifra hay generaciones de investigadores, profesores, médicos, ingenieros, biólogos, químicos, físicos, matemáticos, geólogos y estudiosos de diversas áreas que han construido esta casa con paciencia.
En 2013, la Academia contaba con 163 académicos entre honorarios, de número y correspondientes. En 2026 cuenta con 261, además de 11 académicos correspondientes y 3 académicos de número pendientes de tomar posesión. La cifra importa, pero importa más lo que exige: convertir esa masa crítica en asesoría seria, presencia pública, formación de nuevas generaciones e incidencia nacional.
No se trata de llenar columnas en una base de datos. Se trata de poner el conocimiento acumulado al servicio de Colombia, con independencia de criterio y responsabilidad pública.
Agradezco de manera especial al Instituto Nacional de Metrología, a su Directora General, la doctora María del Rosario González Márquez, y a todo su equipo humano por recibirnos con generosidad y excelencia. Agradezco a la Fundación Alejandro Ángel Escobar, en cabeza de la doctora Adriana Correa Velásquez, por su compromiso histórico con la excelencia científica. A la Universidad Antonio Nariño, representada por su Rectora, la doctora Mary Falk de Losada, y a todas las universidades aliadas, gracias por caminar con la Academia en tareas de formación, investigación y servicio público.
Al Colegio Máximo de las Academias de Colombia, gracias por mantener viva la conversación entre saberes. A las academias de América Latina, gracias por su cercanía y cooperación. Al cuerpo diplomático y a los agregados culturales de países hermanos, gracias por recordarnos que la ciencia también construye puentes entre naciones. Y al doctor Federico Romero, de la Embajada de Argentina en Bogotá, nuestro saludo especial y agradecido.
Queridas académicas, queridos académicos, amigas y amigos, cumplir 90 años trae una ventaja: permite distinguir lo urgente de lo importante, la moda de la convicción y el aplauso fácil del trabajo que deja huella. La Academia debe seguir siendo una voz serena, pero no tímida; prudente, pero no ausente; respetuosa, pero nunca indiferente ante los asuntos que comprometen a las personas y el futuro del país.
Colombia necesita ciencia con rigor, educación con ambición, instituciones con memoria y decisiones públicas mejor informadas. Esa ha sido, con distintas formas y en distintos momentos, la tarea de la Academia durante estas nueve décadas. Y esa deberá seguir siendo su contribución en los años que vienen.
Declaro abierta esta solemne sesión de celebración de los 90 años de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Muchas gracias.
Será un espacio ideal para fortalecer la conversación entre colegas e interesados en las neurociencias, bajo un formato cercano e interdisciplinar.
Nos encantaría contar nuevamente con tu participación.
Puedes realizar tu registro en este enlace de inscripción.

Si no puedes asistir, también puedes conectarte y ver la transmisión en vivo:
La jornada estuvo liderada por el reconocido astrofísico y académico Santiago Vargas Domínguez junto a Jonhatan Bernal, experto del Observatorio Astronómico Nacional. Ambos guiaron a los asistentes en un viaje científico e histórico para entender el impacto del Sol como eje fundamental en el desarrollo de los calendarios, la agricultura y la física estelar moderna.
El taller combinó de manera lúdica la teoría astronómica con la experimentación directa a través de dos momentos principales:
Construcción de simuladores astronómicos: Los asistentes tuvieron la oportunidad de fabricar sus propios simuladores de papel para modelar y comprender el movimiento aparente del Sol en la esfera celeste.
Observación solar directa con telescopios: Mediante el uso de instrumentación del Observatorio Astronómico Nacional —que incluyó telescopios equipados con filtros especializados de alta seguridad—, niños, jóvenes y adultos pudieron observar de cerca la actividad de nuestra estrella, identificando detalles de su dinámica superficial.


Descubre en esta conversación, su visión acerca del origen y desarrollo de la Academia; los desafíos de consolidar comunidades de investigación y la importancia de dotar de memoria y propósito al conocimiento científico, desde las realidades del territorio. Celebra con nosotros, al oído, esta apasionante historia.
]]>El lanzamiento de este campo de estudio se hizo en la cumbre del grupo de Observadores de la Tierra (GEO) que tuvo lugar en Bogotá en agosto del 2025.
Expertos analizarán la situación actual y la relevancia en las llamadas enfermedades emergentes y la vigilancia epidemiológica que se desarrolla en el Instituto Nacional de Salud de Colombia, en cabeza de su directora general Diana Pava.
El conversatorio versará sobre tres enfermedades de transmisión zoonótica (transmisión de especies silvestres a humanos): la fiebre amarilla, el dengue y la hantavirosis. Estas tres dolencias son de alta relevancia en la toma de decisiones actuales en los círculos ambientales y de salud, pero también en el sector privado por sus afectaciones.
El evento contará con la presencia de distinguidos científicos de la Asociación Colombiana y Panamericana de Infectología como el Dr. Wilmer Villamil Gómez, invitado también al Congreso de la Asociación Colombiana de Virología (ACINVIR).

¡No se pierda esta conversación sobre la memoria, el presente y el futuro de la escritura científica en Colombia!