Bogotá, 12 de agosto de 2025
Cada año mueren cerca de 25.000 personas en Bogotá. La gran mayoría corresponde a causas asociadas al envejecimiento y a enfermedades, pero alrededor de 2.500 de esas muertes son violentas y altamente prevenibles. Homicidios, siniestros viales y suicidios siguen arrebatando miles de vidas que, con mejores políticas públicas y acciones oportunas, podrían evitarse.
Bogotá está cambiando y las decisiones que tomemos hoy podrían ayudarnos a trazar el futuro que queremos vivir. El Informe de Calidad de Vida presenta una propuesta que les hacemos llegar a la administración y a los bogotanos: 647 vidas pueden ser la solución.
Pero el informe va un paso más allá. De las cerca de 2.500 muertes violentas que cada año pueden prevenirse mediante mejores políticas públicas, 647 corresponden a jóvenes. Son vidas que hoy se pierden por homicidios, siniestros viales y suicidios, justamente cuando deberían estar construyendo sus proyectos de vida, desarrollando sus capacidades, ampliando sus oportunidades y trazando su futuro como ciudadanos que aportan al desarrollo de la ciudad. Por eso, Bogotá Cómo Vamos propone empezar por salvar esas 647 vidas: porque todas las vidas importan, pero en una ciudad que envejece y donde nacen menos niños, proteger a quienes sostendrán su desarrollo es también proteger el futuro de Bogotá.
El informe plantea que conservar la vida no consiste únicamente en reducir las muertes evitables; implica crear las condiciones para que las personas puedan desarrollar plenamente sus proyectos de vida. Educación, empleo, salud, seguridad, movilidad y nutrición dejan de ser temas aislados para convertirse en las condiciones que permiten vivir con dignidad en la ciudad.
Al mismo tiempo, el informe muestra que la ciudad ha logrado avances importantes que vale la pena proteger. La reducción de los homicidios, la recuperación histórica de las coberturas de vacunación infantil y los avances en indicadores de nutrición demuestran que las políticas públicas sí pueden salvar vidas cuando logran sostenerse en el tiempo. El desafío ahora es consolidar esos logros mientras Bogotá se adapta a una nueva realidad demográfica.
Durante muchos años medimos la calidad de vida preguntándonos cómo estaba Bogotá. Hoy la pregunta es distinta: ¿qué ciudad queremos sostener dentro de veinte años? Este informe muestra que proteger la vida no termina en evitar una muerte; significa crear las condiciones para que las personas, especialmente las y los jóvenes, puedan estudiar, trabajar, emprender y desarrollar su proyecto de vida, afirma Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos.
Como parte de la jornada también se presentó el Informe de Situación Nutricional en Primera Infancia 2025, resultado de una alianza de siete años entre Bogotá Cómo Vamos y Fundación Éxito, que ha permitido hacer seguimiento a las condiciones nutricionales de las niñas y los niños de la ciudad y generar evidencia para orientar mejores decisiones públicas.
El informe evidencia avances importantes, como la reducción de la inseguridad alimentaria grave y de la desnutrición aguda infantil. Sin embargo, también alerta sobre desafíos que requieren atención prioritaria, entre ellos las brechas territoriales, la disminución de la lactancia materna exclusiva y el aumento del exceso de peso en la primera infancia; proteger el futuro de Bogotá también significa garantizar un buen comienzo para quienes apenas empiezan a vivir.
En Bogotá vemos señales esperanzadoras para la niñez, con avances y retos. Estos indicadores nos recuerdan que garantizar un buen comienzo de vida sigue siendo una tarea urgente. Para la Fundación Éxito, el desarrollo humano integral en una ciudad que envejece se construye desde los primeros mil días de vida y requiere actuar de manera articulada en tres dimensiones fundamentales: una nutrición adecuada en la primera infancia, el cuidado de la salud mental de madres, padres y cuidadores, y la generación de oportunidades que permitan a las familias construir proyectos de vida sostenibles, afirma Diana María Pineda, directora de Fundación Éxito.
Durante el evento se presentaron los principales hallazgos del Informe de Calidad de Vida 2025 a través de la voz de la ciudadanía, de las y los expertos que desarrollaron los distintos capítulos del estudio y de los equipos de las secretarías del Distrito. Asimismo, la jornada incluyó un diálogo con el alcalde mayor de Bogotá sobre cómo convertir la evidencia en mejores decisiones para la ciudad.
Más que presentar cifras, el encuentro buscó abrir una conversación sobre el futuro de Bogotá. En una ciudad donde cada vez nacen menos niños y la población envejece, proteger la vida ya no consiste únicamente en evitar muertes: significa garantizar que las próximas generaciones tengan las oportunidades para vivir con dignidad y construir la ciudad de las próximas décadas.
Principales hallazgos del Informe
- Cambio demográfico: Bogotá envejece aceleradamente. Para 2030 habrá 80,4 personas mayores de 65 años por cada 100 menores de 15, mientras las matrículas escolares ya acumulan una caída cercana al 11 % desde 2021.
- Homicidios: Aunque la tasa de homicidios disminuyó en 2025, 3 de cada 10 víctimas fueron jóvenes, consolidándolos como el grupo más afectado por esta forma de violencia.
- Siniestros viales: 159 jóvenes entre los 18 y 28 años murieron en las vías de Bogotá en 2025, cerca del 30 % de todas las víctimas fatales por siniestros de tránsito.
- Salud mental: Bogotá mantuvo la tasa de suicidio por debajo de la meta distrital (4,4 por cada 100.000 habitantes, frente a una meta de 5,2). Sin embargo, los suicidios en adolescentes aumentaron 48 % entre 2024 y 2025, y adolescentes y jóvenes registran las tasas más altas de la ciudad (7,8 y 7,7 por cada 100.000 habitantes, respectivamente).
- Educación y empleo juvenil: En 2023, la deserción alcanzó su nivel más alto en los programas técnicos profesionales (23,5 %). En 2025, las y los jóvenes registraron la menor tasa de ocupación de todos los grupos poblacionales (53,3 %).
- Primera infancia: Bogotá redujo la inseguridad alimentaria grave a 1,4 % y la desnutrición aguda infantil se ubicó en 1,3 %, la cifra más baja desde 2005, pero persisten retos como el aumento del exceso de peso y la disminución de la lactancia materna exclusiva.